Amor de verano

Por: Wendy Grandchester

Capítulo 20 Renaciendo

Dos meses habían pasado desde la reunión familiar en la casa de los White. Candy ya se encontraba en su quinto mes de embarazo y mostraba una hermosa y redondeada pancita, recogidita y bien formadita. Tenía una ecografía donde al fin sabría el sexo de su bebé. Terry no podría acompañarla porque se había cargado de trabajo y Candy no lo estaba viendo hasta las noches, pues después que a ella se le estuvieran hinchando mucho los pies por pasar mucho tiempo parada maquillando y peinando en Caribbean, Terry la convenció de no trabajar hasta que naciera el bebé, cosa que no fue nada fácil. Ella y Eliza habían decidido hacer una cita juntas, ya que tenían más o menos el mismo tiempo y además iban al mismo sitio. Se reunieron para desayunar en la misma cafetería que solían hacerlo cada vez que tenían una cita.

-Elly, esta fila está enorme y yo muero de hambre.

Dijo Candy al ver lo llena que estaba la cafetería, pero se quedaron porque la espera valía la pena. Aquino Bakery era lo mejor de Levittown.

-Ni modo, Candy, sólo espero que no lleguemos tarde a la cita.

-Además, tan pronto me digan el sexo de mi bebé pienso ir a la tienda para arrazar con todo y preparar ya su cuarto.

-Y yo voy contigo, Tom encontrará su cuenta vacía.

Ambas reían de su conversación en la fila enorme que hacían. Les encantaba gastar y más cuando no era el dinero de ellas. ¿A quién no? Después de una fila de veinte minutos pudieron ordenar y se sentaron a esperar que saliera la órden, la cual salió diez minutos después.

-No sé cómo no me he puesto como una ballena, porque todo lo que hago es comer día y noche.

Dijo Eliza mordiendo su sandwich de pastrami y Candy rió.

-Lo mismo digo yo, como a todas horas y al parecer para Terry no es suficiente, dice que el bebé está pequeño y se pasa preparándome cuánta cosa se le ocurre y por supuesto, yo me las como feliz.

Candy rió maliciosamente, pues ella tenía a Terry a sus pies siempre, pero se iba con cuidado, Terry molesto era un caso totalmente diferente y ella a veces lograba sacarlo de sus casillas. Después de haber comido y reposado se dirgieron a su cita. Se anotaron y siguieron con su plática hasta que fueron llamadas.

-Eliza Macy, adelante, por favor.

-¡Ay, Candy! Deséame suerte, quiero una niña.

Eliza se fue sonriente para su ecografía y realizó el mismo proceso que ya se sabía, se acomodó en la camilla, se bajó su pantalón de maternidad y se colocó la sabanita. Su barriga era un poco más grande que la de Candy y más regada, pero se veía igual de hermosa. A los minutos volvió otra técnica diferente a la anterior, pues aquella ya se encontraba en licencia de maternidad.

-Buenos días, Eliza. Vamos a ver cómo sigue su bebé y si esta vez se deja ver...

La técnia puso el gel frío sobre su barriga y tomó los pads sensoriales para deslizarlos mientras su vista estaba concentrada en el monitor.

-Bien, su peso es adecuado, sus proporciones físicas también. Mira, tiene hasta pelito. Está correctamente pocisionado.

Explicaba ella y Eliza estaba desesperada por saber qué era.

-¿Qué te gustaría que fuera tu bebé?

Preguntó la mujer con picardía.

-Pues yo sería feliz con lo que sea, pero siempre he sentido que es una niña. Su papá quiere un niño.

Expresó sonriente.

-Bueno, Eliza, pues dile a papá que vaya decorando todo con florecillas y maripositas porque es una chica.

Le dijo con una radiante sonrisa y Eliza no cabía de emoción.

-¡Lo sabía! Deja que se lo cuente a su papá, muero por ver su cara.

Luego que la mujer le indicara cuándo podía pasar a buscar los resultados, Eliza se preparó y se fue directamente hacia Candy toda emocionada.

-Es una niña, Candy. ¡Una niña!

-Felicidades, Elly.

Le dijo abrazándola. Luego se pusieron hablar de nombres y de cómo decorarían su cuarto hasta que llamaron a Candy para que pasara.

-Hola, Candice. Déjame decirte que tienes una barriguita hermosa.

Le dijo la mujer sonriéndole amablemente

-Gracias. ¿Ya podré saber qué es?

-Esperemos que sí, hay bebés remilgosos que no se dejan ver hasta que casi están por nacer. Pero ahora lo importante es que todo esté bien.

Candy pasó por el proceso rutinario de acostarse en la camilla y acomodarse para que se pudiera hacer la ecografía.

-Eso es, bebé está gordito, muy buen tamaño. Estás alimentándote muy bien.

La mujer le sonrió con picardía.

-Está en pocisión correcta y mira, se chupa un dedido.

-¿En serio? ¿Por qué hace eso?

Preguntó Candy emocionada. Ya su bebé tenía algo de ella.

-Es un misterio, tal vez tú o su papá lo hacían.

Candy no iba a ponerse en evidencia en frente de la mujer, así que no dijo nada.

-Mira sus piernitas y bracitos que largos son. Será un bebé grande, Candice. Ves esto aquí, son sus testículos y esto es su penecito. Tienes un hermoso y saludable varoncito.

-¡No puedo creerlo! Siempre lo supe.

Dijo ella con lágrimas de emoción. Ahí estaba lo que ella había pedido. Su pequeño arrogantito. Luego que se arreglara salió corriendo hacia a Eliza para darle la noticia.

-¡Lo sabía, Elly! ¡Lo sabía!

-Cálmate, Candy. ¿Qué te dijeron?

-Un niño, Elly. Un niño hermoso como su papi.

-Me alegro, mi hija tendrá un defensor.

-Si el niño hereda lo sobreprotector y celoso de Terry, cuenta con eso.

Ambas rieron y salieron volando hacia la tienda de bebés, esta vez si que la saquearían. Eliza dejó su carro en su casa y se fueron en la jeep de Candy que era más espaciosa, pues el Zcion de Eliza era de dos puertas y el baúl no era muy amplio. En casi una hora, debido al tapón y al parecer un accidente que hubo en la carretera, estuvieron en la misma tienda de la vez anterior.

-Vamos a ver las cunas, Candy, eso es lo primero.

-Yo creo que esta es perfecta.

Dijo Candy señalando una hermosa cuna convertible a cama todler en madera color cherry que tenía en un costado tres gabetitas y un cambiador.

-Es verdad, yo la escogeré blanca.

Dijo Eliza, pues era la mejor cuna que tenían ahí.

-Los cordinados, Elly, mira hay cientos.

-Pues a mí este de ballerina me encanta.

Y lo echó en el carrito sin pensarlo dos veces.

-Escogeré éste con motivos de la selva. Es adorable.

Y así fueron sumbando en el carrito. Compraron un play-yard a combinación con la carriola y sillita de comer. Una olla esterilizadora de botellas para micro-ondas. Todo era en el mismo motivo y diseño y también un gabetero de seis cabetas en combinación con la cuna. Decidieron comprar una mecedora cada una y un bouncer para cuando los bebés estuvieran algo inquietos. Esas cosas grandes agradecieron que vinieran desarmadas, pues no habría forma de meterlas en el auto de no ser así. Con todo y eso Candy tuvo que acostar los asientos traseros para que todo pudiera caber. Dejó a Eliza en su casa y luego paró en una tienda de regalos. Mandó a preparar una canasta con un buen vino y un oso de peluche azúl adorable que decía en su pancita "I'm a boy". Se rellenó de chocolates, ropitas de niño en piezas pequeñitas y cintas rizadas de en tonos azúl y verde y hermosos globos de helio que decían "Daddy to be" y otros "baby boy". Mandó a que se lo enviaran a Terry a su oficina y se dirigió al apartamento a descansar y acomodar las cosas en el cuarto que habían designado para el bebé.

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-Albert, ¿cuál bizcocho te gusta más? Este por dentro es de chocolate...

-El primero que me mostraste, amor. El chocolate no me cuadra para una boda.

Paula se encontraba viendo imágenes de bizcochos de bodas desde su laptop. Albert y ella habían acordado realizar su boda dentro de dos meses, después de la de Candy y Terry y tendría lugar en la mansión Grandchester, pues no querían nada ostentoso. Albert se había mudado con Paula mientras hacían los trámites para comprar una casa.

-Eso pensé... pero...

Paula fue corriendo hacia el baño dejando su frase a mitad y regresó quince minutos después preocupando a Albert que la venía notando rara desde hace unos días.

-¿Te cayó mal el almuerzo otra vez, Pau?

-Eh... no.

-Pues entonces deberías ir a un médico, si sigues vomitando así vas a deshidratarte.

Albert estaba acariciando su espalda y con el rostro compungido viendo lo mal que se veía Paula y lo pálido que se veía su rostro.

-Llama y haz una cita ahora mismo.

Le dijo preocupado y al mismo tiempo con autoridad.

-Albert... yo... ya fui al médico.

-¿Por qué no me lo dijiste? ¿Qué te dijo?

-Pues que... nada. No dijo nada. Estoy bien.

Contestó nerviosa y mirando hacia el piso.

-¿Nada? ¿Fuiste al médico y no te dijo nada? Paula, ¿tú piensas que yo nací ayer?

Albert estaba un poco molesto, sabía que ella estaba escondiendo algo.

-No, no es eso. Es que...

-Pau, si estás enferma, sea lo que sea yo te voy a...

-¡No estoy enferma!

Le dijo alterada y cortándolo a media frase.

-¿Y entonces? ¿Aún no confías en mí? He hecho todo lo posible para que...

-Vas a ser papá, Albert. Eso me dijo el médico.

La expresión y el silencio que se apoderó del semblante de Albert no tenía precio. Ella se lo soltó así, sin más, no quiso seguir con más rodeos. Llevaba una semana guardando el misterio.

-Pau... ¿Por qué tanto miedo para decírmelo? Ambos sabíamos que podía pasar, no hemos vuelto a cuidarnos desde aquella vez... Además te dije que te quería en mi vida con todo lo que eso implicara. Vamos a casarnos pronto, muñeca. Lo más lógico es que tengamos bebés.

-Pues sí, pero es que yo pensé que tú...

Paula tenía los ojos aguados, era cierto que Albert había cambiado mucho, pero el embarazo era algo serio y según su experiencia anterior con él, le dio miedo contárselo.

-Entiendo. Sé que muchas veces te desalenté diciéndote que no quería compromisos ni hijos... Pero ahora es diferente, Pau. Ahora sé lo que quiero. Estoy seguro de mis sentimientos hacia ti. Te amo. Y a ese bebé voy amarlo con toda mi vida. Ya por favor no dudes más de mí. Sé que tuve mis errores, pero tu desconfianza me está hiriendo mucho.

-Lo siento, Albert. No fue mi intención. Sólo tuve miedo. Te amo con toda mi vida, tanto como amo a este bebé que está en camino.

Ella sonrió entre lágrimas y él le dio un fuerte abrazo. Estaba realmente feliz.

-Pau, yo sólo quiero agradecerte por todo. Me has dado mucho más de lo que merezco. Lo mejor noticia del día ha sido esta. Y te confieso que yo sí lo estaba esperando. Desde lo sucedido en la cabaña, aunque al principio mostré preocupación, en el fondo deseé que pasara.

-¿En serio?

Preguntó Paula sorprendida. El cambio de Albert había sido del cielo a la tierra. Estaba poniendo su mayor esfuerzo en todo.

-Así es muñeca. Te amo a ti, a este bebé y a todos los que vengan.

Paula nunca había estado tan feliz. Llegó a preguntarse si realmente era digna de tanta bendición. Después de tantas experiencias amargas, ahí estaba en los brazos de su futuro esposo quien acariciaba con ternura a su futuro hijo.

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En los dos meses que habían transcurrido, Alisson y Jimmy habían iniciado una bonita amistad y habían salido un par de veces. Todos los días que él tenía libre los dividía entre su hijo y ella. Ella se lo pasaba muy bien con él, pero siempre guardaba su distancia y él la respetaba y no la presionaba. Era feliz sólo con que ella le regalara una de sus deslumbrantes sonrisas.

-Y éste es el lugar del que te hablé, Allie. Me gusta porque es aislado y hermoso. Perfecto para estar solo o meditar, o estar con una perfecta compañía.

-Me encanta. Pero de noche... ¿No te da miedo que pueda pasarte algo?

Se preguntó Alisson, pues estaban en la playa, sin seguridad y de noche. Sentados en un grupo de rocas viendo las olas correr.

-No, no me da miedo. Yo soy la autoridad, linda.

Él presumió su placa de policía y ella rió.

-Y vaya que intimidas, eh.

-Tu sonrisa me mata, Allie. Eres realmente hermosa.

Ella bajó la cabeza apenada. Él sabía cómo hacerla sentir bien. Había llorado sobre sus hombros, nunca había intentado besarla, ni acariciarla ni le había insinuado nada. Sólo estaba ahí para ella, escuchándola, secándole las lágrimas y abrazándola fuerte cuando era necesario. Hablaban todos los días y él había ido a verla actuar en el grupo de actuación al que pertenecía de su universidad.

-James, ¿nunca te han dicho que eres un sol?

Le dijo con dulzura pellizcándole una mejilla. Ella no lo notó, pero ese inocente contacto provocó mil choques eléctricos en su interior.

-No. Pero me gustaría estar en todas tus mañanas entonces.

Él levantó la mano para pellizcarle una mejilla como lo había hecho ella y alarmada se echó hacia atrás y él se asustó y se sintió miserable. Ella le tenía miedo y eso le dolió.

-Lo siento, James. No fue mi intención, es que...

-No te preocupes, Allie. Yo voy ayudarte a confiar de nuevo. Ahora voy a pellizcarte ambas mejillas. No voy a tomarte por sorpresa.

Él le apretó ambos cachetes y ella rió, desarmándolo por completo y tuvo que reprimir sus intensos deseos de besarla.

-Ya. Devuélveme mis cachetes, son mi atractivo personal.

-Está bien, pero entonces tendrás que regalarme un abrazo.

Ella le dio un gran abrazo sin aviso lo cuál lo sorprendió mucho. No lo soltó, se quedó refugiada en sus brazos por un largo rato. Algo tenía él que le devolvía la confianza.

-James, abrázame más fuerte, por favor.

-Claro, linda.

El seguía sorprendido, pero no iba a perderse ese momento por nada del mundo. Le gustaba hacerla sentir protegida. Ella le inspiraba una gran ternura y un profundo amor, el cuál no había sacado a relucir por no asustarla.

-Me gustan los abrazos. ¿Puedo quedarme así un rato? ¿No te molesta?

-Para nada. No te soltaré hasta que tú digas.

Y ahí se quedó ella por rato muerto. Él no la soltó y se quedaron abrazados escuchando las olas y hasta el silencio mismo.

-James, ¿a que edad fue tu primer beso?

-Umm... tenía doce años. Fui todo un desastre.

Contestó él con sinceridad sin dejar de abrazarla.

-¿Y el tuyo, Allie?

-No tuve primer beso, Jimmy.

-¿No?

Preguntó con asombro. De verdad no la entendía.

-No algo que valiera la pena recordar. Aunque no lo creas, tenía diescisiete años.

-Soñaste que debió haber sido especial. Aunque salga un poco mal, por lo general siempre lo es. Es una experiencia memorable. No voy a preguntarte por qué el tuyo no lo fue, imagino por qué.

-¿Cómo debe ser el primer beso, James? Sé que estoy un poco tarde para eso...

-El primer beso no se debe traicionar. Hay que dejar que simplemente suceda. Algo surge, se da, una magia y un impulso hace que los labios quieran unirse. Suele ser un encuentro corto y sutil, pero el que más perdurará en nuestro recuerdo.

Ella analizaba lo que él le decía y reprimió el deseo de llorar porque así era como ella lo había soñado. Pero el de ella fue con hombre que le llevaba doce años y que asumía que ella al menos había tenido esa experiencia, así que su beso de ensueño sólo fue un asalto brutal y cruel, seguido de una burla por su supuesta ineptitud.

-¿Y tú sabes dar besos así?

Esa pregunta si que lo pilló por sorpresa.

-Puedo intentarlo para tí. ¿Quieres un primer beso, Allie?

-Sí. Uno que no olvide nunca.

Se miraron a los ojos y en los de él había una profunda adoración. Fue acercándose poco a poco y al principio sólo rozó sus labios con los de ella, luego fue besándolos sutilmente hasta que ella le dio paso a su lengua en su boca. Su lengua y sus labios se movían lenta y dulcemente en su boca y ella respondía de la misma manera. Luego le succionó suavemente el labio inferior para culminar con un casto beso en los labios. Ese si había sido un excelente primer beso. El más dulce y tierno que haya podido experimentar. Era indescriptible todo lo que sintió.

-Tu primer beso, Allie. ¿Lo soñaste así?

-No. Lo superaste.

De repente el mundo se paralizó para los dos. En ese beso tan inocente y sutil Alisson sintió la mayor pasión, dulzura y amor que le hayan podido profesar jamás. Porque todo fue tan puro, sin agresión, sin profanarla.

-Eres mi primer beso en dos años, James. Quiero decir... a parte de lo que viví con... el caso es que eres la única persona que me ha besado después de él.

Él la había abrazado nuevamente y permaneció aspirando el olor de su pelo mientras sus fuertes brazos la protegían del mundo entero, de ella misma.

-Quiero ser el último, Allie.

-Lo serás. No sé si vayamos a estar juntos, pero después de esto no creo que quiera besar a nadie más, nadie podrá hacerme sentir ni en mil años lo que me has hecho sentir tú. Ese sentimiento de protección, de amor profundo y respeto, no creo que nadie más pueda transmitírmelo mejor que tú. Sé que aún no estoy preparada para ofrecerte algo más de lo que te doy ahora, pero si un día decido dar ese paso, tiene que ser contigo o me quedaré sola. Sé que nadie me va a dar lo que me has dado tú.

Jimmy no podía creer la convicción y sinceridad con que le hablaba Alisson. Se preguntó cómo alguien pudo destruir una niña tan especial y única.

-Yo también sé que no estás preparada y no voy a presionarte. Me conformo con que permitas abrazarte de este modo, que me des el privilegio de tenerte así entre mis brazos. Prometo no lastimarte ni pedirte más de lo que puedas darme. Sólo una petición tengo, aunque tal vez sea algo egoísta.

Ella se giró para mirarlo a los ojos, alentándolo a que diga lo que desea pedir.

-Aunque no tengamos un compromiso, quiero que por favor yo sea el único que pueda abrazarte así. Sólo eso quiero, que esta caricia sólo esté reservada para mí.

Él le habló con dulzura y seriedad al mismo tiempo y mirándola a los ojos. Ella lo sorprendió cuando buscó sus labios y él sin pensarlo dejó que ella los envolviera con los suyos, un beso tan dulce e intenso como el que habían compartido unos minutos atrás.

He dado demasiado,
lo que he podido dar.
Si las aguas se enfurecen,
tu verás miedo a nadar.
Con temor de acercarte,
puede ser anticipado.
Puede ser tan demasiado,
para que puedas analizarte.

-Estos abrazos y estos primeros besos que me has enseñado sólo serán para tí, pase lo que pase con los dos. Quiero preparar mi corazón para tí, para cuando sea el momento.

Quiero saber si puedo estar en tu mundo,
y quiero saber si lo que sientes es profundo (oh, no)..

Yo quiero que tú me digas,
necesito que me lo digas.
Yo quiero que tú me digas,
mi amor seguirá creciendo más...

Yo quiero que tú me digas,
necesito que me lo digas.
Yo quiero que tú me digas,
mi amor seguirá creciendo más y más y más...

-Cuando sea el momento, serás únicamente mía, nadie te va amar como yo. Sé que nadie va a entenderte como yo. Nunca voy a lastimarte. Voy a protegerte con todo mi ser, desde ahora en adelante. Nadie va hacerte más daño mientras yo esté ahí para tí.

Te he dado todo de mi,
no hay otro lugar para hacerte feliz.
Y yo sé que con el tiempo,
creerás siempre en mi.

Entonces por favor dame tu mano,
yo te cambiaré nuestros lazos.
Por que quiero que estés en mi vida,
quiero que siempre seas mía...

Quiero saber si puedo estar en tu mundo,
y quiero saber si lo que sientes es profundo.

-James, ¿cómo fue que ella te dejó ir? Porque yo te habría amarrado a mí como una camisa de fuerza. Si tan sólo te hubiera conocido antes...

-Antes no era ni la mitad de lo que soy ahora, Allie. No te habría gustado lo que hubieras encontrado y probablemente hubiera sido uno más que te habría desilusionado. El destino me estaba preparando para tí.

Yo quiero que tú me digas,
necesito que me lo digas.
Yo quiero que tú me digas,
mi amor seguirá creciendo más y más y más...

Yo quiero que tú me digas,
necesito que me lo digas.
Yo quiero que tú me digas,
mi amor seguirá creciendo más y más y más...

Mi amor, eres tan especial,
te quiero dar todo de mi.
Queriéndote y más y más...

Mi amor, eres tan especial,
te quiero dar todo de mi.
Queriéndote y más y más y más...

Alisson no dejó que él la soltara de sus brazos hasta que llegó el momento de irse. La dejó en su casa, no sin antes darle el beso especial que había inventado para ella. Se iría a buscar a su hijo y esa noche dormirían mejor que nunca. Alisson se estaba permitiendo soñar nuevamente.

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Eran las nueve de la noche y Candy se había pasado tratando de conseguir a Terry en su celular y nada. Llamó a la empresa varias veces y casi nunca contestaba nadie y si lo hacían, nadie podía comunicarla con él porque él se encontraba en alguna reunión importante y privada o en medio de la grabación de un comercial. El último mes se había pasado así y ella se estaba deprimiendo aunque él le daba toda la atención y el cariño del mundo a ella y a su bebé cuando llegaba, pero a él se le notaba el cansancio y ella no solía exigerle mucho más que la acunara en sus brazos para dormir con él. Ella podía entender lo extenuante de su trabajo, pues había trabajado con él bastante tiempo y había grabado dos comerciales y sabía todo el tiempo y dedicación que eso conllevaba. Pero que no se hubiera tomado ni un minuto para llamarla después que ella había mandado aquél arreglo a su oficina anunciando que tendrían un niño era más de lo que ella podía soportar y acostada en el sofá con su sencilla pijama que consistía en un hot pant de algodón y una camisilla se puso a llorar desconsoladamente hasta quedarse dormida.

-Pecas, despierta. Vamos, princesa, ya llegué.

Terry movía dulcemente a Candy en el sofá para que despertara. Se sentía mal, ella se había quedado dormida seguramente cansada de esperarlo. Al ver que no despertaba se decidió a cargarla para llevarla a la cama, pero a penas él hizo el intento de levantarla, ella despertó.

-Terry... ¿Qué hora es?

-Sé que quieres matarme, amor, pero hoy el día fue realmente...

-No me importa, Terrence. Quédate en tu trabajo, ya no te importamos más.

Candy le reprochó con amargura y llorando. Él podía tolerar lo que fuera, pero verla llorar era su límite.

-Princesa, sé que estás molesta, pero de verdad era necesario, muy pronto voy a estar aquí contigo para cuidarlos y...

-Claro que no, no sigas engañándome. Llevas todo un mes diciéndome eso y a penas te veo.

Candy estaba realmente exaltada y le gritaba, él estaba haciendo lo posible por mantener el control.

-Candy, ya habíamos hablado de esto. Iba a estar ocupado un tiempo porque tengo planeado recompensarte todo el...

-No quiero que me recompenses nada. Ni siquiera pudiste llamarme. Ni yo ni tu hijo te importamos.

-¡Suficiente, Candice! Nunca, óyeme bien, nunca más te atrevas a insinuar que tú ni mi hijo me importan porque sabes bien que no es verdad. No he hecho otra que no sea desvivirme por tí desde que te conocí y sabes que ese bebé es lo que más anhelo en el mundo.

Él comenzó alzar la voz con la misma autoridad habitual cuando Candy logra sacarlo de sus casillas. La pasiencia no era una de las virtudes de Terry y sólo con ella había conseguido dominarla bastante, pero cuando ella se pasaba de la raya, su naturaleza explotaba.

-Nos has dejado solos todo el tiempo, Terry. No digas que te importamos. ¿Sabes todas las veces que te llamé? Esperaba que llegaras emocionado o que me llamaras al instante que recivieras...

-Lo sé, Candy, pero yo no me enteré de eso hasta muy tarde cuando ya me...

-¡Mentira! Tú trabajo es más importante que tu hijo y yo.

-¡Ya basta! Tu actitud es infantil... Tienes que comportarte como una adulta y dejar de hacer tus perretas de niña mimada. Sé que debe ser duro para tí porque estabas acostumbrada a que estuviéramos siempre juntos, pero...

-¿Ahora soy infantil? ¿Para qué decidiste quedarte con esta niña mimada entonces?

Le espetó retadora y desafiante mientras Terry estaba furioso y apretando la mandíbula.

-¡Porque me gustas así! Te quiero así, eso fue lo que más me enamoró de tí. Tu alma de niña me encanta y me desarma, pero se te está yendo la mano.

-¿Por qué no me llamaste ni una sola vez? ¿No te gustó que fuera un niño? Yo me esmeré eligiendo ese regalo y tú ni siquiera...

Candy comenzó a llorar a lágrima tendida y Terry se calmó un poco para poderla consolar.

-¿Te refieres a este regalo, princesa? Me encantó.

Le dijo Terry señalándole la canasta que ella había mandado hacer para él y que había puesto encima de la mesa de centro, cosa que ella no se percató porque estaba dormida.

-Te lo mandé enviar temprano y ahora es que...

-Lo siento, Candy. Yo no supe de este detalle hasta que fui a mi oficina a recoger mis llaves para irme. Estaba tan ocupado con los comerciales que nunca me enteré que me lo habías enviado. Neil lo recivió por mí, pero el día estuvo tan agitado que también olvidó avisarme.

-Terry... yo lo siento, es que... yo tenía otros planes... me lo había imaginado de otra manera...

Terry se sentó en el sofá y se la acomodó a ella en su regazo.

-Lo sé, princesa y no sabes cuánto lo siento. Quiero que sepas que estoy muy feliz. Amo a mi hijo más que a nada y por él es que estoy haciendo todo este sacrificio. Mi primer heredero, un niño, ¿qué podría ser mejor?

-Sí, pero nos has abandonado mucho tiempo...

-Mi amor, te había explicado ya que estoy haciendo todos los anuncios que tenía ya contratados porque voy ausentarme tres meses de las obligaciones de la empresa. En tu último mes quiero estar aquí contigo y cuando nazca el bebé voy acompañarte y ayudarte por dos meses más. Ya lo hablé con mi papá y estuvo de acuerdo.

Candy se sintió como una tonta. Terry estaba trabajando como un animal por ellos y ella sólo estaba reclamándole su ausencia cuando ella sabía bien que si él pudiera le daría un pedazo de cielo sólo porque ella se lo pedía. La necesidad de verlo frecuentemente y sus traviezas hormonas le estaban jugando malas pasadas.

-Lo siento, mi amor. No volveré a decirte más que no te importa el bebé. Es que... de verdad te extrañamos mucho. Él no se mueve igual si tú no estás... Se acostumbró a que lo acariciaras y cuando se queda mucho tiempo inmóvil es como si resintiera tu ausencia...

Cuando ella le dijo eso, la culpa también invadió a Terry y apresuradamente levantó la camisilla de Candy para acariciar a su bebé y besarlo. El niño comenzó a moverse sutilmente haciendo que Candy volviera a llorar, pero esta vez de emoción.

-Hola, Jeremy, soy tu papi. ¿Me extrañaste, campeón?

El niño seguía moviéndose en danzas suaves por el estímulo de la voz de Terry, pues desde que él supo de su existencia había adquiro esa costumbre y su hijo podía reconocerlo y sentir su presencia.

-Eso es, baila para mami, que se pone muy triste si no te mueves.

Candy ya estaba acostada completamente en el sofá y Terry se había acostado también, de modo que sólo sus manos y su cara reposaran en el vientre de Candy y seguía acariciando y hablando con su hijo.

-¿Ves? Sólo hace eso cuando tú estás. Es un arrogante engreído.

-¿Y no era así cómo lo querías, pecas?

-Claro que sí. Así mismo. Sabes, se chupa un dedito.

Le comentó sonriendo uniendo su mano con la de él encima de su barriguita.

-No te puedes quejar, tiene algo tuyo.

-¿Qué? Yo nunca te he dicho que...

Candy estaba sorprendida, ¿cómo sabía Terry que ella había tenido esa costumbre?

-Aún lo haces, pecosa.

Le dijo con una sonrisa burlona y Candy estaba roja de la vergüenza.

-Claro que no. Imposible, hace mucho que dejé de hacerlo...

-Te he observado durmiendo, princesa. Ya no lo haces completamente, pero te he visto con la punta del pulgar en la boca. También lo haces cuando vemos televisión o cuando estás a punto de quedarte dormida. Supongo que es un hábito que no has podido dejar del todo.

Candy miró hacia el suelo, de verdad estaba apenada. Tenía casi veinte años, que bochorno, pensó. Ni ella misma se había dado cuenta que aún hacía eso.

-Yo... ya no volveré hacerlo... es que...

-Claro que lo harás. Es adorable y a mi no me molesta, no tienes por qué avergonzarte.

Le dijo Terry besándola y ella rió por su tontería.

-Terry... ¿puedo comerme los chocolates que te regalé?

Terry no pudo evitar soltar una carcajada y decidió divertirse un rato a su costa.

-¿Mis chocolates? Candice, si no lo sabías, cuando regalas algo no puedes esperar a que te lo devuelvan, eso es de mala educación.

-Sí, pero es que son mis favoritos. Por lo menos dame los Rafaello, esos se me antojan mucho ahora mismo.

Terry le besó la punta de la nariz.

-Candy... ¿qué voy hacer contigo?

A pesar de lo tarde que era, Terry se quitó la ropa que había usado para trabajar y se quedó sólo con sus boxers sentado con Candy en el sofá y ambos comenzaron a degustar los chocolates. Luego de ver un poco de tele, Candy se quedó dormida y él la llevó a la cama, se dio un baño y se acostó junto a ella. Estaba tan agotado que se durmió casi de inmediato.

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-Hola, Albert. ¿A qué debo el honor de tu llamada? No, no puede ser, Dios mío, otra vez no. ¿Papá está con ella? Iré lo más pronto posible.

Era ya mediodía y hacía rato que Terry se había ido a trabajar. La llamada de Albert que con tanta emoción atendió Candy sólo trajo una noticia dolorosa. Otra vez su madre estaba mal. Las quimioterapias funcionaban, pero la debilitaban enormemente. Candy se arregló lo más pronto que pudo y se lavó la cara fervientemente para que su madre no sospeche que había llorado. Se dirigió al hospital inmediatamente. Iba orando todo el camino porque Dios hiciera un milagro y su madre librara ya esa gran batalla. Se estacionó apresuradamente y subió casi corriendo, como pudo a la habitación que Albert le había indicado y allí encontró a un lloroso William White y a su hermano a quien nunca había visto llorar, mirando a Rosemary, dormida profundamente, pálida y era evidente que su pelo había comenzado a caer.

-Papi, vine lo más pronto que pude...

Candy abrazó fuertemente a su hermano y aunque hicieron todo lo posible por evitarlo, tanto ellos como William se unieron en un llanto lastimero. Candy se acercó a la camilla viendo a su madre en un imperturbable sueño.

-Mami... mamita... no te rindas ahora, por favor. Recuerda que tienes que conocer a tu nieto. Es un niño, mami. Un niño grande y saludable como su papi. Se llamará Jeremy. No puedes irte sin que él conosca lo maravillosa que eres. No nos hagas esto, por favor. Se chupa el dedito como yo, mamá. Me han dicho que está gordito. Seguramente le gustará mucho tu comida.

En medio de su llanto, Candy sonreía al imaginarse a su madre cargando a Jeremy y atascándolo de comida, ya que ella no había heredado ese don. Rosemary, aunque aún dormida, hizo un gesto con su boca que Candy pudo haber jurado que era una sonrisa, aunque estuviera en ese estado tan inconciente.

-Va a ponerse bien, princesa. Tiene que conocer a su otro nieto también.

-¡Albert! ¿Tú también? pero... cuándo...

Preguntó Candy abrazando a su hermano nuevamente, seguido de William quien también logró sonreir en medio de su gran pena.

-Me enteré anoche. Paula es lo mejor que me ha pasado en la vida.

-Y un hijo es la bendición más grande que Dios nos da.

Añadió William acogiendo en sus brazos a sus dos hijos.

-Buenas tardes. Mis amores, lamento ser siempre yo la que les ague la fiesta, pero tienen que salir, hay que tomar los vitales de la señora White.

Otra vez la dulce voz de la misma enfermera que parecía un ángel de ébano se escuchó en la habitación. Con el alma hecha pedazos Candy, Albert y el mismo William se despidieron de Rosemary besando su frente. Ambos decidieron acompañar un rato a William en su casa, pues sabían que a pesar de la gran fortaleza de espíritu de él, no era de piedra y necesitaba de todo su apoyo, los tres se necesitaban.

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Eran ya las ocho de la noche cuando finalmente Candy llegó al apartamento. Le había dejado una nota a Terry avisando que no estaría en casa debido a la situación con su madre. Cuando entró vio a Terry de pie en la entrada reciviéndola con los brazos abiertos y con el rostro lleno de comprensión. Ella se arrojó sin pensarlo en sus fuertes brazos y se desvaneció en llanto.

-Se nos va, Terry. Mamá nos está dejando...

-No digas eso, princesa. Ella va a ponerse bien. Tiene que conocer a Jeremy, ¿lo recuerdas?

Terry tenía un nudo en la garganta al escuchar la voz tan quebrada de su pecosa. Daría lo que fuera por cambiar todo su mundo.

-Terry... ni siquiera abrió los ojos... estaba tan demacrada la pobre. Su pelo, Terry, su pelo...

El llanto acabó por romper su voz y Terry la apretó fuerte contra su pecho. Cuando la tenía así entre sus brazos él era conciente de lo pequeña y frágil que era ella. Lo indefensa que se mostraba cuando estaba en un momento de vulnerabilidad.

-Candy, mi cielo, no llores, amor. Al bebé no le hace bien que estés triste. Tienes que ser fuerte por tu mami y por él. Si tú estás triste, él también lo sentirá.

Candy se limpió las lágrimas automáticamente al escuchar eso, no podía dejar que nada afectara a su bebé, así que decidió tener fe y dejar que Dios decidiera el futuro de su amada madre.

-Tengo una sorpresa para tí, princesa. Espero que te guste. Se nos fue toda la tarde haciendo esto.

Terry guió a Candy hasta el otro cuarto y Candy se quedó en shock por la impresión. En la puerta estaban clavadas unas hermosas letras en madera color azúl formando el nombre de Jeremy. Cuando Terry abrió la puerta vio la cunita montada con su cordinado de animales salvajes vistiéndola. Su gabetero y la mecedora estaban montados también y perfectamente colocados, el peluche que Candy le había comprado a Terry había sido colocado delicadamente en la cuna. Pero lo más impresionante era la pintura de las paredes. El cuarto había sido pintado en un color verde claro y creativamente habían pintado un gran árbol de dónde colgaban un par de monos. Una pareja de leones, una cebra y una jirafa también formaba parte de la selva y el pasto había sido magistralmente pintado en otro tono de verde para que sobresaliera. Una adorable pareja de elefantes también formaban parte del elenco. Candy lloraba de emoción y puso a funcionar el móvil de la cuna de Jeremy para deleitarse viendo los animalitos girar con la sutil música.

-Terry... ¿Tú hiciste todo...?

-Yo compré la pintura y armé los muebles. La obra de arte ha sido por las manos de Heidi.

-¿Heidi hizo todo esto?

Preguntó Candy con asombro.

-Sí, amor. Hubieras visto lo orgullosa que estaba al saber que tenía razón en que esperabas un niño. Ese talento ella viene desarrollándolo desde los diez años.

-Es un genio, Terry. Me encanta.

-Me alegro, princesa. Ahora sólo falta que llegue el bebé. Ya muero por tenerlo en mis brazos.

Terry condujo a Candy a la habitación para que se diera un baño mientras él preparaba la cena para luego irse a dormir. Ambos estaban sumamente agotados.

Continuará...

Hola, chicas. Sé que este ha sido un capítulo agridulce, yo misma he llorado escribiéndolo. Nos estamos acercando a la recta final, pero hay ciertos cavos que resolver antes de llegar ahí. Espero que este capítulo haya sido de su agrado.

Les mando un besote enorme a todas, sin excepción.

Amiga: Quiero aclarar que no hice el comentario como crítica, me diste una opinión y di la mía, eso fue todo. Tal vez es que simplemente pensamos diferentes, yo soy un poco más sensible en cuanto a las tragedias y obviamente, no soy médico, así que no le doy mucha perfección en cuanto a los detalles de la enfermedad. También en tus reviews anteriores nunca había visto que me dejaras uno así y ese me sorprendió mucho y si te soy honesta, llegué a pensar fue alguien más que lo dejó por tí porque no parecía venir de ti y la forma en que expresaste tu opinión fue un poco cruda para mi sensibilidad y no me refiero al hecho de matar a Paula, sino a todo lo demás, yo prefiero que este tipo de comentarios me los hagan de forma privada, así de modo privado puedo aclarar las verdaderas intenciones, pero no tengo la opción de hacerlo de modo privado, aunque no he mencionado tu nombre en ningún momento. No me molesta que sigas mi historia, si admito que soy sensible dependiendo el modo en que expresen la crítica, hay maneras de decir las cosas sin sonar cruel y no me estaba refiriendo sólo a tu comentario cuando hice ciertas aclaraciones, espero que ya todo esté aclarado y con este capítulo espero haberte complacido un poco más ya que tuvo un poco más de drama del que normalmente acostumbro.

Te aprecio sinceramente, aunque pensemos diferente.

Wendy