Amor de verano
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 23 Emergencia de amor
-Tranquila, cariño, ya estamos llegando. Yo estoy aquí contigo.
Le decía Terry a Candy cuando estaban en el carro camino al hospital mientras con su mano libre apretaba la de ella.
-No creo que pueda aguantar. Apúrate, cariño, por favor. Me duele... ¡Ay! ¡Ouuucchhh!
Terry llegó al hospital volando bajito y cuando al fin se estacionó, sacó a Candy del carro y cargada la llevó hasta la sala de emergencia donde al ver la situación y conociendo que ya había roto fuente inmediatamente la hubicaron en sala de parto para prepararla. Todo había sido organizado para que Terry pudiera asistir al parto, pero debía esperar a que ella estuviera completamente lista, que haya dilatado lo suficiente y lo más importante, que su médico llegara.
-Buenas noches, Candice. Eres primeriza y sé que el dolor es insoportable, pero tienes que mantenerte calmada, lo más que puedas. Si te alteras mucho puede subirte la presión y todo se complicaría, además ya la tienes un poquito alta.
La enfermera se dirigió a ella con amabilidad mientras ella estaba en una camilla junto con otras mujeres que también estaban en espera de comenzar su parto y que sólo las dividía una cortina grande verde para darles algo de privacidad. La enfermera indrodujo uno de sus dedos en la vagina de Candy para deducir cuánto había dilatado.
-A penas estás en cinco centímetros, cariño. Esto a penas está empezando. Tienes que estar por lo menos en nueve centímetros para que podamos iniciar con el parto. Por el momento trata de serenarte y ser valiente, no queremos que el bebé sufra las consecuencias de una pre-clamsia, ¿verdad que no?
Candy negó con la cabeza y se mordió los labios para ahogar otro grito debido a las contracciones que eran cada vez más fuertes y seguidas.
-Yo... quiero que mi marido esté aquí, llámelo, por favor...
-Lo siento, Candice, pero eso no es posible. No se permite a nadie en esta área. Él sólo podrá estar presente al momento del parto que ya sería en un cuarto privado y con el debido protocolo.
Candy resignada se tranquilizó en su camilla mientras escuchaba los quejidos de las otra mujeres a la vez que escuchaba los latidos de su bebé a travez de la máquina que estaba amarrada en su vientre con unas correas.
-¡Terry! ¿Cómo está mi hija?
-Tranquila, Rosemary. Todo está bien, sólo estamos esperando que llegue el momento, ya la enfermera me aseguró que todo está perfecto.
-Así es, Rose. Cálmate y no pongas a este pobre muchacho más nervioso de la cuenta.
Dijo William en muestra de apoyo a su yerno luego que se hubieron sentado en la sala de espera a esperar noticias de Candy.
-¿Y la loca esa que la golpeó, supongo que está detenida?
-Así es y corrió la suerte de no estar muerta, aunque por favor, y discúlpen mi descortesía, agradecería que no me la mencionaran en estos momentos.
Ante la visible molestia de Terry, el matrimonio White no indagó más en el asunto.
-Buenas noches. ¿Y mi hermana?
-Buenas noches, Albert. Tu hermana está muy bien, sólo estamos esperando, así que acompáñanos aquí hasta que nos adelanten algo más.
Otra vez la voz de William intercedió y lo pusieron al día con todos los acontecimientos.
-¡Maldita desgraciada! ¿Cómo se atrevió a golpear una mujer embarazada?
Dijo Albert indignado y con los puños apretados de la rabia. Candy era una de sus debilidades y él no lo ocultaba.
-Terry, hijo. Vinimos en cuánto pudimos. ¿Cómo está Candy?
Esta vez llegaron Eleanor, Richard y Alisson a los cuales también se les puso al tanto de la situación.
-Hay que ver a dónde llega la maldad de esa infeliz. Lo importante es que ella está bien y mi sobrino también.
Dijo Alisson abrazando a Terry y así permanecieron hasta que el doctor llamó a Terry.
-Señor Grandchester, el parto está a punto de comenzar. Acompañe a la enfermera para que se prepara a entrar.
Terry se levantó como un rayo y siguió a la enfermera dónde se colocó una bata esterilizada, un gorro, guantes y una boquilla. A los pocos mintuos estuvo entrando al cuarto privado donde tenían a Candy. La vio con un gesto de profundo dolor en su rostro, sudada y con las piernas separadas.
-Estoy aquí, princesa.
Cuando Candy lo vio le brilló el mundo. Él pronto se puso a su lado y le sostuvo la mano mientras el doctor trabajaba con ella.
-Candice, respira. Vuelve a intentarlo, más fuerte, por favor.
Decía el doctor y Candy pujaba con todas sus fuerzas hasta quedarse sin aliento.
-Yo... no puedo... ya no puedo más...
Se quejaba ella llorando, pero sin dejar de pujar.
-Claro que puedes, vamos. Eso es, eso es. Mira ya está su cabeza. Vamos, más fuerte, tú puedes.
El doctor seguía animándola y ella daba lo mejor de sí.
-No te rindas, amor, estás haciéndolo muy bien, yo estoy aquí contigo, hermosa.
Las palabras de Terry era todo lo que ella necesitaba para recobrar sus fuerzas y siguió pujando sin pensar en nada más que no sea al fin tener a su ansiado bebé en brazos.
-Ya casi, Candice. Otra pujada fuerte como esa y lo tendremos aquí. Vamos, puja, fuerte, eso es.
En el último pujo de Candy que sintió que desfallecería finalmente se escuchó un llanto de bebé.
-Aquí está, Candice. Tu hijo. Dale un beso.
Dijo la enfermera que asistía al doctor, acercándoselo a Candy y luego a Terry.
-Mira, amor. Que hermoso. Buen trabajo.
Dijo Terry con lágrimas en los ojos y Candy, llorando también besó a su bebe.
-Apunte ahí, doce y cuartenta de la noche, ocho libras y diez onzas, veintidos pulgadas.
Le indicaba el doctor a la enfermera para que llenara la tarjeta que identificaba la cunita de Jeremy Grandchester-White, donde sería colocado luego de que lo asearan.
-Te amo, Terry... ¿Viste que lindo es?
-Así es, princesa. Un niño saludable y hermoso. Es enorme.
-Señor Grandchester, debe esperar afuera en lo que preparamos a Candice y luego podrán pasar a verla en el cuarto privado. Mientras tanto pueden observar al bebé en el área de Nursery.
Después de las indicaciones de la enfermera, Terry salió de ahí deshaciéndose de su bata y corriendo hacia la familia que ansiosa esperaban.
-¿Qué pasó, Terry?
Preguntó Rosemary alarmada seguido de todos los demás.
-Es hermoso, simplemente hermoso. Casi nueve libras pesó. Podemos ir a verlo al nursery.
Contestó Terry aún con lágrimas por la emoción. Se fueron corriendo al área indicada y a travez del cristal vieron las cunitas de todos los bebés, se enfocaron en la que decía: "Grandchester-White baby boy".
-¡Oh Dios mío, Terry! Es hermoso. Es idéntico a tí...
Eleanor contemplaba a su primer nieto sin poder contemplar las lágrimas.
-Hola, hermoso. Soy tu abuela, Rose. Bienvenido, pequeño.
Todos admiraban al bultito de abundante pelo castaño que lloraba desesperado en su cunita.
-¡Que grande es! ¿Pero por qué llora tanto?
Dijo Alisson entre emocionada y preocupada.
-Debe estar hambriento, tal vez es un glotón.
-¡Albert!
Le reprendió su madre, aunque a todos les hizo gracia el comentario.
-Si es un glotón debió haberlo heredado de tí, Albert, mira que por poco nos arruinas...
Dijo William ganándose otro regaño por parte de su esposa.
-Definitivamente es un retrato tuyo, Terry. Dios lo bendiga.
-Gracias, papá.
Después que estuvieron admirando al niño por largo rato finalmente los dejaron visitar a Candy en su cuarto privado.
-Mi niña, ¿cómo te sientes?
-¡Feliz, mamá! Es hermoso. Y grande como su papi.
-Y glotón, como su mami.
-¡Albert! Te perdono sólo porque estoy muy feliz.
Dijo Candy divertida.
-Hola, princesa hermosa.
Terry se acercó a ella y le besó los labios. Todos la abrazaron y felicitaron por turnos.
-Hola, aquí está el bebé. Ansioso de que lo alimente.
Entró una enfermera arrastrando la cunita de Jeremy y en la cual habían varios pañales, toallitas húmedas y unas pequeñas botellitas de leche. Le entregó al niño en los brazos a Candy.
-Hola, hermoso, soy tu mami.
Candy apresurada se dispuso a darle la leche a su hijo ante los ojos aguados de todos. Jeremy succionaba su botellita desesperado. Era un niño grande y precioso en verdad. Tenía el pelo castaño y lacio de su padre pero con algunos ramalazos rubios. Sus mejillas eran sonrosadas y rellenitas. Su boquita, naricita y mandíbula eran igual a las de su padre, esos rasgos finos y definididos eran Grandchester.
-Te ves adorable, hija.
Dijo William con orgullo y lágrimas recordando a su mujer cuando al fin nació Albert, que fue tan grande y hermoso como Jeremy. Luego que Candy lo hubo alimentado y Rosemary le explicara cómo sacarle los gases, Terry lo cargó.
-Hola, bebé... soy tu papi.
El niño abrió sus ojitos completamente y miraba a Terry con curiosidad a travez de los dos zafiros que había heredado de su padre.
-Es tu clon, Terry. Tan guapo como tú.
Dijo Alisson con orgullo. Rosemary no resistió más y pidió cargarlo, cosa que Terry no fue capaz de negarle.
-Hola, Jeremy. Que hermoso eres, cariño. Awww... mírenlo, se está chupando el dedito.
Todos miraban al niño con adoración.
-¿Quiere cargarlo, Eleanor?
Preguntó Rosemary y Eleanor no se hizo de rogar.
-Hola, cosita hermosa. Sí, eres igualito a tu papi.
-Mamá, dámelo ya, yo también lo quiero cargar.
Alisson casi le arrancó el bebé a Eleanor y todos rieron.
-Hola, Jeremy. Yo soy tu tía favorita, Allie. Juntos vamos a volver loco a tu papi, ¿verdad, cariño?
El niño dio una inocente y angelical sonrisa, como esa que dan los bebés cuando están dormidos, como si hubiesen visto a un ángel y a Alisson se le aguaron los ojos recordando la adoración con que Dylan la miraba y a quien consideraba su mamá.
-No puedo creerlo, su primera sonrisa fue para Allie, estoy celosa.
Bromeó Candy.
-Ustedes, hombres necios, ¿no piensan cargar a Jeremy?
Dijo Eleanor quitándole el bebé a Alisson y extendiéndoselo a Richard.
-Hola, Jeremy. Espero puedas crecer muy pronto para que vengas a trabajar con tu abuelo, sí...
-Richard, por favor, ¿no se te pudo ocurrir decirle otra cosa?
El niño en gesto arrogante volvió a dar su sonrisita como si entendiera el reproche de Eleanor.
-Ya, uno con las mejores intenciones y lo regañan. Jeremy, ve con abuelo William.
Dijo Richard pasándole el bebé a su abuelo materno.
-Jeremy, grandulón, dale tregua a ese dedo, sino necesitarás braces como tu mami.
-¡Papá!
Se quejó Candy avergonzada.
-Hola. Lamento decirles que el pase especial se les acabó, mis corazones, pueden venir desde las ocho de la mañana a visitarlos. Sólo una persona podrá quedarse aquí con los pacientes.
Después del anuncio de la enfermera, resignados, todos se marcharon a excepción de Terry que se quedaría con Candy, dado que era un cuarto privado y que él había pagado por los servicios de una cama adicional, contando el hecho que Candy sólo quería estar con él.
-Gracias, Candy. Es lo mejor que me has dado. Sólo tú podías darme un niño tan hermoso.
Le dijo Terry a Candy luego de que ya estuvieran solos y él con su bebé en brazos.
-Es igualito a ti, mi amor. Hasta arrogante.
-Así lo querías, ahí lo tienes.
-Pues sí, así engreído como su papi para consentirlo mucho.
Cuando Candy hubo terminado de decir eso, el niño comenzó a llorar desesperado en los brazos de Terry y aunque él lo intentó no pudo calmarlo.
-Dámelo, amor.
Terry le dio al bebé y Candy buscó otra botellita de leche, pero el niño la rechazó y seguía llorando.
-Intenta darle el pecho, Candy, a lo mejor le gusta más.
Candy lo intentó recordando las clases de lactancia que había tomado. Se sacó un pecho y lo acercó a la boca de su hijo. El niño fue poco a poco calmándose y apaciblemente succionaba el pecho de su madre con los ojitos cerrados.
-Ah, te gusta más los pechos de mami, mi amor.
Dijo Candy mirándolo con adoración.
-No te culpo, pequeño, a mí también me encantan.
-¡Terry!
-¿Qué? Tú sabes que son deliciosos, amor.
Luego de haberse alimentado, Jeremy se quedó dormidito y Candy se lo pasó a Terry para que lo colocara en su cunita.
-Ahora tú duerme un poco, princesa. Sé que debes estar agotada.
-Terry... ¿podrías dormirme tú?
Le preguntó Candy poniendo una carita angelical y Terry aunque estaba agotado también, se acomodó a su lado y la mimó hasta que se quedó dormida y luego pasó a la cama que estaba junto a la de ella.
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Dos largos meses más habían pasado y una muy deprimida Annie buscaba consuelo en la soledad y tranquilidad de la villa de Cabo Rojo. Los ocho meses que habían pasado desde que rompiera estúpidamente con Archie no le habían borrado para nada el dolor y el sentimiento de culpa. Nunca lo había extrañado tanto, no se había dado cuenta cuánto lo amaba hasta que lo había perdido. Se encontraba en la orilla de la playa donde el agua espumosa acariciaba sus pies.
-Tanta tristeza no te hace bien, Ann...
Le murmuró Patty acercándose y haciendo que Annie respingara al encontrarse de espalda a ella.
-No tengo más remedio, Patty. Esta son las consecuencias de mi estupidez. Quiero olvidarlo todo, pero no puedo. Sé que es inútil soñar que él volverá a mí o que al menos conteste una de las tantas cartas que envié...
-Lo siento tanto, hermana. Yo de verdad quisiera ayudarte, he estado hostigando a Stear, pero al parecer Archie le pidió que no dijera nada sobre él o su paradero y ni a mí me lo ha dicho. Sus razones ha de tener.
Annie no puso en discusión el argumento de su hermana, sino que se echó a llorar desconsoladamente.
-Seguramente, en estos meses... ya debió conocer a alguien y le ha sido fácil olvidarme. No lo culpo, fui yo quien le rompió el corazón, yo destruí dos años de relación en cinco minutos.
Stear que había llegado y escuchado parte de la conversación sintió una profunda pena por su cuñada, pero no podía traicionar la lealtad hacia su hermano, aunque pensó que algo de ayuda no estaría de más.
-Patty... ¿me acompañas un momento?
-Eh... Stear es que...
-Por mí no se detengan, Patty, ve con él, yo me quedo aquí con mis penas.
Fue el intento de broma de Annie quien sonrió entre lágrimas. Patty y Stear se alejaron y Annie permaneció en el mismo lugar, en la misma posición.
-¡Por supuesto que no! Y no está a discusión, no insistan.
-Deja el orgullo a un lado. ¿No crees que ya ha sido suficiente castigo?
Él hacía todo lo posible por hacerlo entran en razón, mas el resentimiento y el dolor eran más fuertes.
-Nadie quita que hayas sufrido, pero tal vez estés negándote otra oportunidad de ser feliz por ese rencor que los hace miserables cada día.
-Qué fácil es decirlo para ustedes que están siempre de luna de miel.
-Sólo puedo decirte que ha esperado pacientemente, que se ha tragado todo su orgullo y su dignidad y que tal vez en vano sigue esperándote.
-Sí, como no, sé lo mucho que le gusta esperar precisamente.
Aunque se moría por ir a sus brazos perderse en sus inocentes ojos, no cedería. Su corazón sangraba demasiado aún y ya había empezado haber alguien más...
-Sólo escucha lo que tiene que decirte, sólo eso. No quiero que te arrepientas luego...
-Está bien, pero sólo será eso, escuchar lo que va a decirme, que no venga haciéndose castillitos en el aire.
Satisfecho con lo poquito que hubieron logrado ante la terquedad del resentido, se marcharon y lo dejaron solo.
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En el tiempo que había transcurrido, Jeremy era un niño hermoso y saludable, cada vez más parecido a su padre y engreído a más no poder. Contaba con dos meses y medio y ya estaba más gordito y bien vivaracho. Terry lo presumía a todo el mundo con orgullo y él niño era muy apegado a ambos padres.
-No me gusta tener que dejarlo, Terry.
Decía Candy con tristeza besando a su bebé mientras Terry tenía su bultito en mano para dejarlo bajo los cuidados de Rosemary por el momento en lo que ellos iban a trabajar. En algunas ocaciones lo dejaban con Eleanor.
-Sólo serán unas horas, luego será todito tuyo otra vez, ¿verdad que sí, campeón?
Le dijo Terry acariciando dulcemente uno de los cachetes de Jeremy que le sonrió muy coqueto y descarado.
-Bueno, mejor vámonos ya antes de que Niel me mate.
Después que dejaron a Jeremy en casa de los White, se dirigieron a Caribbean donde Terry estaba trabajando rigurosamente en un comercial de Navidad y Candy maquillando y peinando a todas las mujeres que trabajaban para la radio o televisión de los programas que derigían ahí.
-Terry-bombón, bella-Candy. Hasta que al fin hacen acto de presencia.
-Neil, ya vas de dramático. Aquí llegó por quien llorabas, así que vamos, a trabajar, flojos.
Dijo Terry con fingido enfado y disimuladamente dándole una nalgadita a Candy.
-Terry, ahora que me acuerdo, el muchacho nuevo, el guionista, preguntó por tí...
-¿No dijo para qué me quería?
-Pues no... luego preguntó también por Candy...
-¿Por Candy? ¿Y para qué diablos preguntó por ella?
Ahí estaban los señores celos de Terry, de los que Candy no fue testigo porque ya se había alejado a cumplir con su faena.
-No lo sé, Terry, relájate. Tal vez pensó que en tu ausencia, ella podría acesorarlo...
-¿Acesorarlo en qué? ¿Acaso quiere un cambio de look? Su trabajo y el de Candy son muy diferentes como para que necesite una acesoría de su parte.
-¿Y yo qué voy a saber? Sólo te lo comuniqué...
Neil se quedó con la palabra en la boca porque Terry siguió a su oficina con un humor de perros. ¿Qué tenía ese imbécil que hablar con ella?
Se preguntó, pero de inmediato se puso a trabajar en el comercial, dando órdenes por aquí y por allá y siendo muy severo con las equivocaciones de los implicados en la grabación del comercial.
-Parece que a tu limoncito Terry no le agrada mucho el nuevo...
Dijo Neil mientras le secaba el pelo a una de las locutoras mientras Candy maquillaba a otra.
-¿Mark? No veo el porqué... es un poco adulador... pero hasta el momento no lo he visto hacer nada indebido...
Respondió Candy sin tener la más mínima idea de porqué Mark no le agradaba a Terry. Como si el mismo diablo lo hubiera llamado, el mencionado apareció en ese momento donde se encontraban Neil y Candy.
-Buenos días. Candy... te traje café y estas donas... es en gratitud por tu amabalidad al mostrarme todas las facilidades de la empresa y ser paciente...
Candy de pronto no supo cómo reaccioanar ante tal atención y las miradas curiosas de las dos locutoras que ella y Neil se encontraban arreglando.
-Gracias, Mark, pero no te hubieras molestado...
-¡Qué dices, Candy! Si las donas se ven divinas, delicious, delicious.
-Disculpa, Neil, debí haber pedido algunas para tí...
Dijo Mark al ver cómo Neil, ante la renuencia de Candy, tomó una dona sin que se le invitara.
-No tengo problemas en compartirlas. Gracias por el gesto, Mark.
Dijo la inocente Candy con una radiante sonrisa.
-Espero no te moleste, Candy, pero me enteré que tuviste un bebé hace poco y... nada, esta flor es para tí... felicidades.
Si el detalle de las donas y el café la dejó sorprendida, la flor roja con un delicado lazo y una tarjetita de dedicadoria la dejaron helada. A ella, a Neil y todos los que estaban al rededor que no habían perdido detalle de nada.
-Gracias, Mark. Eres muy amable, ahora si me disculpas... tenemos que seguir trabajando, el programa radial está a punto de comenzar...
-Claro... claro, no te entretengo más... yo ya me iba...
Mark se fue nervioso a seguir con sus obligaciones y dejando a todos muy desconcertados.
-Creo que ahora entiendo los celos de Terry...
-¿Eh...? ¿De qué hablas, Neil?
-Nada, cariño, yo me entiendo.
Dijo Neil rogándole al cielo que Terry no haga un escándalo si se enterara de los "detalles" que el nuevo está teniendo con su mujer. De por sí Neil ya había notado algo raro en las desmedidas atenciones y halagos por parte de Mark hacia ella. Siempre encontraba una excusa para colarse por esa área que nada tenía que ver con lo que él desempeñaba en la empresa.
-Dios mío, son sólo tres líneas lo que tienes que decir en todo el comercial, ¿cómo es posible que aún no te las sepas? Voy advertirles algo a todos, o se ponen las pilas o miren a ver lo que hacen porque no pienso seguir cortando la grabación cada vez que alguno de ustedes se les olvida algo, llevamos dos horas en esto...
Terry molesto se dirigía a la estrella principal de comercial y luego a todos los demás. Era evidente que estaba furioso, pero nadie, ni él mismo conocía bien la razón.
-Terry, por Dios, cálmate. Pareces un dictador.
-Lo siento papá, pero es que de verdad parece que no están esforzándose. A esta alturas no es para que esto esté sucediendo.
Richar Grandchester conocía muy bien a su hijo y sabía que había algo más a parte de la ineptitud del elenco del comercial que lo tenía así.
-Mejor tomen un receso de quince minutos, Terry, ven conmigo un momento.
Sin que Terry pudiera replicar, su padre se lo llevó y ahí trataría de calmarle su repentino mal humor.
-¿Te molesta si te hago compañía?
-¡Mark! Eh... yo... supongo que no...
Candy se asustó ante la intromisión repentina de Mark en el área donde comían y descansaban los espleados, pues ella se encontraba sola comiéndose una ensalada que había comprado en un lugar cercano.
-Te ves hermosa hasta cuando comes.
Le soltó y ella soltó el tenedor en seco y lo miró con intriga. Él de repente se puso serio como se hubiera dado cuenta de su estupidez y comenzó a explicarse.
-Lo que quise decir... es que con todo el respeto... eres una mujer muy linda, Candy... y dichoso el hombre que esté a tu lado.
-Mark... yo agradezco mucho tus cumplidos y... no te ofendas, pero creo que ya se te está yendo la mano... Terry... no creo que vaya a gustarle... él...
-Es muy celoso. No es para menos, Candy. Si yo tuviera a mi lado una chica como tú, no la dejaría sola ni cinco segundos...
Candy no podía creer el descaro del chico. No le había faltado el respeto nunca, al contrario, se portaba adorable y atento, pero había algo que la hacía pensar mal y conociendo el caracter posesivo y celoso de Terry, era mejor advertirle a su "admirador" que le bajara a sus halagos.
-Me alegra que lo entiendas así, Mark y como verás... no quiero malos entendidos. Este es nuestro lugar de trabajo y a la gente le gusta mucho hablar... Te pido por favor, sólo te dirijas a mi lo necesario, agradezco mucho tus detalles, pero quiero que entiendas que soy la mujer de tu jefe y que lo que haces, aunque sea inentencionadamente, puede prestarse para muchas malinterpretaciones... Bueno, me voy.
Dijo ella levantándose para llevar el plato plástico de su ensalada y el vaso desechable al zafacón que estaba más en frente.
-Deja, yo lo llevo...
Mark intentó quitarle el plato e inevitablemente le rozó las manos y al agacharse un poco, sus rostros quedaron muy cerca...
-De verdad, Mark, no te molestes...
-Eres divina, de verdad lo eres.
Insistente, Mark apartó un mechón del rostro de Candy y acarició con un dedo una de sus mejillas. Aunque fue un gesto ligero y tal vez "inofensivo" para alguien no fue así.
-¿Interrumpo algo?
-¡Terry!
Exclamó Candy nerviosa y dejando caer el dichoso plato de la ensalada por el susto.
-¿Puedo participar de la amena reunión o prefieren que los deje solos?
Dijo Terry irónico y fulminando a Mark con la mirada.
-Señor Grandchester, buenas tardes. Yo ya me iba. Disculpe.
Mark se fue como un cohete del cuartito de descanso dejando a Candy sola con un muy enojado y rabioso Terry.
-¿Se puede saber que diablos estabas haciendo aquí sola con él?
-Mi amor... yo... yo estaba aquí sola y él llegó después... sólo me acompañó a comer... creo que sólo estaba siendo cortés...
Empezó a explicar Candy torpemente ante la mirada asesina de Terry.
-¡Ah, que bien! ¿Y el café y las donas también fueron parte de su cortesía?
-Pues... supongo... yo no me esperaba ese gesto...
-Y supongo que tampoco te esperabas la flor roja que aceptaste muy gustosa, ¿verdad?
Terry estaba realmente y furioso y se había acercado peligrosamente a ella, poniéndola sumamente nerviosa.
-Terry... ¡Ya basta! No sé por qué se ha tomado esas molestias. Yo nunca me he dirigido hacia él para nada...
-No, pero bien que aceptas todas sus atenciones y sus regalos. ¿Crees que soy idiota, Candice?
Terry ya estaba totalmente pegado a ella y las últimas palabras se las dijo alzando la voz y tomándola de la barbilla.
-¡No! No creo que lo seas, pero no tengo la culpa de que él se haya tomado esas molestias conmigo, yo nisiquiera lo conosco. No le he pedido que haga nada...
-Ese es precisamente el problema, princesa. Que no necesitas hacer nada para que cualquier imbécil quiera venir a poner sus manos en ti.
A pesar de que la voz de Terry no era nada amable y que la miraba con ganas de matarla, al mismo tiempo la tenía muy sujeta de las nalgas y la pegaba a él poniéndola aún más nerviosa.
-Terry... yo te juro que no he alentado nada que se preste para...
-Lo sé, preciosa. Eres todita mía, ¿verdad?
Le decía en susurros en la oreja y mordiéndole el cuello.
-Claro que sí, mi amor, eso lo sabes ya... pero...
-Pero quiero que lo tengas muy presente, cielo... si vuelvo a ver a ese infeliz cerca de ti... le irá bastante mal... y no estoy jugando cariño.
-No tienes que amenzarme. ¿Es que no confías en mi? Siempre piensas que puedo enredarme con el primer idiota que me insinúa algo... no sé para qué decidiste estar conmigo si cada vez que...
-¡No estoy amenazándote! Sólo quiero que estés lo bastante alejada de ese cabrón para que yo no tenga que matarlo, eso es todo.
Ya ambos estaban más que furiosos y aunque Candy se hiciera la más ofendida, lo cierto era que Terry tenía razones de más para sentir celos, pero dado que no había alguna falta de respeto, no podía tomar una acción en contra del empleado, pues la ley lo protegía en caso de un despido injustificado.
-Siempre tienes que reaccionar con violencia, Terrence. ¿De qué maldita manera tengo que explicarte que sólo te amo a ti? Los únicos detalles que me interesan son los tuyos. El único que quiero que me mire eres tú. ¿Qué es lo que pretendes? ¿Que me mande a tatuar un anuncio que diga "propiedad de Terrence Grandchester"?
-Pues no sería mala idea, fíjate.
Le contestó burlón y con una sonrisa torcida a pesar de su enfado.
-No te hagas el payaso ahora. Deja ya de dudar de mí. Por Dios, soy tu mujer, hace ya tres años, acabo de darte un hijo y muy pronto te daré otro y aún así piensas que...
El monólogo de Candy fue ahogado con el beso de Terry que hizo que se olvidara hasta de su nombre. La tomó posesivamente del rostro y se adueñó de su boca dejándola sin aire.
-Te amo, Candy. Te amo tanto que tengo miedo de perderte. Tengo miedo de alguien llegue y pueda hacerte olvidarme...
-Terry... para que yo pueda olvidarte... tendría que volver a nacer... ¿Es que no lo entiendes? Mi amor, mi cariño, mis atenciones, mis deseos, mi pasión, son sólo para ti, mi amor. No necesito tatuarme tu nombre porque todo mi cuerpo, mi alma, cada grito y gemido que tu me sacas dice que soy sólo tuya.
Candy lo abrazó fuertemente y aprovechando la soledad e intimidad del salón de descanso, aseguró la puerta, en caso de que entrara algún curioso. Sus palabras le infundieron una gran seguridad a Terry, aunque como siempre, no le duraría mucho, esa era su naturaleza, los celos eran parte de él y Candy se había resignado a ellos y porque además ella también era celosa, aunque no al extremo de él. Candy se sentó en una de las amplias butacas y lo arrulló como un niño y él que de por sí era un engreído de primera, se dejó mimar.
-Te amo más que a mi vida, princesa. Nunca olvides eso.
-Yo también te amo, mi arrogante favorito, tú y Jeremy son mi vida.
-Mi amor, ¿podemos tener al otro bebé ya?
Candy volvió a quedarse en shock.
-¿Ya? Terry, Jeremy a penas tiene dos meses. La boda al fin se dará en cuatro meses más y habíamos quedado en que sería en un año.
-Sí, pero... yo ya quiero otro. Te ves muy linda de mami.
Terry estaba tratando de convencerla, pero Candy no cedería.
-Es muy rápido, cielo. Vamos a disfrutarnos un poquito más a Jeremy. Si quieres, después de la boda... buscamos un hermanito para Jeremy para que no esté solito.
-¿Y no podemos empezar a buscarlo ahora?
Le dijo Terry besándola apasionadamente mientras la aprisionaba entre sus brazos. Se había olvidado de dónde estaba y la tumbó encima de él donde la dibujó entera con sus manos y con su lengua comenzó hacer travezuras en su oreja y cuello.
-Mi amor, ya, por favor... aquí... ya deben saber que llevamos rato encerrados y...
-¿Y? Soy el dueño, hago lo que me da la gana.
-Sí, pero... Terry, por favor...
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-¿Dónde estarás ahora, amor? Me pregunto si en algún momento pensarás en mí... aunque sea con rencor, quisiera saber si ocupo algún lugarcito en tu mente...
-Annie... Me dijeron que necesitabas hablar conmigo...
Tenía que estar soñando. Definitivamente estaba soñando.
-¿Archie?
-Creo que sí. ¿O es que también te olvidaste de mi nombre?
Respondió con sarcasmo.
-No... yo nisiquiera sabía que estabas aquí... ¿Cuando llegaste?
-Hace dos meses, ¿por qué?
Annie no podía creerlo. Dos meses y nisiquiera la había buscado para nada, ahora sabía que no había nada que buscar.
-Por nada... supongo que no es asunto mío.
-En fin, ¿que era lo que querías decirme?
Hoy me huele a soledad
Saber que ya no estás
Saber que todo terminó
Que ya no volverás
Sentir que te perdí
Y tengo que vivir
Perdido en la tristeza que
Dejaste en tu lugar
-Yo... no te esperaba, este...
-Ah que bien, porque de ser así, adiós, suerte...
Archie le dio la espalda dispuesto a irse y luego que diera un par de pasos...
-Archie... No te vayas, por favor.
La súplica de Annie y lo apagado de su voz hizo que él aunque renuente, se volviera.
-Habla, Annie, no tengo toda la tarde.
-Yo sólo quería que supieras que... aunque sé que es muy tarde y que no merezco nisiquiera una mirada tuya... necesito que lo sepas. Te amo. Nunca dejé de hacerlo. Sólo actué por miedo a quedarme sola. No soportaba que no estuvieras a mi lado. Fue muy infantil de mi parte haberte dejado de esa manera y no sabes cuánto me arrepiento. Créeme que lo he pagado muy caro y lo seguiré pagando hasta el final de mis días... si supieras todas las noches que te he llorado... cuánto te he soñado y anhelado poder retroceder el tiempo...
Me duele no tener tu amor
Y trato de olvidar
Y no hago más que recordar
Siento que la vida en tu recuerdo
Se me va
Me huele a soledad amor
A lágrimas del corazón
A miedo y sentir dolor
Sufrir y hacerme daño
-Lamentablemente para ti, Annie, tus disculpas llegaron demasiado tarde. Eso que dices de haberme soñado, anhelado... mientras estabas con tu amiguito no parecía afectarte mucho.
Archie se mantenía implacable, preso de los celos de sólo pensar hasta dónde Annie pudo haber llegado con otro que no fuera él.
-Nunca hubo nada, Archie... ni siquiera una verdadera amistad. El mismo día que decidí terminar contigo, me arrepentí casi al instante... te busqué y te envié muchísimas cartas... quise pedirte perdón tantas veces... pero tú nunca respondiste...
-¿Y qué pretendías? Que regresara a tu lado como una fiel mascota luego de haberte suplicado que te lo pensaras, hasta te lloré para que no me dejaras... pero fuiste bien clara y decidida. Te hartaste de tu amiguito y luego decidiste buscarme... No soy tu premio de consolación, Annie. Te apoyé en todo, te respeté, me guardé mis ganas y mis deseos, nunca te toqué... para que al final tú me dejaras por el primero que te habló bonito y yo me fui a la mierda... Qué fácil se te hizo olvidarme, supongo que los brazos de aquél estuvieron más que dispuestos a consolarte...
-Archie... estás muy equivocado. No he encontrado consuelo en nadie. Nadie ha ocupado el vacío en tu lugar. Yo... nunca he sido de nadie, Archie. Siempre... me he guardado para ti, hasta que algún día me escucharas y tal vez me perdonaras... y supieras que yo... sólo vivo y respiro por tí... que sólo quiero ser para tí...
Me huele a soledad amor
A días grises por llegar
A noches sin poder dormir
A no saber vivir sin ti jamás
Te juro que me huele a soledad
Archie reconoció para sí mismo que le daba orgullo saber que aún nadie la había tocado, saber que no había estado con nadie, aunque eso siempre lo había escuchado de su hermano, pero se sintió mejor de que ella misma se lo confirmara con sus palabras. Pero esa confesión de ella no borraba el dolor, ni los largos meses de angustia y sinsabor que su ruptura le dejó.
-Lo siento, Annie... pero ya es tarde, además... no te creo nada.
Le sentenció dejándola desconcertada y ni él mismo sabía por qué le decía eso.
-Archie... Yo nunca te he mentido, te juro que es cierto... no pretendo que vuelvas y te pongas a mis pies, pero sí que sepas la verdad y...
Y no duermo de pensar
Adonde es que andarás
Si te divertirás sin mi
No quiero imaginar
Me muero por saber
Si al menos una vez
Habrás pensado en mi tal vez
Con ganas de volver
-¿Y de qué me sirve saber "la verdad" ahora? Mejor ve a consolarte con tu amiguito que ha sido tu paño de lágrimas ante mi injusta y cruel ausencia, ¿no?
-¡Archie, ya basta! Nunca, ni un sólo momento he dejado de ser tuya, ni siquiera cuando terminamos. ¿Quieres que te lo demuestre? Puedo hacerlo cuando quieras, ya no me importa nada más...
Me duele no tener tu amor
Y trato de olvidar
Y no hago más que recordar
Siento que la vida y tu recuerdo
Se me va
Me huele a soledad amor
A lágrimas del corazón
A miedo y sentir dolor
Sufrir y hacerme daño
Me huele a soledad amor
A días grises por llegar
A noches sin poder dormir
A no saber vivir sin ti jamás
Te juro que me huele a soledad
Archie no daba crédito a lo que oía. ¿Estaba insinuando que se le entregaría sólo para demostrarle que no mentía? No iba a negar que ese impulso le causaba una inmensa alegría, sin embargo...
-Annie... como te dije... ya estás tarde... guárdate para alguien que de verdad le importe...
Esa respuesta acabó por partir en dos a Annie... Incluso el mismo Archie se arrepintió de cada palabra pronunciada, pero ya no se echaría para atrás.
-¿Por qué eres tan cruel, Archie? Sé que hice mal, pero me he desvivido todos estos meses para pedirte perdón. Me pongo a pensar que en el fondo no te importé lo suficiente. Pero que bueno saberlo, tienes razón. No sé para qué insisto con algo que ya terminó. Tampoco sé para qué ni para quién me estoy guardando, total, ¿a quién le importa eso hoy en día? Voy a disfrutar mi vida entonces, que suceda cuando tenga que suceder y con quien tenga que ser...
El dolor comenzó hablar en lugar de Annie y unos celos locos se apoderaron de Archie. ¿Ahora ella estaba insinuando que se acostaría con el primero que tuviera la oportunidad?
Amor cuanto te extraño
No verte me hace tanto daño
Por ti yo estoy sufriendo
Sin ti me estoy muriendo
De amor
-¡No estoy diciéndote que hagas eso! Pero si tienes tanta urgencia por...
-¿Ah no? Me has dicho que no te importa, tú eras al único al que me preocupaba que le importara, pero no siendo ese el caso, no me interesa que le importe a nadie más.
-No sabes lo que dices, sigues siendo una infantil.
Le gritó Archie acercándose a ella de forma intimidante. Era alto y debido a sus entrenamientos en el Army estaba mucho más musculoso, imponente y guapo.
-¿Te paresco muy infantil, Archie?
Le retó a pesar de lo nerviosa que le ponía su cercanía.
-Sí, lo eres. La misma niñata de siempre.
-¿Así que niñata? Entonces, usted que es tan hombre y tan derecho... Enséñame a ser una mujer. Enséñame cómo tengo que comportarme para ser toda una mujer.
Archie que estaba muy cerca de ella y que no era de palo, tuvo que pelear con unas ganas inmensas de no besarla y tumbarla sobre la arena y cumplirle lo que tanto le pedía, pero...
-De verdad sigues siendo muy inocente, Annie...
Le dijo pasando un dedo por los labios de ella, pero su rabia seguía intacta.
-¡Entonces arráncame toda esta maldita inocencia de una buena vez!
Los impulsos de Annie dejaban cada vez más sorprendido a Archie. Ahí estaba la niña que él tanto adoraba, pero que no admitiría en esos momentos, aunque su seguridad estaba tambaleándose y mucho.
-Archie, amor, ¿Así que aquí estabas? Prometiste llevarme a cenar, anda, vamos.
Una intrusa hizo su aparición acaparando a Archie e ignorando descaradamente a Annie a quien miró con prepotencia. La chica rubia de pelo largo y lizo y ojos grisosos arrastró a Archie de ahí, el cual no puso ninguna resistencia. Dejó a Annie atrás con el alma partida en mil pedazos y sin ninguna esperanza, muerta en vida para ser exactos.
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-Terry, es tu turno de atender a Jeremy, está llorando.
Decía Candy a un muy dormido Terry encima de ella, que gracias a que ya no estaba embarazada, pudo volver a su posición favorita para dormir. Remolón, se decidió ir atender a su hijo.
-Terry, amor, ¿por qué sigue llorando?
Gritó Candy desde la cama y Terry al par de segundos entró con Jeremy en brazos llorando a todo pulmón.
-¿Y todavía preguntas? No sé para qué me mandas atenderlo si sabes que por las mañanas él sólo quiere tomar leche de ti.
Dijo Terry extendiéndole al llorón a Candy.
-Awww, ven aquí, cielo. ¿verdad que sabe mejor la de mami?
El niño tan pronto sintió el pezón de su madre en la boca se calmó y muy concentrado en su tarea tomó hasta saciarse. Cuando Candy le sacó los gases, se lo entregó a Terry nuevamente.
-¿Tengo que cambiarle el pañal yo?
Dijo Terry cargando al niño muy lejos de su nariz y con un gesto super gracioso.
-¿No querías bebé, mi amor? Y ve preparándote, porque ayer me hiciste trampa en el cuarto de descanso y los cambios de pañales podrían venir en partida doble.
Ante el recordatorio, Terry sonrió muy burlón y feliz de que tal vez ella estuviera en lo cierto. Fue de buena gana a cambiarle el pañal a su hijo e incluso lo bañó como Candy le había enseñado y le puso la ropita que ella había seleccionado. No había duda de que Terry adoraba ese niño y a todos los que vinieran.
-Aquí está, mamá, te lo encargo mucho.
-Terry, ya, váyanse. Este pequeñín está en muy buenas manos, verdad, ¿hermoso?
Dijo Eleanor dándole un beso a su nieto mientras Candy después de besarlo y abrazarlo se fue con Terry a trabajar.
-Candy, cada vez te tengo más envidia, my darling.
-¿Por qué lo dices, Neil?
-Porque eres mujer.
Contestó Terry burlón como siempre.
-Que graciocito, Terry. Lo digo por este hermoso arreglo de flores que mandaron para ella.
-¿Flores? ¿para mí?
Continuará...
Hola chicas! Tarde, pero seguro. Espero que les haya gustado este capítulo. Conflictos y más conflictos.
¿Quién creen que envió las flores?
¿Qué pasará con Annie y Archie?
¿Y si alguien anda haciendo de las suyas por ahí para separar a esta pareja y Terry no será el único que caerá víctima de los celos?
¿Extrañan a Eliza y Tom?
¿Qué tanto habrá avanzado la relación de Alisson y Jimmy?
¿La familia White enfrentará grandes pruebas otra vez?
¿Cuándo nacerá la pequeña Rose Marie?
¡Cuántos enredos! Estamos llegando al final de esta aventura, pero hay alguno que otro cabo que atar, un par de malvados que castigar y a unos cuantos tercos que hay que darles el empujoncito.
No se me despeguen de aquí.
Besos a todas mis lectoras,
Wendy
*Canción de Annie y Archie: "Me huele a soledad" MDO
