Amor de verano

Por: Wendy Grandchester

Capítulo 24 Un amor a prueba

Candy miraba el arreglo floral entre impresionada y atemorizada por la reacción que sabría tendría Terry. Neil al ver el semblante de su jefe andaba con el rabo entre las patas, el pobrecito. Ardería troya, pensó.

-¿Quién envió estas flores?

Ladró Terry y el pobre Neil dio un respingo y le extendió la postal que iba acompañando las flores.

-No dice de quién es, pero me gustaría que la homenajeada me la lea en voz alta ya que de pronto le han llovido los admiradores.

Dijo Terry cargado de ironía y extendiéndole la nota a Candy que nerviosa se puso a leerla.

Preciosa Candy:

Disculpa mi osadía, pues sé que eres una mujer prohibida, pero no puedo evitarlo. Tus bellos ojos me han cautivado, tu sonrisa ha sido como un hechizo... Ha sido amor a primera vista. Hace tiempo que vengo soñándote y admirándote en silencio. He querido aproximarme, pero tu eterno guardián y mi más ferviente enemigo me lo impiden. Tu sonríes tan inocente cuando vas de su mano y yo me rompo en mil pedazos. No sabes cuánto quisiera ser ese que se roba tus besos, ese que en las noches sacia su sed en tu cuerpo...ese que pudiera ver crecer su semilla en tu vientre y tiene que conformarse con una mirada fugaz... Daría mi vida por ser quien un día suba el color de tus mejillas ante un pensamiento tan íntimo como el amor mismo. Si tan sólo un milagro me concediera la oportunidad de que al menos me mirases y vieras que puedo darte mucho más, que no te faltarán los detalles...y tener la dicha de ese beso que muero por robarte... Disculpa si te ofendo ante mi declaración, no es mi intención, soy una víctima más de este encaprichado corazón que no deja de amarte aunque estés con él... No me daré por vencido... haré que tarde o temprano tus ojos se vuelvan a los míos.

Te amo intensamente

-¡Dios mío! ¿Pero quién...?

-Ah no sé, dímelo tú. ¿No serán de tu amiguito Mark?

-¿Y si fuera así, qué? Yo no puedo controlar las acciones de los demás y más vale que le bajes dos rayas a tus celos o al menos dejes de culparme a mí de ellos. No he hecho nada para que pienses mal de mí. Si no puedes lidiar con Mark, despídelo, eres el jefe.

Candy estaba alterada al máximo, no le molestaba que Terry la celara, pero que le reclamara y le echara la culpa por ser admirada, sí.

-Eh... no quisiera entrometerme, chicos, pero la tarjeta no dice quién envió las flores así que aunque paresca que estoy siendo abogado del diablo en estos momentos, no pueden afirmar que vienen de Mark estas flores.

-Ah, entonces se nos adelantó Santa Claus, ya que nadie fue.

Dijo Terry histérico y sus gritos estaba despertando la curiosidad de los demás.

-Terry, por favor, cálmate, si quieres nos deshacemos de estas flores ahora mismo...

-Claro que te desharás de ellas, no pienso ser el cabrón del año aquí.

Terry realmente daba miedo, pero Candy no se quedaría de brazos cruzados.

-Terry, en vez de estar dando tu escenita, ¿por qué no mejor somos discretos y averiguamos quién está detrás de todo esto? Es obvio que quien haya sido quiere que estemos disgustados.

-Ella tiene razón, Terry. Es mejor pensar con la cabeza fría, si hay alguien tratando de empañarles la felicidad, es cuando más juntos tienen que estar para llegar al final de esto.

El consejo de Neil los tocó a ambos y Terry se puso alerta.

-Está bien. Neil, mientras estén aquí, no vas a separarte de Candy, no la dejes sola, no quiero que ningún imbécil encuentre la oportunidad para acercarse con quién sabe qué intenciones. Candy, no vas a salir si no es conmigo o al menos con Neil si vas a comprar comida o cualquier otra cosa.

-Terry... no voy andar presa aquí...

-Vas a salir con Neil o conmigo, sola no lo harás. ¿Es que no te das cuenta de lo que está pasando? Alguien pueda estarte vigilando, alguien que conoce tus pasos, tu rutina, tu vida... ¡Por Dios! Estos no son momentos para niñerías, Candice. Es por tu protección, ¿o es que no quieres volver a ver a tu hijo?

Terry sabía que estaba exagerando un poco, pero luego de la violencia de la que fue víctima Candy por Michelle, él ya no confiaba en nadie y para que a ella se le quitara su terquedad tuvo que apretar uno de sus botones débiles.

-Está bien... yo no saldré de aquí.

Dijo Candy ya contagiada de la preocupación de Terry.

-No quise ser así de duro, Candy, perdóname, pero entiende que yo tengo que cuidarte... puede que todo no sea más que una broma pesada, pero hay que ser precavidos, cielo.

Terry le dio un ligero abrazo y un beso y ambos bajaron sus revoluciones y se dispusieron a trabajar.

-Oye, Neil, ¿tú crees que haya sido Mark el del detallito?

Preguntó Candy discretamente cuando Terry estuvo bien lejos.

-No lo dudo... aunque él no ha llegado todavía...

Respondió Neil mientras preparaba unos tintes y Candy hacía un corte de cabello para la nueva cara del comercial de JC Penney.

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En una hermosa tarde se encontraban Alisson y Jimmy junto a Dylan jugando en el piso de la sala.

-Mira, mamá se ompe.

Dijo Dylan desarmando el rompecabezas de quince piezas en forma de carro que ella acababa de construir.

-Dylan... después que lo arma con tanto trabajo lo destruyes...

-Déjalo, Jimmy, es sólo un bebé.

El niño que ya se había adaptado muy bien a Alisson y que se aprovechaba de su carácter consentidor fue acurrucarse en sus piernas. Se les unió Jimmy, sentándose a su lado.

-Allie... ¿No has pensado venir a vivir con nosotros?

-Eh... es que yo... no estoy segura... no quiero que Dylan se haga una idea y luego no resulte... No me perdonaría lastimarlo.

-Él te adora, Allie. Si de alguna manera sales de mi vida, lo lastimarás comoquiera, aunque no vivas aquí, él te busca todas las mañanas porque al quedarse dormido el último recuerdo que tiene es de que estuviste aquí y que por la mañana ya no estás.

No había una cosa que Jimmy no anhelara más que tener una familia sólida y había visto en Alisson esa posibilidad, más su hijo no se desprendía de ella, no había quién le sacara de la cabeza que ella era su mamá.

-Jimmy... yo te adoro y a Dylan también, pero no sé si estoy preparada para tomar esta responsabilidad... no soy su mamá y tal vez al querer ocupar ese lugar podría fracazar... No sé si seré una buena mamá...

Dijo bajando la cabeza con pesar al recordar que su antigua pareja se había propuesto embarazarla, pero gracias a Dios no tuvo éxito y él le decía que ni para eso ella servía, su rostro se nubló ante los amargos recuerdos.

-Allie... claro que lo serás. ¿No ves que Dylan te adora? Has hecho un excelente papel y le has dado más cariño y atención en estos meses que su madre en toda su existencia.

-Sí, pero...

-Mamá... amo.

Le soltó el pequeño de repente haciendo que se le aguaran los ojos mientras alzaba los bracitos para que ella lo cargara.

-Yo también te amo, príncipe hermoso... a tí y a tu papi.

Respondió ella besándolos a ambos.

-Entonces, Allie... ¿Quieres quedarte con nosotros para siempre?

Alisson dudó por unos segundos, pero al ver la ilusión en los ojos de Jimmy y lo aferrado que estaba Dylan a ella...

-Para siempre, entonces. O mientras ustedes me quieran en su vida.

-Te aseguro que no te dejaremos ir nunca, ¿verdad, Dylan?

-No... Allie no se va...

Dijo el niño preocupado pensando que Allisson se iba...

-No cariño, no me voy... voy a quedarme aquí contigo siempre.

-Dylan, dale la sorpresa a mamá.

-¡Orpresa!

Exclamó el niño desconcertando a Alisson, pero olvidando cuál era la sorpresa para la que tanto lo había estado entrenando su padre.

-Está en tu bolsillo, Dylan. Tienes que dárselo a Allie.

Dijo Jimmy y Allie cada vez entendía menos, hasta que el niño extrajo algo pequeñito y cuadrado de su bolsillo.

-¡Orpresa, mamá!

El niño le extendió una cajita pequeña de terciopelo azúl marino que dejó a Alisson sin palabras al imaginar su contenido.

-Jimmy... ¿esto es...?

-No lo sé, ábrelo.

Le dijo Jimmy con los ojitos llenos de picardía. Obediente, se quedó sin idea cuando tuvo ante sus ojos el delicado anillo de oro con una pequeña y delicada piedra en el centro.

-¡Ay, Dios mío! Yo no sé que decir... Es simplemente hermoso, pero no tenías por qué...

-Sólo tienes que decir que sí y me quedaré muy satisfecho.

-Pues yo... claro que sí. ¡Sí!

Le gritó ella llena de júbilo y con los ojos llenos de lágrimas. Todo parecía un sueño y ella se preguntó si de verdad se lo merecía. Dylan reía sin entender qué estaba pasando y Alisson lo apretó feliz.

-Yo voy, dame un segundo.

Dijo Jimmy al escuchar el timbre y rápido fue abrir, pensando que era su madre que se suponía se llevaría a Dylan para él pasar un momento a solas con Alisson.

-Hola, Jimmy...

-¿Tú?

El rostro de Jimmy se desencajó por completo por la visita y Alisson, que no pudo contener su curiosidad al ver la extraña reacción de Jimmy, se asomó también a la puerta con Dylan cargado.

-¿No vas a invitarme a pasar?

Preguntó la mujer y Alisson la reconoció en seguida.

-¿Y para qué quieres entrar ahora, si en más de dos años ni siquiera de dignaste a llamar?

Preguntó Jimmy con reproche y sin dejarla entrar.

-Bueno, nunca es tarde, ¿no? Vine a ve cómo está Dylan...

-Está muy bien, gracias, ahora si me disculpas, estamos ocupados y...

La mujer de mala gana se adentró en el apartamento y se desencajó por completo al ver a su hijo en los brazos de esa chica que ella nunca había visto.

-No puedes prohibirme ver a mi hijo. ¿Puedes decirle a la nana que me lo de, por favor?

El niño que no entendía lo que pasaba, ni conocía a la intrusa, que por el tiempo que había pasado había cambiando bastante su look, no pudo asociarla con la joven de la foto de su cuarto, se puso a llorar nervioso. Alisson trataba de cargarlo.

-Para tu información, Janelle, ella no es su nana, es mi mujer. Segundo, nadie te prohibió ver a tu hijo, tú renunciaste a él ¿o ya se te olvidó?

-¡Sigo siendo su madre!

Gritó ella mirando despectivamente a Alisson y haciendo que Dylan se alterara y se pusiera a llorar desesperado.

-Mamá... vamomos...

Decía el niño entre sollozos con sus bracitos aferrados al cuello de Allisson. Janelle se quedó de piedra al ver que el niño la llamara mamá y a ella no sólo no la reconocía, sino que su sola presencia lo hacía llorar.

-Allie... lleva al niño a su cuarto y quédate con él, por favor.

Alisson fue directamente al cuarto del niño y con miles de emociones y preguntas en su cabeza. De repente todo su sueño estaba tambaleándose y la duda estaba carcomiendo todo su ser.

-Así que no perdiste tiempo en buscar una nueva mamá para mi hijo, eh...

-Ya que su verdadera madre nunca quiso representar ese papel, el niño encontró a una que lo ha hecho muy bien y que además lo adora, cosa de la que tú nunca has sido capaz. ¿Para qué viniste? Porque no creo que de pronto te haya nacido el instinto maternal...

-Estoy arrepentida, quiero recuperar el tiempo perdido con el niño... formar una familia y...

La chica estaba envuelta en tremendo papelón, pero Jimmy la conocía muy bien.

-Janelle, Janelle... a penas miraste a Dylan, ni siquiera lo contemplaste un minuto, lo mucho que ha crecido desde que lo abandonaras a los dos meses y ahora está por cumplir tres años, no me creo tu cuento de que quieras formar una familia y tu supuesto arrepentimiento... mejor di qué diablos quieres y nos evitamos perder el tiempo.

Mas la chica insistiría en su papel...

-Ya te lo dije, Jimmy, quiero recuperar al niño y a ti...

-¿Perdón? Creo que almorzaste un payaso hoy, querida. Primero, a mí me perdiste hace mucho tiempo, desde el día que renunciaste a tu hijo y segundo, si quieres recuperar a tu hijo... tendrás que iniciar todo un proceso judicial que dudo mucho que te favorezca a ti dado que tú voluntariamente y sin solicitártelo me entregaste la custodia completa. No has tenido ningún tipo de acercamiento con él en más de dos años, tienes antedecedentes de abandono de hogar y un caso en servicios sociales por negligencia. Los tiempos han cambiado, Janelle, y yo con ellos, no soy el niño inmaduro que tú conociste, así que al menos sé sincera y dime qué es lo que en verdad viniste a buscar...

Debido a lo sagaz que estaba siendo Jimmy, Janelle no tuvo más remedio que dejar su teatro y confesar sus verdaderas razones.

-Está bien, Jimmy, te diré la verdad. Estoy en la calle, no tengo nada y en los últimos días he dormido donde me coja la noche...

-No me digas... ¿y qué pasó con el idiota por el que abandonaste a tu hijo?

Preguntó Jimmy sin conmoverse ni un poco ante la supuesta precaria situación de la madre de su hijo.

-Está preso. Supuestamente abusó de una menor de edad...

-¡Vaya! Tremenda joyita te conseguiste. Lamento decirte que no puedo hacer nada por ti, Janelle. Busca ayuda federal, ve al municipio, no sé, lamentablemente aquí no hay espacio para ti...

-No puedo creer lo que me dices. ¡Estoy en la calle! ¿Es por tu mujercita? Dile que por mí ni se preocupe...

La pasiencia de Jimmy se fue completamente al suelo en ese momento.

-Escúchame bien, Janelle. No quiero que tu sucia boca nombre a mi mujer o a mi hijo que sé que no te interesa para nada. No quiero que vuelvas a poner un pie en esta casa. Aquí no hay nada tuyo, tú renunciaste a todo por tu propia cuenta. Si no quieres que ponga una órden de alejamiento en tu contra, más te vale que no se te ocurra aparecerte por aquí a mortificar a mi hijo y a mi mujer. No sabes de lo que soy capaz por mi hijo, Janelle, no te aconsejo ponerme a prueba.

Jimmy sostenía a Janelle tan fuerte de los brazos que ella sintió pánico y empezó a retroceder.

-Sólo dame un par de pesos para que pueda largarme y dejarte en paz, no te molestaré más, te lo juro.

Jimmy la empujó a la salidad de mala forma y le lanzó un par de billetes y cerró la puerta y la aseguró.

-Allie... ¿Dónde estás?

Preguntó preocupado al ir al cuarto de su hijo y verlo dormido, pero sin rastro de ella. Vio que la luz del baño estaba encendida y supo que estaría ahí. Esperó más de cinco minutos y ella no salía.

-Allie, cariño, sal de ahí, tenemos que hablar.

-¡No quiero!

La voz de ella le dejó saber que estaba ahogada en llanto y él se sintió peor.

-Vamos, abre, ven aquí.

-¡Déjame sola!

-Sabes que no voy hacer eso y por favor, abre antes de que yo derribe la puerta.

La voz de Jimmy le sonó tan en serio que abrió la puerta sin rechistar. En ese momento llegó también la madre de Jimmy que a pesar de estar muy desconcertada, no hizo preguntas y ella misma buscó a Dylan en su cuarto que al sentirla se despertó y se fue con ella más que contento.

-Allie... ¿por qué te escondiste? No tienes que tener miedo.

-¿Y te parece poco? Su madre vino a buscarlo, vino por él. Ella es su mamá, no yo. No voy a ponerme en medio de ustedes...

-Allie, antes de sacar concluciones, escúchame. Tú no conoces a la madre de Dylan, créeme que para lo menos que vino fue para saber...

-No puedes impedirle a una madre que vea a su hijo.

Gritó ella y Jimmy cambió su dulzura habitual por una voz más firme.

-Tú lo has dicho, a una madre. Lamentablemente a ella no puede considerársele como tal, no cuando ella misma lo abandonó y no se ha interesado por él en todo este tiempo...

-Tal vez se arrepintió y...

-¡Déjame hablar, Alisson! ¿Quieres que te diga para qué vino o no?

Le dijo con autoridad y ella le bajó a su histeria.

-Pues a buscar a su hijo... supongo...

-Estás muy lejos de la verdad, Allie. Vino, porque el hombre por el cual abandonó a Dylan está preso por abusar de una menor y ella está en la calle. Vino con la idea de aprovecharse de mi y quedarse en el apartamento. Al final ella misma lo confesó.

Alisson estaba sorprendida. ¿Cómo era posible?

-¿Y cómo la conveciste para que se fuera?

-Fácil, le dije sus cuatro verdades en la cara, contando que a ella no le interesa para nada el niño, le di un par de billetes y la amenazé en caso que se atreviera a volver y se fue.

-Lo siento, Jimmy... es que yo de verdad pensé que, bueno... que había venido por ustedes y yo...

Jimmy le tomó las manos con ternura y la sentó en su regazo donde le enjugó las lágrimas.

-Tú eres la única madre que Dylan conoce. La única que quiero para él y para sus futuros hermanitos. Quiero que sepas que te amo a tí y solamente a ti, no pienso estar con nadie más, ¿entendido?

Ella asintió y él le dio un tierno beso y se quedó abrazándola y consolándola por un buen rato.

-Jimmy... ¿lo que me dijiste sobre los hermanitos de Dylan... es cierto?

Jimmy no pudo evitar reirse por su pregunta cuando él ya había soñado con eso muchas veces y de muchísimas maneras.

-Claro que es cierto, mi amor. ¿No te gustaría tener bebés?

-Sí. Me encantaría... así de hermosos como Dylan.

-Pues estás con la persona correcta, porque esos niños guapos sólo los hago yo.

Le dijo con fingida arrogancia y ella rió entre lágrimas.

-Y... nada, olvídalo.

-No, cariño, ¿qué ibas a decirme?

-Nada importante, olvídalo.

Jimmy no se dio por vencido y siguió sonsacándola para que le dijera y más porque él tenía una idea de por dónde venía el asunto.

-Si no me dices voy a...

-Está bien. Que necio eres. Es que quería saber si... ¿podíamos tener un bebé ahora...?

Preguntó rápidamente antes de que se arrepintiera otra vez. A él costó un rato reaccionar ante la sorpresa y ella estuvo a punto de retirar lo dicho.

-¿De verdad lo quieres ahora?

-Sí... contigo sí. Nunca me lo había planteado hasta hace poco... ¿podemos?

Su vocecita suplicante y su inmensa ilusión jamás podría recivir un no por respuesta.

-Claro que podemos, mi amor. Pero recuerda que me prometiste que estarías aquí con nosotros para siempre. ¿No te gustaría casarnos primero? Es que contigo... quiero hacer las cosas bien, no quiero volver a cometer los mismos errores pasados.

-Tienes razón... pero es que yo... las últimas veces que...

Alisson se había quedado sin palabras y a Jimmy de pronto se le encendió el bombillo.

-Termina, amor. Puedes decirme lo que sea. ¿No confías en mí?

-Sí, sólo confío en ti... pero... creo que ya el bebé está en camino...

Jimmy se quedó mirándola con los ojos bien abiertos mientras ella bajaba la vista.

-Mi amor, lo siento... es que tú me pediste sentirme completamente y... ¿estás arrepentida?

-Claro que no, es lo que más deseo en el mundo... pero no estoy segura... no me he hecho ninguna prueba... tal vez sólo sea un susto...

-¿Qué hora es?

Preguntó Jimmy de pronto.

- Las cuatro y treinta, ¿por qué?

-Porque vamos a salir averiguarlo ahora, amor.

Jimmy se dirigió con ella directamente al laboratorio de su preferencia que estaba muy cerca y que cerraba a las seis, además la prueba de embarazo no tardaba más de media hora en dar su resultado. Después que ella se hiciera la prueba, él la llevó a comer algo cerca del laboratorio en lo que salía el resultado.

-Aquí está, que pasen buenas tardes.

Se les entregó un sobre el cual decidieron no abrir hasta que llegaron a la casa.

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-¿Siempre irás a la fiesta, Annie?

-Pues claro, Patty. Creo que ya me deprimido y llorado lo suficiente. Hice todo lo que estuvo en mis manos, Dios sabe que sí, pero ya no voy a rogar más. Voy a vivir mi vida y él que quiera formar parte de ella que me siga y el que no, que lo siga.

-Me alegro mucho que salgas de la depresión, sólo ten cuidado y no te aloques demasiado. Sal a disfrutar para sanar tus heridas y darte una nueva oportunidad de ser feliz, no por venganza ni despecho.

Las sabias palabras de Patty tocaron profundamente a Annie, sobre todo porque ella tenía mucha razón y aunque Annie quisiera ponerse un disfraz de pura rebeldía, lo cierto era que sólo quería curar su dolorido y rechazado corazón para quien estuviera dispuesto a ocuparlo nuevamente.

Habían instalado unas carpas en la playa las cuales habían sido decoradas con globos, guindalejos, todo tipo de entremeces, había música y todo lo que en una fiesta se pudiera necesitar, todos los dueños de las villas habían aportado y el ambiente era realmente ameno.

-Vamos, Patty, no vine para estar sentado, vamos a bailar.

Stear arrastró a Patty al área de la pista improvisada y Annie se quedó sentada con su bebida en la mano disfrutando de la música hasta que sus ojos se toparon con una desagradable escena. Archie estaba bailando con la misma chica que los había interrumpido en la otra vez y no sólo eso, tal parecía que estuvieran haciendo el amor con la ropa porque él estaba devorándola con su boca mientras ella se rozaba de él descaradamente.

-Ahora ya mi corazón puede seguir en libertad... no hay nada que salvar, así que no más remordimientos, Annie... Sal adelante como lo hizo él.

Se aconsejó Annie para sí misma y posó su vista en otro lado para no tener que llorar.

-Hola... ¿Quieres bailar?

El guapísimo hombre alto y guapo de pelo negro y cuerpo pecaminoso con hermosos ojos marrones no obtuvo un no por respuesta. Annie rauda y veloz se dirigió con él a la pisa y a pesar de lo sensual que podía ser un reggaetton, él fue sumamente educado y en ningún momento sus movimientos se pasaron de provocativos. Bailaron varias piezas más antedes de que los canzados pies de Annie pidieran un poco de descanso debido a sus altos tacones. Unos ojos color miel perdieron toda la atención en su pareja.

-Voy un momentito al baño, si no te molesta.

Dijo Annie dirigiéndose a uno de los baños públicos de las afueras y él iría por unas piñas coladas. El área de los baños estaba casi desierta y Annie no se dio cuenta de que alguien la había seguido hasta allá.

-¿Divirtiéndote mucho, no?

-Archie... Pues sí, estoy pasándola muy bien, igual que tú.

Le expetó al repentino y celoso Archie mientras se disponía a entrar al baño ignorándolo a propósito. Él la haló del brazo para que se volteara hacia él.

-Ya veo todo lo que me extrañas mientras te la pasas de lo lindo con aquél...

-¿Y a tí que más te da? No te importo, ¿recuerdas? Que yo sepa tú tampoco viniste solo. Mira... vine a distraerme y pasarla bien, ya que yo he sido toda la culpable de tu desgracia, la que te rompió el corazón y no soy digna de tu perdón y a ti no te importa nada que tenga que ver conmigo, ve con tu amiguita que debe estar loca buscándote y a mí déjame en paz.

Le descargó Annie y él se quedó mudo por unos instantes. Hace unos días había visto a una muy sumisa Annie que le rogaba por volver y ahora... una mujer con determinación se negaba a caer en su juego de niño herido.

-Tú fuiste la que provocó esto con su estupidez, no quieras hacerte la víctima ahora.

-No me estoy haciendo la víctima, Archie. Acepté y reconocí mi error, te pedí perdón de todas las maneras posibles, te supliqué, te lloré y hasta me rebajé, el resto quedaba de ti, pero dado que mis disculpas llegaron muy tarde y tú ya no tienes interés en mí, tengo que seguir adelante con mi vida y tratar de ser feliz, como lo has hecho tú.

Archie se quedó de momento sin argumentos. Annie hablaba con cierto resentimiento, pero no estaba llorando, sus ojos nisiquiera se aguaron como normalmente sucedía y como él esperaba que pasara.

-Que supongo no se te hará muy difícil reemplazarme...

-¿A dónde diablos quiere llegar, Archie? Tu jueguito de niño resentido ya me está hartando. Si decidiste olvidarme, no darme una oportunidad y ya empezaste con alguien más, no voy a reprochártelo, sigue con tu vida y no seas piedra de tropiezo en la mía.

-Archie, papi, ¿qué haces aquí? Vamos a bailar, la noche es joven.

Nuevamente la acompañante de Archie hizo su aparición y él en seguida se fue con ella sin nisiquiera voltear hacia Annie.

-Tardaste mucho... espero no se haya aguado mucho tu bebida.

-No te preocupes, tuve un contratiempo, la bebida está perfecta.

Dijo Annie sonriéndole a su nuevo acompañante.

-¿Por qué te has puesto tan triste de repente?

-¿Qué? No, yo... lo que pasa es que estoy algo cansada, pero...

-¿Te gustaría salir un rato de este bullicio?

Annie se lo pensó por unos instantes, la oferta le parecía muy tentadora y más si así tendría la dicha de no seguir viendo las muestras de afecto de Archie y su nueva conquista.

-Sí, por favor... lo necesito.

Contestó ella sin pensarlo más y aguantando un par de lágrimas que amenazaban con salir. Él caminó a su lado y ella se había quitado sus tacones que para caminar sobre la arena eran horribles. Fueron hasta la playa, en un área apartada de la fiesta donde a penas podía oirse el eco de la música a lo lejos.

-No trae nada bueno deprimirse por amor y más siendo tan joven y hermosa.

Le dijo él cuando se sentaron en las rocas y viéndola a los ojos.

-¿Tan transparente soy?

Le preguntó ella con una sonrisa aunque por dentro lloraba.

-Digamos que ese es un sentimiento que conozco muy bien. Tu mirada refleja un dolor profundo, pequeña. Además, no encajas en esa fiesta...

-¡Vaya! ¿Eres psicólogo?

-No. Soy abogado y me gusta surfear. ¿Por qué alguien dejaría a una niña tan linda?

Él fue directo y Annie no se sorprendió, por alguna razón, la gente siempre pensaba que ella era la pobre víctima.

-No me dejaron. Yo lo dejé. Por egoísta, infantil e inmadura. Por no querer estar sola, por no querer sacrificarme... en fin... lo eché todo a perder.

Su sinceridad lo impactaron. Para nada le pareció infantil e inmadura, no por la manera en que reconocía sus errores.

-Sin embargo, creo que ahora has madurado de golpe. Puede que aún tengas una oportunidad... no creo que nadie en su sano juicio renuncie a ti tan fácil...

-Ya lo hizo. ¿Después de ocho meses? Ya está claro que no hay nada más que recuperar. Yo tengo que seguir mi camino como lo hizo él.

-¿Lo intentaste?

Preguntó él porque no le parecía posible que de verdad alguien se negara una oportunidad con ella.

-Lo he intentado por exactamente ocho meses, querido amigo. Creo que ya me humillé lo suficiente. Ahora lo que quiero intentar es olvidar, por favor, no hablemos más de eso.

-No se habla más de eso, entonces. ¿Traes tu traje de baño puesto, verdad?

-Claro, es la tradición al finalizar la improvisada fiesta.

Respondió ella sonriente. Aunque acababa de conocerlo, le pareció ese tipo de persona de la cual no se te hace fácil desprenderte. Él no era un niño, bien se veía que tenía unos veinticiete años. No era impulsivo y sabía cómo y cuándo decir las cosas. No trataba de adularla ni impresionarla. Aunque su corazón sangraba por un desamor... no podía negar que su nuevo amigo era sumamente guapo y podía hacer que por un momento ella no pensara en nada más que perderse en esos cálidos ojos marrones.

-Muy bien, señorita, vamos al agua entonces.

La invitó y ambos se quitaron sus ropas quedando en traje de baño. Él disimuló su impresión ante el bien formado cuerpo de Annie, quien no presumía ni exageraba sus movimientos para provocarlo, más bien era como si no fuera conciente de su belleza o porque en ese momento su mente no estaba para eso. Es joven, pensó, pero no inmadura como aseguraba ella, ni tenía la cabeza llena de alacranes. Algo en la inocente chica le despertaron todos los instintos de quererla proteger y conocerla bien. Cuando se decidieron a entrar al agua, él la tomó de la mano hasta que entraron y le sonreía, con esos dientes blancos y perfectos que ella tuvo que parpadear varias veces.

-Está fría a esta ahora...

-Entra por completo y el cuerpo se acostumbrará a la temperatura del agua.

-Pero es que... no quiero mojarme el pelo.

Se quejó ella. Él levantó el pelo y se lo sujetó para que ella se sumergiera sin que se lo mojara.

-Ahora ya no hay tanto frio.

-Que va, tonto, ahora tengo más frío.

Dijo ella riendo y hasta le dio un golpecito en el brazo que lo hizo reir.

-Lo siento, sólo quise ayudar.

-Pues no te preocupes, que ahora yo te voy ayudar a calentarte.

Dijo ella y lo empujó cayendo él completamente en el agua, no porque Annie tuviera fuerza suficiente de tumbarlo, sino porque él no estaba preparado para eso.

-Oye, eso fue trampa. Voy a cobrártelo, lo siento por tu pelo.

Y antes de que Annie pensara en cualquier cosa, ya estaba sumergida en el agua junto con él.

-Hey, me debes una visita al salón de belleza, arruinaste mi pelo.

-Con gusto, valió la pena.

Le respondió con su matadora sonrisa dejándola con el aliento seco.

-Y tú... ¿por qué te dejaron?

Cambió ella el tema de golpe.

-Tampoco me dejaron. Yo la dejé porque no funcionaba la relación. No había amor y ella no quería compromisos.

-Pues no se te ve muy sufrido.

Dijo ella inquisitivamente.

-Pues porque nunca sufrí por ella, sólo quise intentar ser feliz a su lado, pero no resultó. No, porque mi corazón llevaba mucho tiempo ocupado por un imposible.

-Debe ser horrible. ¿Y ya superaste tu imposible o sigues esperando el milagro?

-Claro que sigo esperando el milagro, pero ya no será imposible.

Respondió con malicia y Annie no entendía.

-Me alegro. ¿Conseguiste que se fijara en ti?

-No. Y ya no me interesa que lo haga.

Le dijo arrogante y ella cada vez sintió más curiosidad.

-No lo entiendo, señor misterio. ¿Por qué dices que no es imposible si la chica no se ha fijado en ti?

-¿Y quién está hablando de ella?

-¿Y de quién entonces?

Preguntó sumamente intrigada sin poder ocultar la curiosidad que estaba matándola.

-En su momento lo sabrás, niña hermosa.

A Annie nunca le había gustado que la llamaran niña, pero de él, por alguna razón no le molestaba. No sabía cómo desprenderse de él, pero ya era tarde y tenía que volver.

-Ya tengo que irme, fue un placer conocerte.

-El placer fue todo mío. ¿Puedo volverte a ver mañana aquí?

Annie lo dudó un poco, pero de verdad quería volverlo a ver, así que...

-Claro, vendré por la tarde.

-Por la tarde entonces. Te estaré esperando, Annie.

-Cuenta con eso, John...

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Neil se mantuvo pegado a Candy todo el tiempo e incluso almorzaron juntos, pero había un lugar donde Neil no pudo acompañar a Candy...

-Buenas tardes, Candy.

Ella dio un brinco porque nisiquiera había sentido la presencia de Mark mientras salía del baño.

-Buenas tardes, Mark...

Le dijo ella sin mirarlo mucho y dispuesta a irse lo más pronto posible de ahí. Mas al girarse, él la retuvo por la mano.

-Candy... ¿hice algo malo?

-No, Mark. No has hecho nada malo, sólo que te reitero que soy la mujer de tu jefe y estás excediendóte en tus atenciones, a Terry no le gusta eso y yo ya estoy sintiéndome incómoda.

Le dijo con firmeza y determinación y nuevamente se dispuso a irse, como también nuevamente él la volvió a retener del brazo.

-No fue mi intención, Candy. Pero contéstame una cosa, ¿por qué te incomoda tanto mi presencia...? ¿Te pongo nerviosa?

Le dijo casi en un susurro y acercándose demasiado.

-Mark, estás invadiendo mi espacio personal. Contestando tu pregunta, me pones nerviosa porque siento que me estás acosando y porque además estás metiéndome en problemas con mi marido.

-¿Por qué mejor no admites que no te soy indiferente?

Le espetó sujetándola comprometedoramente de la cintura.

-Mark, por favor, suéltame. Voy a demandarte por acoso.

-Entonces, demándame, linda.

Le dijo aprisionándola con su cuerpo y apoderándose brutalmente de sus labios. Candy forcejeaba y lo empujaba, pero él no cedía. La vista de Candy fue cegada por unos flashes y él finalmente la soltó.

-Vas arrepentirte de esto, infeliz.

Le gritó ella mientras las lágrimas quemaban sus mejillas.

-Ya el daño está hecho, linda. Adiós.

Mark abandonó la empresa y Candy luego de salir de su estupor fue corriendo a buscar a Terry.

-¡Neil! ¿Dónde está Terry?

-Cálmate, Candy. Salió un momento, ¿por qué?

-No puede ser. Tampoco contesta su celular.

Decía ella desesperada y Neil no entendía nada.

-Candy... ¿qué pasa?

-¡Ay, Neil!

Fue todo lo que expresó rompiendo en llanto.

Mientras que en otra parte cercana...

-Terry, veo que no pierdes el gusto por la comida china, eh...

-Karen... ¿qué se te ofrece?

Dijo con fastidio mientras terminaba de pagar por su comida.

-A mi nada. Yo vine hacerte un favor a ti, querido.

-¿Un favor? ¿Tú a mí? No me hagas reir, no necesito ningún favor tuyo.

-Yo no pienso igual, querido. Toma. Después me dejas saber tu opinión.

Le dijo entregándole un sobre y alejándose pronto dejando a Terry desconcertado. Cuando Terry vio el contenido del sobre sus ojos se encendieron en fuego, dejando la comida en el mismo mostrador, fue directamente a su oficina hecho un demonio.

-¿Dónde está Candy?

Preguntó haciendo que tanto Neil como la chica que estaba peinando brincaran.

-Ella... te estaba buscando hace rato. Estaba muy preocupada...

-Ya lo creo.

Dijo y se fue directamente a su oficina y para su sorpresa, ahí estaba Candy esperándolo.

-¿Puedes decirme qué diablos es esto?

Le dijo lanzándole al escritorio varias fotos donde aparecían ella y Mark besándose.

-Terry... yo... estaba buscándote para decirte que...

-¿Para decirme qué? ¿Que todo este tiempo me has tenido como un cabrón? ¿Dónde está ese hijo de puta? ¡Dime!

Le gritó Terry fuera de sí y ella estaba aterrada.

-Terry, amor... esto no es lo que piensas. Él me estaba esperando en el...

-No quieras verme la cara, Candy. Primero comen juntos, los detalles, las flores... y ahora esto. ¿Vas a decirme que tampoco tuviste que ver? Aquí está claro que lo estás besando.

Candy se sentía acorralada, ¿cómo explicarle su inocencia cuando todo la incriminaba?

-Terry... por favor, escúchame... yo no tengo nada que ver con...

-No, escúchame tú a mí. Esto se acabó. Si ya estabas cansada de mí, me lo pudiste haber dicho, no hacer este juego tan sucio. Voy a ir al apartamento por mis cosas, dado que el apartamento es tuyo, puedes quedarte ahí con el niño, yo me voy.

-Terry... ¿no crees que estás apresurando? Al menos déjame explicarte mi versión...

Candy lloraba desesperada, pero los celos que estaban martirizando a Terry no lo dejaban pensar con claridad.

-No quiero que me expliques nada. Voy por mis cosas. Suerte con tu amiguito, que por cierto, no aparece por ningún lado, ese cabrón.

-Terry... por favor...

Fue su útima súplica que se quedó en el aire porque Terry se fue hecho una furia.

-Candy, cariño... ¿qué fue lo que pasó?

-Neil... alguien fotografió todo, antes de que pudiera hablar con Terry, se me adelantaron. Terry no quiere saber nada de mí, Neil... me dejó.

Dijo ella desplomándose en llanto.

-Candy, no llores, Terry es así, temperamental y de más está decir que muy celoso, tarde o temprano recapacitará...

-No lo sé, Neil...

Cuando terminó todo el trabajo, Neil llevó a Candy a buscar al niño en casa de su mamá y luego a su apartamento ya que Terry la dejó botada en la empresa.

-Terry...

Murmuró ella al encontrarlo con sus maletas sentado en el sofá de la sala.

-Me quedé para despedirme del niño. Pasaré a verlo todos los días.

Le dijo tajante, quitándole al niño de los brazos y besándolo y abrazándolo por un rato, se sentó con él un rato en la sala.

-Terry, por Dios... Todo fue una...

-No quiero escuchar nada más, Candy. Desde ahora eres libre de hacer lo que te de la gana. La próxima vez, al menos procura ser sincera.

-¡Terry, ya basta! ¿No te has dado cuenta de lo ridículo que suena todo?

Le gritó en un momento de desperación y el bebé se puso a llorar.

-Ridículo fue los cuernos que me pusiste.

Dijo, levantándose del sofá y tratando de calmar a un muy alterado Jeremy.

-No puedo creerlo, Terry. Te he demostrado de todas las formas posibles que te amo y la primera situación que se nos interpone...

Terry la dejó con la palabra en la boca y fue acostar a su hijo que se quedó dormido en sus brazos.

-¿Me amas? Y por eso aceptas cada regalo y halago de cuanto estúpido se te cruza en el camino, sólo que esta vez no fue suficiente y tuviste que besarlo, ¿verdad?

¡Plaf!

-Te odio, Terrence Grandchester.

Le soltó ella bañada en lágrimas luego de propinarle un bofetón. Con eso sólo consiguió desencadenar más la furia de Terry.

-No te preocupes, princesa, que ahora vas a odiarme mucho más.

La llevó salvajemente hasta su boca y se la besó sin ninguna delicadeza, lastimándola. Su furia no disminuía y la de ella tampoco, mientras más ella forcejeaba, más fuerza el ponía y con más ímpetu la besaba. La comenzó acariciar desesperadamente y aunque ella estaba molesta y dolida, correspondió a sus caricias con la misma rabia. Terry pasó de su boca a mordisquearle el cuello y las orejas, sin tacto alguno, estaba rabiosamente exitado y ella también. Le arrancó la blusa y disfrutó de sus pechos sin piedad alguna y aunque Candy no quiso, sus gemidos salieron inevitablemente. Cuando Terry no pudo más, la levantó y luego la sentó en el mostrador de la cocina donde le subió la falda, le corrió las bragas hacia un lado y la hizo suya hasta que se le fueron las fuerzas.

-¿Es que piensas irte como quiera de todas formas, Terry?

Preguntó Candy recobrando el conocimiento luego del gran momento de pasión que habían vivido y al ver como Terry tomaba sus maletas para irse.

-¿Es que tú pretendías que me quedara para que siga siendo un cabrón?

-Lo que eres es un imbécil, Terry. Que poco me conoces. Tres años de relación, un hijo... y piensas que yo te puse el cuerno con un tipo que tiene a penas tres semanas y que así mismo como llegó, de la nada, desapareció.

De repente a Terry se le prendió el bombillo y comenzó hatar cabos. El extraño interés de Mark en Candy desde un principio, la forma en que desapareció de pronto y luego... la oportuna Karen se aparece con esas fotos. A pesar de haber sacado sus concluciones, su necedad pudo más.

-Candy, lo siento... no se me hace muy fácil creerte. Quiero hacerlo, de verdad. Me conoces... no tienes una idea de los celos que están matándome en estos momentos, ahora mismo no sé si mandarte al diablo o ir a buscar a ese infeliz y molerlo a golpes hasta que se me caigan los brazos.

-Entiendo perfectamente cómo te sientes, Terry. Sólo te pido que recuerdes algo... Yo te encontré en esa misma posición con Karen, no fue por fotos, te vi con mis propios ojos. Al principio... obviamente no te creí y al igual que tú, sólo pensé en irme de aquí, mas mi amor por tí pudo más que todas las evidencias que te acusaban. Te amo, Terry. Recuerda eso. Adiós.

Continuará...

Hola niñas lindas! ¿Qué les pareció este capítulo? Super intenso, ¿no? Me gustó mucho hacerlo, espero que a ustedes también. Muy pronto les daré noticias sobre Eliza y Tom, Paula y Albert, todo a su tiempo.

¿Terry perdonará a Candy o se irá de todos modos?

¿Con quién creen que se quedará Annie? ¿Seguirá esperando por el necio de Archie o dejará que un nuevo amor cure su corazón roto?

¿La cigüeña habrá visitado a Alisson y Jimmy?

¿Que opinan de la mamá de Dylan?

Me dejan saber su opinión con un review.

Besos A:

Lulú G: Abracito rompehuesos jejeje.

Subuab: I miss u.

Amy CL: I miss u too, girl.

Laura Grandchester: Creo que habrán muchas sopresas impredecibles, amiga.

Shareli Grandchester: Gracias por leer y por tus palabras, vamos a ver qué pasa jejejejeje.

Malu Uzumaki: Gracias por tus fieles reviews.

Zafiro Azul cielo: Tenías razón, Mark se traía algo entre manos y mira todo lo que ocacionó.

Eva Mara Hernández: Bienvenida, amiga, espero que te quedes hasta el final conmigo.

Eva Grandchester: Gracias por tus comentarios y tus puntos de vista, son apreciados.

Letty G: Mi ocurrente amiga, siempre me sacas una sonrisa.

Gracias a todas, love u, girls.

Wendy