Amor de verano

Por: Wendy Grandchester

Capítulo 25 Una vida que llega y otra que se va

Con las últimas palabras de Candy, Terry se quedó paralizado. No podía moverse de donde estaba, pero tampoco hacía ningún gesto de soltar la pequeña maleta que sostenía fuerte de la mano. La soltó finalmente y se acercó a ella. La tomó por la cintura y pegó su frente con la suya.

-Candy... yo te amo. Más que a mi vida, más que a respirar. Sólo que estos celos están consumiéndome y no puedo evitarlo.

Decía sin despegar su frente de la de ella y en apenas un susurro audible y sin retirar sus manos de su cintura.

-No puedo soportar que después de mí otro te haya besado. Que alguien a parte de mí te toque... que sueñe contigo... tenga detalles hacia tí... no puedo soportarlo, Candy.

-Entonces... quédate aquí conmigo y se tú el único que me bese, que me toque... no tienes que soñar conmigo porque siempre me has tenido.

Él la miró a los ojos y le dio un breve beso y ella pensó que al fin todo se había arreglado.

-Mi amor, en estos momentos... necesito estar un rato sólo... aún tengo mucha rabia, mucho coraje... y no quiero...

Candy se separó de él abruptamente empujándolo y con resentimiento y los ojos lagrimosos le dio su sentencia final.

-Muy bien, Terrence, vete. Sólo ten presente algo, así como te vas, no vuelvas. No por mí. Buenas noches y buena suerte.

Y Candy subió hacia la habitación de su hijo que estaba llorando. Lo sacó de su cunita y se sentó con él en la mecedora para alimentarlo.

-¿Ya lo extrañas, mi príncipe hermoso? Yo también. Y más cuando veo tus ojitos, mi cielo. Eres tan igual a él.

Le decía Candy a Jeremy que estaba muy concentrado en el pecho que lo alimentaba y la miraba con sus hermosos ojos tan azules como los de su padre. Candy despegó al niño del pecho para pasarlo al otro y éste le formó semejante perreta.

-También eres engreído como él, mi amor. Te amo tanto, mi arrogantito. Eso es, sonríe para mamita que está muy triste.

El niño como si entendiera le dio una hermosa sonrisa desdentada y la miraba penetrantemente, con la misma intensidad que lo hacía su padre, si estaba enojado, feliz, exitado...

-¿Sabes qué es lo más irónico de todo esto, cielo? Que papá se fue sin saber que tal vez ya tu hermanito esté en camino... ¿Te gustaría tener un hermanito? ¿No? ¿Ya estás celoso como tu papi?

Decía ella al ver lo serio que se había puesto el niño de pronto y seguía succionando su pecho y mirándola intenso. Cuando Candy terminó de alimentar a Jeremy, lo puso en su cunita y fue a tomar un baño. Bajo el agua estuvo casi media hora, pegada a las lozetas, mezclando sus lágrimas con el agua de la ducha.

-¿Por qué tienes que ser tan imbécil, Terrence Grandchester? ¿Y por qué tengo yo que amarte tanto?

Se preguntó saliendo del baño. Se secó y se puso su pijama y fue corriendo al cuarto de su hijo que lloraba nuevamente.

-¿No puedes dormir, mi vida? Creo que yo tampoco podré.

Le confesó a Jeremy levantándolo de su cunita. Se fue con él a su cuarto y ahí se acomodó con él en su cama.

-Vas a dormir con mami esta noche, mi amor.

Dijo besando a su bebé y se quedó contemplándolo hasta que el sueño lo venció. Comenzó acariciar su pelito lacio como lo hacía cada noche con su papá y el sueño profundo y apacible del niño con su semblante sereno y su respirar tranquilo y pausado no pudieron evitar que a Candy se la salieran más lágrimas. En esos momentos no había nada que deseara más que tener a su engreído y arrogante marido sobre ella para arrullarlo hasta que se duerma, como le exigía él todas las noches.

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Albert dormía apaciblemente rodeando la pancita de Paula que ya estaba muy grande, pero ella se revolvía intranquila. Sintió la sensación de haberse orinado y se espantó. Se quitó de encima el pesado brazo de Albert que estaba en un sueño profundo y como pudo se puso de pie. Ahí se dio cuenta de que no se había orinado, sino que había roto fuente y se alarmó.

-¡Albert! Despierta, Albert.

-¿Qué...? Pau, tengo sueño... hoy no trabajo...

-¡Albert!

Le gritó haciendo que él despertara por completo y cayera sentado con los ojos bien abiertos.

-¿Que pasa, muñeca?

-La bebé...

Musitó luego de que una repentina contracción le quebró la voz. Albert se paró de la cama como un resorte y fue a dónde ella.

-Tranquila, cielo. Voy a cambiarme rápido. No tardaré.

-Es que... me duele, Albert. ¡Ayyyyy!

Albert se vistió a la velocidad de un rayo. Tomó su cartera, sus llaves y el bultito que tenía preparado Paula. La cargó hasta el carro y pisó el acelerador como si le fuera la vida en ello.

-Voy lo más rápido que puedo, mi amor. Aguanta, ¿sí?

-No puedo, Albert... no puedo...

-Claro que puedes, Pau. Ves... allá está el hospital, sólo unos minutos más, cariño.

Dijo Albert señalándole el letrero del hospital que se veía desde la distancia que faltaba para llegar. Hizo todo tan rápido que hasta quedó mal estacionado. Fue corriendo con su mujer en brazos la cual fue atendida inmediatamente mientras él la registraba y luego pacientemente esperaba en la sala.

-Mi amor, no puedes abandonarnos ahora... tienes que conocer a la niña... Por favor, no nos hagas esto. Siempre has sido tan fuerte, no te derrumbes ahora.

Mas ella en su gesto tan incociente y su pálido rostro no era capaz de abrir los ojos siquiera. Su lividez moribunda resquebrajaba su alma en mil pedazos.

-Aún te queda tanto por vivir, amor mío. Tanto por conocer. Tienes que ser fuerte para que puedas sostener a la pequeña Rose en tus brazos. No puedes irte ahora, amor, te lo prohibo.

Que triste era ver a un hombre llorar. Un hombre que amaba con la intensidad que lo hacía él. ¿Por qué de pronto todo se le estaba yendo de las manos? Sus sueños, su mundo entero... si ella se iba, él se iría con ella aunque no quisiera.

-Hemos vivido tantas cosas, vida mía... no puedes pretender dejarme solo ahora cuando más te necesito. Tienes que cumplir tu promesa de estar siempre aquí conmigo...

Aquél dévil cuerpo a penas era capaz de respirar. La vida se le estaba escapando lentamente. Su voluntad luchaba, mas las fuerzas no eran suficientes.

-Vamos, Paula, tú puedes, puja, vamos.

-¡Ahhh! ¡Aaaahhhhhhh!

Pujaba ella con todas su fuerzas, casi sin aliento. Volvía a respirar profundo, se tragaba el dolor y volvía a comenzar.

-Ya falta poco, vamos, sigue intentándolo. Vas muy bien.

El doctor seguía alentándola y ella seguía pujando con la única misión de tener a su hija en brazos.

-Doctor... yo... ya no puedo... estoy cansada...

Dijo aturdida luego de su última pujada, pero un llanto de bebé interrumpió su queja.

-Pero si ya terminaste, Paula. Aquí está tu hija.

El doctor le acercó a su preciosa bebé que lloraba desesperada.

-Ya estás aquí, princesa.

Dijo llorando y besando y abrazando a su llorona hija.

-A ver... esta princesita nació a las diez y cincuenta de la noche... siete libras y seis onzas. Diescinueve pulgadas.

La enfermera anotó eso en la tarjetita de la cuna que ocuparía Rose Marie White-Grandchester.

-¡Albert! Vinimos para acá corriendo. ¿Está todo bien?

-No lo sé, Eleanor. No me dicen nada. Nadie sale a decirme nada.

-Tranquilo, Albert. Tienes que ser paciente. Te entiendo. Yo me ponía peor que tú y pasé por esto cuatro veces.

Le decía Richard poniendo una mano en su hombro.

-¿Y dónde están tus padres, cariño?

Quiso saber Eleanor y de pronto el rostro de Albert se apagó más todavía.

-Ellos no podrán venir. Mamá está en el hospital nuevamente.

Albert no pudo ya soportar más y se desplomó a llorar. Para su sorpresa, fue Heidi quien lo abrazó de repente ante unos llorosos Richard y Eleanor.

-No llores, Albert. Tu mamá tiene que cuidar a Rossy cuando ustedes vayan a trabajar, así que no tiene permiso para morirse.

Dijo la chica y Albert tuvo que reirse en medio de su dolor.

-¿Han sabido algo de Terrence, que no contesta su teléfono?

Preguntó Richard intrigado.

-No lo sé, al parecer no está en la casa y Candy no puede venir porque está con el niño.

Dijo Albert luego de que Heidi lo soltara.

-Familiares de Paula... Grandchester...

-Yo soy su marido. ¿Cómo está ella?

Le preguntó Albert azorado a la enfermera.

-¿Ella? Mejor dicho, ellas. Usted acaba de tener a una hermosa niña.

-¿Ya? ¿Podemos verla?

Preguntó emocionada Eleanor, mientras Albert seguía derramando lágrimas, pero esta vez de emoción.

-Claro que sí, por unos instantes en lo que preparamos a la madre para que la alimente.

En ese momento iban pasando por ese pasillo con la cunita donde estaba Rose llorando a pulmón vivo.

-Hola, Rossy. Que hermosa eres, mi cielo.

Dijo Albert y la enfermera la sacó de la cunita un momento y se la extendió. Albert no encontró palabras para describir la emoción de cargar a esa pequeñita. A pesar de que estaba muy hambrienta se calmó en los brazos de su padre. Él pudo contemplar la pelucita rubia y rizada que tenía en su cabecita. Sus ojos eran azúl cielo como los de él y Rosemary, con la boca y la naricita fina de Paula. Lo que la hacía ver más coqueta era el lunar que había heredado de su abuela Eleanor cerquita de la boca. Mismo que tenía Heidi.

-Dios mío, que preciosa eres, Rose. Dios me ha bendecido con estos nietos tan hermosos.

Dijo Eleanor luego que Albert le extendiera la bebé a ella.

-Mira, Richard. Me recuerda tanto a Allie...

Richard tomó a la niña de los brazos de Eleanor y comprobó que efectivamente le recordaba a Allie, su rubia hermosa. La niña se parecía a su papá, pero tenía fuertes rasgos Grandchester-Baker también.

-Eso es todo por ahora, tengo que llevarla al Nursery en lo que preparan a su mamá. Esta pequeña debe estar super hambrienta.

Dijo la enfermera y colocándola en su cunita nuevamente, se la llevó al área mencionada.

-No me dejaron cargarla. Tampoco a Jeremy.

Dijo Heidi con reproche y visiblemente molesta.

-Ya tendrás tu oportunidad, Heidi. En el cuarto privado y nadie va a quitártela.

Le prometió Albert y ella se tranquilizó.

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-Tommy... ¿otra vez te vas?

-Lo siento, Elly, este trabajo es así. También me duele mucho tenerlas que dejar.

Dijo Tom poniéndose su uniforme para el turno de noche, ya había trabajado el de por la mañana. Su sueldo era bueno y los beneficios también, pero le exigían mucho tiempo.

-Pero es que... nosotras te extrañamos mucho, mi amor.

Dijo Eliza haciendo un puchero y Tom le dio un beso de consuelo y tomó a su hija en brazos por un momento. Cuando quiso soltarla, la niña comenzó a llorar fuertemente. Pues mientra estaba en la casa y la niña estuviera despierta, él la tenía cargada. Estaba tan engreída, que si se juntaba con Jeremy, acabarían con el mundo.

-No llores, Nicky, papi tiene que trabajar, no seas mala. ¿Si no quién te va a comprar todos tus juguetes y toda la leche que te tomas, eh?

La pequeña Brianna Nicole le sonrió coquetamente, desarmándolo por completo y haciéndole más difícil tener que irse.

-Te quiere a ti más que a mí.

-No digas eso, Elly. Así mismo eras tú con tu papá cuando estábamos juntos...

Dijo Sarah que estaba con ella unos días antes de irse de viaje a Orlando y quería ayudar a su hija y disfrutar de su nieta lo más que le fuera posible. Aprovechando que Sarah cargó a la niña y ésta se calmara, Tom se fue, no sin antes besar a su mujer.

-¿Papá era así conmigo?

Quiso saber Eliza intrigada, pues que ella supiera, no era muy cariñoso.

-Lo era, cariño. Tu fuiste su adoración. Él tenía muchos planes para tí, para nosotras... pero yo lo fui arruinando todo poco a poco. Creo que con mis actitudes fui matándole todas las ilusiones. Con ese error terminé haciendo que fuera alejándose también de ti...

Sarah tenía los ojos nostálgicos y aguados mientras contemplaba a Brianna en sus brazos, con el pelito rojo de su madre, sólo que lo tenía lacio como Tom. Sus ojos eran castaños como los de su papá y casi todas sus facciones eran de él.

-Ya pasó, mamá. No voy a sufrir por el pasado que pasó. Soy muy feliz ahora. Tom y Nicky son mi vida.

Sarah se sintió feliz de que su hija se tomara las cosas así y no le guardara rencor. Con su nieta, no escatimaba, la llenaba de todos los mimos que no tuvo con Eliza, llegaba siempre cargada de ropa y juegues para ella que ya no cabían en el apartamento. Cuando Eliza tenía que trabajar en sus uñas, ella voluntariamente cuidaba de la niña, que por cierto, correspondía muy bien a su amor. El padre de Eliza también había mandado de todo para su nieta y exigía que se le enviara una foto cada cierto tiempo, dentro de un mes viajaría a conocerla.

-Eres la niña más linda y consentida del universo, ¿verdad, mi amor? No te preocupes, que abuela sólo se va una semana, luego vendrá por tí, muñequita hermosa.

La niña le regaló una sonrisa y a Eliza se le aguaron los ojos. Tal vez Sarah no haya sido la mejor madre para ella, pero con Brianna estaba enmendando todos sus errores y Eliza era feliz con eso. Que su hija viviera lo que ella no tuvo. Pues su madre ahora estaba siempre con ella, su padre la llamaba a diario y Tom a pesar de su trabajo, las consentía a más no poder.

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Como lo prometido es deuda, Annie fue a la playa a encontrarse con su nuevo amigo, pero no lo vio en ninguna parte. Resignada, se sentó en las rocas y perdió sus pensamientos en el horizonte.

-Seguramente ya te aburrí...

Se dijo un poco triste sin saber el porqué de su tristeza, si apenas lo estaba conociendo.

-¿Quién se aburrió, niña hermosa?

Dijo una voz cálida y varonil mientras le tapaba los ojos con las manos. Ella puso sus manos sobre las de él, que senguían sobre sus ojos y luego tocó su rostro para sentir sus facciones.

-John, ya sé que eres tú.

-¿Ah sí? ¿Estás segura?

-A nadie más le permito que me llame niña.

Respondió Annie arrogante y él rió y liberó sus ojos.

-¿Vienes de surfear?

Le preguntó, aunque sabía muy bien la respuesta, pues estaba mojado, con su tabla en la mano, en traje de baño, con ese cuerpo perfecto, bien formado, varonil y completamente desarrollado, un hombre cien por ciento. De pronto ella se sintió pequeñita y tantos pensamientos pasaron por su cabecita que se puso toda colorada.

-Sí, pero no encontré buenas olas. El mar hoy está adormecido. ¿Y tú, hermosa, que hacías aquí tan pensativa y solita? ¿Sabes que un loco podría encontrarte y llevarte... secuestrarte y...?

-Ya basta, payaso. Vine a verte a tí y lo sabes. ¿Estás bien?

Le preguntó poniéndose de pie y en puntitas le dio un beso en la mejilla a modo de saludo. Una caricia tan inocente y pura que lo dejó sin aliento. Se quedó mirándola, perdiéndose en esos ojos azules que había comenzado a adorar. Ella sonreía y el reparó en esa boca delicada e inocente y sus cachetes que se hinchaban al sonreir y que en uno de ellos sobresalía un hoyuelo.

-Estaba bien, ya no.

-¿Estás cansado? Si quieres, lo dejamos para luego...

John la miró con una inmensa ternura preguntándose si ella tendría alguna idea de que lo menos que él quería era dejar nada para después.

-Claro que estoy cansado, niña hermosa. Cansado de no haber podido verte en todo el día. ¿Te parece poco?

El alma volvió al cuerpo de Annie al escuchar esas palabras. John se había pasado toda lo noche preguntándose que había en esa chiquilla que lo atraía a tanto y por qué deseaba tanto volverla a ver. Algo que nunca imaginó, sentirse tan fuertemente atraído por una muchachita de diescinueve años. Ella por su parte, por primera vez se había desvelado y esta vez no por los desplantes de Archie, sino por un sentimiento que estaba desarrollándose en su ser a pasos agigantados y que a pesar de lo exitante, le causaba temor.

-No sabía que mi presencia tuviera la habilidad de quitar el cansancio. Sabes, no dormí mucho, pero no estoy cansada. Tu presencia también me hace sentir cómoda y tranquila...

-Pues que bueno porque ahora me gustaría que me dijeras por qué te desvelaste porque tus ojitos demuestran no haber dormido muy bien y se ve que has llorado...

Le dijo sentándose junto a ella en las rocas. Ella le dio su triste sonrisa y le sostuvo la mirada.

-No creo que sea buena idea aventurarse por esos terrenos, amigo.

-Claro que lo es. Llegó la hora de sacarse el dolor de adentro. Sobre todo si la persona por la que se hace el sacrificio no corresponde.

Annie con sus ojos aguados le contó la historia y la ruptura de principio a fin con su carita empapada en llanto, lágrimas que él iba secando tiernamente con la punta de sus pulgares.

-Me porté como una niña y perdí todo por culpa del miedo. Me quedé totalmente sola y con este dolor y arrepentimiento que no me dejan vivir.

-Has tenido razón en muchas cosas, Annie. ¿Pero quieres mi punto de vista? Lo que tú aún no has descubierto y prefieres echarte toda la culpa para no ver la realidad.

Annie se desconcertó, pues las pocas personas que conocían la historia siempre habían mostrado estar de acuerdo con ella en que la había regado y que tenía que hacer lo imposible para recuperar a Archie.

-Me encantaría escucharlo. Ya quiero liberarme de toda esta opresión. Quiero vivir de nuevo... tener el mismo brillo de antes... el mismo gusto por la vida. No sabes lo horrible que es esta depresión y este llanto constante...

-Si lo sé, pequeña. Sé de eso más que tú, que apenas estás viviendo ahora. Ahora... voy a ser muy sincero, mi niña. No voy a lastimarte, sólo quiero que te sientas bien, o al menos que aligeres tu carga. Acércate.

Le dijo para que ella quedara totalmente frente a él y mirarla cara a cara. Con sus manos sujetando tiernamente su rostro, comenzó hablar.

-No hay duda de que cometiste un error, uno muy grande, que aunque lo superes con el paso del tiempo, no vas a poderlo olvidar. Puede que cada día de tu vida te preguntes qué hubiera pasado si... Lo cierto, niña hermosa es que el "hubiera" no existe, lo que existe son los hechos. A veces, pequeña, nos hacemos planes, ideas, un futuro... a nuestra manera, pero hay algo que se llama destino... y tal vez él no era tu pareja destinada, ya sea porque tú misma hayas provocado que no lo fuera.

-Pero... he pedido perdón tantas veces, he hecho lo posible y lo imposible también...

-No interrumpas, Annie. Has tocado un buen punto. Le has pedido perdón de todas las maneras humanas posibles, es verdad. Ahora... ¿Te has perdonado tú misma por tu error?

Le dijo y ese giro ella no se lo esperaba. Ella, Archie, su hermana, Candy, su madre, todos, le reprochan su actitud, su impulsividad y ella fue aumentando su remordimiento y sentimiento de culpa, sintiéndose cada vez más miserable, aunque no fuera esa la intención que ellos tuvieran.

-Creo que lo que hice no tiene perdón, John. Destruir los sueños e ilusiones de alguien de la noche a la mañana, alejarte en el momento que más se te necesita y ser tan egoísta y no quererte sacrificar cuando el otro lo hace sin pensárselo... definitivamente no hay perdón, o al menos no un perdón que salga muy fácil...

-Tu punto es bueno, Annie. Pero volvemos a caer en lo mismo. El que hayas cometido el error inicialmente no te hace ser la única culpable. Me dijiste que luego de tu absurda decisión, te arrepentiste casi inmediatamente y comenzaste a llamarlo desde el día siguiente, llamadas que nunca tuvieron contestación. Enviaste innumerables cartas, cada una rogando por perdón, una carta por semana por seis meses completos, ninguna tuvo respuesta. Ocho meses de súplicas, de abrir el corazón, de implorar por un perdón que no importa cuánto hagas y demuestres, no llega. Ocho meses de los cuales dos, él estaba aquí muy cerca de tí y no te buscó y cuando lo hizo fue por insistencia de terceros, contando que su tiempo estaba dedicado ya para alguien, que no eras tú. Nadie, Annie, puede negar que lo lastimaste profundamente, pero cuando una persona se desvive por pedir perdón, se humilla, va con la verdad, reconociendo sus errores y dispuesta a arreglarlo y darlo todo, si hay algo que aún se pueda salvar y aún queda amor, la otra parte involucrada, por más dolida que esté, tiene que ceder y él no lo ha hecho. No estoy defendiéndote, ni echándole tierra a él, pero, te pregunto y quiero que seas sincera contigo misma, no conmigo, porque a mí puedes engañarme, pero no puedes engañarte tú. ¿No crees que ya has pagado suficiente?

Annie había escuchado cada una de las sabias y tan acertadas palabras. Se dio cuenta que hablaba con alguien que le decía la verdad y no lo que a ella le gustaría oir. Estaba hablando con un hombre, en todo el sentido. Alguien que emanaba experiencia y no impulsos, alguien que no se esforzaba por entendera, sino porque se entendiera ella misma.

-Yo... creo que sí. Tienes mucha razón. Creo que nadie me lo habría explicado de una manera tan clara... Esta experiencia me ha enseñado a crecer mucho, mi actitud infantil me hizo perder demasiado...

-En eso también te equivocas un poquito. Tu miedo e inseguridad de saberte sola, al igual como lo ha estado tu madre en todo su matrimonio te llevaron a tomar una decisión tal vez algo desacertada, pero... hay una ironía muy grande aquí, pequeña. Tú creciste con tu error, asumiste las consecuencias y fuiste a reparar lo que quebraste aunque eso significara pisotear tu propio orgullo, él, sin embargo, copió tu actitud infantil y se cubrió de orgullo, para hacerte pagar por el mal que le hiciste, arrastrándose él mismo si es que de verdad te quiere y lo peor, arrastrar una tercera persona para mortificarte y al final, sólo está haciendo un gran enredo, mientras tú sin darte cuenta te estás alejando más y más de su alcance.

Annie sintió que él tenía mucha razón. Pues se había enfrascado tanto en su propia culpa que no se interesó en ver más allá, ver lo que realmente había. Que todos sus esfuerzos fueron en vano y que mientras más ella luchaba por salvar su amor, él más lo enterraba. Bien era cierto que por la noche había llorado al recordar su fracazo y recordar los momentos vividos al lado de ese amor, pero para ella misma reconoció que muchos de esos momentos recordados eran interrumpidos por la imagen de un hombre completo, de pelo negro y ojos marrones, una boca varonil que a pesar de lo rápido y absurdo se preguntó cómo sería sentirla en la suya, pensamientos que apartó de pronto, muy asustada.

-Sabes... creo que ya no quiero ese perdón. Es decir, quiero salir adelante. Olvidar todo este fracazo. Creo que ese amor ya se dañó, nos hicimos mucho daño... Yo... no creo que pueda vivir con la imagen de él y aquella chica, aunque lo intentera, sé que en ciertos momentos recordaré que mientras yo le rogaba para que volviera, él no respetó mi presencia para estar con ella de la forma en que estaban... y posiblemente... en alguna discusión futura, nos saquemos en cara nuestros errores y todo se convierta en un círculo vicioso. En el fondo... yo lo dejé libre y él tenía todo el derecho de estar con quien quisiera, donde quisiera. Llegó el momento de soltarlo de mis manos.

Si alguna vez Annie había sido inmadura, eso había quedado muy atrás, pensó John. Ahí había toda una mujer, una muy joven, sí, y con mucho por aprender y vivir, pero que iba por buen camino, uno que él estaría muy dispuesto a recorrerlo con ella si las cosas se deban, porque él no la pensaba presionar.

-¿Quieres dejar todo el fracazo, los errores y los tropiezos atrás, Annie?

Le preguntó sonriente y dejándola intrigada.

-No es tan fácil...

-Puedes empezar en el mar. Es una tradición tonta. Pero si te sumerges... puedes dejar en el mar toda esa pena y el pasado. Comenzarías a vivir de nuevo. ¿Quieres?

Annie ya había escuchado de eso antes y no era que pensara que si hacía eso, de pronto sus problemas desaparecerían, pero lo tomó como un acto simbólico de ahogar el pasado y las penas que lo acompañaban y escribir una página nueva. Ella de por sí ya estaba en traje de baño, así que se dejó guiar por la mano de John hacia el agua.

-John, ya no sigas caminado, creo que aquí está bien, el agua me llega al cuello.

Dijo Annie mientras a John a penas el agua le llegaba más abajo de los hombros. Riendo, se puso al lado de ella.

-Dame la mano, Annie. Vamos a sumergirnos juntos, quédate abajo lo más que puedas hasta que sientas que tus cargas se han quedado abajo.

Así lo hicieron y cuando ya no pudieron aguantar más la respiración, salieron. Se sentaron bajo una palmera para seguir hablando y conociéndose. Mientras más se contaban de sus vidas, más prendidos quedaban uno del otro. John le contó todo en cuanto a su amor no correspondido.

-¿Entonces aún estás esperando por tu chica imposible, John?

-No, Annie. Ese amor no correspondido más bien fue una costumbre y una sensación de Dejá Vu al encontrarla de repente. Al no haber podido acertar con otra chica luego de ella, pensé que era que aún estaba pendiente a ese amor de juventud, pero no. Ella encontró el amor y es muy feliz, de hecho, yo contribuí en esa felicidad.

Annie lo miró con asombro, sin saber que ella conocía muy bien a su chica imposible y sobre todo al hombre con quien había encontrado el amor. Sólo que ahora, ella no sería un fantasma en la vida de él.

-Pues ya ahogamos el pasado. ¿Ahora qué sigue?

Preguntó ella frotándose las manos por el frío y él le colocó la toalla por encima y entrelazó sus manos con las suyas. Ella había pensado en poner resistencia, pero no tenía caso, él no le había faltado el respeto ni se había aprovechado de la situación con lo solos que estaban y no pudo negar que sus manos grandes y cálidas le daban una sensación de paz y protección enorme.

-Ahora, niña hermosa, tienes que abrazar el presente.

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Cuando Candy despertó, por el llanto de su hijo avisando que tenía hambre, lo alimentó y lo preparó, pues había quedado con Eliza y su madre en dejar a Jeremy con ellas para poder ver a su nueva sobrina al hospital y luego ir con Albert a ver su mamá. Cuando bajó, se quedó intrigada. Terry no estaba en la casa, ni había rastros de él, pero sus maletas estaban aún en la sala. Candy no entendía, pero no tuvo tiempo para ponerse hatar cabos, así que sólo dejó una nota explicando sus planes, en caso que Terry volviera al apartamento.

Terry:

No sé si sabes que nuestra sobrina Rose nació. Dejaré a Jeremy con Eliza y Sarah mientras los visito a ella y a mi madre que recayó nuevamente. Para que no te asustes y no vayas a pensar que huí con tu hijo, te aviso que me quedaré unos días en la villa, lo necesito para poderme distraer y no hundirme en la depresión, tendré mi celular disponible para cuando quieras saber del niño. Sólo serán unos días, así que por favor no te alarmes ni salgas a buscarme, necesito paz y un poco de soledad, más ahora después de tu decisión.

Candy

Luego de dejar la nota, Candy bajó con sus bultos y su hijo para ir directamente al apartamento de Eliza, donde después que ambas jugaran y admiraran a ambos niños, finalmente Candy se fue. Primero fue hacia el hospital donde conoció a la bebé más hermosa del mundo, a su sobrina que decían que había heredado su pelo rebelde y a la cual Candy cargó con mucho orgullo, como lo hizo con su propio hijo. Luego de haber dejado a Paula y a Rossy en buenas manos con Eleanor y las enfermeras, ella y Albert, aunque en carros separados se dirigieron al hospital oncológico a ver a su madre.

-Hola. ¿Cómo está mi nieta?

Fue el efusivo saludo de William, siempre dando su mejor sonrisa y su mejor cara ante sus hijos.

-Hermosa, papá. La niña más hermosa que te puedas imaginar.

Dijo Albert con tanto orgullo y emoción que William por poco llora al recordar cuando su propia hija llegó a sus brazos y lo miró con sus chispeantes ojitos verdes, iguales a los suyos.

-Así es, papito. Es preciosa, como su tía.

William rió ante el comentario de Candy, pero aún así, su tristeza era palpable y la de ellos también.

-Espero conocerla pronto a la nueva princesita.

Dijo esperanzado mientras Candy se sentó junto a él luego de haber visto a su madre sin avance alguno y Albert, con una lluvia de lágrimas se posó junto a su cama. Cerró la inmensa cortina que le daba privacidad a la cama y en esa intimidad, habló con ella.

-Hola, mamá. No sé si estés escuchándome, pero quiero que sepas que hoy ha nacido el ángel más hermoso, tu nieta Rossy. Prometiste que la conocerías, así que no puedes dejarme ahora. Tiene tu pelo rubio y rizadito, mamá, también tus ojos, si tan sólo los abrieras un momento para que sepas lo feliz que estoy y poderte describir la hermosa sensación que sentí cuando la tuve por primera vez en mis brazos, una muy parecida a cuando nació Candy y tú me permitiste cargarla y desde ese momento yo la amé con locura, pero esta nueva sensación, mamita, es muy distinta, nunca pensé que pudiera existir un amor tan grande y por eso es que ahora menos que nunca quiero perderte, no después de haber descubierto cuánto se ama a un hijo y yo aún no me resigno a perder tu amor. Ahora mamita, tengo que irme, pues mi pequeña y mi mujer me están esperando, espero que cuando yo vuelva, me des la dicha de encontrarte bien, quiero volver a ver tu rostro sonriente y poder cumplir mi sueño de verte con mi hija en brazos, no puedes negarme eso, así que sánate pronto, mi reina hermosa, porque todos te estaremos esperando.

Albert se secó las lágrimas y fue con su papá y su hermana que le estaba mostrando las fotos que le tomó a la niña con su celular y esa vez William lloró de pura emoción. Se despidió de ellos y volvió junto a sus dos chicas por el resto que le quedaba a la hora de visitas. Candy aprovechó que su papá fue por algo de comer y al igual que su hermano, se dirigió a su madre.

-Mami... Si supieras cuánto te necesito ahora. Estoy muriendo por un abrazo tuyo de consuelo, por tus sabias palabras y tus consejos. No tienes una idea de lo sola y desamparada que me siento en estos momentos, pero todo esto lo pasaría otras mil veces más con tal de verte de pie una vez más. Sé que tu voluntad es grande, mamita, por eso no te rindes. Jeremy está cada día más hermoso, es la viva imagen de su padre... y sabes... posiblemente vayas a ser abuela por tercera vez. Tú prometiste que cuidarías a mis bebés, así que tienes que despertar porque te necesitamos. Rossy es una niña hermosa, mami, yo ya la tuve en mis brazos, ahora sólo faltas tú y si hay otro bebé creciendo dentro de mí, lamentablemente tienes que pararte de ahí para que lo conoscas y lo cuides porque yo solita no podré. Papá también sufre mucho, mami, no puedes dejarlo solo, tienes que seguir luchando, aunque sé que lo estás haciendo, mi fe es muy grande, mamá, sé que pronto podré verte de pie, aunque ya soy mayor, necesito que me arrulles también... Hoy, mami, daría mi vida entera por estar en tu regazo otra vez, como cuando era una niña y tú llenabas mi mundo de ilusión y alegría, porque en estos momentos, mamita linda, me siento así de pequeñita y me está haciendo falta tus abrazos. No me dejes, por favor, te necesito.

Y ahí Candy rompió en llanto aferrada al cuerpo dormido de su madre y lloró como una niña sobre su pecho, por tantas emociones y por tanto dolor, por tantas cosas juntas. Cuando sintió volver a su padre, se limpió el rostro para que él no la viera así. Con un pesar profundo se despidió de él, pues no quería abusar de Eliza que también tenía a su propia bebé. Candy recogió a Jeremy y se maravilló por todas las fotos hermosas que Eliza le sacó junto a Brianna. Se fue directamente hacia Cabo Rojo para escapar de su dura realidad por unos días, pues la villa estaría totalmente desocupada le había asegurado su tía, así que sólo serían ella y su bebé.

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Candy se fue sin enterarse que Terry nunca se marchó. Se quedó todo el tiempo en la sala, sólo que había salido temprano porque tenía ciertos planes, planes que con los nuevos acontecimientos y la nota que ella dejó se fueron totalmente abajo. Lo peor es que no vio la nota a tiempo. Había encargado varios arreglos de flores y hermosos peluches y globos con helio, algunos decían "I love you" y otros, "I'm sorry". Había llenado todo el apartamento de rosas y pétalos y cuando al fin terminó, sorpresa... ahí estaba la nota que le aguó la fiesta. Como ya era tarde, no había podido ir a conocer a su sobrina, resignado y con una rabia inmensa, pero que la contuvo, llamó a Candy para saber del niño, fue la conversación más seca que hayan tenido en toda su vida y Terry sintió una culpa inmensa en su corazón. Candy estaba pasando por un infierno y él en vez de ayudar, la hundió más con su necedad. Por primera vez en mucho tiempo, lloró, con verdaderos sentimientos, con un profundo remordimiento y con unas ganas inmensas de ir a buscarla así tuviera que arrastrarse y humillarse o hasta crucificarse, él mismo no se perdonaba el daño que le había hecho. Aunque moría de ganas de ir a buscarla y de ver a su hijo, le respetó el espacio solicitado por esos días y se quedó dormido, pues la noche anterior no fue capaz de conciliar el sueño. Al otro día despertó como de costumbre y se dirigió a su oficina, no le quedaba más que refugiarse en su trabajo.

-Eso es, Gina, tienes que buscar la cámara, pero con naturalidad, que no se vea que sólo quieres acaparar toda la atención. Tú, Steven, recuerda que no pudes dar la espalda. Cada vez estamos más cerca de terminar.

Decía Terry en el proceso de grabar el comercial que llevaba días y no conseguía lo que quería, pero ahora, a pesar de su decaído estado de ánimo, sin su hijo y su mujer cerca, ni siquiera tenía fuerzas para discutir con nadie, así que decidió no gritarle a ningún modelo y tratar de despejar su mente en lo más posible.

-Terry... necesito hablar contigo urgente, por favor.

-Neil, más vale que de verdad sea tan urgente como dices porque ya estoy loco por salir de este dichoso comercial.

-Créeme que me vas a besar los pies, querido, cuando te muestre lo que descubrí.

Intrigado, Terry se dirigió hacia su oficina con Neil luego darles un receso a los muchachos implicados en el comercial.

-Y bien, Neil, soy todo oídos.

-Disculpa mi atrevimiento, Terry, pero no pude quedarme de brazos cruzados mientras veía cómo la pobre Candy era juzgada de esa manera tan cruel cuando ella sólo fue una víctima más de aquellos infelices.

-¿Y crees que no lo sé? Lo que acabas de descubrir seguramente es que soy el hombre más idiota sobre la faz de la tierra. Creo que esta vez... si la perdí.

Terry bajó el rostro sin disimular su dolor y Neil sintió una pena profunda por él.

-Terry, al menos escucha lo que voy a contarte y ten pasiencia, ella regrasará a tí. Ahora escúchame...

Flashback

Neil, que para nada se había tragado lo de las fotos y el supuesto engaño y que en el tiempo que llevaba trabajando junto a Candy, había aprendido apreciarla mucho y sabía cuánto se amaban ella y Terry y todo lo que juntos habían vivido. Por primera vez se metió en lo que no le incumbía y decidió armar todo un plan para desenmascarar a Karen y rogándole a Dios que funcionara. Como ella había trabajado con él, aún conservaba su número de teléfono, así que la llamó y se citaron en una cafetería.

-¿Estás diciéndome que Terry te despidió a ti?

Preguntó Karen con asombro.

-Así es, como lo oyes. Y todo por culpa de la mujercita esa. De verdad que no sé qué es lo que Terry le ve a mosca muerta esa.

-Se los dije muchas veces, querido Neil, pero no me hicieron caso. Ella no es la mujer que Terry necesita.

Dijo ella con un gesto muy prepotente que Neil tuvo que hacer su mejor esfuerzo para no abofetearla.

-El caso es, que quiero vengarme de ella, quiero destruirla, ayúdame, Karen, pues tú también fuiste despedida gracias a ella.

Le pinchó Neil para ver si la lengua de ella se comenzaba a soltar.

-No te preocupes querido, que ya no hace falta. Acabo de prepararle su foza.

-¿Ah... sí? ¿Y cómo lograste eso? Porque mira que he tratado de destruirla y no he podido...

-Muy fácil querido...

Karen comenzó a contarle su plan de rabo a cabo sin omitir ningún detalle, como disfrutando con su maldad, sin saber lo listo que estaba siendo Neil.

Fin del flashback

-¡Esa maldita mujer! ¿Hasta cuándo seguirá fastidiándome la existencia?

Exclamó Terry furioso luego de haber escuchado toda la grabación desde el celular de Neil sobre cómo fue que planeó todo y que el tal Mark era la pareja actual de Karen, una pareja perfecta, ambos repugnantes en extremo.

-¿Ahora qué piensas hacer, Terry?

-Ya lo comenzé hacer, Neil. Sólo que llegué un poco tarde y ahora Candy no está en casa y seguramente está pensando lo peor de mí. Te confieso que no necesitaba escuchar esta grabación para darme cuenta de lo estúpido que fui, pero gracias por el gesto, Neil, eres un gran amigo, una excelente persona.

Le dijo Terry con toda sinceridad y luego cada uno siguió con sus compromisos.

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Ya habían pasado cinco días desde que Candy estaba en Cabo Rojo. Días en los que a pesar de la inmensa tranquilidad del lugar, ella no había conseguido la paz para su alma adolorida. Extrañaba a Terry horriblemente, su ausencia en la cama se sentía fatal, su único consuelo era su hijo que siempre le sonreía alegre aunque había ocaciones en que se mostraba muy inquieto especialmente por las noches, pues el lugar era nuevo para él, pero sobre todo, le hacía falta su papá. Lo que más le dolía a Candy eran esas breves y frías conversaciones que había mantenido por teléfono con Terry en dónde él sólo preguntaba por el niño y luego colgaban. Aunque lo más que asustaba a Candy era la posibilidad de otro embarazo justamente en el momento en que Terry decidiera abandonarla, esa posibilidad la estaba martirizando. Instintivamente llevó sus manos a su vientre, el que a pesar de lucir intacto, como si no hubiera dado a luz hace tres meses, acarició recordando cuando Jeremy estaba ahí no hacía mucho y a pesar de lo irónico de la situación, le hacía ilusión tener otro pequeñito. Aprovechó que era de tardecita y que Jeremy se quedó dormido y salió un momento a sentarse en la entrada de la villa, donde se sentó sobre la arena y dejó que la brisa la acariciara y con sus pies revolvía la arena, su mirada y sus pensamientos estaban muy lejos de ahí.

-¿Por qué tiene que pasarme todo esto a mi? Si todo estaba tan bien. Siempre tiene que perseguirme la maldita mala suerte. Mami... sé que ya estoy mayor para resolver mis penas con un helado, pero por uno de esos que tú haces ahora mismo... sería feliz así estuviera en el mismo infierno. Porque de pronto me hacen tanta falta tus mimos... me haces falta, ahora más que nunca.

Así sentada sobre la arena de la entrada, Candy abrazaba sus piernas por la fría brisa de Noviembre que la acariciaba despiadadamente, pero a ella no le importaba la inclemencia de ese clima, pues su frío era interno, en su alma y en su ser. Sus dos grandes amores estaban dejándola atrás.

-Terry... ¿Por qué tenías que ser tan idiota? Llegasta a poner todo mi mundo de cabeza. Ahora no sé cómo haré para seguir sin tí. Tonto, arrogante y engreído. Sabes, te odio tanto a veces. Me pregunto qué pensarías si te dijera que en estos momentos puedo sentir tu olor como si estuvieras aquí... hasta podría ver tu sonrisa arrogante y retorcida mientras te burlas de mí.

Te marchaste sin palabras

cerrando la puerta

justo cuando te pedía un poco más

el miedo te alejó del nido

sin una respuesta

dejando mi corazón herido

dejándome atrás

Y ahora me muero de amor

si no estás

me muero y no puedo esperar

a que vuelvas de nuevo aquí

junto a mí, con tus besos

Es que me muero de amor

si no estás

me muero y no puedo esperar

necesito tenerte aquí junto a mí

sin tu amor no puedo vivir

-No cumpliste tu promesa, Terry. Estarías siempre junto a mí y no me faltarían tus abrazos... dijiste... y ahora cuando más necesito uno, cuando más necesito de tí...sólo has vuelto la espalda para mí.

Candy cerró los ojos para liberar un par de lágrimas apretadas que forcejeaban por salir. Así mismo con sus ojos cerrados imaginó a Terry junto a ella. Con sus fuertes brazos arrullándola, llenándola de besos, consolándola, consintiéndola. Su imaginación era tan fuerte que su olor cada vez se hacía más real y era tanta su desesperación que pudo sentir que realmente la abrazaba y aunque fuera un juego cruel de su mente cansada y abatida se aferró a esos brazos imaginarios que la apretaban fuerte y la protegían del mundo.

-Perdóname, princesa.

Ahora hasta podía oirlo, espantada abrió sus ojos y trató de girarse, pero unos brazos verdaderos no se lo permitieron.

-¡Terry! Viniste...

-Nunca me fui, princesa. No pude hacerlo.

Le dijo sin dejarla de abrazar, pero luego ella se soltó de él abruptamente.

-¿Y para qué viniste? Te dije que quería estar sola, que no me buscaras. Además dejaste muy claro que...

-Sé lo que dije, Candy. También sé que soy un estúpido. Siempre supe que decías la verdad, en el fondo lo sabía, pero... Candy, los celos son algo muy malo de manejar y yo estaba ahogándome en ellos. Vine a pedirte, a suplicarte que me perdones. No me iré de aquí si no es contigo y tú ya me conoces...

Candy se sentía feliz de que él hubiera vuelto, pero estaba herida y no cedía, no dejó que se le acercara y no cambió su frialdad.

-Estás tarde, Terry. Y claro que te conosco, eres un egoísta, eso es lo que eres, además de un imbécil. Puedes irte por donde viniste, no te necesitamos.

Terry se esperaba esa actitud por parte de ella y no era para menos, ahora que Dios lo ayudara a salir de laberinto donde él mismo se había metido.

-No digas eso, Candy. Sé que estás muy herida por mi culpa, fui un cabrón, todo lo que quieras para describirme, puedes insultarme, pegarme, maldecirme, pero por favor... no digas que ya no me necesitas... porque yo te necesito cada día de mi vida...

-Eso no lo pensaste al momento de hacer tus maletas y largarte. No lo pensaste todas las veces que me restregaste que te había engañado cuando bien sabías que no era cierto. ¿A caso olvidaste la manera en la que me tomaste en la cocina y luego volviste a coger tus maletas como si nada? ¿Qué pretendías? ¿Embarazarme nuevamente para luego dejarme?

Las palabras de Candy fueron un balde de agua fría para él, aunque todo indicara que esas hayan sido sus intenciones, lo cierto era que él jamás le haría eso a ella, no a propósito.

-Candy... por supuesto que no... eso fue un arrebato de pasión y despecho, mismo del cual tú también participaste y disfrutaste. Tal vez no estuvo bien y lo reconosco, pero tú no hiciste nada por detenerme, sabes que de habérmelo pedido, me hubiera detenido.

Pero el problema era que Candy no quería que se detuviera, claro que eso no iba admitirlo frente a él. El trato salvaje y posesivo de Terry, paradójicamente la había exitado tanto como a él y la experiencia fue increíble, si él no la hubiera embarrado al tomar sus maletas nuevamente... no habría sido más que una muy peculiar reconciliación muy al estilo de ellos.

-Eso fue porque pensé que te quedarías, no que de todas formas te largarías luego de haberme usado.

-Candy, ya no vuelvas a decir eso. Si no te hubieras ido antes de que yo llegara al apartamento, te hubieras dado cuenta de que nunca que me fui... y si hubieras sido un poquito más curiosa... te habrías dado cuenta de que las maletas estaban... vacías...

-¿Qué? Así que sólo estuviste manipulándome... eres un...

-Un cabrón, imbécil, arrogante, engreído, celoso, posesivo...

-¡Y un idiota!

Le gritó roja del coraje.

-Pero un idiota arrepentido, cariño. Tenía que asegurarme de que de verdad te importaba que me fuera... Yo quería estar seguro de que de verdad te dolería perderme, discúlpame...

-No puedo creerlo. Hasta donde llega tu arrogancia y tu estupidez. Cuando yo te encontré con Karen... me dolió mucho y te dije de todo... estuve dispuesta a irme, pero terminé quedándome y perdonándote sin exigirte nada y sin jueguitos tontos... ni siquiera te pedí que me demostraras que eras inocente, te perdoné...

-Candy... vamos hacer un poco honestos en ese asunto... Puedes tener un poco de razón en eso, pero sólo un poco. La intervención inocente de Heidi tuvo mucho que ver para que no te fueras, el que yo hubiera llegado antes y te tomara por sorpresa también influyó y el hecho de que te encontrabas embarazada, además de que encontraste la puerta abierta cuando nos "sorprendiste" juntos. Admite que si yo no hubiera llegado a tiempo antes de que te marcharas, estarías muy lejos y sin haberme dejado explicarte nada.

Ahí estaba la verdad. Ella también había caído presa de los celos y la impulsividad y lo primero que pensó, al igual que él, fue mandarlo al diablo y huir.

-Candy... los dos metimos la pata grandemente. Pero ya estamos aquí... juntos y te amo tanto o más que ayer. Sé que también me amas, siempre lo supe... Si quieres me mando a poner un cartel que diga que soy el hombre más idiota de la tierra y hago un comercial sobre ello.

Ella sonrió entre lágrimas, ya no tenía caso seguir peleando y ella lo necesitaba demasiado en ese momento.

-Terry... Terry... es que...

Ella corrió abrazarlo y a dejar salir todo el llanto y el dolor que había en su corazón. Desahogó en sus fuertes brazos toda su tristeza y sufrimiento, toda su impotencia y frustración.

-Estoy aquí, princesa, como siempre debí estarlo. No voy a dejarte sola, mi amor.

-Nunca, Terry... nunca me dejes de abrazar, por favor... no me abandones...

En medio de su súplica escucharon el llanto exigente de Jeremy. Fueron apresurados a su cuarto y Terry que llevaba casi una semana sin verlo lo tomó en sus brazos. A pesar de estar hambriento el niño se tranquilizó en los brazos de su padre que tanto extrañaba. A los minutos volvió a llorar reclamando su leche.

-Ven, mi amor, a comer.

Candy se sentó a darle el pecho a Jeremy, el cual él succionaba desesperado como si el mundo estuviera acabándose. Terry miró todo con los ojos aguados, pensando que estuvo a punto de perder eso para siempre. Luego de que Jeremy se saciara de la leche de su madre, se quedó dormidito, dándole a sus padres el tiempo a solas que tanto necesitaban.

-Candy... te extrañé tanto... no sabes... De verdad perdóname... Nunca, nunca volveré a dudar de tí, nunca más volverás a sufrir por mi culpa...

-Ya mi amor, no me hables más de eso, porque vuelvo a molestarme y sólo me dan ganas de golpearte hasta verte sangrando.

-Me lo merezco.

Le dijo abrazándola por la cintura. Y besándo tiernamente su cuello.

-Pero ahora yo prefiero que me hagas el amor... llevo cinco días sin tí y te necesito.

Terry no se hizo más de rogar y cubriéndola de besos la condujo a la habitación donde se tomó su tiempo con cada parte de su cuerpo y la hizo vibrar nuevamente con sus caricias. La desnudó y se quedó contemplándola por un rato largo. La abrazó fuertemente y luego con sus manos dibujó todo el contorno de su cuerpo perfecto. La envolvió en el beso candente que llevaba tanto queriendo darle.

-Me hiciste tan falta, Candy. Quiero hacerte el amor hasta asegurarme que me perdones completamente...

Terry hablaba con la voz enronquecida y sus manos hacían maravillas en esa piel que tanto lo extrañaban. Se arrodilló y fue besándola desde las piernas donde fue subiendo hasta sus muslos y caderas para luego detenerse un rato en su entrepierna y enloquecerla con las caricias de su boca. Siguió ascendiendo hasta su ombligo dónde estaba el nuevo piercing que le había regalado luego que su vientre volviera a la normalidad y con su lengua jugueteó con él. Siguió con un rastro de besos húmedos por todo su vientre y luego fue de nuevo a su cuello y su boca mientras con sus manos acariciaba sus pechos redondos y llenos, esos que tenían el poder de quitarle toda la calma.

-Terry... soñé tanto con este momento... pensé que nunca volvería a vivir esto... Te amo tanto... Yo no podría ser de nadie más que no seas tú.

Le dijo ella cargada de pasión y devolviéndole un beso intenso. Le quitó la ropa a él y acarició exitantemente cada centímetro de ese cuerpo que la hacía ir al cielo y traerla de regreso. Le rozó la oreja con su lengua y luego le besó y succionó el cuello dejándole una marca, misma que lo encendió increíblemente. Cuando ella bajó para atrapar con su boca esa parte que se erguía orgullosa ante sus ojos, tan duro y perfecto, las pupilas de él se dilataron y fuertes gemidos se escaparon de su garganta.

-Candy... quiero hacerte mía... ahora... ¿puedo?

-Eso es lo que prentendo, no tarde más, por favor.

Le dijo ella conduciéndolo a la cama y poniéndose a horcajadas sobre él.

-Princesa... no traje... podrías quedarte embarazada...

-Eso espero, mi amor. Hazme otro niño igual de hermoso.

En una mágica danza, Terry se encargó de cumplir su deseo que ahora también era el de ella. Estaba feliz con su vida, con la maravillosa mujer que tenía a su lado, en sus brazos... sobre él. La que le había dado el regalo más preciado que era su hijo y que si Dios quiere lo bendeciría nuevamente con otro bebé, porque sólo con ella él quería que todo eso fuera posible.

Continuará...

Holaaa! Espero que este capítulo les haya gustado. Agridulce como los anteriores, pero ya estamos llegando a los puntos culminantes.

Me dejan saber su opinión con un review y sus puntos de vista sobre los cambios y sorpresas que han habido...

Wendy