Amor de verano
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 26 Navidad Boricua
Advertencia: Este capítulo contiene escenas de carácter sexual y ciertas situaciones que preferiblemente desearía sean leídas e interpretadas por un adulto, no me refiero al acto sexual a continuación, a ese deben estar ya acostumbradas, sino a uno que habrá más adelante, casi al final. Esta marcado con su advertencia y enegrecido. Sobre aviso no hay engaño, si no hay inconvenientes, disfruten la lectura.
Un mes había pasado desde la fabulosa reconciliación de Candy y Terry. Jeremy estaba en sus adorables cuatro meses, más guapo y más engreído que nunca, padecía de mamitis aguditis y Candy casi no podía hacer nada, pues entre ella y Terry habían hecho del pequeño un ñoño de primera, pero sarna con gusto no pica, Candy vivía enamorada de su arrogantito que cada vez se parecía más a su padre.
-Me pregunto, charlatán, qué vas hacer cuando nazca el nuevo bebé, ya no estarás todo el tiempo en los brazos de mamá.
Le dijo Terry a su hijo que sonreía pícaramente sin saber que su hermanito o hermanita ya estaba en camino.
-No le digas eso, Terry. Mami todavía es todita tuya, ¿verdad, mi amor?
Lo defendió ella y lo cargó, pero cuando quiso devolvérselo a Terry hizo una perreta de madre.
-¿Y yo dónde quedo? Ya ni caso me haces.
-No seas exagerado, Terry, por "no hacerte caso" es que tengo dos meses de embarazo otra vez. Si este bebé también es un niño, pobre de mí. Tres Grandchester celosos y engreídos no sé si pueda soportarlo.
Dijo Candy acariciando su tierna barriguita que aún no se notaba.
-Creo que me dijiste que te hiciera otro niño igual de hermoso...
-Sí y más vale que lo sea porque tanto insististe hasta que me convenciste.
-No te preocupes, princesa, puedo seguir haciéndotelos hasta que salga como tú lo quieres..
-Ni lo sueñes, Terrence Grandchester.
Dijo Candy mientras se planchaba el pelo que había mantenido del mismo largo porque a Terry le gustaba así y su hijo se divertía mucho halándoselo. Estaban preparándose para la fiesta navidad que sería en la casa de los Grandchester. Rosemary, estaba un poco mejor, pero aún no salía del hospital, ni William ni Candy querían pensar en fiestas, pero Rosemary les suplicó que disfrutaran, que sus nietos merecían una encantadora navidad y que celebraran la vida, terminó por convencerlos..
-Te ves tan hermosa, Candy. Definitivamente todos nuestros hijos saldrán hermosos.
Le dijo Terry de pronto abrazándola por la cintura y luego besó el lugar donde crecía su segundo bebé, que era tan consentido, deseado y esperado como Jeremy.
-Y tú te ves tan arrebatadoramente guapo, mi amor. Cuando me miras así con esa sonrisa retorcida... te juro que te dejaría hacerme diez hijos más.
-Eso podemos solucionarlo, mi amor...
Terry se acercó a ella muy seductoramente y la envolvió en un arrollador beso que la hizo perder el conocimiento por un momento haciendo que se olvidara de peinarse y sólo se dejara llevar por esa boca que la hacía perder la razón.
-Terry, mi amor... tenemos que llegar en una hora... y todavía.. ahh... mi amor no me hagas eso... tengo que terminar con mi pelo...
Él seguía lamiéndole el cuello y el lóbulo de la oreja para luego bajar con sus labios a sus pechos y sus dedos se habían abierto paso por sus braguitas negras de encaje.
-Lo siento, princesa... llegaremos tarde... ahora tienes que consentirme a mí.
-Pero, mi cielo es que... ahhh... por favor... no hay tiempo... tengo que... ahhh.
A Terry no le importaban un comino las razones de Candy. La silenció con otro beso arrollador y con uno de sus dedos jugueteó sin piedad en su espacio más íntimo. Perdiendo por completo la razón, ella comenzó a gemir, se preguntó cómo hacía Terry para convencerla siempre de todo. Como ella también sabía jugar muy bien ese juego, lo tiró a la cama donde empezó a despojarlo de toda su ropa. Se colocó dentro de las sábanas encima de él y lo comenzó a llevar al delirio con todo lo que su boca podía hacer en cierta parte de su anatomía.
-¡Dios! He creado un mounstro.
Dijo Terry disfrutando como nunca de las habilidades de su mujer. Definitivamente no se arrepentía de haberla conocido.
-Dijiste que querías llegar tarde, cariño.
Le dijo Candy maliciosa sin dejar de torturarlo con su boca.
-Pero al paso que vas, amor, creo que no vamos a llegar nunca.
Y dicho esto, Terry, tomándola de la cintura, la sentó sobre él para que ella se me moviera, pero quedando ella de espalda a él para poder comtemplar su silueta perfecta y una vista panorámica de su espalda y su trasero. La siesta de Jeremy fue muy oportuna para estos dos. Candy se movía sobre Terry con vehemencia haciéndolo delirar y gemir mientras él la sujetaba de las caderas para tener más presición.
-Mmmm... Terry... No sé qué me has hecho... pero ahhh... Dios mío... ahhh...
-Amo todo de tí, Candy... tu cuerpo es... perfecto...
Terry la levantó y se puso de pie para posicionarla a ella en cuatro y tomándola firme, pero sin brusquedad del pelo, comenzó a embestirla con más fuerza arrancándole gritos avasallodores que lo estaban enloqueciendo y nublando todo el sentido.
-Terry... ahhh... más fuerte... me gusta... ahhh...
-¿Más fuerte, cariño? ¿así o más?
Le dijo Terry enrronquecido y dándole aún más fuerte. Acarició un instante su trasero y luego le dio una nalgada que la encendió más por la sorpresa. Cada uno sabía cómo despertar los más bajos instintos del otro.
-¿Me he portado mal, amor?
-¡Uy sí! Muy mal... tengo que castigarte...
Le respondió dándole otra nalgada, pero sin exagerar mientras entraba y salía de ella sin piedad.
-Mi amor, creo que... ah... ya no voy a poder más... ummm... ahhh...
Los gritos y gemidos de ella y el vibrante orgasmo que Terry presenció lo hizo llegar casi junto con ella en la misma explosión. Todo fue increíble. Eran una pareja creativa y apasionada en todo lo que hacían. Se amaban y deseaban con locura, todo en ellos era pasión, incluso sus peleas. No importaba que tan molestos estuvieran o cuántas ganas de matarse tuvieran, ahí... eran una sola alma en perfecta sincronía. Después de su magistral acto de pasión tomaron una ducha rápida y finalmente se prepararon para salir con un muy hermoso Jeremy ataviado en su ropita de navidad y su gorrito parecido al de Santa Claus.
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-Allie... mi amor... ¿No vas arreglarte?
-No quiero ir, Jimmy. Por favor... ¿podemos quedarnos aquí?
Dijo Allie muy triste, pues hacía un mes se había deprimido bastante y sólo se mostraba alegre cuando estaba con Dylan que inevitablemente la hacía reir. Jimmy siendo policía estatal no tenía horario fijo y para esas fechas trabajaba mucho más, pero todo el tiempo libre se lo dedicaba a ellos y más ahora que Allie se había mudado con él definitivamente.
-Mi amor, no puedes ponerte así... no soporto verte tan triste. Eres muy joven y bella... tenemos mucho tiempo para seguir intentándolo...
-A lo mejor es una señal... porque voy a ser una mala madre...
A Jimmy se le rompió el alma ante ese comentario. Luego de que su prueba de embarazo saliera negativa ella se desilusionó profundamente y se asustó. Estuvo casi un año con su pareja anterior y a pesar de nunca haberse cuidado, nunca se embarazó, aunque por ese lado, le daba gracias a Dios, pero ahora era diferente... ahora sí lo deseaba.
-Allie, no digas eso nunca más, por favor. Eres y serás una madre excelente. Vamos a seguirlo intentando hasta lograrlo. El doctor ya te dijo que no tienes ningún problema, cariño, simplemente no se ha dado... pero no tienes por qué desesperarte tanto, mi cielo, a penas ha pasado un mes y eres muy jovencita... tal vez para el próximo mes ya tengas un hermoso bebé aquí...
Le dijo Jimmy lo más tierno y comprensivo que pudo pasando sus manos brevemente por su adbomen plano.
-Es que no es justo. Yo lo quería para navidad... para darle la sorpresa a Dylan... mi hermano ya va a tener su segundo hijo... mis sobrinos son tan hermosos... y yo también quiero un bebé...
Dijo ella desesperada y llorando, quebrando toda la voluntad de Jimmy que no deseaba nada más que poder cumplirle lo que ella tanto deseaba. Había soñado muchas veces con ver crecer dentro de ella un bebé de los dos y disfrutar de ese proceso como no pudo hacerlo con Dylan por todos los desplantes de su madre.
-Y lo tendrás, mi amor. Muy pronto. Es más... voy a contarte cómo será. Tendrá esos ojos azules como los tuyos y mi pelo... esta boquita deliciosa y mi nariz... Estoy seguro que será una niña hermosa como tú, así consentida y llorona.
-Pero yo quiero un niño así hermoso como Dylan o como Jeremy... ya somos muchas niñas en la familia incluyendo a Rossy...
-Entonces, princesa hermosa, que sea un niño guapo como yo.
Le dijo dándose importancia y haciendo que por fin ella riera.
-James... yo te amo tanto. Tanto, mi amor, gracias por llegar a mi vida. Por siempre saber qué decirme, apoyarme y soportarme en todo. Por cuidarme y consentirme tanto, aunque a veces me paso. No sé, de verdad, que sería de mí sin tí.
Alisson lo abrazó con fuerza y lloró en su pecho agradeciendo la bendición que Dios le había puesto en su vida, un hombre íntegro, que la protegía, amaba, respetaba y complacía con todo lo que estuviera a su alcance.
-Mi amor, yo soy el que tiene que agradecerte por entrar a mi vida. Me has dado ilusiones profundas y alegrías que no pensé volver a vivir. Mi hijo, lo que más amo en el mundo, es un niño más seguro y feliz desde que tú llegaste a nuestras vidas. La manera en que lo cuidas y lo mimas es algo de lo que nunca tendré suficiente para agradecer, has tomado una responsabilidad muy grande y el cariño y la entrega con la que la desempeñas no tiene precio. Eres lo más valioso que tengo, Allie.
Tantos momentos de felicidad
Tanta claridad tanta fantasía
Tanta pasión tanta imaginación
Y tanto dar amor hasta llegar el día
Tantas maneras de decir te amo
No parece humano lo que tú me das
Cada deseo que tú me adivinas
Cada ves que ríes rompes mi rutina
Y la paciencia con la que me escuchas
Y la convicción con la que siempre luchas
como me llenas como me liberas
quiero estar contigo si vuelvo a nacer
-Adoro a Dylan, Jimmy, estoy muy prendida de él, por eso me asusté tanto cuando vino su madre, pensé que de pronto todas mis ilusiones se vendrían abajo. Yo ya lo quiero mucho...
-Y él también te adora, mi amor. Eres su mami, eso no hay quien lo dude.
Le pido a dios que me alcance la vida
Y me de tiempo para regresar
Aunque sea tan sólo un poco de
Lo mucho que me das
Le pido a dios que me alcance la vida
Para decirte
Todo lo que siento gracias a tu amor.
-Si tengo un niño, voy a ponerle tu nombre, no le pondré otro, así que ya lo sabes.
Lo amenazó ella con mucha convicción y él se rió, siempre ella había expresado que su nombre le gustaba, así que no le sorprendía que se lo quisiera poner a su hijo.
-Le pondremos como tú quieras, preciosa.
El sentimiento de que no soy yo
Y que hay algo más cuando tú me miras
La sensación de que no existe el tiempo
Cundo están tus manos sobre mi mejillas
Como me llenas como me liberas
Quiero estar contigo si vuelvo a nacer
Le pido a dios que me alcance la vida
Y me de tiempo para regresar
Aunque sea tan solo un poco de
Lo mucho que me das
Le pido a dios que me alcance la vida
Para decirte
Todo lo que siento gracias a tu amor.
Que me da la luz
Que hace despertar
Que me aleja de la oscuridad
Que me llena de calor el mundo
Para que no pierda el rumbo
-Trataré de ser la mejor mami del mundo, por tí y por Dylan.
-Pues si aún lo dudas, mira esto. ¿Dylan?
Lo llamó Jimmy y él fue corriendo a donde ellos.
-¿Quién es ella?
Le preguntó Jimmy señalando a Alisson.
-¡Mami!
Gritó el pequeño y se arrojó como un torbellino a sus brazos. Definitivamente ella adoraba a ese niño y el amor era mutuo. El ser humano se queda donde le dan cariño, le había aconsejado su madre, pues admiraba y se sentía orgullosa de su hija que a pesar de su juventud e inexperiencia estaba haciendo un buen trabajo con ese niño que había nacido de lo más profundo de su corazón.
-Que guapo estás, mi cielo.
Dijo ella al ver lo hermoso que estaba Dylan con su pantaloncito caqui y sus zapatitos marrones, un suetercito crema con un chalequito de lana por encima en colores crema, marrón y vino. Le habían puesto una graciosa boinita, adorable y guapo como su papi.
-Ahora, princesa consentida, usted vaya a ponerse más hermosa de lo que es porque tu familia nos están esperando.
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-Vamos, Annie, sólo mantente hacia la derecha. Estás haciéndolo muy bien. Eso es, ahora... frena, frenaaaaa.
-¡Ya! Si continúas gritándome no quiero que me enseñes más.
Dijo Annie muy molesta mientras John le daba lecciones de conducir en su auto ya que pronto sacaría su licencia. Él gritó porque ella iba a chocar con un árbol, no porque estuviera molesto, el grito fue sólo una reacción involuntaria al percivir el peligro.
-Annie, no te pongas así, estás haciéndolo muy bien, pero estuviste a punto de destrozar mi carro en ese árbol. Además, si no logras sacar la licencia la próxima semana, no te daré una sorpresa que tengo para ti.
La amistad entre los dos se había hecho más fuerte, él dejaba que las cosas fluyeran, no la presionaba, ni se le insinuaba, aunque estaba claro que las tentaciones siempre estaban presentes, para ambos. John había estado tentado a besarla muchas veces, pero la inseguridad no se lo permitía y Annie sufría también porque él no tenía idea de lo mucho que ella deseaba probar esa boca que debía tener el delicioso sabor de la experiencia.
-Claro que no está bien, casi arruino tu carro.
-¿Tú crees que si lo hicieras mal te dejaría practicar nada más y nada menos que en mi Maceratti?
Definitivamente no, pensó ella. La mirada sincera de él le dio confianza, bueno él le daba confianza en todo, con él cada paso era seguro. La dejaba ser ella sin importunarla por su a veces comportamiento aniñado, porque aunque todavía guardaba algo de su inocencia infantil, ella no era ya una niña impulsiva e inmadura. La experiencia con Archie la hizo crecer, aunque de una manera dolorosa. Ahora se había planteado bien lo que quería en la vida. Seguir estudiando, pues siempre había dicho que sería maestra pre-escolar y lo estaba logrando, a ella le gustaban mucho los niños, al igual que a toda su familia, eran personas cálidas, hogareñas y que amaban estar en familia. Podía decirse que ya no pensaba casi en Archie, no como antes, se había resignado hace mucho y aunque ella no lo reconociera totalmente, sus pensamientos estaban muy bien ocupados con alguien más. Su tiempo también.
-¡Ay Dios! ¿Qué hora es?
-Las seis, ¿Por qué?
Contestó tranquilamente John sin darle la menor importancia al asunto.
-¿Cómo que por qué? Tenemos la fiesta de navidad con los Grandchester, John, ¿o es que ya no quieres ir conmigo?
-Claro que voy contigo, niña hermosa, además sabes muy bien que conosco a los Grandchester desde siempre, he sido doblemente invitado, cariño.
Le dijo él fingiendo prepotencia y ella le dio su sonrisota natural e infantil que tanto lo desarmaban.
-Pues que bueno. Ponte más guapo de lo que eres para que Santa te traiga todo lo que pediste.
Le soltó ella con su coquetería inocente y natural.
-¿Y tú, niña linda, qué le pediste a Santa?
-Pues... yo le pedí para esta navidad... un cariño nuevo, como dice la canción.
Él no pudo reaccionar por unos instantes. Sus pensamientos se fueron muy lejos. Sólo esperaba ser ese nuevo amor, eso era buena señal, ya no estaba pensando en su ex y además ella volvía a brillar como antes, ya no estaba deprimida, al contrario reía sola como una boba y Patty se la montaba por eso a cada rato.
-¿Y cómo sabes que Santa te lo va a traer?
Preguntó con maliciosa curiosidad y mirándola intensamente haciéndola intimidarse ante toda su imponencia, y es que a diferencia de Archie, el que estaba frente a ella, era un HOMBRE. Con todas sus letras y sílabas, además uno endemoniadamente guapo y sexy.
-Pues porque le he pedido una señal.
Le contestó ella guiñándole un ojo y él hizo un gran esfuerzo por no comérsela a besos ahí mismo.
-¿Y cuál fue esa señal, señorita?
Tú, adorablemente tú
inconscientemente tú
me provocas sin saber ni lo que quieres
Yo, pecadoramente yo
invadido ya de amor
dejo que me asedies ¿porqué no?
Sedúceme
insultantemente bella
inocentemente cruel
ámame, úsame
no pienso defenderme
no, pues no sabes lo que haces
si lo sabes, cállate
ámame, úsame
-Eres muy curioso, John. Pero te diré... hoy... mi nuevo amor... me tendrá que dar un beso entre un periodo desde este preciso instante hasta la medianoche, si no ocurre... pues Santa me falló.
Dijo haciendo un puchero como una niña caprichosa. Que el diablo se lo llevara, pensó John porque ese beso ya estaba reservado. Para él...
-¿Y si tu nuevo amor no te da el beso a la media noche...?
Le dijo con los ojos llenos de picardía, pero ella no se dejó.
-En ese caso... si Mahoma no va a la montaña... la montaña va a Mahoma, querido.
Argumento que John no pudo debatir porque unos carnosos e inocentes labios se posaron sobre los suyos, bueno estando en el carro de él... hasta ella estaba casi encima suyo. El beso de ella comenzó siendo pausado en lo que él reaccionaba, sólo roces de labios y chupaditas sutiles hasta que él por fin tomó el control y quitándole el cinturón de seguridad a ella la acercó más hacia él para darle el beso con que él llevaba tanto tiempo soñando. La sostuvo fuerte de la cintura y empezó a juguetear con su lengua sobre sus labios hasta que ella lo dejó entrar en su boca. La forma en que esos labios varoniles y experimentados se movían sobre los de ella y su lengua tan audaz hicieron que dentro de ella estallaran miles de sensaciones que no había conocido jamás y que la estaban llevando a la perdición. Jamás en su vida ella pensó que se podía besar de esa manera... Por Dios que ese hombre la estaba arrastrando hacia su alma cada minuto de su vida. Le estaba haciendo falta el aire, pero respirar ya no importaba mientras esa boca y esa lengua estuvieran sobre la de ella, no existía nada más en el mundo. John seguía besándola con una pasión que no había conocido y ella con su sutileza e inocencia lo había dejado totalmente indefenso. Le encantaba como ella trataba de seguirle el ritmo, cómo se esforzaba para seguirle el juego apasionado y sin tregua que sus bocas habían iniciado.
Tú, tentadoramente tú
deslumbrantemente tú
me desarmas con tu piel de quinceañera
Yo, encendidamente yo
empapado de tu olor
ya no sé quién usa a quién, mi amor
Sedúceme
insultantemente bella
inocentemente cruel
ámame, úsame
no pienso defenderme
no, pues no sabes lo que haces
si lo sabes, cállate
y úsame
A regañadientes y por no perder el control, John fue bajando la intensidad del beso, pues ya le costaba bastante mantener sus manos quietas en la cintura de ella, así que poco a poco, se separó de ella.
-¿Cumplió Santa con tu regalo, hermosa?
-Más que eso. ¿Quieres ser mi novio, John?
Ahora sí que se quedó con la boca abierta como un buzón. Primero ella lo besa y ahora ella es la que le pregunta si quiere ser su novio.
-Sólo si ya me has comprado mi anillo de compromiso.
Le bromeó él, pues sería el colmo, pensó.
-¡John! Si no quieres, sólo di que no...
La silenció con un beso muy parecido al anterior como toda respuesta.
-Claro que sí, niña hermosa, sólo te pido ser yo el que haga la proposición de matrimonio, no te me adelantes también en eso, por favor.
-No... eso ya te lo dejo a tí. Como ahora eres mi novio, vas a llevarme a casa para ponerme muy linda y luego vendrás por mí para ir a casa de nuestros amigos los Grandchester.
Eso le sonó a órden a John, una que él acataría sin ningún problema. La adoraba, no había duda. La chiquilla lo había doblegado por completo y él la llevaría al fin del mundo.
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-No me digas que vas a quedarte aquí todo aburridote, por favor, estamos todos invitados, la pasaremos genial, como en los viejos tiempos. Además... es navidad, arriba esos ánimos, Scrooge.
-Ese es precisamente el maldito problema. Que todos estarán ahí incluyéndola a ella. A ella y a su fastidioso acompañante.
-¿Y eso a tí que más te da? Que sepa yo, tú tampoco careces de compañía.
-No te hagas el gracioso, sabes que no es lo mismo. ¿Por qué tuvo que aparecer ese a quitármela?
-¿Quitártela? Eres el colmo del egoísmo y el cinismo, Archie. La mandas al diablo en todas las formas e idiomas y ahora resulta que "te la quitaron".
Stear perdió la pasiencia con su amargado hermano. Archie frustrado dio un puñetazo sobre la mesita de la sala.
-Todo fue su culpa. Ella me dejó, ¿recuerdas?
Le espetó cargado de ira, pero esta vez, Stear le diría sus cuatro verdades aunque a él le doliera.
-Claro que me acuerdo. También me acuerdo de las dosmil veces que te llamó desde el día siguiente arrepentida. Me acuerdo de toda las veces que me pediste que le dijera que no sabía nada de tí y yo tenía que verla cómo se iba cada día con el corazón roto. No sabes las ganas inmensas que me tentaban de decirle dónde estabas cuando la veía llorar desesperada. El remordimiento tan grande cuando me entregaba cada carta para que te la enviara, las cuales nunca tuvieron contestación y que ella seguía enviando sin rendirse. Fueron tantas las veces que suplicó para que yo intercediera por los dos y yo por lealtad a ti, no hice nada y la dejaba partir quebrada en llanto. Ocho meses, hermano, ocho meses de tortura vivió esa pobre chica por tí, por tener tu perdón. ¿No te parece que te excediste con tu castigo? Era bueno hacerse el interesante por un momento, pero, coño, ¿un año, Archie? ¿Qué pretendías? Estuviste escondido aquí dos meses y fuiste testigo de la veces que ella venía a preguntar por tí y yo tenía que decirle que no sabía nada. Tuve que mentirle a Patty para no hacerte quedar mal a tí, no sabes todo el problema que eso me trajo con ella, se sintió traicionada. Cuando al fin decides aparecer, porque Patty y yo te suplicamos, en vez de dar ya tu brazo a torcer si tanto la amabas... no, la humillaste a más no poder, le pisoteaste el orgullo y muy "maduramente" le restregaste a tu amiguita todas las veces que te fue posible. ¿Pensaste que su paciencia nunca se acabaría?
Stear no tuvo piedad de él, ya era hora de que lo bajaran de esa nube, ahora, su caída sería estrepitosa.
-¡Ella me lastimó primero!
-Eso no hay quien te lo discuta. Nadie niega que hayas sufrido, pero puñeta, Archie, te buscó inmediatamente al siguiente día, sufriste todo este tiempo porque quisiste, no porque ella no te buscara, porque mira que lo hizo hasta el cansancio. Si hoy no está contigo, fue porque tú así lo quisiste. Lamento decirte esto, hermano, pero tú solito la alejaste de tu vida, tú la empujaste a los brazos de quién le dio cariño, comprensión, esperanza. Alguien que le dio una oportunidad... y el amor que tanto te suplicó y que tú le negaste. Ya no te engañes más, Archie. Ella te amó y mucho, lo sé yo que he estado a su lado todo este tiempo y con su hermana. Ella es una chica hermosa y especial, fue un milagro que estuviera sola todo este tiempo. Porque estaba esperándote a ti, pedazo de tonto.
La realidad golpeó de pronto a Archie y se puso a llorar como un niño. A Stear le conmovió mucho la forma en que él estaba decayendo, pero tenía que decirle la verdad y lamentó no haberlo hecho antes.
-Entonces... la he perdido... ¿crees que ya me olvidó?
-Eso, hermano, tendrías que preguntárselo a ella. Puede que aún haya algo y puede que no. Si te soy sincero, creo que ya comenzó hacerlo. Mi consejo personal... es que te quedes solo un tiempo y cures tu corazón como lo hizo ella, lamentablemente tu amiguita Melissa no será la que pueda ayudarte, ella es sólo para pasar un buen rato y lo sabes. La relación que tuviste con Annie se dañó demasiado y tal vez no tenga arreglo, intenta hablar con ella, si se te da el milagro... adelante, sino... adelante también e intenta ser feliz por tu lado como lo hizo ella.
Con las últimas palabras, Stear se fue para recoger a Patty y el pobre Archie, se quedó en la villa con todas sus penas y sus pesares. Con el remordimiento y la culpa que lo atacaban sin piedad.
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La casa Grandchester era majestuosamente hermosa. Gigantescos y perfectamente cuidados jardines. Arbustos adornados de lucecitas navideñas. En la amplia y hermosa sala había un monumental árbol de navidad natural. Magnificamente decorado por Heidi y Eleanor. No cabía un regalo más debajo de él, mismos que serían abiertos a la media noche, como era la tradición. En la mesa había un delicioso lechón asado con su rico cuerito. Arroz con gandules, pasteles de yuca y plátano, ensalada de papa y de coditos, turrón, arroz con dulce, tembleque, pie de calabaza. En otras mesas también habían nueces y avellanas, racimos de uvas y varias manzanas rojas. Sin contar que en el jardín de la entrada habían hecho todo un polo norte con nieve artificial y muñecos inflables con motivo de navidad, todo inspirado en los nietos adorados de los Grandchester, los cuales eran dueños de la mayoría de los regalos.
Candy quiso cargar a su sobrina adorable Rose Marie que estaba ataviada en un hermoso trajecito de seda rojo vino con su lazo, zapatos y guantecitos a combinación, pero William no se la había cedido a nadie en ningún momento, sólo a Paula cuando tenía que alimentarla. Dado que se habían quedado sin hija, Paula y Albert se adueñaron de Jeremy, que feliz y coqueto se reía con ellos, claro, mientras estuviera de brazo en brazo, con él no habría ningún problema. La dulce Heidi se había encariñado con Dylan al verlo llegar de la mano de Alisson. Heidi que ya tenía diesiocho años, aunque su condición la hacía ver menor, se había convertido en una hermosa señortia. La sorpresa era que ella sería la anfitriona.
-Hola a todos. Quiero darles la bienvenida a la familia White a nuestra humilde morada. Lo mismo para Eliza y Tom y para Jimmy y John.
Dijo Heidi con el micrófono en la mano y con Dylan cargado.
-Para encender este velorio, es decir, esta fiesta. Hay que cantar las truyas navideñas y los vecinos que se fastidien, que llamen a la policía si quieren porque no vamos a parar. Así, que todos, vamos, a cantar.
Eleanor estaba orgullosa de la soltura de su hija menor y sobre todo de lo orgullosa que cargaba y bailaba con Dylan en sus brazos y no pudo evitar imaginar que algún día su pequeña también se casaría y tendría hijos, su condición no sería impedimento, ella era bella, inteligente, lista y especial. En la pantalla del karaoke apareció la letra de la primera truya.
Todos cantaban a coro:
-Dame la mano paloma..
-Pa' qué, pa'qué
-Para subir a tu nido
-Que me han dicho que estás sola,
que me han dicho que estás sola
y acompañarte he venido.
Entre aplausos y risa por Dylan tratando de cantar la canción, la reunión no podía ser más feliz. Ver a William abandonando su tristeza al menos un momento y cantando con su nieta en brazos, no tenía precio. Siguieron cantando:
-El lechón se coge, se mata y se pela
-Se pone en la vara y se le da candela
-Eso, es sigan cantando, que viene otra.
Dijo Heidi luciéndose como anfitriona.
-Traigo esta truya para que te levantes
esta truya está caliente
esta truya está que arde...
-Bueno... llegó el momento de irnos...
Volvió a decir Heidi, por lo que esa vez, haciendo el gesto de irse entonaron:
-Vámonos, vámonos
que la parranda se acabó
Que no, que no, que no
que no me da la gana
que no me voy de aquí
hasta por la mañana
Con las últimas líneas de esa truya todos retrocedieron hacia adentro nuevamente y Heidi volvió a tomar el micrófono.
-Como no puede faltar la bomba en Puerto Rico, y yo supongo que todos somos expertos en bombas y rimas... llegó el momento más divertido de la parranda. ¡La bombaaa!
Por tanto todos cantaron a coro:
-La bomba ay que rica eh eh eh
me sube el ritmo por los pies, por los pies
mulato, saca tu trigueña
pa'que baile bomba, bomba puertorriqueña
bomba...
Fue el turno de Eleanor para rimar su bomba:
-Ayer te encontré en la plaza,
me miraste y te grité
cenicienta ve a tu casa
antes de que te conviertas
en una calabaza.
-¡Bomba!
Gritaron todos a coro por la perfecta rima de Eleanor. Entonaron nuevamente la canción y fue el turno de William para hacer su bomba:
-En esta fiesta navideña
mi nuera festeja como quinceañera
mientras yo aquí
le tengo que hacer de niñera.
-¡Bomba!
Gritaron todos riendo ante la ocurrencia de William White. Entonces fue el turno de Albert para hacer su bomba:
-No sé de rimas, no sé de bomba
busquen a otro...
Ante la falta de creatividad de nuestro querido Albert, todos cantaron a coro:
-No sabe na', no sabe na'
no sabe na' de bomba
de no sabe na'
Después de burlarse de Albert por un buen rato, llegó el turno de Terry:
-En la playa me encontraba yo
cuando un rostro pecoso me hechizó
tuvimos un hermoso niño
y en camino está el dos.
-¡Bomba!
Manera peculiar de darles la noticia a todos los demás que estaban más que sorprendidos, pues sólo unos pocos lo sabían. Lo más bello sucedió cuando fue el turno de Stear:
-En esta linda noche la luna reposa
mientras yo me pregunto
si esta linda chica
quisiera ser mi esposa.
-¡Bomba!
Gritaron todos menos Patty que no salí de su estupor. Stear se había arrodillado ante todos con su flamante anillo en las manos extendiéndoselo a su novia que parecía no poder articular palabra.
-No irás hacerle un desaire a este pobre chico, hija.
Dijo el padre de Patty y Annie, George, que ya retirado del Navy, no se perdía ni un quince, mientras que Elroy derramaba lágrimas de emoción.
-Claro que sí, Stear. ¡Sí!
Gritó con emoción y con una sonrisa radiante, mientras la multitud gritaba:
-Awwwwww... Beso, beso, beso, beso.
Lo que no sabían era que a esta pareja no había que rogarle mucho y se dieron un beso novelístico en frente de todos. Luego todos felicitaron a la pareja y el que no había tenido tiempo para saludarse al llegar, lo hizo en ese momento.
-Jonh, que sorpresa verte aquí después de tanto tiempo... y muy bien acompañado.
Dijo Paula saludándolo efusivamente a él y a Annie. Albert ya no sentía celos de él, pues él le había abierto los ojos a Paula para que lo perdonara y como Paula nunca supo lo enamorado que él estuvo de ella en un tiempo, no le dio la mayor importancia a nada. Pero unos ojitos azúl profundo se percataron de muchas cosas y luego de saludar, disimuladamente se apartó sin que nadie se diera cuenta, ni siquiera John.
-Lo siento, hermanita, ya dame a mi hijo, porque William no me quiso ceder a Rossy.
-Pero Terry... yo casi no lo veo...
-Y yo siento decirles que ahora no lo tendrán ninguno de los dos, porque él es mío. ¿Verdad, bebé?
Descaradamente, Alisson le quitó a Jeremy a Paula, dejando a Terry con los brazos extendidos. Se fue con Jeremy en brazo a donde estaba Jimmy que también cargó al niño, mientras Terry y Candy se adueñaron de la pequeña Brianna dejando entonces a Tom y a Eliza con los brazos vacíos. De esta manera los bebés siguieron pasando de brazo en brazo y los que menos los disfrutaron fueron sus respectivos padres, pues cuando William soltó a Rossy, Eleanor la aprovechó y cuando Alisson soltó a Jeremy, Richard lo aprovechó y Brianna pasó a los brazos de Stear y Patty, que si todo seguía en pie, en un futuro tendrían hermosos niños también.
-¿Tan rápido te aburriste de mí, niña hermosa?
John sorprendió a Annie en el jardín sentada en un banquito jugueteando distraíada con la nieve artificial de la decoración.
-No me aburrí... es que... debiste decírmelo.
Le espetó de pronto y él no entendió.
-No te entiendo, mi niña, me lo podrías explicar, por favor.
-Que la mujer de mi primo era tu amor imposible.
Le gritó llena de reproche y con los ojos enfurecidos. Él no entendía cuél era el problema con eso, pero sí que le encantó verla así furiosa y celosa.
-Annie... te expliqué muy bien, que eso ya pasó... ahora ella es muy feliz y yo también. No me afecta verla ya porque tengo muy buena...
-¡Claro que sí! Porque ella es mayor y más guapa y seguramente no hace berrinches y sabe qué hacer en la cama...
Lo último se le escapó por puro coraje y se arrepintió de haberse puesto en evidencia. Él se acercó a ella sin molestarse ni un solo momento, ella le pareció tan adorable y respiró profundo para no besarla en ese momento.
-Seguramente, niña hermosa. Pero resulta que unos ojitos azules me gustan mucho más y que prefiero estar comiéndome a besos a mi niña berrinchuda que pensar en un amor de mi adolescencia y si mi niña hermosa me lo permite algún día voy a enseñarle todo lo que necesita saber de la cama.
Le contestó sonriéndole y mirándola con adoración. La dejó sin palabras. Él supo manejar la situación muy bien y no se bajó a su nivel como lo hubiera hecho otro cuyo nombre no vamos a mencionar.
-Lo siento... volví a portarme como una niña boba, es que...
-Eso no fue de niña boba, eso fue de una mujer... muy celosa.
Le espetó pícaramente.
-¡No estoy celosa!
-Uy, perdón... me pareció que sí...
Le dijo pellizcándole la nariz, pero a ella no le hizo ninguna gracia.
-Eso es, búrlate. A ver cómo reaccionas tú cuando mi ex me abrace y...
Se viró la tortilla y a John se le esfumó la sonrisita burlona que tenía en su rostro. Se acercó a ella mirándola seriamente y con expresión bien encendida.
-Dime una cosa, niñata malcriada. Tu ex... ¿Te abrazaba así?
Le dijo abrazándola de espalda por la cintura y susurrándole en el oído mientras su aliento y su respiración le hacían cosquillas en el cuelo provocándole un escalofrío y estremecimiento increíble.
-Pues no... él...
-¿Te besaba así?
Esta vez se giró para estar frente a frente a ella y la pegó como un imán hacia él para darle el beso más ardiente y apasionado que sus inocentes labios hayan probado. Su boca era devorada sin piedad mientras unos fuertes y firmes brazos la tenían bien sujeta de la cintura. Esos labios sensuales y su experiencia la estaban llevando a delirar, muy pronto, ella querría más, pero él la soltó de pronto y ella respondió.
-No... no me besaba así... este...
-Me alegro. Porque él es él y yo soy John y así es como abrazo y beso a mi novia, no a mis amigas ni a mis antiguos amores, ni a nadie más.
Que Dios se apiadara de ella, pensó Annie, porque ese hombre había llegado para quedarse.
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ADVERTENCIA:
Este episodio, aunque corto, contiene escenas de lenguaje fuerte sexual un poco obseno, se basa en violencia doméstica y abuso sexual, si alguna de ustedes ha sido víctima de alguna situación semejante, o son sensibles a estos asuntos, les pido encarecidamente que no lean el episodio y brinquen al párrafo siguiente a este.
-¿Dónde diablos estabas?
-Con mi familia...
-¿Y tú piensas que yo soy un cabrón, verdad? ¿Piensas que este ratón ya se comió el queso, puta barata?
Expresó él con una furia asesina propinándole un bofetón que la hizo caer y golpearse la mejilla con el filo de la mesa del comedor. Asustada, se levantó y temblando, trató de explicarle.
-Estaba con mi familia. ¡Por Dios! ¡Es navidad!
-¡Me importa un carajo! No vas hacer lo que te de la gana, ¿me oíste? ¿No querías ser mi perra? Ahora, atiéndeme como se debe. Tengo hambre.
-Yo te... te tra-traje co-comida...
Respondió ella con un pánico que daba lástima y extendiéndole unos platos desechables de comida muy bien acomodados y sellados que había traído de la casa de sus padres.
-No quiero esta mierda, a mi no me vengas con sobras recalentadas.
Él de un manotazo le tiró todos los platos al suelo haciendo un desastre de comida por todo el piso y ella se extremeció pensando que el manotazo sería para ella.
-Es que yo... no sé cocinar, si quieres puedo calentarte...
-¿Ah... no sabes cocinar? Pues ven aquí para que aprendas, perra inútil.
Del pelo, la arrastró hasta la cocina y de un empujón la soltó haciendo que casi se coma los gabinetes, donde su nariz sangró en uno de ellos.
-Mark... por favor... ya no me pegues, por favor... te lo suplico.
Una estropeada y patética Karen imploraba por compación tirada en el suelo, ya sin voluntad de levantarse.
-¿No quieres que te pegue? Aprende a ser una mujer entonces. Si en media hora, mi maldita comida no está lista voy a limpiar todo este mugroso piso contigo. ¿Me has entendido?
Le dijo levantándola del piso con brusquedad. Ella le tenía un miedo que se moría. En los últimos dos meses su vida se había convertido en todo un infierno, estaba pagando las consecuencias de toda su maldad.
-Sí... yo... haré una sopa...
Respondió ella sumisamente, pues era lo único que sabía hacer, tomando en cuenta que era una sopa de cajita dónde sólo hervías el agua y echabas el contenido de la cajita. Mark se fue a la sala a ver televisión mientras Karen esperaba a que la sopa estuviera lista, pero todo su semblante estaba ausente. Ese hombre que conoció en un pub que frecuentaba todos los fines de semana y su cómplice para fastidiarle la vida a Terry y a Candy, la había consumido por completo, volviéndola insignificante y miserable, hasta su dinero había desaparecido por la falta de trabajo y el despilfarro de Mark que no trabajaba. Mark estaba tan absorto viendo un partido de baloncesto en la televisión, que por fortuna no se dio cuenta que la sopa se tardó más de media hora, evitándole a Karen otra paliza.
-Si tan sólo se te hubiera ocurrido algo mejor con qué fastidiar a Grandchester, ahora mismo no estaríamos comiendo esta porquería de sopa.
Le dijo él tomándo la cuchara con todo el desprecio del mundo.
-Ya se me ocurrirá algo mejor...
-¿Mejor? No creo que tu cabeza estúpida pueda planificar nada bueno. Yo ya sé qué es lo que vamos hacer. Le voy a dar a Grandchester por donde más le duele.
Dijo con autosuficiencia.
-¿Qué... qué piensas hacer?
Preguntó ella asustada y no muy convencida de querer aventurarse a fastidiar a Terry otra vez, por la prensa supo como había terminado su antigua novia Michelle, por eso nunca se atrevió a atacar directamente a Candy, optó sólo por plantar la intriga y como todo, le salió mal, pues Candy y Terry seguían juntos y en espera de otro hijo.
-Eso te lo diré después. Ahora... quiero tu culito en mi cama, espero esté mejor que esta mierda de sopa.
La levantó de mala gana de la silla y la arrastró hasta la habitación dónde la lanzó a la cama, le quitó la ropa a tirones y la acostó boca abajo. Se desnudó él rápidamente y sin esperar más comenzó a penetrarla brutalmente de forma anal haciéndola doblarse del dolor y que emitiera lastimeros gritos que podían partirle el alma a cualquiera, aunque ella fuera una desgraciada.
-Mark... por favor...no... por favor... no puedo más, detente... Es muy doloroso... te lo suplico, por ahí no...
Pero Mark era un animal y no le importaba sus súplicas, al contrario, mientras más ella le rogaba, con más ímpetu y violencia él la embestía. Cuando al fin terminó, se fue a bañar como si nada. Ella se quedó tirada en la cama en la misma posición, bañada en lágrimas, a penas respirando. En esos momentos no deseaba nada más que morirse, pues el infierno acababa de vivirlo en ese instante y no creyó que pudiera exisitir algo peor.
-Pronto, tendremos mucho dinero, querida. Pobre Grandchester...
Dijo Mark saliendo del baño y ella ni siquiera comentó ante su argumento. Se paró como pudo y se metió ella en el baño.
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A la mañana siguiente, Candy despertó con una opresión en el pecho, pero lo ignoró. Estaba más feliz que nunca, con su marido y sus bebés y recordando todos los acontecimientos de la fiesta de navidad que se acabó mucho después de la media noche.
-¿Tienes mucha hambre, mi amor?
Candy alimentaba a su hermoso bebé que no comía cuentos con su pecho en la mañana. Ella y Terry ya estaban listos, estaban esperando a Eleanor para que se quedara con Jeremy. Aunque era navidad, ellos trabajaban en una empresa de telecomunicación, así que siempre había trabajo, aunque Candy trabajaba porque quería, si eso la hacía feliz, Terry no iba a impedírselo, él no era un hombre egoísta y machista que pensara sólo en una cena caliente y fabricar hijos, aunque lo segundo no le molestaba mucho, sólo por el hecho de que le gustaban los niños como a toda su familia y él quería una familia como la suya, grande, unida y sólida.
-Mi amor, yo creo que este niño va a dejarte seca. No tiene tregua.
-¡Terry! Para eso es la leche, para que se la tome.
-Pues sí, pero que deje para su hermanito.
Candy respiró profundo, Terry era un caso especial, pensó.
-Buenos días. Hola, bebé hermoso. ¿Extrañaste a abu?
El niño le dio a su abuela su descarada y arrogante sonrisa cuando ella lo tomó en sus brazos. Terry besó a su hijo y se despidió. Candy hizo lo mismo. Cuando se montaron en el carro, Candy volvió a sentir la misma opresión. Decidió ignorarla nuevamente y siguió su camino.
-¡Hello! ¡Merry crhistmas, everybody!
-Felicidades, Neil.
Dijeron alegres Candy y Terry.
-¿Qué te trajo Santa?
Bromeó Candy.
-A mi ni me hablen de ese gordo barrigón, llevo tres años pidiéndole un novio y naki, naki. El pobre San Antonio lo traigo de cabeza desde hace mucho.
-¡Ay Neil! No sé qué sería de esta empresa sin tí.
Dijo sinceramente Terry muerto de la risa, en vez de poner la cara de fastidio que siempre ponía ante las ocurrencias de Neil.
-Disculpa, Terrence. Es tu mamá. Dice que es urgente.
Dijo su secretaria extendiéndole un teléfono con la llamada que había sido transferida hacia el área donde se encontraban, pues la voz de Eleanor era desesperada.
-Mamá... ¿qué pasa? ¿Qué?
Terry dejó caer el teléfono y Candy se alarmó.
-¿Qué pasó, mi amor? Habla.
-Candy...
Musitó él con lágrimas gruesas sin saber cómo decírcelo.
-Dime, Terry...
-Se... se llevaron al niño... lo... lo secuestraron...
Continuará...
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Hola niñas lindas! Espero que les haya gustado este capítulo. Sé que fue bastante fuerte, pero es que nos estamos acercando a la recta final y hay que culminar muchas situaciones. Espero que haya sido de su agrado, aunque algunas querrán matarme. Pero no se preocupen, ya saben que siempre hay una solución para todo. Espero hayan leído las respectivas advertencias, pues no quiero a ninguna ofendida aquí luego de que yo hice las respectivas advertencias. Recuerden que dentro de todo el romanticismo y fantasía, me gusta tocar temas reales y fuertes que vivimos en nuestra sociedad y estos son unos de ellos. Espero me acompañen hasta el final de esta historia y que continúe siendo de su agrado. Ahora sí, como siempre, las preguntas, jejeje.
¿Qué les pareció la navidad boricua?
¿Esa relación de John y Annie, va por buen camino... o se decidirá siempre por Archie? (Son preguntas por curiosidad, no es que les esté dando a elegir jejeje) Esta es mi forma de interactuar con ustedes.
¿Qué piensan de la peculiar propuesta de matrimonio de Stear?
¿Pensaron que ya Alisson estaba de encargo? Tal vez lo esté pronto. ¿Creen que por el momento está haciendo una buena práctica con Dylan?
¿Qué sexo piensan que tendrán el otro bebé de Candy y Terry? (No es elección, es que quiero saber cuántas aciertan, jejeje.)
¿Piensan que Karen está pagando caro toda su maldad? Lo que le espera a Mark también estará muy bueno.
Eso es todo, niñas, me contestan con un review, si van a contestar las preguntas, por favor, en oraciones completas, para saber a qué preguntas pertenecen sus respuestas sin tener que consultar el capítulo.
*Canción de Allie y Jimmy: "Que me alcance la vida" Sin Bandera
*Canción de Annie y John: "Sedúceme" Marcos llunas
Las quiero,
Wendy
