Amor de verano

Por: Wendy Grandchester

Capítulo 27 El secuestro

Candy no soportó la noticia y se desmayó. Llamaron una ambulancia y en una camilla de hospital se encontraba con la presión muy baja.

-¿Dónde estoy?

-Tranquila, princesa. Te desmayaste y estás en el hospital. Tu presión bajó mucho y tienes que calmarte lo más que puedas por tu bebé.

Las dulces palabras de Albert intentaban sin éxito alentar a su hermana. Albert tenía los ojos aguados, no quería saber nunca lo que era pasar el infierno que estaba pasando Candy. A él le dolía, porque era su sobrino y lo adoraba tanto como a su hermana, pero no podría decir que lo quisiera más que su propia madre.

-¡Jeremy! Mi bebé, Albert. Se llevaron a mi hijo.

Gritó recordando todo de golpe y rompiendo en llanto. Trató de levantarse bruscamente y casi se arranca el suero.

-Candy, por favor, cálmate, hazlo por tu otro bebé. La policía y todos los demás están en tu casa, los Grandchester han contratado a los mejores detectives. Van a encontrarlo. Jeremy estará de vuelta.

- ¡No me puedo calmar! Sabe Dios dónde lo tengan y quién. Dios mío, debe estar pasando hambre. Él sólo toma leche materna. Llévame a casa, Albert.

Albert no sabía qué hacer, ver a su hermana en ese estado y embarazada era algo realmente cruel. Lo peor es que hasta que el doctor no diera la órden y su presión no se normalizara, no se podía ir.

-Tienes que tener fe. Va aparecer. Esa gente sólo quiere dinero.

-¡Qué fácil para tí! Mi hijo debe estar asustado y muriendo de hambre mientras yo estoy aquí haciendo nada...

-¡Candy! Aunque estuvieras allá tendrías que esperar a que los detectives hagan su trabajo. Estás aquí porque no estás bien y tienes que pensar también en tu otro bebé. Yo mismo te llevaré a tu casa tan pronto el doctor lo indique.

Albert tuvo que hablarle con autoridad, aunque por dentro se estaba muriendo por la angustia de ella. La verdad era que todos estaban desesperados. La pobre Eleanor también tuvo que ser medicada por los nervios y por el puñetazo que el secuestrador le propininó.

-Lo intento, Albert, pero no puedo. Es sólo un bebé... ¿por qué alguien querría hacerle daño? Todo esto es mi culpa, yo... presentí que algo pasaría y aún así...

-Candy, por Dios, esto no es culpa de nadie. Apuesto lo que sea que la tal Michelle tiene a alguien haciendo esto. A menos que sea la imbécil de la Karen, son sus únicos enemigos...

-No creo que haya sido Michelle, esto me suena a Karen. Si a mi bebé le pasa algo, te juro que voy a matar a esa maltida perra.

Candy estaba desesperada y derrotada. Su histeria y su llanto eran horribles. Ningún padre debería pasar por un infierno así. La incertidumbre era grande. Quería mantener la fe y la tranquilidad, pero sólo pensar en todas las cosas horribles que podrían hacerle a su inocente bebé la angustiaba enormemente.

-Confía en Dios, Candy. Tendrás a tu bebé de vuelta, porque si no, yo mismo mataré al desgraciado que lo tenga. Ahora, por favor, intenta tranquilizarte. Voy a llamar a Jimmy a ver si han avanzado en algo. Por favor, cuídate y cuida al bebé.

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-A parte de Karen Villalobos y el tal Mark, ¿hay alguien más que pueda estar interesado en hacerles daño?

-¡No lo sé! Les he contestado mil veces las mismas preguntas.

-Terry, por favor, en estos casos, tienes que conservar la calma. Haremos todo lo posible.

Le decía Jimmy aunque compartía su mismo pesar, conocía a Candy desde siempre y él también era padre, le daba escalofrío sólo pensar que fuera él que estuviera en sus zapatos.

-Detective, ¿cuánto tiempo tenemos que esperar para que hagan la llamada?

Quiso saber Richard Grandchester. Habían revisado el apartamento de Karen y no encontraron nada, tal parece que se la había tragado la tierra.

- La llamada la harán en cualquier momento. Tenemos que estar preparados y abiertos a negociar. Lo primero es saber qué es lo que quieren...

Respondió el detective Manuel Ostolaza, quien tenía más de veinte años de experiencia en lo que hacía.

-Pronto tendremos noticias, Terry. Con la recompensa que has ofrecido... creo que hasta el mismo secuestrador se verá tentado a entregar al niño.

Alisson trataba de alentar a Terry, rogando a Dios que la recompensa de un millón que Terry había ofrecido por cualquier información que lo llevara hasta su hijo funcionara. La noticia ya había circulado por todos los canales locales.

Jimmy volvió a mirar el video de seguridad del complejo de apartamentos donde vivían y lo único sospechoso era un hombre vestido con camisa manga larga, jeans, una gorra y gafas que entró al lobby y luego de propinarle varios golpes al pobre guardia de seguridad que ya estaba un poco mayor, se adentró al ascensor y lo que hizo, lo hizo rápido. Pues cinco minutos después se le vio salir con Jimmy en los brazos muy apresuradamente. Gracias a las cámaras del estacionamiento, lo vieron subirse a una caminoeta destartalada en donde se vio como acomodó al niño de mala forma.

-Ya han pasado horas y el maldito teléfono no suena. Yo mismo iré a buscar a ese malnacido. Estoy seguro que fue él.

-Terry, cariño, tranquilízate. Sé cómo estás sintiéndote. Si quieres culpar a alguien, cúlpame a mí... yo no debí abrir esa puerta...

La pobre Eleanor sollozaba por la gran pena por la que estaba pasando su hijo y pensando cómo estaría el pobre Jeremy, en un lugar desconocido, sin sus padres y seguramente hambriento. Cuando por fin su celular sonó, todos se pusieron alerta. Los detectives habían traído una serie de modernos aparatos para rastrear la llamada y poder escuchar al secuestrador. Ya se les había dado a todos las respectivas instrucciones. Terry levantó el teléfono y antes de que él dijera algo, el emisor se le adelantó.

-Hi, Grandchester. I bet you must be desperate to get your baby back, don't you?

(Hola, Grandchester. Apuesto a que debes estar desesperado por recuperar a tu bebé, ¿o no?).

La voz ronca y en inglés perturbó a los oficiales y al mismo Terry, no podría reconocer la voz, pues no hablaba con casi nadie en inglés y menos con alguien que estuviera interesado en hacerle daño. Los detectives hicieron señas para que prosiguiera y así tener más suerte en rastrear el número. En ese momento Terry estaba siendo preso de un coraje y una rabia indescriptible.

- Just tell me your price, you fucking bastard. How much do you want?

(Sólo dime cuál es tu precio, maldito bastardo. ¿Cuánto quieres?)

-Good start, Grandchester, you like to go directly to the point. But I'll appreciate if you hold your horses, I make the rules here, ok?

(Buen comienzo, Grandchester, te gusta ir directo al grano. Pero, agradecería que bajes tus revoluciones, yo pongo las reglas aquí, ¿ok?)

Terry volvió a respirar profundo a punto de mandarlo al diablo, pero las indicaciones de los detectives se lo impidieron, a parte de que no habían logrado rastrear nada aún, era un teléfono desechable, pero si prestaban atención a toda la conversación, tal vez podrían obtener algo importante. Richard estaba visiblemente afectado mientras Eleanor y Alisson lloraban desconsoladas.

-Just tell me how much do you want, don't you dare to hurt my baby, if you just put a single finger on him, you could be sure that I will kill you...

(Sólo dime cuánto quieres, no te atrevas a lastimar a mi hijo, si le pones un solo dedo encima, puedes estar seguro de que te mataré...)

-Grandchester... You don't like to follow orders, right? I hope you do, because these are the rules: Don't envolve the police, this is between you and me. You're gonna pay me in cash, you must put the money in boxes and then take them to the dump at the adress I'll give to you, because there will be a truck to pick them up. You must be alone, if you get there with the police or someone else, your son will die. Don't play the hero, buddy, cuz your baby and your stupid girlfriend will pay the consequences. The amount is up to you, how much for your baby, Grandchester? I'll give you ten minutes to think about it.

(Grandchester... No te gusta seguir órdenes, ¿verdad? Espero que lo hagas, porque estas son las reglas: No envuelvas a la policía, esto es entre tú y yo. Me vas a pagar en efectivo, deberás poner el dinero en cajas y luego llevarlas al basurero en la dirección que te daré, habrá un camión que las recogerá. Debes estar solo, si te apareces allí con la policía o con alguien más, tu hijo morirá. No quieras ser un héroe, amigo, porque tu hijo y tu estúpida novia pagarán las consecuencias. La cantidad lo dedices tú, ¿cuánto por tu hijo, Grandchester? Te daré diez minutos para que lo pienses.)

El hombre colgó el teléfono inmediatamente. Terry dijo una maldición y pegó un puñetazo en la mesa. Las amenazas del sujeto le erizaron la piel a Alisson y a Eleanor. Richard comenzó a decir todo tipo de improperios hasta que por fin los detectives tomaron la palabra.

-Tranquilos. Les aseguro que somos los mejores en esto. Esto es lo que haremos. Le ofrecerás una cantidad que no pueda rechazar. Te mostrarás un poco más sumiso y fingirás aceptar todas sus condiciones. Ten un papel y bolígrafo a la mano para cuando te de la dirección del lugar, finge estar desesperado, si te muestras muy tranquilo, sospechará. No lo retes, si lo haces, puede que se desquite con el niño y queremos recuperarlo sano y salvo. Te aseguro que no estarás solo, pero él no lo sabrá. Tienes que confiar en nosotros. Irás al lugar indicado en tu auto, con el dinero, el resto lo haremos nosotros.

El detective dio sabias recomendaciones, estaba altamente recomendado y de quince casos en los que había participado, trece habían salido airosos.

-Sólo sé que si ese maldito le hace algo al niño, voy a matarlo, lo buscaré hasta debajo de las piedras y lo mataré.

Ya el pobre Terry estaba al borde del llanto y sus padres no podían soportarlo. Alisson lo abrazó y lloró junto a él. El teléfono volvió a sonar y Terry contestó apresurado.

-So, Grandchester, did you make your decision?

(Entonces, Grandchester, ¿tomaste una decisión?

Ante las señales de los detectives aprobando el proceder, Terry continuó.

-I'll give you two millions. I just want my baby back. Please, don't hurt him... I'm beging you... please.

(Te daré dos millones. Sólo quiero a mi bebé de vuelta. Por favor, no lo lastimes... te lo ruego... por favor.)

-I see you're too generous. Just stick to my rules and nobody gets hurt. Get a pen, Grandchester. The money must be there in twenty-four hours. If you don't get there in time... Say goodbye to your little bastard.

(Veo que eres generoso. Sólo apégate a mis reglas y nadie sale lastimado. Consigue un bolígrafo, Grandchester. El dinero deberá estar ahí en veinticuatro horas. Si no llegas a tiempo... Dile adiós a tu pequeño bastardo.)

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-No te preocupes, amor. Voy a sacarte de aquí muy pronto.

-Llevas cuatro meses diciéndome lo mismo. Ya no soporto más estar en este maldito lugar.

Se quejaba una reclusa de la cárcel de mujeres de Vega Alta. Estaba muy delgada y demacrada, su rostro se veía golpeado y su pelo bastante desaliñado.

-Esta vez no voy a fallarte. Conseguiré el dinero y al mejor abogado. Pronto, querida, le dirás adiós a esta posilga.

-Ya no te creo nada, Mark. Primero planificaste quitárle el dinero aquella infeliz que resultó que no tiene donde caerse muerta y ahora juras que vas a conseguir nada más y nada menos que dos millones de dólares. Disculpa, pero ya no creo en hadas madrinas.

-Voy a sacarte de aquí, Michelle. Sólo confía en mí. Dejaremos este país de mierda muy pronto.

Con esas palabras Mark se despidió de su mujer y se fue a verificar cómo iba su otro asunto.

-¿Es que todavía no has logrado callar a ese maldito niño? No sirves para nada.

Le gritó Mark a Karen que estaba aterrada tratando de calmar a Jeremy que no paraba de llorar.

-Debe tener hambre, no ha querido tomarse la leche que compraste... Tal vez es un bebé lactado...

-Pues más vale que logres que se la tome. Tiene que sobrevir las próximas veinticuatro horas para cuando llegue su rescate.

Karen ni siquiera quiso saber cuánto habían ofrecido, conocía muy bien a Terry y sabía que él daría la luna si pudiera por su hijo. Estaban en una casucha abandonada de un barrio bien caliente en Santurce. El pobre Jeremy seguía llorando desesperado. Karen le cambió el pañal, intentó darle una botellita de leche y el niño volvió a rechazarla.

-¡Maldito mocoso! Si no te callas ahora, te juro que...

-¡No!

Gritó Karen muerta del miedo y quitándole el niño de las manos a Mark. Hizo su mayor esfuerzo por calmarlo. Lo meció, lo acunó, pero él seguía llorando.

-Me voy de aquí. Me mantendré en contacto. No hagas ninguna estupidez y por favor, no se te ocurra ir a ninguna parte, Grandchester alertó a la prensa y podrían reconocerte, así que quédate aquí y cuida bien al mocoso este.

Para alivio de Karen, Mark se fue. Siguió intentando calmar al niño y ya sea por resignación, Jeremy aceptó la botellita de leche y comenzó a tragar con tanta desesperación que Karen sintió un gran remordimiento. Se preguntó cuándo fue que perdió el control de sus actos de esa manera. Cómo fue que llegó hasta ese punto, por qué tuvo la maldita suerte de conocer a Mark.

-Eso es, come, pequeño. Pronto vas a estar con tus padres. No voy a dejar que te lastime como a mi. No, no soy una buena persona. Pero jamás podría hacerle daño a un niño tan hermoso como tú. ¿Sabes que eres la viva imagen de tu padre? Vas a conquistar muchas chicas como él... Pronto, pequeño, estarás en casa.

Ahora era Karen la que lloraba. Nadie podía imaginar lo arrepentida que estaba por toda su maldad. Jamás pensó lo miserable que todos sus actos podrían hacerla. Le dio una segunda botellita de leche a Jeremy que seguía insatisfecho. Luego de que terminara y botara los gases. Ella lo mecía para que se durmiera, el niño le dio una radiante sonrisa que sólo le recordó a Terry, en sus tiempos adolescentes, cuando ella lo conoció y se enamoró perdidamente de él desde entonces.

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De noche, finalmente la presión de Candy se estabilizó y la dejaron ir. Albert fue directo a su apartamento con un pesar profundo en su rostro. Candy había ido sollozando todo el camino y él ya no encontraba palabras para consolarla. Cuando al fin llegaron, ella fue al apartamento casi corriendo.

-¡Terry!

Se lanzó desesperada a sus brazos y ambos lloraron como nunca, así abrazados, el mismo Terry se abandonó sobre ella y dejó escapar su llanto como un niño. Todos rompieron en llanto ante la triste escena. Incluso los detectives miraban a todas partes parpadeando y luchando por no llorar también. Nadie quería estar pasando por el infierno que esa familia estaba pasando.

-Mi bebé, Terry... Ya no puedo más, Terry. Ya estoy cansada de que siempre quieran hacernos daño... ¿Qué es lo que hemos hecho? Jeremy es sólo un bebé... Si le pasa algo, me muero, no voy a poder soportarlo.

El llanto de Candy era amargo. Ninguno de sus sufrimientos podían compararse con la posibilidad de no volver a ver a su adorado hijo. La angustia estaba consumiéndola y Terry, que pasaba por lo mismo, ya no tenía fuerzas para consolarla, no cuando él mismo sólo quería llorar sin parar, le daría su alma al mismísimo diablo, sin con eso su hijo estaría de vuelta.

-Candy... Trata de calmarte. Estamos haciendo todo lo posible. Ven conmigo, por favor.

Alisson la condujo a la habitación y se quedó con ella abrazándola. En sus brazos, como una confidente, Candy dejó aflorar su llanto.

-Allie... esto no es justo. Yo no le he hecho nada a nadie. Sólo quiero a mi bebé de vuelta, es todo lo que pido...

-Lo sé, todos queremos eso. Adoramos a ese niño como no tienes idea. Pero estará aquí muy pronto. Ese malnacido no podrá rechazar la oferta de Terry. Ya verás que volverá aquí completito.

Candy quiso creer en esas palabras. Se abrazaba a la esperanza fuertemente. Quería que todo fuera una pesadilla y que al abrir los ojos viera a Terry trayéndole el niño para alimentarlo como todas las mañanas. Ella buscó una sabanita de Jeremy y apretándola fuerte contra su pecho, lloró con más ganas. Allie la volvió abrazar y lloró junto con ella.

En la sala del apartamento, todos permanecerían en vela hasta que llegara el momento de hacer la entrega del dinero. Habían llegado más expertos y estaba planeando su estrategia. Eleanor había hecho un chocolate y repartido unos panecillos para todos. Richard había llegado hacía un rato luego de conseguir todo el dinero que le fue posible, obviamente no consiguió retirar dos millones en ese lapso de tiempo, pero el secuestrador no tenía por qué saberlo. Los expertos habían diseñado un plan infalible, según sus cálculos. Si Dios estaba de su lado, todo saldría muy bien.

-Terry... come algo, por favor. Todo estará bien.

-Mamá, no quiero comer nada, no puedo pensar en comer mientras mi hijo debe estar pasando hambre en algún asqueroso lugar...

Terry ya no podía más con su vida. Comenzó a dar puñetazos en la pared hasta lastimarse y sangrar sus nudillos. Su padre con firmeza lo obligó a sentarse y consiguió que se calmara y se tomara un poco de chocolate. Albert estaba sentado y cabizbajo. Había llamado a Paula para decirle lo que sabía y asegurarle que él estaba bien y que no se preocupara, que se quedaría con su hermana esa noche como todos los demás, pero sobre todo, que no le dijera nada a William, el pobre ya tenía bastante con vivir en el hospital con su Rosemary, aunque gracias a Dios, ella comenzó a dar señales de vida nuevamente, pero no lo suficiente para poder abandonar el hospital aún.

-¡La puerta!

Exclamó Albert al escuchar que tocaban insistentemente. Terry se había parado apresurado para abrir.

-¡Terrence! No sabemos quién pueda ser. Por favor, quédate en tu lugar y todos ustedes hagan lo mismo. Muchachos, vamos.

El mayor de los detectives dio esa órden y todos los hombres que habían estado planificando su plan de defensa, se pararon inmediatamente y rodearon la puerta apuntando con sus armas mientras el jefe de ellos abría la puerta también con pistola en mano.

-¡No disparen! Por favor no disparen.

Suplicaba Karen entrando con el niño en brazos.

-Entregue el niño.

Ordenó secamente el oficial y Candy al escuchar el alboroto abajo, llegó casi corriendo acompañada de Alisson.

-El niño está bien, nadie le ha hecho daño... Por favor, ayúdenme... Yo no tengo nada que ver en esto...lo juro...

Cuando ella al fin le entregó el niño al oficial, Candy fue corriendo hacia él y lo abrazó y besó, se aferró a él como nunca y lloró y lloró apretando su cuerpecito. Terry pronto se unió a ella.

-¡Levante las manos! Jiménez, Betancourt, revisen si vino sola.

Volvió a ordenar el oficial.

-Estoy sola, lo juro. Me escapé con el niño. Por favor, ayúdenme, si él sabe lo que hice me matará. Yo no planifiqué nada de esto... por favor... Él no sabe que entregué el niño... Piensa que aún estamos en la casa...

Karen se dejó caer al suelo ya de rodillas rompiendo en llanto. Todo el mundo pudo apreciar todos los golpes que habían en su rostro, en sus brazos, lo desmejorada que estaba.

-Díganos ahora mismo el nombre del responsable de todo esto.

-Es... Mark Thatcher. Me obligó hacer esto. Me amenazó de muerte... por favor, créanme.

Karen estaba tan desesperada y tan golpeada, que sintieron lástima de ella. Terry a pesar de todo le creyó, sabía que ella sola no pudo haber llegado tan lejos. Los detectives la esposaron y ella se sentó y les relató todo, desde los abusos y violaciones hasta el plan de secuestro del cual ella sólo fue una víctima más. Todos supieron que no mentía, sus moretones hablaban por sí solos y el niño estaba intacto. Terry decidió no presentar cargos en contra de ella, después de todo había sido muy valiente en escapar sabiendo que la buscaban y aún así pidió un taxi y fue directo a donde Terry. Ni siquiera tenía dinero para pagarle al taxista, pero él la verla golpeada y con el niño, suposo que estaba escapando de un marido violento y no le cobró nada y la llevó a su destino lo más pronto que pudo.

-Tendrá que cooperar con nosotros, señorita.

Dado que Mark aún no se enteraba de la osadía de Karen, los detectives cambiaron el plan, ya que según Karen, Mark regresaría a la casucha una hora antes de la acordada para recoger el dinero en el lugar indicado y entregar el niño el cual había planeado dejar en el basurero, según Karen, no se enteraría hasta esa hora que ya Jeremy estaba en su casa sano y salvo y Karen, a petición de Terry, estaría custodiada y protegida por detectives y guardaespaldas.

Todos abrazaron a Jeremy y agradecieron a Dios por su regreso. Ahora todos lloraban, pero de emoción, el niño en su inocencia, sonreía y se aferraba a su madre, la extrañó demasiado. Al final todos se despidieron para que Terry y Candy pudieran descansar. Los detectives dejaron un guardia vigilando la puerta y otros tantos por las diferentes áreas del edificio custodiándolo en caso de que Mark se pasara de puntual y se enterara de que sus planes se habían ido al diablo y fuera a buscar al niño nuevamente o intentara cualquier otra estupidez.

-Mi amor, no sabes el susto que me diste, pequeño. Ahora estás aquí y mamita va a cuidarte mucho. ¿Tienes hambre, mi cielo?

Le preguntó ella con ternura al ver como el niño trataba de pegarse a sus pechos aún cubiertos. Se sentó en la mecedora para alimentar a su principito que tanto había esperado y sufrido por ese momento. Terry al ver la escena se unió a ellos y los abrazó llorando nuevamente.

-Pensé que no volvería a cotemplar un momento como este. Ustedes son mi vida entera, no sé qué haría sin un día ya no están conmigo.

-No digas eso, mi amor. Ese infierno ya pasó. Ahora estamos aquí los tres juntitos otra vez... los cuatro.

Dijo ella y le sonrió con los ojos aguados mientras él acariciaba el pelito de Jeremy que no le daba tregua al pecho que succionaba desesperado.

-Candy... yo quería pedirte que por favor permanezcas aquí un tiempo... con el niño. Has pasado por muchas cosas desde tu embarazo anterior y ahora esto, quiero que esta barriga la hagas aquí tranquila, sin trabajo ni presiones. Necesitas descansar, aunque tendrás que cuidar a Jeremy todo el día, es menos trabajoso que el ritmo de la empresa. Quiero que te cuides un poco más ahora.

-Sí... yo también lo había pensado... quiero quedarme aquí con mi hijo. Es que tuve tanto miedo de perderlo que... quiero estar a su lado todo el tiempo posible. Y también me gustaría que este bebé se desarrolle sin contratiempos.

Dijo Candy dándole a Jeremy a Terry para que lo acostara, el pobre estaba agotado. Terry así lo hizo y le dio un beso y lo contempló un rato dormido. Su mayor tesoro estaba de vuelta. Regresó a la habitación con su mujer.

-Te ves tan agotada, princesa. Ven que te voy a dar un bañito y luego voy a dormirte.

Y a Candy que no le gusta la cosa, fue desvestida rápidamente por él, bañada, secada y vestida nuevamente con una cómoda pijama. Se acostaron pronto y Terry luego de juguetear y besar a su otro hijo, la arrulló y la durmió para luego caer él redondito también. Mañana sería otro día.

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Mark nunca volvió por el niño a la casucha. A la hora indicada se fue directamente al lugar donde recogería el dinero, haciendo a los policías perder su tiempo, pues querían atraparlo in fraganti cuando fuera por el bebé primero, según el plan inicial que había revelado Karen, como eso no ocurrió, pasaron inmediatamente con el plan B.

Con las cajas llenas de dinero dispuesto a ponerlas en el basurero como indicó Mark, él nervioso miraba a todas partes, se había puesto un sueter con cuello de tortuga, una boina y unas gafas, su pelo largo y castaño bailaba con el viento mientras caminaba apresurado para hacer la entrega. Varias personas transitaban por ahí sin mirar a ninguna parte y sin poner el menor caso en las cajas que él acomodaba en el basurero. Luego de haberlas dejado todas, siguió su camino de vuelta hacia el auto y esperó. Pasaron diez minutos y nada, luego diez más y comenzó a impacientarse. Hasta que finalmente vio llegar un destartalado camión para recoger escombros que se paró en el lugar.

-Ahí está, irá por el dinero.

Dijo el jefe de policía que seguía el caso. Vieron a un sujeto bajar del camión, con la misma descripción y ropa que habían visto en los videos de seguridad del complejo de apartamentos. Un hombre de estatura promedio, tez blanca, pelo castaño claro y ojos verdes, se podía decir que guapo, si no fuera por que es un desgraciado. Se había inclinado para recoger una de las cajas.

-¿Qué piensa hacer con dos millones de dólares, Mark Thatcher?

Le preguntó el detective encubierto que había hecho pasarse por Terry dejando el dinero en las cajas en el basurero, sorprendió a Mark, mientras era apuntado con su pistola y con otras diez pistolas más que poseían los que "transitaban" por el área.

-Mark Thatcher, está arrestado por secuestro, ley cincuenta y cuatro, acoso sexual y apropiación ilegal de arma. Tiene derecho a permanecer en silencio, todo lo que diga podrá ser usado en su contra en una corte. Tiene derecho a un abogado, si no puede pagar uno, se le asignará uno público.

Todo fue tan rápido que Mark a penas podía digerir lo que estaba pasando hasta que al fin reaccionó.

-Arréstenme, no les diré qué hice con el mocoso ese.

Dijo con prepotencia y mirándo a los oficiales con altivez.

Pobre idiota pensó el oficial. Si supiera que el niño estaba desde anoche con sus padres sanito y salvo. Jamás contó con el valor que tendría Karen a última hora, pero se enteraría.

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Patty y Annie conversaban muy alegres en la habitación, mientras se preparaban para sus citas. Annie saldría con John, por primera vez como novios y Patty se iría a pasar un rato con Stear y sus suegros.

-Aún estoy en shock por la forma en que te propuso matrimonio, ya se había tardado.

-Hasto yo pensé que no lo haría nunca.

Ya Stear había terminado su carrera de ingienería industrial y había conseguido trabajo seguro en una empresa prestigiosa con buen sueldo y benefecios, por eso no lo pensó dos veces para hacer su proposición. Patty también había terminado de estudiar terapia respiratoria y ya trabajaba en un hospital cercano. Estaban listos.

-Annie, tienes visita.

Anunció Elroy desde la sala donde veía televisión, ahora con su marido.

-Voy corriendo.

Dijo Annie loca por lanzarse a los brazos de John y apresurada salió al balconcito.

-Hola, Annie...

-Arrr-Archie...

-¿Esperas a alguien?

Le preguntó al verla tan hermosamente vestida. Con su minifalda de jean, sus tacones y su blusa strapless que definía muy bien su cintura y sus pechos erguidos y turgentes. Los tacones reafirmaban sus hermosas piernas y levantaban más su trasero. La falda se ceñía muy bien a su trasero y caderas. Su hermoso pelo negro y lacio le llegaba a la cintura y caía en hermosas capas con destellos rojos. La vio como tantas veces ella se había vestido para él, cuando ella era su novia y lo amaba, pensó.

-Eh... yo, tengo una cita dentro de un ratito. ¿En qué puedo ayudarte?

Su amabilidad fue genuina y eso le dolió un poco. Ya no le guardaba rencor, no lo miraba con furia, no lo odiaba, y eso sólo significaba una cosa.

-Yo... sólo quería hablar contigo... Estás muy linda, Annie, de verdad.

-Gracias, Archie, tú también estás muy guapo. Entonces... ¿a qué debo tu visita?

Le preguntó llena de curiosidad, pues el repentino cambio no lo entendía.

-Yo... quería decirte que... que eres muy especial para mí, que siempre lo fuiste y que nunca dejé de quererte ni adorarte ni un sólo momento. A pesar de todo el desprecio que fingí sentir por tí... eres a quien más he amado en el mundo. Perdóname por todo el dolor que te causé. Quise regresar a ti muchas veces, pero mi orgullo y mi dolor no me dejaron...

-Archie... eso ya pasó. Ahora yo estoy bien... no te preocupes por mí, yo sé que tuve mucha parte de la culpa, pero lo que pasó, pasó.

Perdona si te hago llorar

perdona si te hago sufrir

pero es que no está en mis manos

pero es que no está en mis manos

me he enamorado, me he enamorado

me enamoré...

-Para mí no, Annie. Ahora reconozco todo el daño que te hice, que nos hice. Llegué demasiado lejos. Me porté como un niño y no me di cuenta que poco a poco tú te ibas convirtiendo en una mujer. Una mujer dispuesta a salvar su amor y yo te dejé atrás...

Annie no podía creer que justamente en ese momento estuviera escuchando todo lo que soñó escuchar durante meses. Ahora, precisamente. Fueron tantas las noches que lloró al imaginarse ese momento.

Perdona si te causo dolor

perdona si te digo adiós

cómo te decirte que te amo

cómo decirte que te amo

si me ha preguntado

yo le dije que no

yo le dije que no

-De verdad, Archie, no tiene caso traer eso ahora. Yo me alegro que te hayas dado cuenta de tu error y aprecio mucho tus disculpas. Puedes estar tranquilo y ser feliz con la chica que conociste, te lo mereces, después de todo...

Archie no podía creer lo que escuchaba. Ella estaba tan serena, no le importaba nada. Mientras él estaba ahí de pie muriendo por besarla.

-¿Es que no lo entiendes? Yo no puedo ser feliz con alguien más que no seas tú. Te amo a tí. Lo único que quiero es empezar de nuevo, te quiero junto a mí.

Esto lo dijo con lágrimas en los ojos y Annie de pronto no supo qué decir por un rato.

Soy honesta con él y contigo

a él lo quiero y a ti te he olvidado

si tú quieres seremos amigos

yo te ayudo a olvidar el pasado

no te aferres, ya no te aferres

a un imposible...

ya no te hagas ni me hagas más daño

ya no...

-Archie... eso ya no puede ser posible. Nuestra relación se deterioró demasiado. Ambos fuimos culpables, yo por impulsiva y tú por egoísta. Los dos destruímos nuestro amor. Esperé mucho tiempo porque vinieras a mí, te lo supliqué tantas veces...

-Pero ahora estoy aquí. Estoy arrepentido y te amo. Quiero reparar todo lo que te hice. No creo que hayas dejado de amarme así, no creo que me hayas olvidado...

Archie estaba desesperado y ella estaba al borde de las lágrimas. Miles de flashbacks volvieron a su mente. Los lugares que visitaron, los besos, las caricias, las promesas...

Tú bien sabes que no fue mi culpa

tú te fuiste sin decirme nada

y a pesar que lloré como nunca

ya no seguías de mí enamorado

luego te fuiste

y que regresabas no me dijiste

y sin más nada por qué

no sé, pero fue así

así fue

-No, Archie, no te he olvidado y nunca te olvidaré, de eso puedes estar seguro. Pero estoy segura de algo, ya no te amo. Tus acciones me mataron el sentimiento, aunque haya sido mi error el que te haya empujado, por eso no puedo echarte toda la culpa, pero tampoco puedo seguir culpándome yo. Siempre te recordaré, siempre estarás en mi corazón porque fuiste muy especial y yo te amé mucho, tanto, que nunca imaginé que esa historia tan linda terminaría así. De tí tengo muy hermosos recuerdos, Archie, bellísimos momentos que nunca podré olvidar y que ciertos lugares me los harán recordar, las canciones... todo en lo que tú estuviste.

-Eso no puede ser verdad, Annie. Dame una oportunidad. Voy a demostrarte que he cambiado. Haré lo que sea, pero por favor, no me digas que no me amas porque no te creo, no me destrozes así.

Annie no pudo contener sus lágrimas, jamás pensó ver a Archie de esa manera.

Te brindé la mejor de las suertes

yo me propuse no hablarte y no verte

y hoy que has vuelto

ya ves sólo hay nada

ya no debo, no puedo quererte

ya no te amo

me he enamorado de un ser divino

que me enseñó a olvidar

y a perdonar...

-Créeme, Archie, no tengo por qué mentir a estas alturas. He crecido y he madurado, no voy a fingir algo que no siento por fastidiarte, te lo digo porque es la verdad. Ya no te amo, Archie. Sí te quiero mucho y no te guardo ningún rencor, como te dije, siempre tendrás un lugar en mi corazón.

-No puedo conformarme con eso. Además, a tu amiguito John, ¿lo amas?

Le espetó jugando su última carta y llevando todas las de perder.

-No es mi amiguito, es mi novio. No puedo decirte que lo amo, es demasiado pronto, pero sé que no tardaré en hacerlo. Él va en muy buen camino de ganarse todo mi amor. Si quieres que sea totalmente sincera lo seré, con tal de que no sigas albergando falsas esperanzas. Desde que lo conocí...no pude dejar de pensar en él, mis pensamientos fueron alejándose cada vez más de tí. Su paciencia, cariño y protección me hicieron descubrir muchas cosas que no conocía, un amor intenso, una pasión que no creí que existía en mí. Él ha despertado todos mis sentidos, la pasión dormida. Encendió la esperanza, me trajo de vuelta. Si no es porque ha pasado tan poco tiempo, podría afirmar que lo amo. Creo que no lo admito porque aún estoy protegiendo mis propios sentimientos, pues tú me marcaste y eso no puedo negarlo, pero de lo que sí estoy segura es que ya no te amo. Creo que dejé de hacerlo hace algún tiempo, sólo que no me había dado cuenta. Desplante tras desplante, con cada desaire, tanto luchar sin lograr, mis pies terminaron cansándose y dejaron de seguirte.

Ante ese argumento ya Archie no tuvo nada más que decir. Si le quedaba algo de dignidad, tuvo que rendirse.

-Está bien, Annie. Ya lo has dejado bastante claro. Quiero que seas feliz. Se feliz porque te lo mereces. Por favor, no permitas que nadie más te haga lo que yo te hice. Vales mucho, no tienes que rebajarte por nadie.

Le dijo tomándole ambas manos y uniendo su frente con la de ella mientras suspiraba y lloraba, ella también lloraba.

-Yo ya soy feliz, Archie. Se feliz tú también. Encuentra alguien que te ame y te valore como lo hice yo. Suerte, Archie. Todo está perdonado.

Annie le dio un abrazo fuerte y él la retuvo por un rato largo y ella le correspondió. Él sabía que sería la última vez que podría tenerla de esa manera, luego de que tantas veces la llegó a tener así, ahora ella era prohibida para él. Sus besos, sus abrazos y todas sus caricias tenían dueño y no era él. Siguió abrazándola como si fuera vital para él, ella lo entendía y por eso no se resistió, pero no supo que unos hermosos ojos marrones la habían visto al llegar.

-¿Tengo que ir por las palomitas y el pañuelo?

Annie dio un gran respingo cuando escuchó la voz profunda y molesta de John y Archie tuvo que separse abruptamente de ella.

-John... Mi amor, este yo...

-No le recrimines, por favor. Ella te quiere. Yo ya me iba. Hasta nunca, muñequita hermosa. No te olvides de ser feliz.

Con esas palabras, Archie le dio un beso en la mejilla y salió de su vida para siempre. John entendió lo que había pasado, gracias a las palabras de Archie que pudo descifrar muy bien, se guardó su enojo y fue directamente hacia ella.

-¿Me extrañaste, niña linda?

-Siempre.

Le contestó su pequeño torbellino y brincando los poquitos escalones se arrojó hacia él que la sostuvo en sus brazos con agilidad.

-Oye... ¿y mi beso?

Se quejó con ella todavía en sus brazos. Annie le dio un besito dulce y tierno, no por eso él dejó de encenderse por dentro. Estaba loco por ella y ella por él.

-¿A dónde vamos, John?

-Quería llevarte a pasear por ahí, pero esta nubes dicen que no podrá ser posible. ¿Quieres que nos quedemos viendo películas en casa?

-¡Sí!

Contestó emocionada. Él la bajó y se fueron a la villa de él que quedaba un poco más retirada. A ella le gustó cómo la tenía, organizada, límpia y varonil.

-Siéntate, mi amor y revisa cuál de todas esas quieres ver. Voy a buscarte tus palomitas.

Ella escogió dos películas del montón que él le pasó. En unos minutos John estuvo de vuelta con las palomitas y refresco. Puso la película y se sentó con ella en el sofá. A penas la película estaba pasando los cortos de promoción de las próximas que saldrían cuando se escuchó un fuerte trueno y... se fue la luz... Ella dio un brinco y cayó sentada encima de él.

-No me gustan los truenos, John.

-No pasa nada, niña hermosa. Pronto vendrá la luz.

Le aseguró él y a la acomodó bien en su regazo. Ella enterró la cabeza en su pecho y se volvió un ovillo sobre él.

-Me dan miedo, no me gusta cuando llueve así.

-Conmigo no tiene que darte miedo. ¿Te lo quito con un besito?

Ella asintió y levantó la cabeza para acercar su boca a la de él. John fue besándola lentamente, chupándole los labios y rozándoselos con los dientes. Cuando su lengua entró en su boca, la fiesta comenzó y no paró.

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Candy despertó esa mañana como pensó que nunca lo haría. Terry había ido a buscar a Jeremy que reclamaba su desayuno y ambos estaban con ella en la cama.

-Ummm, que rico es despertar con dos hombres en mi cama.

Bromeó ella dándole un besito a Terry y acomodándose para lactar a su hijo.

-¿Puedo tomar yo la otra?

-¡Terry!

Exclamó Candy indignada, pero luego a su diabólica cabecita se le ocurrió una idea...

-Puedes, Terry... Toma la otra.

Le dijo ella señalando el pecho desocupado con malicia.

-¿En serio?

Preguntó él perplejo.

-Sí, mi amor, Jeremy quiere compartir, toma.

Terry obedeció y por curiosidad, se llevó el pecho de Candy a la boca y succionó el pezón.

-¡Ewwaaak! ¿Qué es lo que le das a ese niño?

Dijo Terry parándose pronto al baño para enjuegarse la boca y Candy estaba muerta de la risa con su maldad. De verdad que no podía parar de reirse y tuvo que quitarle el pecho a Jeremy para seguirse riendo.

-Es sólo leche, Terry. Jajajajajaja ¿No te gustó? Jajajajajaja

-Me vas a pagar esa, Candice White.

Le dijo volviendo del baño con su boca lavada.

-Pero mi amor, tú fuiste el que quiso probar...

Le dijo fingiendo inocencia, pero su risa la delataba.

-Haste la graciosa, pecosa, luego no te quejes, no olvidaré esto nunca.

-Ya lo creo. Jajajajajaja.

-Ya deja la risa, mejor prepárate para que puedas visitar a tu mami. Yo seré el niñero hoy. ¿Verdad, campeón?

Jeremy tenía la misma picardía de su padre, era su clon en todos los sentidos. Habría que ver cómo sería su próximo hijo. Cuando Candy estuvo lista, le dio las indicaciones a Terry sobre la leche de Jeremy y sus horas.

-Son estas funditas de aquí en el congelador. Las pones en el micro-ondas hasta que se derritan y le vas a dar seis onzas cada cuatro horas, no todas las que él quiera, no dejes que se aproveche.

-Bueno, si llora por más, le daré más.

-¡Terry! No es lo que él diga, es lo que le toque. No quiero que el pediatra diga que está sobrepeso.

-Está bien, pecas, adiós. Hoy es día de chicos, vamos, bye.

La echó Terry de la casa ya histérico con tantas indicaciones y Jeremy sin entender rió, como si fuera conciente de la maldad de su padre.

-Seis onzas, eh... ¿Qué te parecen ocho?

Continuará...

Hola chicas lindas! Espero que les haya gustado este capítulo. A mí personalmente me gustó hacerlo. Ahí tienen al arrogantito de vuelta, sanito y salvo. Bueno, mis queridas niñas, cada vez estamos más cerca del final, muy pronto pondremos final y epílogo para esta historia. No se preocupen que ya tengo cocinándose la próxima. Les dejaré la información de mi nuevo bebé en el epílogo de esta historia.

Ahora vamos a las preguntas!

¿Qué les pareció el secuestro?

¿Qué pasará con Karen? ¿Merece otra oportunidad?

¿Qué creen que le espera a Mark? ¿Probará un poco de su propia medicina?

¿Piensan que Annie debió darle una oportunidad a Archie? ¿O mejor que sea feliz con el monumento de hombre que es John? (Sé que eso ya lo decidí yo, pero no está de más conocer su opinión)

¿Qué pasará en esa cabañita con Annie y John, solos... en medio de la lluvia y sin luz y ella tiene mucho miedo..? (Jajajajajaja)

¿Qué me dicen de Terry ahora de niñera? A él le encanta seguir instrucciones, ¿verdad?

Recuerden dejar sus respuestas en oraciones completas.

*Canción de Annie y Archie: "Así fue" Playa Limbo

Las quiero

Wendy