Amor de verano
Por: Wendy Grandchester
Capítulo 28 Pasión desbordada
Con una sonrisa maliciosa, Terry fue a la cocina a preparar la leche de Jeremy que ya estaba protestando. Derritió dos funditas y se aseguró que no estuvieran muy calientes. Encontró que seis onzas de leche eran muy poco, así que vertió ocho y como vio que la botellita de Jeremy tenía capacidad para nueve, bueno, que más da, una más, así que casi desbordó la botella.
-Esto es entre tú y yo, no le digas nada a mami. Guarda tu palabra.
Terry le guiñó un ojo al niño y éste le sonrió con la misma malicia que él. Engreído padre se acomodó a Engrído hijo en sus brazos y le comenzó a dar la leche. Jeremy vació la botella en cuestión de minutos.
-Y tu madre piensa que seis miserables onzas son suficiente. Ahora, pequeño, vamos a botar esos gases.
Terry se acomodó el niño bocabajo en el hombro y le comenzó a palmear la espalda. Luego sintió algo húmedo y caliente en su cuello.
-Oye, ¿por qué me vomitas? ¡Ingrato!
Entonces, Terry fue en busca de unas toallitas para limpiarse el desastre, colocando al niño en el bouncer y lo encendió para que lo meciera. A penas el niño hubo tocado la sillita, comenzó a llorar como un desesperado. Jeremy era un niño engreído que le gustaba estar cargado mientras tuviera los ojitos abiertos.
-Tengo que limpiarme, campeón, sólo serán unos minutos.
Terry fue corriendo por las toallitas ya que Jeremy lloraba sin compasión loco porque lo sacaran de la dichosa sillita.
-Ya estoy aquí, llorón, ya llegué.
Al sacarlo, el bebé inmediatamente se calló y Terry no podía creerlo, estaba creando un mounstro, pensó. Lo alzó, lo bailó y lo acunó mientras el niño le regalaba dulces sonrisas y balbuceos.
-¿De quién son estos ojitos? ¡De papá!
-¿Y esta naricita? ¡De papá!
-¿Y este...?
-¿Escuché bien? Jeremy, no me digas que... no, ¿por qué me haces esto?
El gas que lanzó Jeremy y no precisamente por la boca, le quitó la inspiración a Terry para seguir jugando. Lo puso en el cambiador integrado que tenía su corralito y fue por las toallitas y un pañal nuevo. Cuando regresó con todo, sonó el teléfono. Lo descolgó y lo pisó entre el cuello y la oreja para continuar con la tarea de limpiar a Jeremy.
-Hello. Dime, amor.
-¿Todo bien? ¿Cómo está Jeremy?
-Todo bajo control, princesa, ya comió y ahora lo estoy cambiando.
Dijo Terry y en ese momento abría el pañal de Jeremy y se encontró con tremendo desastre natural.
-Pero Jeremy, ¿hiciste la de toda la semana en un día?
-¿Cómo dices?
Preguntó Candy del otro lado de la línea sin entender.
-Nada, amor. ¿A qué hora vuelves?
-Pues luego que salga de ver a mamá... olvidé decirte que también tengo una cita en el ginecólo a ver cómo sigue el bebé...
Terry se dispuso a limpiar al niño mientras Candy le contaba lo que haría y cómo se encontraba su mamá.
-¡Jeremy! ¿Qué haces? ¡No! Candy, te llamo después.
Terry colgó el teléfono luego de que Jeremy decidiera hacerce pipí antes de que le pusiera el pañal y lo bañó de una lluvia dorada y hasta su ropita se echó a perder.
-¿Cómo has podido hacerme esto a mí?
Le reclamó Terry y Jeremy pagó con su descarada sonrisa. ¿Qué le importaba a él? Sintió ganas de orinar y orinó. Sin más remedio, Terry buscó su bañerita y todo lo necesario para su baño y también seleccionó otra ropita limpia. Luego que su padre lo dejara como nuevo otra vez, lo acomodó en el corralito y encendió el televisor en Discovery Kids para ir asearse él también. Engreído Jr. formó la perreta del siglo tan pronto vio a su padre alejarse para tomar un baño.
-Jeremy... me tengo que bañar, si tú no me hubieras bautizado, ahora estaría aquí contigo.
Pero de tal palo... Jeremy continuó llorando y pataleando sin piedad. Terry lo cambió del corralito al culumpio y aumentó la velocidad para que se meciera más y nada... El llanto era cada vez más fuerte.
-Está bien, tú ganas.
Con Jeremy al hombro, Terry buscó su ropa y toalla para irse al baño, llevó la sillita mesedora del niño y la colocó en suelo del baño mientras él se bañaba. Jeremy estaba esclavizándolo y como si fuera conciente de ello, sonreía muy cínico. Cuando al fin Terry se terminó de bañar, cargó a Jeremy con todo y sillita hacia su cuarto para cambiarse. Para el entender de Jeremy, ya su padre estaba desocupado y disponible para cargarlo, así que nuevamente se puso a llorar desesperadamente.
-Me estoy vistiendo, te cargo ahora, no seas tan impaciente.
Jeremy que poseía la misma cantidad de paciencia que su padre siguió llorando sin tregua y Terry se desesperó tanto que no se dio cuenta que se puso la camisa al revez.
-Estás aprovechándote de papá, eh. No te preocupes, cuando llegue tu mami le diré lo mal que te has portado y que te deje sin pecho. Ah también le diré de las nueve onzas de leche que me obligaste a darte.
El niño le sonrió y lo miró como desafiándolo, "si tú le dices eso, los platos rotos correrán por tu cuenta". Candy al fin hizo acto de presencia y Terry vio la gloria. Ayuda celestial, pensó.
-Hola, ¿cómo están mis dos amores? ¿Me extrañaron?
-No sabes cuánto. ¿Cómo está el bebé?
Le preguntó Terry pasándole a Jeremy y acariciando al nuevo bebé.
-Está perfectamente, mi amor, creciendo.
Le contestó ella y fue a darle el pecho a Jeremy, se sorprendió al ver su falta de interés.
-Eh... princesa, Jeremy no tiene hambre...
-Que raro, siempre a esta hora...
Ella le devolvió el niño a él y se acomodó la blusa nuevamente. De pronto lo miró inquisitivamente.
-¡Terrence Grandchester!
Exclamó yendo directamente a la cocina. ¡Oh no! Pensó Terry y fue detrás de ella con Jeremy en brazos.
-¿Por qué hay cuatro bolsitas de doce onzas en el fregadero?
Su rostro estaba bien enfadado, al Terry no encontrar una respuesta razonable, ambos, padre e hijo al mismo tiempo le dieron la misma sonrisa arrogante y cínica en complicidad.
-Jeremy tenía mucha hambre...
Candy no podía creerlo, entre Terry y Jeremy la llevarían a la perdición. Tuvo que reirse para no ahorcar a su marido.
=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=
Con la lluvia como música de fondo y los insistentes truenos que no parecían ceder, las bocas de Annie y John navegaban bajo su propia tormenta. Estaban besándose sin control. La lengua de él estaba llevándola al delirio, era increíble la maestría con la que él la recorría, su garganta estaba envenenada. Ella se puso completamente a horcajadas sobre él. Estaba caminando en un terreno totalmente desconocido, nunca había sentido tantas cosas juntas. John estaba perdido con esa boquita inocente que luchaba por seguirle el paso. Annie estaba descubriendo la pasión y lo arrolladora e irreversible que ésta podía ser. John que había mantenido sus manos en la cintura de ella, las fue subiendo y acarició suavemente sus pechos. A ella le encantó la caricia y lo besó con más demanda. Cuando él comenzó a rozar su cuello y orejas con sus labios y su lengua ella sintió unas punzaditas y una sensación muy cálida en la parte de abajo. Sintió algo muy abultado rozar su entrepierna. Imaginándose lo que era, sintió una gran necesidad de frotarce de esa dureza. Se movía y se revolvía sobre él.
-Cariño, si sigues moviéndote así, no podré resistirlo más.
La voz de John estaba cargada de deseo y sus manos no paraban de recorrerla entera. Ella no estaba poniendo ningún tipo de resistencia y eso lo hacía perderse.
-Es que... John, esto es muy rico y yo... yo quiero seguir sintiéndolo por favor...
Le respondió ella sin dejar de besarlo ni de moverse.
-Annie... te dejaré sentirlo todo lo que quieras, pero entonces... tendrás que dejarme terminar. Quiero hacerte completamente mía.
John la besó con más desesperación y él mismo la ayudó para que siguiera frotándose de él.
-Hazme todo lo que quieras, por favor. No voy a negarte nada. Por favor hazme sentir todo lo que he soñado con un hombre. No quiero pensar en nada más que no sea sentirte, por favor...
Tengo tanto miedo
de que olvides lo que te quiero
y de que con el paso del tiempo
lo dejes todo en el recuerdo
Tengo tantísimo miedo
ya casi te vas y yo aún no me atrevo
tanta precaución que no acude el deseo
cuidando no salir lastimada
me quedo sin nada
-Entonces, no habrá vuelta atrás. Voy hacerte mía de tantas formas, voy a quitarte toda esta inocencia.
La fiesta comenzó. John entrelazó sus dedos en su cabello y le devoró los labios con más intensidad, fue recorriendo su cuello y hombros con sus labios, el húmedo rastro que él le iba dejando estaban volviéndola loca. Cuanto tiempo había permanecido dormido todo ese deseo. Se había estado perdiendo de mucho. Los dedos de él fueron desabrochando los miles de ganchitos que cerraban su blusa strapless y a la misma vez le presionaba los pechos con delicadeza. Hasta que finalmente se deshizo de la blusa y pudo contemplar sus hermosos pechos a travéz de su coqueto brassier de esos que abren por la parte de en frente, era blanco de encaje y transparente, ofreciéndole una hermosa vista a sus pezones erectos.
Tengo planeado en mi mente
como robarte tus besos para siempre
tiene que dar resultado
voy amarte tanto
que de pronto te verás llorando
Él comenzó a masajear sus pechos a travez de la tela de su brassier y ella gimió. A pesar de su inexperiencia, ella no era tímida, más bien todo lo contrario, era bastante aventada. Le quitó la camisa a él también para poder contemplar y acariciar ese torso tan varonil y perfecto. Se lo comenzó a besar y con astucia, a lamerlo, dejándolo loco y sin idea. Ella también repitió lo que hizo él en su cuello y oreja haciédolo emitir un gemido. Ella se sobresaltó un poco cuando los dedos de él acariciaron su intimidad y vio lo mojada que estaba ella. Cuando comenzó a juguetearle ahí mismo, ella pensó que el cielo estaba ahí. Todo era nuevo y todo era divino.
-John... es divino... me gusta. Pero quiero... quiero sentirte a ti...
-No te desesperes, preciosa. Vas a sentirme muy bien, pero todavía no. Déjame conocerte un poquito más.
Voy a darte lo que a nadie le di
vestida de azúcar un dulce para tí
te voy a derretir en el calor de mi voz
te quitaré el aliento y no me dirás adiós
Voy hacerte lo que a nadie le haré
no importa lo que pienses me arriesgaré
y aunque sé que las llevo de perder
prefiero dar un salto a lo desconocido
en un instante vivido
me moriré o lo lograré
Mientras él seguía disfrutando de su piel y sus dulces gemidos, ella sintió una gran necesidad por conocer eso tan duro que se sentía debajo de ella. Con sus manos lo comenzó acariciar a travez de su pantalón, él no se esperaba eso y estuvo a punto de perder la razón. Ella lo tomó entre sus manos y lo acarició a su antojo.
-John... ¿Puedo verlo?
Le preguntó ella encedida de deseo y curiosidad. Él se la quitó de encima y se puso de pie para bajarse el pantalón y el bóxer por completo. Ella pudo verlo en toda su expresión. Tan erguido y orgulloso, tan perfecto y divino. No quitaba su vista de ahí, lo veía con admiración y él se excitó mucho más.
-Es... tan grande...
Le dijo y ahí lo pudo acariciar directamente, deleitándose y él echó la cabeza hacia atrás dejándose llevar un poco por el placer. Ella se preguntaba si todo eso cabría dentro de ella. Él no podía creer la soltura y la pasión que tenía ella a pesar de su inocencia.
Ya no seré precavida
total, si te vas, déjame una sonrisa
puede doler el recuerdo
pero lo prefiero a que darme ni siquiera con eso
Tengo planeado en mi mente
el acto perfecto para retenerte
voy a vencer mi miedo
ahora sentirás lo que puedo causar cuando quiero
Él la dejó que se manifestara un rato, pero luego tomó el control. La pegó a su cuerpo como si fueran dos piezas de un rompecabeza y la besó completa. Le bajó la falda para que quedara solamente con su ropa interior y pudo ver lo perfecta que era ella, era un poco pequeña, pero cada parte de su cuerpo estaba bien tonificado y proporcionado. Sus nalgas eran bien firmes y sus pechos redonditos y firmes con unos pezones rosaditos que sólo lo invitaban a probarlos. Le quitó el brassier y estuvo mirándolos fascinado. Con sus manos los acogió y los acarició. Se inclinó un poco y rozó uno de sus pezones con sus dientes delicadamente y con sus labios, los lamió y ella gimió esta vez más audible. Ya sólo le quedaban las braguitas.
-Eres tan hermosa. Quiero saborearte completita.
Le dijo con la voz ronca y se arrodilló para recorrerla de besos desde las piernas a los muslos, cuando llegó hasta sus bragas, se las fue bajando con los dientes y ella se excitó aún más. No se arrepentiría de eso jamás, pasara lo que pasara.
Voy a darte lo que a nadie le di
vestida de azúcar un dulce para tí
te voy a derretir en el calor de mi voz
te quitaré el aliento y no me dirás adiós
Voy hacerte lo que a nadie le haré
no importa lo que pienses me arriesgaré
y aunque sé que las llevo de perder
prefiero dar un salto a lo desconocido
en un instante vivido
me moriré o lo lograré
Si eso la sorprendió, definitivamente lo que vino a continuación la tomó desprevenida. Sus besos no se limitaron a sus piernas, no, no, no, estamos hablando de un HOMBRE, que sabe lo que hace y cómo lo hace. La besó ahí mismo donde ella pensó que no era posible.
-Ahh... ¡Dios mío! No sé qué me has hecho, pero... Mi amor, que rico es todo lo que me haces. No sabía que... ahh.. ahh.. que esto se podía.
-Nunca habías estado con un hombre, niña linda. Voy a ensañarte todo lo que no sabes. No serás más una niña, te lo aseguro. Voy a quitarte toda esa dulce inocencia. Voy arrancártela completamente con cada beso y cada caricia. Te voy a marcar para siempre. No podrás ser de nadie más.
Esas palabras surtieron un efecto avasallador en ella. ¿Quién dijo que ella querría ser de alguien más? Si él lo era todo, ella ya no pensaba, no razonaba, sólo sentía. Que rico era sentirlo tan posesivo y tan suyo. Ya no eran sus labios los que la acariciaban ahí, su lengua entró en acción y ella ya no supo nada más.
Cristales de azúcar reflejan la luna
lágrimas de alivio te muestran caminos
un paso más cerca la escarcha se quiebra
no tiemblo de miedo, sino de lo que te quiero
-¡John! Dios... no puedo más... por favor. Quiero sentirte... ya no quiero ser más una niña. Quiero ser una mujer ya. Quiero que ahh... ahhh... que me hagas tu mujer.
Ella suplicaba en medio de jadeos y un placer intenso. Él no lo pensó dos veces. La levantó para que ella lo rodeara con sus piernas y la llevó a la habitación. Durante el corto camino no dejaron de besarse y ella quería fundirse en él mientras lo acorralaba con sus piernas y sentía en su entrepierna su deliciosa erección. La llevó a la cama y la acostó en ella. Annie lo miraba expectante y desesperada. Él volvió a recorrerla entera con su boca y ella se arqueaba, pero cada vez estaba más ansiosa. Siguió excitándola y estimulándola con su lengua en ese lugar y cuando sus súplicas fueron muy difícil de ignorar, entonces la preparó para lo que venía.
Voy a darte lo que a nadie le di
vestida de azúcar un dulce para tí
te voy a derretir en el calor de mi voz
te quitaré el aliento y no me dirás adiós
Voy hacerte lo que a nadie le haré
no importa lo que pienses me arriesgaré
y aunque sé que las llevo de perder
prefiero dar un salto a lo desconocido
en un instante vivido
me moriré o lo lograré
Después de besarla un momento en los labios volvió a tocarla allí para asegurarse de que estuviera preparada y vaya que lo estaba.
-Llegó el momento, mi amor. Ahora sí vas a ser mía. Va a dolerte un poquito, cielo, pero no tanto. Prometo no lastimarte mucho.
-No me importa si me lastimas. Quiero sentirte ya.
Su determinación lo encendió, aún quedaba algo de la niña impulsiva, pero en el buen sentido. Buscó un condón y cuando lo abrió dispuesto a colocárselo...
-John... no. No te lo pongas. He esperado mucho tiempo para esto. Quiero sentirlo todo. Quiero todo lo que venga de tí, por favor.
-¿Estás segura, mi amor? ¿Sabes que podrías...?
-Lo sé y no me importa. ¿Sabes todo lo que he perdido por miedo?
-Entonces será como tú digas, preciosa.
Se colocó sobre ella para seguir besando su piel, sus labios, sus ojos, su rostro, bajó nuevamente para besar sus piernas, su vientre, besarla entera. Hasta que la vio desesperada y regresando a sus labios vio cómo ella abría las piernas un poco, lista para él. Sin abandonar su boca, se colocó en su entrada y comenzó a introducirse lentamente en ella. El camino estaba totalmente sellado. Ella se abrió un poquito más y subió sus piernas rodeándole la espalda. Él puso un poco más de presión y pudo entrar un poco más, ella sintió la intromisión con una punzada de dolor, se mordió los labios y lo instó a seguir.
-Si te lastimo, me lo dices, mi amor. No quiero hacerte daño.
-No te preocupes, quiero que llegues hasta el final. Voy aguantar, mi amor. Por favor, no quiero salir de aquí sin haber sido tuya.
Si ella estaba tan segura y decidida, entonces él no necesitaba nada más. Puso más presión, entrando cada vez más y su barrera cedía cada vez más, permitiéndole acceso hasta la mitad y ella soltó un grito que no pudo contener. Él pudo ver su expresión de dolor y se arrepintió por unos instantes.
-Lo siento, mi amor. Seré un poco más cuidadoso, haré todo lo que pueda por no lastimarte. Falta poquito, ¿puedes aguantar un poquito más?
Ella asintió y volvió a morderse los labios, gesto que lo excitó aún más. Fue apoderarse de sus labios nuevamente y esta vez entró en ella completamente aprovechando que le tenía la boca sellada con la suya y así pudo ahogar su último grito de dolor. Dejó de moverse unos segundos en lo que ella se acostumbraba a tenerlo en su interior y luego comenzó a moverse lentamente con pasos acompasados. A él le pareció la sensación más divina su estrechés y ella pronto dejó de experimentar dolor, que fue reemplazado por un placer indescriptible.
-Ya... ya no me duele. Ahora es... ahora se siente bien.
Le dijo moviéndose junto con él. Cuando él se fijó en su cara y vio todas las expresiones placenteras que ponía, aumentó la intensidad y fuerza en sus embestidas. Su excitación iba a millón. Ninguna de todas las mujeres que hubieron pasado por su cama podrían compararse a lo que sentía con esa chiquilla tan entregada, apasionada, perfecta y tentadoramente inocente.
-Te dije que sólo dolería un poquito, cielo. Ya no te dolerá más, nunca más.
Le dijó sin dejarla de embestir. Cuando él puso más fuerza y ella siguiéndole el ritmo, pudo arrancarle grandes gritos y gemidos que lo enloquecieron. Ella no sabía que nombre ponerle a todo lo que estaba sintiendo, pero era lo mejor de su vida y estaba segura de que lo repetiría una y mil veces. Lo que ella estaba sintiendo, la magnífica sensación, el placer, el arqueo y los espasmos no eran nada más que el primer y delicioso orgasmo de su vida, el cual consiguió elevando un largo grito de gozo que terminó por quebrar toda la fuerza de voluntad de John llevándolo al cielo junto con ella. Todo fue tan fuerte e intenso que él pudo ver su vida entera pasar de cerca, se vino abundamente en su interior y se debilitó por completo por unos momentos, cayendo encima de ella que lo esperaba con los brazos abiertos para arrullarlo después de ese mágico momento.
-Estuvo increíble, mi amor. Nunca pensé que podía ser tan rico y especial.
Le dijo ella acariciándolo y encantada de tenerlo sobre ella.
-Eres lo más hermoso que me ha pasado, mi niña linda. No me arrepiento de haberte hecho mía. ¿Y tú?
-Jamás, mi amor. ¿Cuándo podemos volver a...?
John se rió y la miró enternecido. Ella era única y especial.
-Descansa un poquito y verás todo lo que voy a enseñarte después, niña hermosa.
Ella hizo caso y con él sobre ella y aún en su interior, se quedaron dormidos. Felices, plenos y satisfechos.
=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=
Seis meses después
-Eso es, mi príncipe hermoso. Ahora ya estás listo para ir a tu escuelita pronto.
Dylan orgulloso se paró del inodoro que al fin había aprendido a ir al baño y a limpiarse solito. Allie se había dedicado al niño por completo desde que salía de la universidad, a excepción de los días de ensayo de teatro, si Jimmy podía, iba a verla junto con el niño.
-¡Papá!
Exclamó el niño al verlo llegar con su uniforme de policía que le quedaba tan divino y hacía que Alisson suspirara cada vez que lo veía.
-Hola, Dylan. Mi amor, ¿qué hacían?
-Pues, Dylan ya al fin va al baño solito y se limpia, no se ha hecho nada encima en todo el día.
-¿Ah sí? Pues eso hay que celebrarlo. ¿Qué quieres que papá te compre?
-¡Ulces!
Respondió el niño alegremente haciéndolos reir.
-En un ratito te llevaré a comer helados entonces. Primero la comida.
Alisson fue a servir la comida y a preparar la mesa mientras Jimmy se quitaba el uniforme y se ponía cómodo. Había hecho spaguetties con carne molida porque a Dylan le encantaban y a su padre también. Él regresó pronto al comedor y la ayudó a servir las bebidas.
-¿Y cómo te has sentido hoy, mi amor?
Le preguntó él mirándola con ternura mientras colocaba los vasos en la mesa.
-Hoy no he vomitado y creo que ya no podré seguir en la obra, están buscando quien me reemplaze. Ya se nota bastante.
Le respondió señalando su barriguita de cinco meses. Como lo predijo Jimmy, para el siguiente mes lo conseguirían.
-Gigi, estás portándote bien entonces. Sino papi no te compra helados como a Dylan.
Le hablaba cariñosamente Jimmy a su hija que venía en camino, la cual llamarían Gianessa y a la que él ya le tenía su apodo, "Gigi". Además era más fácil para que el niño lo repetiera. Estaba desesperado por conocer a su nueva hermanita y no entendía por qué tardaba tanto en llegar.
-¿Tú crees que le guste los spaguetties y no me mande a vomitar nuevamente?
-Claro que le gustarán, si no, no es mi hija.
-¡Jimmy!
-Es broma, mi amor. Esa es la niña consentida de papi. Hará todo lo que quiera.
Dijo él muy seguro de sí mismo. Ella rió porque sabía que definitivamente esa niña sería la perdición de Jimmy, como ya lo era ella y Dylan. A ella le hubiera gustado tener un niño, pero estaba más que contenta y agradecida con su nueva princesita.
-Está todo riquísimo, mi amor. ¿Verdad, Dylan?
-¡Rico!
Alisson sonrió feliz. Esos dos hombres eran toda su vida. Ella nunca pensó que la vida podía devolverle tanto. Tenía tanto amor y tanto cariño, tanto que agradecer. Tenía un marido que la adoraba y consentía. La complacía en todo y la comprendía como nadie, él podía ver a travez de su alma, como un ángel en la oscuridad, él había llegado para rescatarla y ella se había dejado ayudar. Por otro lado estaba Dylan, su hombrecito consentido, el hijo prestado que la vida le había dado y que la había llevado a conocer un amor puro, limpio y profundo. Adoraba a ese niño como si fuera su propia sangre. Ella lo cuidaba, le daba sus comidas, lo bañaba, ella elegía su vestuario, fue quien lo enseñó a ir al baño, a comer solito, lo acostaba cada noche, ella era su madre y el mismo Dylan lo reconocía. No había nada ni nadie que pudiera separarla de su principito, como ella lo llamaba.
=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=0=
Jeremy estaba bellísimo en sus diez meses. Ya daba pasitos y su pelito estaba bastante largo, más parecido a su padre que nunca. Nada le había quitado lo engreído. Sufría y hacía unas tremendas perretas cada vez que su madre cargaba a cualquiera de sus sobrinos. Era posesivo y celoso como su padre, es que sólo le hacía falta tener el mismo nombre, eran tal para cual, no sólo era parecido físico. Candy bromeaba diciendo que fue Terry el que parió a Jimmy.
-Mira, mi amor, se está moviendo.
Terry fue corriendo a tocar a su bebé, Candy ya se encontraba a punto de dar a luz y tenía una barriga tan enorme como la primera, otra vez caminaba como un pingüinito. El niño al ver a sus padres tan absortos con la barriga, se sintió en un segundo plano y comenzó a berrinchar para que le prestaran atención.
-¿Quieres sentir como se mueve también?
Candy llevó sus manitas a su barriga y la criatura empezó a moverse como si lo reconociera. Jeremy apartó sus manos e hizo señas para que Candy lo cargara. Ella lo cargó en su regazo y él rápido comenzó a buscar sus pechos. Ella se lo ofreció rápido.
-Mi amor, vas a tener que destetar a Jeremy. Entre los dos van a volverte loca.
-Lo he intentado, Terry, pero... no he podido. Él ha preferido pasar hambre que abandonar su tetis. Piensa que les pertenecen y nada lo hace cambiar de parecer.
Era lo menos que podía esperarse siendo hijo de Terry. Cuando Jeremy terminó de comer, Candy lo puso en el piso nuevamente y Terry fue donde ella para abrazarla y darle un beso. El chillido de Jeremy protestando los sacó de su momento mágico. Jeremy había llegado a los extremos, ni siquiera su padre podía estar cerca de su mamá, ella le pertenecía también. Pobrecito, pronto los brazos de su mami no serían sólo suyos.
-Lo siento, Jeremy, pero mami es mía ahora. Fue mía primero que tuya, así que espera tu turno.
Terry igual de engreído que su hijo, no se movió del lado de Candy provocando una guerra por parte del niño que lo comenzó a empujar y haciendo pataletas y llorando, Terry fue a cargarlo, pero él, malcriado y arrogante como su padre lo rechazó. Era su madre la que él quería que lo cargara.
-Ven aquí, bebé hermoso. ¿Quieres venir con mami?
Ella apartó un poco a Terry y cargó al niño, que sonrió triunfante. Terry se separó por completo y podría decirte que hasta un poco molesto.
-Me voy a ver televisión, que disfruten.
Dijo yéndose y Candy no lo podía creer, estaba entre la espada y la pared. No habían querido saber el sexo del otro bebé para que fuera una sorpresa, pero si era otro niño, que Dios se apiadara de ella.
-Terry, mi amor, ven aquí. ¿No me digas que estás celoso del niño?
-¿Yo? Claro que no. Pero ya que no puedes darme ni un segundo a mí y que no hay espacio para mí en esta casa, mejor los dejo solos, por lo que veo no me necesitan.
Era increíble. Sus dos hombres peleándose por ella. Pensó que si tenía una niña, pobrecita también al tener que soportar a su padre y a su hermano.
-Mi cielo, no digas eso, nosotros te adoramos, ¿verdad, Jeremy?
Dijo ella poniéndose de pie con el niño en brazos y acercándose a Terry que quiso permanecer molesto, pero al ver como el niño extendía sus bracitos hacia él... Porque eran tal para cual y se amaban. Derritiéndose por completo, Terry cargó a su hijo y se sentó en el sofá donde se dejó apapachar por su mujer. Y ahí estaba ella, con sus dos engreídos, feliz y contenta, reciviendo mucho amor y devoción.
-¿Te sientes incómoda, mi amor?
-No, sólo es que cada vez se hace más presión abajo, falta muy poco.
-Bueno, cualquier cosa me avisas, que yo llamo a Paula para que se quede con Jeremy si hay que dejarte en el hospital.
-No, no creo que sea... ¡Ay!
Una fuerta punzada la dobló de dolor, seguida de varias más.
-Voy a llamar a Albert. Quédate tranquila que iré por el bulto y todo. Resiste, que no tardo.
-¡Ooouch! No dará tiempo... Ya viene, mi amor, ya viene...
Continuará...
Hola chicas lindas!
Sé que este capítulo fue un poco más corto que los anteriores, pero vale la pena porque el próximo será el final y luego vendré con el epílogo, así que hay que guardar un poco de emoción para el fascinante final y epílogo que tengo planeado para esta historia. Ya saben, vendré con el paradero de Rosemary, Archie y Karen. Con el castigo de Mark y hay que ver qué ha pasado con la vida amorosa de Neil. Las demás parejas habrán hecho sus avances y también por fin habrá boda después de tantos contratiempos. Confíen en mí. Además, ya tengo el primer capítulo de mi próxima historia terminado. Lo subiré al finalizar esta y en el epílogo les dejaré un pequeño fragmento de ella.
¿Qué les pareció la entrega de Annie y John?
¿Qué tendrá Candy, arrogantito o pecosita?
Me dejan saber su opinión con un review.
*Canción de Annie y John: "Vestida de azúcar" Gloria Trevi
Las quiero,
Wendy
