Disclaimer: Las aventuras de Orphen no me pertenece, es una obra de Yoshinobu Akita.
Advertencias: Posible OOC. OC.
Notas de autora: Este fue mi primer fic y por ello, he decidido continuarlo o al menos editarlo. Espero aún exista alguien dispuesto a continuarlo, si es así, bienvenido sea y le agradezco por darle una oportunidad.
Emprendiendo nuevos caminos.
Orphen.
.
.
—¡Al fin hemos llegado! —exclamó alegremente Magic, en cuanto avistaba a una muy corta distancia su ciudad natal.
Habían estado conversando sin tregua todo el camino, recordando la corta estadía de Magic en la Torre, la gran amistad entre los padres de Cleo y Elliot, la peculiar historia de cómo se unió Leki al grupo, incluso la admiración del chico hacia Orphen.
"Un mito, el joven que se opuso a la corrupción de la Torre" así lo había llamado.
Sin embargo, la rubia y el chico mantenían una distancia cada vez mayor con respecto a sus compañeros, y aunque los incluían constantemente en sus charlas, algo en sus actitudes parecía estar incomodando al hechicero. Este caminaba considerablemente rápido, respondiendo sin mayor interés las cuestiones del recién llegado e ignorando en su mayoría los comentarios de Cleo, quien por primera vez parecía no verse afectada por la frialdad de Orphen.
—¡Maestro, espéreme! —protestó Magic, dando una pequeña corrida en dirección al hechicero— ¿Qué le ocurre?
—¿Por qué debería ocurrirme algo? —gruñó.
—Ha estado muy callado desde hace rato, ¿acaso le desagrada la presencia de Elliot?
—¿El nuevo mocoso ruidoso? En absoluto, parece ser agradable y de paso mantiene ocupada a esa niña malcriada.
Magic lo observó con desconfianza y luego sonrió.
—¿No estará celoso verdad? Quiero decir, Cleo ha mejorado considerablemente su humor desde que lo encontramos y no se ha apartado de él.
—¿Celoso yo? ¿De Cleo? Realmente tienes una imaginación interesante. Nada más creo que tienen mucho de qué hablar entre ellos, no veo porqué debería yo intervenir.
—Sabe maestro, creo que Cleo realmente apreciaría que fuera menos gruñón y se integrara un poco, usted mismo lo dijo, este es nuestro último viaje juntos.
Los almendrados ojos del hechicero se clavaron inmediatamente al suelo, pero no respondió.
—Bueno, aquí está mi casa —comentó la rubia, deteniéndose a pocos metros de la entrada.
—Es exactamente igual a como la recuerdo —mencionó Elliot, a medida que recorría con su mirada la impactante propiedad—. Me gustaría saludar a tu madre y a Mariabelle si no te importa.
—¡Por supuesto que no! ¡Les encantará volver a verte! —exclamó con emoción, dirigiendo de inmediato su atención a la perdida mirada de Orphen, quien permanecía inmóvil a un lado del camino no muy apartado de su aprendiz— ¿Les gustaría entrar un rato?, de seguro mi madre preparará una de sus famosas tartas y…
—No —interrumpió el hechicero, observando como los ojos de la rubia parecían llenarse de angustia a consecuencia de su brusca afirmación—. Gracias por la oferta pero tenemos algo de prisa. Ya nos veremos más tarde —agregó a medida que avanzaba en dirección contraria a la mansión Everlasting, dándole la espalda a la joven.
Magic lo siguió, aunque no sin antes dedicarles una amable sonrisa, y allí permaneció Cleo, observándolos marchar una vez más.
—¿Sucede algo? —le preguntó dulcemente Elliot, mientras la rodeaba con su brazo; sintió un ligero escalofrío recorrer su espalda, pero no le dio gran importancia, por lo que rodeó la cintura del joven en respuesta.
—Para nada —le respondió ésta, obsequiándole una hermosa sonrisa antes de disponerse a entrar.
—¿Estás completamente seguro, Lai?
—Ya te he dicho que si Tish. Debes recomendarle a Artia que tenga mucho cuidado, no puedo saber con claridad aún que sea lo que hay allí, pero una fuerza oscura está rondando esa ciudad.
—Entiendo. Pero, ¿no hay modo de que lo averigües? Se que tus sueños no han sido del todo claros, pero tu eres el vidente aquí.
—Estoy bastante seguro de poder hacerlo. Sin embargo en tanto no lo logro, debes hacérselo saber.
—Irrumpen en las Ruinas de Fascismors, vaciando las tumbas en su interior. Ahora las extrañas visiones de Lai junto a la repentina desaparición de infinidad de objetos mágicos dentro de la Torre, ¿qué demonios está ocurriendo? —inquirió una mujer de largos cabellos violetas, situada de espaldas a los hechiceros, observando a través de un gran ventanal.
—Créeme que lo mismo me pregunto yo. Sin embargo no hay tiempo para sacar conclusiones, debemos comunicarnos con Artia y de paso localizar a Crilancelo. De ser correctos los sueños de Lai, esa niña que lo acompaña está en peligro, ¿no crees Azalea?
.
.
—703—
—Gracias por leer—
.
.
