Hola como anda esa gente…yo estoy bien y espero que ustds también…en este capítulo van a odiar a cierta pelirroja asi que perdón si a alguien le gusta este personaje pero que se le va a hacer…perdonen algunos errores ortográficos…y….recuerden que esta historia es una adaptación (osea no es mia), pero una chica muy linda llamada LUSHIANA me dio permiso para publicar….A demás de que esta basado en el dorama de Hana Yori Dango

Ademas los personajes de Bayblade no me pertenecen, etc, etc, etc….Ahora a leer….


CAPITULO 5: SERE YO QUIEN PROTEGA A TACHIBANA

(Este capítulo va dedicado a una chica muy linda llamada Sara) (Espero que te guste )


Hiromi se quedó en total shock, ¿Por qué le dolía tanto que él no le haya creído? En el fondo sentía un gran hueco y tristeza.

—Hiromi—habló Salima acercándose a ella.

—Salima—contestó muy sorprendida y feliz por verla de nuevo, pero sin dejar de tener esa amarga sensación—. Al fin… has vuelto a la escuela—concluyó con una sonrisa.

—¿Te encuentras bien?—preguntó la pelirroja viendo a su amiga, fingiendo que no sabía nada.

—Sí, no te preocupes—dijo un poco nostálgica —. ¿Por qué no… me creyó?—se cuestionó a sí misma con un tono de tristeza, su amiga lo pudo notar.

—Hiromi, vamos a buscar a Hiwatari-san—Sugirió la pelirroja, Hiromi volteo a verla atentamente—, cuando se lo expliques lo entenderá. No eres de esa clase de mujeres.

—Gracias—contestó la de cabellos castaños comenzando a caminar a la salida, Salima la miró fijamente con aquella mirada de odio, esa mirada que se ha visto últimamente.

Max estaba viendo las fotografías que provocó aquel desastre, Tala tomó una y la vio fijamente. El silencio y la tensión reinaba entre todos, aún nadie se atrevía a mencionar algo sobre lo ocurrido y no querían provocar a su amigo. Kai miraba fijamente a la ventana tratando de calmar sus deseos de golpear a alguien.

—¿Por qué alguien querría tomar una fotografía así? —cuestionó Tala.

—No tengo la menor idea—contestó Max sin saber que opinar.

—Mira, ese gran anillo—Tala señaló la mano del sujeto que estaba con Hiromi en la imagen. El anillo era bastante grande y llamativo, tenía un signo que nadie supo distinguir con exactitud. Tal vez era de alguna fraternidad o club elitista.

—¡Hiwatari!

Todos giraron a la puerta donde se encontraba Hiromi junto con una apenada Salima por la intromisión a la mansión. Ambas chicas se acercaron, Hiromi a paso firme y Salima un poco dudosa. Tala y Max pusieron toda su atención al par, Kai sólo se giró de nuevo para seguir contemplando el exterior.

—Yo… esa persona… no pasó nada entre nosotros—explicó muy preocupada y apenada—. Tienes que creerme.

—Con esas fotos. ¿Cómo pretendes que te crea? —dijo Kai tajantemente girando para verla de soslayo, bufó y giró de nuevo su vista tratando de ignorar a la chica.

—Ni siquiera sé qué fue lo que pasó—Hiromi se notaba cada vez más desesperada.

—Está claro que te fuiste con ése tipo a un hotel y te sacaste esas fotos—explicó Kai ya que según él era la versión más lógica. Miró fijamente a Hiromi, sus ojos notaban un destello rojizo que hizo que a todos se les erizara la piel.

—Te estoy diciendo que no me di cuenta qué pasó hasta que desperté—gritó Hiromi harta de la actitud de Kai, respiró profundo tratando de recordar algo de ésa noche, pero nada venía a su mente.

—Hiwatari-san, por favor tienes que creerle a Hiromi—Intervino Salima—. A pesar de que las fotos parece que está durmiendo con ése hombre en un hotel y las fotos son rotundamente reales, pero… —agregó la pelirroja, Hiromi se quedó muy confundida, ¿de qué lado estaba ésa mujer?—. Debe haber una explicación tras todo esto.

—¡Cállate! ¿Quién te preguntó? —contestó tajantemente Kai.

—Salima sólo está ayudándome a explicarte lo que…

—Hiromi, no te preocupes—respondió Salima.

Un silencio invadió aquella habitación, la tensión estaba por las nubes. Max y Tala que se habían quedado sólo como espectadores se miraron entre sí, esto cada vez se ponía peor.

—Me has traicionado—rompió el silencio Kai.

—No es eso, no es lo que piensas—respondió Hiromi más tranquila y un poco desesperada, ya no sabía que decirle para que le creyera, pero reaccionó las palabras que le dijo aquel hombre—. Espera un momento ¿Quién te ha traicionado? —dijo muy alterada—. En primer lugar, jamás hemos tenido ningún tipo de relación—gritó muy enojada— ¿Por qué siempre estás diciendo que sí tenemos una?

—Claro, tienes razón—respondió Kai con la voz neutra, sin expresión alguna—. Entonces ya no tienes nada que hacer aquí—terminó de decir Kai y salió de ahí, Hiromi se quedó pasmada, tenía razón, se supone que no son nada, ¿Por qué insiste tanto en convencerlo de que ella no hizo nada?

—Muy bien—gritó la chica—. Así no tendré que malgastar mi tiempo en darte explicaciones.

Hiromi salió corriendo de ahí, Salima reaccionó y siguió a su amiga haciendo pequeñas reverencias para pedir una disculpa a los tres jóvenes. Max y Tala soltaron un suspiro de frustración, la situación estaba empezando a ser incómoda para ellos también.

—¿Qué fue todo eso? —cuestionó el rubio que había quedado con espectador de la escena.

—No lo sé—dijo Tala. Se levantó de su lugar y notó un pañuelo tirado, tal vez de Hiromi o Salima. Levantó el pequeño trozo de tela y volteó a ver a su amigo rubio— ¿Pero, no es mejor así? — cuestionó sentándose junto a su amigo—. Al menos ahora sabemos que Tachibana no está interesada realmente en Kai.

Kai se detuvo en la entrada al escuchar las palabras de su amigo, se quedó muy pensativo y suspiró con amargura. Tenía razón.

Hiromi llegó a su casa ya más calmada, aunque debía dejar esto en el pasado tenía que encontrar al culpable y no tanto por demostrarle a Kai su inocencia, sino para limpiar su reputación ante todos... cómo podían pensar eso de ella, ella todavía es... se puso colorada y movió su cabeza para despabilar esos pensamientos. Miró a su familia reunida en el comedor y sonrió, se veían muy animados.

—Mira Hiromi, tu padre compró una cámara—dijo emocionada la señora Tachibana.

—¿Qué tal si nos tomamos una fotografía familiar? —preguntó emocionado el señor Tachibana.

—Sí, vamos todos—contestó con una gran sonrisa Daisuke.

—Yo no tengo ganas de salir en la foto—aclaró Hiromi mientras se sentaba en un sillón.

—Vamos Hiromi, tienes que salir, por algo se llama fotografía familiar—reclamó su mamá.

—¡De acuerdo!—dio un gran suspiro y se puso junto a su familia para tomar la foto. El señor Tachibana puso la cámara arriba de una mesa para así salir todos, cuando todos estaban en posición para que saliera el disparo, no salió.

—Creo que alguien tiene que tomarla, yo lo haré—Dijo Hiromi algo frustrada.

Se levantó para tomar la cámara y capturar el momento, dio la indicación, pero antes de presionar el botón reaccionó. Dejó la cámara y se fue corriendo hacia su recamara dejando a sus padres desconcertados. Tomó su celular y marcó un número apresuradamente.

—Salima, acabo de descubrir algo—dijo algo impactada y con la respiración agitada.

—¿Qué pasa? —dijo Salima del otro lado de la línea.

—Está claro que tuvo que ser otra persona la que tomó la foto—explicó muy segura Hiromi—. Debo encontrar al culpable—dijo muy decidida—. Salima, ¿puedes ayudarme?

—Hiromi, ¿estás haciendo esto por Hiwatari-san? —preguntó la pelirroja muy seria. Hiromi no respondió—. ¿Realmente te importa la opinión que tenga él de ti ahora? —siguió cuestionando la pelirroja—. Él no te entiende para nada.

—Tienes razón en eso, pero… —trató de justificarse, pero no encontraba las palabras adecuadas.

—Lo siento, si estás haciendo esto por Hiwatari-san, no puedo ayudarte—sentenció Salima pero, no importa lo que ocurra, yo siempre estaré a tu lado apoyándote.

—Ya veo. Bueno, te llamaré en otro momento, adiós—Hiromi colgó, se dejó caer en su cama soltando un gran suspiro.

Salima guardó su móvil y sonrió de lado, miró a su alrededor y se dirigió a la barra. La música sonaba alta y el ambiente de fiesta se podía notar. Pasó junto a un espejo y analizó su vestimenta: una minifalda negra y una blusa strapless morada, su rostro completamente maquillado, se veía tan atrevida y sexy, sonrió satisfecha por su apariencia.

—Hola preciosa, ¿Qué ocurre? —cuestionó un joven mientras la abrazaba por la cintura. Salima cambió su expresión y se soltó del agarre.

—No ocurre nada—contestó la chica mientras que aquel joven le sonreía, ese chico tan parecido a Brooklin.

—Pero buscar al culpable tú sola, ¿no será peligroso? —preguntó Mariam mientras levantaba una cajita en la bodega de la tienda, caminó a la habitación principal donde reciben a los clientes.

—Eso creo, pero tengo que hacerlo—explicó Hiromi mientras entraban a la habitación principal.

Las chicas escucharon la campana que indicaba la entrada de nuevos clientes, giraron para ver de quién se trataba y se sorprendieron al ver a los miembros del F4, bueno, sólo a Max y Tala.

—¿Qué están haciendo aquí? —preguntó Hiromi acercándose a donde estaban ellos.

—Pasábamos por aquí, decidimos venir a saludar—comentó Max.

—En otras palabras, no tienen nada que hacer—contestó la de ojos chocolates con un gran suspiro.

—Así es—contestaron Tala y Max con una sonrisa muy picarona, claro cada quien a su estilo.

—Por cierto, ¿esto es tuyo?—preguntó Tala sacando aquel pañuelo que tomó en la casa de Kai.

—No—dijo Hiromi.

—Bien, ¿Qué te parece si jugamos a los detectives?—dijo Max muy animado, parecía niño de primaria, se paró junto a Hiromi, la cual no comprendía muy bien—. Te ayudaremos a encontrar al culpable—terminó de decir el rubio.

¿De verdad?—sonrió ella—. Pues, muchas gracias.

—De acuerdo, comencemos de una vez—dijo Tala—. Max, te quedaras aquí sustituyendo a Hiromi en el trabajo.

¿Por qué yo? —dijo indignado el rubio, había sido su idea, debía de ir.

¿Recuerdas aquel favor que me debías?—Tala lo miró cautelosamente y Max suspiró resignado mientras asentía con su cabeza. No era justo, pero debía cumplir.

—Quiero ir contigo para encontrar al culpable.

Salima había ido a la casa de Kai con la intención de "ayudarlo", sabía que era su momento y no pensaba desaprovecharlo. Kai ni siquiera se inmutó por mirarla, Salima pensó que tal vez por su vestimenta, debió ir un poco más atrevida.

—No me interesa—contestó muy serio el Hiwatari menor.

—¿No te gustaría saber qué realmente pasó aquella noche entre ellos dos? —siguió insistiendo la pelirroja—. Esta tarde iré al puente del parque central, te estaré esperando.

—No pienso ir—concluyó el chico—. Lárgate de mi casa—gritó a Salima aventándole un cojín que estaba en el sillón, la pelirroja se quedó un poco asustada y se fue del lugar dejando a un enfurecido Kai.

Tanto Tala como Hiromi observaban atentos la fotografía buscando alguna pista o algo relevante que los pudiera llevar con el culpable.

—Mira, no me había percatado de ese anillo—comentó Hiromi señalando el anillo.

—Ya lo había notado antes—Tala tomó una lupa y vio el anillo más detenidamente fijándose en su estilo y forma, recordó que sólo hay un lugar donde lo venden.

Kai no dejaba de pensar en las palabras de Salima, a pesar de todo quería conocer la verdad atrás de todo esto. Quería conocer quién era el imbécil con el que Hiromi se atrevió a... aún ni siquiera era capaz de concebir eso en su mente. Cerró los ojos y se dejó caer en el sillón de la estancia. Escuchó ruidos y miró a la entrada principal donde su padre llegaba junto con su asistente.

—¿No te habías regresado a Osawa?—preguntó Kai con indiferencia. Keil miró a Nadeshko haciéndole una seña con su cabeza, la joven asistente se acercó a Kai sosteniendo un sobre, lo abrió y sacó unas fotografías dejándolas en la mesita de centro. El menor de los Hiwatari miró atento dándose cuenta de que eran las fotografías de Hiromi con aquel hombre, se sorprendió completamente. Miró a su padre con algo de rencor.

—¿Fuiste tú el que hizo todo esto?—preguntó Kai comenzándose a enojar—. ¿Mandaste a tomar ésas fotos? —gritó con más enojo.

—No te dirijas a mí de esa forma—sentenció Keil muy tranquilo—. Ante todo eres el heredero de las empresas Hiwatari—siguió hablando el señor Hiwatari—. ¿Cómo puedes mantener una relación con una chica como ésta?—gritó muy enojado tomando las fotografías y tirándolas al suelo—. El amor, esa sensación tan inútil, no tiene ningún significado—dijo más tranquilo el señor. Kai se quedó mudo ante las fuertes palabras de su padre, tal vez tenía razón.

—Señor, ya es hora de tomar el vuelo—intervino Nadeshko.

El señor Keil miró a Kai y se dio media vuelta para salir de ése lugar. Kai bufó y observó a su padre desaparecer de la habitación. Tal vez tenía razón, pero ahora con mucha más razón debía saber la verdad detrás de todo esto, así al menos confirmaría lo que ya sabía. Tomó su celular y buscó un número, espero unos segundos y una voz femenina le contestó.

—Salima, espérame, en un momento llego allá.

—Disculpe—Tala e Hiromi entraron a una tienda de ropa muy exclusiva, Hiromi estaba sorprendida por la elegancia del lugar, en su vida había estado en un lugar así—. ¿Venden aquí este anillo?

—Así es señor—contestó un hombre con un traje muy elegante, ambos chicos notaron el gafete que traía prendido en su pecho: el gerente de la tienda.

—¿Podría decirme quién fue los últimos en comprarlo?—preguntó Tala tranquilamente.

—Lo siento, señor. No puedo dar información personal de los clientes—contestó el hombre cortésmente..

—¿Qué pasaría si yo abro una tienda a un lado de aquí?—comenzó a decir Tala con un tono muy serio y viendo a su alrededor. Aquel hombre tragó gordo y comenzó a sudar frío.

—Ha sido un empleado de un club, el que lo compró—contestó inmediatamente el encargado, le dio miedo el solo hecho de pensar en tener como competencia al famoso Tala Ivanov.

—Muy bien, ¿Qué club?—preguntó Tala con una sonrisa de lado.

—Ahora iremos a ese club—dijo Tala caminando lo más rápido que podía, Hiromi trataba de seguirle el paso corriendo.

—No puedo creer que ustedes conozcan esos tipos de lugares tan bien—dijo Hiromi muy sorprendida y con la voz entre cortada por correr.

Siguieron caminando, Hiromi por fin había alcanzado el ritmo del andar de Tala, miró al frente y se quedó pasmada con lo vio. En frente de ellos se encontraba Kai junto con Salima, sus caminos se encontraron, hasta que Tala los vio.

—Kai, ¿también andas buscando pistas para encontrar al culpable? —preguntó Tala.

—Claro que no—contestó Kai muy tajante.

—Entonces ¿Qué haces? —preguntó un poco confundido el pelirrojo.

—Echa un vistazo e imagina—con su mirada señaló a la pelirroja, la cual estaba atrás de él sin decir nada. Kai vio como Hiromi se quedó muy impactada con lo que vio y eso hizo que sonriera victorioso por dentro—. Vamos—le ordeno a la pelirroja.

Hiromi trató de no darle tanta importancia a eso, suspiró y miró a Tala quien sólo le regaló un gesto de aliento, despabiló su mente y siguieron con su trabajo.

—Oh, sí, recuerdo a esa chica—comentó el encargado del club. Salima le había mostrado la fotografía al hombre.

—¿Y sabe a dónde se fue cuando se marchó de aquí? —cuestionó Salima. Kai no decía absolutamente nada, según él se quería mantener al margen de todo.

—Pues como andaba, es muy obvio para donde iba—dijo el encargado con un tono de malicia y perversión.

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—Oh, sí estuvo aquí.

Habían ido en busca del hotel donde se supone estuvieron Hiromi y ese tipo. Aunque Kai por un momento pensó que era demasiada coincidencia que Salima supiera a cuál ir. Mostraron la fotografía al encargado del lobby y confirmó que en efecto Hiromi había estado ahí hace un par de días.

¿Podría decirnos en qué habitación estuvo?—preguntó Salima.

Hiromi y Tala no tuvieron mucho éxito, habían llegado al club donde Hiromi había estado esa noche pero no vio a nadie con el anillo. Tala miraba a todos lados tratando de buscar algún sujeto con ese adorno, pero nada.

—Debemos separarnos para cubrir toda el área—sugirió Tala. Hiromi asintió y se fue al lado contrario del pelirrojo, se recargó un momento en la pared y no pudo evitar recordar que Kai y Salima estaban juntos en ese momento.

Kai y Salima entraron a aquella habitación de hotel, Salima había sobornado al encargado para que sólo les dejara echar un vistazo. Observaron el lugar detenidamente llegando a la cama.

—Entonces aquí fue todo—susurró Salima, pero con el suficiente volumen para que Kai la escuchara.

El peligris veía la cama y se posicionó en el lugar exacto como fue tomada la foto, se imaginó aquella escena donde aquel bastardo tocaba a Hiromi, de cómo la hacía sentir mujer, de cómo la hacía suya, tantas imágenes pasaron por su mente, eso le enfermo y lo entristeció; el joven se sentó en la orilla de la cama, estaba ido, todo daba vueltas en su cabeza, se dejó caer completamente a la cama, Salima también se sentó en la cama junto a Kai, lo miraba fijamente, miraba como el sufría por culpa de Hiromi.

Salima comenzó a bajar lentamente para quedar casi sobre Kai, el chico miró como la pelirroja se acercaba pero no hacía nada para evitarlo, estaba totalmente en shock, sabía de las intenciones de ella y aun así no hacía nada al respecto, Salima se acercó a los labios del ojivioleta, cerrando los ojos, lo quería besar y lo lograría.

—Ni se te ocurra—sentenció Kai a unos milímetros de distancia, se levantó arrojando lejos a la chica y salió de ese lugar dejando a Salima muy molesta e indignada.

Hiromi regresó a la tienda de dangos, ya estaba cerrado el lugar pero ahí estaba Mariam esperándola. Sonrió con pesadez y se acercó a su amiga. Ambas chicas caminaron hacia sus hogares, Mariam aún no había querido preguntar nada sobre lo ocurrido, podía notar que Hiromi no estaba bien y eso le preocupaba demasiado.

—Hiromi—llamó su amiga muy preocupada—. ¿Qué ocurre?

—Mariam—detuvo su caminar—. Realmente me gusta Brooklin—la de ojos verdes se quedó algo sorprendida por el comentario—. Así que desde ahora, la única persona que estará en mi corazón será él—continúo explicando con una sonrisa fingida, pero su sonrisa duró muy poco al recordarlo de nuevo—. El problema es que ahora ese tipo… —su voz sonaba melancólica—.Hiwatari y Salima estaban paseando juntos y cuando los vi… mi corazón comenzó a sentir pánico—dijo con un nudo en la garganta.

—En mi opinión—comenzó a hablar Mariam—el amor llega cuando menos te lo esperas.

—¿Amor?—preguntó ingenuamente Hiromi—. ¿Estás diciendo que entre él y yo…? No, claro que no—Hiromi se alteró un poco, iba a contestarle a su amiga cuando su celular comenzó a sonar marcando Salima en la pantalla.

—Hola—contestó su celular.

—Hiwatari-san me acaba de pedir que te llamara, quiere arreglar las cosas contigo.

—¿De verdad? –preguntó emocionada Hiromi.

—Ven a mi casa—dijo Salima—. Hiwatari-san te está esperando en mi casa—la pelirroja colgó el teléfono. Tomó una navaja y comenzó a rasgar una hoja un libro con mucho coraje, como tratando de borrar algo, de esconder algo.

Tala se había quedado en el bar, estaba algo fastidiado por todo lo que hizo, peor aún no lograron nada con la búsqueda. Se sentó en la barra y pidió un whisky, miró a su derecha y una chica le sonrió coquetamente, él sólo atino a levantar su vaso como un gesto cordial y tomarse la bebida. La chica se acercó para entablar una conversación con el pelirrojo, pero torpemente tiró su vaso y se ensució completamente; Tala buscó en su ropa y sacó lo primero que encontró, aquel pañuelo que había encontrado en la casa de Kai. Limpió a la chica y ésta se disculpó yéndose al baño, Tal sacudió el pañuelo y una tarjeta cayó al suelo, la levantó y se quedó en shock al leer lo que decía. Necesitaba otro trago para asimilar todo, pidió al cantinero otro vaso y escuchó una voz masculina cerca de él pidiendo exactamente lo mismo. Miró al sujeto y se sorprendió al notar que llevaba el anillo que tanto habían buscado.

Hiromi no dudó en ir a la casa de Salima, por fin podría resolver todo con Hiwatari y así limpiar su reputación ante él, olvidando completamente sus palabras. Llegó donde Salima y entró a la estancia sin siquiera saludar, miró a su alrededor y no vio a Kai por ningún lado.

—¿Dónde está Hiwatari? —cuestionó Hiromi.

—Primero déjame traerte un poco de té—contestó con una amplia sonrisa la pelirroja.

—¿Quién te contrato para que sacaras esas fotografías?

Tala acorraló al tipo, estaba seguro que era él, al menos no podía titubear para poder sacarle la información. Acorraló al tipo en un pasillo y lo sujetó del cuello de su camisa.

—Fue alguien llamado Chibi, ella me pagó para que lo hiciera—contestó el tipo con un poco de esfuerzo.

—¿Chibi?—Tala lo presionó aún más.

—Sí, me dijo que era una niña rica que había empezado a estudiar en el Bayblade High School desde la guardería—explicó un poco asustado.

No tenía que decir más, ahora todo concordaba perfectamente. Aquella nota en el pañuelo, el comportamiento de ésa chica, todo tenía sentido. Soltó al tipo y éste salió corriendo lejos de ahí, tomó su celular y marcó un celular, tenía que ponerlos al tanto de lo que ocurría.

Hiromi se quedó esperando a que Salima regresara con el té, observó detenidamente la habitación, fijó su vista en un escritorio; vio aquel un álbum que Salima guardaba con mucho recelo. No podía negar que tenía curiosidad por saber el contenido del anuario, se acercó a él y echando un vistazo para saber si Salima venia tomó el libro y le dio una hojeada. Había varias fotos, en una estaban cuatro niños alrededor d años, sentía que ya había visto esos niños y recordó cuando estuvo en la casa de Mathilda, esos niños eran los F4 cuando niños. Giró la página y vio varias fotos personales, pero le sorprendió ver algo, tanto que aventó el anuario, era una foto desgarrada, ya no se notaba quien era, pero abajo decía claramente: Hiwatari Kai. Hiromi sintió un escalofrió, giró a la entrada y ahí se encontraba Salima sonriendo malévolamente.

Todas las cosas de la habitación terminaron desparramadas y rotas, ni siquiera eso pudo calmar el coraje y frustración que sentía Kai. Se sentó en la orilla de la cama y tomó su cabeza con sus manos, estaba cansado de toda la situación; observó la habitación hecha un desastre y pudo notar entre los escombros una bufanda de color marrón claro, aquella que la cubrió del frío, se puso de pie y la tomo sintiendo en sus dedos la tela, que aunque barata, tenía un calor único y que a su vez le hacia recordar al color de cabello de Hiromi. Reaccionó y la hizo bola para arrojarla, pero simplemente no pudo, a pesar de todo no podía negar que ésa chica se había convertido en algo especial. Sus pensamientos fueron interrumpidos por el sonido de su celular, tomó el aparato y lo puso junto a su oreja sin decir una sola palabra.

—Hiwatari-san, gracias por acompañarme ahora—dijo Salima con una voz infantil. Kai rodó los ojos, no tenía ganas de hablar con ella así que pensaba colgarle—. No me había dado cuenta que eras muy fácil de engañar—comentó Salima haciendo que Kai se detuviera—. ¿Todavía no te has dado cuenta? Todos los que visitamos dijeron lo que yo les ordené.

—Tú… -dijo Kai comprendiendo todo.

—Ven a la cafetería de la escuela rápido—ordenó la pelirroja—. Tú querida Hiromi está esperándote, ven tú solo.

—Espera—gritó Kai pero era tarde, la pelirroja había colgado el teléfono, sin pensarlo dos veces salió corriendo de ahí con todo y bufanda.

Era de noche y en el Bayblade High School no había ninguna alma, Salima aprovechó eso para esperar a Kai ahí. No podía dejar de ver su atuendo, como realmente ella era, sexy, atrevida y hermosa. Una linda minifalda de cuero junto con una blusa sin mangas y unos tacones altos, todo negro. Escuchó ruidos y miró la entrada donde estaban tres hombres enormes que había contratado, ellos traían arrastrando a Hiromi, quien venía amarrada de las manos.

—Suéltame—ordenó la castaña sin mucho éxito.

Los hombres la arrojaron al suelo en el centro de la cafetería. Hiromi levantó la mirada y pudo ver a Salima, a una Salima que ella no conocía. Inevitablemente sus ojos se llenaron de agua salada.

—¿Por qué haces esto, Salima? —cuestionó muy confundida—. ¿No éramos amigas?

—¿Amigas? No me hagas reír—contestó sin mucha importancia, Hiromi se quedó en total shock—. Yo pagué al tipo del club para que lo hiciera—explicó—. Te puso pastillas en el té para dormir y yo organicé el resto—sonrió con malicia—. Fui yo quien tomó aquella foto.

—Ya es suficiente, incluso le haces eso a tu amiga ¡ERES INHUMANA! —gritó Hiromi con mucha tristeza, la pelirroja se irritó y se acercó a ella.

—Cierra la boca—gritó Salima muy enojada y dándole una cachetada a su prisionera aprovechando su vulnerabilidad—. Hay algo que tengo que hacer—dijo la pelirroja con una malévola sonrisa tomando el rostro de Hiromi—. Hiwatari y yo hemos estado juntos desde la guardería y desde entonces quiero vengarme de él—comentaba la pelirroja mientras caminaba de un lado al otro muy lentamente sin perderle la vista a Hiromi, ella también sostenía la mirada retadoramente.

—¿Venganza?—cuestionó Hiromi sin entender.

—Por eso te he estado usando—contestó inmediatamente la pelirroja dejando de caminar—. Haberme sentado contigo aquel día fue casualidad. Pero, el golpear a Hiwatari con la bandeja de comida estaba planeado—explicó la pelirroja recordando aquel incidente—, jamás me habría imaginado que saldrías en mi defensa. Aunque, lo que nunca hubiera esperado que ocurriera, sucedió.

La Tachibana tragó gordo y Salima se paró frente a ella, en plena guerra de miradas Salima sonrió de lado, pero esa sonrisa desapareció dejando amargura en su rostro.

—Se enamoró de ti—Hiromi abrió los ojos como un par de platos.

—Pero ¿Qué te hizo para que reacciones de ésa manera?—preguntó Hiromi muy seria.

—Siempre ha sido un idiota, tal y como es ahora, incluso cuando éramos niños—comenzó a platicar la Yamashita con mucho odio en sus palabras—y esta vez me vas a volver a ayudar—Hiromi intentó zafarse del agarre, pero fue imposible—. Te voy a utilizar para obligar a Hiwatari a venir aquí.

—Hiwatari no va a venir—dijo Hiromi muy seria y muy triste—. A ése tipo… no le preocupo en lo absoluto.

—Es el haberse enamorado de ti lo que me saca de quicio—gritó Salima muy enojada viendo a Hiromi con mucho odio.

—¡Tachibana!

Todos giraron a la entrada y vieron a Kai entrar. Hiromi se quedó en shock, realmente fue por ella, eso en cierta forma la emocionó. Kai lucía agitado y tratando de recuperar el aire se acercó a paso lento al centro de la cafetería. Salima miró al chico con algo de asombro. La de ojos chocolates reaccionó, Kai había ido directamente a la trampa.

—¿Por qué has tenido que venir, idiota?—gritó Hiromi fingiendo molestia, pero en el fondo le preocupaba.

—Tachibana… yo… —trató de hablar Kai—. Lo… lo… —no sabía cómo decirlo, en su vida se había rebajado a hacer eso—Lo siento—dijo sin más. Hiromi y Salima se quedaron impactadas ante las palabras del peligris.

—No te he llamado para que vengas con esas cursilerías—interrumpió Salima.

—¿Qué demonios es lo que quieres? —gritó el chico muy impaciente.

—Quiero que me enseñes—dijo Salima sacando una navaja—lo mucho que quieres a esta chica—levantó a Hiromi, la tomó por la espalda y colocó su navaja en el pequeño cuello de la Tachibana. Kai intentó acercarse a ellas—. Si intentas defenderte, ¡le desfiguro la cara!—amenazó Salima.

—Me estas subestimando—dijo Kai muy serio acercándose a las chicas, dio un gran suspiro—. Tachibana, cierra los ojos.

—¿Qué? —dijo la chica aún en el amarre de Salima.

—Sólo hazlo, ciérralos—insistió Kai.

Hiromi sin cuestionar más cerró sus ojos, la pelirroja miró fulminantemente al ojivioleta, miró a aquellos hombres que estaban ahí y les hizo una seña. Los tres tipos se acercaron a Kai y uno llegó directo a darle un puñetazo en la cara, Hiromi escuchó el golpe y por inercia abrió los ojos y vio como Kai estaba de lado con un hilo de sangre en su boca.

—Vaya—habló Salima—. Tu valentía me sorprende—dijo la pelirroja haciendo una señal de que continuaran golpeándolo. Los tres hombres se acercaron dándole una ronda de golpes al peligris.

—¡Basta!—gritó Hiromi desesperada—. ¡Dejen de golpearlo!

—¿Cómo te sientes?—preguntó Salima con sarcasmo—. Siempre tan poderoso y ahora estas recibiendo una paliza—lo dejaron de golpear. Kai terminó en el suelo y trató de ponerse en pie con gran esfuerzo, sujetó su costilla derecha con fuerza, tal vez estaban rotas. Logró ponerse completamente de pie y miró retadoramente a la pelirroja.

—¿No estás contento? –Seguía Salima con su sarcasmo.- si no estás contento ¡entonces pelea! –gritaba la pelirroja.

—¿Esto es todo?—habló Kai con mucho orgullo—. No duele en lo absoluto—terminó diciendo eso mientras escupía sangre y se limpia los hilos de sangre que tenía.

Ese comentario enfureció a Salima. Miró a sus hombres y le hizo una seña para que siguieran golpeándolo, Kai tenía que pagar si es posible con sangre. Apretó con mayor fuerza a Hiromi para seguirla sometiendo y obligándola a observar el espectáculo.

—¿Por qué no se los devuelves?—gritó Hiromi llorando—. Nunca nadie te había golpeado así, podrías vencerlos a todos si tan solo te defendieras—cerró sus ojos con fuerza—. ¡¿POR QUÉ NO TE DEFIENDES?!

Los hombres arrojaron a Kai a una mesa, haciendo que la misma se rompiera, el menor de los Hiwatari estaba muy lastimado, se recargó en una silla para poderse hincar. Salima estaba molesta por la actitud altanera que mostraba su enemigo, arrojó a Hiromi al suelo y se acercó a él.

—¿Por qué no te defiendes?—dijo Salima—. ¿Tanto te importa esta fea?—gritó Salima señalando a Hiromi.

Kai vio en el suelo la bufanda, se arrastró para sujetarla fuertemente, miró a Hiromi por un momento viendo la tristeza en esos ojos chocolates.

—Yo he gastado mucho dinero para volverme más hermosa, solo para ti—dijo Salima sollozando.

Miró a Salima y unas imágenes vagas llegaron a su mente, él de pequeño despreciando vilmente a una niña que le demostró sus sentimientos. Esa niña que llegó a llamar fea y la rechazó enfrente de todos era Salima, y por fin comprendió toda esa actitud por parte de ella. Y por primera vez se sintió mal por su actitud.

—Me convertí en una belleza—decía Salima llorando—. No me importaba nada más, me hice más bella, mi cuerpo, mi rostro—Susurraba mientras se tocaba—. Si tan sólo pudieras por lo menos mentirme, decirme que me veo hermosa, al menos una vez—suplicó la chica tratando de aguantar el llanto.

—Tachibana—susurró Kai mientras trataba de gatear hacia la chica, Salima se enojó aún mas, el joven la estaba ignorando en su totalidad y eso no lo soporto.

—¡Dímelo!—exigió—. Dime que soy hermosa—gritó.

Kai no se inmuto en siquiera ponerle atención, su único objetivo era llegar hasta Hiromi. Salima se hartó de la situación, se acercó para darle una patada al chico pero no pudo al ver que la de cabellos castaños se había interpuesto entre ellos dos protegiendo al Hiwatari. La pelirroja se sorprendió, ¿Por qué lo hace? No soporto más y se fue de ahí corriendo, aquellos hombres de igual forma se fueron siguiendo a su jefa dejando solos a Hiromi y a Kai.

Hiromi se levantó de Kai, se había recostado arriba de él para protegerlo sin siquiera pensarlo. Kai trató de levantarse pero se detuvo al sentir un gran dolor en sus costillas.

—Hiwatari. ¿Estás bien?—preguntó muy preocupada la chica.

—No, no estoy bien—dijo seriamente y miró a Hiromi con una sonrisa de lado.

—¿Por qué?—susurró la chica—. ¿Por qué no te defendiste?—preguntó muy preocupada, con un nudo en la garganta, miraba a Kai muy preocupada, aún estaba amarrada de las manos así que no podía ayudarlo a levantarse.

—Porque si me hubiera protegido, no habría sido capaz de protegerte—dijo Kai con un poco de esfuerzo, poniéndose a la altura de Hiromi para verla fijamente—. Quiero dejar algo claro, no es que no pudiese defenderme de ellos—comenzó a hablar Kai, sacando a flote su orgullo—, fue sólo por ti—terminó de decir rozando la mejilla de la chica.

—¿Por qué?—preguntó la chica con lágrimas en sus ojos—. Sabías que esto ocurriría y a pesar de todo viniste.

—Tenía que venir—dijo Kai acariciando la mejilla de la chica—, no sé qué me pasa cuando estoy contigo, no sé que siento cuando estás conmigo, pero es algo que jamás había sentido. Estar contigo, tenerte cerca—dijo mientras se acercaba más y más a la chica—, me hace sentir algo tan cálido y la verdad—dijo rozando los labios de Hiromi—quiero descubrir que es eso—y selló sus labios con los de ella delicadamente, Hiromi no pudo evitarlo, como estaba amarrada, pero dentro de ella también deseaba ese beso, también ella quería descubrir que era lo que sentía por él.

El señor Hiwatari terminaba de revisar unos documentos, por suerte eran los últimos para poder regresar a Tokio. Había recibido una llamada de que su hijo menor había estado en el hospital, pero que ya se encontraba dado de alta, eso le molestó, ¿cómo se atreven a ocultar algo tan importante?

—¿Kai estuvo en el hospital?—preguntó molesto Keil a su asistente para confirmar la noticia, ésta sólo asintió con los hombros encogidos, ese hombre siempre le había dado mucho miedo.

—Sí—contestó algo nervioso la chica—. Lo ha estado cuidando Hiromi Tachibana.

—Esa chiquilla aún continua pegada a Kai—eso era lo que realmente le disgustaba. Por eso tenía que volver a Tokio, no pensaba permitir que su hijo hiciera de su vida un papalote, no mientras él estuviera vivo, porque nadie se mete con el gran Keil Hiwatari.

Había pasado una semana desde aquel incidente con Salima, Hiromi ahora se le veía más con los F4, se habían hecho muy buenos amigos. Kai procuraba que ella se mantuviera con él, después de lo que pasó nadie se atrevía a tocar el tema sobre esas fotografías, la venganza de Salima —porque toda la escuela se había enterado gracias a Reyna—, todos procuraban seguir con sus vidas como si nada, y aquella persona que no lo hiciera las pagaría con una tarjeta roja.

Aunque sutilmente todos molestaban a Salima por su pasado, ahora todos la recordaban de como era y paseaban junto con la fotografía del anuario. Hiromi se molestó al escuchar a un par de chicas molestando a la pelirroja y las detuvo; todos se sorprendieron por la actitud de la de cabellos castaños, sobre todo Salima quien sólo le dio un gracias y se marchó del lugar.

—Me gusta mucho esa actitud de la mujer que me gusta—dijo Kai llamando la atención de sus amigos. Kai la abrazó y comenzó a molestarla, aunque con poco éxito porque aún traía vendajes. Max rió por la actitud de Kai, hacía tanto tiempo que no lo veía jugar así con alguien. Tala rodó los ojos por la actitud inmadura de ese par, pero no pudo evitar sonreír de lado. Sus vidas habían vuelto a la paz y tal vez ahora si Kai e Hiromi podrían ser...

—Hola a todos.

Todos se paralizaron, giraron lentamente hacía la entrada de la cafetería y se sorprendieron al verlo ahí nuevamente—. He vuelto—dijo con una amplia sonrisa Brooklin Wheeler, todos se quedaron impactados por verlo, pero sobre todo Hiromi, se quedó en shock, y no pudo evitar que un pequeño temblor apareciera en sus labios y un leve sonrojo invadiera sus mejillas.


Y que tal…si lo se, todos estarán preguntándose ¡¿Por qué diablos aparece el sexy de Brooklin a confundir a Hiromi cuando nuestra castaña estaba empezando a sentir algo por el cubito mas irresistible de Bayblade?!...pues aun no puedo responderles a esa pregunta pero créanme pronto les responderé y con lujos de detalle…solo sean pasientes y esperen…cuídense…Sayonara…

Y AHORA A CONTESTAR SUS REVIEW:

Sara : Nuestro Kai esta sufriendo ahora pero con este cap creo que mas… no me odies…y bueno ahora ya sabemos quien es la que quizo separar a nuestra pareja favorita …y gracias por seguir la historia….espero que te haya gustado este capitulo….continua leyendo…Sayonara.

Ishizu Minamino : ¿quieres casarte con Kai?...quien no XD….y ya viste que tenias razón…nuestro pelirrojo sexy esta ayudando a la castaña a buscar la verdad…que lindo es Tala…LO AMO…XD….y bueno lo de hacer sufrir a Kai pues tratare de no hacerlo mucho…continua leyendo..Sayonara

Y es todo por hoy…cuídense y hay los vidrios!...Atte: Azura Hiwatachi Uchiharu