—Tonto.

Yuuki miro con recelo a la persona que le había dicho eso.

—Ah, Hola Lee.—contesto este, con un aparente desinterés en las palabras de su "amigo". Lee lo miro con indiferencia.—¿Cómo estas hoy?

—Bien, gracias por preguntar.—contesto el de cabellos caoba con una falsa sonrisa. Yuuki le sonrió de la misma falsa forma.—¿Y tu?

—Igualmente bien, como tu.—contesto Yuuki, con sarcasmo.

—¡Por supuesto! Ósea, tu y yo tenemos exactamente lo mismo.—dijo, consiguiendo que el rubio lo mirara extrañado.—Tu y yo compartimos todo. Absolutamente todo.

Entonces Yuuki comprendió a lo que se refería...Kaito.

—Lee, yo...—intento excusarse el Rubio, pero fue interrumpido por el de ojos azules.

—Tu eres un egoísta. Si abrieras mi corazón y vieras cuan enamorado estoy de el te alejarías. —le reclamo Lee, totalmente profundo y reflexionado. El no sabía si amaba a Kaito, pero el hecho de sentir perder algo lo hacía aferrarse más y más a el. Lee es de esas personas que no valoran algo hasta estar en el momento en que lo pierden. Sin embargo con el era totalmente distinto. Aun recordaba cuando ocurrió todo.


Cierto pelinegro corría por los pasillos, dolido y con ganas de llorar hasta que chocó con alguien. Cayo dolorosamente al piso. Oyó como la otra persona jadeaba de dolor levemente. Entonces noto que había chocado con Lee.

—Eres un idiota—dijo Lee, con una confiada sonrisa. Kaito rió sarcástica y falsamente.

—Igualmente, Lee.—dijo el pelinegro, también sonriente.—Bien, hay que levantarnos.

—Dame la mano, macho.—dijo Lee, extiendo la mano suya. Kaito solo lo hizo. Con los dedos entrelazados finalmente ambos se lograron levantar. Iban caminando en silencio cuando Kaito hablo.

—Confió en ti.

—Y yo en ti, Kaito.

—Se que contigo podre levantarme del dolor y vencerlo.

Lee se cayo un momento. Bajo el rostro, inseguro. Finalmente apretó los puños y se decidió. Jalo las manos de Kaito contra las de el y las junto, entrelazando los dedos automáticamente.

—Conmigo podrás amar la vida y sentir la verdadera felicidad, o por lo menos tu relatividad.—hablo el, serio. Kaito solo lo escuchaba sorprendido.—Se que quieres ser feliz, pero tienes temor. Estas tan solo y abandonado. Solo deseas cumplir tu forma de amar.—Kaito estaba notablemente sonrojado y Lee totalmente inmune ante las reacciones y emociones.—Eres débil, lo se. Falso, escondiendo tu verdadero ser. Tu no deseas ser tan misterioso e incluso un extraño para nosotros. Entonces esto vuelve a comenzar.

—¿Comenzar...?—intento hablar Kaito, con la voz frágil.

—Vuelvo a conocer tu alma, tu real alma. Puedo sentirte a través de mis ojos. No sirve mostrarte como alguien frío. Deja de ser una mentira, Kaito.—susurro Lee, en su oído.—Deja de ser una mentira y ámame.

Entonces el pelirrojo beso con dulzura al pelinegro.


—Sinceramente no me importaría—admitió Yuuki, con una cínica sonrisa.

—Claro, no tienes ni siquiera algo de orgullo o clase. —le dijo el pelirrojo, ganándose una mirada de odio.

—No es eso, simplemente no me importaría.—contesta Yuuki con un neutral tono de voz.

—Quizás yo soy algo más "emocional" que tu.—comento el de ojos azules, para luego sonreír de forma psicópata.—Yo mataría por amor.

Yuuki lo miro con algo de miedo y extrañeza.


Cierto chico de cabellos rubios y segura sonrisa se encontraba recorriendo los pasillos de su colegio captando miradas de chicas. El obviamente llamaba la atención, tal vez no tanto como Thoru, pero era lo suficientemente atractivo como para ser deseado.

El rubio sintió pequeñas risas con tonos bastantes graves, cuando miro atrás una bebida impacto dolorosamente contra su rostro.

—¡Ah!—grito agonizante, puesto que dolía. Algo del líquido había entrado en sus ojos y realmente quemaba esa sensación. Siguió oyendo esas risas hasta finalmente reconocerlos: Takao y Masao.

—¡Nagato-kun!—exclamo Kitty al ver a su amigo así. La castaña clara corrió hacia el Rubio apresuradamente. Con un trapo que saco de su mochila limpio el rostro de su amigo.—¿Estas bien?

El rubio se refregó los ojos con delicadeza y luego los abrió. Lo primero que vio fue el preocupado rostro de su amiga. Le dedico una espléndida sonrisa para calmarla.

—Sí, estoy bien.—dijo este, suspirando.

—¡Debemos encontrar a Takao y Masao y...!—hablo ella, histérica. Sin embargo fue detenida por los labios de su amigo.

—Por favor, cállate.—le pidió este con una leve sonrisa. Ella solo atino a ruborizarse y salir corriendo de la comprometedora escena. Nagato la miro con extrañeza.

Realmente ni el ni ningún hombre era capaz de entender a las mujeres. En especial si se trata de Kitty.


Sakura caminaba tranquilamente hasta oír pequeños sollozos. Se percato de que era extraño oír eso en una calle por lo particular bastante abandonada y con débiles pasos decidió ir a ver que sucedía.

Su idealismo de la situación fue totalmente opuesto al ver la realidad. Un cuerpo tirado, bastante destrozado y con sangre saliendo de sus venas ya cortadas. El lugar estaba completamente embarrado en sangre. Era todo tan maquiavelismo y asesino. Y entonces lo vio.

Alto, con la espalda ensuciada en sangre, cabellos del mismo color, confundiéndose y mezclándose. Y su rostro...definitivamente el era hermoso. Ojos azules oscuros, fríos e irreales. Era Lee. Ella intento retroceder y borrar esas imágenes de sus ojos, sin embargo en los momentos más tensos Sakura era la chica más torpe. Se resbalo con una piedra. Lee la miro con molestia.

—¿Pretendías dejarme solo, Sakura-chan?—dijo el, con una falsa sonrisa.—Eso es de mala educación. Por lo menos dame una llamada de cortesía.

—¿Cortesía...?—intento decir ella.—Lee, ¿que sucede?

Entonces el pelirrojo la abrazo y se aferro a ella, mientras la ensuciaba en sangre y el se dejaba llorar en el hombro de ella.

—Esto es horrible, Sakura.—se lamentaba el pelirrojo entre sollozos.—La pesadilla a comenzado.

Entonces ella abrió sorprendida los ojos. ¿Pesadilla...?

—¿Que sucede...?—murmuro ella, con la voz delicada. Lee se separo un poco y la miro con los ojos más peligrosos y fríos.

—Estoy enamorado.

La peliazul se separo más de el y cayo de rodillas al suelo. ¿El enamorado...?

Hubo un momento de silencio. Entonces ellos dos conectaron miradas. Sentenciaron al mismo tiempo el nombre del culpable:

—Kaito.