"Sentir tus brazos en mi es tan...congelante. Me encanta el frío que emanas, tu olor y tu ser. Puedo sentir tu alma tan cerca y tan lejos. Deseo perderme en la oscuridad junto a ti y no volver a ser jamas la misma. Que jamas haya una despedida, lo cual es mi temor. Temo en algún momento perderte, porque se que no podré controlar mi dolor. Se que te esperare hasta el último de mis días, y realmente no quiero volver a esa maldad. No lo quiero."
—Estas bastante callada.—comento Thoru, mientras con sus dedos jugaba con el cabello de Konan.
—Tu también.—dijo ella, sin recibir respuesta alguna.—Amo tu frialdad, es como la mía.
—Siento como si nos congeláramos, y realmente no me importa.—dijo el pelirrojo.
—A mi tampoco—admitió la rubia iluminada, con los ojos fijos en los de el. Eran prácticamente iguales a los de ella. Celestes y sin ninguna expresión, emoción o sentimiento. Ambos eran tan fríos, casi inhumanos. Aunque si comparaban Konan ganaría siendo la reina de la nieve.—No desperdiciare mi tiempo de muerte sufriendo. Nací para vivir esta última oportunidad, y no la dejare ir.
—Viviremos el survival juego juntos.—dijo Thoru, haciendo referencia a la vida.
—Como desees—dijo ella, para luego mirar el cielo enfermizamente.
—Quizás...eres lindo.—admitió Ciel, totalmente sonrojado. Sasori lo miro sorprendido. Definitivamente sentía celos de Nagato. El peliazul observaba desde el otro extremo del salón de clases como el pequeño marinero y Nagato conversaban. Aunque fingía no tener interés en la conversación del par ese, estaba indiscretamente oyendo cada detalle que sucedía.
—¿Quizás?—cuestiono Nagato, con una sonrisa de oreja a oreja. Ciel solo se sonrojo más. Sasori desvió la mirada y frunció el ceño cuando estaba cabizbajo. Realmente empezaba a odiar a Nagato. El no apreciaba lo suficiente todo lo que tenía. El no veía a un bello joven suplicante por su amor.—¿Es una afirmación?
—S...sí.—tartamudeo Ciel, totalmente nervioso. Entonces Nagato abrazo al marinero dulcemente.
—Te quiero, Ciel.—le confeso Nagato. Sasori no supo diferenciar si lo hacia entorno a la amistad o romanticamente, pero no evito sentir una estaca en su corazón. Dolía que la persona que amaras estuviera con otro, en especial si ese otro era alguien como Nagato.
—Y yo a ti, Na-gato-kun—tartamudeo el otro, ingenuamente tierno.
Aunque no lo sepas, aunque no lo veas y aunque yo no lo demuestre, yo también te quiero Ciel. Te quiero tanto que no puedo dejar de sufrir por ti, sufrir por tu amor, el cual nunca sera correspondido.
Makoto caminaba tranquilamente por los pasillos hasta encontrar a sus amigos sentados en la mitad. Kitty, Ymr, Kaito, Yuuki, Ciel, Nagato y Sasori.
—¿y los demás?—pregunto este, confuso.
—Konan faltó, seguramente por flojera. Thoru se fue a mitad del día. Lee salió en la mañana, y Sakura después.—explico Kitty con una sincera sonrisa. Miro de reojo a Nagato y soltó una risita.
—Bien—suspiro Makoto y se sentó al lado de Ymr y Kitty—¿Como iremos a ver a Thoru hoy?—pregunto, curioso.
—Bien, escúchenme a mi y solo a mí.—dijo Kitty, dominante—Bien niñatos, no quiero luego la escusa "es que padezco de defisis atencional" ¿Me escucharon? ¡NO!—alerto la chica con facciones de gato, segura.—Luego de las clases nos dividiremos en dos grupos de cuatro personas.—explico mientras todos la miraban con cara de pocos amigos—Grupo 1: Lindas florecitas: Yo, Nagato-kun, Kaito y Makoto.—dijo con un profesional tono de voz, aunque tuviera infantiles palabras.—Grupo 2: Las florecitas rebeldes: Ymr, Yuuki, Ciel y Sasori.
—Esta bien—aceptaron todos, resignados. Kitty sonreía orgullosa de toda la preparación que ella había realizado. Ella era inteligente, segura y orgullosa. Perspicaz y atenta. Ella sabía perfectamente lo que hacía y jamas se arrepentía. Era de esas personas que tenían un aire de líder naturalmente, y eran captados como ellos.
Ella había madurado enormemente y se había vuelto alguien distinta. La libertad la cambió.
Kitty había sufrido de acoso escolar, era molestada constantemente por Takao y Masao al tener facciones de gato. Ella se consideraba fea, pero una buena persona le enseño que era hermosa. Nagato. Desde aquello la chica castaña clara se enamoro perdidamente del cual es su mejor amigo.
Yuuki conversaba animadamente con Kaito, fingiendo como si nada hubiera pasado entre ellos dos. Claro, ahora eran amigos especiales, pero eso nadie lo sabía.
—Yuuki.
El rubio lo miro curioso.
—¿Si, Kaito?—el rubio unió miradas con el pelinegro y noto como nadie los observaba.—Te quiero dar un beso.
—¿Quieres ir al baño?—pregunto el pelinegro. El rubio negó con la cabeza.—¿Entonces?
—No tengo miedo.—sentenció con sequedad el rubio.
—¿Miedo...?—intento articular Kaito. Yuuki asintió. Lo miro serio y hablo:
—No tengo miedo de lo que diga la gente acerca de mi y mis intereses. No me hieren sus comentarios, viví toda una vida teniendo miedo y realmente estoy harto de aquella sensación inestable. Quiero amarte.—declaro, provocando un sonrojo en el rostro de Kaito.—Quiero intentar amarte. No te amo, pero se que puedo. Realmente no se si soy Heterosexual, Homosexual o Bisexual pero yo quiero demostrarle a todos que soy valiente.
—No necesitas mostrar valor.—hablo con confianza el pelinegro.—Para mí las cosas están bien así.
—Esto no es por ti.—le dijo Yuuki mordiendo su labio inferior.
—Oh, ¿entonces esto no se trata de mi?—pregunto Kaito en tono bromista. Yuuki negro con una sonrisa.
—Yo también importo, Kaito. Y ya no quiero vivir en ese mundo preocupado por la opinión del resto. Te quiero y quiero demostrárselo a todos.—dijo el rubio acercándose peligrosamente al pelinegro. A algunas personas les llamo la atención y se acercaron a observar la extraña escena.—A absolutamente todos.
Entonces el rubio posó sus labios sobre los del pelinegro. Sin notar como cierto pelirrojo observaba desde atrás dolido.
—El amor duele, definitivamente duele—. Pensó Lee mientras lagrimas caían de sus ojos.
