Escondido los observaba mientras que con mis puños apretaba mi corazón, intentando contener mis sentimientos. Todo era tan intenso y doloroso que cada vez se volvía más y más problemático. Y ellos seguían ahí, desesperando mi alma. Definitivamente estaba destrozado. ¿Donde quedo yo en la historia?. Kaito es absolutamente todo para mi y dejarlo ir no es una opción.
Estoy locamente enamorado de el. Tal vez todo lo que ha sucedido han sido vagos sueños y esperanzas, pero el correspondió mi beso. Aun recuerdo perfectamente sus labios con sabor y sensación a gloria, con la capacidad de enloquecerme y obsesionarme a su sabor, desear probarlo a cada instante por toda una eternidad. Kaito es capaz de todo eso y más.
Siento tantas emociones y reacciones en este momento. Risa, porque no puedo demostrar como mi ego se ha lastimado. Definitivamente no dejare a nadie interferir con mi orgullo, y esta mentira no me dañara. Porque eso son, una mentira. Ellos creen amarse cuando en realidad viven una mentira, una absurda mentira. Eso no es amor. Yo y Kaito somos el real amor. Nacidos uno para el otro. Somos dedo y anillo. Estamos destinados. Yuuki sintió curiosidad de lo prohibido y se acerco a Kaito. En algún momento se retirara, lose. Sin embargo no lo pienso esperar. Dolor, el dolor que siento es inconsolable. Sin embargo, ya seque las lagrimas y deje atrás toda muestra de debilidad.
Doy la vuelta, intentando dirigirme a cualquier lugar menos ese. Sí, tal vez estoy huyendo, pero sinceramente eso ya no importa. Estoy muriendo. Estoy enloqueciendo. Y todo por el. No puedo evitar sentir mi estomago hervir y mis ojos humedecerse. Todo por el. Yuuki aun no comprende lo que esta haciendo, el peligro que corre al estar tan cerca del amor de mi vida. Cometiendo acciones indebidas como lo es probar sus labios. Los cuales tienen propietario, obviamente.
Ni siquiera lo mencionare, otra vez. Kaito es mío y punto final.
Corrí por los pasillos mientras oía los murmullos, los rumores.
—Con que eran gays.
—Que lastima, Kaito-kun era bastante guapo y caballero.
—Y Yuuki-kun un encanto viviente. Realmente estoy apenada, ellos dos eran un gran partido.
—Sí. Lo eran.
Me sentí furioso en ese instante, realmente furioso. Todo lo que había hecho por Kaito y el...me mostraba su desinterés. Este día se volvía cada vez más una pesadilla.
¿A caso sangre y llore tanto para terminar perdiendo mi tesoro más anhelado? ¿Todo se había perdido?. Había hecho todo eso por Kaito. Oh, como olvidarlo.
Me había enterado de que la familia de Kaito estaba siendo amenazada por un par de desgraciados que trabajaban en la zona central de Tokio, con dinero y buenos contactos. Claro, solo otros interesados en el dinero. Por lo que me había dicho Kaito las cosas estaban bastante complicadas y el había sufrido mucho por ello. Mi hermoso amor estaba sufriendo. Definitivamente yo no iba a permitirle sufrir. No lo iba a dejar, jamas. El nació para alcanzar la felicidad, y conmigo la alcanzara.
Había averiguado absolutamente todo sobre esos sujetos, Soichiro e Ichigou, y sabía como encontrármelos. Pase desconcertadamente por las calles hasta llegar a un callejón por el cual ellos siempre pasaban. Con tranquilidad espere acomodado en la calle. Finalmente los sujetos llegaron. Me miraron extrañados, por supuesto. Era obvio que no esperaban ver a otra persona por un lugar tan solitario.
—Disculpe—hablo con serenidad.—Vendo marihuana. ¿Desea?
Entre ambos se mandaron miradas y finalmente asintieron.
—¿Esperas a otro cliente aquí, no?—pregunto Ichigou, el rubio de gafas y un mantenido cuerpo. Debía tener entre 30 años. Asentí a su pregunta mientras buscaba entre mi mochila.—¿No eres algo joven para ser traficante?
—Necesito ganar dinero para sobrevivir.—admití, bueno, mentía.—Y esto parece ser algo más honorable que venderme.
—Pero si eres tan lindo.—dijo Soichiro, el de cabellos negros. El era más joven, alto y de formal traje. Sentí asco de sus declaraciones.—Dame un beso, y gana algo de dinero extra.
—Lo siento, no quiero piojos.—dije, cruel. El tipo se enojo y me empujo contra la pared.
—Las cosas son como yo digo.—ordeno, siendo bastante duro. Sonreí confiado y arrogante.
—No soy tu perkin.—le conteste, dándole una patada. El cayo e Ichigou lo intento levantar. Entonces saque de mi mochila el machete que había ocultado.—Ahora creo que las cosas no van a tu suerte, ¿eh?
Ellos me miraron espeluznados. Sonreí, complacido. Realmente podía sentir la miseria y se sentía tan bien. Rápidamente tome a Soichiro del cuello. Ichigou intento ahorcarme, pero logre patearlo lo suficiente fuerte como para que cayera noqueado al suelo. Soichiro intento hablar, pero tosía constantemente.
—Veo que te duele, ¿no?—dije, riendo cruelmente.
—No te dejare matarme.—declaro este, tomando el machete y clavándolo en el cuello.
—No te dejare agonizar—dije, como si fuera un héroe. Saque el machete de su cuello, y entonces sentí toda su sangre mancharme encima. Era repugnante, pero intente concentrarme en esto.—Tu miseria me asquea, eres un ser tan horrendo que matarte sería un favor. Pero no soy tan amable, así que esto dolerá.
Clave el machete en su cráneo. Más y más sangre cayo, ahora manchándome totalmente. Me acerque a Ichigou y de un movimiento separe su cabeza de su cuerpo. Me asqueo demasiado como para mirar. Finalmente me acerque al otro extremo y reí. Tal vez parecería un enfermizo, pero eso realmente ya no importaba. Por lo menos no a mí. Puesto que por amor haría cualquier cosa.
Fui un pecador por Kaito. Asesine a dos personas, ¿que precio tenía eso? ¿Valía suficientemente la pena?. El arrepentimiento era más y más grande, pero la situación no me permitía volver atrás. No podía volver atrás. Todo mi amor no habría valido el sacrificio, y me sentiría fatal.
Definitivamente iba a seguir adelante hasta el final.
Entonces sentí pasos correr hacia mi ubicación. Observe algo despistado y note como el amor de mi vida volvía. ¡Volvía! ¡El volvía!.
—¿Kaito...?—intente susurrar, pero antes de lograr decir una oración el abrazaba mi regazo con profundidad.
—Perdóname, Lee.—dijo el, cabizbajo. No se atrevía a mirarme, ¿a caso estaría llorando?. Levante su mentón y lo verifique. El lloraba. Acaricie su rostro con delicadeza intentando consolarlo.—No debí hacerte esto. Te amo.
Sonreí, triunfante. Me sentía lleno con el, y no podía evitar sonreír. Esto era el paraíso.
—Te amo—murmure en su oído, para luego darle un dulce beso en los labios.
Sí, yo definitivamente era un pecador. Mi pecado fue amar.
