El pelirrojo y la rubia caminaron tranquilamente por el bosque hasta ver una cabaña pequeña con una pequeña luz amarilla dentro. Ambos cruzaron sus miradas en forma de comunicación.

—Ve a los arbustos, hay que comprobar si es que hay alguien dentro.—dijo ella, indicándole los arbustos y así ambos escondiéndose en ellos.

—Podría tratarse de el ermitaño—considero Lee con una confiada actitud. Konan asintió y le indicó que se callara. Paso un rato y oyeron unos gruñidos.—¿Y si es un animal?

—Podría ser, pero...también esta el ermitaño, ¿recuerdas?—le recalco ella bastante esperanzada. Lee solo dejo caer su cuerpo el piso, relajándose.

—¿Que tanto sabes tu?—pregunto el, en un tono bastante irónico y tajante.

—¿Saber sobre...?—intento continuar la frase Konan, sin entender mucho.

—Sobre mí.—concreto Lee con un aire amenazador. Su mirada era rencorosa y cualquiera que lo observase sentiría escalofríos.

—Una persona con los mismos secretos que yo.—sentenció ella con una expresión de culpabilidad y seriedad. Lee no dejaba aun su mirada y aire amenazador, pero se mostró algo sorprendido.

—¿Tu también...?

—Sí. Solo que mi amor fue de lazos familiares. Exactamente no es amor ni cariño, sino venganza.—ella mantenía su mirada en las estrellas, como siempre, mirando a otro lugar para no enfrentar los ojos del resto.—Ese dolor del rechazo y crueldad humana...


Todos ellos se burlaban. Burlaban de mi y mi madre. Por supuesto, a una niña de 6 años como lo era yo que no comprendía mucho el porque no le afectaba mucho. Sin embargo mi madre se lo pasaba encerrada llorando. Al principio sentí lastima, luego sentí fastidio de que la gente la culpara a ella. Lo tercero y final fue la histeria, por supuesto. Esas personas ignorantes e hipócritas no podían destrozar nuestras vidas por un error. Era mi vida junto a la de mi madre la que destruían. Ellos eran asesinos de almas.

Yo no iba a permitírselo. Esas personas eran criminales, los cuales debían pagar. Y entonces lo decidí. Yo los iba a hacer pagar.


—Asesine a muchas personas—murmuro ella, con la mirada perdida.—Y no me arrepiento, ni nunca lo haré.

—Yo tampoco—le apoyo Lee.—Todo valdría la pena por Kaito. Todo.


Yuuki se encontraba sentado solo en una esquina mientras todos deambulaban por la playa, intentando conocer más el lugar. Sin embargo el no se encontraba de humor. Simplemente ver el amor de Kaito y Lee lo lograba deprimir lo suficiente.

Kaito había logrado acelerar sus latidos de una forma que el antes no había conocido. El había logrado que sus ojos mostraran sentimientos. El había logrado colocar su alma en confianza y comodidad. El había logrado que Yuuki por primera vez alcanzara la mayor felicidad nunca antes vista. El había logrado superar los mayores miedos del rubio, con tan solo ser el.

Tu lograste que yo enfrentara lo prohibido y lo volviera posible. Tu lograste hacerme sentir tan pasional y vivo como nunca pude. Tu me enseñaste a amar de una forma tan distinta y poco usual para el mundo. Una forma rechazada. Seguramente todas esas personas que consideramos nuestros amigos se burlan de nosotros. La gente nos da la espalda y se aleja de nosotros. Obviamente no pude esperar menos de ellos. Pero no de ti. Hostia, me has echo llorar. Realmente no espere que lo gritaras así, tan cruel. Como ellos. Inmaduro. Reaccionaste tan mal que me quebraste. Oh, Kaito, mi corazón esta roto por tu culpa. Lo has roto, maldito. Y sin embargo sigo amándote sin poder detener este sentimiento que nació en mi corazón, enloquece mi ser y mis hormonas. Te deseo tanto, y esto no es algo superficial ni sexual. Esto es amor, real amor. Una jodida historia de amor la cual ha caído en tragedia.

—Oh, Kaito...—murmura el rubio mientras observaba la luna. Luego lo ve a el mojando sus pies levemente con la orilla del lago. Se veía tan hermoso, y Yuuki lo observaba desde lejos.

Entonces oye una ronca voz cerca de su oído, murmurándole algo:

—No eres nada para el.