Yuuki miro a su lado, sorprendido y apenado a la vez. Cierto chico sobrenaturalmente hermoso se encontraba a su lado, muy cerca de su oreja con una sensual y petulante sonrisa.
—¿Thoru...?—susurro este, bastante confundido. ¿Que hacía el ahí? ¿Que quería? ¿Por que sonreía de esa forma tan poseedora y bella?. Yuuki siempre sintió una terrible y prohibida atracción por Thoru y su increíble belleza, sin embargo aguantaba las ganas para gritarlo y lanzarse sobre el. Ademas de que era un hombre -lo cual ya casi no le interesaba en lo más mínimo- el era la pareja de Konan, su amiga.
—Se que te duele el rechazo, Yuuki.—dijo este, mientras se sentaba a su lado. Yuuki estaba sentado en un tronco, cabe decir.—Que la persona que amas este con otro.
—El volverá—le contradijo Yuuki, seguro.—Después de todo, el me busco.
Yuuki aun mantenía la esperanza de ver a un arrepentido Kaito correr hacia sus brazos y besarlo tan dulcemente como siempre. Yuuki solo quería creer una realidad poco real y bastante cruel. El se fue en busca de otro. Kaito se aburrió de el.
—Sí, te busco, se aburrió y corrió a los brazos de otro.—le recalco este a la cara, mirándolo directamente a los ojos. Yuuki no pudo evitar sentirse apenado. Aunque Thoru fuera tan hermoso y bello -lo cual es exactamente lo mismo- resultaba tener una actitud algo cruel y realista, con un ligero aura de arrogancia y superioridad. Thoru era un sobre-valorado, según Yuuki.
—Soy una basura, solo y...tirado—dijo el, rubio, mientras estiraba su cuello. Yuuki quería comprobar si alguien como Thoru podía sentir piedad.
—Tal vez, tal vez.—acepto Thoru.—pero alguna vez...alguien...te querrá, realmente te querrá.
Yuuki lo miro con los ojos brillosos. Al parecer, ese hermoso ser, sí podía sentir.
—Gracias, Thoru.—dijo este, mientras se acomodaba en el tronco. Thoru le tomo la mano -amistosamente- y lo ayudo a pararse. Yuuki considero que ese era otro extraño gesto de educación y cortesía por parte de Thoru, lo cual, era extraño.
—Aunque no lo parezca, yo te apoyo.—dijo este, con las manos en los bolsillos.—Soy bisexual, de cierta forma te comprendo.
—No es eso.—dijo Yuuki, mientras se estiraba los huesos.—Tu me comprendes. El problema es que te da vergüenza admitirlo.—Yuuki noto como Thoru bajaba la cabeza y sonrió triunfante.—Tu ego no te lo permite.
Thoru lo miro inmediatamente sorprendido. Nadie se había a atrevido a encarar nada a el. Y Yuuki había roto el récord.
—¿Ego?—reclamo Thoru, ligeramente ofendido.—Yo no tengo ningún ego.
—¿Eso crees tu?—le dijo Yuuki con gracia. Thoru jamas iba a admitir algo así, y Yuuki lo sabía perfectamente. Sin embargo, era divertido jugar con algo así.
—Sí lo creo.—dijo este, para luego notar como ambos guardaban silencio.—Pareces estar mejor, ¿no?
—Sí...—dijo Yuuki, para luego soltar un jadeo. Thoru se lo había echo recordar, otra vez. Thoru lo noto.
—Eres tú.—dijo de repente.—Con esa cara, ese cuerpo. Ese aire de tentación.—hablo el, sorprendiendo al rubio, el cual palidecía.—Quiero corromperte. No me importa el resto...solo lo deseo, Yuuki.
—Thoru...—murmuro Yuuki, notando como solo se encontraban ellos. Yuuki intensivamente junto sus labios con los del pelirrojo. Thoru correspondió al tan solo sentir el tacto, mientras ahora con una mano acariciaba el delicado rostro del rubio y con la otra mano entrelazaba dedos con su besado.
Ambos sintieron nuevas sensaciones nacer en su interior. Al siguiente instante, se separaron.
Cruzaron miradas por un momento y luego Thoru jalo a Yuuki de la mano hacia el bosque.
—Nadie nos vera allí—le dijo el pelirrojo con una sonrisa criminal. Yuuki sonrió, orgulloso de ser su cómplice en este maquiavelista engaño.
—Esta...muerto.—suspiro Lee, con manchas de sangre en toda la ropa y el rostro.
—Sí...oh, hay que enterrarlo, Lee.—dijo Konan, mientras limpiaba la sangre que se había salpicado en su frente. Claro, también tenía la ropa manchada y el rostro, pero eso poco le importaba.—¿Quieres descansar, un poco?
—Estoy bien.—dijo el pelirrojo, y la rubia suspiro. Entonces Lee comprendió.—¿Estas cansada?
—Solo...un poco.—dijo ella, mientras se acomodaba en el césped.—Me siento asquerosa.
—¿Por matar a ese dulce ermitaño?—cuestiono Lee, curioso.
—No, por la sangre. Estamos completamente embarrados.—dijo ella, mientras se sentaba.
—Sí, esto es asqueroso.—admitió Lee.
—Iré por ropa donde los chicos, tu descansa.—dijo ella mientras se paraba y comenzaba a caminar camino atrás.
Lee se dejo en el piso y ella desapareció al poco tiempo.
Sakura se encontraba callada y cabizbaja mientras reflexionaba sentada incómodamente sobre unas rocas.
Sasori es, definitivamente...un idiota. Idiota. Idiota. Idiota.
El no logra comprendedlo. El no puede ver cuanto duele. El no lo siente.
Es un maldito insensible. Insensible. Insensible. ¡Insensible!
—Eh, Sakura.—la peliazul miro hacía el lado y noto como cierto chico de cabellos igualmente azules se encontraba junto a ella.
—¿Deseas algo?—dijo ella, de forma fría y analítica. Sasori pareció no reaccionar.—¿Que quieres?
—Perdóname—dijo el, sonrojado. Sakura lo noto y tampoco pudo evitar sonrojarse. Sasori se arrodillo frente a ella.
—Actuar así de lindo no ayudara nada.—dijo ella, bastante cortante de carácter y en la situación.
Sasori sonrió algo alegre.
—¿Lindo, no?—cuestiono este.—Me consideraste lindo.
Sakura puso los ojos en blanco.
—Si ya lo sabes, ¿para que te interesa?—contesto ella, de mal humor.
—Nada...—murmuro este, algo apenado.—Solo tenía curiosidad.
—¿Curiosidad de que?—le encaro esta.—Eres hermoso, Sasori. No necesitas que alguien te lo diga.
—Aunque no lo creas, lo necesito. Estoy enganchado.—explico el.—Tengo la necesidad de sentirme querido.
—No cambies de tema, no me importa—dijo esta, intentando alejarse levemente de el.
—Discúlpame por ser bisexual—dijo este con sarcasmo, aunque se notaba algo fastidiado.—Tu no puedes comprender.
Sakura palideció.
—No te estoy discriminando. Solamente eres un egoísta—le recrimino ella, mientras se levantaba y armaba de valor.—Tu nunca notaste como yo me sentía por ti.
—No inventes sentimientos.—le objeto este, serio.
—¿Inventar? ¡Lo único que podía hacer era cegarlos! No podía enamorarme de mi mejor amigo—se defendió ella, especialmente sensible.
Sasori la observo impresionado. Totalmente impresionado.
—Yo te amo—le reclamo ella.—Acéptalo o recházalo.
—Lo acepto.
Dijo el, mientras que con delicadeza probaba los labios de su enamorada.
