Yuuki solo bajo la cabeza. Kaito lo observaba totalmente desconcertado y sorprendido, incapaz de decir alguna palabra.

—Kaito, por favor retírate...—le ordeno Lee, demasiado serio y con una mirada hostil. Kaito dudo. No era como si realmente quisiera provocar con Yuuki o Lee en un momento así, porque realmente, estaba entre la espada y la pared. Sintió como las duras palabras de su pelirrojo amante le dolían. Dolían, y mucho.

—Pero...—intento hablar Kaito. Este era un momento de debilidad, al estar tan sensible. Aunque Kaito fuera su Uke no le gustaba comportarse como uno. Kaito se negaba a mostrarse como una mujer. El no quería ser delicado como una, y realmente intentaba alejarse del termino "marica".

—¡He dicho que te retires!—le grito Lee, furioso. Kaito solo agacho la cabeza y se retiro, sin mirar a nadie en especifico.—Thoru, tu igual.

Thoru asintió con desinterés junto a Kaito yéndose. Kaito empezó a derramar disimuladas lagrimas mientras se alejaba de las dos personas que más amo, aunque una allá sido en el pasado y otro dude si sigue amándolo.

Lee a duras penas noto que el pelinegro tenía los ojos vidriosos y húmedos, como si deseara llorar. El pelirrojo se sintió pésimo. Yuuki también lo noto, pero intento ignorarlo. Ver al que fue su amor así de destruido le rompía el alma.

Todo esto es culpa de ese desgraciado. Como se atreve a dañar a mi Kaito, jugar con su corazón y hacerlo dudar de nuestro amor? Gente como el no tiene el derecho de vivir, ni de amar.

—¿Que deseas, Lee?—le pregunto Yuuki sin mostrar ningún nerviosismo. Lee solo sonrió de una forma enfermiza. Yuuki sintió algo de miedo ante eso. Lee definitivamente era una persona de temer, y en especial el debería temer, tratándose o denominándose como su "enemigo".

—¿Por que la gente intentaría cambiarme?—se cuestiono, casi ignorando a Yuuki.—Soy todo lo realista y hermoso de una relación, ¡¿Que mas podrían desear?! ¡Soy todo lo que necesitan!—Lee se mostraba sin cordura, y eso a Yuuki lo aterrorizaba.—Kaito solo me debe amar a mi. Por supuesto.—entonces Lee observo con odio a Yuuki. Le sonrió peligrosamente.—¡Pero apareció esta puta a la vida de mi amado y lo alejo de mi! ¡Puto!

Entonces Lee de un rápido golpe en el cráneo noqueo a Yuuki, dejándolo inconsciente. Yuuki ni siquiera había alcanzado a responder, lo cual le quitaba cortesía a Lee.

Pero claro, cuando se trataba de amor ya nada contaba, la gente se manchaba las manos y la consciencia por ganar. Aunque sea ganado enfermizamente como por el pelirrojo.


Kaito se encontraba sentado cerca de una cueva observando el mar mientras dejaba caer algunas lagrimas.

Lee jamás le había gritado de esa forma. El jamás le había gritado. Siempre se comportaba de una forma tan linda y amorosa con el que era sorprendente ver como reaccionaba mal ante el.

—¿Que sucede?—se le acerco cierto pelirrojo, causante de sus lagrimas. Kaito lo miro con desprecio. Se levanto y se fue hacia otra parte, dejando a Lee desconcertado y con la boca abierta.—¿Kaito...?

—¡Te amo!—le grito este, furioso.—¡Te amo más que a nada, Lee! ¡Odio no poderlo evitar!

Lee sintió una lagrima caer de su ojo, pero era felicidad. Sonrió levemente y tomo a su bello pelinegro de la cintura.

—Lamento haberte tratado así, es solo que...—murmuro, acercándose cuidadosamente al cuello de Kaito para darle dulces besos.

Kaito sintió un placentero cosquilleo recorrer todo su cuerpo. Siempre se había sentido a gusto y cómodo junto a Lee, sin embargo esto era distinto. Era una sensación corporal, placentera. Lujuriosa.

—L-Lee...—tartamudeo Kaito mientras echaba sus manos dentro de la polera del pelirrojo. Lee se sorprendió.

Al instante se separo de el. Kaito lo miro suplicante.

—Por favor...—rogó con la voz ronca. Lee negó con la cabeza.

—Eres solo un niño.—le contesto, mientras volvía a su cuello con dulces besos.—No te robare la virginidad...ahora.

Kaito hizo un puchero, el cual a Lee le pareció la cosa más bella que pudo haber existido.

Lee por primera vez se sintió normal y tranquilo, como si abandonara todas esas sangrientas y crueles ideas. Como si todo se desplomara al suelo y el quedara volando en el cielo.

—Entonces abrázame—exigió Kaito, comportándose como una diva.

—Como tu quieras, princesa—le dijo Lee en tono de burla.


Linda noche. La luna brilla. He asesinado a un ermitaño y descubierto como mi novio me engaña con otro hombre.

—¿Encontraste algo?—interrogó Ymr al ver llegar a la rubia desde los bosques. Esta solo corrió para llegar más rápido a la playa.

—Si—contesto esta otra, jadeante y cansada.—Necesito que tomen todas sus cosas. Nos vamos de este lugar.

Ymr sonrió y corrió a avisarle al resto.

Konan simplemente camino hacia donde estaban sus cosas votadas y se encontró a Thoru también recogiéndolas.

Ella prefirió callarse y solo recoger sus cosas. Quizás irse y nunca volver. Quizás matarlo en ese mismo instante y quitarse la presión de encima. Claro, porque para ella deshacerse de alguien era la opción más fácil de lograr las cosas.

—¿Tu guardaste mis calcetines?—le cuestiono el, mientras ella parpadeaba algo choqueada al oír su voz. Ese maldito se atrevía a abrir sus bellos labios y pronunciar palabras con su serena voz.

Konan asintió algo torpe. Luego retomó la compostura. O por lo menos parte de ella.

—¿Quieres que te los devuelva?—pregunto esta, mientras su voz sonaba algo nerviosa y cambiante. Thoru lo notó y le intrigo.

—No es necesario.—le contesto Thoru con una media sonrisa. Konan hizo una mueca y volvió a sacar sus cosas. Tampoco ella se lo iba a reclamar, simplemente las imágenes de su novio besándose con su mejor amigo hombre eran algo traumadoras.

Entonces sintió como el acariciaba sus cabellos. Ella solo se quedo estática ante la situación.

Tensión Sexual.

Konan no evito pensar la peor estupidez de todas. Soltó una baja risita.

—¿Te gusta que te acaricie el cabello, no?—cuestiona el creyéndose un sex symbol. No lo era.

Konan le sonríe ligeramente. Realmente el no tenía idea.

—No.—murmura, tomando sus cosas y largándose del lugar. Pero entonces voltea y lo observa un momento. El, todo analizador, falso, tentador y superficial.—Thoru...—le habla, con el tono firme y una neutralidad realmente sorprendente.—Realmente...tu no eres nada.

Nada que valga la pena llorar...nada.