Ciel, nervioso por lo que ambos pudieran hablar y pelear fue corriendo a ver la situación. Claro, que lo que vio lo sorprendió bastante.

Ambos, tirados en el suelo mientras se besaban inseparablemente. Ambos mantenían sus miradas conectadas intensamente y parecían no pestañear, como mantenían sus cuerpos tan unidos y apegados, pareciera como si les estuviera gustando. Ciel llevo su mano a su boca, tapándola antes de sentir sus probables ganas de vomitar. Le salieron ojeras instantáneas y sus ojos se colocaron vidriosos.

—No...No...—murmuraba para si mismo Ciel, aterrorizado.—¡No!


Despertó en una cama de la casa del ermitaño, con Sasori a su lado. Se pregunto si todo lo que había sucedido era real o una simple pesadilla.

—¿Sucede algo, uh?—le susurro Sasori al oído al comprobar que el pequeño estaba despierto. Ciel lo observo con claridad. Sus ojos azules se veían tan claros y tras pasantes, que podía observar todo su ser. Su alma.

—¿Donde has estado?—le cuestiono este, demandante. Sasori se sorprendió por la madura actitud de Ciel. No era típico ver al pequeño tan estricto y severo como se comportaba ahora.

—Recogiendo leña, luego de que tu y Nagato volvieron de la playa.—le contesto el peliazul mientras se dedicaba a acariciar los rubios cabellos del chico más inocente y encantador del mundo, Ciel.

—¿Alguien te ayudo?—le interrogo Ciel otra vez, bastante curioso y confuso por los recuerdos.

—Nagato.—sentenció, haciendo que Ciel abriera demasiado los ojos y cayera de la cama por puro asombro. Sasori se extraño del hecho.

Ciel se tapaba la boca para no gritar. La pesadilla era realidad.

—Tu...y...Nagato...—intento hablar Ciel, pero estaba paralizado por el shock.

—Luego llegaste tú, y al vernos te desmayaste.—le aseguro Sasori, mientras comenzaba a acariciar con un dedo las suaves mejillas de Ciel. Luego se le acerco y le beso la mejilla. Le ayudo a pararse y se sentó junto a el en la cama.—Deberías hablar con Nagato.—le aseguro Sasori con preocupación.—Esta histérico.

Ciel asintió e intento dirigirse donde Nagato, sin embargo antes Sasori le dio un suave beso en los labios, provocando el sonrojo en el rubio.

Ciel entró a una habitación desolada donde se encontraba Nagato observando el cielo a través de una ventana. El rubio más alto volteó y noto la presencia del inocente.

—...—Nagato solo lo observaba, y de un momento a otro su mirada se volvió odio.—Despreciable.

Ciel bajo la cabeza, arrepentido. El había engañado a Nagato. Se merecía ese mal trato.

—Traicionero.

Ciel se sentía pésimo. De vez en cuando miraba de reojo a Nagato y luego desviaba la mirada hacia otro lado, sonrojado. Nagato fingía no notar las miradas, el solo se concentraba en el suelo y en como debería sentirse. De vez en cuando murmuraba algunas ideas claras de sus sentimientos a Ciel, el cual solo se hería más y más.

—...Mentiroso.—Ciel no lo soporto más y soltó lagrimas. Sin embargo Nagato ya lloraba y su mirada seguía en odio.—¡Mentiroso! ¡Traicionero!

Y entonces sucedió algo que nadie jamás hubiera esperado. Nagato le dio una cachetada a Ciel.

El momento se congelo. Las lagrimas pararon de salir de los ojos de Ciel, pero Nagato al parecer se multiplicaron. La mejilla de Ciel empezaba a enrojecer, mientras el pequeño se volvía a paralizar.

—¡Te odio, Ciel! ¡Te odio!—en ese instante, Sasori, el cual había estado escuchando toda la conversación, entro e intervino en la situación.

—Vas a despertarlos a todos.—le dijo el peliazul, mirando con desesperación e inquietud a Ciel. El pequeño tenía la mejilla roja por el golpe. Y solo estaba ahí, estático y congelado.—Cálmate.—le exigió, para luego salir del lugar. Sasori solo siguió saliendo de la casa, hasta perderse de vista.

Nagato volvió a poner la mirada en Ciel. El niño aun seguía así. A Nagato le desespero no ver ni una reacción ni emoción al momento. Le obligaría a responder, sin embargo pensó otra forma "mejor" en su retorcido idealismo.

—Sufre...¡Sufre, Sufre!

Nagato golpeaba, rasguñaba y masacraba brutalmente al inocente. Hubo un punto en que Nagato notó que tan destruido estaba Ciel.

En el suelo, con rasguños por todo el cuerpo, moretones en el rostro y en la espalda. Su rostro sangraba levemente, aunque empezó a aumentar la sangre. Sus prendas estaban totalmente destrozadas y el pequeño aun estático.

—Este dolor...—empezó a hablar, prendiéndose al pequeño.—Es todo lo que tu lograste crear en mi alma, en mi corazón. No sabes cuanto daño has hecho, pero ahora, lo sientes. Sientes mi dolor.

Y entonces Nagato salió del lugar.

Ciel solo siguió ahí, tirado.

El impacto seguía en su rostro, y siguió así, toda la noche.


Al día siguiente despertó al lado de Sasori, con la mayor parte de sus heridas curadas, o por lo menos las que antes resultaban visibles para el resto. Así, nadie sospecharía nada.

—Te sentirás mejor, hermoso.—le repetía Sasori dulcemente mientras lo consentía. Pero Ciel, sabía que Sasori no comprendía lo que el había vivido.

Ni nadie lo hacía.

Ciel tampoco entendía bien que sentir. Sin embargo, solo sabía que quería ocultarse de todos y nunca más volver a ser alguien débil.

Días después llegaron las esperadas salvaciones. Los sacaron de ahí y volvieron a la civilización. Ciel seguía sintiéndose así, sin embargo, con Sasori a su lado podía admitirse sentirse un poco más seguro. Pero cuando Sasori desparecía, o estaba con Sakura (los cuales aun mantenían su amorosa relación) el volvía a sentirse solo. Y cuando estaba solo el miedo volvía a inundar esa situación.

El miedo de sentirse tan dañado, tan débil y destruido. El miedo de estar tan cerca de la muerte y no evitarlo. El miedo a esa persona que considero como el amor de su vida, cuando realmente el era el protagonista de sus pesadillas. Esas pesadillas que lo hacían despertar jadeante, para luego avisarle que era la realidad.

El miedo de vivir atrapado en algo de lo cual no puede escapar. Algo eterno e indestructible.

Una simple y horrenda pesadilla. Ciel vivía en una pesadilla.