Definitivamente todos ahora consideraban a Kitty una heroína, pero era imposible bajarle la autoestima con algún insulto o nada. La chica era una llamativa y segura roca. Kitty no había podido evitar lanzarse a abrazar a sus amigos al momento de verlos. Y claro, robarle un beso a Nagato. Al parecer esos dos comenzaban una linda relación, mientras que con Sakura y Sasori sucedían constantes peleas por la cercanía de Sasori a Ciel.

—Es mi amigo—siempre le intentaba aclarar Sasori para que esta se calmara, no obstante Sakura siempre evitaba ignorar la cercanía de estos y colocarse celosa.

—¿Pero, por que lo cuidas tanto?—le respondía ella siempre, sin realmente comprender.—Deberías cuidarme a mi.

—Lose, lo siento.—respondía Sasori.—Pero tu no sabes todo lo que ha pasado Ciel, y...

Pero ambos se callaban y sellaban su amor con un dulce beso.


Ciel sabía que Nagato no era así. Nagato simplemente perdió el control, eso estaba claro. Ciel necesitaba verlo, hablarle. Ciel seguía amándolo tan intensamente como hace días, porque Ciel no quería dejarlo.

Pero cada vez que recordaba el momento no evitaba asustarse y quedarse quieto, observando la nada. Sus padres le preguntaban cada vez que lo veían tan analítico que era lo que le sucedía, y Ciel simplemente mantenía ese sentimiento de vacío en sus ojos.

—Ciel—la gente le hablaba siempre, lo cual para Ciel resultaban ser palabras vagas, palabras sin sentido.—Estas mal...—Ciel solo seguía ignorándolos y mostrando su lado frío y fuerte ante el mundo, dejando atrás la debilidad y vulnerabilidad que alguna vez fue parte de el.—Reacciona.

—...—y Ciel solo se quedaba perdido en el viento, en la brisa de un futuro comprometedor y distinto. Quizás algo lejano y solitario, pero seguro. Últimamente lo único que buscaba Ciel era seguridad, o por lo menos el sentimiento de esta.—Estoy bien.—asegura con una falsa y convincente sonrisa, la cual con el tiempo se desmoronaba más y más, al igual que el pequeño.

En el colegio no lograba concentrarse lo suficiente y se sentía beneficiado de tener a alguien como Sasori a su lado. Alguien que siempre pudiera atraparlo en sus caídas, aunque a veces Ciel simplemente quería dejarse caer sin tener un respaldo, simplemente caer al negro camino. Al inevitable y poderoso destino de un probable masoquista como se estaba volviendo el pequeño.

Mentir es malo, Ciel.

En su mente resonaba la voz de Sasori, el cual con el tiempo y el dolor se había vuelto un apoyo incondicional. Ciel lo agradecía, pero realmente deseaba que lo dejara libre para así volver a hablar con Nagato. Y lo iba a hacer.


El pequeño rubio se encontraba cabizbajo en su asiento en la sala de clases mientras veía de reojo a la persona que más esperaba. Nagato. Aunque Ciel temía que ya no le gustara a Nagato por su drástica nueva imagen. El pequeño, solo se había dedicado a dejar de ser vulnerable, por lo cual su mirada se volvía algo tosca e incluso amenazadora, no se había afeitado por lo cual tenía algo de barba, y mantenía unas ojeras y se veía para nada alguien saludable. El inocente no recordaba haberse lavado la cara, por lo cual se preocupo. ¿Y si se nota mucho?

Se levanto y salió de la sala, camino hacia el baño. Sin embargo, el no noto como otra persona lo seguía.

Ciel se mojo el rostro y parte de su cabello. Luego se observo al espejo. Parecía decaído, como si no hubiera visto la luz del sol en días.

—Perdí mi atractivo—se bromeó a si mismo tristemente.

—Eres hermoso, ¿como lo olvidas?—le respondió una voz. Ciel volteó y vio a la persona que tanto había esperado. Nagato.

Ambos conectaron sus miradas por un momento. Luego, ambos sonrieron y corrieron a abrazarse. Ambos se extrañaban tanto y se necesitaban.

—Te amo tanto—le dijo Nagato mientras acariciaba los dorados cabellos de su pareja.

—Y yo a ti—le contesto Ciel mientras juntaba los labios de ambos en un romántico y esperado beso.

—Lamento haberte hecho daño, soy un monstruo...—le dijo Nagato luego de la separación por falta de aire, totalmente arrepentido.

—Y yo lamento haberte engañado, por favor, volvamos—dijo Ciel, acercando ambos rostros pero simplemente quedando ellos ahí, juntando miradas.

—Somos tal para cual, nos hacemos daño, pero nos amamos—le dijo Nagato. Entonces Ciel empezó a llorar. Nagato se asusto.—¿Que pasa? ¿Ciel, te sientes bien?

—Sí—dijo este entre sollozos.—Es solo que...he estado tan solo y asustado, y nunca he podido llorar. Solo me reservaba a eso por temor a ser débil o vulnerable. T-Tenía miedo.—Ciel se acerco a Nagato y coloco su cabeza en el pecho del pervertido.—Te necesitaba.

—Te amo, mi Capitán—le confeso Nagato, besando su frente con ternura y consuelo.

Entonces a Ciel volvieron esos recuerdos...algo pervertidos. Esta bien, muy pervertidos. Sonrió traviesamente para Nagato.

—Recuerda que tenemos que volver a vivir eso—le dijo con una sonrisa.—¿Entiendes, pirata?

—Por supuesto, mi Capitán—le dijo Nagato, mientras se arrodillaba y le beso la mano. Ciel se sonrojo tenue. Se sentía feliz, cómodo y seguro junto a Nagato, y el hecho de pensar que estaba en sus brazos otra vez lo volvía la persona más feliz del mundo.

—¿Estas listo para salir?—le dijo Ciel, mientras tomaba la mano de Nagato y le indicaba la salida del baño, osea pasar por los pasillos. Nagato se sorprendió de la seguridad que emanaba Ciel al atreverse a salir junto a el tomado de la mano, frente a los ojos de todos. Frente a las futuras juzgas que realizarían todos.

No obstante, eso ya no le intereso. Se encontraba junto al amor de su vida y ya no le importaba si era un hombre o una mujer, el simplemente deseaba amarlo y no tener que esconderse de todos por los "prejuicios" que realizaban las personas que eran solo un par de ignorantes denominados Takao y Masao.

—Listo.—acepto Nagato, estrechando la mano de su amor y saliendo a enfrentar al mundo.