El se encontraba solo. Solo otra vez. Porque el siempre estuvo solo, y yo realmente quería estar a su lado. Yo solo deseaba ser su apoyo incondicional y alguien en quien pueda apoyarse, llorar y reír. Alguien que lo volviera feliz. Una persona que el protegiera y amara más que a nada. Que ambos fuéramos los mismos, todo. Y así poder llenar el amor que deseo.
No soy alguien triste, ni nunca lo seré. Pero con Yuuki...¡con Yuuki sería la chica más feliz del mundo! La persona que siempre mantendrá la llama de sus ojos viva y su cabellera flamante, su corazón latente y mente valiente. En ese instante estoy observándolo. Detrás de el se forma una sombra angosta y marcante. Porque aunque el no lo supiera, el no era alguien que pasaba desapercibido. Su lindura era notable, pero aunque no fuera igual a la de Thoru, muchos preferían a la de Yuuki. Incluyéndome.
El voltea. Desvió la mirada al instante. Estamos en clases, y realmente no me preocupa. O por lo menos, no por me mira bastante curioso; ¿Habrá notado mis constantes miradas?. Mi amor platónico hacia el cada vez a aumentado más y más, hasta el punto de asustar. Digo, me concentro muy poco en todo lo demás, siendo Yuuki mi atención principal.
No puedo pensar en otra cosa que no sea el, y no lo logro evitar. Es frustante tener a una persona como mentalidad principal, y cuando desaparece quedar tan vacía e inllenable.
El me lanza indiscretamente un papel. No se si desea molestarme o es un mensaje. No me arriesgo a tirarlo así que lo abro y comienzo a leerlo.
—"¿Que sucede?"—esta escrito en el papel.
—"Estas algo extraño"—le respondo en el papel mientras disimuladamente se lo lanzo de reenvío. El lo atrapa al instante.
—"¿Como debería estarlo?"—responde el, cruel.
Desde el haber admitido ser homosexual, todo cayo cuesta abajo. ¿Como se suponía que todo iba a ser bueno? Aunque buscaba y buscaba no lograba encontrar algo bueno en esta situación, una salida. Estaba atrapada y condenada a a observarlo a amar a otra persona que no fuera yo. Realmente dolía a un más cuando se trataba de un hombre, puesto que se veía sinceramente ridículo que el haya tenido que recurrir a ese tipo de amor tan extremo. Que ninguna persona mujer siquiera haya logrado cautivarlo o traerlo, cuando el es tan débil frente a el amor.
Lo conozco demasiado como para distinguir su dolor de la felicidad, sus mentiras de las verdades, sus buenos y malos tiempos. Yuuki es un libro el cual he leído toda mi vida y jamás e logrado o completado aburrirme. Y estoy totalmente segura de que jamás lograre separarme de su recuerdo o dejarlo partir con algún hombre. Jamás lo dejare caer en eso.
Aunque haya perdido tan vergonzosamente contra Kaito. Nunca quise esto, pero debo admitir que perdí esta partida. Pero como en todo juego de Mario Bros, reiniciare la partida. Una y otra vez, hasta finalmente salvar a Peach de Bowcer.
Siempre la dulzura e inocencia me han hecho perder contra todos, absolutamente todos. No permitiré que me arrebaten a lo que más quiero.
Te observo caminar atravesando la calle. No terminamos la conversación. Tu solo preferiste escapar de mi y de las incomodas respuestas que debías darme. Yuuki, ¿por que huyes de mi? No hay necesidad de hacerlo.
Veo que unos tipos bastante altos se topan contigo, te empujan y luego sonríen maliciosamente. Tu rostro se vuelve bastante pálido y tus expresiones muestran un miedo imparable. Uno de los tipos te toma bruscamente de la cintura y te besa brutalmente. Tu intentas escapar, pero los tipos que están junto a el se aseguran de que esa tarea te resulte imposible.
Me desespera saber y ver que pasara contigo. No lo aguanto más y la crisis que tengo me obliga a correr hacía ti. Los tipos ven que alguien se dirige hacia allá, por lo cual escapan victoriosamente. En este instante, más que atraparlos, solo me importas tu. Aunque así sea siempre en mi mente. Solo tu.
—¡Yuuki!—grito desesperada al verte shoqueado, apoyado contra una pared. Me acerco y te ayudo a levantarte. Miro tu bello rostro.
Sigues sin reaccionar, y eso me preocupa bastante.
—El tipo...—intentas hablar, y te escucho atentamente.—Había comido cebolla.
Luego haces una cara de asqueado, y no evito estallar en risas en un momento tan serio como este. Soy una torpe, pero estoy feliz de tenerte a mi lado.
—Me preocupaste—le dije, mientras lo envolvía en mis brazos cariñosa y afectuosamente. El me responde el abrazo de forma caballerosa.
—Soy un hombre, un macho—recalca el con cierto orgullo. No evito reírme otra vez. Si el supiera...—No necesito que cuides de mi.
—Claro que debo cuidarte—le digo, sonriente.—Eres muy torpe.
—Y tu mi chica—dice, poniendo su mano en mi hombro y envolviéndome en su brazo.—Quiero cuidarte.—nuestros rostros por algunas desconocidas y extrañas instantáneas se van acercando más y más. Ninguno de nosotros evita que suceda.—Necesito protegerte.
—...¿Por que?
—Porque te quiero. Porque te amo.
Y en ese momento nuestros labios se juntaron en un beso. En la victoria de todo mi ser. En la felicidad eterna y absoluta. Para ti, para mi. Para nosotros.
