2 Semanas Después
Todos habían empezado a actuar bastantes distantes y se habían separado en su grupo de parejas. Desde ese instante a las dos semanas ya transcurridas ninguno de los 12 se habían hablado. Hasta ahora.
—No puedes seguir ignorándonos, Kaito—había insistido Kitty mientras se colocaba a su lado.—Deja de evitarnos.
—¿Nagato te mando aquí?—le cuestiono el pelinegro, algo agitado.—Tranquila, no necesitas mentir.
—¡No miento!—alegó la linda rubia de ondulados cabellos mientras la brisa del viento le causaba un baile a sus dorados cabellos. Kaito la observo con cansancio.
—Sinceramente, no recuerdo como me volví su amigo.—pensó el pelinegro con fastidio.
—Da igual.—sentenció el, mientras entraba a su sala de clases. Kaito agradeció mentalmente tener distintos horarios con el resto.—Adiós.
—Pero...—Kitty intento insistir, pero Kaito había cerrado la puerta de su sala.—¡Kaito!
Ymr y Yuuki caminaban de la mano románticamente mientras todas las personas los observaban con curiosidad y una sonrisa de aprobación en el rostro. Esto hacía sentir bien a Yuuki. Estaba con la persona que más quería y el respeto y agrado que sentían los chicos y chicas de otros cursos por el volvía.
Además de que para Yuuki encontrar a la persona perfecta como era Ymr para el le resultaba la máxima felicidad, siendo totalmente objetivo. Esto no era desde un punto de vista ni nada. Ymr resultaba ser su perfecta y hermosa realidad desde todos los puntos vistos y existentes entre ellos. Y eso lo maravillaba más y más.
Ya no necesitaba a Kaito. Ya no lo deseaba...ya no soñaba con el. El hermoso rubio por fin logró comprender que habían otros caminos hacía la felicidad sin Kaito en ellos.
—Tu me rescataste—le susurro Yuuki al oído de la hermosa pelirroja, causando en esta una sonrisa y una sensación profunda de alegría y comprensión.—Tu me lograste revivir y volverme a sentir vivo.—Yuuki conecto miradas con su novia.—me haces sentir tan bien. Te amo.
Y en ese instante ambos volvieron a juntar sus labios.
—Oh, que dulces.—comento cierta chica de cabellos rubio ya algo largos mientras los observaba. Ambos lo notaron y una despechada Konan sonrió maliciosamente.
—¿Konan?—interrogó Yuuki, mirándola con extrañeza. Esta asintió. Tanto Yuuki como Ymr notaron que su "amiga" había cambiado. Había dejado su actitud solitaria y reservada por una algo problemática y rebelde. Aunque en la escuela se lo habían prohibido, ella llevaba los ojos delineados con negro, lo que le daba ese aire rebelde.
—¡Son muy lindos!—exclamo esta con felicidad y sinceridad.—Yo y Thoru eramos así, hasta que el me engaño contigo, Yuuki.
Yuuki recordó los momentos y no pudo evitar sentirse culpable.
—Perdón.—pidió, con cara de arrepentimiento.
—Maldito.—concreto esta, con rencor. Luego dio vuelta y antes de seguir caminando a su propio camino lo miro.—Soy quería aclararlo Yuuki, eres un maldito.
Luego les dedico una peligrosa sonrisa a ambos y desapareció.
—Esta dañada, solo que no lo admitirá.—le explico Ymr, con una amable sonrisa.—Prefiere echarte la culpa, cuando fue Thoru.
—Sí, el me seducio.—explico Yuuki con una sonrisa traviesa. Ymr solo rió.
—He, Hola—se oyó decir a cierto pelirrojo a Konan, mientras se colocaba a su lado.
—Hola, Lee—dijo Konan, no muy de humor. Solo caminaba rápido y contestaba con un "si" o "no".
—¿Que pasa?—pregunto el, confuso por la actitud de su amiga.
—Nada.—condeno esta con actitud severa.—Ven, quiero ir a ver la piscina.
—Pero la Legión esta entrenando.—dijo el pelirrojo, no muy seguro. Sin embargo su amiga ya había comenzado a caminar hacía el gimnasio donde estaba la piscina. Lee solo se resigno a seguirla.
Finalmente ambos llegaron. Para su sorpresa, se encontraron con la piscina casi vacía, a excepción de una persona que nadaba sorprendentemente bien.
Konan y Lee lo quedaron viendo con asombro.
Finalmente la persona salió de la piscina. Con un físico envidiable para cualquier hombre, una notable belleza. Tenía cabellos castaños y ojos rojizos tan intensos, y su rostro realmente se lograba considerar un fuerte enemigo para el de Thoru.
—Es muy lindo—comento Konan, asombrada.
—Sí...lo es—dijo Lee, intentando mantener su control en orden.
Entonces el chico noto la presencia. Coloco los ojos en blanco y siguió caminando.
—¡Espera!—exclamo Konan mientras corría agilmente hacia el. Lee prefirió quedarse observando desde lejos. El chico solo se dio vuelta para ver a Konan. Al verla pensó que era algo extraña y aterrorizante con esos ojos pintados de negro.
—¿Que?—pregunto el, con paciencia. Ella sonrió educadamente.
—Nadas genial—le comento Konan, sin pensar en que más decirle.—Realmente tienes mucho talento. ¿Eres nuevo?
—...SI—contesto el, algo reservado. Konan asintió.
—¿Hace cuanto llegaste?—pregunto ella, curiosa. Entonces recordó otra pregunta aun más importante.—¿Como te llamas?
—...Hace...6 meses—mintió el chico sin que Konan pudiera averiguarlo. A el no le interesaba narrarle toda su vida.—...
—¿Y...como te llamabas?—cuestiona Konan, algo incomoda. El no nota y nota también un poco en que no es naturalmente amable. Eso le agrada.
—Yagane Hioti.—respondió el con sequedad. Konan solo asintió, intentando no perderse o distraerse.
—Mucho gusto, Konan Mizaki.—contesto la rubia, ofreciéndole su mano para que el la estrechara.
Yagane la observo extrañado, incluso algo juzgador, dejando la mano de Konan ahí, sin estrechar. Ella lo comprendió al instante y quito su mano, haciendo una mueca y bajando la cabeza.
—Eres un caso difícil, ¿no?—le cuestiono ella con actitud y una traviesa sonrisa. Yagane la miro extrañado. ¿Como le hablaba con tanta seguridad?
—...Soy un tipo duro.—contesto este, cortante.—No veo porque te acercas y me hablas como a cualquiera.
—Porque tu te haces el cuento del chico especial.—le sentenció esta, severa.—Y solo eres otro.
—No me conoces.—murmuro este, serio.—Y no puedes conocerme.
Ella, ni nadie lo comprende. No pueden acercarse a mi. No pueden ni siquiera estar a mi lado. Les resulta letal. Porque soy un arma letal, aunque nadie lo sepa soy mortal, un peligroso mortal.
