Algo bastante inusual que sucedía con Nagato era que tenía dos parejas, Kitty y Ciel. Nagato realmente era un tipo relajado, sin embargo, esto ya resultaba demasiado. En las tardes, luego de pasarlas junto a Kitty se iba junto a Ciel como sí nada. Aunque el pervertido debía admitir que las cosas junto a Ciel no habían vuelto a ser lo mismo desde el momento en que el se comporto como un monstruo con el hermoso inocente. Nagato se arrepiente profundamente, sin embargo el sabía que no podía volver el tiempo atrás, y por eso se sentía tan culpable que no podía empezar a hartaste de su amorcito inocente.

Hasta que un día ocurrió.


—Ciel...—susurraba el pervertido en el oído de su rubio sensación, mientras este se estremecía al sentir a su amor tan cerca. Sentía miedo de tenerlo tan cerca, y que luego ocurriera lo que pasó esa noche.—Te amo.

Ciel se alejo delicadamente de Nagato y tapó su cabeza con sus rodillas. Luego se dedico a llorar angustiadamente. Cada vez que esas imágenes venían a la mente del pequeño, el podía sentir como su cuerpo ardía y como se empezaba a desesperar en cuestión de miserables segundos. Y todo se volvía una eterna pesadilla.

—¿Que sucede?—pregunto Nagato al notar las lagrimas de su amor. Ciel dudo si contestar o no. Probablemente se dañaría otra vez, y tenia miedo. Tenia miedo de el.

—Nagato...—murmuro Ciel, observándolo directamente a los ojos con neutralidad. Estaban en el tejado de la escuela mientras el sol se escondía.—Ya no te quiero.

El pervertido se impacto. Guardo silencio un momento mientras veía fijamente el piso.

—Oh...¿Por que?—pregunto, conteniendo su actitud. Nagato no estaba furioso, simplemente muy confuso y algo triste. Ciel se alejo un poco. Entonces el comprendió con claridad.—¿A caso...—Nagato no se atrevía a decirlo, puesto que dolía demasiado. Finalmente se atrevió.—¿A caso tu me tienes miedo?

—A ti no.—sentenció el pequeño de forma cortante.—Al ser que te controla.

Nagato pestañeó confundido. ¿Ser?

—¿Ser?—pregunto este sin entender. Ciel asintió y con lentitud se le acerco. Coloco su cabeza dulcemente en el pecho del pervertido, exactamente a la altura del corazón. Nagato sintió como si de nuevo todo estuviera bien, aunque sea solo un momento.

—Sí, el monstruo que habita tu corazón.—explico Ciel, con una dulzura y frialdad realmente impresionante. Nagato solo atinó a colocar su boca entre-abierta y observar con neutralidad al amor de su vida.—El me ha hecho demasiado daño, Nagato.—cuando Nagato intento decir algo, Ciel volvió a hablar.—Se que intentaste protegerme, pero el monstruo es más poderoso.

—Ciel, yo...—Nagato no sabía sinceramente como responder a una situación tan triste, puesto que nunca se había sentido así.—El monstruo...—dijo, sonriendo amargamente para si mismo, como si eso curase su dolor. No lo hacía, ni consideraba siquiera ayudarlo a sentirse mejor. Era una simple sonrisa sin sentido ni valor, nada más.—Puedo controlarlo.

Ciel negó con un puchero adorable.

—Nagato, tu...—Ciel se acercaba atrevidamente y con una sonrisa traviesa y una mirada dulce y amorosa hacía los labios de Nagato, sin que este notara sus rápidos y ágiles movimientos de un paso. Finalmente Ciel quedo ante centímetros de los labios de Nagato, mientras ambos conectaban miradas. Nagato tomo la mano de Ciel y la entrelazo con la suya, mezclando dedos.—Puedes asesinar al monstruo.

Nagato asintió con una sincera sonrisa.

—Lo matare, mi Capitán Ciel.—le susurro este al oído del pequeño. Ciel rió al sentir el roce de los labios del pervertido contra su oreja. Era una sensación realmente placentera, la cual no quería abandonar ni dejar ir nunca, sin embargo la iba a perder un tiempo.

—Entonces...—Ciel se acerco más, aun sin tocar los labios de su amante, con seguridad.—Entonces Ciel y Nagato reanudaran su historia de amor...y...—Ciel, por un momento se sonrojo levemente, al igual que Nagato.—¡Y tendrán su final feliz!

Nagato se contuvo.

—Te lo prometo, Ciel.—Nagato beso finalmente los labios prohibidos de su Capitán, sintiendo el éxtasis del momento como la victoria y gloria misma derramándose en su boca. Era la mejor sensación nunca antes vista ni vivida por Nagato.—Pero esto se acabara—pensó tristemente el, de cierta forma consolándose con la promesa y el futuro que viviría en poco tiempo, al asesinar su furia interior. Su "monstruo".—Estaré junto a ti, cuando el monstruo se haya ido.

—Gracias, Nagato.—dijo Ciel mientras se levantaba y se colocaba su chaleco gris. Nagato solo lo observo con fascinación. ¿Como podía existir un ser tan bello, bueno y puro como lo era el?. Ciel era perfecto, una obra de arte eterna y a valorar todo el resto de su vida. Como así lo planeaba Nagato, o por lo menos eso pensaba.—Te esperare.

Ciel se acerco al pervertido rubio y beso sus labios con dulzura, en forma de despedida. Luego beso su mejilla, y aunque le doliera se separo del hermoso rostro de su amante marinero. Como lo habían sido alguna vez en el feliz y precoz pasado. El como Capitán y Nagato como su Marinero.

—Adiós.—musito Ciel con una sonrisa.

—Adiós, Ciel...—le contesto Nagato, con una sonrisa también. Ciel se fue del tejado, desapareciendo del tejado y de la vista de Nagato.

Nagato quedo en un momento eterno de silencio, ya solo. Solo observaba el cielo con cansancio e indiferencia. Con un gran vacío en el alma.

En ese instante sonó su celular. El reviso al instante. Era Kitty, lo estaba llamando. El contesto al instante.

—Hola—contesto Nagato con un tono neutral.

—Hola, Nagato. ¿Donde estas?—pregunto esta rubia del otro lado del teléfono, preocupada.

—Eh, salí.—contesta el, secamente.

—¿A donde? ¿Necesitas que te vaya a buscar?—le responde Kitty, siendo atenta y amable.

—No gracias. Estoy bien.—murmuro este, algo monótono.—Te llamo luego, ¿si?

—Eh, claro. ¿Estas bien?—pregunto últimamente esta, aun preocupada y confusa por la actitud del rubio, que por cierto, era distante.

—Sí.—mintió este.—Adiós.

En ese instante cortó. Luego, se dedico a llorar angustiosa y dolorosamente. Había perdido todo lo que alguna vez había significado todo para el, y no sabía como ver un camino si no había una luz que lo iluminara a seguirlo. La luz se había ido. Ciel se había ido.

Pero en su corazón aun estaba la para nada consoladora promesa que hicieron ambos. Nagato solo tenía la esperanza se aferrarse a un mejor futuro junto a su amor, y eso iba a ser. Aferrarse a la fe de volverlo a amar en algún momento. De tenerlo entre sus brazos. De probar sus labios. De vivir la felicidad otra vez.