Disclaimer: Los personajes y lugares reconocibles son de J.K.R, yo solo los utilizo para satisfacer mis primitivos deseos.
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Tu voz dulce y serena me calma,
y me ofrece refugio y abrigo,
va calando dentro de mi alma,
mi querido, mi viejo, mi amigo.
Tu sonrisa franca me anima
tu consejo sabio me cría
abro el corazón y te digo
mi querido, mi viejo, mi amigo.
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1 de septiembre de 1991
Estación de King Cross
El gran día había llegado. Al fin iba a conocer Hogwarts y no se tendría que conformar con las historias que Alexander le hacía. Por fin iba a convertirse en la Princesa de Slytherin, siendo Draco su príncipe, y su hermano el rey.
El ruido en el andén era ensordecedor y había que gritar para hacerse escuchar. Ella estaba sola en una esquina, esperando pacientemente a Draco y sus padres. Su madre estaba enferma desde hacía unos meses y le era imposible salir de la mansión y su padre estaba en una reunión muy importante. Tan pronto habían llegado Alexander se había ido con sus amigos y le había dejado atrás. Por eso estaba allí, mirando a su alrededor con cara de asco, esperando que su amigo llegara para poder largarse a buscar un compartimiento.
Eran casi las once y los Malfoy no llegaban. El tren había dado los primeros dos silbidos anunciando que pronto partiría y ella no podía sola con su pesado baúl. Unos gritos cerca de la entrada y un montón de gente arremolinándose alrededor de algo o alguien llamó su atención. Desde su lugar trató de ver que era aquello que parecía haber descontrolado a todo el mundo, pero no podía ver nada. Pensó treparse en su baúl para ver si así alcanzaba más visibilidad, pero una Parkinson jamás haría algo tan burdo. Su hermano se acercó a grandes zancadas y con una sonrisita burlona en el rostro. ‹‹Es Harry Potter››, fue todo lo que dijo antes de sentarse elegantemente sobre su baúl. Pansy había escuchado hablar de Potter un millón de veces desde que tenía uso de razón. No lo conocía, pero le parecía que estaba ridículamente sobrevalorado. Potter era un bebé cuando acabó con el Sr. Oscuro, posiblemente no se acordaba de eso. Estar en Hogwarts, en la misma generación que ‹‹El Niño que Vivió›› iba a ser una pesadilla.
Soltó un bufido despectivo y mirando alrededor una vez más se dio cuenta de que su padre venía corriendo por el andén y parecía estar buscándola. Ella sacudió la mano a lo alto para que él la identificara y cuando Abraham Parkinson llegó hasta ella la tomó en brazos y le dio unas cuentas vueltas en el aire. Ella rio alegre. Amaba a su padre con locura y si era sincera, se había sentido un poco decepcionada de que no fuera a despedirla su primer año a Hogwarts. Un sonoro beso en la frente la hizo regresar a la realidad y miró a su padre con los ojos muy abiertos. Su padre no era un hombre de dar muchas demostraciones de amor, mucho menos en público. Abraham le acarició la mejilla y la dejó sobre el suelo. La ayudó a subir sus cosas al tren y cuando Pansy iba a subirse, la agarró suavemente por la muñeca y le dijo:
— Te amo mucho, princesa. Papá está orgulloso de ti. – y con una última sonrisa, su padre le empujó suavemente para que subiera al tren.
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NdA: Hacer esta viñeta se me hizo particularmente difícil, porque siempre se me hace difícil hablar del cariño paterno sin romperme en un millón de pedacitos. Pero, casi siempre hablan del cariño incondicional de mamá y casi nunca del de papá, por eso es Abraham y no Elena. ¿Qué les pareció? ¿Me dejas un review?
Nat.
