Disclaimer: Los personajes y lugares reconocibles son de J.K.R, yo solo los utilizo para satisfacer mis primitivos deseos.

Desde nuestro primer beso, supe que mis labios te esperaban toda la vida.

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Diciembre de 1994

Gran Comedor

Era definitivo. Draco Malfoy era un jodido estúpido. No se había conformado con invitarla tarde al maldito baile, sino que también tenía la desfachatez de quedarse mirando a Granger con ojos de cachorro enamorado cuando ella estaba a su lado.

No es que Pansy estuviera celosa, claro que no, Draco podía hacer lo que le saliera de los cojones, pero si la había invitado a ella al baile entonces que le prestara al menos el mínimo de atención. ¿Era mucho pedir? Maldito fuera. Si llega a saber eso hubiese aceptado la invitación de aquel chico búlgaro. Pero ella era una buena amiga y había esperado porque todos sus amigos tuvieran pareja antes de ella conseguir o aceptar a alguien más.

Algunos decían que era una estúpida, otros que era la puta de Slytherin. Las opiniones le valían una mierda de hipogrifo, porque ella más virgen no podía ser. Ni siquiera había dado su primer beso. Y siendo sinceros se sentía estúpida por eso. Daphne había besado ya, incluso Millicent había conseguido algo. Y ella, que era la mejor amiga de todos los chicos que pasaban por Slytherin, nunca había rozado sus labios con los de nadie.

Gracias a su enojo con Draco se había alejado caminando apresuradamente y había salido sin proponérselo del Gran Comedor. De repente se sentía muy cansada y no estaba segura de querer regresar. La soledad del corredor era tranquilizadora, y quedarse envuelta en esa tranquilidad era muy tentador, aunque Draco y los chicos la degollaran más tarde en la sala común.

Un ruido rompió la burbuja de paz en la que había estado envuelta unos momentos atrás y cuando quiso ver que era el ruido, un cuerpo colisionó fuertemente contra el de ella. Estaba lista para insultar al imbécil que no se había fijado por donde iba cuando se dio cuenta de que unos orbes tan verdes como los suyos la miraban fijamente. Harry Potter. Una mueca de sorpresa adornaba el rostro del chico y ella estaba segura de que estaba tan roja como el pelo de los Weasley. Este chico siempre tenía ese efecto en ella.

— Mira por dónde vas, Potter. – escupió la chica, mirándolo con una mueca de desprecio demasiado bien ensayada.

Potter se quedó mirándola, como evaluándola, y antes de que ella pudiera darse cuenta él se había inclinado y tenía sus labios sobre los de ella. Demás está decir que fue un beso demasiado incómodo e inexperto, pero un beso, al fin y al cabo. Su primer beso. Un beso que, aunque no fue como de cuento de hadas o de ensueño, la llenó inmensamente y por primera vez en mucho tiempo se sintió querida. Potter la tomó tímidamente por la cintura y la acercó más a él, haciendo que ella rodeara su cuello con los brazos. Y Pansy allí, entre los brazos de ese chico que tan poca cosa siempre le había parecido, se sintió segura.

Cuando se separaron, Potter se quedó mirándola unos segundos antes de alzar la mirada. Ella siguió la dirección de su mirada y vio como el muérdago desaparecía. La miró una vez más antes de darse la vuelta y regresar por donde había venido.

Pansy se quedó en su lugar, sin poder procesar muy bien lo que había pasado. Lo que entendía muy bien era que Potter solo la había besado porque si no el muérdago no les habría permitido moverse. Sería estúpido pensar que Potter la besara por voluntad propia.

Al otro día, mientras desayunaba en el Gran Comedor y escuchaba a sus amigos quejarse de que los había dejado solos en el baile, Pansy no podía quitar sus ojos de la mesa de Gryffindor. Potter estaba sentado con sus amigos, pero parecía sumido en sus pensamientos, a la vez que incómodo por la cercanía de la chica comadreja. Granger, por otro lado, estaba mirando a Draco directamente y casi sin parpadear. ¿Qué habría pasado anoche para que estuviera así? Tenía una conversación pendiente con Draco.

La llegada del correo hizo que desviara la mirada. Como siempre un montón de lechuzas sobrevolaron el techo del Gran Comedor, dejando caer paquetes a diestra y siniestra sin fijarse donde caían. Desde que su madre había muerto dos años atrás, Pansy casi no recibía paquetes de casa. Por eso se sorprendió cuando una hermosa lechuza parda se posó frente a ella y extendió su pata para que ella tomara la carta. Con una mueca de sorpresa le ofreció cualquier cosa al ave y abrió la carta.

Parkinson:

Te espero hoy a las tres de la tarde cerca de la cabaña de Hagrid. Podrías no ir, pero por favor te pido que lo hagas.

H.P

Pansy sonrió genuinamente. Quizá ayer la besó porque no tenía más opción, pero esta nota…esta nota podía ser el comienzo de una historia. Volvió a mirar a la mesa de Gryffindor solo para darse cuenta de que Potter ya la estaba mirando. Le dedicó un asentimiento casi imperceptible y volvió a su desayuno.

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NdA: ¡Hola a todas! ¿Cómo están? Yo empecé ya con el corre y corre de la universidad y bueno, ya saben cómo es esto.

Bueno, ¡el primer beso de Pans! *corazones*

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