Todos se preguntaban donde se encontraba Thoru Shion, puesto que su FanClub no dejaba de buscarlo con desesperación y preguntarle constantemente a Konan Mizaki donde se encontraba, y a menudo la culpaban a ella. Realmente a Konan no le interesaba respondedles ni mostrar cortesía a personas que la criticaban.
—Si tanto lo extrañan vayan a buscarlo a su casa.—les respondía ella con crueldad y un tono no muy amigable.
—Ya no intentamos, y no hay nadie.—le respondía la presidenta del FanClub de Thoru Shion, Kaede Yukina, una atractiva pelinegra que iba un curso más abajo que Thoru y Konan, y el resto de los 12.—¡Konan-sama, por favor dinos!
—¡Joder, que no se nada!—le contestaba esta bastante insolente y cortante cuando la hastiaban demasiado.—No he hablado con el en días, y no me interesa hablarle.
—¿Por que eres así con el?—le preguntaba Kaede, sin lograr comprender la prepotente y perfeccionista actitud de la yangire.
—¿Quieres saber la verdad? El es solo un chico malcriado y realmente vacío chico con un lindo rostro y una mala actitud que realmente ya nadie puede soportar, por eso esta solo. Me hartan las personas superficiales y arrogantes como el. Finge no comprender, finge ser la victima de esta historia y me esta poniendo como antagonista. Deja de creer en una perfección ficticia y busca algo más interesante que hacer.—le había respondido Konan, cuando ya estaba totalmente aburrida de que el FanClub de Thoru la molestara y siguiera con sus estúpidas preguntas.
Desde ese momento el FanClub de Thoru había dejado de cuestionar a Konan, en especial Kaede que había quedado algo picada por la insolente actitud con la cual Konan la había tratado.
Thoru solo se había ocultado en su casa, hartado del resto de la humanidad. Esperando que Konan volviera y lo llamara, perdonara y todo volviera a la normalidad. Sin embargo, ella nunca llego.
Y su cuento de hadas e ilusión se rompió. Otra vez. Thoru aun recuerda cuando otra persona le rompió el cuento de hadas. Le rompió el corazón.
Hitomi-sensei. Un lindo profesor. Joven, atractivo y de simpática actitud, bastante sencillo. Ni siquiera sabía si el era gay o no. No me importo. Solo quería conquistarlo, conquistarlo y nada más. No había ninguna otra meta en mi cabeza, no podía evitarlo. Mi corazón latía y latía por el. En el ramo que enseñaba me iba pésimo, por lo cual también lo utilice para subir mis notas. Por supuesto lo logre, pero en notas volví a ser un fracaso después de un tiempo. De todas formas me valió la pena. Recuerdo nuestro primer encuentro.
El estaba colocando las notas, yo arreglaba mis cosas. No tengo idea porque, pero el no me quitaba la mirada de encima, aunque lo hacía de forma disimulada. No se me ocurrió nada más que mostrar una actitud algo atrevida e insoportable, incluso algo orgullosa.
—Deja de mirarme tanto, que se te cae la baba al piso—le dije, mientras lo miraba de una forma más atemorizante que seductora. Estaba totalmente seguro de que no era para nadie alguien provocativo en ese momento.
—¿Mirarte? No seas tan perseguido—me contesto, hiriendo mi ego. No lo demostré, por supuesto, pero mi ego estaba herido. ¿Como osaba a decirme perseguido?—Es solo un consejo, no te lo tomes a mal niño.
—¿Niño? Tengo 15 años—le conteste, más seguro de mi mismo. Empezaba a creer que esto iba por un camino más de enemistad que de amor, pero ya no podía irme para atrás.—Además, se cuando la gente me observa. Siempre me sucede en la calle.
—Sí, te debe suceder seguido.—dijo el con sequedad y sarcasmo.—Todos hoy en día somos pedofilos homosexuales.
—¿A caso supones que me observan hombres?—le reclame con actitud. Sí, era orgullosa y abiertamente bisexual, sin embargo el no podía suponerlo. Eso sonaba y se veía bastante mal.
—Solo decía que con esa belleza y tu cuerpo, Shion, no solo te deben estar deseando mujeres.—explico el, como si no significara nada. El suponía que también hombres me deseaban. Pero, ¿el estaría dentro de las personas que me desean?.
—Suena tan genial que hombres mayores y pedofilos me deseen.—dije con mala actitud. El me miro algo hastiado.—Por favor, no me comas con la mirada.
Para mi sorpresa, el se acerco y me tomo del cuello. ¿A caso me iba a golpear?.¡ Si me llegaba a golpear ninguna agencia más me iba a contratar e iba a perder mi trabajo de por vida. Este maldito no podía arruinarme la vida!
—Escucha niñato. Si tengo hambre, simplemente te comeré.—indico, apegandome a una pared y su cuerpo al mío. Abrí los ojos en exceso.—Y en este momento...tengo hambre, y bastante.
Entonces por primera vez, probé los labios de un profesor. Era algo notoriamente prohibido, pero creo que eso ya no me importaba. Con el tiempo, nuestras aventura de caricias, toques, sexo y besos siguió hasta finalmente volverse una relación más profunda y seria. Algo establecido.
—Oh, Thoru, eres tan bello...—decía siempre Hitomi, mientras me tomaba de la cintura, me recostaba sobre su cama y me besaba lujuriosamente. Como todo profesional que era, le correspondía y le daba todo el placer que el deseara.—Te amo.
—Y yo a ti.—le respondía, siendo dulce. Era su Uke, pero no me importaba. El tiempo pasaba, ya llevábamos dos meses así y era lo mejor de lo mejor.
—Sabes, he considerado renunciar.—dijo el un día.—Así esto sería mejor para nosotros, para nuestro amor.
Entonces note lo importante que era para el. Me asusto estar tan enserio con alguien, así que respondía con torpeza.
—Estamos bien así—le respondía, torpe. El seguía con esas ideas, y yo siempre le respondía lo mismo. Hasta que un día sucedió.—Estamos bien, entiéndelo No necesitas renunciar.
—¿Sabes que? empiezo a pensar que solo estas conmigo por tus notas.—se planteó el. Yo solo calle. No era verdad, pero no sabía que hacer. Esto era demasiado serio, y no sabía que hacer.—Thoru, dilo. Tu me amas.—Solo guarde silencio, cuando debí gritarle todo el amor que sentí. Ni siquiera se porque lo hice, ahora me arrepiento tanto.—Thoru...dilo. ¡Dilo!—solo guarde silencio, como un imbécil.—Vaya, ya entendí.—Ahora, no se porque pensé en hablar, pero ya era tarde.—Lárgate de mi casa, maldito mentiroso.
—Sí...—conteste, apenado. En ese instante luego reaccione, y lo note. Había perdido a mi sensei.
Al recordarlo, no lo note, pero la persona que tanto espere estaba frente a mi. Konan. Sonreí de medio lado y ella correspondió con neutralidad. Esta era la hora de las respuestas, del renacimiento.
