Todos se encontraban pasivamente en clases trabajando cuando de un momento a otro se abrió la puerta. Casi nadie pudo creer que la persona que había entrado a la sala de clases era el mismísimo Thoru Shion. Con una pinta totalmente demacrada, pálida y lastimada se encontraba el pelirrojo, con ropa de colegio bastante arrugada y con la corbata mal puesta.

—¿Shion-san?—cuestiono Kokoru-sensei, sin embargo este pareció ignorarlo. Solo se acerco al puesto de Konan y empezó a revisar sus cosas. Abrir sus cuadernos y leer todas las hojas que había, no obstante luego lo dejo todo ahí y se acerco a Kokoru-sensei con cara de lunático.

—¿Ella vino?—le pregunto, jalándolo bruscamente de los hombros y conectando sus miradas. Kokoru-sensei negó con la cabeza.

—No, ¿por que, Shion-san?—cuestiono Kokoru-sensei, sin comprender, al igual que todos, que era lo que sucedía. Thoru salió corriendo de la sala.—¿Shion-san?

Sin embargo Thoru solo corría por los pasillos. Notablemente desesperado. Yuuki, Kaito, Lee, Makoto, Sasori, Ciel, Nagato, Kitty, Sakura e Ymr también lo siguieron, preocupados del estado de su amigo.

—¿Que le sucede?—pregunto Ymr, sin entender su actitud.

—No lo se, ¿pero porque preguntaba por Konan?—dijo Lee.—Se supone que terminaron, y además parecía que ninguno de esos dos quería hablarse.

—...Llámala.—dijo Kaito, mientras le prestaba su celular.—No tengo idea porque, pero tengo el numero de Mizaki.

—Genial.—Lee tomo el celular y empezó a marcar. Puso en altavoz y junto a todos esperaron que contestara. Contesto, pero solo se oyó un ruido como si se quebraran varios y vidrios. La llamada luego cortó. Todos se miraron extrañados y algo preocupados. Luego, todos corrieron junto a Thoru. Le encontraron en el tejado de la escuela, contemplando el oscuro y celeste día.

—¿Thoru?—pregunto Kitty, con voz débil. El ni siquiera se dedico a mirarla, ni siquiera se movió.—Thoru, ¿qué sucede?

Otro momento de silencio. Pareciera como sí Thoru se encontrará totalmente sordo y desconectado del mundo, hundido en sus pensamientos. En sus recuerdos...


—¿Qué debería hacer para que me dejes ir?—preguntaba ella con tono bajo de voz. La mire con extrañeza.

—¿Realmente quieres que esto se termine?—le cuestione, siendo completamente claro. Cuando estaba con ella podía ser así, sincero.

Ella sólo calló un momento, dejando sus tentables labios entreabiertos, alentandome a besarlos. Ojalá pudiera, ojalá los sintiera.

—No.—admitió ella, sonriendo ligeramente. Mire sus celestes ojos, demostrando un sentimiento por primera vez: amor.—No merezco un final feliz. Soy alguien tan mala...

—No lo eres. Eres una luchadora.—admití, acercándome a ella con lentitud.

—Case tu amor.—admite ella, mordiendo su labio inferior y con una mirada más segura. Algo sensual. Yo sólo reí.

—Lanzaste rocas a mi casa—dije, causando en ella avergüenza por sus actos.

—¿Qué puedo decir? Soy toda una criminal.—dijo ella, bromista. Finalmente quedamos a unos centímetros de nuestros labios. Entonces a mi mente llegaron todos los buenos momentos que vivimos Juntos. En la playa jugando y correteando, en la nieve navegando, en los tejados saltando, en las salas de clases y paraderos dándonos besos con nuestro más puro amor imparable e inseparable.—Pero en el fondo...te gusto que te lanzara rocas...

—Oh, sí, ¿quien no siente placer al sentir sus vidrios quebrarse?—dije en tono bromista. Ella sólo río.

—Es realmente un ruido maravilloso. Si tuviera que morir me gustaría escucharlo en mi lecho.—admite ella, mientras la miro con extrañeza. A veces, Konan llegaba a ser una persona bastante extraña. Pero, eso fue lo me conquisto de ella. Su encantadora actitud y su belleza. Parecerá muerta a la vista de todos, pero ella solamente es una preciosa muñeca de porcelana en Halloween.—Thoru...¿recuerdas que prometimos que esto prevalecería ante todo?

—Si...—murmure, mientras ambos tomábamos ya algo de distancia. Creo que entendía el ritmo al cual iba Esta. Conversación, y sinceramente no me gustaba pensar en que todo terminaría en una despedida. Realmente se que las despedidas sucederán en algún momento, pero...no quiero vivirlas. Si tengo que morir, prefiero morir en soledad, sin decir adiós a nadie. Morir sólo, sin causarle daño a nadie más. Morir en mi relatividad de La Paz, del desanzo final y eterno.

—Aún sigo creyéndolo, sólo que...toda pareja necesita tiempo, alejarse...ya sabes, distancia—dice ella, con las manos en sus bolsillos del pantalón.—Quizás tiempo.

—Estas intentando deshacerte de mi.—le conteste, cortante. Ella me miro con dulzura.

—No es eso...—dice ella, mientras acaricia mi barbilla levemente, creando unas cosquillas en mi. Una sensación que ella revivió en mi.—No es un adiós.

—No, no quiero eso.—negué, algo molesto. Aunque ella dijera eso, de todas formas iba a ser un adiós, lo sabía. Ella me observo con nostalgia. ¿A caso en estos momentos estaría sintiendo la angustia y dolor que sentía yo? ¿La soledad y rechazo, el abandono? ¿Esa sensación de sentirte tan sólo en el mundo, sin nadie que te comprenda ni quiera en este cruel lugar? Ambos nos sentíamos así, y aún así, nos separábamos y destinábamos a una soledad aún más grande y dolorosa de la que ya teníamos.

—Thoru...Adiós...—murmuro ella, con una triste sonrisa.

—¡Konan, dame un beso!—le exigí, desesperado, intentandola frenar, detenerla de su futura soledad. Ella me miro con frialdad. Pero algo cambio, en su mirada habían lágrimas. Por fin...por fin la había visto lograr. Al parecer, mi muñeca de porcelana al estilo Halloween tenía sentimientos.

—No, porque sino jamás lograre detenerme.—dice ella, saliendo de la habitación, luego saliendo de la casa y subiendo a un extraño auto. Supongo que era un taxi. La observe irse, y entonces reaccione al ver y entender que no volvería. Pero lo sabía, yeso me calmaba, esto no era para siempre. No era una despedida.


—¿Thoru?—cuestiono Sakura, con voz débil. Pero el pelirrojo solo miraba el cielo, viendo en el color celeste los ojos de su amada.

—Hasta luego. Nos vemos en un tiempo.—se decía el pelirrojo, mientras sentía como sí ella estuviera aquí.—Te esperare. Lo juro, te esperare.