Todos, o la gran mayoría tomó bastante dramático la partida repentina de Konan, volviéndose histéricos y intolerables personas.
—¿Por que ella hizo eso?—se preguntaba Kitty, sin poder entender ni leer el patrón de actos que Konan realizo.
—Sólo déjala, ella es una persona libre.—sentenció Lee, acabando con ese tema de conversación. Estaban los 11 sobrevivientes, juntos por la aparente perdida de una de sus miembros más queridos.
—Lo superaremos, juntos.—dijo Yuuki, tomando la mano de las personas que tenía a su lado: Ymr y Kaito. Lee noto ese acto y no pudo evitar sentir todo el odio que había contenido renacer entre sus tripas, en su mente llegar todas lmi imágenes de Yuuki sangrando o totalmente mutilado. El placer emergecio de su cuerpo al instante.
Lee siempre quiso una venganza contra Yuuki, y la única persona que se lo prohibía era Konan, y como ella ya no estaba era el momento perfecto para actuar. El ya sabía exactamente como y cuándo. Y esta vez, nadie lo iba a arruinar.
Era el último día de clases. Kokoru-Sensei había preferido dejar a Konan Mizaki simplemente como ausente en vez de alguien inexistente. Todos estuvieron de acuerdo, y simplemente ya nadie más planteo ese tema. Thoru había vuelto y actuaba algo reservado pero se mostraba más buena persona, más puro, más inocente. Había vuelto y todos lo trataban bien, aunque a veces eran muy delicados con el, lo cual fastidiaba al bello pelirrojo. Su FanClub y Kaede Yukina habían preferido darle tiempo y respeto a su ídolo por la escapada de Konan Mizaki, pero aún así seguían vigilándolo y cuidandolo desde lejos.
Lee, en cambio, sólo dejaba a Kaito comportarse y jugar con Yuuki cuanto quisiera, mostrándose como el novio relajado" que definitivamente no era. El ya tenía todo listo, todo tan bien preparado y analizado que naa podía salir mal, y realmente ya se encontraba totalmente listo para asesinar y librarse del mayor de todos sus problemas: Yuuki.
Era de noche, todo el acto de despedida de trimestre ya había terminado y todos habían fiesteado, jugado y se habían despedido lo suficiente como para querer volver a sus casas a dormir y utilizar todas las vacaciones para flojear y no hacer nada más que sentirse en su cama y con el culo quieto jugar en el computador o ver televisión. Sin embargo, Yuuki llegaba tarde a su casa. Estaba completamente sólo, puesto que su padre había viajado durante varios meses y lo había dejado increíblemente sólo cuidándose, lo cual al rubio le parecía espectacular.
Yuuki había estado en la casa de Kaito junto a Makoto, Sasori, Thoru, Yagane, Nagato y Ciel jugando League Of Legends y viendo animes yaoi y shounen ai, como hacían ellos en todas sus secretas reuniones lejos de las chicas. Finalmente, siéndo las 11 de la noche había llegado como todo rebelde a su casa, sin saber que alguien ya lo esperaba ahí.
El Rubio entró relajado y lanzo su chaqueta al sillón rojo. Entonces fue al refrigerador, lo abrió y encontró un recipiente con leche dentro. ojo de ojos celestes no dudo en tomarlo al instante, y luego tragar. Al saborearlo pudo notar su agrio y amargo sabor, sin embargo intentó ignorarlo. El rubio intentó caminar hacía su sala de estar, sin embargo se cayó al piso, sintiendo como sus huesos se volvían más y más débiles. Se empezó a sentir mareado, finalmente perdiendo la consciencia de lo que sucedía.
Yuuki abrió los ojos, encontrándose extrañamente sentado en una silla. Intento levantarse, pero algo lo detuvo. La cara psicópata de Lee frente a el con un cuchillo entre sus manos, sonriéndole peligrosamente.
—¡Lee!—exclamo el rubio, totalmente asustado. Temblaba, y Lee solamente lo miraba asesinamente con un arma letal que podía clavar y acabar con su vida en un sólo segundo. Lee jadeaba y mentalmente se torturaba e invitaba a clavarle ese cuchillo a su enemigo y cumplir todos los sueños en donde lo veía sangrando, mutilado y rifando por su vida. Sin embargo, no podía sentirse peor. Más culpable, tan sucio y sádico. Siempre lo había sido, pero esto era distinto. Lee mataba a personas por las cuales sinceramente no sentía nada, pero por Yuuki...con Yuuki tenía toda una historia.
El odio y cariño que había sentido por este lindo rubio llevaba anto tiempo, que terminarlo ahora...se sentía tan extraño, tan culpable.
Un chico pelirrojo de no más de 7 años y un chico rubio de las misma edad corrían juntos por un lindo Prado, hasta encontrarse con otras personas.
—¡el niño llorón!—indico una de las personas, uque era un niño bastante feo de la misma edad, señalándolo con crueldad.
—¡Si, el llorón!—exclamo la otra persona. Yuuki sintió ganas de llorar, por lo cual bajo la cabeza. El pelirrojo se molesto de los dichos que decían estos chicos.
—¡Que feos son!—les exclamo, "inocente"—Me causan pesadillas, ¡me recuerdan a Shuki! ¿Cómo alguien puede ser tan feo? Un consejo: no molesten más.
Ambos chicos salieron corriendo. Yuuki levanto la cabeza y sonrió.
—Gracias Lee, tu si eres un buen amigo.—dijo Yuuki, sonriéndole.
Lee soltó el arma. Abrazo a Yuuki y comenzó a llorar repentinamente, y a mares.
—¡Lo siento!—sollozaba Lee en su amigo, como si no hubiera consuelo ni perdón.—Lo siento...yo...¡yo nunca quise hacerte daño! Yo...
—Tranquilo Lee—le dice Yuuki, con una sonrisa.—Te amo, amigo. Te perdono.—Lee lloro aún más amargamente, sin poder detener sus lágrimas.
—Soy un cobarde. soy de lo peor.—decía el pelirrojo entre sollozos.
—Eres la mejor persona del mundo, Lee. Tranquilo, ahora todo va a estar bien.—le consoló Yuuki, besando su frente. Lee sólo se aferró al abrazo de su amigo y a creer que habría un futuro mejor. Que aunque no lo parecida, todo mejoraría en algún momento. en especial para un cobarde como el, y un grupo de maravillosas personas que dan sus mejores Amigos.
Un grupo de personas que más que extrañas, eran especiales. Que lucharían por una pequeña posibilidad de ver la felicidad, y aunque lo lo creyeran, existía la posibilidad.
—¿Posibilidad? Posibilidad de ser destruidos, del sufrimiento. De qué sus vidas sean destruidas...por mi.—decía cierto peliverde, observando a sus nuevos enemigos mortales.
¿FIN? No, por supuesto que no.
