Las siguientes semanas transcurrieron igual, con Druella poniéndole el corsé por las mañanas, Lucius mirándola raro durante las coisas, Narcissa ignorándola y Draco mirándola resolver crucigramas. Hasta ese día.

Narcissa había anunciado que habría una fiesta en la mansión, a la cual estaban invitadas todas las personas respetables de la sociedad mágica. Funcionarios, jugadores de quidditch profesional, magnates, e incluso el ministro de Magia en persona.

Ese día, Druella la había hecho cambiarse de ropa por algo aún más formal, diciendo que uno nunca estaba demasiado elegante, y menos en una ocasión tan especial.

—¿A qué te refieres con eso? —preguntó Sophia una vez la mujer le hubo cambiado el corsé.

—P-pues que esta es tu primera fiesta de alcurnia, por supuesto —respondió Druella con nerviosismo—. Ahora guarda silencio. Tengo algo que mostrarte.

Con un movimiento de su varita, la mujer hizo aparecer una caja cuadrada, de la cual sacó un vestido blanco. Se veía bastante anticuado, sin escote, con encajes de flores por todos lados, las mangas eran largas y amplias, y la falda llegaba hasta el piso.

—Este es el vestido que usarás esta noche.

Sophia estuvo a punto de protestar, pero la puerta de su habitación se abrió de súbito, revelando a una reluciente Narcissa.

—Es hora de que te arregles, Melania —dijo mientras entraba a la habitación.

Druella tomó a Sophia por los hombros y la guió hasta sentarla en su tocador. De inmediato, Narcissa estuvo junto a ellas, recorriendo los diferentes productos de belleza que habían a la vista.

—¿Qué están haciendo? —preguntó Sophia mientras Narcissa tomaba una almohadilla circular y se la pasaba sobre el rostro. Se sentía extraño, como si le untara polvo, pero frío, casi húmedo, cremoso.

—Esto es base, Melania. Se aplica en el rostro antes que el resto del maquillaje. Debo decirte que fue muy difícil encontrar un tono tan pálido para que coincidiera con tu piel. Ni siquiera mi Bella es tan pálida.

Sophia rodó los ojos mientras Narcissa le seguía aplicando la "base". Por alguna razón, Druella siempre estaba comparándola con la tal Bella. Que Bella era más alta, que Bella no era tan plana, que Bella era mss delgada, que a Bella le quedaba mejor...

—Quédate quieta, Melania —le indicó Druella mientras Narcissa empezaba a aplicarle sombra de ojos.

—¿Por qué tengo que maquillarme? —preguntó la azabache observando el proceso en el espejo.

—De esa manera llamarás más la atención. El maquillaje te ayudará a realzar tus ojos, cubrir imperfecciones, a que tu piel se vea más fresca y a que no luzcas como un inferi.

—¿Infer?

—¡Quédate quieta o te mancharás las cejas!

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—¿Sophia?

La azabache se giró para encontrar a Lucius al otro lado del pasillo. El rubio traía puesta su túnica de gala, por lo que Sophia dedujo que la fiesta había empezado.

—Narcissa me envió a buscarte. Es hora de que bajes.

—Ya qué —suspiró Sophia dando un último vistazo a los jardines desde la ventana antes de girarse por completo. Al hacerlo, vio que Lucius la miraba de forma extraña, haciéndola sentir incómoda— ¿Tía Lucy?

—Luces igual a tu madre.

'¿Askiusmi?'

—¿Qué...?

—Sé que todos dicen que eres igual a... a tu padre —dijo Lucius con un tono agridulce—. Pero hay más de ella en ti de lo que puedas imaginar.

—¿Tú... la conociste?

—Todo el mundo mágico la conocía —aclaró con una sonrisa nostálgica—. Era la chica más hermosa de su época, justo como tú de la tuya.

Sophia sintió sus mejillas calentarse, pero decidió ignorarlo. No todos los días te contaban cosas de tu madre suicida, y ya que los demás se negaban a contarle sobre ella, no haría daño oír lo que Lucius tenía que decir.

—Tenía el carácter más firme que pudieras imaginar, aunque no era una amargada como Lily Ev... como otras. Todo lo contrario, de hecho, le encantaba hacer bromas y comentarios sarcásticos, pero cuando se enojaba... cuando se enojaba era el diablo.

Sophia notó el brillo en los ojos de Lucius, lo que le dio una idea que le dio dolor de estómago. En especial por el echo de que el hombre había empezado a divagar, perdido en sus recuerdos.

—Tenía un rostro angelical. Le encantaba usar delineador negro para que sus grandes ojos azules resaltaran aún más. Ese era el único maquillaje que alguna vez usó. En los bailes era la que mejor bailaba, con la que todos queríamos bailar. Era sencillamente perfecta. Todo el mundo estuvo tras ella, incluso después de anunciar su compromiso con...

Lucius se interrumpió a sí mismo,I entras sus ojos miraban con furia al vacío.

—La amabas —murmuró Sophia, haciendo que el semblante de Lucius se relajara casi por completo.

—No había hombre que no lo hiciera —respondió con un deje de tristeza—. Había un rumor que decía, que todo hombre que la conocía estaba condenado a amarla, de una u otra manera. Si quieres mi opinión, pienso que todos los que la conocimos nos enamoramos, aunque sólo unos pocos tuvimos el valor de aceptarlo.

—¿Tuvieron el valor? ¿Qué quieres decir?

—Tu madre estaba comprometida desde que nació con Black, por lo que tener algo serio con ella era imposible, y digamos que Evanna Sinclair no era una chica con la que solo quisieses pasar el rato. Fuimos pocos los que hicimos públicos nuestros sentimientos por ella. Otros preferían guardárselo para no perder su amistad, otros simplemente no querían que los demás supieran, pero te diré algo: no había hombre que conociera a Evanna, y que no llegara a amarla.

—¿Narcissa lo sabe? ¿Sabe que tú...?

—¿Que no la amo? ¿Que estaba dispuesto a romper mi compromiso con ella por Evanna? Sí, siempre lo ha sabido. Yo mismo se lo dije, aunque no creo que hubiera hecho falta.

Sophia lo miró desconcertada. Era por eso que Narcissa se comportaba tan fríamente con ella. Por eso siempre que Lucius comía con ellos la rubia estaba de mal humor, porque Sophia le recordaba a la mujer de la que su marido seguía enamorado, aún después de más de diez años desde su muerte.

—Creo que es suficiente charla —dijo Lucius aclarandose la garganta—. Nos esperan en la fiesta. Adelántate, yo debo ir un momento a mi habitación.

Sophia se quedó un momento ahí parada, procesando la información que Lucius le había dado. El padre de Draco Malfoy había estado enamorado de Evanna, su madre, y claramente lo seguía estando. ¡Había pasado semanas viviendo con un hombre que conoció a su madre y ni siquiera lo sabía!

Sin embargo, la descripción que le dio Lucius no coincidía con la idea que ella tenía de su madre. Una mujer así de "perfecta" no podía ser la misma que había entregado a su propia hija a un puñado de mortífagos, para luego matar a quién sabe cuántos aurores y finalmente... quitarse la vida.

De todos modos no servía de nada darle vueltas al tema. Evanna estaba muerta, y no había forma de regresarla a la vida. Además, Lucius estuvo y aún estaba demasiado enamorado de ella, y dicen que cuando uno está enamorado, es incapaz de ver los defectos de la persona a la que ama. Evanna Sinclair bien pudo ser una arpía sin corazón, y para Lucius seguir siendo una blanca paloma.

Cuando por fin llegó a las escaleras del salón donde se llevaba a cabo la fiesta, se encontró con Dra... con Malfoy, quien parecía perdido en sus pensamientos.

—¿Malfoy?

El rubio se sobresaltó y estuvo a punto de gritarle por haberlo asustado, pero en cuanto la vio, se quedó sin palabras. La mitad superior de su cabello estaba recogido en un elaborado moño, mientras el resto caía como cascada sobre su espalda. Su maquillaje suave, sus facciones delicadas y su vestido blanco le daban un aspecto angelical que hubiera engañado a cualquiera que no supiera la clase de demonio que era realmente Sophia Black.

—Te ves hermosa —susurró Malfoy tragándose su orgullo mientras sentía su rostro calentarse de la vergüenza.

—¿Qué dijiste? —preguntó la azabache desconcertada. Desde que salió del hospital, un gran número de personas le habían dicho lo hermosa que era, pero Malfoy era su enemigo, era el chico que la metía en problemas y al que le rompió la nariz en más de una ocasión. ¿Por qué ahora venía y le decía esas cosas?

—Dije que te ves hermosa, Black —repitió el rubio en un tono más alto—. Quien no te conociera pensaría que eres un ángel.

—Y quien no te conozca pensaría que eres un caballero —respondió Sophia mirándolo de arriba abajo—, pero no lo eres. ¿Qué mosca te picó, eh?

—En Malfoy Manor no hay moscas.

Sophia rodó los ojos. Típico.

—¿Y tú qué haces aquí? ¿No se supone que debes estar abajo, tratando de impresionar a los amigos de tu papi con tus modales de señorito sangre pura?

—He venido a escoltarte —aclaró Draco ofreciéndole el brazo.

—No es necesario. Sé como llegar yo sola —respondió Sophia dándose la vuelta, pero una mano sobre su hombro la detuvo.

—Debemos bajar juntos. Es... Es tradición que los anfitriones bajen juntos.

—Pero yo no soy "anfitriona".

—No, pero estas viviendo aquí.

—Temporalmente.

—Pero en este momento lo estás, así que debemos bajar juntos.

Sophia resopló, pero aún así aceptó el brazo que el rubio le ofrecía, provocando que éste sonriera satisfecho. Todo iba saliendo de acuerdo al plan. O al menos eso era lo que él creía.

Mientras bajaba del brazo de Malfoy, Sophia recorrió con la mirada el inmenso salón. Habían cortinas blancas cubriendo las paredes oscuras, mientras que las ventanas estaban descubiertas, dejando entrar la luz de la luna, la cual se combinaba con la luz del inmenso candelabro en medio del salón. Habían varias mesas circulares cubiertas con manteles blancos con seis sillas cada una. Algunas personas se encontraban sentadas, pero la gran mayoría estaba en el centro del salón, el cual estaba libre de mesas.

Habían tanto adultos como adolescentes, y uno que otro niño, pero todos se veían igual de elegantes. No había mujer que no tuviera puesto collar y aretes grandes y brillantes, mientras que los hombres lucían túnicas parecidas a la de Draco.

Cuando llegaron al final de las escaleras, u grupo de gente se acercó a Sophia y Malfoy se los presentó uno a uno. El ministro de Magia británico, el embajador del ministerio suizo, el jefe de aurores, el embajador de Bulgaria, el presidente de la corporación Nimbus... Y sus adorables esposas.

—Dígame, señorita Black, ¿puedo llamarla señorita Black? ¿Quién maneja la fortuna Black mientras usted está en Hogwarts?

—Yo no...

—¿Y qué hay de la fortuna Sinclair?

—No sé...

—¿Cuántas propuestas ha recibido?

—¿Propuestas?

—¿Ha firmado ya el contrato o planea hacerlo esta noche?

—¿Cuántas son las ganancias que recibe de los negocios e inversiones de ambas casas?

—¿Cómo planea dar a luz tres herederos hombres para las tres casas? Porque su futuro esposo debe...

—Discúlpennos —interrumpió Draco tomando la mano de Sophia—. Hay un par de amigos míos ansiosos por conocer a Sophia.

—Por supuesto, Heredero Malfoy.

—¿Qué demonios fue todo eso, Malfoy? —preguntó Sophia mientras el rubio la guiaba por el salón.

—Tonterías políticas. No le tomes importancia.

—¡Draki!

—Merlín, mátame —murmuró Sophia al ver a Pansy Parkinson acercarse a ellos seguida de unos chicos que la azabache no se molestó en reconocer. La Slytherin traía un horroroso vestido verde y zapatos de tacon, su cabello estaba suelto y su rostro cubierto de maquillaje rosa.

—Pansy —saludó Malfoy totalmente tenso.

—¡Oh, Draki, por favor dime que no es cierto!

—Silencio, Pansy.

—¡Tú! —exclamó Parkinson al ver a Sophia— ¿Cómo te atreves, maldita intrusa! De no ser por ti...

—Creo que ya es suficiente, Pansy —intervino uno de los chicos que venía con ella, a quien Sophia reconoció como Blaise Zabini, uno de los Slytherin que no se metió en la pelea de la clase de vuelo en primer año—. Heredera Black-Sinclair.

Antes de que Sophia pudiera detenerlo, Zabini tomó su mano y le besó el dorso, manteniendo sus exóticos ojos azules en los grises de ella. Theodore Nott, el otro chico que los acompañaba, repitió esta acción, provocando que Malfoy los mirara molestos.

—Si me permite decirlo, heredera Black-Sinclair, usted es, por lejos, la chica más hermosa y deslumbrante de esta noche.

—Suficiente, Blaise —se quejaron Malfoy y Parkinson a la vez.

—¿Por qué me hablas de esa manera? —preguntó Sophia con una mezcla de confusión y enojo—. Tenemos la misma edad, no es necesario que me trates de "usted".

—Son las normas de etiqueta para estos eventos —aclaró Zabini con una sonrisa macabra—. Todos nos llamamos por nuestros títulos, y mientras más altos sean, con más respeto te tratan, y tú, mi bella flor, posées no sólo el título más alto, sino la cuenta más jugosa y el rostro más fino...

—Te dije que es suficiente, Zabini —volvió a intervenir el rubio—. El ego de Black no necesita que le digas esas cosas.

—Exacto —habló Parkinson molesta por ser ignorada—. Ella ni siquiera es tan bonita. Es decir, mírenme a mí.

Sophia aprovechó esa distracción para escabullirse lejos del grupo. Se sentía sofocada rodeada de tanta gente. Mientras caminaba, miró hacia atrás para asegurarse de que no la siguieran, provocando que chocara contra algo. Estuvo a punto de caer de espaldas por el impacto, pero una mano tomó la suya y la ayudó a estabilizarse.

—¿Estarr bien?

—Wow, sí, gracias —suspiró la azabache recuperando el equilibrio—. Me has salvado de hacer el ridículo. Siento haberte chocado.

—No prreocupes. Accidentes pasarr.

Sophia miró al chico frente a ella. Era alto y un poco musculoso, su túnica roja era abrigado rápido, demasiado abrigadora para estar en julio. No parecía tener más de quince años, ya que a pesar de su cuerpo atlético, sus ojos marrones no se veían como los de un adulto.

—Mi prresentarr, yo soy Viktor Krum.

—Un gusto —murmuró mientras el chico de acento extranjero le besaba el dorso de la mano—. Yo soy Sophia Black.

—Todo el mundo saberr quien Sophia Black.

—¿Qué? Oh, cierto, la nædàr.

—¿Puedo ofrrecerr vaso de beberr?

Sophia miró por última vez en dirección de Malfoy, quien seguía discutiendo con Parkinson lejos de ellos, mientras Nott los observaba aburrido. El único que se había dado cuenta de su huida era Zabini, quien le guiñó el ojo sin que los demás lo notaran.

—Claro —respondió la azabache aceptando la invitación de Viktor.

El chico la guió hasta la mesa de las bebidas, en donde le sirvió un poco de ponche antes de servir otro para él.

—¿Puedo prreguntarr algo?

—Sí... —respondió Sophia esperando a que preguntara algo sobre la fortuna de los Black o de los Sinclair.

—¿Porrqué no prresentarrte con tuyos títulos?

—¿Te refieres a heredera blah blah blah? —preguntó la azabache, haciendo reír a Viktor— Pues por que no me interesan esas estupideces. ¿Y qué hay de tí? Tú tampoco te presentase como Heredero.

Porrque yo no serr herrederro —respondió con un tono apagado.

—¿Ah, no? ¿Y entonces por qué...? No, no importa.

—¿Porrque chico sin título en fiesta sangrre purra? —dijo mirándola con una media sonrisa— Yo serr jugadorr de quidditch prrofesional. Firrmarr con los Krops en Junio. Venirr como trrofeo con comitiva bulgarra.

Sophia lo miró con la boca abierta. Ese chico no podía ser mayor de edad, no había forma en que fuera jugador profesional. ¡El jugador de quidditch mss joven en la liga británica tenía veinte años! ¿Cómo era eso posible?

—Debes ser brillante en la escoba —dijo Sophia sin poder salir de su asombro.

—¿Brrillante? —preguntó él confundido.

—Brillante, fantástico, un genio, un prodigio —aclaró Sophia sonriendo—. No tienes mucha práctica con el inglés, ¿cierto?

—No —respondió Viktor con las mejillas rosadas—. Prrimerra vez en Inglaterra. No conicerr nadie que hable inglés.

—Pues entonces siéntete libre de escribirme. Te ayudaré a aprender para la próxima vez que vengas.

—Sophia Black serr diferrente —dijo mirándola con una sonrisa—. No como otrras chicas. Sangrre purra o no.

—Es que conmigo se rompió el molde —contestó ella con un guiño.

—¿Sophia?

Sophia se giró alarmas a y descubrió a Malfoy buscándola en el centro del salón, mientras Narcissa y Druella la buscaban con la mirada desde las escaleras.

—Debo irme —murmuró escondiéndose tras la mesa de las bebidas—. Si te preguntan, no me viste por aquí.

Serré una tumba —respondió él antes de girarse y caminar hacia la comitiva búlgara.

Sophia logró escabullirse tras las mesas hasta llegar a una de las puertas laterales del salón, pero para su mala fortuna, Malfoy la vio antes de salir. Una vez afuera, corrió por el corredor, sabiendo que el rubio vendría tras ella.

—¡Black!


Para quienes se preguntan dónde está la Sophia rebelde rompe narices, pues el próximo capítulo regresa 3;)

Amo leer sus comentarios tanto como Viktor ama ver a Hermione estudiar.

Dulces de limón para ustedes!