Sophia aceleró el paso al escuchar los gritos de Malfoy, buscando alguna habitación en la que pudiera esconderse. Dobló una esquina y se encontró con la oficina de Lucius, el único lugar al que Draco tenía prohibido entrar en toda la mansión.
—¡Black, ven aquí!
Sin saber qué más hacer, la azabache sacó su varita de la manga del vestido y apuntó al picaporte de la puerta.
—¡Alohomora! —susurró, haciendo que la puerta se abriera.
De inmediato, se metió en la oficina y cerró la puerta tras ella tan suave como pudo. Pegó su oreja a la superficie de madera y unos minutos después escuchó a Malfoy correr, pasando de largo la oficina de su padre.
—Gracias a Merlín —suspiró separándose de la puerta—. Maldito estúpido bipolar.
Sophia le echó un vistazo al lugar. No tenía nada que ver con las oficinas de Dumbledore o McGonagall. Era un lugar oscuro y tétrico. Tenía un par de sillones forrados de cuero negro que combinaban con la gran silla tras el enorme escritorio de madera. Habían varios estantes con libros y figuras de mármol, y una que otra ventana sobre la pared.
Mientras miraba todo, captó de reojo la imagen más estúpida que había visto en su vida. Afuera había una chica justo frente a la ventana. Su cabello estaba horroroso, recogido en un ridículo moño parecido a los de Narcissa, su rostro estaba tan pintado que parecía un payaso, y su vestido blanco solo la hacía ver aún más ridícula.
Se acercó a la ventana para burlarse de ella, pero vio que la chica hizo lo mismo, lo que la detuvo en seco. No. No podía ser cierto. Levantó una mano temblorosa y la movió en el aire, y cuando la chica hizo lo mismo, Sophia sintió como si le dieran una bofetada.
La chica no estaba afuera. No había nadie afuera. La ventana no era una ventana, sino un espejo, y la chica ridícula, era la misma Sophia.
—No —susurró tocándose el rostro con las manos que cada vez le temblaban más—. No, no... ¡No!
De un jalón se quitó la peineta que mantenía su cabello atado, provocando que este le cayera sobre el rostro. Trató de quitarse el maquillaje con las manos y con las mangas del vestido, el cual se trato de quitar, rompiendo las mangas en el proceso.
¿Qué había hecho? Había dejado que los Malfoy la convirtieran en una maldita muñeca de porcelana. Se había convertido en la marioneta de los Malfoy, obedeciendo las indicaciones de Druella al pie de la letra. ¿Qué demonios le había pasado? ¿Cómo no se dio cuenta antes?
Sophia pensó en lo que dirían sus amigos si se enteraran de lo que había hecho. ¿Qué diría Hermione cuando supiera que actuó como toda una estúpida estiras a sangre pura? ¿Que diría Ron si supiera que se codeó con unos Slytherin? ¿O Hally cuando supiera que se puso un vestido? ¿Qué diría Harry cuando sepa que llegó del brazo de Malfoy a la fiesta?
—¿Qué dirían ustedes? —preguntó Sophia sacando el medallón de sus padres— ¿Estarían felices de que su hija sea una señorita de sociedad? ¿O simplemente les daría igual?
Sophia suspiró y se volvió a mirar al espejo. Sonrió al pensar en la cara que pondrían Narcissa y Druella si bajara al salón como estaba, despeinada, con el maquillaje corrido y con el vestido roto mostrando la mitad del corsé.
La azabache caminó hacia el escritorio de Lucius en busca de tinta para escribir la palabra 'mierda' en la falda.
Abrió el primer cajón, el estaba lleno de documentos que no se molestó en leer, al igual que el segundo. El tercero, sin embargo, estaba cerrado, lo que despertó la curiosidad de la ojigris. Con la ayuda de su varita, logró abrir el cajón, dentro del cual había un diario y otro documento.
—Querido diario —dijo imitando la vez de Lucius—. Hoy Narcissa intentó convencerme de cambiar de acondicionador, pero es que el que uso me deja el cabello tan suave y brillante...
Con una ligera carcajada, Sophia abrió el diario, pero estaba en blanco, o amarillo, más bien, ya que era demasiado viejo.
—No tenemos madera de escritor, ¿eh, Tom Riddle? —murmuró al leer el nombre del dueño.
Estuvo a punto de colocarlo de nuevo en su lugar, cuando vio que su nombre estaba en el documento que había en el cajón de donde sacó el diario. El cajón que había estado cerrado con llave.
CONTRATO DE CORTEJO TRADICIONAL
Contrato de cortejo según las antiguas tradiciones, entre el señor Draco Lucius Malfoy Black y la señorita Sophia Alghieba Melania Black Sinclair, a ser firmado el día viernes 01 de Agosto del año 1992.
Un nudo se formó en la garganta de Sophia, impidiéndole respirar. ¿Contrato de cortejo? ¿Los Malfoy querían cascarla con Draco? La sola idea hacía que se le revolver a él estómago. Pasar el resto de su vida con un ser ran prepotente y superficial como Malfoy.
Era por eso que los Malfoy habían insistido tanto en tenerla en la mansión. De esa manera, podrían realizar el compromiso sin que Dumbledore o los Tonks se enteraran hasta después de la firma.
Las palabras de Druella se reprodujeron en su cabeza. 'Eres la heredera de la familia más antigua e importante del mundo mágico'. 'Los Sinclair son como los Black de Escocia'. Ahora todo tenía sentido. Querían cascarla con Draco para controlar las fortunas Black y Sinclair. Por eso la gente en la fiesta le preguntaba si firmaría hoy el contrato...
—Él lo sabía —masculló amargamente, mientras gruesas lágrimas empezaban a salir de sus ojos—. Por eso me dijo esos cumplidos. Por eso no me ha tratado mal desde que llegué. Él lo sabía. Draco lo sabía.
Decidida, tomó el contrato y se dispuso a salir de la oficina, pero su pie golpeó contra una caja tirada en el suelo. La caja de la que Druella sacó el vestido que llevaba puesto. La tomó con la idea de estampársela a la vieja bruja en la cara, pero vio la inscripción que tenía en el costado.
'Vestido de compromiso Malfoy'.
¡Ese vestido blanco era un puto vestido de compromiso! ¡Y nadie tuvo la decencia de decírselo!
—A la mierda —murmuró antes de salir de ahí con el contrato en una mano y la caja en la otra.
—¡Dobby!
—La gran Sophia Black ha llamado a Dobby.
—¿Podrías hacer un par de transformaciones por mí, por favor?
—¡Dobby hará lo que sea por la gran Sophia Black!
—¡Excelente! Mira, primero, quiero que separes la falsa del resto del vestido.
—¿Así?
—Sí, ahora transforma estas flores en corazones. Exacto. Ahora, quiero que unas el corsé con el sostén. Ahora, transforma la otra parte del vestido en un velo. Por cierto, ¿sabes de un lugar donde pueda conseguir flores?
—¡Dobby las traerá enseguida!
Mientras veía al elfo desaparecer, una sonrisa siniestra se formó en el rostro de la azabache. Los Malfoy iban a aprender que nadie, NADIE se metía con Sophia Black sin pagar las consecuencias. Uno pensaría que luego de un año de conocerse, Draco ya habría aprendido eso.
—¿La encontraste, Dragón?
—No, madre. Ni siquiera los tontos elfos la encuentran.
—Lo único seguro es que no ha salido de la mansión —dijo Druella mirando a su hija, nieto y yerno—. Ninguna de las alarmas ha sido violada, ¿no es así, Lucius?
—Aún no, Druella —respondió el rubio mirando alrededor de la mesa en la que estaban—. Por cierto, ¿qué sonido es ese?
—Los músicos no están tocando —comentó Narcissa mientras el sonido se hacía más fuerte.
Varias personas exclamaron con asombro cuando una bomba de humo estalló en la parte de arriba de las escaleras. Poco a poco el humo se disipó, revelando una imagen que escandalizó a la mayoría de los presentes.
—I made it through the wilderness.
(Conseguí pasar a través del desierto)
—Dime que no es cierto —siseó Druella apretando los labios.
—Somehow I made it through.
(de alguna forma lo conseguí)
Narcissa miró aquella escena horrorizada. En las escaleras estaba Sophia Black, la futura esposa de su hijo, bailando y cantando disfrazada de novia frente a toda la sociedad mágica.
—Didn't know how lost I was, until I found you.
(No sabía cuán perdida estaba, hasta que te encontré)
Sophia empezó a bajar las escaleras, y a medida que lo hacía, Druella pudo ver mejor lo que la mocosa había hecho. La chica se había cortado el cabello y lo había amarrado con un trapo, había destruido el vestido de 5,000 galeones y había transformado los encajes de la falda en corazones brillantes. Había cortado la parte de arriba, y lo único que la cubría era el sostén, que ahora estaba unido al corsé. Había arruinado su maquillaje ligero y ahora traía las mejillas rosa intenso, los labios rojos y los párpados púrpura. Había convertido las mangas del vestido en guantes sin dedos. Les había quitado el tacón a sus finos zapatos,llevaba un ramo de flores blancas, el cual movía de arriba abajo mientras con la otra mano sostenía su varita contra su garganta, claramente realizando un 'sonorus', se había puesto varios collares horrorosos y para rematar traía un cinturón en la cadera que decía 'Boy Toy'.
—I was beat, incomplete.
(Estaba vencida, incompleta)
Sophia cantaba tratando de no equivocarse, confiando en que la barrera anti hechizos que puso Dobby a su alrededor la protegiera de los Malfoy.
—I've been had.
(Fui poseída)
—¡Por Merlín, que alguien la detenga! —exclamó Druella al escuchar la letra de la canción.
—I was sad and blue, but you make me feel...
(Estuve triste y deprimida, pero tú me haces sentir...)
Sophia le guiñó el ojo a Viktor, quien desde su mesa le regresó el gesto con una sonrisa.
—Yeah, you make me feel... Shiny and new...
(Sí, tú me haces sentir... Brillante y nueva...)
Una rosa cayó a los pies de Sophia, quien se movía por la pista del salón tratando de recordar los pasos de baile que se sabía. La azabache levantó la vista, encontrándose con la juguetona mirada de Zabini entre varios adultos que la miraban con reprobación.
—Like a virgin...
(Como una virgen)
—¡Pero que es esto! —exclamó Druella junto a varias otras mujeres, en especial cuando atraparon a sus maridos moviendo la cabeza al son de la música. Entre ellos Lucius.
—Touched for the very first time.
(Tocada por primerísima vez)
Narcissa estuvo a punto de desmayarse. El valor de esa jovencita para humillar a su familia, ¡a su hijo! de esa manera. No me importaba lo que dijera Lucius. Esa maldita mocosa era sin duda el resurgimiento de Sirius Black. Era como si el destino la hubiese enviado para vengarse de ella por no haber impedido que encerraran a su primo, aún sabiendo que era libre, y teniendo pruebas de ello.
—Uh, uh, like a virgin... When your heart beat next to mine. Gonna give you all my love boy.
(Como una virgen... Cuando tu corazón late junto al mío. Voy a darte todo mi amor, chico)
Al decir la última frase, Sophia movió la cadera en forma circular, haciendo que el salón estallara en gritos de protesta... Y uno que otro silbido.
'Esta es mi señal' pensó, lanzó el ramo de rosas blancas a la mesa de los Malfoy, el cual cayó sobre el plato de Druella y golpeó su copa de vino, derramándolo sobre el caro vestido de la mujer.
—¡LAS ROSAS DE MI JARDÍN!
Acto seguido, sacó una segunda bomba de humo, esta vez más grande, la cual cubrió por completo el salón. Sin importarle nada más, corrió por la mansión sin mirar atrás, hasta que llegó al jardín trasero, en donde la esperaba la pequeña maleta con la que había venido.
Abrió la maleta lo más rápido que pudo y sacó la caja que le había regalado Hagrid en la enfermería, sacó la pequeña motocicleta que había dentro y Le lanzó el hechizo agrandador, regresandola a su tamaño normal. A lo lejos se escuchaban los gritos de las mujeres histéricas, Druella y Narcissa entre ellas, pero a Sophia no le importó.
—¡Azul! —exclamó, pateando ansiosa contra el suelo mientras aparecía el remolino verde.
—¿Y ahora qué quie...? Wow.
—No es el momento —dijo Sophia rodando los ojos—. Necesito que nos saques de aquí.
—¿Por qué quieres irte ahora? Creí que estabas muy contenta de jugar a la muñequita sangre pura.
—Me aburrí de jugar. ¡Ahora muévete!
—¿Y por qué quieres que lo haga yo?
—Porque yo no alcanzo, es demasiado grande.
Drexler le lanzó una sonrisa socarrona pero entonces notó el escándalo que había en la mansión, por lo que se puso alerta con su varita en la mano.
—¡Olvida eso! —rogó Sophia jalandolo hacia la motocicleta— Si nos quedamos aquí, me matarán.
Drexler lo dudó un momento, pero al escuchar un grito particularmente fuerte de Druella, tomó a la niña junto a él y la subió en la motocicleta, le dio su maleta y se sentó frente a ella.
—Jamás los perderemos con esto —dijo acelerando al máximo.
—¡Dale dos veces al acelerador! —exclamó Sophia aferrándose al torso de su guardián.
Draco era obedeció, y de inmediato, la motocicleta se elevó.
—¡¿Qué demonios...?!
Pero no tenían tiempo para preguntas. Se aferró al volante y dirigió la motocicleta lo más alto que pudo, hasta que lograron colocarse sobre una nube.
—Justo a tiempo —murmuró Sophia mirando hacia abajo. Todos los magos salieron con sus varitas en mano, lanzando hechizos localizadores y reveladores por todo el jardín.
—Señoras y señores, Madonna ha dejado el edificio.
Estaba viendo La cámara secreta y eso me animó a actualizar hoy ;)
Amo leer sus comentarios tanto como Dobby ama el calcetín de Harry.
Dulces de limón y salseo pa' ustedes!
