—¿Podrías explicarme por qué decidiste huir de Malfoy Manor? Creí que te la estabas pasando en grande aprendiendo a ser una dama. —dijo Draxler una vez salieron del espacio aéreo de la mansión— ¿Y de donde sacaste ese disfraz?

—Dobby y yo lo hicimos —murmuró Sophia sin ánimos de hablar sobre su estupidez.

—¿No crees que fue egoísta pedirle que te ayude cuando sabes lo que le harán si se enteran?

—Le ordené que no dijera nada, y que no se autocastigara.

—Al menos tuviste una buena idea —resopló el inefable rodando los ojos—. Ahora, con respecto a tu huida de la casa de las conejitas...

—¿La qué?

—Olvídalo. ¿Y bien?

—¿Y bien, qué?

—¿Qué cambió? Un día estabas tarareando el himno de la casa Black en el baño, y al siguiente te vistes de Madonna y huyes en plena fiesta.

—Abrí los ojos —murmuró la azabache con miseria—. No puedo creer que fui tan estúpida de caer en su juego. Dora me advirtió que no me dejara deslumbrar, y fue lo primero que hice. Soy una estúpida, imbécil, ingénua, ignorante, patética...

—Deja de decir cosas obvias y concéntrate, ¿quieres? —la interrumpió Draxler con cansancio— ¿A donde nos dirigimos? Porque es obvio que no vamos a volver.

—Con los Tonks para recoger mis cosas, luego con los Weasley. Harry y Hally ya deben estar allá.

—Harry Potter —murmuró Draxler apretando el manubrio de la motocicleta con fuerza, pero Sophia lo ignoró. El tipo era un odioso.

Tardaron media hora en llegar a Rickman, y diez minutos más averiguando cómo bajar y estacionar la motocicleta sin hacer tanto escándalo. Afortunadamente, el cielo estaba nublado y se escuchaban varios truenos y relámpagos, lo que les facilitó pasar desapercibidos.

—Anda, no puedo traer a Áyax y mi baúl yo sola.

—Eres una inepta —murmuró Draxler, pero aún así fue con ella.

—¿Sabes que hora es? —preguntó Sophia en voz baja al ver que la casa de sus tíos estaba completamente a oscuras.

—¿Tengo cara de reloj?

—Tienes cara de anciano amargado.

Como la puerta estaba con llave, entraron por la ventana de la cocina, tratando de ser lo más silenciosos posible. Al principio, Sophia pensó en llamar a la puerta y contarle a sus tíos lo que pasó, pero no quería causarles más problemas. Estaba segura que si les contaba, sus tíos irían a quejarse y acabarían peleando con los Malfoy. Los Tonks no necesitaban más problemas.

—¿Qué demonios estás haciendo? —siseó Sophia alarmada cuando Draxler encendió la luz de la cocina.

—Tus tíos no están —respondió el rubio señalando al refrigerador—dejaron una nota para que tu prima recoja la leche cuando llegue en la mañana.

Sophia suspiró al ver la nota, pero antes de que pudiera leerla, su estómago gruñó. No había comido nada desde el almuerzo, y ya casi era media noche.

—Eres una oportunista —murmuró Draxler cuando Sophia abrió el refrigerador y sacó una manzana verde.

—Te ofrecería una, pero ya eres demasiado ácido, no necesitas más —dijo la azabache dándole una mordida a la fruta.

—Sigue de graciosa y no conduciré ese monstruo hasta la casa Weasley —advirtió Draxler mientras subían las escaleras al cuarto de la niña—. Por cierto, ¿de donde la sacaste? Dudo que alguno de los Lord sangre pura en la fiesta haya llegado en ella.

—Era de mi padre —respondió Sophia con voz monótona—. De alguna manera Hagrid la obtuvo, y él me la dio antes de comenzar el verano.

Llegaron a la habitación, la cual estaba oscura y en silencio, hasta que un fuerte ruido se escuchó cerca de la ventana.

—¡BEBÉ! —exclamó Sophia corriendo a la jaula de su adorado búho, quien aleteaba ansioso.

—Si tanto adoras a ese animal, ¿por qué no lo llevaste contigo? —preguntó Draxler encendiendo la luz, mirando con una ceja alzada a Sophia besar y abrazar a su búho.

—¿Y arriesgarme a que los Malfoy lo desplumaran? Además, él no es un animal, es mi bebé.

Draxler rodó los ojos y se acercó para tomar la jaula, pero Áyax se inclinó en los brazos de Sophia y picoteó la mano del inefable, haciéndolo gritar de dolor.

—Mi hermoso y mortal bebé.

IIIIIIIII

Una vez terminaron de empacar el baúl, su escoba, una maleta con ropa descente y una con dulces, Draxler y Sophia salieron de la casa por la misma ventana por la que habían entrado, dejando una nota en la puerta de la alcoba de la niña para sus tíos.

—Tú vete volando, mi príncipe precioso —le dijo Sophia a Áyax con tono mimoso—. Yo llego en unas horas, ¿ok, bebé?

Áyax aleteó contento alrededor de Sophia, le picoteó la oreja con fuerza a Draxler, y emprendió el vuelo.

—Ese monstruo es igual a ti. ¿Segura que no eres su madre biológica?

—Ojalá lo fuera —suspiró Sophia mirando en la dirección en que su búho había volado.

Sophia caminó hacia la motocicleta para colocar su maleta con ropa, cuando Draxler le cubrió la boca con su mano y le hizo señas para que guardara silencio, su mirada fija en la casa Tonks.

—¡El gallinero! —exclamó Sophia al escuchar aleteos y graznidos en la parte de atrás.

—Quédate aquí —ordenó el rubio sacando su varita.

Draxler caminó con cautela, pero un fuerte golpe se escuchó y, como un rayo, Sophia pasó corriendo junto a él con su propia varita en mano apuntándola al gallinero.

—Merlín, libérame —murmuró el inefable antes de correr tras la azabache.

—Vaya, vaya, pero si es el pequeño monstruo amiga del fenómeno —se escuchó una voz masculina dentro del gallinero, seguida de varias risas—. Tal vez deberíamos encerrarte en el mismo closet que ella.

—No —murmuró Sophia al ver de quienes se trataba. Era un grupo de adolescentes que vivía en el orfanato de Hally, que siempre que podían la molestaban a ella y a la pelirroja.

—¿Quienes son ustedes? —preguntó Draxler parándose frente a Sophia— ¿Qué hacen en propiedad de los Tonks?

—Calma, viejo —dijo el chico más alto, mientras sus dos amigos parados junto a él mostraban unos bats de baseball en sus manos—, sólo vinimos a buscar nuestra cena de hoy. Verás, fue una mala noche en el poker, y sólo nos alcanzó para las bebidas —añadió señalando una caja de cervezas de lata junto al gallinero.

—Pues lo ciento, viejo, pero temo que no puedes llevarte nada de aquí. Ahora largo.

—¿Quién te crees que eres, gusano? —escupió el mismo chico haciéndole señas al de la izquierda para que avanzara— Anda, Jake, enséñale a este tonto lo que les pasa a los entrometidos.

"Jake" asintió y corrió hacia Draxler alzando el bat, pero el inefable se agachó y enterró su puño en el estómago del adolescente, sacándole el aire, y sin darle tiempo de recuperarse, Draxler le quitó el bat de la mano, lo arrojó al suelo y le golpeó el costado con la rodilla, haciéndolo caer al suelo.

—¡Mike! —exclamó el que se suponía era el líder, y el otro chico corrió hacia Draxler repitiendo la misma acción que el anterior.

Está vez, Draxler tomó el bat, le dio un puñetazo en el rostro al chico y una patada en las rodillas, haciendo que cayera junto a su amigo.

—E-esto no... ¡Esto no se queda así! —exclamó el tercer adolescente antes de salir corriendo, pero Draxler alzó su varita y le lanzó un chorro de luz amarilla que lo hizo caer.

Por un momento, Sophia pensó que lo había matado, pero el adolescente se removió en el suelo y trató de pararse, pero Draxler llegó junto a él y puso su bota en la espalda del chico, manteniéndolo en su lugar.

—Tienes razón, esto no se quedará así —siseó el inefable sonriendo con maldad—. Tú y tus amiguitos estuvieron a punto de robar algo que no les pertenece, y todo porque prefieren gastar el dinero que roban en el pueblo en cerbeza barata. Creo que eso amerita un castigo. ¡Confundus!

Sophia vio a Draxler lanzarle el mismo hechizo a los tres, y un minuto después, los maleantes se levantaron moviendo sus manos como si fueran bailarinas de ballet.

—¡Soy una hermosa mariposa! —exclamó el líder alterando con sus brazos mientras caminaba en círculos.

—Soy la flor más hermosa del jardín —susurró otro parado extendiendo sus manos alrededor de su rostro.

—Yo soy el agua —canturreó el tercero retorciéndose en el suelo— que fluye libre en el arroyo de la vida...

—¿Qué les hiciste? —preguntó Sophia mirando la perturbadora escena.

—Nada en especial. Fue un pequeño truco que aprendí en el entrenamiento de inefables.

—Genial —sonrió Sophia, pero un ligero aleteo del gallinero la alarmó.

La azabache entró corriendo al gallinero, pero se calmó al ver que no había rastros de sangre. Todas las gallinas estaban apiñadas en una esquina, con Pepper el gallo parado frente a ellas.

—¿Por qué querrían llevárselas? —murmuró Sophia saliendo del gallinero.

—Para invitarlas al baile del granero —respondió Draxler rodando los ojos—. ¿Para qué sirven las gallinas?

—¿Para hacer huevos?

—Más bien para hacer sopa.

Sophia se detuvo en seco y miró a Draxler con los ojos abiertos como platos.

—¿Qué?

—No te hagas la que no sabe. Comiste pollo varias veces en Malfoy Manor, y no creo que tus tíos nunca te hayan dado sopa.

—Sí, pero...

—Si vas a decir que no sabías lo que era, ahórratelo, nadie te creería.

Sophia tragó en seco. Había comido carne cientos de veces, tanto blanca como roja. En Hogwarts, con los Tonks y con los Malfoy, no había pasado un solo día en que no comiera al menos un bocado de carne.

Claro que sabía de donde venía la carne. La tía Andrómeda se lo había dicho la primera vez que la probó. Pero por alguna razón, jamás se puso a pensar en ello. Jamás pensó en los pollos que comía, y como Pepper había sido alguna vez un pollo, y pudo haber terminado servido con papas en alguna cena.

—Soy una hipócrita —murmuró Sophia cayendo al suelo de rodillas.

—Eso ya lo sabía, ahora ponte de pie y camina. No pienso pasar lo que resta de la noche oyendo tus chillidos.

—¡Yo no chillo! —exclamó la azabache poniéndose de pie.

Caminaron de regreso hacia la motocicleta, Draxler encogió el baúl y lo guardó en su bolsillo, ayudó a Sophia a subir y le dio su maleta y escoba, pero cuando el Inefable estaba a punto de arrancar, la niña lanzó un grito y dejó caer la maleta al suelo.

—¡¿Qué demonios?! —exclamó Draxler cubriéndose el oído lastimado.

—¡Bájame! ¡Tenemos que ir al pueblo! ¡AHORA!

Antes de que Draxler pudiera procesar lo que había pasado, Sophia se bajó de un salto y corrió hacia el cobertizo junto al gallinero, del cual sacó su bicicleta.

—¿Qué demonios piensas hacer?

—¡Esos tipos dijeron que tenían a Hally en un closet! ¡Tenemos que sacarla!

—Ir en motocicleta sería más rápido.

—Pero haríamos ruido —dijo Sophia subiendo a la bicicleta—. ¿Qué esperas? ¡Sube rápido!

Draxler miró el pequeño vehículo con una ceja alzada.

—Si esperas que me suba a eso, eres más idiota de lo que pensé.

IIIIIIIIIIIII

—No puedo creer que me haya subido a esto.

—Cierra la boca o despertarás a alguien —murmuró Sophia mientras pedaleaba lo más rápido que podía por las calles desiertas de Rickman.

Cuando llegaron, Sophia miró el orfanato con angustia. El enorme y deteriorado edificio siempre le había recordado a Saint Anthony, el hospital psiquiátrico en el que estuvo internada desde que tenía un año de edad, hasta que apareció Dumbledore para sacarla de ahí...

—Dumbledore.

—¿Qué dijiste? —preguntó Draxler bajándose de la rejilla que servían de segundo asiento en la bicicleta.

—No lo entiendo —murmuró Sophia apretando con fuerza el manubrio—. Se supone que Hally estaba con Harry en Little Whinging...

—¿Eso te dijeron?

—Eso pensé —respondió bajando la mirada—. Ninguno me ha escrito desde que empezaron las vacaciones, ni ellos, ni Ron ni Hermione.

—¿Y por qué no lo hiciste tú?

—Lo hice cuando estuve con los Tonks, pero ninguno respondió, y ellos sabían que no llevaría a Áyax con los Malfoy.

—Entonces simplemente se aburrieron de ti —dijo Draxler rodando los ojos—. Ahora vámonos.

—Vete tú si quieres, maldito amargado —respondió Sophia caminando hacia la entrada.

Sophia llegó a la puerta y buscó algún alambre para forzar la cerradura, pero cuando lo encontró, una mano sujetó la suya. Sophia trató de gritar, pero una segunda mano le cubrió la boca.

—En realidad eres estúpida —escuchó a Draxler murmurar sobre su oído.

El Inefable la jaló con brusquedad y la obligó a caminar hasta que quedaron en frente de una de las ventanas del edificio, la cual estaba rota.

Sophia se sacudió los hombros para librarse del agarre de Draxler y se metió por la ventana, sin importarle las pequeñas heridas que se hizo en las manos y las piernas al hacerlo.

Sophia se estremeció al ver el interior del orfanato, y lo mucho que se parecía al interior del hospital, o lo poco que recordaba de él. El pasillo en donde estaban era igual al que daba a su habitación en Saint Anthony, o al menos lo era en la mente de Sophia.

—¿Sabes si quiera donde está ese dichoso closet? —La voz de Draxler la sacó de sus pensamientos, recordándole qué habían venido a hacer.

—El único closet que hay aquí está en la oficina de la hermana superiora —dijo Sophia antes de empezar a correr por el pasillo, con Draxler tras ella.

Siguieron avanzando por un par de largos corredores y subieron la escalera al segundo piso, donde recorrieron otro pasillo hasta llegar a una puerta con un enorme crucifijo plateado.

—¿Cómo sabes que es aquí? —preguntó Draxler sacando su varita.

—Un día nos metimos aquí para ver el registro de Hally y averiguar su nombre —respondió Sophia observando la puerta—, pero sólo pudimos ver su segundo nombre. Fue la primera vez que entré a este lugar.

—Qué interesante —murmuró Draxler sin ponerle atención, antes de apuntar su varita a la puerta, la cual se abrió en seguida.

—¿Cómo hiciste eso sin decir el hechizo?

—Magia no verbal —respondió el Inefable con impaciencia—. Ahora muévete.

Sophia entró a la habitación a la vez que Draxler la iluminaba con un lumus de su varita. Rodeó el enorme y viejo escritorio de madera, tras el cual estaba el closet, y tocó lo más suave que pudo.

—¿Hall? —susurró pegando su oreja a la puerta— ¿Estás ahí, Hally?

—¿Soph?

Sophia suspiró aliviada al escuchar la voz de su mejor amiga al otro lado de la puerta, pero al tratar de abrirla, descubrió que estaba con llave.

—Demonios —murmuró antes de mirar a Draxler haciendo ojos de cachorrito.

Draxler rodó los ojos, pero aún así, apuntó su varita hacia la puerta y la abrió sin decir una sola palabra, justo como abrió la de la oficina.

—Potter, Potter, Potter —murmuró Sophia extendiéndole su mano a Hally—, eres tan débil que necesitas mi ayuda hasta para salir del closet.

Draxler tosió incómodo tras ellas, pero ninguna le prestó atención. Hally se echó sobre Sophia para abrazarla, haciéndola perder el equilibrio, por lo que ambas cayeron al suelo.

—No lo entiendo —murmuró Hally sentándose frente a Sophia— ¿Cómo supiste que estaba aquí? ¿Cómo llegaste? Pensé que estabas con los Malfoy. ¿Qué haces aquí?

—Eso debería preguntártelo yo a ti —respondió la azabache malhumorada— ¿Qué demonios estás haciendo aquí? Pensé que estabas con Harry.

—Yo... —balbuceó la pelirroja bajando la mirada— El profesor Dumbledore dijo que sería mejor si me quedaba aquí...

—¡¿Qué?! —exclamó Sophia, ignorando el regaño de Draxler por levantar la voz— ¿Dumbledore? ¿Por qué?

—Dijo que los Dursley no me aceptarían, y que sería lo mejor si me quedara aquí.

Sophia apretó los puños con fuerza. Dumbledore no tenía por qué meterse en ese asunto. Los Dursley eran los guardianes legales de Harry, así que estaban obligados a acoger a Hally también. ¿Por qué querría el director separar a los hermanos Potter?

—¿Por qué no me dijeron nada?

—Dumbledore dijo que sería mejor no molestarte con esas cosas —se apresuró a aclarar Hally al ver la expresión de su mejor amiga—. Tú seguías delicada, Soph... Estuviste a punto de morir.

—Sí, y ahora el que está a punto de morir es otro —murmuró Sophia pensando en la charla que tendría con Dumbledore una vez llegara a Hogwarts—. Pero aún así, pudiste haberme escrito algo. ¿Acaso se te olvidó que existo?

—¡Yo tampoco he recibido ninguna carta! —exclamó Hally poniéndose de pie— Ni de ti, ni de Harry, ni Ron ni Hermione.

Sophia se quedó pensando un momento. No le extrañaba no haber recibido carta de Ron, a quien le daba pereza escribir su nombre en un ensayo, y a Harry probablemente lo tenían castigado por alguna tontería. Pero ¿y Hermione? Eso sonaba demasiado sospechoso.

—Vamos —dijo Sophia poniéndose de pie de un salto.

—¿A dónde? —preguntaron Draxler y Hally a la vez.

—A Little Whinging.

Cada vez más cerca, y cada vez con más preguntas...

Amo leer sus comentarios tanto como Sirius ama su moto.