Esta historia está inspirada en "Hombre lobo americano en París", dirigida por Anthony Waller. Los personajes de Death Note le pertenecen a Tsugumi Oba.


El Hogar de las Bestias

Capítulo 1

—Es en serio, amigo… —dijo Mikami mientras mezclaba las cartas y las repartía entre él y los otros dos, dándole siete a cada uno—. Tu virginidad a esta altura debería ser un delito. —Sujetó las cartas que le habían tocado a él y las acomodó entre sus dedos. Miró una por una y empezó a calcular una estrategia para ganar el juego.

Takada rodó los ojos.

—Light no es virgen, idiota —exclamó, aburrida. Había estado hacía media hora con una mano sosteniendo su mentón, porque cuando se trataba de jugar a las cartas, Light y Mikami siempre llevaban la delantera. Daba gracias que finalmente estuvieran ambos en la final, a punto del desempate.

—¡Claro que sí! —insistió Mikami abriendo grandes los ojos—. En sus veintitrés años ha estado con un solo hombre. Además… ¡no conoce el sexo oral! —dijo, enfatizando cada sílaba. Movía las manos como si fuese lo más ridículo del mundo—. Es mitad virgen.

Takada hizo mueca de fastidio.

—O se es virgen o no se es… ¡No existe eso de ser mitad virgen, tonto!

Light, que hasta entonces se había mostrado ajeno a participar de la conversación que sus amigos mantenían sobre su vida íntima, de repente tuvo un recuerdo.

—Pero, ¿y qué hay de…? —dijo en un intento de pregunta que quedó a medias, porque Mikami enseguida lo detuvo poniendo una mano en alto.

—Saliste del closet hace un mes, Light. ¡Es obvio que Misa no cuenta!

Light se dejó caer sobre el respaldo del sofá mientras miraba las cartas que le habían tocado.

Takada pareció percatarse recién entonces de lo que había dicho Mikami, y miró a Light con extrañeza.

—¡Oh, por Dios! Dime que no cogiste con esa zorra… —suplicó con los ojos cerrados—. ¿Qué no eran solo amigos?

Mikami rio.

—Recuerdo el día que le confesaste que eras gay, Light… —dijo Mikami y tiró una carta sobre la mesa.

—Cállense los dos —pidió Light con reproche—. Y no la llames "zorra" —le dijo a Takada, quien rodó los ojos, haciéndose la desentendida—. Ella es una muy buena persona y alguien en quien he podido confiar toda mi vida. La quiero muchísimo…

—Como amiga —dijo Mikami enarcando una ceja y con una mueca pícara.

—De acuerdo, es cierto… —continuó Light—, tuvimos intimidad y no me gustó. Bueno, de todas formas yo siempre supe que me gustaban los chicos. Pero no fue un error, porque me quité la curiosidad por las chicas esa noche, y menos mal que fue con ella. No hubiese podido confiar en nadie más para eso.

—¡Deja de hablar como una enciclopedia! —exclamó Mikami rodando los ojos—. ¿"Tuvimos intimidad"? ¿Quién dice eso? Di "cogimos" y ya. Nadie habla así. —Le dio un sorbo a su batido y arrojó una segunda carta después de adelantarse al movimiento de Light—. En serio, Light… —continuó Mikami—, cuando lleguemos a Londres tienes que dejar esa timidez atrás y follarte al tipo más buenazo que veas. —Light se cruzó de brazos y rodó los ojos—. Yo lo elijo. Sé perfectamente lo que te conviene. Veamos… —Se llevó el dedo índice a los labios y quedó con expresión pensativa mientras Light y Takada lo miraban con hastío—, rubio, alto, musculoso y bronceado.

—¿Un "Ken" de Barbie? —preguntó Takada—. Ambos sabemos que a Light no le gustan así. —Light asintió, dándole la razón—. Yo diría uno más bien moreno, no musculoso pero sí fibroso, alto, esbelto, guapo… —Light abrió los ojos grandes. Su mirada brilló y sonrió como un niño—. ¿Ves? —le dijo Takada a Mikami—. Así es como le gustan. Deja, Light. Cuando lleguemos a Londres yo me encargaré de escoger al tipo.

—Hagamos algo… —continuó Mikami con picardía mientras arrojaba su tercera carta—. Si yo gano la partida, yo elijo al sujeto. Si la ganas tú, lo elige Takada.

Esa apuesta no le convenía. Era bueno jugando a las cartas, los juegos de estrategia siempre se le habían dado bien, pero Mikami en ese terreno era tan sagaz como él y si llegaba a ganarle, Light sabía que su amigo llevaría lo de la apuesta a otro nivel. Siempre hablaba en serio con ese tipo de cosas.

Miró hacia adelante, hacia atrás, hacia un costado. Supo que retrasar la decisión solo haría que Mikami lo presionara con mayor insistencia.

—Ya qué… —exclamó Light, rodando los ojos—. De acuerdo.

Mikami dio un aplauso y se tomó todo el batido de un sorbo.

—¡Esto va a estar bueno! —dijo, con una sonrisa que aventuraba de todo, menos sobriedad—. ¡Quiero otro batido! ¿Dónde está la moza?

—¡Deja ya de beber tanto! —rezongó Takada—. Cuando lleguemos a Londres no vas a poder ni bajar por las escaleras del tren.

—¡Bah! —exclamó Mikami sin prestarle mayor atención.

La jugada final había comenzado. Tanto Light como Mikami se concentraron. Luego de quince minutos de estar pensando, y de intentar adelantarse a la jugada del otro, Mikami detuvo la partida y le mostró a Light sus cartas:

—Te llegó la hora, amigo… —dijo sonriendo con picardía, mientras se recostaba en el respaldo de la silla, agasajado—: Escalera de diamantes. —Dejó sus cartas sobre la mesa, flexionó sus brazos, los llevó detrás de su cabeza y sonrió burlonamente—. ¿Qué tal, perdedor?

Light echó un vistazo a las cartas de Mikami. Le dedicó una sonrisa peligrosa que aquel no supo interpretar.

—Admito que sabes jugar —comentó Light con una ceja enarcada y un tono de voz que delataba seguridad—. Pero con eso no me ganas. Soy imbatible —Rio, y con suma lentitud mostró sus cartas—: Tengo flor imperial.

Mikami se cruzó de brazos y rodó los ojos.

—No juego más —dijo, arrojando las cartas con enojo sobre la mesa—. Vas a dejarme sin dinero y voy a tener que meterme de lavaplatos en un restaurante de Londres cuando lleguemos. —Mordió su labio inferior y puso cara de fastidio.

—Eso no se oye nada mal —dijo Light con una sonrisa aniñada—. Deberíamos tener en cuenta esa posibilidad, en caso de que nos quedemos sin un centavo a mitad de las vacaciones. Que creo que es lo que va a pasarnos si seguimos gastando el dinero en alcohol y apuestas.

—No lo veo factible… —dijo Takada—. Con lo inútil que es Mikami, seguro lo despiden a los dos días.

Mikami le lanzó una mirada de puñal.

—¡Cállate! —Takada se hizo la desentendida y empezó a festejar a lo grande el triunfo de su mejor amigo. Light había ganado por cuarta vez consecutiva en lo que iban del viaje, y tenía el bolsillo repleto de dólares—. Ahora sí que estás cagado, Light… —comentó Mikami de repente, recobrando su humor ácido—. No quiero ni pensar en qué clase de hombre elegirá Takada para ti.

—¡Hey, no digas así! —reprochó Light, todavía sonriendo por su victoria—. Tiene muy buen gusto, confío en ella.

—Tú solo estás celoso porque Light prefiere mi punto de vista antes que el tuyo —dijo Takada con aires de sobriedad.

—Eso está por verse —respondió Mikami.

Light desvió la mirada y observó el paisaje de los campos que se extendían a lo largo y ancho del continente europeo. El verde de los pastizales se entremezclaba con el azul del cielo, y formaba una acuarela borrosa que se difuminaba por la alta velocidad a la que iba el tren. A Light le parecía el paisaje más hermoso que había visto en el año. Estaba agradecido por haber tomado la decisión de ir en verano.

—¿Cuánto falta para que lleguemos? —bufó Mikami—. Ya tengo el culo duro de estar sentado en estas butacas.

—No tanto. Una hora —dijo Takada husmeando la distancia en su celular.

—¡Puff…! —Bufó—. Menos mal que el tren tardaba cinco horas. ¡Ya vamos siete y todavía falta!

—Pues échate a dormir y ya no molestes —propuso Takada.

—No. Esperaré a llegar al hotel para dormir… Mejor sigamos planeando el modus operandi que tendrá que adoptar Light para su próxima conquista.

—¡No voy a adoptar nada!, ¡estuvimos todo el viaje hablando de mi vida privada! —gruñó Light molesto.

—Más bien de la falta de ella —aclaró Mikami, desviando la mirada—. ¿Y qué esperabas? Hace dos días que estamos viajando entre aviones y trenes —continuó, hastiado—. ¡Ya nos quedamos sin tema de conversación!

—Ya casi llegamos, no fastidies —dijo Takada, mientras usaba su celular para ponerse al día con las notificaciones en sus redes.

Se quedaron en silencio un rato hasta que un chico sentado en el compartimiento de al lado se les acercó.

—¿Están jugando a las cartas? —preguntó. Su aspecto y su acento delataban que no era oriental. Era un rubio delgado, alto y muy atractivo. Tenía una sonrisa acogedora y una mueca simpática.

—En realidad ya terminamos… —contestó Mikami—, ya he perdido más de lo que hubiese querido. Pero si quieres jugar con Light, adelante.

—Yo paso —dijo Light—. Estoy cansado de ganar, la verdad. —Soltó una carcajada estrepitosa, a lo que Mikami respondió enarcando una ceja.

—Bueno, estoy solo en mi compartimiento —continuó el joven—. Quería ver si podía hacer algunos amigos antes de hospedarme, conversar con alguien, ustedes ya saben… para que el viaje se vuelva menos tedioso. Mi nombre es Ídan.

—Nosotros somos Takada, Mikami y Light —dijo Takada, presentándolos de a uno—. ¿Por qué no te sientas aquí? Hay un lugar —indicó al lado de Light. Ídan le sonrió, le dio las gracias y tomó asiento—. ¿Así que estás solo?

Ídan asintió. No se lo veía afectado por eso. Más bien lucía como todo un aventurero: relajado y confiado.

—Así es —dijo, quitándose la mochila y acomodándola en el respaldo de la butaca—. A ninguno de mis amigos les entusiasmó la idea de acompañarme, así que… —Se encogió de hombros—. Me da igual, de todas formas ya he viajado solo antes. Soy de Alemania, ¿qué hay de ustedes?

—Somos de Japón —respondió Takada—. Y la verdad es que esta es nuestra primera vez viajando tan lejos de casa. Nos pusimos de acuerdo para que sea una aventura entre amigos.

—¡Pues eso se oye fantástico! —exclamó Ídan—. Los viajes entre amigos son de lo mejor, e inolvidables. ¿También van a Londres? —quiso saber. Los demás asintieron—. Cuéntenme de ustedes, ¿qué hacen en Japón? ¿Trabajan, estudian…?

—Ambos —respondió Mikami—. Bueno, a Light lo mantienen sus "papis", pero Takada y yo trabajamos por la mañana y estudiamos por la tarde. —Le lanzó a Light una mirada divertida, pero aquel le devolvió un gesto de reproche. Aunque no tenía nada que recriminarle realmente, ya que era cierto—. Los tres estudiamos Criminalística. Nos conocimos en la universidad, ¿qué hay de ti?

—¿Criminalística? ¡Vaya!, qué carrera tan desafiante —exclamó Ídan—. Yo estudio Turismo. —Les sonrió—. ¿Eligieron Londres como destino por algo en particular? Yo nunca he estado ahí, pero me han hablado maravillas de esa ciudad y no podía dejar pasar la oportunidad de conocerla.

—Nosotros igual —respondió Light—. Este es nuestro último destino. Estamos viajando hace dos semanas y nos quedaremos un par de días en Londres. Luego ya partiremos a casa.

—¡Pero oye! —se quejó Mikami—. ¡No hables de partir, Light, si ni llegamos siquiera!

Light se echó a reír. Continuaron hablando con Ídan por un buen rato hasta que, finalmente, se les informó desde la cabina del tren que ya estaban en Londres. Solo entonces Light pensó que el tiempo volaba cuando se mantenía una conversación agradable. Echó un vistazo por la ventana del tren y la vista de esa ciudad tan sofisticada lo sacó de lo que estaba acostumbrado.

Bajaron los cuatro juntos del compartimiento a las atropelladas, había tanta gente descendiendo que tuvieron que sujetarse de las manos para no perderse. Takada tomó a Light con la derecha y con la izquierda aprovechó para sujetar a Ídan. Le había caído tan bien que sintió de inmediato una química especial con él. Y solo deseaba que a aquel le haya pasado lo mismo con ella.

El bullicio en la estación de tren era tanto o más impresionante que el aspecto de la ciudad, el cual pudieron apreciar en su máximo esplendor cuando atravesaron Piccadilly Circus, una de las cuadras más majestuosas de Londres. Mikami fue el primero en sacar el celular del bolsillo para fotografiar el paisaje citiziano.

—Este lugar… —murmuró Light, embelesado por la estrafalaria cantidad de luces, pantallas gigantes y tiendas donde vendían todo tipo de artefactos—, es hermoso en verdad.

Los demás estuvieron de acuerdo con él, pero al cabo de un rato decidieron ir unas cuadras lejos del centro para evitar el gentío.

—¡Ouch! —exclamó Mikami al chocar de prepo contra un sujeto que estaba de espaldas. Levantó la vista lentamente para disculparse, y vio que además de haberlo embestido sin intención también había causado que los volantes que estaba repartiendo se desparramaran en la avenida—. Lo siento —se apresuró a decir, y se agachó para juntar los trozos de papel.

—No pasa nada —dijo el hombre, quien también se agachó para acabar de juntar el resto de volantes—. ¿Son extranjeros? —preguntó con una curiosidad imposible de disimular.

—Así es —respondió Mikami con una sonrisa. El desconocido los inspeccionó de arriba abajo, y de una manera que a Light le pareció fuera de lugar.

—Estamos organizando una fiesta —dijo el hombre, sonriendo con amabilidad—. Se llama "Fiesta de la Luna". Deberían venir. Vienen extranjeros en su mayoría, y se pone muy divertido —le dijo, y le entregó un volante a Mikami—. Es mañana a la medianoche, cerca de por aquí. Dudo que se pierdan.

Los cuatro se miraron dubitativos.

—Es que acabamos de llegar —dijo Light, no muy convencido—. Bajamos del tren hace apenas veinte minutos y estamos recorriendo la ciudad. Ni siquiera conocemos el hotel donde vamos a hospedarnos.

—Estoy de acuerdo con Light —comentó Takada—. Creo que va a ser mejor idea si nos instalamos primero y luego, en caso de que ya nos hayamos organizado para mañana, podríamos ir a la fiesta. Pero, con honestidad, yo ahora mismo quisiera dormir un poco.

—Yo quisiera darme un baño —confesó Light bostezando.

—Bueno, si ese es el caso entonces ustedes se lo pierden —les dijo el inglés sonriendo. Empezó a caminar hacia el otro lado de la calle, alejándose de ellos.

Una vez que se fue, Mikami se giró para enfrentarlos y los miró con extrañeza.

—¿En serio…? ¿Ese es el plan? ¿Ir al hotel, bañarse y dormir como ancianos? ¿Olvidan la apuesta? —les preguntó, incrédulo.

—Deberíamos ir al hotel primero antes que estar pensando en fiestas —opinó Takada—. Tendremos tiempo para eso.

—Estamos en una de las mejores ciudades del mundo, somos jóvenes, la noche es nuestra. ¡No vamos a dormir! —insistió Mikami, levantando los brazos.

—Para serles sincero, yo también estoy algo cansado de estar arrastrando esta maleta por todos lados —confesó Ídan, encogiéndose de hombros—. Tal vez sería mejor idea hacer lo que propone Takada, Mikami. En todo caso, mañana nos encontramos y decidimos qué hacer. Por cierto, ¿en qué hotel van a hospedarse?

—En el Safestay —respondió Light. Ídan abrió grandes los ojos y sonrió emocionado.

—¡Oigan, también yo! —exclamó con entusiasmo—. Estaré en la habitación trescientos del pasillo cuatro.

—A nosotros nos ha tocado el pasillo seis, pero da igual —dijo Takada, mirando a Ídan con un brillo especial en los ojos—, nos encontraremos de todas formas. Cuando quieras pasarte a nuestra habitación puedes hacerlo sin ningún problema, Ídan. En serio.

—Ya, muchas gracias, Takada —dijo Ídan, y de inmediato emprendieron marcha hacia el hotel.

No había sido Ídan el único al que le molestaba la maleta, ya que a las cinco cuadras de caminata todos se estaban quejando de tener que cargar con ellas. Sintieron una bendición divina cuando llegaron al hotel y pasaron los controles administrativos. Estaban exhaustos y lo único en lo que podían pensar era en recostarse.

Ídan los abandonó luego de que tomaran el ascensor y llegaran al piso cuatro.

—Adiós, chicos. Nos vemos al rato —dijo el alemán, saludándolos con entusiasmo. Las puertas del ascensor se cerraron y solo entonces Mikami miró a Takada. Le sonrió provocadoramente.

—¿Qué…? —preguntó ella, enarcando una ceja.

Cuando quieras pasarte a nuestra habitación puedes hacerlo sin ningún problema, Ídan —imitó Mikami con voz aguda.

—¡Solo intentaba ser amable, idiota! —exclamó ella, rodando los ojos.

—Sí, claro —respondió Mikami con ironía—. ¿Qué no te das cuenta que es gay?

—Ya… no empiecen, por favor —suplicó Light, cubriéndose la cara con las manos. Estaba desplomado del cansancio como para tener que soportar un debate sobre la sexualidad de Ídan a esa hora de la tarde, y después de dos días intensos de puro viaje—. Esperen a mañana para pelearse, ¿sí? Me duele la cabeza.

Llegaron al sexto piso en silencio, para el agrado de Light, y atravesaron el pasillo con las maletas a las rastras. Cuando se metieron en la habitación que les habían asignado, los tres quedaron maravillados.

—¡Wow! —exclamó Takada al ver semejante majestuosidad—. ¡Parece una suite presidencial! —Fue corriendo a la habitación y, al ver las tres camas acomodadas en el centro, escogió rápidamente la suya y se arrojó sobre ella. Se quitó las botas y se acurrucó debajo de la frazada.

—¡Espera, no! —exclamó Mikami, entrando al cuarto después que ella—. ¡Yo quiero esa cama!

—¡Maldición! Hay otras dos camas, Mikami —gruñó Takada—. ¿Por qué quieres la que elegí yo?

—Porque a mí me gusta dormir del lado de la pared. Anda, déjame esa, por favor…

—¡No! —gritó ella, y se cubrió la cabeza con la almohada para no oírlo.

—¡Takada, ya! Déjate de bromas… —insistió Mikami—, déjame esa cama.

Light aprovechó que ambos estaban en el cuarto, y se tomó su tiempo para ingresar al baño. Abrió el grifo de la bañera y esperó que esta se llenara con agua tibia. Luego se metió y se relajó hasta el punto que por poco y se queda dormido en el agua.


Hola, queridas lectoras ¿Cómo están? ¡Espero que hayan tenido unas mini vacaciones grandiosas –de 4 días jajaja- después del final del Caso Beyond Yo estoy muy contenta de volver a empezar… ¡y esta vez con una historia nueva…! Aunque en realidad es vieja. Bueno, ustedes entienden Jajaja

Voy a implementar una nueva modalidad: capítulos más cortos, para actualizar más seguido.

Las quiero y nos vemos en la próxima actualización, que será muy pronto. Abrazo!