Light quería seguir durmiendo, pero con Mikami parado a un lado de la cama y mirándolo con reproche se le volvía algo imposible de lograr.

—¿Es en serio? —preguntó Mikami enfadado. Miró a Light como si se tratase de un chiquilín. Pero aquel no se levantó, ni siquiera movió un dedo de la cama. Sujetó la almohada y con ella se cubrió la cara—. ¡Eres un viejo en el cuerpo de un anciano! —exclamó, pero al ver que su amigo no reaccionaba se dio por vencido. Fue hacia el armario y buscó un abrigo liviano.

—Quiero dormir… —dijo Light de manera apenas entendible, ya que la almohada no dejaba que se escuchara nada.

—Te pasaste todo el día ordenando, ¿y ahora quieres dormir? —insistió Mikami, mientras escogía una chaqueta que combinara con el color de su pantalón. Una vez que la encontró volvió al lado de Light. Acomodó sus manos en su cintura y lo miró con reproche.

—Eso es porque estuvo juntando tu ropa del suelo todo el bendito día —comentó Takada, sentada en un sofá a lo lejos. Rodó los ojos y sonrió con burla—. ¡La montaña de tu ropa en el rincón era el Everest!

Mikami le dedicó una mirada despectiva.

—Recuérdame la próxima vez, Light, no venir nunca más con esta pesada de vacaciones.

—Takada tiene razón... —empezó Light. Se había quitado la almohada de la cara y ya se le oía un poco mejor—. Le estaba dando mal olor.

Mikami se mordió el labio inferior y apretó los puños.

—¿Tú también te vas a poner en mi contra ahora? —Miró por la ventana de la habitación del hotel. El sol acababa de esconderse en el horizonte. Se expandía un manto anaranjado por todo el cielo mientras las estrellas empezaban a asomar. Luego, volvió a mirar a Light y enarcó una ceja—. Oí que en la avenida Carnaby están los mejores restaurantes del país. ¿Sabes qué quisiera probar? La tradicional cena asada inglesa —musitó, y puso cara de estar cayéndosele la baba.

—¡Yo también quiero comer eso! —dijo Takada casi de inmediato.

—Yo prefiero mil veces los Bangers —intervino Light, quien esta vez había escondido la cabeza debajo de las sábanas para evitar que la luz de la habitación le diera en los ojos. La ducha que acababa de darse lo había dejado tan relajado que no podía levantarse de la cama, y no creía poder disfrutar de su primera noche en Londres si primero no descansaba un poco después de un viaje tan largo—. Déjenme dormir solo una hora. Con eso me sentiré completamente recuperado. Los alcanzo al rato, se los prometo.

Mikami puso cara de no estar creyéndole una palabra.

—Ponte alarma, así evitarás quedarte dormido —aconsejó Takada desde el sofá, sentada con una mano apoyada en su mentón y con las piernas cruzadas—. No vayas a plantarnos.

—Estaremos esperándote —siguió Mikami—. Mándanos un mensaje cuando estés llegando al restaurante. Te enviaré la ubicación.

Light asintió, dedicándoles una sonrisa aniñada, y eso fue todo para que Mikami sujetara la billetera y saliera directo hacia la puerta.

—¡Oh, aguarda! —dijo Takada y salió corriendo hacia el baño.

—¿Te vas a retocar el maquillaje de nuevo? —se quejó Mikami—. ¡Ya llevas haciéndolo diez veces!

—Nadie puede culparme por querer lucir guapa —se excusó. Se paró frente al espejo y puso algo de rubor en sus mejillas. Sabía que esa noche estaría acompañada y no perdería la oportunidad de lograr cierto acercamiento hacia Ídan.

—Intenta estar allá para las ocho, ¿sí? —insistió Mikami, mirando a Light con reproche.

Light musitó algo parecido a un "okey" antes de perderlos de vista. Takada salió del baño y fue con Mikami hacia la puerta. Apagaron las luces antes de salir y caminaron hacia el ascensor en completo silencio, pero mucho no duró porque Takada tropezó y Mikami soltó una carcajada estrepitosa al mismo tiempo que la sujetó de un brazo para ayudarla a levantarse.

—¡Deja de reírte, idiota! —exigió ella, acomodándose el vestido y el peinado.

—¡No puedes ni caminar con esos zapatos! —masculló Mikami entre risas—. ¿Por qué te vestiste así? Pareces una ramera.

Takada rodó los ojos y obvió por completo su comentario.

—¡Me queda bien! —insistió sin darle mayor importancia a su comentario—. Date prisa, o llegaremos tarde —exclamó con gesto de pocos amigos. Cerró la puerta del ascensor y presionó el botón hacia planta baja.

Mikami enarcó una ceja y sonrió con gesto indecoroso.

—Todo esto es por Ídan, ¿no es cierto?

Takada bufó y se cruzó de brazos con fastidio.

—No sé de qué estás hablando —exclamó, haciéndose la desentendida. Desvió la mirada con enfado.

—No puedo creer que seas tan estúpida… ¡¿qué no ves que es gay?! —insistió Mikami alzando las manos—. ¡Es súper obvio!

—¿Por qué estás tan seguro? —lo ingerrogó—. ¿Se te ha insinuado o algo así…? —preguntó dubitativa. No lo creía posible. Ídan y Mikami simplemente no encajaban, y tampoco parecían simpatizar lo suficiente cuando estaban juntos.

—No, pero lo sé —continuó Mikami—. Un gay reconoce a otro gay a kilómetros. Ni siquiera es necesario que hablemos. Yo ya doy por seguro que lo es —insistió—. No me equivoqué con Light —dijo, alzando los hombros.

Takada bufó y volvió su mirada al frente.

—Eres insoportable —gruñó—, no quieres que los demás tengan pareja solo porque tú no consigues una.

Mikami negó con la cabeza y se mordió el labio inferior.

—Sí que estás ciega. —Se cruzó de brazos y esperó que el ascensor se detuviera en el cuarto pasillo del hotel. Cuando las puertas se abrieron, allí estaba Ídan, luciendo una chaqueta con franjas multicolor, shorts y zapatillas deportivas. Una mochila colgaba de su hombro derecho. Se había peinado hacia atrás y le quedaba fenomenal.

Ídan siempre estaba sonriente, fresco, simpático… Takada no pudo evitar sentir un flechazo al verlo.

—¡Hola! —lo saludó emocionada. Enroscó sus brazos alrededor del cuello de Ídan y lo abrazó con fuerza—. Te extrañé.

Ídan puso gesto de extrañeza.

—¡Pero si nos vimos esta tarde! —dijo sonriente, y casi sin poder creerlo.

—Sí, Takada. Lo viste esta tarde… ¿por qué tanto entusiasmo? —preguntó Mikami de manera jocosa. Inmediatamente sintió que Takada le daba un codazo en las costillas y empezó a quejarse con gemidos entremezclados con carcajadas.

Ídan lo miró con extrañeza y Mikami, disimulado, no dijo nada. Pero le dio una patada suave a Takada en una de sus pantorrillas, sin que Ídan lo percibiera.

Luego de salir del hotel, los tres caminaron por las calles de Londres por más de una hora mientras visitaban centros comerciales, avenidas y tiendas de accesorios. Finalmente llegaron a Carnaby. Escogieron un hotel que por fuera se veía acogedor y armonioso, y cuando entraron comprobaron que era mucho mejor que eso; había un escenario con una banda tocando una pieza de jazz y las personas sentadas en las mesas eran, en su mayioría, extranjeros. No creyeron poder encontrar un lugar donde se sintieran más cómodos.

El mesero se acercó a ellos al verlos entrar y los guio hacia una mesa vacía, ubicada al lado de una ventana con vistas a la hermosa ciudad.

—En serio espero que Light no se duerma —dijo Mikami chequeando el celular para corroborar si le había llegado un mensaje de su amigo.

Takada aprovecó para sentarse a un lado de Ídan, y enseguida empezaron a conversar.


A las 7 pm sonó la alarma y Light la apagó de un manotazo. Bostezó, se desperezó y abrió los ojos con cansancio. Era momento de levantarse. Vio la hora. Faltaban para las ocho así que no creía que sus amigos estuviesen cenando aún.

Se fijó en las historias que habían subido a Instagram hacía una hora y vio que en verdad la estaban pasando fenomenal. Takada había subido videos de tiendas de zapatos, vestidos y carteras, mientras que Mikami le había sacado foto a las vidrieras de las librerías. Había una última historia en la que ya parecían haber entrado a un restaurante, porque estaban los tres sentados al rededor de una mesa.

Se incorporó de la cama y fue directo al baño para darse una ducha relajante. Salió a los diez minutos con una bata cubriéndole el cuerpo y una toalla doblada en la cabeza.

Se secó el cabello con el secador de Takada y se huntó crema humectante en la cara. Se perfumó y se peinó. Luego fue al placard y de ahí escogió una camisa floreada y jeans negros. Se calzó con zapatillas simples y salió del hotel.

«Pásame la ubicación», le escribió a Mikami. «Voy en camino». En menos de un minuto Mikami le respondió.

Light activó su propia ubicación en el celular para orientarse mientras seguía la calle que, según el mapa virtual, era la opción más corta. No pudo evitar deleitarse con la esplendorosidad de la noche que ofrecía la ciudad de Londres. Era un lugar hermoso, antiguo, iluminado, poblado y sofisticado.

Caminó un buen rato por una de las avenidas principales, sintiéndose embelesado por la ropa en las vidrieras, las tiendas de antigüedades, los almacenes, los shoppings... La gente, mientras tanto, iba y venía. Había gente que caminaba a toda prisa y de vez en cuando lo embestía. Había otra gente que iba más despacio, extranjeros como él, que desconocían la ciudad y se tomaban un momento para admirar su belleza.

Continuó caminando hasta llegar a un punto donde ya no había tanta gente merodeando. Tuvo un mal presentimiento, y cuando restauró la ubicación en su celular se percató de que se había alejado.

—¡Maldición! —gruñó para sus adentros. Miró a su alrededor. No había nadie a quien pedirle ayuda. Apenas unas dos personas estaban sentadas en el banco de una plaza a lo lejos, pero Light vio que eran dos hombres fumando hierba y prefirió no acersarse.

Se dio la vuelta y empezó a caminar en revsersa hasta llegar a la embocadura de un callejón. Se fijó en el mapa de su celular y este marcaba que si atravesaba el callejón se ahorraría cuarenta minutos de caminata por la ciudad.

Le llegó un mensaje de Mikami:

«Apúrate, Light. Ya pedimos la entrada». Y eso fue todo para que decidiera atravesarlo.

Metió un pie, luego otro y empezó a avanzar a toda prisa. Estaba tan oscuro ahí dentro que no podía ver nada más que sombras. Así que no tuvo mejor idea que encender la linterna del celular para alumbrar el camino.

Había bolsas de basura desparramadas por doquier y debió andarse con cuidado de no tropezar con ninguna de ellas. Continuó caminando sin detenerse a pensar, mientras empezaba a sentir algo de miedo y se preocupaba por calmarse a sí mismo con pensamientos lógicos:

«Es un estúpido callejón. Tranquilízate», pensó. El lugar era tenebroso para andar merodeando a esas horas de la noche; pero si no lo atravesaba tendría que caminar seis avenidas para llegar al restaurante donde estaban sus amigos, y jamás llegaría a tiempo.

A medida que avanzaba debió tener cuidado de no pisar en falso y tropezar con alguna lata o con una botella cortada. Abundaban.

Fue capaz de sobrellevar cierta tranquilidad hasta la mitad del trayecto, sin embargo su respiración se cortó de repente al notar la presencia de un hombre caminando a sus espaldas.

Empezó a avanzar más rápido.

Se dio vuelta con disimulo y miró por encima de su hombro. El hombre detrás suyo llevaba gorro negro en la cabeza, campera azul y un cuello de tela que le cubría hasta la nariz. Light no podía descifrar sus rasgos, ni tampoco apreciar su mirada. Para colmo, el verano de Londres era traicionero. El calor que había hecho por la tarde se había desvanecido. Ahora hacía un frío moderado y el hombre iba algo abrigado, todas las partes de su cuerpo estaban perfectamente cubiertas, además de que un flequillo abultado le cubría gran parte de la frente y los ojos.

Cuando el sujeto se percató de que Light estaba inspeccionándolo, Light enseguida desvió la mirada y volvió su atención al frente. Metió las manos en los bolsillos de su chaqueta, se cubrió la mitad de la cara con su pañuelo y agitó aún más el paso. Pero algo lo descolocó… Las risas de un grupo de hombres a un par de metros adelante hizo que su sangre se helara.

Un grupo de casi diez sujetos estaba lanzando botellas contra el muro del callejón, el vidrio de las botellas se quebraba y estallaba en mil pedazos.

"Maldición", pensó Light, y se arrepintió mil veces de haber tenido la estúpida idea de tomar ese atajo. Ahora no solo lo paralizaba el miedo de que lo asaltara el hombre que estaba detrás, sino también el tener que pasar por el grupo de adelante. Por un instante pensó en volver. El miedo de a poco se convirtió en pánico, sus manos empezaron a temblar y de su frente cayeron gotas de sudor frío.

Apretó fuertes los dientes cuando escuchó un grito gutural de uno de ellos, dirigido hacia él:

—¡Detente, imbécil!

Light quedó petrificado. El sujeto caminó hacia él y se le paró delante, sonriéndole de manera siniestra. El callejón estaba demasiado oscuro como para ver algo. Lo único que pudo ver Light fueron sus ojos negros y profundos, que se matizaban con una sonrisa peligrosa, afilada… Todos los vellos de su cuerpo se erizaron. Su corazón se detuvo. Pensó que hubiese sido buena idea haber ocultado su celular y su billetera en un bolsillo recóndito de su chaqueta, porque ahora imaginaba que en cinco minutos estaría sin ellos.

El sujeto empezó a inspeccionar sus bolsillos. Palpó a Light de arriba abajo y de izquierda a derecha. Hurgó en sus jeans, en su chaqueta y hasta lo tocó en sus zonas privadas.

Escuchó las carcajadas del resto; permanecían en grupo, no intervenían, eran simples espectadores que disfrutaban de verlo asustado y acorralado como una presa, mientras uno de los suyos dominaba la situación.

—Aquí está —dijo, sacando la billetera y sosteniéndola en lo alto. Continuaba mostrándole a Light su sonrisa diabólica. Sus caninos eran los dientes más afilados que Light había visto jamás.

—Déjalo. —Escuchó una voz desde el fondo del callejón. Su tono había sido tan brusco que rompió con todas las sonrisas burlonas del resto. Light se dio vuelta para verlo. Agudizó la mirada. Era el mismo hombre que había estado caminando detrás suyo todo ese

tiempo—. Ya no lo fastidies… —amenazó con voz potente y altiva. Tanto que hasta el que lo había manoseado percibió cierta tensión, y poco a poco fue alejándose de Light.

—¿Qué te pasa, imbécil? —preguntó—. Me estoy divirtiendo con él, y él conmigo. Nada más. No voy a devorarlo. —Cuando dijo lo último estalló en una carcajada que resonó en todo el callejón. Light percibió cierta connotación sexual en sus palabras y sintió verdadero asco.

—Devuélvele su billetera… ¡ahora! —exigió el otro, y se la quitó de la mano con ímpetu para dársela a Light—. Aquí tienes. —Se había quitado el gorro, y gracias a la tenue luz anaranjada de la calle Light pudo verle el rostro.

El miedo no le permitió reparar en nada mientras observaba a su defensor. De lo único que estaba seguro era de sus profundos ojos negros, de su piel tersa y blanca y de su cabello oscuro. Y el hecho de que lo haya protegido de los demás hizo que le cayera inmediatamente bien. Light pensó en agradecerle, pero en cambio prefirió guardar silencio.

Sujetó rápido la billetera y se la guardó en el bolsillo de su saco. Empezó a caminar con prisa hacia la desembocadura del callejón y, cuando estuvo fuera de la vista de aquellas personas, empezó a correr.

Corrió por más de tres cuadras. Sentía tanto miedo que por una fracción de segundo pensó en ir hacia la jefatura de policía a advertirles. Pero su plan no tenía lógica. No le habían hecho nada realmente.

Su corazón latía de tal manera que solo podía escuchar sus palpitaciones, y un zumbido fuerte y agudo se apoderó de él. Debió detenerse a los pocos metros. Apoyó la espalda contra un mural y esperó a tranquilizarse.


Entró lentamente al restaurante. El ambiente cálido y armonioso ahí dentro distaba mucho de los recuerdos que tenía del callejón. Se le vino a la cabeza ese sujeto sonriéndole de manera lasciva… Había sido algo repugnante.

Echó un vistazo al lugar. Estaba repleto de gente, por lo que tardó un buen tiempo en encontrar a sus amigos. Habían escogido una mesa grande en una esquina, al lado de un ventanal.

Se acercó a paso lento. Estaba tan conmocionado por los sucesos recientes que no se dio cuenta cuando casi lleva por delante a una mesera.

—Disculpe —se apresuró a decir al ver que la muchacha se dio la vuelta para mirarlo con sorpresa.

A lo lejos, Mikami y Takada le agitaban las manos con brío para que se acercara.

—¡Creí que no vendrías! —exclamó Mikami sonriendo, y le dio una palmada fuerte a la mesa. Pero al observar a Light a los ojos su comportamiento cambió de repente—. ¿Amigo, estás bien? —Light se veía preocupado y conmocionado. Él sabía que Light podía llegar a ser muy sensible a veces, pero su expresión le advertía que se trataba de algo serio.

—¡Dios mío, Light! ¿Qué tienes? —preguntó Takada—. Estás pálido. —Cuando Light se sentó, ella lo sujetó de la mano con fuerza. Light estaba temblando—. ¿Te sientes bien? ¿Quieres que vayamos al hospital?

Light se negó.

—No, estoy bien —dijo, pero no había logrado convencerlos.

—No te ves nada bien —observó Mikami preocupado.

Light cerró los párpados e intentó calmarse. Ya no estaba en ese callejón de mala muerte ni había un grupo de maleantes rodeándolo. Estaba a salvo en un lugar acogedor y en compañía de sus amigos. No tenía por qué continuar sintiéndose paralizado.

—Intentaron asaltarme. —Tras decir eso los otros casi dan un brinco.

—¡¿Qué…?! —preguntó Mikami conmocionado.

—Te dije que era mala idea que te vinieras solo —dijo Takada. Se debatía internamente entre la bronca que sentía de saber que Light era un cabezotas cuando se lo proponía, y por la culpa que le generaba ahora el no haberlo esperado.

—Está bien, fue… —Calló de repente. No quería confesarles que había tenido la "grandiosa" idea de tomar un atajo entrando por un callejón, o sus amigos de verdad creerían que era un zopenco—. No pasa nada. De todas formas, un chico me defendió y por suerte no pasó a mayores. —Agachó la mirada—. No lo lograron.

Y ahora que estaba ahí sentado, y que tenía dinero para pagar su parte de la cuenta, reparaba en ello. No había tenido oportunidad de preguntarle su nombre para agradecerle, aunque fuera por redes sociales.

—Siempre que se te presenta una dificultad, el destino te manda una ayuda —dijo Ídan reflexivo. Era el único en la mesa que sonreía y que parecía estar tomándoselo con relajación—. Tranquilo, Light. Estoy acostumbrado a viajar, y lo que acaba de pasarte me sucedió muchas veces. Uno nunca está a salvo de la corrupción y del peligro —dijo sonriente—. Lo bueno en tu caso es que estás ahora aquí, vivo y con tus pertenencias a salvo.

Se formó un silencio en la mesa que fue interrumpido únicamente por Takada, quien enseguida levantó una copa:

—Brindemos por eso. —Chocaron las cuatro copas mientras Mikami le lanzaba miradas sugestivas a Takada acerca de su constante revalidación a las palabras de Ídan. Takada no le dio importancia. Estaba demasiado ocupada escuchando al rubio, que había empezado a contarles uno de sus viajes por Asia a los dieciocho años, en el cual había quedado sin un centavo luego de que le robaran todo su dinero.

Light lo escuchó al principio, pero luego de un rato su mente se dispersó. Recordó al sujeto de ojos profundos que lo había defendido, y le pidió al universo volver a verlo una vez más para darle las gracias.


¡Hola, chicas! ¿Cómo están? ¿Qué tal vino junio para todas? A mí me está sentando bien, aunque me extraña que no está haciendo mucho frío acá en Buenos Aires. Bueno, les mando un fuerte abrazo. Saben que pueden ubicarme en el nuevo instagram /Camilamku/ y dejarme sus comentarios por ahí.

¿Qué les pareció el capítulo? ¿Creen que Takada conquistará a Ídan o tendrá razón Mikami? Y, por otro lado, Light con su imán para meterse en aprietos jajaja.

Las quiero y nos vemos. Abrazo enorme.