Al salir del restaurante fueron los cuatro juntos al Tower Bridge. Quedaron embelesados con la hermosura del puente. Las aguas del río pasaban por debajo de la construcción con calma, y devolvían el reflejo de la luna menguante.

Para entonces Light ya estaba mucho más tranquilo. La cena con sus amigos y la exquisitez de esos Bagers habían logrado borrarle de la memoria lo que le había ocurrido. Se había reído tanto con los chistes de Mikami y los comentarios ácidos de Takada, que para cuando pidieron el postre ya se sentía recuperado, como si recién hubiese arribado en Londres, con el mejor de los ánimos. No faltaron las anécdotas de Ídan, que recién ahora a Light empezaba a caerle verdaderamente bien. No le había prestado mucha atención en un principio, pero era una compañía tan grata que, por una fracción de segundo, entendió por qué le gustaba tanto a Takada.

—Light, ¿cierto que Ídan es muy guapo? —le preguntó su amiga una vez que los tres llegaron a la habitación que compartían en el hotel. El rubio ya se había despedido de ellos hacía rato. Y ellos tres, por su parte, se estaban poniendo los pijamas. Ya era tarde y no paraban de bostezar.

—No es mi estilo —respondió Light—, pero admito que sí es muy guapo—. Ocupó su cama y encendió el televisor.

—Por décima vez, Takada… ¡Ídan es gay! —gruñó Mikami con fuerza mientras servía chocolatada de un termo en una taza que había pedido prestados en la cocina del hotel.

—¡No es gay! —insistió Takada. Estaba tan cansada de escuchar lo mismo una y otra vez que, luego de ponerse el pijama, se recostó sobre la cama y se cubrió con las sábanas hasta la cabeza.

—Light… —continuó Mikami—, tú no me dejarás mentir. ¿Qué opinas de Ídan?

Light dejó por un momento de poner atención a la película que había elegido, y reflexionó sobre la pregunta de Mikami.

—El hecho de que use camisas floreadas y que tenga un buen bronceado no lo vuelve gay. —Tras decir esto, Takada se quitó la sábana de la cara y señaló a Mikami con el índice.

—¡Te lo dije! Light piensa como yo —alegó convencida. Mikami rodó los ojos y se cruzó de brazos. Takada se giró para dirigirse a Light—. Además, yo lo siento muy cómodo cuando estamos juntos… —Sus ojos brillaban de tal manera que su interés por Ídan era perceptible a simple vista—. Yo le intereso. Lo siento cuando me mira, cuando me busca físicamente para abrazarme, para sujetarme de la cintura…

Mikami suspiró y rodó los ojos.

—Bueno… no estoy seguro de eso —comentó Light, y Takada abrió grandes los ojos.

—¿A qué te refieres? —preguntó decepcionada.

Light guardó silencio. No quería lastimarla, pero ilusionarla era igual de malo si no había un interés genuino de Ídan hacia ella. Decidió que simplemente daría su punto de vista, siendo lo más objetivo posible.

—No creo… —comentó, repensando las palabras que utilizaría para herirla lo menos posible—, que eso signifique que te quiera o que esté buscando algo contigo. Puede que simplemente él tenga una personalidad cariñosa de por sí.

Mikami soltó una risa y dio un aplauso.

—Gracias, Light —dijo al rato—. Lo resumiste perfecto. —Levantó el pulgar en dirección a Light y le guiñó un ojo.

—Ustedes dos son unos idiotas —exclamó Takada ofendida, y volvió a esconder su cabeza debajo de las sábanas.

Light se mordió el labio inferior y miró a Mikami con amenaza; una sola palabra más al respecto y Takada podría salir realmente lastimada. Era una de las pocas veces que de verdad la veía muy ilusionada con alguien. Sintió pena por ella y decidió no volver a tocar el tema. Con el control remoto eligió una película cualquiera que disipara un poco el silencio incómodo que se había formado en la habitación.

Por su parte, Mikami se metió en el baño y a los segundos salió con el pijama puesto. Se recostó en la cama y dejó los anteojos sobre la repisa.

—¿En serio…? ¿Los minions? —preguntó al ver la televisión—. Con razón no coges nunca, Light —bromeó. Light echó una carcajada que intentó acallar para no despertar a Takada, se había quedado profundamente dormida.

—A mí me gustan los minions —dijo Light, y como había dormido una pequeña siesta de una hora esa misma tarde aún no tenía sueño.

—Ya qué… —alegó Mikami, resignado—. Mirémoslos.


La mañana del día siguiente fue tan disfrutable como la primera. Era su segundo día en Londres y los cuatro aprovecharon para dar largos paseos en las afueras de la ciudad, donde los paisajes eran más boscosos y florales, tal como le gustaban a Light.

Habían llevado termos con café y vasos de descartables para beber cuando estuvieran sentados en los bancos de las plazas, observando la esplendorosa vista que ofrecían los robles de las avenidas, con sus hojas danzando al compás de la brisa y los pájaros cantando en sus ramas.

El verano era, definitivamente, la estación favorita de Light.

A eso de las seis de la tarde, y luego de haber estado todo el día paseando, regresaron al hotel para ducharse y cambiarse. Esa noche darían la Fiesta de la Luna y Mikami estaba empecinado en ir.

Se turnaron para usar el baño y, luego, se vistieron a su ritmo. Light y Mikami estuvieron listos en menos de media hora, pero Takada se estaba tomando demasiado tiempo para maquillarse. Hacía una hora que estaba adentro del baño y aún no estaba lista.

—¡Anda, Takada, que se hace tarde! —gruñó Mikami del otro lado de la puerta. Miraba el reloj a cada rato y bufaba impacientado.

—¡Que ya voy! —gritó ella, exasperada. Mikami le lanzó una mirada suspicaz a Light, que ya había cazado al vuelo que Takada se estaba preparando para intentar impresionar a Ídan una vez más—. Todavía me falta secarme el pelo. Aguanta un segundo.

—¡Me meo encima! —gritó Mikami. Era mentira, pero con eso logró que ella saliera con la mitad del pelo alisado y la otra todavía mojada.

—Anda, ve —dijo Takada e indicó la puerta para que Mikami entrara de una vez, pero en cambio él le tomó una foto con su celular—. ¿Qué crees que haces? —le preguntó molesta.

—Se la estoy mandando a Ídan para que vea lo mucho que te preocupas en arreglarte para él —respondió irónico—. Quizás sí puedas convertirlo en hetero después de todo.

—¡No se te ocurra mandarle nada! Todavía no terminé de peinarme… —Se abalanzó sobre él para quitarle el celular, pero no lo logró, porque Mikami era mucho más alto que ella y se movía tan rápido que, por más que intentara, Takada no lograba ni llegarle al pecho—. ¡En serio, Mikami, no le mandes esa foto! Está horrible.

Mikami se reía a carcajadas. Light los miraba desde su posición, sentado en el sofá del rincón. No podía concebir que dos adultos como ellos se comportaran como criaturas. Aunque, muy en el fondo, admitía que se divertía muchísimo con sus disparates. No sabía qué sería de su vida sin ellos. Seguramente moriría de aburrimiento. Sujetó su celular y miró la hora.

—¿Aquél sujeto de los folletos dijo algo acerca de cuándo empezaría la fiesta? —preguntó Light dubitativo.

Mikami le dedicó una sonrisa pícara.

—Hasta ayer insistías con no ir… Y ahora estás mirando la hora a cada rato —renegó.

—Es que ya estoy cansado de verlos pelear —respondió Light—. ¡Vamos de una vez!

—Supongo que empezará a medianoche, como todas las fiestas. —Se encogió de hombros. Takada aprovechó el tiempo que le había tomado responderle a Light y le quitó el celular a Mikami. Luego corrió al baño y se encerró bajo llave—. ¡Maldición, Takada! —gritó Mikami con fuerza.

Light bufó, se puso de pie y caminó hacia el armario. Escogió una chaqueta blanca y combinó su outfit con un pañuelo morado. Mikami lo miró de arriba abajo y enarcó una ceja.

—¿Vas a ir vestido así? —le preguntó, incrédulo.

—¿Qué tiene de malo? —dijo Light mientras se miraba al espejo. Se sentía cómodo y a gusto con esa ropa.

—¡Todo! —exclamó Mikami—. Esos jeans te quedan sueltos, y la remera no luce tus abdominales… ¿acaso olvidaste la apuesta? Esta noche es tu gran oportunidad y debes aprovecharla. Tienes que ir vestido para el infarto.

Light rodó los ojos y fue a sentarse otra vez al sillón.

—Yo estoy bien así.

Takada salió del baño tras escuchar la palabra "apuesta", y en menos de un segundo ya estaba junto a los otros, peinada, maquillada y con la cartera en un hombro.

—Te recuerdo que Light fue quien ganó la jugada de poker, así que me toca oficialmente a mí elegir a su hombre esta noche. —Sostuvo el celular de Mikami en lo alto, y aquel se lo extrajo de la mano con rapidez.

Mikami rio.

—Yo no dije que yo lo escogería... —continuó—. Pero ya que perdí, déjame aunque sea elegir su atuendo. —Se cruzó de brazos y esperó que su actitud infantil lo ayudara a lograr que Takada bajase un poco la guardia.

La vio meditar un segundo. Luego respondió:

—Está bien.

—¿Qué acaso no soy dueño de mi propia vida? —se quejó Light mientras suspiraba.

—Anda, Light, levántate —le pidió Mikami. Su amigo obedeció y esperó a que Mikami fuera a la habitación. Volvió al rato, con varios conjuntos en la mano—. Pruébate este —le dijo, y le entregó un jean blanco y un top bordó. Light sujetó el top, lo observó con cuidado y después miró a Mikami con una ceja enarcada—. No esperas que de verdad me ponga esto, ¿o sí?

Mikami rodó los ojos.

—¿Por qué no? Es escotado y deja ver tu abdomen. ¿Qué más sexy que eso? —Insistió.

—Es demasiado atrevido... —opinó Takada, que había ido a ocupar esta vez el lugar en el sofá—. Pero algo es seguro: si te lo pones, no habrá sujeto que no te eche un vistazo.

—Sí —dijo Mikami—. Conquistarás a todos los tipos gays de la fiesta.

Las mejillas de Light se sonrojaron. No creía poder tolerar tantas miradas encima, y ya de por sí le molestaba cuando los hombres se peleaban por su atención. Le había pasado más de una vez, tanto cuando salía a bailar a boliches gay como cuando estaba en la universidad. Pero, por otro lado, creía que sus amigos tenían razón en que era demasiado inhibido a veces. Había perdido la oportunidad de salir con hombres que realmente le gustaban por culpa de su timidez. Quizás fuera noche de revertir las cosas.

—¡Anda, pruébatelo! —insistió Mikami.

Light llevó la ropa al baño. Tardó diez minutos en cambiarse y, para cuando salió, tanto Takada como Mikami quedaron impresionados. Takada se puso los dedos en la boca para silbarle y Mikami empezó a aplaudir.

—¡Ese sí que es un outfit para salir, amigo! —le dijo, obviando el gesto de incomodidad de Light.

—Siento que no puedo respirar. El pantalón es ajustadísimo —gimió. Le apretaba tanto en la entrepierna que empezaba a lastimarlo—. Quiero quitármelo ya.

—¿Y si en vez de ese pantalón, te pones el negro? —preguntó Takada—. Combinará con el top.

—¡Hey! —objetó Mikami—. Se suponía que yo escogería su atuendo —alegó, cruzado de brazos—. Yo opino que lo que tiene puesto le queda fenomenal.

—Pero se siente incómodo —opinó Takada con obviedad—. Va a querer venirse al hotel enseguida si no se pone algo que, demás de gustarle, le quede al cuerpo.

Mikami no discutió eso; sabía que Light no era del tipo de persona que sacrificaría estilo por comodidad. Así que volvió al armario en busca del pantalón negro que había mencionado Takada, y se lo entregó a Light. Este volvió al baño para cambiarse y, cuando salió, fue directo al espejo.

—¡Hey! —exclamó Light sonriente—. ¡Este sí me gusta! —El pantalón era de gamuza, tenía algunos cortes a mitad de las piernas y, si bien era ajustado y le remarcaba la silueta, no le hacía daño.

No iba a negar que seguía sintiendo pudor, ya que el pantalón, aunque cómodo, era tan provocador como el anterior, y sumado el top a mitad del abdomen, lo hacía lucir muy diferente a como acostumbraba. Solo esperaba no llamar demasiado la atención ni que nadie se riera de él en la fiesta.

—Es perfecto —dijo Takada sonriendo. Se puso de pie y caminó hacia la puerta—. ¿Qué tal si vamos saliendo? Ya son las once treinta.

Los demás estuvieron de acuerdo. Sujetaron sus abrigos y cerraron con llave la puerta de la habitación. Tomaron el ascensor y, cuando llegaron al piso siguiente, Ídan se metió dentro del elevador con ellos.

Estaba vestido de manera muy llamativa, según Light. Llevaba una camisa verde flúor con estampas floreadas, muy fiel a su estilo, anteojos de neón y pantalones cortos.

Mikami miró de arriba abajo a Ídan. Su vestimenta era tan femenina como la de Light. Esperaba que eso fuera suficiente para que su amiga se diera cuenta de una vez por todas.

—¡Vaya, qué guapos están todos! —dijo Ídan al tiempo que entraba al ascensor con ellos—. ¡Light, te ves del infarto! —exclamó, observando al castaño con detalle.

Takada miró a Ídan con reproche e intentó ocultar el súbito malestar que se había apoderado de ella al escuchar que halagaba primero a Light. Esperó un tiempo a que le dijera algo, pero los minutos pasaban e Ídan no parecía ni estar fijándose en ella. Se había puesto a hablar con los otros dos acerca de lo entusiasmado que estaba por ir a la fiesta y bailar hasta el amanecer.

Mikami miró a su amiga de reojo y contuvo una carcajada al ver su rostro apático. Sin embargo, evitó hacer cualquier tipo de comentario en presencia de Ídan.


¡Hola, queridas lectoras! :D ¿Cómo están? Sé que adelanté un capítulo picante en Instagram ayer jajaja Pero será el capítulo que viene, tuve que cortarlo porque me quedó largo, y sigo con la idea de escribir de a partes para actualizar más rápido.

Las quiero.

Recuerden pasarse por el Instagram. /Camilamku/. Abrazos y buen fin de semana.