Sin defensas
Seth…
No.
Vamos, hermano…
Déjame, Leah.
No puedo hacerlo.
Perdido en el tiempo, nada tiene interés para ti. Perdido en la vida, intentas ser alguien de interés. Pero estar perdido en el sufrimiento… es algo que yo jamás se lo querría desear a nadie.
Insistí en irme a dormir en mi forma lobuna ya que, para empezar, así me ajustaba mejor al bosque y todos sus elementos. El muchacho se había ido hacia unas buenas trece horas para estar con la ridícula niña. Leah se ofreció de centinela en ese tiempo. Acababa de regresar, informándome que él se había quedado dormido en el sofá de los Cullen.
Bueno, creí que ya podríamos hablar, intentó mi hermana, pero le lancé un gruñido leve.
Sólo quiero dormir.
No debes guardarte las cosas que te hacen daño. Es horrendo, realmente horrendo cargar con esos pesos.
Me la pensaré, concluí. No tenía muchas ganas de conversar. Me acurruqué más en mi suelo elegido y me eché a dormir en seguida.
Pero no podía conciliar el sueño, aunque Leah lo había logrado perfectamente. Mientras lo intentaba, no dejaba de pensar en bastantes cosas, pero sobre todo en el dolor que se empeñaba en aplastarme y convertirme en una papilla irreconocible. Si el dolor era tan fuerte, ¿por qué todavía no estaba muerto? Si mis intenciones eran entregarme a la muerte, ¿por qué todavía me sentía lleno de vida? Una vida maldita, sí, pero vida de todas formas.
Empezaba a ser melodramático. Nunca había tenido intenciones de entregarme a la muerte, por más que mi vida ahora careciera de sentido alguno para poder continuarla. Pero la continuaría. El sentido debía estar por ahí, en alguna parte, y yo tenía que alcanzarlo con mi propio esfuerzo. Alcanzarlo y recuperarlo en mi vida.
Pero el dolor era un desgraciado. Me alejaba de él, o bien me lo estaba alejando todavía más conforme crecía mi determinación a encontrarlo. Y era entonces cuando reconocía la pérdida que había sufrido con respecto a Jake: la manera en que hablaba de la niña a la que yo no había visto todavía, la forma inhumana en que me había pedido que me buscara a alguien más para poder imprimarme…
No quería aceptar del todo la idea de que mi relación con él se había acabado, simplemente no podía ser desplazado por una bebé recién nacida. Eso era enfermizo hasta los niveles más profundos de la inmundicia.
No podía haber terminado así como así. De serlo, sería como una especie de maldición familiar. Ya me lo imaginaba bien. Los Clearwater: la maldición detrás de la soledad. Leah y yo, los únicos en la manda que han sido jodidamente despojados y dejados de lado por imprimaciones. A este paso tendríamos que añadir esa nueva regla a la manada: prohibido enamorarse de un compañero tuyo o de alguien potencialmente cercano a la estirpe de la licantropía. Nadie querría saber los resultados cuando una estúpida imprimación sucedía.
Demasiado lleno de ideas, me levanté y me puse a caminar hacia el río para beber, pues me sentía acalorado. Mientras daba lengüetazos con parsimonia, no dejaba de pensar en el aspecto que la niña esa debía de tener. Debía de ser realmente agradable a la vista, porque todas las improntas que hemos visto han sido espectaculares, salvo el caso de Claire Young, que sólo tiene tres cortos años y todavía no se podía formular una crítica sobre ella.
Bueno, eso es mejor que la perspectiva de una impronta en una recién nacida.
Una vez saciado, me di la media vuelta y me propuse volver a dormir, pero en eso pensé. Jake y Leah estaban dormidos. Por el momento no había guardias que hacer, por lo que no haría falta que estuviera en mi forma lobuna.
Podría ir a la casa a hacer una visita. Sé que a los Cullen no les importaría; ni duermen. Por el momento quería hablar con el responsable directo de todo esto, y ver qué pensaba al respecto.
Salí de fase y tardé menos de diez segundos en volver a ponerme el short. Le eché un vistazo rápido a mi hermana, quien seguía profundamente dormida. A la luz de la luna menguante, su pelaje resultaba algo hipnótico, casi hermoso. Sonreí mientras me encaminaba lo más silenciosa y rápidamente posible a la casa blanca.
Conforma avanzaba, empezaba a cavilar. ¿Qué sucedería en el momento en el que uno de los Cullen me abriera la puerta y me dejara ir directamente hacia Jacob, quien seguramente tendría a la niña? Con Bella en un estado realmente indeterminado —no estaba muerta, porque no había visto que sacaran el cadáver, no he percibido olor a descomposición ni nada por el estilo—y seguramente Edward haciendo maquinaciones de planes, ¿quién otro podría cuidar a la niña esa? ¿Rosalie? Lo tomé como una probabilidad.
Aún cuando hacía unas veinticuatro horas estaba convencido de que la mejor solución para todos sería asesinar a la niña, dejé esos pensamientos atrás conforme avanzaba. Aún cuando la ley me lo tenía expresamente prohibido, no albergaba muchas probabilidades de hacerle daño en verdad. Realmente no lo quería. Yo no sería capaz de dañar a Jake de esa forma, a pesar de todo lo que él me ha hecho…
Visualicé la casa blanca tras unos cuantos minutos. Sin cortinas, la pared de vidrio dejaba ver el interior de la casa: en el sillón blanco e inmaculado estaba Jake, dormido a sus anchas y con los brazos cruzados sobre el pecho.
Sin la niña.
En el piano estaba la rubia, Rosalie, con un pequeño bulto de mantas en el brazo derecho. Desde aquí no podía ver nada, pero no era ningún idiota.
Esa era la infante que me había robado a mi hombre.
Me acerqué con sigilo a la gran casa, determinando cómo sería la manera correcta de llegar con la rubia y pedirle que me dejara ver a la niña. Si al menos tenía plena consciencia de quién era mi competencia, al menos podría pensar en alguna especie de alternativa.
Subí los peldaños con cierta parsimonia y me acerqué a la puerta con la misma velocidad. Deseaba con todas mis fuerzas que todo esto no fuera real, pero no podía evitar que lo fuera. Ya todo existía.
Antes de que yo levantara la mano para tocar, Edward había aparecido y me abría la puerta. Su rostro seguía igual de sereno, como cada vez que me veía.
— Hola, Seth, buenas noches. —me saludó con demasiado cortesía.
— Hola, Edward.
— Oye, ¿no es un poco tarde para que nos visites?
— No podía dormir. Seguramente me estabas escuchando —asintió secamente, pero aún con ese aire sereno—. Entonces ya sabes a qué he venido. —volvió a asentir.
— ¿Rose? —dijo él, haciéndose a un lado para dejarme pasar. Miré directamente hacia el piano, de donde la rubia ya se levantaba. Colocó ambas manos en el bulo te cobijas y caminó hacia nosotros con cierta lentitud, aún para un vampiro.
— No le pasará nada, Rose —le dijo Edward—. He escuchado todos sus pensamientos desde la imprimación de Jacob. Todo estará bien. Estaba molesto, pero empieza a tomarlo con más naturalidad.
Y resignación, Edward, le recordé. ¿Qué podía hacer yo contra las leyes de la imprimación? Absolutamente nada. Era como detener la lluvia con los dedos de las manos. Y eso realmente me molestaba. No entendía cómo a Edward no le molestaba algo como eso; yo estaría terriblemente encolerizado.
— Sí, tal vez tengas razón. Y sí, todavía no me hago a la idea.
— Recuerdo que aventaste a Jake contra la pared.
— Cierto, y le hubiera hecho más de no ser porque Alice y Jasper estaban batallando con los lobos de la manada de Sam.
— ¡No! —grazné, pero alcancé a sofocar el tono de mi voz, para no despertar ni a Jake ni a la bebé debajo de las mantas. Edward intercambió una mirada sombría con su hermana.
— Seth, nosotros hemos pensado en qué sucederá contigo…
— No podría sucederme nada.
— Sabemos lo mucho que estás enamorado de Jacob. Sabemos lo mucho que ustedes compartían y todo, y podemos ver que eres un chico muy puro, el mejor que he conocido en mi vida. Eres el primero de los Quileute que nos aceptó por completo.
— Y eso no ha cambiado. —grazné. No quería empezar a sentirme culpable por haberles guardado rencor. Esos habían sido pensamientos impulsivos.
— Gracias, Seth. Eres un buen amigo mío y no quisiera que eso cambiara entre nosotros.
— Ni yo, Edward.
— Listo, Rose. Deja que la vea. Tiene derecho a hacerlo.
La rubia miró a su hermano una última vez antes de verme, mover las cobijas y dejarme ver a quien tenía en ellas. La bebé era grande, más grande de lo que pensaba, y ya tenía cabello largo, castaño y chino. Dormitaba como si estuviese en el colchón más cómodo del mundo, y su corazoncito latía con más velocidad que la de los humanos. ¿Qué era ella?
— Por el momento la dejamos en semivampira —comentó Edward—. Tiene la piel y fuerza de los vampiros, así como su necesidad de beber sangre, pero por lo demás sigue siendo humana…
—La bebé no pudo haber nacido así de desarrollada. —objeté.
— Claro que no, Seth. Está creciendo.
— Pero ha nacido hace unas veinticuatro horas.
— Lo sé. Crece muy rápido.
— ¡Pero parece de casi cuatro meses!
— Está creciendo demasiado rápido. No sabemos a qué se debe ni cuándo se detendrá este crecimiento. Al paso al que va podría vivir unos seis a ocho meses.
— ¿Sólo seis a ocho meses? —inquirí realmente alterado. Si era cierto que crecía medio año por día, y si tenía tanta suerte, duraría unos siete meses y medio. ¡Pobre de Jake! ¡Pobres de Edward y Bella!
Bueno, en cuanto respecta a Jake, estaría bien para mí. Una muerte natural no sería algo que él pudiera vengar, pero todavía estaba el dolor inhumano que sentiría cuando pasara esa eventualidad.
— No sólo Jacob —añadió el padre de la niña—, todos nosotros sufriríamos con esa pérdida tan desagradable. Es horrendo pensar que… ¡oh! —exclamó con voz queda y dirigió su mirada directo a la bebé. En eso yo también lo seguí.
La niña bostezó y abrió los ojos vidriosos, somnolientos, y los clavó en los míos. El mismo tono chocolate de los ojos de Bella estaba plasmado en los ojos de la niña. No, no sólo era eso. Era como si la misma Bella me mirara, con un mismo aire maduro, el mismo que a veces se había asomado en los momentos en los que había cruzado la mirada con su madre: en la fiesta de espagueti de Billy, aquélla primera vez que me dejaron escuchar las historias, en su boda y sobre todo en los últimos días.
Era increíble que la niña tuviera una mirada tan madura.
— Nessie piensa de manera muy avanzada para su edad. —me explicó el vampiro de cabello broncíneo.
— ¿Nessie? —inquirí, alzando la vista y arqueando la ceja derecha.
— En realidad se llama Renesmee, pero como Jacob insiste en que su nombre es un trabalenguas, la llama Nessie y se nos ha hecho costumbre.
— Me pregunto cómo es que Bella tomará esto… —murmuré, escuchando un corazón más violento en la planta de arriba.
— Casi termina —explicó él—. Unas doce a quince horas más, cuando mucho. Ya está palideciendo.
— Creí que moriría. —espeté.
— También yo, y Jacob también lo creyó por un instante, pero no. No sé de dónde ha sacado ese autocontrol. Quizá haya sido la morfina. El punto es que no se ha movido ni quejado en ningún instante.
— Es raro estar así —dije—. Ya sabes, aquél sin prestarme atención —hice un ademán con la cabeza hacia el sillón—, la niña aquí y Bella allá arriba, transformándose. Por cierto, ¿dónde conseguiste el permiso?
— El nieto de Ephraim Black me lo ha otorgado, y no lo ha considerado una violación al tratado.
— Estupendo. Y, para colmo, las manadas no pueden tocarla por ser el objeto de impronta de un lobo. ¿Quién en este mundo está más protegido que la niña?
— Al parecer nadie más. Nessie está muy bien resguardada.
— Estupendo. —murmuré. Bajé la mirada de nuevo y me concentré en sus ojos marrones, que reflejaban el mismo espíritu de Bella. Me pregunté si ello había contribuido a que Jake se hubiera imprimado en ella. Una versión de Bella que podría ser suya desde el principio.
Aunque todavía no la viera de ese modo, yo podía imaginar lo que pasaría en unas diez semanas, cuando ella alcanzara la madurez. Si es que seguía creciendo a ese modo, claro, y si es que ella se interesaba en él. Si no, pues no pasaría nada.
La niña bostezó más antes de volver a cerrar los ojos y acurrucarse contra el pecho de Rosalie.
Me quedé a dormir justo afuera del porche de los Cullen. Apenas había bajado los peldaños cuando me ganó el sueño. Apenas tuve tiempo de ocultarme un poco de la vista, quitarme el short, amarrarlo a la cuerda de cuero, entrar en fase y caer dormido enseguida. Ni siquiera había notado cuando había amanecido, mucho menos cuándo el sol había tocado su punto máximo en el cielo, pero lo que sí noté al despertar fue la furia de mi hermana.
¡Eres un descuidado, Seth Clearwater!, me espetó, despertándome al instante.
¡Ah! ¿Qué, qué?, pregunté alarmado por el repentino grito de ella en el interior de mi cabeza. Me paré en las cuatro patas, aferrándome al suelo. ¡Leah! ¡Casi me infartas!
No tanto como tú casi me infartaste en la mañana, cuando no te vi cerca del río. ¡Creí que te habías fugado o que te habías hecho daño!
¿Desde cuándo acá tan protectora?
Desde que entraste a la misma aura que yo y comprendiste lo que se sentía ser eclipsado por una impronta. Compartimos más en común gracias a eso.
No me lo recuerdes, espeté.
Qué bueno que despiertas. Jacob quiere que le ayudemos en algo.
¿En qué?
Mira, la cosa aquí es que Bella finalmente ha despertado…
¿Y cómo se ve?
No sé, no la visualicé, pero Jake entró en fase y nos ha llamado. Bueno, me ha llamado a mí, porque te vio ahí dormido. Yo estaba buscándote…
¿Y no pudiste venir aquí primero, para ver que yo estaba aquí?
Yo pensaba que te habías ido hacia el territorio de Sam. Ya sabes, escapar de tu enamorado.
No funcionaría. Ya renuncié a Sam una vez, y dudo que pueda volver a él. Además tú irás a donde sea que yo vaya para protegerme.
Me conoces bien, dictaminó.
Somos hermanos. Es imposible no conocer al otro.
¿Y cómo le harás con la escuela?
Bueno, mamá y yo ya habíamos ido a hacer los trámites. Seguro habrá puesto de excusa que me enfermé de mononucleosis o algo por el estilo.
Pero irás a estudiar, ¿no?
Definitivamente. ¿A qué me quedo por aquí, si los Cullen ya están a salvo de Sam?, le dije en un tono cortante, con lo que aprendió que no quería seguir en el tema.
Haces bien en estudiar, me felicitó Leah. En la preparatoria te vas a divertir mucho, ya verás. Quizá y consigues un nuevo amor…
Leah…
Está bien. Lo siento.
¿Y dónde está Jake en todo caso?
A la derecha de nosotros, en la otra cara de la casa. Por allá espera que aparezcan los recién casados.
Ni tan recientes, hermana. Eso fue hace un mes.
Sabes a qué me refiero.
¿Y a qué se fueron?
Según Jake, Edward le mencionó algo sobre la primera cacería, y que esta no podía demorar más.
Me lo imagino. Supongo que ha de renacer con una sed tremenda.
Algo así.
Ninguno de los dos dijo más mientras esperábamos a que la pareja, hiciese lo que hiciese, lo finalizara de una buena vez para acabar con esto y luego…
¿Y luego qué?
El tiempo pasaba tan lento que se burlaba de mí. Empecé a caminar en círculos, esperando a que hubiera alguna señal de la pareja, cosa que no obtuve sino hasta media hora más tarde. El aroma de Edward apareció, junto con otro aroma dulzón completamente nuevo para mí. Era un olor a luz solar, almendra, caramelo, avellana y algo de madera fresca de fresno. Era un aroma que iba muy bien con la personalidad de Bella.
Pero, a su vez, no podía determinar cómo lo tomaría ella.
— Ten cuidado, Jacob —le dijo la voz de Edward—. quizá esta no sea la mejor manera…
— ¿Crees que es mejor dejarla que se acerque primero al bebé? Es más seguro ver primero qué hace Bella conmigo. Yo me curo rápido.
— Supongo que es tu cuello lo que está en juego. —vaticinó el vampiro. ¿Qué intentaba hacer Jake? De pronto me invadieron unas enormes ganas de ir a asistirlo, aunque fuera en alguna especie de apoyo moral, pero Leah se interpuso en mi camino.
Aún no, me dijo.
Los minutos pasaban con verdadera lentitud, más lento de lo que yo hubiera querido, pero aún así no había pasado nada mayor. Los amigos intercambiaban comentarios sobre el otro, generalmente relacionados con los olores, fenómenos y algo de los ojos. Todo iba a la mar de bien hasta que Jake dijo algo sobre espectáculo, y pude escuchar cómo empezaba a caminar…
Leah fue más rápida que yo. Trotó hasta la otra cara de la casa, conmigo por detrás. Terminamos detrás de Jake, a varios metros tanto de él como de los vampiros. Fue entonces cuando la vi.
Debajo de una camiseta inmaculadamente blanca (de Edward, porque él iba con el torso desnudo) estaba una especie de harapo azul, desgarrado en varios lugares. Ni la camisa podía cubrir ese detalle. Ella iba descalza, pero él no. Nada había cambiado en la pareja, salvo que ahora Bella estaba, lógicamente, mucho más pálida y con unos ojos rojos destellantes, casi hipnóticos. A sí mismo, su boca y mandíbula estaban completamente manchadas de sangre.
— Tómenlo con calma, chicos —nos dijo Jake—. No se metan en esto.
Bella le pidió a su esposo que la sujetara, pues Jake lanzaba varios comentarios respecto a la lentitud de Bella para trabajar. Supuse que quería que ella le olfateara para ver cuál sería su reacción.
Resultó cómica la manera en que ella arrugó las aletas y le dedicó un comentario a Jake, quien se mofó y le respondió de igual manera.
— Bueno, pues ya pasó, ¿no? —repuso la nueva vampiresa—. ¿Y ahora me vas a contar el gran secreto?
— No es nada de lo que debas preocuparte por el momento…
A nuestras espaldas, Emmett se rió socarronamente.¡Qué idiota e indiscreto era con los temas más delicados!
— Renesmee. —dijo Bella. Jake intentó, unas veces más, retrasar el momento, pero Edward no se mostró flexible esta vez; su esposa tenía las urgencias por entrar a ver a su hija.
Si esto iba por el camino que me imaginaba, a Jake no le irá nada bien en el momento en el que ella se enterara.
Finalmente, la pareja de vampiros se metió a la casa. Leah y yo los seguimos con la mirada hasta que se perdieron en la sala, en donde se estaban realizando las ceremonias de bienvenida. Todos los Cullen, y Jake, estaban realmente angustiados por la indeterminada forma en que Bella podría reaccionar. Mi cola se agitó, mostrando mi nerviosismo.
Los minutos pasaban. Primero, todos se preocupaban por Bella. Después, Edward contó cómo estuvo la primera cacería (algo realmente impresionante, porque ella había sido capaz de frenar una cacería a humanos), Jake rehusándose a soltarle a Nessie a su madre, Nessie en los brazos de su madre, y luego Jacob pidiendo que no forzaran las cosas. Bella se tensó en su sitio.
— ¿Cuál es tu problema? —mi amigo se acerco a tal grado que pareciera que los dos quisieran aplastar a la bebé con la fuerza de sus pechos.
La situación empezaba a ponerse tensa, y con ella, también yo. Los pelos del lomo se me erizaban.
Cálmate, Seth, me advirtió mi hermana.
Pero no podía. Sentía venir el peligro…
Que llegó con la simple monosílaba de Bella. "No", había dicho ella. A continuación, Edward sujeto a su esposa con ambos brazos mientras Jake le quitaba a la niña de encima. La madre, encolerizada, le pidió a Rosalie que se llevara a la niña. La rubia ni siquiera dudó en obedecer para tenerla en brazos, y junto a Jake, ambos empezaron a retroceder. Bella le pidió algo a Edward quien, obediente, la soltó.
— ¿Cómo lo hiciste? —bramó la vampiresa. Jake retrocedió, con las manos en alto.
— Ya sabes que es algo que no puedo controlar. —le dijo este, con verdadero arrepentimiento. ¡Sí, claro! ¡Ya me dirás que te arrepientes que Nessie haya nacido!
— ¡Perro estúpido! —le espetó Bella; el pelaje se me erizó más, y no pude evitar gruñir—. ¿Cómo pudiste hacerlo? ¡Es mi bebé!
Sin siquiera haberme dado cuenta, me había acercado más hacia los peldaños de la escalera. Leah ni siquiera me dijo nada. Jake retrocedió hasta quedar cerca de la puerta por la que yo estaba preparándome a entrar. Retrocedí y le dejé bajar los peldaños, sin separarme más de cuatro metros de él. Bella le seguía el paso con un andar rápido. Me hice un poco para atrás, casi al nivel de mi hermana. Jake ya había bajado los peldaños.
— ¿Cómo te atreviste a improntar a mí bebé? ¿Perdiste la cabeza, o qué?
— ¡Fue involuntario! —insistió él, quedando a la misma altura tanto de los árboles como de nosotros. Mi hermana le gruñó a la nueva Bella, pero la vampiresa se lo devolvió con creces. Al instante me sentí realmente estúpido. Si ella atacaba, por ser nueva vampiresa, yo podría terminar justo como Jake hacía dos meses y medio.
O quizá peor, porque Bella no tendría ni dos horas como vampira.
— Bella, ¿podrías escucharme sólo un segundo? ¿Por favor? Leah, lárgate.
De acuerdo; Jake empezaba a sentirse realmente nervioso. Mi hermana ni se movió.
— ¿Por qué tengo que escucharte?
— Porque tú fuiste quien me dijo eso. ¿No te acuerdas? ¿Acaso no dijiste que nuestras vidas nos pertenecían el no a otro? Que éramos familia. Tú dijiste que así era como se suponía que tenía que ser así que… aquí estamos. Es lo que tú querías.
La perorata de Jake no cambió en absoluto el rostro de la vampiresa.
— ¿Y pretendes formar parte de mi familia, ser mi yerno?
Emmett rio. Maldito insensible y desconsiderado.
La situación adquiría una tensión a cada vez mayor. Bella insistió en que Jake estaba mal por ver a Nessie de esa manera, pero él le explicó que así no iban las cosas. Jake, como me había dicho ayer, le repitió a Bella que Nessie podía ser la razón por la que él y ella estaban predestinados.
— Huye mientras puedas. —bramó Bella.
— ¡Vamos, Bella! Yo también le gusto a Nessie. —dijo Jake.
El semblante de Bella, de por sí amenazador, se ensombreció con una capacidad alarmante. Detrás de ella, los Cullen también se habían quedado petrificados; algo que se les daba con facilidad.
— ¿Qué? ¿Cómo… la llamaste?
— Bueno, ese nombre que inventaron era un trabalenguas y…
— ¿Apodaste a mi hija con el nombre del monstruo del Lago Ness? —le espetó la vampiresa.
Y entonces todo sucedió en un segundo. Bella se abalanzó hacia Jake, lo que me encendió una llama en el interior del estómago. Cuando menos me di cuenta, yo también me había alanzado, pero hacia la vampira.
Nos encontramos a la mitad del aire, yo con las fauces abiertas y ella con los brazos en ristre. Tardé medio segundo en llegar a su torso para sujetarla y lanzarla lejos de Jacob, pero ella fue más rápida y me dio un puñetazo en el hocico, que me hizo fallar y caer al suelo. No obstante, aún con el dolor, me levanté para enfrentarla. Entonces ella, viendo mis intenciones, me abrazó en la zona equivalente a los hombros, y entonces el mundo me cayó encima justo en esa parte. Mis huesos protestaron hasta que hubo un chasquido.
Por segunda vez en menos de cuarenta y ocho horas, una agonía me consumía, sólo que esta vez era física.
Lo siguiente que sentí fue que volaba por los aires y mi lomo chocaba contra un árbol. Entonces jadeé de verdad. Incluso se me escapó un aullido de dolor.
La enloquecida Bella había sido frenada por Emmett, quien la llevaba de nuevo a la casa, mientras ella usaba sus más selectas palabrotas en contra de Jake, quien rápidamente intentaba llegar hasta mí pero sin dejar de ver a la vampira.
Un aullido de pésame sonaba cerca de mí. Se trataba, obviamente, de Leah.
Seth… ¡Oh, Seth…!
Al menos... Jake no sufrió daño alguno…
Y la oscuridad me envolvió en cuanto sentí que ella desaparecía y yo me encogía.
Para cuando volví en mí, noté que estaba en el piso de la sala de los Cullen. Mi respiración era irregular, pero me entraba de manera diferente. Mi nariz era más respingada, y no sentía pelo por ninguna parte.
Sólo la curiosa tela del sillón contra mi espalda desnuda.
Abrí los ojos y me miré. Ya estaba usando el short. Intenté, moverme, pero una pálida mano me retuvo contra el sillón.
— Casi termino. —me dijo la voz de Carlisle.
— Lo siento mucho, Seth —me dijo la voz de Edward—. Debí haber estado más cerca.
Por un momento no entendí qué había pasado, pero luego recordé esos últimos momentos en que estaba allá afuera, con el dolor latente. Me había desmayado, de eso había duda; de alguna forma había salido de fase antes de caer en la inconsciencia.
Mientras Carlisle me atendía, una afligida Bella seguía intentando disculparse conmigo, pero yo le restaba importancia al asunto. Le recalqué que podría estar mejor en media hora, le intenté aclarar que cualquiera pensaría lo mismo de algo tan raro sobre Jake y Nessie, e incluso le agradecí por no haberme mordido. Le comenté que era una gracia que Nessie no fuese ponzoñosa. Anoche, tras haberla conocido mejor, Edward me lo había explicado. Al parecer era su actividad favorita: morder a su lobo improntado.
Cuando hubo terminado, Carlisle me pidió que no me moviera en unas cuantas horas.
— No veo ningún problema en quedarme sentado aquí un ratito. —le dije, acurrucándome en el sillón. A pesar de todo, había terminado demasiado cansado. Menos mal que la peor parte había pasado, al menos para Bella. Pero para mí todavía había un largo camino por vivir, lejos de mi Jake, quien ni siquiera me había dado las gracias por haber intervenido en el camino de su amiga. Estaba tan embobado con Nessie, lo que me punzó directo en la mente. Sí, estaba celoso de la niña.
Me recosté y cerré los ojos. Desconecté el cerebro enseguida, pues no quería quedarme un rato más en el mundo consciente. Ya había visto mucho por hoy.
