Sin alternativa

Nessie dormía en los brazos de Rosalie, en el extremo opuesto del sillón (Seth ocupaba casi la mitad del mismo, roncando descaradamente con la boca abierta). La observaba como si no hubiera alguna otra cosa tan hermosa en el mundo, y no la había. Todo lo que antes había sido concebido como hermoso podía irse despegando de ese título, porque ella lo acaparaba todo.

— Esperamos que algún día sepas aprender a cerrar la bocota, perro. —me dijo la rubia, con más humor que con saña. No le hice el menor caso y seguí observando a Nessie, quien dormía tan tranquilamente como un tronco.

En el instante, la voz de Emmett me llegó desde detrás de ella. Ellos estaban en una conversación antes de que me dijera esas palabras, en la cual no estaba poniendo nada de atención.

—… pero sabes que realmente extrañaré este lugar, Rose.

— Lo sé. Como todos—repuso la voz de Carlisle, desde la cocina—, pero no podemos arriesgarnos a que alguien vea a Bella o a Renesmee. Es la mejor opción.

¿De qué rayos estaban hablando? Sin dejar de ver a Nessie, paré la oreja en busca de más información.

— En cuanto a Charlie… —prosiguió el doctor—, tendremos que prepararlo para lo peor. En cuanto Bella y Edward y les comuniquemos el asunto vuelvan por fin contestaremos a alguna de las llamadas.

— ¿Y qué pasará con Bella? Digo, no es como que podamos hacer que ella finja estar en Darthmouth. ¿O sí? Lo mejor sería movernos para New Hampshire y que de perdida aplique un semestre…

— Es una gran consideración, Emmett.

— Lo sé. ¿Cuándo nos vamos? Realmente no quisiera partir.

— Ésta misma tarde.

El corazón se me aceleró. Lo había de decir en broma, no podrían irse. No por Charlie…

Sentí como si todos los sentidos se me echaran a perder y se me congelaran. No podían irse. ¿Qué sería de Nessie? ¿Me dejarían irme con ellos? Lo dudo. La desaparición de los Cullen quedaría perfecta, considerando la excusa de Bella, pero no había nada que justificara mi propia desaparición. Y seguro que los dos tortolitos no me dejarían quedarme a Nessie aquí en La Push.

No, claro que no.

Decidido, me levanté del suelo (estaba sentado ahí) y me dirigí directo hacia la puerta principal. Sentí las miradas tanto de Rosalie como de alguien más (Emmett o Carlisle) conforme me acercaba a la puerta, y al momento de traspasarla escuché a alguien trastabillar detrás de mí.

— ¡Eh! —me dijo la voz somnífera de Seth. Bajé los peldaños y me pregunté la manera más rápida de llegar a mi destino. Edward no me prestaría el Aston Martin de nuevo; eso era para haberme hecho escapar de la realidad hacía tres días. Bien podría entrar en fase e irme, pero eso podría arruinar la sorpresa.

Pero no me quedaba de otra.

Ya estaba entrando al bosque y me estaba quitando la camisa azul a manga larga cuando el chico me alcanzó.

— ¿A dónde vas? —me preguntó, conteniendo un bostezo.

No le contesté. En lugar de seguir desvistiéndome, me limité a seguir mi camino en forma humana. Le explicaría las cosas al chico, pero no aquí, y no en forma lobuna para que Leah no interviniera.

Y hablando de ella, tras varios metros, la vi aparecer por mi derecha.

— Quédate aquí en el bosque —le dije a la loba—, es una orden.

Ella ladeó la cabeza, intentando encontrar el motivo por el cual le estaba pidiendo esto. Entonces miró detrás de mí, directo a su hermano.

— Iré con él. No salgas de fase.—le dijo a su hermana. No tenía intenciones de prohibirle al chico su derecho a venir. Si él me ayudaba en esto, mucho mejor.

Empezamos a trotar apenas llegamos al río. Durante un gran tramo no nos dirigimos palabra alguna, pero no fue sino hasta que entramos en los límites de Forks—en donde estaba lloviendo, por cierto— cuando el chico se detuvo en seco. Parecía cansado.

— Eh —le dije, parándome yo también y dándome la media vuelta para ir a atenderlo—, no es normal que te canses tan rápido.

— Me acostumbré a correr en forma lupina. —me dijo el chico, quien se sobaba un poco la clavícula.

— ¿Cómo estás? —le pregunté, señalándole el hueso que Bella le había roto ayer.

— Bien, gracias, pero ahora yo no vengo al caso. Es sobre ti, Jake.

Oh, grandioso. El chico empezaba a mostrarse algo alicaído. Si empezaba a llorar ahora…

Lentamente, hice ademán de acercarme a él para ponerle una mano en algún hombro o algo así, con intenciones de consolarlo, pero a la mitad de mi ademán él me miró con ojos determinados, nada llorosos.

— Sé por qué estás haciendo esto. —vaticinó.

— Me alegro. —le dije, y bajé la mano.

— Pero no lo entiendes, Jake. Esas son sus reglas. Escuché a Emmett entre sueños.

— Entonces ya sabes que iré a ver a Charlie.

— ¡No lo hagas! ¡Los vas a evidenciar, y no te dejaré que lo hagas, Jacob!

Lo mire perplejo.

— ¿Lo dices en serio?

— Lo digo muy en serio. El que te duela el hecho de que te alejen de tu persona favorita no es nada agradable, pero hay de situaciones a situaciones. No evidenciarás a los Cullen. Sólo forzarás más su partida.

— Me gustaría ver cómo lo detienes. No puedes hacerlo, Seth. Como Alfa te ordeno que no intervengas. Me ayudarás a revelarle a Charlie la verdad… o una parte de ella.

— No lo haré.

— Entonces regresa con Leah. —le dije, dándole la espalda para seguir con mi camino. No escuché que el chico diera ningún paso, pero sí escuché que su respiración se tornaba más rápida.

— ¡No he olvidado lo que me dijiste en la fiesta de espagueti de Billy! —me gritó. Su voz resonó entre los árboles. Me frené en seco, perplejo.

— ¿Qué dices?

— Lo que dijiste aquélla vez, antes de todo este desastre—prosiguió. No me giré para verlo—. Dijiste que todo en esta vida tenía un significado, que todo era por una razón. He ahí pues, la cuestión. Si los Cullen deben irse es porque así debe ser. En serio, ¿cuánto tiempo llevan aquí? La gente no tardará en decir rumores sobre ellos.

— Que los digan —le murmuro—, pero que no me quiten a Nessie.

— De verdad que eres un imbécil —me espetó. Cerré los ojos ante el dolor oculto tras esas palabras frías—. Y yo que te tenía por un hombre. Charlie no dejará de llamar hasta ver a Bella. Y no la puede ver en esa condición.

— Pero Charlie… ¡tiene que verla para que así no puedan irse! Y si no logro que se queden, ¡pues bien! ¡Me largaré con ellos, le guste a quien le guste!—le espeté, y empecé a correr, pero él volvió a gritar:

— ¡Tienes un compromiso con nosotros, Jacob! ¿Nos abandonarás a Leah y a mí? No puedes hacerlo. ¡Eres nuestro Alfa, maldita sea!

— Seth… —ahora sí que me giré hacia él, porque esto estaba tomando un rumbo peligrosamente sensible. Me volví a encontrar con sus ojos, perfectamente concentrados y despejados. Sin lágrima alguna.

— No, Jake. Esto tiene que parar en alguna parte. Por favor…

— No sabes lo que se siente estar imprimado, chico. No lo entiendes.

— Pues he estado enamorado de ti desde hace años. ¿No sería lo mismo?

— Claro que no. Estuve enamorado de Bella, y por un tiempo estuve enamorado de ti, pero ambos sentimientos no logran hacerle competencia a la tranquilidad y felicidad que me llenan al estar con…

— ¡Cállate! —me gritó el chico, llevándose ambas manos a las orejas. Cerró los ojos y apretó con fuerza los labios mientras todo su cuerpo temblaba—. No quiero… no quiero que vuelvas… ¡no digas eso de nuevo!

— Seth, yo…

—Maldito cobarde, poco hombre y desvergonzado… Si tuvieras la mitad de culpa que Sam tiene al ver a Leah…

— ¡La tengo! —espeté con todas mis fuerzas—. ¡No soy un maldito hombre de piedra, Seth! ¡Sé lo que ha pasado y no tienes idea de lo mucho que me fastidia el hecho de haberte hecho daño!

— Sí, se nota lo mucho que sufres por mí. —respondió lacónicamente. ¿Por qué era tan terco?

— En el interior lo hago. Me dolió mucho el verte lastimado, pero tenía que pensar en Nessie…

— Ah, claro. La semivampira no puede soportar dos minutos sin su lobito, ¿no?

— ¿Qué te pasa? ¡Ayer estabas a la mar de bien!

— Si no lo recuerdas, idiota, la mitad del día me la pasé dormido en el sillón de los Cullen.

Me pasmé. ¿Desde cuándo me hablaba tan mal?

— Eh…

— No, nada de "eh". Lo dejaré en claro sólo una vez, Jacob. No puedes hacer nada.

— ¿Ah, no? Ya veremos.

Y le di la espalda, dejándolo plantado.

Corrí como nunca lo había hecho en mi forma humana. Aún tenía tiempo de hacer alguna especie de diferencia. La pregunta clave era si Charlie ya estaba despierto a estas horas del día. Ni siquiera había amanecido por completo, pero el cielo ya empezaba a mostrarse gris, en comparación con el azul oscuro que predominaba hacía un rato.

Llegar a la casa de los Swan no me tomó ni mucho tiempo ni mucho esfuerzo. Llegué por el lado trasero de la casa, el que colindaba al bosque. Todo en la casa estaba completamente apagado, pero me llegó el lento y acompasado ritmo de la respiración del jefe de policía, apenas eclipsado por el siseo constante de la lluvia. Menos mal.

Ojalá y Bella vea esto con mucha naturalidad y emoción, porque esto también la beneficiaría. No era como que yo fuera a exponerle toda la verdad detrás de su misterioso distanciamiento. Después de todo, ella querría verlo una vez más, ¿no? Si le explicaba, en parte, lo que pasaba, podrían quedarse.

En eso recordé lo que Seth me dijo, y sentí cierta pizca de culpabilidad. ¿Qué información usaría con Charlie para terminar de convencerlo? No podía revelarle la existencia de los vampiros, eso era algo obvio. A mí no me correspondía eso. Pero tenía que haber una forma. Sólo una…

La respuesta me llegó como caída del cielo.

A fin de cuentas, no me fue nada mal.

Camino de regreso a casa de Los Cullen, me felicitaba constantemente a mí mismo. No resultó tan difícil convencer a Charlie de lo que había detrás de todo esto, y mucho menos tan difícil el hacerle venir. Dijo que se tomaría sus minutos para prepararse, pero vendría. Yo lo sabía.

No pude evitar reír en el transcurso al recordar la cara que me había puesto en cuanto me empecé a desnudar. Me miró con cara de desconcierto y a la vez de temor. ¿Qué creía Charlie, que yo estaba interesado en enrolarme con él? Ni en sueños.

Pero más divertido aún fue el rostro que puso cuando me vio entrar en fase. Nunca había visto que un humano se tomara estas cosas con naturalidad. ¡Ni siquiera abrió los ojos de manera exagerada!Aún así, me mostré dócil en cuanto el fuego de la metamorfosis se apaciguó, me hinqué frente a Charlie y le incliné mi cabezota para mostrar mi inocencia. Él había balbuceado cosa y media sin importancia, pero terminó convenciéndose de lo que veía y terminó pidiendo saber el menor número de detalles posible, siempre y cuando se le permitiera ver a su hija el día de hoy. Salí de fase, me volví a vestir y le conté un poco sobre Nessie: la sobrina recién adoptada del esposo chupasangre.

— ¿Cómo? —se extrañó—. ¿Una hija? ¿Soy una especie de abuelo?

— Bien por ti, abuelito. —le contesté con una sonrisa que él, rápidamente, me devolvió con sinceridad.

Me volvió a recordar que no quería saber nada más de lo necesario. Lo único que quería era ver que su pequeña hija estuviera sana y salva. Le dije que me siguiera a la casa de los Cullen para comprobarlo él mismo.

Para cuando me acerqué al territorio de la casa blanca, escuché un ligero siseo de desaprobación. ¿Rose no estaba contenta con que regresara tan pronto?

Los hermanos Clearwater aparecieron de las profundidades del bosque, ambos mirándome con recelo. A pesar de sus malas caras, no pude evitar sonreírles e invitarlos a que vinieran conmigo a la casa vampírica.

Al entrar, saludo con un entusiasmo verdaderamente elevado, incluso para tratarse de mí mismo. No obstante, los vampiros se muestran verdaderamente tensos.

No, no están tensos. Están molestos. Y mucho.

Les expliqué lo que había hecho con Charlie, pero eso no les cayó para nada bien. Soporté varios comentarios negativos y más majaderías mientras trataba de explicarme, pero Edward me hizo ver que Bella tendría que pasar un terrible dolor. ¿No que ella era capaz de controlarse y que tenía un don sobrenatural para permanecer serena y esas cosas?

Así, pues, no fue muy bien visto en la casa conforme los vampiros iban preparando a la chica para su reencuentro familiar. Se nos pidió quedarnos lo más lejos posible del punto de reunión, pero Sólo Seth se quedó al lado mío, mientras que su hermana salió rápidamente por la puerta trasera. Nessie tenía que quedarse con Bella para mantenerla controlada, aunque eso no me pareciera muy buena idea. Me tuve que callar a petición de los demás, que me miraban como si ya hubiera hecho el daño suficiente.

Charlie llegó muy pronto, y la tarde que pasó aquí fue de las más interesantes que jamás había visto. La manera en que miraba inquisitoriamente a los recién casados y a la niña al mismo tiempo, haciendo cálculos, me hizo reír en algunas ocasiones. En otras, él cruzó una fugaz mirada conmigo. Llegó un punto en el que tuve que acercarme a él y susurrarle que no se preocupara de nada.

La tarde se fue desarrollando con toda naturalidad —no muchas preguntas por parte de Charlie, Bella yéndose al baño a cambiarse los pupilentes quemados, Emmett con sus chistes malintencionados cargados de doble sentido (ésta vez, todo un repertorio exclusivo para la aburrida y no-sexual noche pasada de Bella, que Charlie no entendió para nada) y un partido de fútbol hasta que llegó la hora acostumbrada de la cena. Seth le recordó amablemente a Charlie la cena que su mamá estaba preparando, y que no la dejara plantada. El chico se propuso a irse con Charlie, quien se entretuvo un poco más con la niña.

Cuando finalmente nos libramos de ellos, Bella y Emmett empezaron a planear una apuesta: los dos iban a jugar vencidas. ¡Vencidas! ¿Quién lo hubiera imaginado? Bella, la loca neonata, contra Emmett, el fortachón de los ojos dorados. Esto era algo que tenía que ver, sin duda alguna.

Todos salimos al patio trasero, en donde Emmett consiguió una enorme roca irregular para la ocasión. El trato era simple: si Bella ganaba, se acabaron los chistes de doble sentido sobre la vida sexual de ella. Si Emmett ganaba, la cosa se pondría peor. No pude evitar sonreír ante la tentativa de la apuesta.

Los dos vampiros empezaron la competencia. Aún cuando él estaba empeñando todas sus fuerzas, el brazo de Bella no cedió en nada. A pesar de todo su esfuerzo, el tipo no pudo con Bella, quien lo machacó olímpicamente. No pude evitar sofocar una risa, y Edward tampoco.

Emmett no estaba contento.

— ¡Quiero la revancha! ¡Mañana!

— No va a desaparecer tan rápidamente—dijo la neófita—; quizá sería mejor que te diera un mes.

— Mañana. —concluyó el fortachón. Bella empezó a celebrar su victoria al hacer pedazos lo que quedó de la roca, disfrutando como la torpe e imprudente chica que había recurrido a mí en momento de necesidad. Estaba disfrutando de lo lindo cuando escuché algo parecido a campanillas, que venía de los brazos de Rosalie. Me giré rápidamente y la vi. Ella estaba riendo al ver a su madre. A todos nos sorprendieron ambos hechos: el que Nessie se hubiera reído y el que Bella, madre casada, se comportara de esa manera. Nessie señaló la roca, la madre vino hacia ella, le dejó que intentara hacerla polvo y, para su desgracia, la niña vio que no pudo. Entonces Bella tomó ese pedazo y lo trituró como si nada.

Y entonces el sol, hasta ahora oculto por las débiles nubes que habían descargado su peso en Forks, brilló sobre nosotros, sobre todo en Bella, quien empezó a brillar como el cristal andante que era. Al menos ante mis ojos era como una especie de polígono de cristal.

— Bella, la chica fenómeno. —murmuré. Y ella se dejó hipnotizar por sus propios encantos ante la luz solar.

El tiempo, si de por sí había sido un elemento clave en la vida de todos nosotros, ahora cobraba un sentido más peligroso.

Aunque claro, mi más grande orgullo fue cuando, una semana después de la visita de Charlie, Nessie finalmente habló. Había pedido por su abuelo. No era lo primero que esperaba que dijera, pero tal fue mi felicidad que le aplaudí con devoción. Era maravilloso ver que Nessie empezara a crecer, pero eso lograba asustar a Bella quien, generalmente, estaba más allá de la euforia casi todo el tiempo.

Y hablando del abuelito, él apenas se paraba por acá sin Sue. Al principio no veía a qué se debía esto, pero un día, cuando se iban, los vi tomarse de las manos antes de que él le ayudara a subirse a la patrulla. ¡No lo podía creer! ¡El que alguna vez podía haber sido mi suegro, saliendo con la que había sido mi suegra en un tiempo pasado! La sorpresa de esas realidades pasadas me sorprendió tanto por un momento que se me olvidó que Bella me estaba llamando, porque Nessie pedía por mí.

Todo estaba yendo de la manera más normal. Los Clearwater, bajo petición mía, regresaron a La Push a seguir con sus obligaciones normales. Seth entró a la preparatoria de la reservación, con lo que todos nos llenamos de orgullo. Apenas venía a visitarnos gracias a las tareas—eso decía, pero yo sabía que todavía estaba resentido por mi imprimación, por más optimista que se mostrara—. Leah, por otro lado, hacía lo que podía en su casa. No tenía intenciones de ir a la universidad, por lo que no había presentado solicitud ni en los años pasados y, obviamente, no en este. Su cumpleaños número veinte estaba a la vuelta de la esquina, y ella quería celebrarlo en soledad. Vaya chica.

Yo me había decidido por tomarme un año sabático para poder disfrutar al máximo de la compañía de Nessie. Era alarmante la velocidad con la que iba creciendo: ya caminaba, ya corría, ya leía e incluso escribía. Al parecer ella sí que era mortal, y algún día moriría. Esa perspectiva me ponía algo alicaído, sobre todo cuando ella dormía. No dejaba que notara mi tristeza, porque sabía que eso la pondría triste. Y su felicidad era mi máximo misión en la vida. Si yo me mostraba feliz, ella también lo era. A su vez, yo era verdaderamente feliz. Ni siquiera me quejaba cuando me hacía leer libros aburridísimos, la mayoría ejemplares propios de la Bella humana. Ignoraba por completo por qué Jane Austen había sido una célebre escritora, si sus trabajos me aburrían demasiado. Pero bueno, la literata era Bella, no yo.

El tiempo jugaba con nosotros, y eso era alarmante. ¿Cuánto tiempo podía tener al lado de Nessie? ¿Qué haría yo cuando ella muriera? Sabía que le lloraría la muerte y seguro dejaría de lado mis genes licántropos para dejarme envejecer y morir. O más rápido, le pediría a un Cullen que me arrancara la cabeza. Sabía que Rose me lo concedería sin siquiera pensarlo.

¿Y qué podía pensar? No tenía alguna otra alternativa si Nessie moría. No podría vivir si ella no estuviera aquí. A no ser que…

Por vez primera en los últimos días, me acordé de Seth y de lo que teníamos, y lo que se extendía hacia el futuro de ambos, entrelazado, unido por fuegos, consolidado por pasiones, arruinado por imprimaciones.

Pero ya no contaba con esa vida, esa alternativa. Nessie era la única vía a seguir.