Sin presión

Estaba seguro de que me podría quedar dormido a la mínima oportunidad. No estaba comprendiendo mucho de los conceptos acerca de la Química Orgánica, y ni siquiera estaba seguro de que esto nos fuera a servir en el futuro. No había ningún laboratorio en La Push donde quisiéramos crear medicamentos o algo por el estilo.

El señor Watson seguía hablando de los aminoácidos cuando yo cabeceé un poco. Di un respingo al sentir que mis párpados ya no podían más, y de inmediato me puse a escribir lo que escuchara. La pluma iba aquí y allá por los renglones, con una caligrafía realmente horrorosa. ¿Pero qué se le podía hacer, si el profesor apenas daba margen de tiempo para escribir? No era como que en este verano tan calmado —nótese mi sarcasmo en la expresión— me hubiera inspirado a mejorar mi letra.

El clima estaba del asco por estos rumbos. A pesar de que ya estábamos en octubre, en épocas de lluvia, el día de hoy estaba siendo arrasado por un calor extremo que me impedía concentrarme en lo que decía el profesor. Miré hacia mis apuntes. ¿La cadena de qué?

— Señor Clearwater. —me llamó el profesor. Alcé la vista rápidamente. El cabello me cubrió un poco los ojos; me lo había dejado crecer desde que volví a la escuela.

— ¿Sí, señor Watson?

— ¿Me puede repetir las propiedades básicas de la Valina, por favor?

Detestaba cuando los profesores hacían esa clase de preguntas, en especial porque medio grupo te volteaba a ver como si fueras una especie de animal de circo. Bajé la vista hacia mis apuntes, esperando encontrar algún garabato que me salvara la vida.

— ¿No lo sabe? —repitió el profesor. Me resigné a levantar la cabeza y negar—. De tarea me traerá la lista de los aminoácidos esenciales, haciendo énfasis en sus funciones y en qué alimentos los podemos encontrar, ¿entendido?

— Sí, señor Watson. —dije con la máxima serenidad posible. No era nada prudente perder los estribos con ese señor.

Fue una bendición cuando las clases pasaron y finalmente dejaron paso a la hora del almuerzo. La especialidad de hoy iba a ser espagueti con albóndigas y ensalada romana. Nada fuera de lo común, pero al menos me servía para calmar el hambre en lo que llegaba a casa.

Estaba parado en la fila, esperando mi turno, cuando los dos chicos se me acercaron a saludarme.

— ¡Hola, Seth! —me dijo Collin Littlesea mientras me intentaba estrechar la mano mientras sujetaba la bandeja de plástico con la otra. Le devolví el apretón de manos. Aún me estaba empezando a acostumbrar a su presencia; aquí podíamos ser tan amigos como quisiéramos. No había limitaciones por las manadas.

Su amigo, Brady Fuller, también me estrechó la mano en cuanto me liberé de Collin.

— ¿Cómo les va? —pregunté educadamente.

— Del asco —contestó Collin—. No estamos entendiendo nada de nada en la clase. A veces me pregunto si no sería más fácil arrancarle la cabeza al profesor de Historia.

— No, realmente no lo sería. —murmuré. La idea era tentadora para contra el señor Watson, pero debíamos comportarnos mientras no estuviéramos en nuestras zonas específicas.

— Eres un poco amargado —me dijo Brady, dándome un puñetazo amistoso en el brazo derecho—. Deberías tener ese ánimo que tenías en el verano. Era divertido reunirnos cuando tú eras el alma de la manada.

— Amo recibir la confirmación de que disfrutan de mi máxima labor sagrada: ser el bufón de las fiestas. —murmuré con sorna. Los muchachos se rieron.

Cuando tuvimos nuestras comidas, nos dirigimos hacia la misma mesa que los tres ocupábamos siempre. Embry y Quil, de último año, a veces nos acompañaban, pero había ocasiones en las que no los veíamos hasta por una semana.

— Eh, ¿y cómo te ha ido a ti, Seth? —me preguntó Brady, con la boca llena de espagueti—. Ya sabes, con lo de Jake.

— Igual que siempre, chicos —respondí con la voz más baja que pude. Aparte de los miembros de la manada, nuestras familias y los Cullen, se ignoraba por completo mi homosexualidad—. Sigue fascinado con Renesmee. Ya está recibiendo clases de nivel de primaria.

— ¡No te la creo! —espetó Collin.

— Pues no lo creas. Yo sólo digo lo que Edward me pasa.

— Eso de la imprimación debe ser raro —prosiguió—. No imagino cómo ha de ser eso. Suerte que nosotros y Embry estamos libres de eso.

— Humm, no lo sé —intervino Brady mientras yo me llevaba media porción de espagueti a la boca—. Por la manera en que hablas de Leah, yo creería que te has imprimado de ella…

La sorpresa hizo que escupiera la comida entre toses.

— ¿Qué tú has hablado de mi hermana? —le pregunté con el esófago lastimado y los ojos llorosos, pero no se debía a la noticia. Casi me ahogaba con la comida. El chico me miró asustado.

— Eh… Seth… no te pongas así… yo sólo…

— Cuéntame. —me dirigí hacia Brady, quien sonrió.

— Al parecer Collin está interesado en Leah.

— ¡Eso no es cierto! —negó el interpelado, quien empezaba a ruborizarse. Yo me quedé mirándolo, perplejo.

— Me tienes que estar de broma. —murmuré en dirección al chico, quien bajó la mirada y la concentró en su charola de comida.

— Es que ella es muy hermosa… —murmuró apenado.

— Y supongo que los vistazos a su anatomía durante… las entradas no tendrán nada que ver. Le dijo Brady, con una maléfica sonrisa dibujada en su rostro. Era como ver a un niño recibir sus juguetes más ansiados o una enorme bolsa de caramelos. Collin se ruborizó aún más, y entonces sí que me dirigió la vista.

— Te juro que no es por eso, Seth. ¡Te lo prometo!

— Leah… —murmuré.

— Lo sé, lo sé. Tengo que conseguirme tu aprobación…

— Es mayor que tú.

— Sólo unos años, pero estaré bien.

— Cerca de siete años no están nada bien.

— Dile eso a Quil y Jacob. —se burló Collin, intentando justificarse.

— Ellos están —bajé más la voz y me incliné hacia los chicos—, ellos están imprimados, Collin. No es un enamoramiento. Lo que tú piensas hacia mi hermana no es muy común.

— ¡Oh, vamos! Es el sueño de todo joven: salir con una mujer madura. En especial si ésta es sexy y agresiva. Son las de mi tipo.

— Dudo mucho que siquiera sepas la manera correcta de limpiarte cuando vas al baño. —le dijo Brady, riéndose. Me uní a su carcajada.

Collin hizo ademán de querer agarrarle la cabeza a Brady, pero éste lo esquivó y se levantó de la mesa. El otro chico hizo igual e iniciaron una persecución frenética por la cafetería, con todos los alumnos mirándolos, y Collin despotricando en contra de su amigo, quien a su vez cantaba algo sobre Collin y Leah. Los vi desaparecer de mi vista al pasar cerca de unos alumnos de último grado, todos con las chaquetas clásicas de cuero, exclusivas para los deportistas. No pude evitar sonreír antes de volver a concentrarme en mi plato. Esto de los chicos podía ser divertido si no existiera el riesgo de que se evidenciaran a sí mismos por falta de control.

Estaba ingiriendo un poco de ensalada cuando sentí que alguien recorría la silla que estaba a mi derecha, la que ocupaba Collin.

— Menudo desastre están hechos esos chicos, ¿no? —me preguntó una voz grave, aunque con los indicios de ser un adolescente. Alcé la vista y me encontré con un muchacho pálido, de ojos verdes y cabello rubio platinado. Ya tenía sombra de la barba, y me sonreía con cierta confianza. ¿Quién era? No lo había visto en ninguna de mis clases.

— Su… supongo. —le dije, intentando tragarme la ensalada.

— Perdona, es que me ha parecido interesante que esos chiquillos salieran de esta mesa.

— No eres de aquí. —le dije, haciendo una clara observación hacia su tez blanquecina. En la reservación iban muchos de los Quileute y vinculados a estos; era sumamente raro ver a alguien que no fuese oliváceo. O foráneo, vaya.

— No, ¡qué va! Ya quisiera yo ser de por aquí. Soy Christopher Windflower —me dijo, tendiéndome la mano—. Me puedes llamar Chris.

— Seth Clearwater —le dije, regresándole el ademán. En el momento en el que nuestras manos se tocaron, sentí un cosquilleo. ¿Sentiría él la diferencia de temperatura entre ambos?

— Caray —dijo este, soltándose al fin de mi mano—. Debes de estar combatiendo una infección muy potente.

— ¿Disculpa?

— Cuando uno tiene calentura es porque el cuerpo está respondiendo ante gérmenes foráneos. Es un mecanismo de defensa. La temperatura corporal asciende unos grados, los suficientes para matar a los gérmenes, bacterias o virus que hayan podido ingresar. Mucha gente piensa que esos agentes son los que causan la calentura, pero están equivocados.

— Oh. —genial. Un sabelotodo. Le sonreí tímidamente antes de volver a mi comida.

— ¿Conoces mucho este lugar? —me preguntó como si nada.

— Nací aquí —contesté antes de llevarme un poco más de espagueti a la boca—. ¿Y tú de dónde vienes?

— De Londres —confesó—. Vengo de intercambio por un tiempo.

— No sabía que nuestra preparatoria tuviera programa de intercambio.

— No para que ustedes se vayan, por supuesto, pero sí reciben estudiantes. Me enteré de ello de una buena manera. Mi padre ha sido muy amable en permitirme venir aquí.

— ¿Por qué te interesó La Push, específicamente? —inquirí, alzando la mirada hacia él. Sus ojos se concentraron en los míos.

— Simplemente quería un lugar diferente. Ya me había enfadado de Londres.

— Siempre he pensado que Londres es una ciudad interesante.

— Realmente no. —murmuró. Su tono no era muy amable.

— ¿Toda tu familia vino contigo? —pregunté para sacarlo de ese ensimismamiento.

— No. Sólo yo. Mis padres no podían acompañarme, y mi hermana es aún más pequeña que yo, de manera que no podría haber venido. Aunque a mi madre le hubiera encantado venir. Me quedaré con mi tía, Valerie Weber, mi tío y mi prima, Ángela. Viven en Forks.

— Oh. Allá hay una prepa. ¿Por qué no te matriculaste allá?

— No me dio muy buena pinta. Ya sabes, vengo de la Ciudad de Lluvia. Forks no me iba a dar mucha variedad, salvo que hay mucho más verde que gris. En cambio aquí… parece poco menos probable que nos sorprenda una lluvia cada tres horas.

— Pero igual llueve. —le dije.

— Cierto, lo sé. Pero me gustó.

Hubo un silencio absoluto entre nosotros dos. Yo no podía dejar de ver sus ojos verdes.

— Entonces —prosiguió él—, ¿seguirás comiendo o tendrás más preguntas para mí?

Resultaba extraña la forma en que él rápidamente había llegado a sacarme plática.

— Eh, no…

— Bueno. ¿Sabes, Seth? No me molestaría un tour guiado por la prepa. ¿Me la enseñas?

— Ah, claro —le dije—. Deja me termino mi comida.

— Adelante.

Consumí con toda la parsimonia posible, pero tratando que no se viera demasiado obvia. Cuando acabé, fui a dejar la charla, en todo momento siendo seguido por el muchacho inglés. Salimos de la cafetería y decidí llevarlo a los edificios de clases.

— Y aquí es el laboratorio de Biología —le expliqué, señalando la puerta blanca doble—. Yo no tengo acceso a él sino hasta el año entrante.

— Interesante. Oye, Seth, espera. —él se detuvo en seco, todavía frente al laboratorio. Me detuve de igual forma y lo miré.

— ¿Qué pasa, Chris? —le pregunté.

— Mira, normalmente no me preocuparía este tipo de cosas, pero como ya puedes ver, soy el chico nuevo que ha llegado en el semestre ya iniciado y…

— Lo entiendo. Te da miedo recibir una novatada. No te preocupes, eso pensaba hace… dos meses. —mentí. Yo había llegado hacía apenas unas dos semanas, pero el curso sí había empezado hacía dos meses, en la segunda mitad de agosto.

— Pero al menos tú conoces a quienes vienen aquí, como los chicos esos.

— Collin y Brady —le dije—. Mis amigos más cercanos.

— Ellos, exactamente. Me han parecido simpáticos. —contestó, intentando esbozar una sonrisa para aliviar la tensión que empezaba a manifestarse. Pero al instante la suprimió de pronto. Eso me sorprendió.

— ¿Te sientes bien? —le pregunté.

— Sí, sí, claro. Bueno, no. Iré a comer algo.

— Te acompaño. —le ofrecí, pero él le restó importancia a mi sugerencia con un ademán de la mano.

— Por ahora sólo puedes ayudarme en apartar el día de mañana a esos chicos de la mesa. Digo, sé que son tus amigos pero…

— ¿Pero?

El inglés suspiró y bajó la vista por unos segundos. Luego la alzó y me oteó con esos ojos verdes.

— Porque eres muy lindo. —me dijo, y antes de que yo me esperara cualquier cosa, redujo la distancia entre nosotros dos, me tomó ambas mejillas y me plasmó un beso en los labios.

Fue como si el mundo mismo hubiera desaparecido con este contacto de labios. Eran dulces, como miel y cereza al mismo tiempo. A su vez, había una presencia masculina bastante atractiva, que me engatusaba los sentidos y me pedía unir mi piel con la suya.

Pero antes de que pudiera reaccionar, él se separó de mí. Mis labios se movieron en busca de más.

— Vaya —él se río—. Mi intuición no me falló. Eres gay.

— ¿Ah, sí? —y entonces se me ocurrió la pregunta más estúpida—: ¿También tú?

— Difícil respuesta. ¿Un heterosexual llegaría a besar así a un potencial gay?

— Por supuesto que no.

— Entonces es más evidente que soy gay. —me sonrió carismáticamente.

— Espera. ¿Cómo lo intuiste? —le pregunté aterrado.

— Tengo mis métodos. ¿Nos veremos mañana, Seth?

— Yo… —no sabía qué decirle. Le acababa de conocer, y ya me había besado. ¿Era así la forma normal de conseguir novio en Inglaterra? ¿O él tenía unas ideas muy diferentes a las mías en cuanto a noviazgo?

— Piénsalo bien, muchacho —me susurró con voz seductora—. Podríamos pasarla muy bien si me ayudas con esos dos chicos.

Y me plantó un beso más antes de soltarme y regresar sobre nuestros pasos, dejándome petrificado por la conmoción.

Los días pasaban sin ninguna prisa, y a cada vez me preocupaba mucho la idea de que Chris fuera adquiriendo más importancia, incluso más que Collin y Brady.

Ellos dejaron de insistir al tercer día que les tuvimos que pedir privacidad. No me gustaban mucho las miradas de reproche que me echaban, pero me lograba tranquilizar cuando Chris aparecía, siempre con una resplandeciente sonrisa en el rostro.

Tenía que admitir que estar con este chico tenía sus ventajas, pero a la vez no dejaba de sentirme extraño, simple y sencillamente porque él no era Jacob. Pero algo había en Chris que me hacía sentir bien. No existían los míticos fuegos que tanto describía Jake, pero había algo cálido, eso sí. Y, para ser franco, esto era mejor que tener que resignarme a ver cómo aquél idiota se quedaba con Renesmee.

Me pregunté si Leah pasaba por lo mismo, y por qué no había intentado salir con alguien más. De inmediato pensé en Collin y sus declaraciones alfo fura de lugar para su edad. Él definitivamente no iba a ser candidato para mi hermana.

Naturalmente, no existía luz sin oscuridad. Cuando estaba con Chris, me sentía bien. Nos fugábamos a las partes traseras de los salones, a los bosques de las afueras de La Push o incluso al cine, y esos momentos, sin duda alguna, eran fantásticos. Pero la oscuridad llegaba en el momento en el que pisaba La Push y regresaba a mi casa. Allí, todo recuerdo sobre los momentos en los que Jake pasó en esa casa me venían a la mente, y me hacían tanto daño que no tenía más opción que encerrarme en mi cuarto o en la regadera y llorar. Hacía mucho que no lloraba por Jake. O mejor dicho, por algo en general.

Y hablando de Jake, apenas y venía de este lado de la frontera. Era como si le costara verdadero trabajo el permanecer lejos de la niña esa.

Tan maravillosa ha de ser la mocosa. Bueno, sí era bonita, pero el hecho de que me hubiera quitado a mi Jake me hacía detestarla en tantos niveles impensables.

Octubre dejó paso a noviembre con una bienvenida fúnebre. Las lluvias normalmente reflejaban mi estado de ánimo. Por suerte, Chris estaba ahí en esos momentos en los que realmente necesitaba de alguien que no fuera Leah. Necesitaba de un hombre, y Chris podía proporcionarme eso.

Sin duda alguna, era consciente de que lo que fuera que estaba floreciendo entre él y yo, no era algo mágico. Ya me había quedado en claro desde las primeras veces, pero no quise reconocerlo. Ahora estaba plenamente convencido de que lo único que nos unía a Chris y a mí eran las reacciones químicas entre nosotros.

Y ya. Nada de romance. No del mismo modo tan deslumbrante que podía sentir con Jacob Black.

Pero este era el momento actual. Y estaba con Christopher Windflower.Por enésima vez.

Y quién sabe, puede que esta nueva manera de tener novio me pudiera gustar con el paso del tiempo, pensé la enésima vez que él y yo nos besábamos detrás de los edificios, mientras nuestras respiraciones se agitaban y nuestras manos ansiaban tocar la piel del otro. Era una atracción desproporcionada; me sorprendía que todavía no hubiéramos caído en algo más fuerte que esto.

Pero no importaba. Yo no tenía prisa o presión alguna en cuanto al tiempo o sentimientos. El aprendizaje no se aplica por la fuerza, se aplica al ritmo de la persona que quiere aprender. Sólo así sabe que está viviendo su vida, porque si alguien más llega a imponerle sabiduría, la persona no aprende, y por ende, no sabe vivir. Es lo que me pasaba con Chris. Pasara lo que pasara, llegaría en su momento, y de ese momento yo aprendería algo, y eso me ayudaría a vivir para seguir aprendiendo, a cumplir mis máximos propósitos en la vida: vivir y aprender.

Tal vez y Jake fuera un error. Tal vez no debía enamorarme de él.

Eso no lo sabía. Y posiblemente nunca lo podría saber, porque sabía que él siempre tendría un lugar especial en mi corazón, durante toda la eternidad.