Sin tiempo

Era más que evidente que el chico me estaba evitando.

No podía poner de excusa la cantidad de taras que le podían dejar en la preparatoria; yo nunca tuve tanto trabajo. Entonces, ¿a qué se debía todo esto? Ya ni siquiera estaba participando en las rondas de vigilancia rutinaria. Y lo peor del caso era que ni siquiera Leah podía ayudarme.

No sé qué se trae ese chico, me dijo una tarde de octubre, mientras paseábamos alrededor de First Beach. Apenas y sale del cuarto cuando está en casa. Y se la pasa mucho tiempo en la escuela. No sé, pienso que se está tomando los estudios en serio para poder mitigar algo del dolor que le quedó desde que tú… ya sabes.

No ocupas decirlo, le dije. No era muy justo que Seth me hiciera eso, cuando yo no tenía la culpa de que me hubiera imprimado de Nessie.

Hablando de ella, era grandioso ver cuánto crecía. Incluso ella nos acompañaba a Bella y a mí cuando íbamos de cacería. A Nessie no le hacía mucha gracia tener que consumir sangre animal, pero debía imponerse a ello.

Ya estábamos a principios de diciembre cuando nos había tocado salir una vez más. Esta vez, antes de ir a cazar, a Nessie se le ocurrió querer pescar los primeros copos del día, así que le permitimos hacerlo mientras Bella y yo platicábamos acerca de lo que haríamos con Nessie y su alarmante desarrollo acelerado. Había llegado a la conclusión de viajar a Brasil para investigar ciertas leyendas. Se llevarían a Nessie, y evidentemente yo me incluía en el paquete.

Aunque a ella no le gustaba mucho la idea.

—Jacob —me dijo ella—, tú tienes obligaciones aquí: Seth, Leah…

Resoplé.

— No soy la niñera de la manada. De todas formas, ellos también tienen responsabilidades en La Push. —repuse de mala gana. Si Seth no me dirigía la palabra, y si Leah estaba tan falta de información como yo, ¿a qué me quedaba en un lugar donde mi tercero no me hacía caso, ni siquiera me dirigía la palabra? Además yo no querría separarme de Nessie ni un segundo. A pesar de todo, el día de hoy los jóvenes Clearwater estaban cerca de la casa Cullen, pero el chico seguía sin dirigirme la palabra, o siquiera un pensamiento. Para ser franco, él evitaba tener muchos pensamientos de tipo humano.

— ¿Y tú no? —continuó mi amiga vampira, devolviéndome a la realidad—. ¿Acaso vas a dejar la escuela para oficialmente? Si quieres mantenerte al nivel de Renesmee, vas a tener que estudiar realmente a fondo.

La miré perplejo. Esta vez me hablaba como la verdadera madre de Nessie, no sólo como mi amiga. ¿Ya empezaba a sentir los vestigios de la suegra posesiva? Ni que estuviera preparado para llegar a esa etapa.

— Sólo me estoy tomando un año sabático. Regresaré a la escuela cuando las cosas vayan… mejor.

En eso los dos nos volteamos a ver a Nessie, quien "saltaba" para agarrar un copo de nieve a varios metros por encima de nosotros. No pude evitar sentirme maravillado con ello. Aterrizó, vino hacia nosotros nos mostró el copito.

— Qué bonita —le dije—, pero creo que estás perdiendo el tiempo, Nessie.

Entonces ella vino hacia mí y yo le extendí los brazos, como siempre. Me tocó con sus manos y me mostro a ella misma diciendo "Eso es lo que tú crees, pero me estoy divirtiendo de lo lindo. La cacería puede esperar, Jacob".

Le sonreí.

— ¿Segurísima que no tienes sed, Nessie? ¡Lo que pasa es que te da miedo que otra vez yo sea el que atrape el más grande!

Esto fue el incentivo que ella necesitaba. Se bajó de mis brazos y salió disparada hacia los árboles. La seguí con entusiasmo mientras me deshacía de la ropa. Entré en fase al entrar en el límite de los árboles. Corrí divertido al lado de ella, yendo un poco más lento para poderle dar la ventaja. Nessie reía con dulzura.

No tardamos mucho en localizar a la manda de alces. Seis en total, tres machos y tres hembras. Mucho mejor. Nos abalanzamos hacia ellos, y con nuestras respectivas fuerzas y velocidades no le permitimos el escape a ninguno de ellos. Nessie fue a por el macho más grande y le rompió limpiamente el cuello; ¡qué orgullo sentía por eso! Ella dio su gritillo de victoria sobre el animal muerto, por lo que yo aullé, fingiendo el dolor de la derrota, pero por dentro estaba derrochando felicidad.

Pero por debajo de esa felicidad asomaba el miedo que tanto Bella como Edward también experimentaban. Solo nos quedaban unos quince años con ella. Y si eres inmortal o no envejeces por tus habilidades de licántropo, quince años se pasan demasiado rápido. Ya había decido lo que haría en ese momento: dejaría de lado mi transformación para poder envejecer y morir.

Nos dimos un buen festín a pesar de mis pensamientos fúnebres. Mientras acababa con el primer alce, me llegó el aroma de Bella.

— El mío es más grande. —le dijo Nessie a su madre. Me volteé a verla. Mis orejas se aplastaron en cuanto vi el rostro de mi amiga, consumado en la incógnita. No, en el miedo. Miré al bosque y gruñí.

Nessie fue rápidamente a los brazos de Bella, quien sacó el celular y marcó. Esto no iba bien, nada bien.

¡Seth! ¡Leah! ¡Los necesito, rápido!, les ordené, o mejor dicho les supliqué. Sabía que estaban en su forma lobuna, por lo que me apoyarían.

Al instante, Edward y Carlisle aparecieron. Los Clearwater aparecieron poco después. Bella les dijo algo acerca de alguien que estaba en el acantilado. Los dos hombres se dirigieron hacia allá. Yo, nervioso, empujé a Bella con el hocico hacia la casa, con los chicos siguiéndonos. Fuese lo que fuese, teníamos que alejarnos de eso. ¡Ni de loco iba a dejar que Nessie peligrara! Ella era muy especial para mí.

Mientras volvíamos a la casa, sentí la ira de Seth dentro de mi cabeza.

Hasta que me diriges la palabra, le comenté, pero hubo silencio. Seth, deja de seguir con esto.

Me volvió a ignorar.

Los días pasaban y la tensión en el ambiente no cambiaba mucho, a tal grado que me salí a hacer rondas, tanto en forma humana como en forma lobuna, para alejarme de las preocupaciones. Era la primera vez que me alejaba voluntariamente de Nessie, y se sentía raro. Ahora mismo me encontraba en mi forma humana, paseando a varios metros de la casa Cullen, cuando escuché unos pasos. Me giré y me encontré nada más y nada menos que con el joven Clearwater, también en su forma humana.

— Bueno, pues hola. —le dije lo más cordial que pude. El chico me miró de arriba abajo, cruzándose los brazos sobre el pecho.

— He tenido el día libre —empezó él—, y supuse que estarías aquí. Tengo que hablar contigo.

— Adelante. —le dije. Él titubeó un poco, pero luego adoptó nuevamente esa expresión tan seria.

— Quiero saber cuándo se van.

— ¿A dónde?

— No me trates de imbécil. A Brasil.

— Eh, calmado con ese lenguaje, Seth. ¿Es lo que estás aprendiendo en la escuela?

— No, lo aprendí de ti.

— ¿Nada más viniste a hablarme de mala manera? —inquirí mientras me daba la vuelta, pero en eso se acerco a mí, me extendió una mano y me sujetó el antebrazo derecho, obligándome a girarme hacia él. Y entonces lo vi detalladamente. Había crecido un palmo desde la última vez que me dejó frecuentarlo en su forma humana, por aquellos días del nacimiento de Nessie y la transformación de Bella. Además del estirón, sus músculos estaban más desarrollados y se había dejado crecer el cabello. Estaba sin camiseta, igual que yo.

Sus ojos se concentraron en los míos, y pude sentir cómo me taladraba con ellos.

— Realmente no quisiera hacer esto. —me dijo, lo que me confundió.

— ¿Hacer qué? —pregunté. En eso él se aferró más a mi brazo, se acercó poco a poco… y lo vi venir.

No obstante, al plasmar sus labios en los míos, no me opuse. Ya había sucedido antes, pero en ese pasado había algo mágico que se encendía cuando lo besaba. Ahora no había ningún fuego mágico.

Nada de nada.

Bien podría estar besándome la mano yo mismo.

Él, de alguna forma sintió, y se retiró.

— Lo siento —me disculpé rápidamente. Me miró directamente a los ojos una vez más, y en ellos no encontré rasgo alguno de dolor. Sólo… decepción.

— Eso pensé. Se ha terminado. Temía mucho este momento —dijo—, y lo pospuse lo más que pude. Pero como están por irse a Brasil…

— Claro, querías intentarlo, chico.

— Y no sentiste nada. —dijo. No era una pregunta.

— Lo siento. —fue todo lo que pude decir. No sabía qué más agregar a esto.

— Ya no lo sientas. Sólo venía a comprobar esto.—me dijo, a lo que sólo asentí.

Nos precedió un silencio bastante incómodo, que sólo era roto con el ruido de los animales y el río a medio congelar.

— No me gusta esto —dijo al fin, desviando su mirada hacia otro lado—. Ya sabes, que nos hayamos distanciado.

— ¡Ah, pero fuiste tú el que se empezó a distanciar de mí! —le espeté. ¿A qué quería jugar el chico? Eso no era justo—. ¡Te he ido a buscar a tu casa, te he llamado, te he pedido que te unas a la jornada, pero no me obedeces! ¡Qué manera tan descarada de faltar a las normas de la manada! ¡Desobedeciendo deliberadamente al Alfa!

— Creí que no te gustaban las autoridades.

— Los tiempos cambian, Seth.

— Las personas también.

— ¿Eso significa que ya no estás enamorado de mí?

— No estaba hablando de mí —contestó de mal humor—, estaba hablando acerca de ti. Sabes lo mucho que le falta a Renesmee para que sea adulta.

— Más o menos tenemos una idea —confesé—, pero eso no viene ni al caso. N tengo esas intenciones con ella mientras no me lo pida expresamente.

— ¿Y mientras no puedes vivir tu vida aparte de ella? Yo lo haría.

— Es evidente que no sabes nada acerca de la imprimación.

— Pues no, no me he imprimado, y lo que he visto a través de los demás no es suficiente.

— Exacto. —le dije. Él me devolvió la mirada.

— Cómo quisiera regresar en el tiempo, Jake —me dijo con dolor—. Aún no soporto la idea de haberte perdido.

— ¿Y por eso te alejas de mí? —inquirí.

— Tú hiciste lo mismo con Bella el pasado abril, así que viene siendo algo hipócrita de tu parte que me vengas a decir eso.

— ¿Qué es lo que estás buscando, Seth?

— ¿La verdad? A ti. Quiero pensar que existe alguna forma de volver a lo que éramos. Todo en mi vida está… bueno… —titubeó—, está de una manera extraña. Hay un hueco que nadie más puede llenar.

Lo miré con cierto recelo. El chico no estaba usando un tono convincente. Se estaba mostrando muy arisco, y algo frío, insípido. No era un experto con la psicología humana, pero podía ver lo mucho que deseaba expresarme esas palabras, pero estos meses de distanciamiento lo habían estropeado de alguna manera.

De pronto me entraron unos viejos instintos, abrazar al chico. El impulso fue tan fuerte que incluso di unos pasos hacia él, con los brazos abiertos, pero me contuve al instante. Posiblemente él lo interpretaría de otra manera. Él no pasó desapercibido mi ademán, y mucho menos mi arrepentimiento.

— Venga. Un pequeño momento gay no te quitará a Nessie de la vida—me dijo, y se acercó más hacia mí, él ahora alzando los brazos. Sus manos tocaron mis mejillas, en las cuales sentí el calor que el chico emanaba. Me miraba con esos ojitos suplicantes; posiblemente lloraría de un momento a otro. Se acercó a mí y lentamente posó sus labios en los míos una vez más. Nuevamente, no había nada en mí que reaccionara, y él lo sintió—. No. Déjate llevar, Jake. Por favor —me suplicó entre dientes, y apretó sus labios con más fuerza. Yo me quedé ahí parado, inerte, con los brazos colgando estúpidamente a ambos costados, mientras él ya había pasado a manosearme la espalda y los brazos intercaladamente.

Mientras el chico me besaba, no podía dejar de pensar en sólo una cosa: el daño que le causaría una vez que terminara esto. Él no era idiota; sabía que yo no podía sentir más cosas por él, no con Nessie en mi vida. Y él no sería tan estúpido como para intentar matarla. Con ese resultado, al menos dos de los involucrados terminarían muertos, uno de ellos Nessie. Me estremecí, lo que le proporcionó al chico unas expectativas diferentes.

— Lo sabía —me dijo—. Hay algo de residuos de amor ahí adentro —acercó sus labios a mi oreja derecha—. Vuelve a mí, Jacob Black. Te amo mucho, mi gran imbécil y desvergonzado. Vuelve, Jake. Quiero que estemos juntos de nuevo.

— No sé cómo hacerlo. —susurré mientras mis ojos se cerraban por deleite ante su voz, tan llena de hombría. ¿Deleite? ¿Yo, sintiendo deleite, aún imprimado de Nessie, la razón por la que ahora podía respirar en el mundo? Me volví a estremecer, pero no por la perspectiva de la posible aniquilación de Nessie.

— Así… —me susurró el joven Clearwater, ahora desviando sus labios a mi mejilla. Cerré completamente los ojos y me vi envuelto en una vieja capa de éxtasis. ¿Cómo estaba pasando esto? No lo sabía—. Tómame —me dijo, abrazándose a mí, rodeándome la nuca con ambos brazos y arrimándose más a mí, quedando completamente pegado. Nuestros latidos se encontraron y empezaron a aumentar la velocidad, más su corazón que el mío. Su palabra me desconcertó. "Tómame". ¿Primero se aleja de mí por dos meses y luego viene a decirme que lo tome?

Los brazos de Seth parecían tentáculos en mi cuerpo; estaban mucho más vivos que la última vez. No parecían tener la necesidad de descansar hasta haberme tocado por completo, lo que me preocupó. ¿Dónde había aprendido a ser tan vivaracho en el tema del sexo? Porque conmigo todavía intentaba anteponer el amor al placer.

— Seth… —murmuré en medio de un ataque de sensaciones, y en eso sentí que una de sus manos bajaba, y bajaba, a la vez que se dirigía hacia enfrente…

No pude evitar reprimir un respingo cuando su mano me tocó ahí. El gemido se me escapó involuntariamente, porque el calor fue instantáneo. Me fulminó y me cegó completamente, mientras el chico seguía acariciándome. Seth me seguía estrujando con pasión.

— Así —me dijo—. Ahora tómame.

No pude contestarle nada. Estaba paralizado por muchas sensaciones, la mayoría relacionadas con el placer físico que estaba sintiendo con Seth. Pero había otras sensaciones más peligrosas y negativas. No, definitivamente no había nada más peligroso que el hecho de que le estuviera permitiendo enrolarse conmigo.

Tan absorto estaba en mis pensamientos que no noté el momento en el que el pantalón me molestó. Apretaba, y sólo podía ser por una cosa.

Abrí los ojos y miré el rostro complacido del joven Clearwater.

— Lo sabía, Jake —me dijo sonriente—. No te he perdido del todo. —y me volvió a besar, sin soltarme nada del cuerpo. Yo apenas podía permanecer quieto por sus acciones. Quería detenerlo, pero a la vez no quería. O peor, quería largarme con él y hacerlo mío una vez más.

Se acercó más a mí, y en eso sentí otra molestia, pero no era la mía. Era la suya, curiosamente, contra la mía. Me sonrió de manera provocativa mientras se pegaba más a mí, forzando a los dos titanes a chocar entre sí, ardientes como el fuego mismo.

Y eso era muy raro en Seth, el chico sensible, llorón—de buena manera, no lo pensaba por burla— y romántico. Ahora tenía a un Seth candente, envuelto en las siete capas del pecado, convirtiéndose en una auténtica máquina sexual que arrasaba con todo pensamiento cargado de inocencia.

No obstante, y a pesar de sus coqueteos y maniobras, él fue el que se retiró primero. Aún sonriente, bajó la mirada hacia mi short, y acentuó su sonrisa.

— Oh, definitivamente tengo esperanzas contigo. —me dijo con un tono muy maduro para él. Demasiado maduro. No parecía tener catorce años.

¿Qué cuernos estaba pasando en la preparatoria de la reservación?

Mi rostro se ensombreció, y él lo notó, aunque su sonrisa no flaqueó.

— Oh, vamos, Jake. Nessie no se molestará por esto. Vámonos. Fuguémonos.

— No lo sé… —contesté ofuscado. Podía sentir que mi rostro estaba ardiendo, en especial mis pómulos. Seth se acerco más a mí, con lo que la molestia se acentuó. No pude evitar gemir de nuevo, lo que le gustó al chico.

— Vámonos. —me dijo, plasmando sus labios una vez más en mí. Labios, frente y cuello fueron rozados por sus suaves y húmedos labios, por no decir algo de lengua en el cuello. Volví a cerrar los ojos, víctima de mis impulsos físicos.

Finalmente me resigné y asentí a su petición. El chico me sonrió aun más mientras me tomaba de la mano y me halaba en dirección a las profundidades del bosque, en dirección a nuestros hogares allá en La Push.

Hacía mucho tiempo que no sentía algo tan maravilloso como el clímax que ambos compartimos en el interior de esta cueva tan perfecta y discreta, lejos de las miradas curiosas, aunque no dudo que, si un turista pasaba cerca de aquí, se hubiera conmocionado con nuestros gemidos.

Estábamos boca arriba, usando nuestros shorts como almohadas improvisadas. Él reposaba en mi pecho, sonriente y respirando entrecortadamente, como yo.

— Todos estos dos meses de espera valieron la pena. —me dijo con un tono desproporcionado para su edad. Por poco y me lo imaginé sacando un cerillo de la nada y empezando a fumarlo, como muchas parejas adultas hacían en las películas. Yo no contesté, sino que me limité a dejarme flotar en este limbo de éxtasis. Miré el techo de la cueva, y de pronto se me hizo tan hermoso.

Nunca me hubiera puesto a pensar que podía recurrir a estos detalles mientras estuviera imprimado, pero había que reconocer el enorme mérito de Seth por haberlo logrado de alguna manera.

Eso sí, me aterraba la técnica. Para saber en dónde la había aprendido, porque el Seth al que lastimé no hubiera pensado en hacer esto. Me hubiera suplicado a llantos como la última vez, durante la transformación de Bella.

Éste era un nuevo Seth, algo más que obvio.

— Delicioso —murmuró—. Realmente delicioso. Te amo, Jake.

— ¿De verdad te gustó?

— Como no tienes idea. Estuviste brillante.

— Eres insaciable, Seth. Quizá debería reconsiderar las opiniones de Emmett.

— No, realmente no. No podrías satisfacer la demanda. —se río.

— Apenas tengo dieciséis años, chico. Claro que puedo hacerlo.

— Ahh… —se relajó, estirando los músculos y bostezando—, te extrañaré mucho cuando te vayas. Cómo me gustaría ir contigo…

— La escolaridad, Seth.

— ¡Eh, tú te vas a tomar un año sabático!

— Es diferente. Tengo que estar ahí.

— ¿Y qué pasará con nosotros? Leah y yo, Quil y Embry.

— Podrán estar sin mí. Leah es la Beta, y tú mi tercero. En este tiempo ella puede ser al alfa temporal y tú el Beta temporal, al menos hasta mi regreso. Ustedes se disputarán por si Quil o Embry toman el puesto del tercero.

— Te echaré de menos, Jake.

— Y yo a todos ustedes también.

— ¿Especialmente a mí? —preguntó, acomodándose para verme a los ojos. Le sonreí.

— Especialmente a ti.

— Eso es lo que quería oír. —me dijo.

Y se inició una nueva ronda.

Habíamos usado el resto de la tarde para ir a con Sam para exponerle mis términos temporales, ya sabes, preparando la coartada. Billy era un detalle demasiado fuerte, pero entre mi manada y yo pudimos tranquilizarlo y explicarle que esta vez sí tenía pensado volver.

Los chicos se quedaron en La Push, mientras yo estaba decidido a ir a ver a Nessie. Lógicamente, tomé una ducha y me cambié de ropa para la ocasión; no iba a ir impregnado con las feromonas tanto de Seth como mías.

Ya estaba oscuro y con llovizna para cuando llegué a la zona. Estaba acercándome a las escaleras cuando Alice y Jasper salieron disparados hacia la nada. Los seguí con la vista hasta que los perdí. Desconcertado, entré en la casa. Alice había dicho algo acerca de encontrar, y pregunté por ello. Nadie me respondió.

Intenté hacerle plática, pero en sus ojos había un brillo opaco. Miré hacia abajo y entonces lo vi: un despedazado jarrón de rosas, con los fragmentos, el agua y las flores desperdigadas como si se le hubiera resbalado a alguien. No era posible que un vampiro fuera torpe. De inmediato me invadió el pánico.

— ¿Qué? ¿Qué ha ocurrido?

Nadie me dijo nada. Miré a Bella, quien tenía a Nessie en sus brazos. El rostro de la madre estaba tan distorsionado por un aura oscura, que lo primero que hice que arrodillarme ante ella. Entonces empecé a temblar. No, no podía ser. Intenté ver a Nessie. En estos casos, ella debería estar despierta. ¿O no? ¿Por qué no estaba despierta?

— ¿Ella está bien? —le toqué la frente a Nessie y me incliné para escucharle el corazón. Latía como siempre. ¿¡Entonces qué cuernos estaba pasando!?—. ¡No juegues conmigo, Bella, por favor!

¿Tan complicado era decirme la maldita verdad? ¿Qué tenía Nessie?

— A Renesmee no le pasa nada, Jacob. —dijo con una voz muy apagada.

— Entonces, ¿a quién? —exigí saber. No me gustaba nada de lo que estaba viendo. Todos apagados, deprimidos, si era posible, con miedo

— A todos nosotros, Jacob —dijo desde muy lejos, o así sonaba su voz—. Todo ha terminado. Todos hemos sido sentenciados a muerte.

Entonces pensé que era una broma. ¡Tenía que ser una broma!

Miré al rostro del esposo, quien estaba tan mortalmente apagado como Bella. Se limitó a darme una seca cabezada. Esto no me gustaba para nada. Sabía que no podían llorar, pero pude sentir que todos ellos estaban haciéndolo, al menos en manera psicológica. Y digo todos, incluso Carlisle.

Vaya lío.

Por suerte, había varios ases bajo la manga.

El plan determinado de Alice consistía en reunir tantos aliados como fuese posible. Debía reconocer que la idea no me gustaba pero para nada, en especial cuando empezaron a llegar más y más chupasangres.

Pero no todo era mala espina. A pesar de que me revolvía tanto que pedí expresamente un índice de vampiros, todo iba muy bien.

Trataba de no estar mucho tiempo en la casa de los Cullen por tanta sanguijuela asesina, de esos de los que sí bebían sangre humana. Eso me presentaba un enorme dilema. Por suerte Seth, que ya había acabado el semestre y salido de vacaciones, venía a hacerme compañía. Últimamente iba adquiriendo un mejor humor y una madurez impresionante. A veces me hablaba como todo un hombre; vete a saber cómo estaba madurando, pero lo hacía. Y eso era casi tan alarmante como el caso de Nessie. Dos inocencias perdidas en poco tiempo.

Los días pasaban demasiado rápido para mi gusto, porque Alice nos había dado instrucciones sobre reunir aliados, y sin tiempo no se podía trabajar. ¿Para qué los quiere? No sabíamos. ¿En cuánto tiempo los necesitaríamos? Tampoco estaba muy claro, pero Edward pensaba estar muy al pendiente, por si escuchaba los pensamientos de vampiros indeseados. Eso era lo mejor que teníamos a nuestro favor.

O eso quería pensar.