Sin límites
Me maldije a mí mismo por haber olvidado que precisamente hoy era la víspera de Año Nuevo.
Tantas ilusiones que me había hecho por poder llegar a disfrutar una cama, y el chico me salió con la dichosa cena. Sinceramente esperaba que a Sue no le importara dejarme dormir hasta la medianoche, hora en la que verdaderamente importaba celebrar.
Tanta así era mi parsimonia que no estaba prestando mucha atención a las pláticas de mi manada, quienes habían decidido llegar a pie hasta la casa. Por el momento sentíamos que no había presión alguna por volver a andar tan agitados; habíamos conseguido la victoria de una manera tan sencilla que no me la podía creer.
Y Seth tampoco. Sonreí al recordar lo desconcertado que se había puesto el chico.
—Eh, Jake —me llamó Leah a la mitad del camino. Alcé la mirada y me dirigí hacia ella. Estaba sonriente.
— ¿Qué pasa? —inquirí.
— ¿Qué quieres que hagamos para celebrar este momento?
— ¿Bromeas, Leah? —se metió Embry—. ¡Obviamente vamos a celebrar con una enorme botella de whisky! ¡E importa un cuerno que algunos todavía no tengamos los dieciocho! ¡Estamos vivos y es el motivo perfecto!
— ¿Es que acaso esperabas morir esta mañana, Embry? —se mofó Leah, agitándose el cabello con una mano. Ella también estaba radiante de emoción.
— Bueno, como todos los vampiros estaban despidiéndose, lo pensé por un momento.
— Debes admitir que te estabas cagando —le dijo Quil—. ¿De verdad no prestaste atención a sus pensamientos, Leah? Ya se estaba encomendando a los Cielos.
— ¡Cállate! —le bramó el interpelado a su amigo mientras corría detrás de él para darle un zape. Todos nos reímos al verlos. En eso miré hacia Seth, quien sostenía una sonrisa rara más tiempo del necesario, siempre en dirección a los dos idiotas que se habían adelantado.
— ¿Cómo te sientes, chico? —le pregunté. Él se desconcertó y me miró, borrando a sonrisa.
— ¿Cómo me siento acerca de qué? —inquirió al fin.
— Pues por haber salido ileso.
— La verdad fue algo decepcionante. Esperaba algo más conflictivo en base al número de visitantes que tuvimos.
— Todo mundo. —murmuró Leah, acomodándose detrás de su hermano y adoptando su paso para abrazarlo y darle besos en la cabeza mientras caminaban.
— Wow —le dije—. Estás de muy buen humor. Demasiado.
—Es cierto —corroboró su hermano—. ¿Qué mosca te ha picado?
— ¿Acaso no puedo ser feliz cuando me plazca? —comentó ella con felicidad mientras avanzábamos por los bosques.
Debía admitir que extrañaba mi vieja regadera, con todo y sus problemas para calentar el agua.
Apenas y tuve tiempo de explicarle a mi padre el motivo por el que había llegado (porque se fue con Sue y Charlie a comprar detalles para la cena) cuando me fui directo a la regadera. Ya tendríamos toda la noche para platicarles lo que habíamos vivido.
Los chorros caían sobre mi espalda, llevándose semanas de mugre y tensiones varias. Me pasé las manos por las nalgas para acelerar el proceso de limpieza; realmente quería quedar como nuevo al final de la ducha. Me giré y me incliné sobre el chorro para que me humedeciera todo el cabello, y esta sensación me produjo una auténtica relajación.
No quería hacerlo, pero tuve que salirme de la regadera. Con sólo una toalla amarrada a la cintura, salí del baño y me fui al cuarto. En eso, tanto Embry como Seth, que estaban en la sala, me chiflaron y se rieron.
— ¿Cuánto por un privado, guapetón? —bromeó Embry, pero Seth no añadió nada más; no lo necesitaba porque había obtenido de mí todo lo que podía haberle dado. Me giré hacia Embry y le hice una obscenidad con mi dedo corazón mientras sonreía.
— Jódete, Call. —le dije mientras me volvía para ir a mi habitación. Me despojé de la toalla y rebusqué entre mi ropa hasta encontrar algo decente: pantalones color guinda (hacía tiempo que no me los ponía, ha sido sólo una vez para un tonto proyecto de la preparatoria), camisa a manga larga de tela suave (creo que satín, no lo sé) color hueso y zapatos a juego con una tonalidad marrón claro. Tomé la toalla de nuevo y me la pasé por la cabeza para eliminar todo residuo de agua. No haría falta peinarme; no hacía ni tres días que me había cortado el cabello (usé tijeras nuevas, que ahora me guardé en la habitación). Salí de la habitación y miré que los dos chicos ahora estaban acompañados de Quil y Claire. Los dos me voltearon a ver.
— ¡Tito Yeik! —me dijo la niña antes de correr hacia mí y abrazarme una pierna. Sonreí y la cargué para saludarla bien.
— Hola, Claire —le musité mientras la cargaba de vuelta a con Quil, quien la recibió como la mayor ofrenda del mundo—. ¿Qué tal? —me dirigí al chico.
— Vivos —sonrió—. Qué buena idea el celebrar Año Nuevo y nuestra victoria al mismo tiempo, ¿no crees?
— Podría decirse. ¿Y Leah?
— En la casa, arreglándose —comentó Seth sin despegar los ojos de la televisión—. Dijo que me adelantara.
— Pero si ni estás arreglado, chico. Y tú tampoco. —dije, mirando directamente a Embry. Los dos descarados estaban aún vistiendo sólo el jeans recortado. Éste me miró y sonrió.
— ¿Importa? No será la primera vez que sus familias nos ven así.
— Sí en una cena, así que vayan a cambiarse.
— Ah, qué amargado. —Embry se paró con parsimonia y se dirigió hacia la puerta de la casa. Seth lo siguió sin decir nada o sin voltear a vernos. En eso, sólo Quil, Claire y yo nos quedamos aquí. Y entonces reparé en ellos. Quil ya estaba vestido con un atuendo casual a tonos azules, mientras Claire vestía un sencillo pero elegante vestidito rosa, con lazo en la cabeza y zapatos a juego. Los dos tomaron asiento en el sillón con rapidez.
— ¡Vamos, Jake! —me dijo Quil—. ¡Ánimos! Ven a ver la tele o algo.
— Creo que iré a ver qué hay de tomar. —le dije, dirigiéndome a la cocina. Ahí, me serví agua varias veces y me las tomé con parsimonia. Al hacerlo, me permití recordar bien los sucesos de esta mañana.
Había sido un torbellino de emociones realmente fuertes con el que no supe cómo pude haberlo superado. Lo único que sabía era que estaba preocupado muchísimo por Nessie y por mis amigos, y sobre todo cuando se había vaticinado un próximo final, en el que todos se estaban despidiendo y Edward me puso a Nessie en el lomo. No pude evitar sentirme mal, en especial por lo que él me había dicho. Me llamó hermano, me llamó hijo… era algo que simplemente no podía dejar atrás.
Había sido una prueba de lo más emocional, pero los chupasangres italianos se fueron con la cola entre las patas. ¡Vaya cobardes!
Para cuando terminé de recrear todo ese momento, me percaté de que había más ruido en la sala del normal. Dejé el vaso en el fregadero y me fui a asomar. No me sorprendió encontrarme con Paul, que venía de la mano con Rachel, y Jared, que venía con Kim. Entre los dos cargaban unas bolsas del mandado, con varios paquetes y una que otra botella prominente.
— Sam no tarda en llegar —anunció Paul—. Emily quiere verse radiante esta noche.
— Oh, sólo esperemos que eso no amargue la burbuja post-sobrevivencia de Leah. —comentó Quil mientras Claire jugaba con sus orejas, jalándoselas— Ay —fingió dolor y se giró hacia la niña—. Eres muy fuerte, Claire. Te felicito.
— Qwil lastimao. ¡Yo fuerte! Qwil no puede conmigo.
— Es cierto —le contestó este, sonriendo de oreja a oreja—. ¡Eres una niña muy, pero que muy fuerte!
— Tu impronta no se ha de poner así, ¿verdad Jake? —me preguntó Paul, sonriendo.
— No. Generalmente se la pasa cazando conmigo o mordiéndome. —confesé. No pude evitar sonreír ante los recuerdos de nuestras presas. Y de las mordidas sangrantes, vaya.
Los demás invitados llegaron en el transcurso de la tarde y noche. Me sorprendió mucho ver que Billy ya venía cambiado, usando un traje realmente impecable. Se habrá ido a rentarlo.
Charlie y Sue tampoco se quedaban atrás. Aunque el traje del jefe Swan era un atuendo básico, se miraba bastante decente. Sue, en cambio, resplandecía con su vestido a encaje de color durazno. Se miraba incluso un poco más joven.
Detrás de ellos venían sus hijos. Leah se había planchado el cabello y vestía un elegante (y algo escotado) vestido color rojo escarlata, que le llegaba hasta las rodillas y combinaba con unos zapatos a juego. Y en eso caí en el detalle. ¿Leah con tacones? ¡Esto no era cosa de todos los días!
Pero Seth… ¡Cielos! Seth era la representación misma de la belleza masculina. Con el cabello claramente recortado, vestía un traje a dos piezas de color vino, con todo y la corbata a juego, por no decir unos zapatos realmente lujosos. Al verme me dirigió una tímida sonrisa, y un par de incómodos recuerdos me llegaron a la mente: de no estar imprimado de Nessie, ahora él estaría viniendo a mis brazos para besarme.
Ah, pero eso no te impidió cogértelo el otro día, ¿no?
Despejé mi mente cuando el joven Clearwater desapareció en dirección a la cocina, detrás de su madre. Apenas y le pude seguir con la mirada.
La fiesta se fue desarrollando con toda naturalidad. Tuvimos que sacar el comedor al patio porque éramos muchos, en especial cuando Sam y Emily hicieron acto de presencia. Los niños, como Collin, Brady y los otros chicos de la manada de Sam se la iban a pasar con sus familias. Charlie llamó a Bella para que asistiera, pero al colgar nos dijo que quería pasar las festividades en la intimidad con su esposo. Por un instante interpreté eso como una invitación a traer a Nessie a la fiesta, pero Leah me puso una mano en el pecho.
— Su primer Año Nuevo es algo que debe sentir en familia. Igual que nosotros. Ven, nos lo hemos ganado a pulso.
— Tienes razón. —asentí, y me uní a la fiesta.
La cena fue un enorme estofado de cordero, acompañado de un pavo asado, carne asada, muchas variantes de ensaladas, puré de papa y salsa gravy para el pavo. Al cabo de un rato, Sam se fue junto con Embry, y al cabo de una media hora regresaron, junto a una variedad con una variedad de botellas: champagne, variedades de whisky, y detecté una botella llena de líquido transparente. En eso crucé la mirada con Sam, quien me devolvió una radiante sonrisa. ¿Quién diría que él, tan serio, comprometido y responsable, le entrara a un alcohol como el vodka?
La cena se fue desarrollando con naturalidad con el paso de las horas, y la intensidad de la música, mezcla entre lo country, lo tradicional y lo electro-pop, también. Cada ración de comida iba acompañada de un poco de alcohol y cotilleo, en el cual todavía no se había tocado la pseudo pelea de la mañana. Curiosamente mi padre finalmente me dejó ceder ante un poco de ese líquido tan curioso, así que decidí probar con el whisky. Hice una mueca cuando el líquido me abrasó la garganta, y todos en el patio rieron ante mi expresión.
— ¡Vaya! ¡Olvidábamos que eras un novato en esto! —se mofó Paul, quien iba por su tercer vaso de vodka. Sam estaba conversando con Emily un poco apartados de la casa, ambos con sus vasos. Seth estaba un poco adentro de la casa, conversando acaloradamente con Embry. No entendí por un momento porqué el chico estaba más hablador que de costumbre (técnicamente parecía que no estuviera respirando al hablar), hasta que descubrí que en su mano derecha yacía un vaso de cristal con un líquido ambarino. Palidecí y miré en derredor en busca de Sue, y la encontré en el irregular terreno de camino al garaje, bailando arrítmicamente con Charlie. Los dos estaban con los reflejos casi por los suelos, pero Sue era buena para mantener al menos tres sentidos y medio en funcionamiento.
— ¡Eh, Jake! —me gritó Quil, que venía hacia mí con pasos oscilantes—. No te has terminado ni tu segundo vaso de whisky. ¿No te estás divirtiendo?
— Claro que me estoy divirtiendo. —mentí, buscando de nuevo con la mirada a Seth. Ya no estaba en el umbral de la casa, y tampoco Embry. De pronto me invadieron unas ganas de buscar al chico.
— Eh, vamos —dijo la voz de Leah, quien apareció de la nada. Aunque se veía más firme que los demás, también mostraba síntomas de haberse pasado un poco de copas. Vino directamente hacia mí y me tomó por el brazo derecho—, hay que bailar un poco para animarte. —acentuó en cuanto una canción electrónica comenzó. Yo me encogí de hombros mientras le dirigía una mirada de resignación a mi amigo, de esas del típico "si ya no queda más remedio"…
Una vez que agarramos una zona más o menos regular en el camino de tierra, la chica empezó a demostrar sus talentos para el baile, incitados por los grados de alcohol en la sangre. Era increíble pensar en dónde se había tomado la molestia para aprender a bailar como Dios manda y no como un intento de palo viviente, como yo hacía.
— ¡Joder, Jacob! ¡Estás muy lento! —se mofó ella, haciendo no sé qué acrobacias con los brazos mientras los ruidos electrónicos aumentaban de intensidad. No pude evitar sonreír al verla. Era graciosa en su etapa de chica buena.
Después de la canción experimentamos un regreso al country. En eso ella bajó el ritmo de la canción, junto con todos los demás asistentes a la fiesta, y Leah aprovechó eso para acercarse un poco más a mí y susurrarme al oído:
— ¿Has visto a mi hermano?
Negué con la cabeza.
— Lo vi con Embry hace rato.
— Eh, relájate —me dijo ahora más seria. Su aliento alcoholizado me llegó y no pude evitar sentirme invadido—. Todos empiezan a notar que no quieres estar aquí.
— No es eso. Es que no me siento muy yo ahora mismo.
— ¡Oh, vamos! Puedes sobrevivir una noche sin Renesmee —bajó la mirada a mi vaso y chasqueó los labios—. ¿Quieres ir por un trago más?
— Seguro. —le dije. Necesitaba hacer algo, y eso me podría dar la excusa ideal para entrar a la casa y buscar disimuladamente al chico.
Seguí a la loba directo a la cocina, porque los alcoholes estaban en el congelador. Adentro de la cocina, Paul y Rachel se besaban de una manera algo grotesca mientras intentaban servirse más tragos.
— ¡Eh! ¿Les importaría? —les espetó Leah, haciendo ademanes con las manos para que se difuminaran de aquí. Mi hermana la fulminó con la mirada antes de salir tomada de la mano con Paul, quien me miró con los ojos rojizos y una sonrisa desgarbada, que me dijo todo lo que necesitaba saber.
— ¡Más les vale que se alejen de mi habitación! —espeté por encima de mis hombros, mientras ponía mi vaso en la barra del fregadero e iba por el whisky. En eso, Leah gruñó un poco.
— Mierda. —dijo ella. Me giré para verla y noté que tenía una mano en el vientre mientras la otra tapaba la boca.
— ¿Le…? —no pude decirle más porque inmediatamente salió disparada de la cocina, en busca de nuestro baño. Sus pasos se sofocaron con la música, ahora inundándonos con una de las clásicas de Elvis Presley. Desconcertado, me volví hacia el congelador para sacar la botella. Al cerrarlo, noté una silueta en la entrada a la cocina. Me giré para verle, y no podía creerlo.
Con el traje algo desaliñado, el vaso de cristal en su mano derecha y sus ojos rojizos, Seth me miraba con profundo odio. Todo su cuerpo parecía querer temblar, pero él lo controlaba de alguna manera. Intentó avanzar hacia mí, pero se tambaleó un poco.
— ¡Seth! —grité, dejando la botella en el fregadero y yendo hacia él, pero él levantó una mano cuando yo iba a medio camino.
— No… —hipó—. Esto se hará a mi manera —dijo con lentitud y con muy mala dicción, pero lo entendí—. Eres un imbécil, Jacob Black.
— ¿Disculpa?
— No puedo creer que no hayas podido hacerme caso como siempre.
— Estás ebrio. —le dije, imprimiendo mi rabia en cada una de las sílabas.
— ¡Sí, lo estoy! ¿Y qué? —me espetó desafiante, abriendo los brazos para acentuar esa sensación—. A ti te importa un huevo lo que me pase, de eso no hay duda.
— ¡Por el amor de Dios, Seth! ¡Sólo tienes catorce años! ¿Cómo has decidido tomar?
— Lo he decidido esta misma tarde —hipó, y sus ojos se desorbitaron por un momento. Me volvió a mirar tras ese desliz—. Me he dado cuenta que tu facilidad para el engatusamiento se debe simplemente a que ni siquiera lo intentas.
— ¿Ni siquiera intento qué?
— Apartar a las personas que caen en tus redes —vaticinó—. ¡Joder! No sé en qué estaba pensando.
— Insisto, chico. Estás muy ebrio. —le dije, intentando acercarme más a él para sostenerlo por si no soportaba más, pero el gruñó e hizo un ademán para alejarme de él.
— ¿Sabes en qué más he estado pensando? Que tú quizá seas la peor cosa que me ha pasado en la vida, Jacob. Nunca había llorado tanto, ni siquiera con la muerte de mi padre, y de eso hace ya nueve meses. O diez, no recuerdo.
— ¿Y cuál es tu punto?
Sus ojos se volvieron a desorbitar mientras eructaba. Cuando volvió a concentrarme en mí, me apuntó con el dedo índice.
— ¡Qué no debiste acostarte conmigo! Yo te he amado y siempre supe mantenerme al margen, pero cuando lo hicimos me vinculé a ti de una manera muy fuerte, ¡y ahora no dejo de pensar en ti!
— Basta, Seth.
— ¡No, tú basta! —hipó de nuevo—. ¿Crees que me hace gracia alguna que tú me estés cogiendo cuando estás claramente obsesionado con esa niña, Nessie?
Me pasmé. Si podía, el chico evitaba esas palabras fuertes referentes al sexo, y yo también. Nunca las hubiera dicho estando sobrio. O estando conmigo, vaya.
— Seth… —lo miré desconcertado.
— No me vengas con tus sermones. Ya he tenido suficiente de tus juegos.
— ¿Cuáles juegos? —estallé.
— ¡Los putos juegos, Jacob! "¡Oh, sí, vamos a penetrar a Seth mientras pienso en la niña a la que no tendré sino dentro de siete años!" ¡Como si no me diera cuenta! —me gritó, y aplastó su vaso contra el marco de la puerta, rompiéndose contra la misma y contra su mano. Abrí los ojos como platos, ahora invadido por una mezcla de odio y miedo al mismo tiempo.
— ¡Cierra la boca! —fue lo único que pude decir. Me concentré directamente en su mano, que ahora empezaba a gotear un líquido rosáceo, mezcla del whisky y su sangre. Él no reparó en este hecho.
— Embry tiene razón —murmuró tras tambalearse un poco—. No sé ni para qué pierdo el tiempo contigo.
— ¿Y qué harás? ¿Te vas a acostar con él aprovechando que es el único licántropo mayor que tú que no se ha imprimado?
— Metamorfo —me corrigió él con cinismo—. No estoy tan pendejo como para olvidar ese detalle importante.
— ¡Vale, vale, ya! ¡Metamorfo! —estallé impaciente.
— ¡Y no, no me voy a acostar con él, ni con nadie más, simplemente porque no los amo, mierda! —siguió él, y ahora hizo una mueca de dolor. El alcohol le abrasaba las heridas abiertas. Intenté acercarme a él, pero me volvió a extender la mano sana y me hizo la obscenidad que yo empleé esta tarde—. Ni te me acerques. No sé cómo no lo pude ver estando sobrio, pero tú eres tóxico, Jacob Black. Siempre te entregué mi dignidad en bandeja de plata, y tú fácilmente la desechaste por el río.
— No ha sido así, chico. —murmuré, impaciente porque esta escenita se acabara alguna vez.
— Oh, claro que ha sido así. Me besaste cuando estabas enamorado de Bella, me cogiste por primera vez aún enamorado de Bella, me volviste a coger cuando creíste que Bella moriría al nacer Renesmee, y la tercera vez fue bajo mis propios méritos, pero ahora que lo pienso, creo que quieres un amigo con derechos hasta que Nessie finalmente tenga pleno uso de sus facultades mentales y te pida voluntariamente el que te la tires.
— ¡Cierra la puta boca! —le dije, ignorando completamente sus ademanes para detenerme. Corrí directamente hacia él y le di un puñetazo en el pómulo derecho, invadido por el odio que me corría por las venas, impulsado por el alcohol.
Esta vez Seth no se quedó tranquilo. Con la mano llena de cristales y sangre, me rasgó el rostro, dejándome lastimado del ojo izquierdo. Los dos forcejeamos hasta caer en la alfombra de la sala, donde no había ni un alma. Yo caí encima de él, lo que me daba la ventaja. La música de allá afuera, ahora sonando al ritmo de blues, sofocaba nuestros ruidos. Ni siquiera podía escuchar los gritos furiosos de Seth ni ninguno de nuestros puños contra la piel y huesos del otro.
Pero la sangre y el entumecimiento eran bastante evidentes.
Mi mejilla izquierda protestó cuando sentí un ligero roce de los vidrios rotos, que ahora ya no estaban en la mano lastimada de Seth. Con esa misma mano me propinó un puñetazo en el ojo, de por sí ya jodido con los vidrios, que me hizo detenerme un poco. Seth aprovechó para propinarme un golpe más, y por si fuera poco, agarrar fuerza para escupirme a la cara.
— ¡Cerdo! —me gritó—. ¡Asqueroso oportunista!
— ¡Seth, cálmate!
— ¡Violador!
— ¡Mierda, cállate de una puta vez! ¡Estás diciendo pendejadas! —me enojé. ¡¿Qué estaba diciendo el chico?! ¡Si él era el que quería que me lo tirara!
— ¡Vete mucho a la mierda! —me gritó, ahora con lágrimas en los ojos. Intentó darme un puñetazo más, pero le sujeté ambas manos contra el suelo, también con mis manos. Rápidamente me senté en su tórax para asegurar su inmovilidad. Vi que se preparaba para escupirme de nuevo, y rápidamente retiré una mano para darle una bofetada. La volví a dejar en su lugar para evitar que me diera un golpe más.
Nuestras miradas se cruzaron. Sus ojos, inyectados en sangre, ardían con los vestigios del alcohol y el odio hacia mí, lo cual estaba desconcertándome. ¡Pero estaba mañana estaba tan feliz y me había besado, aún cuando yo no lo había incitado!
Bueno, tampoco era como que yo le hubiera detenido.
Seguimos forcejeando cuando de pronto sentí que un par de manos tiraban de mis hombros y me levantaban con demasiada fuerza. Me giré para enfrentarme al idiota que me había halado, pero fue tal mi sorpresa cuando noté que no era un chico.
— ¿A qué chingados cree que estás jugando con mi hermano? —me espetó Leah colérica. Por el rabillo del ojo vi que Seth, que sangraba por la nariz, se levantaba violentamente y alzaba los puños en dirección mía.
— ¡Ven aquí! —me gritó—. ¡Acabemos esto de una vez!
— ¡No hay nada qué hacer aquí! —le espeté.
— ¡Imbécil! —prosiguió, y se abalanzó contra mí. Ignorando la reprimenda de Leah, me solté de ella y fui directo al chico, con quien volví a ensañarme en otra pelea. Esta vez fuimos cuidadosos y no caímos al suelo, si no que nos mantuvimos en pie mientras nos propinábamos puñetazos limpios. Uno de los suyos me dio en la clavícula, mientas yo le propinaba un fuerte gancho a la quijada. Leah, furiosa, tiraba de la parte posterior de mi camiseta para alejarme de su hermano, pero yo la apartaba con simples ademanes.
— ¡Te voy a matar! —me gritó Seth mientras preparaba un gancho al hígado que fácilmente esquivé. Al instante escuché que la música bajaba su volumen y que varias personas murmuraban afuera. Y luego vinieron los pasos.
Unas manos me halaron violentamente por los hombros cuando le di un puñetazo más a Seth, con lo que le jodí más la nariz.
— ¡Ya basta, Jacob! —me gruñó la voz de Sam al oído, y como él era más corpulento que yo, me arrastro con facilidad hacia la cocina. Mientras lo hacía, vi que Sue entraba rápidamente, con Leah detrás de ella. Las dos estaban muy asustadas y con los ojos abiertos. Tampoco me sorprendió ver que Charlie estaba detrás de ellas.
— ¿Pero qué ha pasado? —preguntó la voz de Sue, mitad preocupada, mitad colérica. Sam, en cambio, me arrastró hasta aventarme contra el refrigerador. Él también estaba furioso, y su olor a alcohol no estaba ayudando mucho.
— ¡Explícame qué demonios está pasando! —me gritó Sam, con lo que no pude evitar sentir una punzada de odio hacia él. Desde la sala, la voz de Sue decía más o menos las mismas palabras, a lo que la voz de Seth respondió:
— ¡Lo mataré! ¡Voy a matar a ese…! ¡Suéltame, Leah!
— ¡Cálmate! —le dijo Leah.
— ¿Y ahora qué le hiciste? —me preguntó Sam.
— ¿Qué le hice yo? —lo miré encabronado—. ¡Él fue el que empezó a ponerse agresivo!
— ¡Lo odio, madre! —gritó Seth, cuya voz resonó con toda potencia—. ¡Lo amo y lo odio a la vez, coño! ¡Es realmente jodido estar así!
— ¿¡Quién carajos ha dejado que estés bebiendo!? —inquirió Sue. No la podía ver, pero imaginaba su rostro contraído en muecas de repulsión.
— ¡Escúchame, mamá! —el tono de Seth iba viajando entre la histeria y la irregularidad, gracias al alcohol—. ¡Jacob me ha hecho mucho daño! ¡Primero se enamora de Bella, luego me coge y luego se imprima de Renesmee…!
— ¿¡Qué tú y Jacob hicieron qué!? —estalló Sue, cuyos pasos empezaron a resonar. Apenas tuve tiempo de pegarme más al refrigerador, y Sam de quitarse de enfrente de mí, cuando la endemoniada cara de la madre de Seth vino directa hacia mí, lo que me hizo sentir escalofríos. Nunca la había visto tan enfadada—. ¡A ver, Jacob! ¿Cómo está eso de que te tiraste a mi hijo?
— Sue, Sue, cálmate… —dijo Charlie, entrando con los brazos en el aire, intentando llegar a su novia. Ella, en cambio, resopló.
— ¡No, no me pienso calmar, Charlie! ¡Sólo es un niño! ¡Mi Seth, desflorado por Jake!
— ¡Todavía tengo dieciséis años eh, por si no sabías, y los tendré por catorce días más! —le espeté, y de pronto me sentí ligeramente abrumado. Cumpliría los diecisiete en dos semanas exactamente.
— ¡Pero mi hijo apenas tiene catorce años! ¡Muchacho estúpido! —me gritó ella, y no vi venir la bofetada que me propinó. De pronto se hizo un desmadre: Charlie entró y abrazó a Sue por la cintura para hacerla retroceder y alejarla de mí. Sam se volvió hacia mí otra vez, intentando hacerme preguntas. La voz de Seth resonaba desde la sala, todavía despotricando maldiciones, confesiones de amor y disculpas hacia mí, pero sobre todo maldiciones y juramentos. El chico estaba jodidamente trastornado. Intenté ir hacia él, pero Sam me puso una mano en el pecho, no de manera agresiva, sino como paternal.
— No, Jacob. No querrás ver al chico ahora.
—… siendo así. ¡Y no es justo!
— Vamos, Seth —dijo la voz de Leah—. Vámonos. Lo siento, de verdad. Ven, Seth, tenemos que hacer algo con tus heridas.
— Estaré bien en media hora.
— No me refería a esas. —dijo mi ex cuñada, mientras escuchaba tres pares de pasos. Miré por encima del hombro de Sam que los Clearwater salían, las dos mujeres sujetando los brazos de Seth por encima de sus hombros para ayudarlo a salir. Los vi perderse de vista, y luego reinó un silencio absoluto.
No sabía qué decir. Miré de reojo a los ojos de Sam, que me miraban con cierto aire de desconcierto. Y no se lo podía reprochar, todo había pasado tan rápido…
Y pensar que esta mañana había dejado que el chico me besara. Ahora vuelto a pelear. ¿Por qué no cerraba su maldita cosa y dejaba de hablar de cosas que no sabía? ¡Él sabía perfectamente que yo no pensaba en Nessie de esa manera! ¡No tenía forma de asegurar que mis pensamientos fueran por esa secuencia en algún punto, y realmente no me interesaba mientras ella pudiera estar feliz! ¿Tan difícil es de comprender? Si le condecía la oportunidad de vez en cuando era porque no podía olvidar lo que había pasado…
Y en eso me acordé de Sam. Nuevamente lo miré a los ojos, y me armé de valor.
— Sam —empecé con voz queda, pero sabía que todos los de las manadas nos escuchaban perfectamente—, ¿todavía sientes algo por Leah?
— No sabría contestarte —me confesó un poco más sereno—. Ya sabes que ahora Emily es mi vida, mi todo. No podría retroceder en el tiempo; ni siquiera lo intentaría.
— Pero —los ojos me ardieron; no por la pelea, los vidrios o ni siquiera el alcohol. El dolor provenía de mi pecho—, ¿puede ser que, aún imprimado, no puedas olvidar lo que sentías por la persona que antes te movías?
— Admito que a veces me siento culpable por haberle hecho eso a Leah, pero Emily me recuerda lo mucho que ahora tengo.
— Pero claro. Emily te quiere de manera romántica. ¿Cómo no tenerlo todo?
— Entonces sí te preocupa la maduración de Nessie.
— Me estoy preocupado por Seth. —contesté, y sentí que mis ojos se empañaban. ¿Esto era por la mezcla de adrenalina, decepción y restos de vidrio en mi ojo? No lo supe, pero en menos de lo que esperaba, sollocé.
¿Qué me estaba pasando, si todos los demás imprimados estaban completamente felices son sus chicas, novias o amigas? Quil y yo éramos la excepción a las improntas románticas, pero él estaba tan feliz que no lo podía creer. Y yo también estaba feliz al jugar con Nessie, a pesar de las tremendas mordidas que me daba a cada rato. ¿Y entonces por qué me sentía así de extraño, como si no pudiera sentirme completo? Debería sentirme bien gracias a Nessie, pero el chico me preocupaba mucho, muchísimo.
Antes de derrumbarme ante los pies de Sam, abrazar mis piernas contra mi pecho y hundir el rostro en mis rodillas, me pregunté si el hecho de que me hubiera enamorado de un hombre no afectaba en nada la potencia de la impronta que, al parecer, se daba en personas del sexo opuesto. Posiblemente así era, porque era el que más estaba sufriendo por el daño que le hacía a Seth, a pesar de la putiza que nos pusimos. De inmediato no se me ocurrió pensar en nada más que la posible imprimación. ¿De verdad se limitaba al sexo opuesto?
Y entonces pensé de nuevo. ¿Seth estaba imprimado de mí? No, no me ve como estoy. No quiere mi felicidad incondicional, quiere formar parte de mi felicidad y quiere ser él el que me haga feliz. ¡Y es por eso por lo que el tonto chico no entiende nada de lo que yo siento! Si tan sólo hubiera una forma de tocar ese tema con Nessie…
Pero sus padres no me dejarían hacerlo. ¿Es que el sufrimiento en mi retorcida relación con Seth no tiene límites? Había herido a mi ex novio tantas veces y de muchas maneras que ni siquiera debería permitírseme verlo.
Conociéndolo, eso sería justo lo que él haría.
Y entonces me preparé para lo peor. Sollocé y me convulsioné al ritmo del llanto mientras sentí cómo los pasos de Sam se iban alejando, saliendo de la cocina y dejándome en mi torbellino de confusión.
Al parecer el daño que nos estábamos causando por este maldito triángulo no tenía límites.
