Sin guerra

Estaba más que decidido a remover a Jacob Black de mi vida.

No podía evitar esa sensación de subordinación cada vez que él intentaba poner su actitud de alfa sobre mi voluntad, pero fuera de ello intentaba congeniar con él lo menos posible. ¡Cómo odiaba a ese maldito! Lo odiaba tanto que ni siquiera me presenté a su cumpleaños, el catorce de enero, donde toda mi familia se había reunido. Había dado la excusa de que tenía que trabajar un proyecto escolar en casa de mi compañero, Chris.

¡Y vaya excusa! Menos mal que sus padres sólo lo habían venido a visitar por Navidad y Año Nuevo, porque ahora su apartamento volvía a ser completamente de él. Con él, el mundo de allá afuera perdía peso, por lo que me sentía incluso mucho menor conmigo mismo. Y con Chris, más que nada, que sabía cómo hacerme suspirar con un simple roce en alguna de mis orejas.

Lo que pasaba con él era algo que debía pasar con naturalidad. Chris era ardiente. Con él me sentía en medio de un torbellino de sensaciones demasiado candentes e intensas, aún para alguien tan puro como yo. Bueno, inocente y crédulo, mejor dicho.

Pero no podía evitar sentir una especie de vacío. Me encantaba estar con él y dejarme acariciar hasta niveles inimaginables (sin caer en el sexo; estaba más que decidido a no pasar por eso tan pronto otra vez), pero no quedaba del todo satisfecho. Después de nuestros fajes no quedaba mucho más que los deseos de continuar en ello. Y eso me hacía sentir culpable, incluso como victimizado. Me preguntaba si Chris sólo era una válvula de escape para lidiar con el hecho de que ya no podría hacer nada de esto con el estúpido de Jacob. No respondería más a mis estímulos, los cuales tampoco intentaría de nuevo; simplemente me cansé de ser su patético ex novio de que no se puede librar.

¡Si tan sólo me hubiera quedado en la manada de Sam no estaría batallando tanto por largarme de su vida, de La Push, de todo lo que me recordaba a él! Por eso pasaba mucho tiempo en casa de Chris y evitábamos mis terrenos lo más que se podía.

Todo esto, mezclado, constituía una especie de dolor que rayaba en lo extraterrenal y ridículamente fuerte, porque por más que Chris me excitara y me llevara a placeres relativamente fuertes, aún sin sexo, no podía competir contra la serie de mágicos fuegos que antaño compartía con Jacob, del cual todavía no había hablado con Chris. ¡Como si realmente fuese oportuno hablar de un ex novio al que no podía ver ni en pintura! Menudo idiota.

Hacia el mes de febrero, a Chris se le ocurrió que nos podíamos fugar a Seattle o Port Angeles por eso del Día de San Valentín. Le dije que no estaba seguro de ir, porque me preocupaba lo que pudiera pensar la gente gracias a que él no estaba listo para hacer público lo que fuera que tuviéramos. Pero no era como que mis amigos de la manada no supieran. Hasta Collin y Brady se juntaban más con nosotros a la hora del almuerzo, y no les pasaban desapercibidas las miradas que Chris y yo compartíamos mutuamente cada dos o tres oraciones.

"— Si no te conociera mejor —me dijo Brady cuando Chris fue a servirse más pizza—, diría que ustedes ya se están tardando en hacer público esto.

"— No hay nada que comentar —le dije—. Sólo somos amigos.

"— Ah, ya. ¿Y desde cuándo los amigos tienen derecho al otro como pareja?

"— Desde que el Infierno empezó a arder. —murmuré distraídamente, concentrado en la espalda de Chris, allá a lo lejos en la barra de comida.

Pasó marzo con cierta parsimonia. Hubo dos eventos importantes: el cumpleaños de mamá y el de Embry, mismo que el idiota no desaprovechó para organizar una fiesta a base de alcohol. Pensé en asistir hasta que supe que Jacob se apuntaba a la misma. Decliné inmediatamente.

"— ¡Oh, vamos! ¡Han pasado casi tres meses! ¿No le piensas dirigir la palabra a tu alfa alguna vez?

Le menté la madre y me alejé de él lo más posible.

Ese mismo mes se cumplió un año de la muerte de papá. Fuimos a visitarlo al cementerio, y ninguno de los tres ocultó sus lágrimas.

Para abril, Leah y yo estábamos en el porche de la casa, disfrutando del aire natural. Ella estaba reclinada contra la pared mientras yo descansaba mi cabeza en sus piernas. Ella acariciaba distraídamente mi cabello, ahora mucho más largo. Yo estaba un poco preocupado por el examen de Física que había tenido tres horas atrás. Leah, en tanto, tuvo la mala suerte de ir a casa de Emily a solicitar un favor de nuestra prima, pero le tocó la mala suerte de que Sam hubiera estado ahí, y los encontró muy cariñosos. Regresó molesta y dolida.

— Y sigo sin poder superarlo, ¡maldición! —dijo ella, tratando de estar muy serena pero algo en su voz la delataba. Yo tenía mis ojos concentrados en su rostro, que había alzado para ver el bosque.

— Ya, ya, hermana —le dije, alzando una mano para acariciarle una mejilla. Ella bajó la mirada al sentirme—. No pasa nada.

Intentó sonreírme.

— Deberías cortarte el cabello, Seth. Será una molestia cuando entres en fase de nuevo.

— No he sentido la necesidad de entrar en fase. No han venido vampiros foráneos a nuestras tierras.

— ¿Acaso pensarás dejar de entrar en fase para poder envejecer de nuevo?

— No he dicho eso. Simplemente quisiera hacerlo sin sentir la presión de que Jacob se presentara en el mismo tiempo.

— Oh. —suspiró. Siguió jugando con mi cabello.

Minutos después, mamá llegó en su automóvil. Se estacionó como pudo y bajó rápidamente del auto, con los ojos abiertos como platos.

— ¿Mamá? —pregunté, irguiéndome de pronto. Leah hizo un tanto y los dos corrimos hasta ella—. ¿Qué tienes, mamá?

Mamá nos miraba a ambos con los ojos muy abiertos, y luego empezó a soltar un gritito agudo y prolongado. Miré a Leah, quien también estaba demasiado aturdida.

— ¿Madre? —le preguntó mi hermana, tomando por los hombros a mamá. En eso, ella posós sus propias manos en las mejillas de mi hermana, y en eso noté el pequeño detalle en el dedo anular de su mano izquierda. Abrí la boca en una perfecta "o".

— ¡Mamá! —le grité, sin poder dejar de ver el detalle. Mi madre me miró directamente y sonrió.

— ¡Sí, hijo, sí! —soltó los cachetes de Leah y vino directamente hacia mí, abrazándome—. ¡Ha sido hace no más de media hora!

— ¿Qué ha sido? —inquirió Leah. En eso mamá me soltó y le enseñó la mano izquierda. Mi hermana tardó menos de cinco segundos en reaccionar como yo.

— ¡Así es! —respondió mamá.

— ¡Júralo! —repitió mi hermana, sin poder quitar los ojos del anillo de compromiso. Y yo tampoco.

— ¡Se los juro, mis niños! —explicó ella, radiante—. ¡Es oficial! ¡Será en noviembre! ¿No les encanta? —nos canturreó mientras nos abrazaba.

Hacia finales de mayo, la presión del final del semestre nos carcomía a nosotros., sobre todo a Chris y a mí.

— Seth —me murmuró al oído cuando nos rezagamos un poco al salir de la clase de Aritmética. Aprovechó la proximidad para besarme debajo de la oreja, lo que me hizo sentirme bien y reír un poco—, cómo quisiera que vinieras conmigo.

— No puedo ir —le dije mientras terminaba de recoger mis cosas de la mesa, que ya llevaba cinco minutos haciendo—. Sería muy sospechoso. Además, tu familia todavía no sabe sobre mí… o nosotros en sí.

— Oh, vamos —Chris me abrazó por detrás, a la altura de mis pectorales, y me atrajo contra sí. Por un momento me olvidé de respirar, conteniendo el aire. Cerré los ojos y él inclinó un poco mi cabeza para poder besarme el cuello—. No les parecerá extraño que quiera llevar a un norteamericano a conocer Londres. Siempre he visto por el prójimo.

— ¿El prójimo, eh? ¿Acaso tu familia es religiosa? —me reí mientras él volvía a presionar mis labios contra mi cuello. Sus manos jugaron un poco con mis pectorales por encima de la ropa, pero aún así no podía evitar sentir el calor que él irradiaba, tanto corporal como el de la pasión. Tan concentrado estaba en sentirlo que olvidé reprimir un gemido.

Él se rió.

— ¿Quieres que vayamos a mi apartamento, Seth? —preguntó de manera provocativa. No pude evitar gemir de nuevo—. Lo tomaré como un sí. Vámonos, amor.

— Está bien. —le concedí.

Sin duda, el verano había sido, por mucho, el más aburrido que había experimentado jamás. A pesar de que aún íbamos en familia a First Beach o a Port Angeles, no dejaba de ser un verano sumamente aburrido. Considerando que el año pasado estábamos preparando para combatir contra vampiros neófitos con la intención de salvar a Bella y justamente hacía un año que yo me le había declarado a aquél idiota, y el muy tonto se había metido conmigo. De haber pensado que terminaríamos así de distanciados, nunca me le hubiera declarado. ¡Hubiera cerrado mi maldita bocota en lugar de haberle dicho lo mucho que lo amaba, porque dolía! ¡Dolía tener que ser eclipsado por una niña semivampira, por mucho que él evitara pensar en ella de esa manera! ¡Todo era más que obvio! En seis años, todo se iría por el caño. Todas las promesas, toda posibilidad, todo se iría al demonio en cuanto ella le diera el sí. ¿Y para que servía la dichosa imprimación, sino pues, para la perpetuación de la especie? Porque eso era, ahora lo veía bien. Todos los imprimados están con las chicas más aptas para poder traer mejores metamorfos al mundo.

Chris regresó una semana antes de que el tercer semestre iniciara. Tal fue su cara de alivio cuando me vio en la terminal del avión, recibiéndolo con un saludo de manos. No fue sino hasta que llegamos a su apartamento cuando comenzó la verdadera bienvenida. En cuanto él cerró la puerta, vino directamente hacia mí y me abrazó por detrás, como últimamente se le daba bien. Me besó los omóplatos mientras me iba despojando de la camiseta, a lo que le correspondía con risas y más motivaciones. Me giré hacia él y le planté un enorme beso en los labios.

— Bienvenido a casa, cariño. —le dije. Y le quité su camiseta.

Septiembre se dejó venir con ventiscas heladas. De un día para otro empezaron los vientos, y eso afectó a muchas personas. La tercera parte de mis compañeros de la preparatoria no habían asistido, entre ellos Chris. Fui a cuidarlo dos o tres tardes a la semana, por eso de que tenía tarea. Pero los que éramos de la manada —Collin, Brady y Jacob, quien había regresado oficialmente a terminar su último año; aún así lo evitaba en lo posible; y yo— asistíamos como si los vientos de afuera no fuese más que una patética brisa matutina. E incluso nos reíamos de ello a la hora del almuerzo.

Hacia mitad de mes, se anunció oficialmente el compromiso de mamá y Charlie. ¿Y cómo se hizo? Se enviaron las invitaciones correspondientes. A pesar de que papa había muerto, en la invitación se leía claramente el nombre de Sue Uley Clearwater, mientras que el pintoresco nombre de Charles Swan resultaba cómicamente corto al lado del de mi madre.

Lo que fue el mes de octubre se abarcó en ensayos generales de la boda y repartición de los lugares que ocuparíamos. Leah y Bella fueron designadas las damas de honor, mientras que Billy terminó como el padrino de bodas. De vez en cuando, Bella bajaba a La Push para arreglar ciertas cosas con Leah. Lo curioso del detalle al venir era que lo hacía sola, cosa que despertaba el interés de todos.

— ¿Y dónde está Edward? —le preguntó Billy un día que una de las reuniones había coincidido en la casa. Mamá había preparado costillas para la ocasión. Bella levantó la mirada de su copa llena de sangre de puerco, que mamá le había reservado de buena fe, y miró directamente a los ojos de su interlocutor.

— Oh, es que él quería pasar el día con Nessie —dictaminó con su voz angelical, típica de los vampiros—, al igual que Alice y Jake, seguro se hubieran aburrido aquí mismo.

— Sí, tal vez. —concedió él antes de volver a atacar sus costillas.

Conforme la dichosa fecha de compromiso se iba acercando, todos nos íbamos emocionando más. Faltando tres semanas, mamá estaba como loca yendo a lugares donde pudieran confeccionarle un vestido a la altura de la ocasión. Faltando sólo dos semanas, me tocó ir con Billy a elegir los trajes, ya que se requerían nuevos atuendos para la ocasión. Faltando sólo una semana, mamá no dejaba de dar vueltas por la casa como una bailarina de las hadas, momentos antes de que reparara en los retratos familiares de la sala y se pusiera seria, preguntándose si papá hubiera aprobado algo así. Leah le dijo que seguramente papá lo hubiera visto bien, eso de querer que mamá se emparejara con uno de sus viejos amigos. Yo, por el contrario, no fui tan optimista, pero no dije absolutamente nada.

La tan esperada fecha estaba a tan sólo unas horas. La noche del veintidós de noviembre, mamá, Leah y yo estábamos en la sala, acurrucados en el sofá y viendo Terror en Silent Hill.

— Mamá —intervino Leah en la escena en que Rose, la madre, quedó aparentemente bloqueada por las enfermeras locas sin rostro—, ¿no se supone que esta noche deberías estar en tu despedida de soltera?

Mi mamá rió por lo bajo.

— No tengo muchas amigas mujeres, hija. Sería un poco extraño hacer una despedida rodeada de hombres.

— Pues podríamos irnos tú y yo, ¿no te parece?

— Estás muy joven.

— ¿Recientes veintiún años te parece una edad muy corta para que una hija acompañe a su madre a una despedida de soltera?

Miré a mi madre, quien estaba concentrada en la pantalla. Me giré un poco para ver la escena en que las enfermeras locas se masacraban mutuamente, engañadas por Rose. Reí.

— ¡Vamos, mamá! —instó Leah—. ¡Será genial!

— Hace tiempo que no voy a una despedida de soltera… —murmuró mi madre, quien intentó encogerse de hombros—. Además, no la considero necesaria. Mañana estaré oficialmente con Charlie.

— ¿Pero qué clase de dama honor seré yo si no me permites llevarte, mamá? Ven, yo tampoco he ido a una despedida de soltera. Y quizá no vaya a una a menos de que asista a la universidad, haga más amigas y espere a que metan la pata por amor o por lujuria.

— ¿Y qué me dices de Valerie, tu amiga de la familia Thompson?

— Es lesbiana, mamá. No podría casarse por aquí ni soñando. —no pude evitar parar oreja en este punto. Sí que conocía a Valerie; Leah la dejó en la llamada friendzone porque a ella no le gustaban las chicas. El detalle en ello era el hecho de que alguien como ella, o como yo, no podríamos casarnos por estas zonas. Me concentré nuevamente en la película, pero sin poder dejar de escuchar a las mujeres.

— Oh, ¿de verdad? Curioso, se veía tan femenina…

— Seth es muy masculino y eso no le ha impedido enamorarse de Jacob y salir con él antes de que aquel estúpido se imprimara de un diabólico bebé híbrido —dictaminó mi hermana, y eso me hizo sentir una fuerte punzada en el pecho, tanto fuerte que me llevé una mano al mismo y cerré los ojos. Sentí dos miradas en mí—. ¡Seth, lo siento!

— Ya déjalo, hermana. Se entendió el mensaje.

— Hijo, creo que deberías cortarte un poco el cabello para mañana. —intervino rápidamente mi madre. Sonreí ante su intento de disipar la tensión del ambiente.

— No, mamá. Así me gusta.

Apenas dormí esa noche. El idiota de Jacob no había dejado de aparecer en mis sueños, siempre suplicándome por mi perdón y porque le volviera a dirigir la palabra. Había pasado casi un año desde la última vez que le dirigí la palabra, pero aún no me sentía listo para volver a hacerlo, no después de todo lo que pasó.

Desgraciadamente, aún recordaba con precisión cada palabra que le había espetado, y cada golpe que él me había dado. A veces me invadían las nauseas al recordar lo mucho que estuve de joderle el ojo de manera permanente, y de lo mucho que me ardía la mano por los vestigios de vidrio y whisky en la herida.

Desperté con el sol. Me aseguré de dejar abiertas las cortinas de mi ventana para poder asegurar mi despertar. Maldije por lo bajo y me encaminé directamente a la regadera, donde no tardé menos de veinte minutos.

A diferencia de Edward y Bella, Charlie y mamá sí que se casarían dentro de una iglesia, la Iglesia Episcopal de Forks, dirigida por el señor Weber, nada más y nada menos que el tío de Chris. Si bien a mamá le interesaba conseguir algo más grande, a Charlie le importó un cuerno dónde fuera mientras fuese un lugar sagrado que consolidara más la validez del matrimonio.

La ceremonia sería a la una de la tarde. Tenía que darme prisa en cambiarme para poder irme con mamá, Leah y Billy, quien debía estar allá tres horas antes del evento en sí. Allá se pondría el vestido con ayuda de sus damas de honor. Cuando pasamos a la casa de él, vimos que Jacob ya se había ido.

— Salió más temprano de lo normal —explicó Billy mientras yo lo acomodaba en el asiento del copiloto y dirigía su silla a la cajuela para guardarla, como siempre—. Recibió una llamada de Edward, porque ocupaba algo de ayuda con la niña. Yo creo que la niña quería jugar un poco con él; no es como que no sepa qué está pasando.

Bajé la vista mientas guardaba la silla. ¡Cómo me encantaría que no me mencionaran a ese imbécil! Ya tenía suficiente con tratar de olvidarlo y soñarlo involuntariamente, mientras mi corazón claramente latía hacia un sentido...

Ya íbamos camino a Forks cuando sentí que mis fuerzas empezaban a flaquear. ¿Y si Jacob decidía aparecerse en la boda, con todo y la niña? Definitivamente no podría con ello.

Llegamos, pues, a la dichosa iglesia. Nosotros nos fuimos directamente al estacionamiento trasero, en donde Bella ya nos estaba esperando. Vestía un elegante vestido negro, que hacía resplandecer aún más su hermosura y palidez. Estaba sola, pero eso no parecía molestarle.

Mamá y Leah se bajaron del automóvil al estacionarlo, mientras yo hacía lo propio para ir por la silla de Billy. Cuando se la llevé y las mujeres desaparecieron hacia el interior de la iglesia, Billy me tocó un brazo.

— Eh, Seth, me gustaría tener unas palabras contigo a solas.

Miré directamente a los ojos de Billy. ¿De qué querría hablarme?

— Bueno, adelante. —le dije, intentando sonar lo más respetuoso posible. Ya sabía más o menos el motivo por el que quería hablarme, pero no quería mostrarme flexible en ello.

No obstante, el tono de Billy fue suficiente para confirmar las sospechas.

— Mira, yo sé que lo de Año Nuevo fue bastante desastroso para todos…

— Bien. —respondí de forma arisca.

— Pero ya que no estás dispuesto a dirigirle la palabra a mi hijo, al menos déjame transmitirte su mensaje.

— No tiene ningún mensaje qué transmitirme.

— Oh, vaya que sí lo tiene. No puedes estar eternamente enojado con mi hijo, Seth.

— ¿Y cómo sabes lo que puedo o no puedo sentir? —lo reté con la mirada. Por primera vez me sentía capaz de poder hacerles eso a los adultos. No obstante, el rostro de Billy no se inmutó para nada.

— Porque lo amas —dictaminó—. No creas que no he sabido interpretar tus miradas hacia mi hijo durante todos estos años. Y las miradas que muestras desde hace casi un año me dicen aún más.

Intenté no mostrarme estupefacto. ¿De verdad era tan obvio?

—Por lo tanto —prosiguió él—, sigues pensando que Jake es un monstruo al haberse imprimado de esa chica, Renesmee. Parece que el designio de los jóvenes Clearwater es simplemente ser eclipsados por imprimaciones.

— Cierra la boca. —le espeté.

— ¿Por qué habría de hacerlo, muchacho, cuando es la verdad a fin de cuentas? Duele, claro que sí, pero hay que reconocerlo. Sé lo mucho que amas a mi hijo, y lo mucho que te duele el hecho de que esté imprimado, pero no puedes hacer nada para remediar eso. Lo mejor será… que lo dejes ir y que vuelvan a ser amigos.

— No sé si pueda…

— ¡Ya han pasado once meses, Seth! —estalló, pero sin levantar mucho la voz para no llamar la atención—. ¡Once! No sabes la forma en que Jake se comporta cuando regresa de sus visitas a Renesmee. Siempre piensa que ha sido culpa suya que tú lo estés evitando.

— Y así es. —bramé.

— Pero no puedes separar la manada, muchacho. Él es tu Alfa…

— Ojalá no lo fuera —espeté, temblando de rabia—. No quiero tener nada que ver con él, no ahora, no con este maldito triángulo.

— Pero es que no existe ningún triángulo, Seth. No está enamorado de Nessie, y ella desde luego que no está enamorada de él. No seas terco, muchacho.

— Pero ya no me ve con los mismos ojos —sollocé—. Ese maldito…

— Pero lo amas. —repitió.

— Y lo odio. Por mí, no lo vería jamás.

— Pero tu corazón…

— Me dice otra cosa, pero por suerte yo puedo aplacarlo.

— ¿Durante tantos meses, luchando contra emociones que has tenido por mucho tiempo, quizá años? Muchacho, recuerda que una vez yo tuve esposa.

— Y si es cierto que ya lo sabías —murmuré—, ¿por qué nunca me dijiste nada?

En sus ojos vi cómo se estaba debatiendo entre la verdad y la compasión. Finalmente tomó una bocanada de aire antes de seguir.

— Porque quería pensar que no era cierto, que estabas confundido o que no sabías qué era y lo veías como una simple idolatría. Eso pensaba al principio. Pero…

— ¿Pero?

— Cuando el año pasado empezó a pasar mucho más tiempo contigo, empecé a sospechar que habías podido conquistar a Jake. No obstante, cuando finalmente me anunciaron su relación, no pude evitar sentir una mezcla de sensaciones de todo tipo, pero al final lo terminé aceptando, ¿no es cierto?

— Es cierto.

— Porque ya me lo esperaba. No de Jake, claro que no, pero de ti sí. Eres un chico muy bueno y carismático. Todo mundo podría sentir afecto por ti sin pensarlo. Ahora imagínate lo que lograrías si te propusieras conseguir el afecto de alguien. La recompensa sería inimaginable.

Miré desconcertado al padre de mi ex novio, quien intentaba sonreír para darme ánimos. Yo, en cambio, sólo podía pensar en el hecho de que quizá esto podía ser una especie de treta para echarme en cara lo que había perdido por azares del destino, o lo que podría recuperar si realmente me empeñaba en ello.

No sabía cómo sentirme con ello. Había más que una poderosa reflexión en ello; se me estaba invitando a tomar medidas directas. ¿Pero cómo proceder, cuando no quería ni verla la cara a Jacob? ¿Cómo seguir cuando se jugaba seriamente lo que tenía con Chris? ¿Cómo progresar cuando las puertas mismas del cielo no abrirán para mí? Tenía más que ventanas cerradas para impedirme respirar cómodamente, y las puertas atrancadas para impedirme una vía de escape.

Ya ni supe cómo pasó, pero me di la media vuelta y dejé a Billy en donde estaba. No sabía si ahora lo odiaba o si debía agradecerle por sus palabras.

En verdad, mamá estaba más que radiante.

La capilla estaba llena de personas a las que conocía muy bien (mi familia, los Call, la mitad de los Cullen, los Uley, incluso la mitad de los Black), algunos a quienes apenas conocía (los Fuller y los Littesea, familias de Collin y Brady) y otros a los que jamás había visto (intuí que debían ser compañeros del cuerpo de policía de Forks, acompañados de sus esposas e hijos).

Charlie aguardaba enfrente, acompañado de Bella, Leah y Billy, quien me miraba con más frecuencia de la habitual. Y es porque no estaba mirando a los asientos del lado del novio, en cuyo centro destacaba el imbécil de Jacob y la niña, acompañados de Edward. No obstante, no pude evitar girarme para saludar como se debía. Tanto Edward como Renesmee me lanzaron una amplia sonrisa, pero Jacob me dirigió una mirada nueva. Era lo más horrendo que había visto en la vida. A pesar de la ocasión, su rostro no reflejaba el ánimo que debía sentir por ella. Al contrario, realmente parecía estar avergonzado conmigo. A pesar de que Nessie, ahora de una apariencia de cinco o seis años, le tocaba el rostro y requería su mirada, él siempre recomponía su sonrisa para complacer a la niña. No imaginé el enorme esfuerzo que debía aplicar para poder cambiar su faceta cada vez que la niña lo miraba o no lo miraba.

Mamá había aparecido vistiendo un elegante vestido color hueso, que resaltaba demasiado sus mejores atributos, los no obvios, claro está. Su resplandeciente piel y su sedoso cabello liso eran como diamantes; no había nada más que brillara en conjunto con el vestido. Entre las manos llevaba el característico ramo.

La ceremonia se desarrolló de manera muy tradicional, con todo y los votos. En todo momento miré hacia enfrente, concentrado en la pareja, en mi hermana, en Billy o en la madre de la niña que me quitó a mi hombre. Luego de eso me recordé que, a pesar de todo, ella seguía siendo Bella, y por extensión, la esposa de mi mejor amigo vampiro. Y eso no debía ser opacado por el fruto de sus pasiones.

Hacia mitad de la ceremonia, la esposa del señor Weber, su hija Angela y nada más y nada menos que su sobrino Chris hicieron acto de presencia para proceder con demás partes de la ceremonia. Intenté mantener la cabeza fría mientras mi mirada se cruzaba "accidentalmente" con la de Chris cada cierto intervalo, en los cuales no pude evitar detectar una pequeña sonrisa tímida. O imaginarla, no sé bien.

Finalmente, el señor Weber declaró marido y mujer a Charlie y mamá. Sellaron el contrato con un beso, acompañados de los más estruendosos aplausos de todos los invitados, incluyéndome entre ellos. Inclusive me paré al ver que mamá sonreía y derramaba lágrimas de felicidad al despegarse un poco de su nuevo marido para poder apreciarlo mejor.

Su nuevo marido. Y ahora mi padrastro.

Busqué con la mirada a Bella, quien me estaba mirando fijamente, pero con una sonrisa en sus labios. No pude evitar devolvérsela y articular los labios formando la frase "hola, nueva hermanastra", a lo que ella sonrió y articuló "hola, hermanastro" en respuesta.

La fiesta se dio en el patio de nuestra casa, como se esperaba. La casa de Charlie no era muy amplia como para tener a al menos treinta personas. La nuestra contaba con un patio de tierra, menos mal. Era al menos más regular que el de la casa de Billy.

La recepción fue increíble. A pesar de un presupuesto bastante humilde, la decoración estuvo perfectamente lucida con adornos en los árboles, mesas con manteles y uno que otro mesero, a pesar de ser tan pocos invitados.

El baile fue precedido por la nueva pareja. Empezaron con un ritmo lento pero pegajoso, al que se le fueron sumando nuevas parejas. Por un instante pensé en salir a bailar con Leah, pero en eso me tope con Bella, quien estaba platicando armoniosamente con mi hermana. Sonreí y me dirigí hacia ambas chicas, quienes platicaban tranquilamente sobre los últimos meses.

—Eh, hola —me dirigí directamente hacia Bella—. ¿Bailamos un poco, hermanastra?

La vampiresa me sonrió cálidamente.

— Claro que sí. —concedió. Le extendí el brazo y ella se agarró de él, más por costumbre que por equilibro. Nos unimos al baile con verdadera afinidad.

— Resulta un poco raro pensar en el hecho de que ahora somos familia. —murmuré mientras la hacía darse una vuelta, que ella ejecutó con gracia. Me sonrió al devolverme la mirada.

— No tanto como pensé. Al menos esta vez es oficial.

— Veo que Leah y tú se están llevando muy bien. —le dije.

— Oh, claro. Estábamos hablando de las nuevas rebajas en el centro comercial de Port Angeles. —me repuso ella con un tono algo diferente. ¿Sarcasmo? Me reí.

— Ya decía yo que era demasiado bueno para ser verdad. —repliqué.

— Oh, ¡claro que es real! Lo que pasa es que tu hermana y yo usamos otros temas de conversación más adecuados.

— ¿Ah, sí? ¿Cómo cuales?

— Bueno… bajó un poco la voz y se acercó más hacia mí, al nivel de mi oído—, la verdad es que estábamos hablando de Jacob. Las dos pensamos que ya has torturado suficiente al pobre chico.

— No. —fue todo lo que le pude decir. No quería que me salieran con eso, y desde luego que no consideraba suficiente el hecho de estarlo evitando por once meses.

— No supuse que tú fueras de esos chicos rencorosos, Seth. Siempre te concebí como el más puro de los de la manada…

— La gente cambia con el tiempo. Ahora pienso diferente y me siento diferente.

— Pero todavía lo amas. —dictaminó. Como Billy. Me separé un poco de ella y le sostuve la mirada.

— No lo sé —susurré, teniendo un pleno cuidado de mis palabras—. Sinceramente siento muchas cosas hacia ese muchacho, generalmente malas. No puedo creerlo. ¿Pero qué más da? Cumplirá los dieciocho en enero. Que él haga con su vida lo que tenga que hacer. Ya sabrá él…

— Sabes que Jake no mira a Nessie de esa manera.

— Y una mierda. ¿Todos me van a decir eso el día de hoy? No me repitan lo más obvio.

— Es que no pareces querer perdonar a Jake.

— Es que me ha lastimado.

— Yo también lo lastimé, por si no te acuerdas, pero él no dejó de hablarme.

— Se ausentó todo un verano, dejándome abandonado como si yo no fuese su novio en ese tiempo. —le espeté.

— En ese tiempo… —se interrumpió, posiblemente pensando en sus siguientes palabras o haciendo una pausa dramática, nunca lo supe—. En ese tiempo vi lo mucho que se había obsesionado con enamorarme de él, pero no lo consiguió. Y no pudo conseguir entender lo mucho que lo amabas, a pesar de haber intentado algo contigo. Pero es diferente ahora, ya te lo diré. No sé si lo notaste, pero cuando Nessie no lo mira él está envuelto en una agonía total. Edward y Jasper apenas lo soportan así.

— Basta, Bella —le pedí—. No quiero tener más conflictos con más personas. Esta es la unión del clan Swan-Clearwater. No puede haber guerra entre nosotros.

— Tienes razón —sonrió un poco—, pero yo no encuentro el motivo por el que debería existir una guerra a partir de esta conversación.

— Sólo decía. —murmuré. Ella tenía razón. No debía haber una guerra ni nada por el estilo. Sólo éramos nuevos hermanos conversando.

— Oye, a todo esto… —prosiguió ella, bajando todavía más la voz—, no sé si has hablado de esto con tu hermana, pero ella te ha visto algo diferente en todo este tiempo.

— ¿A qué te refieres? —inquirí.

— No sé. Ella dice que últimamente estás diferente, como ido o distraído en algo…

Tragué saliva. Esto no le pasó desapercibido a Bella.

— ¿Qué es?

Se me formó un nudo en la garganta. ¿Debería o no debería decirle? Posiblemente sí, porque lo entendería. Posiblemente no, porque no se lo había confiado ni a Leah. Pero mi hermana estaba en contacto directo con Jake por lo de sus entradas en fase. Yo, por otro lado, las evitaba lo más posible pero sin querer renunciar a mi capacidad metamórfica. O como fuese la palabra.

Terminé suspirando y susurrándole al oído:

— Bella, ¿sabes guardar secretos?

— Eh, claro. ¿Qué pasa?

— No aquí. Lejos de la pista, y lejos de Edward. Eres la única a la que no le lee la mente, y te necesito justo por eso. Tengo que contarle a alguien.

— ¿A alguien? ¿No se lo has contado a nadie?

— A nadie más. Ni siquiera a mi hermana. Por favor. —le puse una mirada suplicante, que ella pudo rechazar. Me asintió mientras salíamos disimuladamente de la pista de baile y nos metíamos directo a la casa. Por suerte, no había muchas personas en ella, salvo Charlie y uno que otro de sus compañeros de la policía. Me encaminé directamente hacia habitación, esperé a que Bella entrara, cerré la puerta con seguro y tomé una gran bocanada de aire. ¿De verdad estaba por hacer lo que tenía en mente? Sí que estaba desesperado.

Le sostuve la mirada mientras le contaba todo: desde mis tres encuentros sexuales con Jake hasta mis amoríos moderados con Chris, pasando por el dolor que jamás querría reconocer en voz alta o con alguien más. El dolor de ver cómo Jake se me iba de las manos y cómo sospechaba que Chris sólo era un novio de consolación. Hacia cierto punto de mi relato, lloré como jamás había llorado. Como no lo había hecho en muchos, pero muchos meses. Era la primera vez que lloraba desde aquélla borrachera.

Y me odié a mí mismo por permitir que Jake me hiciera daño, aún cuando no le dirigía la palabra desde hace tiempo. Me odié a mí mismo por seguir amando a alguien a quien odiaba, a alguien a quien no me amaba, ya no.

Y también me odié por ser el más pendejo del mundo, metiéndome con Chris cuando aún estaba loco por Jake.

¡Cuán masoquista podía ser en verdad! ¡Cuán estúpido podía llegar a ser! ¡Cuán patético y necesitado de atención era yo!

En algún punto, Bella me abrazó con verdadero afecto, a pesar de tener una piel gélida. Me dije a mí mismo que me tenía que acostumbrar a contar con ella.

— Te prometo que no diré nada, Seth, hermano mío. —me dijo con una voz realmente conmovedora.

Y por un instante me sentí a salvo en mi vida, pero eso no evitaba que me odiara al fracasar en mi larga lucha por sacar a Jacob Black de mi vida.