Sin vergüenza
Estimado Seth:
Sé perfectamente por lo que estás pasando y lo que piensas de mí, pero quiero dejar en claro que nada ha cambiado en lo esencial.
Nessie está creciendo de manera formidable, ¡si tan sólo la vieras! Me ha ayudado con la tarea de la facultad (este segundo semestre está mucho mejor que el anterior), ¡y eso que apenas va a cumplir los tres años en unos meses! Es demasiado lista, hasta podría ayudarte en la prepa si no te empeñaras en detestarla por lo que ha pasado conmigo. Oh sí, eres predecible.
Aunque realmente no lo parezca, no sabes cuánto me carcome la culpa por lo que te ha sucedido gracias a mí. No se me ha olvidado ninguno de los maravillosos momentos que habíamos compartido, lo que lo convierte en algo todavía más doloroso para mí. Aún cuando Nessie me hace sentir demasiado bien, por debajo de ello existe un vestigio enorme de mi culpabilidad. No puedo perdonarme por ello, ni siquiera es una idea viable dentro de mis pensamientos.
Edward, Esme y Bella te echan mucho de menos; me lo contaron el invierno pasado cuando regresé. No consideran justo que tú hayas dejado de ir a visitarlos sólo por lo que ha sucedido entre Nessie y yo. Ella sigue siendo una niña, Seth; aún te faltan cuatro años para que siquiera empieces a considerar tratarme con esos celos. Todavía no lo veo de esa manera, y seguramente jamás lo haré a menos de que ella me lo pida. Por el momento sigo siendo como su hermano mayor y mejor amigo, pero sobre todo modelo de juegos infantiles. Ahora no pienso ni siquiera en burlarme de lo que Quil tiene que hacer para soportar a Claire; esto realmente es divertido.
Pero no quiero agobiarte más con esto. Necesitas saber la verdad. Leah me facilitó el nombre del chico con el que te caché besándote en diciembre, es un tal Chris Windflower. También se quejó un poco por el hecho de que se lo hubieras ocultado tanto tiempo, hasta que ella finalmente los encontró en uno de los salones de la preparatoria. ¿En serio, Seth? ¿A qué le temes? Y sinceramente, no sé si esto va en serio o no, pero quiero que sepas que, pase lo que pase, cuentas con mi aceptación total. Aún me molesta la idea de dejarte ir, no creas que no, pero es lo menos que puedo hacer para intentar compensarte por mi imprimación.
Realmente lo siento, mi pequeño Seth. No hay nada que pueda hacer para poder mejorar las cosas o volverlo algo más flexible para poder mitigar tu dolor, porque sé que todavía me amas. Y también sospecho que, en el fondo de mi imprimado corazón, todavía existe una sombra de mi amor hacia ti. Ya debería saberlo, hay sueños en que apareces y todo vuelve a ser como antes.
Eres el único hombre al que he amado, y el único al que siempre amaré, aunque sea muy, pero muy en el fondo de mi corazón.
Siempre a tu disposición, y totalmente dolido por tu distancia,
Jake.
PD: va muy en serio lo de los Cullen. Intentarán averiguar por medio de Sue o Charlie cuándo es que podrás venir a verles. Ha sido idea de Alice. Ah, y Bella dice que quiere que le cuides bien su vieja habitación.
Mis dedos pasaron por cada una de las letras escritas en las dos hojas, reconociendo la caligrafía de Jake. Vestigios de lágrimas se podían apreciar por aquí o por allá; no podía evitar llorar cada vez que la leía. El idiota sí que sabía cómo sacudirme el tapete.
Pero bien que le costó sus cinco meses el ponerse en contacto conmigo. Sabe lo que vio en diciembre, sabe que estuve con Chris, y hasta ahora en mayo es cuando decide escribirme.
Pero lo que más me mueve el tapete es el hecho de que ya supiera el nombre.
¡De haber sabido! Nunca le hubiera confesado la verdad a Leah el octubre pasado. Pero bueno, no es como que yo hubiera tenido muchas opciones cuando ella entró sin vergüenza al salón de Biología para buscarme, y me encontró con las manos en la masa. O mejor dicho, en Chris.
Pobre de Chris. Tuvo que salirse del aula para que mi hermana y yo pudiéramos "hablar" en privado. Después de media hora de gritos y explicaciones acerca del tiempo que llevaba viéndome con él, termino aceptándolo. Me llamó idiota por todavía estar sufriendo por Jacob cuando ya tenía a un hombre, y con muchos meses de ventaja sobre el primero.
Un golpe bajo contra la ventana me sacó de mis pensamientos. Poco a poco, recuperé la noción de mi actualidad y vi que una de las ramas del árbol arañaba la ventana de la habitación. Mí nueva habitación, en la que Bella había dormido cuando era humana.
Recorrí la habitación con la mirada una vez más. Yo nunca había tenido muchas pertenencias, por lo que mi recámara se veía bastante vacía. Leah se había quedado en la otra casa; se había encariñado tanto con ella que se empeñó demasiado en pedirle a mamá que la dejara vivir allá, en lugar de venderla, como Charlie había sugerido. Como era mayor de edad, a mamá no le molestó. Yo también me hubiera quedado, pero como apenas tenía diecisiete años, a ella no le pareció. Eh aquí, pues, me tienen viviendo en Forks con mamá y… Charlie.
Siempre recurría a pensar en él con su nombre, porque aún no me acostumbraba a llamarle papá, o de perdida padrastro. Ya iba año y medio de matrimonio —muy bueno, por cierto—, pero seguía sin acostumbrarme al nombre. Pero a él no parece molestarle. Siempre me recordaba que Bella también le llamaba así. Y que le sigue llamando.
La misma rama volvió a hacer ruido contra la ventana, por lo que me guardé la carta debajo del colchón, como siempre, abrí la ventana, soporté un poco de la lluvia tropical y rompí la rama.
— Ya no me estarás jodiendo, idiota. —murmuré al objeto inanimado antes de arrojarlo al suelo. Me metí y cerré inmediatamente.
Me quedé mirando el exterior. Apenas y se podía ver el bosque colindante con la casa gracias a la velocidad y fuerza de la lluvia, una verdadera tormenta. A cualquiera, en otro estado, le parecería anormal una tormenta como estas en mayo, pero yo estaba más que habituado a verlas. Sin embargo, era la primera vez que me mojaba en una. Tanto se me ocurría salir y poder entrar en fase para disfrutar la lluvia, pero mamá no lo permitiría, en especial por el bien de Charlie.
Claro, Jake puede entrar en fase enfrente de él, pero yo, que soy su hijastro, no puedo hacerlo por el bien de él. Es algo bobo, si se me pregunta.
En eso, mi celular empezó a sonar. Me maldije a mí mismo al instante, porque no sabía en dónde lo había dejado. Sabía que estaba por la cama, pero como anoche me dormí con él, esperando uno de los mensajes de Chris, Dios sabrá dónde quedó.
Rebusqué como loco entre las cobijas como por veinte segundos hasta que finalmente di con él. Contesté enseguida.
— ¿Bueno? —intenté mantener la calma para no evidenciar que estaba llorando.
— ¿Seth? Soy yo.
— Ah, sí. Estaba terminando de leer tu carta. —endurecí mi voz.
— Oh, supongo que eso es bueno —dijo la voz de Jake. Hizo una ligera pausa, en la que me pude imaginar que se estaba mordiendo los labios por buscar las palabras adecuadas para hablar conmigo. Después, suspiró por lo bajo—. ¿Y qué piensas al respecto?
— Pienso que tu nivel de cinismo no podría ser más grande de lo que ya es, Jacob. —murmuré.
— ¡Oh, vamos, Seth! ¡En serio! Realmente no me importa que estés saliendo con ese tal Christopher. ¡En serio! Se me hace lindo que hayas conseguido a un hombre, y me sorprende que hayas tenido el poder de ocultármelo todo este tiempo…
— No seas tonto, Jacob. Me refería a lo de "en el fondo de mi corazón queda un vestigio de mi amor por ti". Qué cinismo el tuyo, la verdad.
— ¿A qué quieres llegar con esto?
— Me refiero a que te encanta poder retorcer el puñal en la herida que ya has causado.
Una pausa incómoda. Escuché un siseo de su lado. Bien, eso debió dolerle.
— Seth… —imploró. Dejó su tono en el aire, dejándome con silencio y ligera estática. No sé qué esperaba que yo dijera, pero nunca se lo habría dicho.
Le colgué tras un minuto de silencio incómodo.
— ¡Oh, vamos, Seth! ¡No me jodas con algo así!
— ¡Claro que sí! ¿Cómo pudiste, Leah? ¡Contarle a Jacob sobre Chris, ya me dirás!
— ¡Pensé que debía saberlo! ¡Ha sido muy egoísta de tu parte esconderlo todos estos años!
Estábamos en la cocina de mi antigua casa, ahora la casa de mi hermana. Ella estaba preparando un aperitivo de ensalada para los dos. Apenas le había telefoneado para avisarle que iría a verla, y llegué en un tiempo récord. Le empecé a reclamar en cuanto crucé por la puerta.
— ¡Pues no pude evitarlo! —me gritó—. ¡Estábamos haciendo la ronda, accidentalmente pensé en ello y él me obligó a contarle! ¡Cielos, Seth! ¡No veo para qué tanto drama!
— No debiste —sentí que mis ojos se humedecían mientras unos temblores me recorrían el cuerpo—. No me preguntaste si yo quería decirle…
— Seth, Seth, cálmate, por favor. —me pidió, pero yo la ignoré y me di la media vuelta. Me saqué la camiseta y el short mientras avanzaba y entré en fase antes de siquiera adentrarme en el bosque. Aprovechando que Jacob estaba en la universidad, no podría estarme jodiendo mientras corría con todo el derecho del mundo.
Y corrí. Corrí como si el mundo se estuviera terminando justo detrás de mí, y dicho final me estuviera persiguiendo para poder matarme. Corrí como si mi propio verdugo, audaz y lleno de una vorágine homicida, me siguiera los talones lobunos.
¿Hacia dónde quería trotar? No lo sabía. Me limité a seguir el camino que mis patas me iban poniendo enfrente, y yo, feliz de la vida, me concentré en pensar como un lobo, cosa que, obviamente no pude.
Ahora comprendía a qué se refería Jacob hace tres años, cuando huyó descaradamente y me dejó aquí abandonado. Dentro del corazón existía una inexplicable mezcla de malas sensaciones, que bien podrían germinar la semilla de la maldad y convertirme en algo que realmente no era.
Mientras trotaba con toda mi alma, lo único en lo que pensaba era en gritar. Gritar hasta que me ardiera la garganta. Gritar hasta que alguien pensara que yo, como lobo, había sido herido. Quizá y sí estaba herido, pero no lo veía con claridad.
Leah me había delatado ante Jacob. Jacob, de la manera más cínica posible, me felicitó por mi relación con Chris y me recordó que puede haber alguna posibilidad de que todavía me amara. Y Chris… simplemente era un humano. Un humano común y corriente al que yo tenía engañado: no sabía nada sobre Jacob, no sabía nada sobre mi condición metamórfica, ni siquiera sabía lo que realmente sentía por él.
Porque aunque lleváramos casi tres años de relación, yo no podía verlo de la misma manera en que todavía veía al imbécil de Black. Debía reconocer que antes y durante nuestra corta relación, sentí esos fuegos que todo lo lamían y consumían. Ahora me estaba quedando con medio placer físico, producto de mi cobardía. No me atrevía a llegar más lejos con Chris por el simple hecho de respeto hacia Jake.
Luego, en eso, me retracté. ¿Para qué me preocupaba por Jacob Black? Ahora tenía todo lo que un buen chico como yo debía tener.
Seguí el camino que me indicaban mis patas hasta que reconocí los rumbos. Estupefacto, frené drásticamente hasta que reconocí el patio trasero del apartamento que ya tanto conocía. El corazón se me desembocó al verlo ahí, por la pequeña ventana de la cocina, mientras él estaba absorto en sus pensamientos a la vez que se preparaba algo de comer. Mi respiración empezó a hacerse más y más veloz. ¿Cómo rayos había venido a parar al patio trasero de Chris sin siquiera darme cuenta? Y lo peor del asunto, ¿cómo estaba el hecho de que yo me iba a dejar ver así? Al pobre le entraría un paro cardiaco en el momento en el que me viera.
Me escondí detrás de un árbol, y rápidamente salí de fase. No obstante, la taquicardia y la taquipnea estaban a toda máquina; no había margen para la tranquilidad. No esta vez.
Pensé en algunas alternativas. Bien podría llegar usando sólo el short y decirle que se me había ocurrido venir a visitarle y, no sé, antojarle una ida a la playa. Eso podría explicar mi poca vestimenta. Sí, claro que sí.
Me preparé y me agaché para poder desatar mi short del cordón de cuero, cuando noté que en mi tobillo sólo estaba el cordón. Nada de ropa.
Me la quité al huir de la casa de Leah.
¡Qué pendejo había sido! ¿Cómo me había olvidado de atarlo? ¿Qué imbécil se olvida de atarse la ropa antes de entrar en fase? Sólo un imbécil demasiado molesto con su hermana mayor por haber cometido semejante traición.
En ese caso, cualquiera lo hubiera olvidado olímpicamente.
Intenté pensar en alguna solución práctica. Bien podría entrar en fase y correr en dirección contraria y no volver sino hasta otro día, ya que el coraje se me pasara. Eso podría funcionarme. Pero por otro lado, la idea de pasar a verlo me producía una verdadera ansia.
Pero, admitámoslo. No entraría desnudo a la casa de mi novio. Era impensable, simplemente suicida.
Entonces escuché que mi chico soltó un juramento. Me asomé poquito por un lado del tronco y noté que se estaba sujetando una mano mientras abría la llave del lavamanos. Entonces colocó la mano en él. Ay, pobrecillo.
Durante un largo minuto me le quedé contemplando. Después, cerró el agua y desapareció rápidamente de la vista. Debió de haber ido a por el botiquín. Decidí entonces que era la hora.
Nervioso, corrí hacia la ventana de la cocina, que por suerte estaba abierta. Me esforcé para pasar una pierna por el marco y luego la otra, mientras pasaba y sentía el reconfortante frío de los mármoles en las plantas de mis pies. Ahora el truco estaba en llegar a su habitación, tomar un short y hacer como que había entrado por la puerta principal.
Rápida pero silenciosamente, corrí de puntitas por el pasillo hasta llegar a la segunda puerta a la izquierda, la que daba a su habitación. Siempre que entraba aquí, me recordaba que detestaba el color verde pistacho en las paredes de interior, pero nunca se le podía discutir sobre ello a Chris. Amaba ese color en su cuarto. Recorrí superficialmente la habitación, reconociendo tanto la cama individual de cabeceras de olmo, el buró lleno de cómics y latas de soda, y el estante gris con pocos libros, la mayoría escolares. Mi mirada se detuvo en la pila de ropa que estaba entre la cama y dicho librero, y entonces vi un short deportivo color verde olivo, perfecto para mí. Corrí a tomarlo y me lo empecé a poner cuando un silbido detrás de mí me llamó la atención. Me paralicé al instante, con el short a la mitad de mis nalgas.
— Sí que eres hermoso. —canturreó la voz de Chris, con lo que mi corazón bien pudo haber despegado como una hélice hasta escapar de mi cuerpo. Me paralicé al instante, con las manos aún sujetando el short, y mi respiración volviéndose más y más veloz.
A su vez, sentí que me ruborizaba, mientras pude sentir sus sordos pasos, acercándose lentamente hacia mí. Pude escuchar que su corazón también estaba latiendo como loco y que su respiración delataba que él también estaba muy agitado y nervioso, pero al menos intentaba disimularlo con una que otra palabra.
— Ese short es mío —prosiguió con voz seductora mientras percibía que sus pasos se acercaban a mí. Al segundo siguiente, sentí sus manos alrededor de mi cintura—. No está bien tomar las cosas ajenas sin permiso, señor Clearwater. Será mejor —sentí que sus labios se acercaron a mi nuca, que besó lentamente— que se arrepienta de su tentativa de robo —ahora besó mi cuello lateral mientras sus manos me recorrían los abdominales— y me entregue ese objeto. —dictaminó, y con un movimiento suave tomó el short y lo deslizó hacia abajo, dejándome completamente expuesto.
Mi rostro bien podría estar ardiendo de tan ruborizado que me sentía en este momento. Intenté comparar la temperatura que sentía en el rostro con la de un sartén listo para freír los huevos, y me apenó reconocer que apenas podía haber alguna especie de diferencia.
— Oh, Seth, es una agradable sorpresa. —me canturreó al oído, y después sentí sus labios contra mi hombro izquierdo, presionándose con tanta suavidad que me provocaba un hormigueo agradable, con lo que apenas lograba permanecer completamente erguido. Sus manos, en cambio, recorrían violentamente cada parte de mis abdominales, pectorales e incluso pelvis. Cerré los ojos y empecé tanto a hiperventilar como gemir por la boca. Sus caricias eran tan contraproducentes que no sabía ni qué sentir más: si placer o romance.
Y fue entonces cuando se me arrimó completamente. La tela de su pantalón rozaba violentamente contra mis nalgas, señal de lo inevitable.
Iba a suceder.
Entonces me entró un pequeño brote de pánico. No podía ser hoy, definitivamente no.
— Chris… —susurré mientras me intentaba darla vuelta para verle cara a cara, pero él me tomó por las caderas y me apretó más contra su persona, en la que claramente pude sentirle aquello. La sensación, aún con un pantalón entre ambos, me hizo gemir de auténtico placer.
— Sí, mi vida. Sí. —me canturreó, y una de sus manos bajó directo a mi miembro. Apenas tuve tiempo de reaccionar ante este pequeño gesto cuando empezó a estrujarme con verdadera lentitud, casi con romanticismo y devoción.
El corazón me martilleaba fuertemente contra las costillas, privándome de una regular sensación amorosa. Mi novio me siguió tocando y arrimando contra sí hasta el punto en que no pude más. Me despegué, me giré hacia él y le besé en los labios, con todo y lengua. A su vez, yo mismo le arrimé mi miembro con movimientos vigorosos, lo que realmente me encantaba porque lo hacía rozarse con el suyo, que crecía contra la tensión del pantalón.
— Seth —me gimió entre dientes. Sus manos estaban en mi espalda, y me apretaban contra sí con verdadera violencia. Yo, en cambio, tenía mis manos en su cabello—. Oh, Sethie…
— Shhhhhhh. —le dije ente dientes mientras jugaba con la lengua dentro de su boca, sintiendo sus dientes y la lengua misma. No sabía a qué se atribuía esto con exactitud; lo relacioné con mi coraje y con el hecho de poder descubrir algo más definido acerca de mis sentimientos.
Despegué mis labios de los suyos, así como mis manos, y las puse en la parte inferior de su camisa. Con poca delicadeza, tiré de ella hasta que estuvo hasta arriba, con lo que le facilité a mi novio el desprendimiento de la misma. Su cuerpo no estaba tan musculoso como el mío, pero aún así lograba ser muy agradable para mí. Lo besé de nuevo y volví a arrempujar contra él, pelvis contra pelvis, separadas sólo por el maldito pantalón.
Las manos de Chris me fueron empujando cariñosamente, con lo que yo fue retrocediendo en pasos. Apenas y calculé a dónde me estaba guiando, pero dejarme caer en la cama con él no fue tan complejo como pensaba. Pasé mis manos por su cabello, por su nuca, por su espalda, por sus costados, por todo su cuerpo. Él, en cambio, tenía ambas manos en mis mejillas, como si no me quisiera dejar escapar de sus labios tan dulces.
Bueno, yo tampoco querría despegarme de ellos.
Mi mano derecha llegó a la zona del cinturón del pantalón, algo realmente molesto. Seguí metiendo la lengua en su boca mientras deslizaba lentamente mi mano por la prenda, rebuscando la zona delantera. Entonces, al pasar suavemente la mano, se lo sentí. Palpitaba y estaba durísimo. Di otro respingo más mientras me atreví a tomarlo con mi mano, con lo que él gimió.
— Chris… —gemí, y metí la mano. Me lo encontré directamente, y lo estrujé tanto como el resorte y la tensión del pantalón me lo permitían. Vacié la mente de todo pensamiento que no fuera Christopher Windflower, y me dejé llevar.
Todo el aire a nuestro alrededor se estaba calentando. En ambos empezaron a aparecer finas gotas de sudor, lo que, a decir verdad, hacía que mi novio se viera aún más sexy de lo que era. Entonces no pude resistirlo más.
Saqué la mano del pantalón, acerqué la otra a dicha zona, y con ambas empecé a desabrocharle el botón y bajarle la cremallera. Al terminar, con movimientos rápidos, le bajé tanto el pantalón como la ropa interior, y su miembro chocó contra el mío. Me mordí el labio inferior mientras lo apreciaba, y en eso una leve punzada de nostalgia me invadió. Recordé a Jacob y la primera vez que lo hicimos. El suyo estaba más grande que el de Chris, pero eso importaba un comino ahora.
Nuestros besos ahora se repartieron entre la boca y el resto del cuerpo. Nuestras caricias ahora eran apretones leves cargados de la máxima de las sensaciones prohibidas y el placer de la carne. Él me hacía gemir cada cinco segundos con el simple roce de sus labios o yemas de los dedos contra mi cuerpo.
Entonces sus labios fueron descendiendo por mi tórax, hasta encontrarse al nivel de a pelvis. Sabía lo que venía a continuación, porque Jake me lo hizo aquélla primera vez. Y, después de dejarme ver, yo se lo hice a él. Y el placer no se podía comparar con absolutamente nada.
Cerré los ojos y me dejé llevar mientras él hacía lo suyo. Puse ambas manos en su nuca y lo apreté más hacia mí mientras le embestía. Nunca le llegaría a la garganta, pero eso era lo de menos.
Rato después me tocó a mí hacerlo. Él hizo lo propio conmigo, mientras yo hacía milagros para no ahogarme mientras jugaba con el mango y la punta. El sabor era embriagante; no se podía comparar con nada que yo hubiera probado antes.
Bueno, se parecía al de Jake, eso sí.
Entonces, Chris tomó más fuerte de mi nuca, me alzó y me llevó directo a sus labios, que combinados con los míos tenían un sabor peculiar y divertido. Mi erección rozaba la suya con extrema suavidad, acto suficiente para tenernos a los dos gimiendo como bestias.
En eso, él tomó mis nalgas y empezó a jugar con ellas. Gemí y sonreí cuando el primer dedo se deslizó en mi interior. Lo metió y sacó con verdadero profesionalismo, como si esto ya lo hubiera experimentado antes. Aunque, tras intentar el segundo dedo, noté que no era así. Le había atinado de pura suerte de principiante. Mejor para mí.
Después de las estimulaciones, me acomodé perfectamente para poder sentarme. No dejé de verle a los ojos mientras me sentaba lentamente y dejaba que se deslizara dentro de mí. Su rostro expresó un placer nunca antes visto en él. Me senté hasta que la base me rozó las nalgas, y como vi que él estaba petrificado por la sensación nueva, tomé sus manos y las coloqué en mis caderas. Y me empecé a mover.
Coloqué ambas manos en sus pectorales para darme apoyo mientras hacía las "sentadillas". Chris seguía maravillado, sin poder despegar las manos de mi cintura.
Y así seguimos hasta que él me pidió ponerme boca abajo en la cama. Obediente, lo hice, y él me embistió con fuerza. Sus manos estaban sujetándome las nalgas mientras él se mecía de adentro hacia afuera, y viceversa. El placer era tan enorme que tuve que morder la almohada para sofocar un poco mis gritos. Aunque no me dolía como aquella primera vez. Ahora todo iba más fácil y más placentero.
Todo el mundo perdió el sentido para mí. En estos instantes, sólo Chris y yo importábamos en el mundo, y la sensación era tal que incluso grité su nombre en algunas ocasiones. Pero él tampoco se quedaba atrás. Constantemente se acercaba a mi nuca para besármela o susurrarme mi nombre mientras me penetraba de una manera tan deliciosa. Debí reconocer que casi tres años de abstinencia habían valido la pena.
Conforme íbamos avanzando en el juego, me era más imposible calmarme. Y a él tampoco se le facilitaba. Ahora estaba colocado boca arriba, pero él seguía en la dominación. Lo miré a los ojos mientras gemía y me excitaba más y más. En sus ojos pude ver que él también hacía lo suyo.
Mis manos estaban en su culo, con lo que lo presionaba más para que me lo metiera todo. Los dos ya estábamos cubiertos por una fina capa de sudor, cosa que realmente me prendía más. Sin siquiera haberme tocado la erección, sentí que mi momento llegaba, y no lo evité para nada. Me vine con todo y eyaculación, arqueándome de tal manera que hasta mi abdomen quedó junto al suyo en estos cruciales y perfectos segundos, en el que todos mis músculos se contrajeron y yo encontraba una paz extraterrenal, como si muriera gloriosamente. Pero no era la muerte, era el orgasmo final.
Chris me alcanzó cinco minutos después. Sus contracciones fueron mayores que las mías, por lo que me remetió el miembro como nadie más lo había hecho. Su eyaculación me hizo gemir más, a la vez que mis piernas se arqueaban y los dedos de mis pies se aferraban deliciosamente a la sábana de la cama. Lo mismo con mis manos.
Y experimenté mi segundo orgasmo de la tarde.
Chris dejó caer su cabeza en mis pectorales, respirando entrecortadamente. Yo estaba igual. No retiró el miembro; mejor para mí, lo disfrutaba más. Por un instante me olvidé de todo lo que me había encabritado esta mañana, y me dejé hundir en el mar de sensaciones tan placenteras que este momento me estaba ofreciendo.
En eso, noté que Chris estaba temblando ligeramente. Estaba por preguntarle a qué se atribuía cuando sentí que una nueva descarga, más ligera que la anterior, se producía en mi interior. Mi chico volvió a gemir y a meterme completamente el miembro, producto de las contracciones orgásmicas.
— Oh, Seth —me dijo entre respiraciones hiperventiladas—, ¡te amo tanto, mi vida! Sabía que tú podías ser mi hombre. Te amo, realmente te amo, Seth Clearwater.
No supe qué responder, en parte porque todavía estaba respirando por la boca y recobrándome de ambos orgasmos. Me limite a acariciarle el cabello mientras pensaba en qué decirle.
Me amaba. Eso era muy importante, a decir verdad. Chris me amaba, lo había confesado al fin. Era un detalle muy clave en las relaciones funcionales de los demás adolescentes, pero ni él ni yo nos habíamos dicho eso en todo este tiempo. Lo consideraba un poco apresurado para ese entonces.
Entonces lo lógico sería que yo le dijera lo mismo en retorno, ¿verdad? Debía ser lo lógico, puesto que ya lo había hecho con él. Y no me hubiera acostado con alguien a quien no amara, ¿verdad?
Revisé todo el hilo de mis elucubraciones. Realmente no hubiera tenido sexo con alguien a quien no amara. No podía ser.
De pronto, sentí que había caído en las garras de la oscuridad. No supe cómo explicarlo, pero así me sentía al respecto. El torbellino de sensaciones de pronto ensombreció mi estado de ánimo, y por segunda vez en el día quise correr.
No sabía ni por qué, si ahora tenía todo lo que hubiera querido desear. Un novio estable que me amara, satisfacción en todo sentido de la palabra y una felicidad que podría provocar la envidia de muchos. Entonces, ¿por qué me sentía mal de alguna manera?
La respuesta no tardó mucho en llegar a mi cerebro. La última vez que había hecho el amor había sido con el chico del que llevaba enamorado muchos años, con el que ahora no podría compartir esto de nuevo. Me volvía a entristecer el hecho de haber perdido a Jacob, pero ahora me sentía más jodido al pensar en él cuando Chris acababa de complacerme. Y en nuestra primera vez.
Me sentí indigno, como un monstro sin vergüenza que se aprovecha de las almas de los inocentes para poder subsistir. De alguna forma sentí que me había aprovechado de Chris para obtener lo que Jake no podía darme. Y entonces caí en la cuenta.
Aún enamorado de Jacob, podía rehacer mi vida. Lo estaba haciendo ahora, mientras Chris empezaba a dormitar sobre mi pecho, dentro de mí y cerca de mi corazón, un lugar que él finalmente había conquistado.
No cabía ninguna duda. Por fin reconocía mis sentimientos.
Estaba enamorado de Chris.
