Sin futuro
Levanté la mirada de mi plato de cereal mientras Billy entraba a la cocina.
— Buenos días, Jake. —me dijo.
— Buenos días —le respondí, mirándolo hasta que se unió a la mesa conmigo para tomar su plato. Le había preparado huevos con salchichas, tocino y un vaso de jugo de naranja. Inmediatamente tomó los cubiertos y se puso a comer.
— ¿Qué te dijeron de la universidad? —preguntó sin más rodeos.
— Me dijeron que sí podía tomarme estas tres semanas, pero sin excusa alguna debía volver el dieciséis. Me parece un trato justo.
— Eso es mejor que nada, ¿no lo crees? Ya te perdiste el cumpleaños pasado de Nessie.
— Sí, y no pienso volver a hacerlo.
Billy suspiró.
— Bien, pero no quiero escuchar que te estás atrasando en las clases por estar aquí y…
— Eh, papá, ¿Te recuerdo que soy el primero de la clase y que unos ejecutivos de la Ford ya han venido a supervisar mis exámenes finales para medir mi potencial? —le dije con el pecho inflado de orgullo. Él sonrió.
— Cierto, cierto. Perdón, hijo. —y atacó su platillo.
La lluvia no era un agente extraño hacia finales de agosto, como el día de hoy, de manera que no me iba a alterar los planes de ninguna manera. Sólo estaba esperando a que aquellos chicos pasaran por mí para irnos corriendo como lobos.
Seguí comiendo de mi plato cuando Billy carraspeó su garganta. Alcé la mirada y me encontré directamente con sus ojos, fijamente concentrados en mí.
— ¿Qué pasa, viejo? ¿Algún problema con el desayuno? —me aventuré a preguntarle. Él negó con la cabeza.
— No, nada, hijo. Me preguntaba si algún día querrías una cerveza conmigo.
Su sugerencia me tomó desprevenido.
— Apenas tengo diecinueve. No me dejarían entrar a un bar. —le dije.
— No, hijo. No me refería a salir por ahí. Es que… últimamente estás algo alicaído. Te noto más distante…
— ¿Distante en qué sentido, papá?
— No sé… es como si te faltara algo.
Como si me faltara algo… posiblemente él tenía razón. Seth Clearwater había hecho todo lo posible por sacarme de su vida. Me había llamado cínico hacía dos meses. Desde entonces no había tenido noticia alguna de él. Debía de estar con su novio ese, Christopher. El sólo recordarlo me llenaba el estómago de ácido y el esófago de bilis.
Bajé la mirada y me concentré en acabarme el cereal.
— Jacob —dijo mi padre con un tono suplicante. Al instante, vi cómo su mano derecha se posaba encima de mi mano izquierda, que tenía en la mesa. Me quedé mirando este gesto como si hubiese sido algo completamente extraño para mí—. Es en serio, hijo. ¿Qué tienes?
— No tengo nada. —le dije mientras intentaba zafarme amablemente de su agarre. Algo en el interior de mi pecho empezaba a incomodarme. A su vez, mis ojos empezaban a irritarme.
— Claro que lo tienes, hijo. —me dijo, y sus palabras me hicieron notar un nudo en la garganta. No podía ser posible que a estas alturas del juego me empezara a sentir de esta manera. No por Seth.
— Billy, en serio, estoy bien. —le repetí, intentando volver a mi desayuno, pero en eso mis ojos me irritaron más, a tal punto de volverse borrosos y húmedos. ¿De verdad iba a llorar ahora mismo? ¿En pleno desayuno, en plena presencia de mi padre y en plena espera de mis amigos? Patético, hermano. Simplemente patético.
— Jake…
— Basta —me solté definitivamente y me puse de pie. Miré directamente a los ojos de mi progenitor, y en ellos encontré angustia; sabrá Dios qué se reflejaba en los míos, llenos de lágrimas que me juré no derramar—. Iré a checar el aceite del Rabbit. Hace días que no me está respondiendo bien.
Y salí trastabillando de la cocina. Detrás, mi padre dijo algo parecido a "creo que eres tú el que no está respondiendo bien".
Mientras caminé hacia el garaje, de espalda a todo el mundo, me tallé violentamente los ojos a fin de que las lágrimas no se me escaparan. De acuerdo, estaba haciendo un drama de los buenos. Qué patético debía ser en ojos ajenos, sobre todo cuando se suponía que yo estaba a la mar de bien con eso de la imprimación, mi tregua con los Cullen y mis calificaciones impresionantes en la universidad. Entonces, ¿a qué venía tanto drama? Lo tenía todo en la vida, ¿Por qué ponerme así por una sola persona?
Entonces caí en la cuenta de ello. Algo que le había escrito desesperadamente a mi ex chico, a la luz de la madrugada, con una botella de vino a mi lado —la tomé descaradamente del refrigerador mientras Billy dormía—. Era cierto que nunca lo podría olvidar, pero el hecho de llegar a tener incluso un dolor físico al pensar en él y en su ausencia me preocupaba hasta niveles insospechados.
Si ya estaba imprimado de Nessie, ¿por qué la ausencia de Seth me estaba doliendo tanto? Era bastante obvio, pero evitaba pensar en ello lo menos posible. Incluso, lo consideraba como lo correcto. Porque no era justo que me la pasara con Nessie y luego me mortificara por el joven Clarwater, cosa que regularmente hacía lejos de Edward o Jasper. Habría intentado hablar con Bella, mi mejor amiga, pero sabía que una de estas me delataría ante su esposo. Y como era su hija la que estaba implicada en esto, tampoco sería de mi ayuda. A decir verdad, ninguno de los Cullen podría servirme para poder desahogarme por mi maldita condena personal.
Llegué al garaje y me dirigí directamente al cofre de mi auto. Lo abrí con un ligero movimiento y contemplé la manguera del aceite, que por fuera parecía perfectamente normal. Apoyé mis manos en la orilla del cofre y me puse a pensar en la manera de poder arreglar la posible obstrucción.
Y que me eché a llorar.
Mis brazos convulsos apenas y podían sujetarse al vehículo, mientras las lágrimas, delatoras de la destrucción de mi alma, corrían libremente por mis mejillas. Sollocé y maldije en voz baja por el chico, a quien mucho deseaba ver en persona. Imagínate eso. El joven viviendo en la casa de Charlie, y yo sin atreverme a pisar por allá. Eso era por lo jodidamente imbécil que era yo.
— Seth… —dije su nombre hacia la nada varias veces, mientras me planteaba una alternativa más factible: bajar hasta la antigua casa de los Clearwater y hablar con Leah. Ya me había ayudado una vez al decirme el nombre del novio de su hermano, y no tenía nada que ver el hecho de que le hubiera implementado mi autoridad como Alfa para poderle sonsacar la respuesta. No, esta vez iría como el amigo y compañero que una vez habíamos acordado que sería para ella al no enviarla de vuelta con Sam. Eran contadas las veces en que podía llamar "amiga" a Leah, ¿así por qué no añadir una vez más?
Un par de golpes de nudillo contra la puerta metálica del garaje me desconcertaron. No pude reprimir el último sollozo.
— ¿Jake? —la voz de Embry sonó compasiva, con lo que me puse todavía más triste. Dos pares de pasos se apresuraron a llegar conmigo, y dos brazos me hicieron girar hasta que quedé frente a frente con mis dos mejores amigos. Los rostros de Quil y Embry, aún llenos de la sombra de una previa felicidad, ahora mostraban compasión.
— Tranquilo, Jacob, tranquilo. —canturreó Quil, dándome palmadas suaves en el hombro izquierdo. Inspiré violentamente y un nuevo suspiró escapó de mis labios. Me llevé ambas manos al rostro para ocultar mi patético estado. La mano consoladora de Quil no dejó de palmearme en todo el rato.
Algo estaba mal conmigo, por supuesto que sí. Esta tristeza hubiera sido inexplicable ante ojos de alguien que no me conociera, pero mis amigos sí que lo sabían.
— Por más que quieras —suspiró Embry, haciendo ligeras pausas entra cada palabra. Para colmo, me las decía con un tono muy lento— no podrás hacer mucho para recuperar a Seth. Estás imprimado, y Leah nos lo contó. Él te ha superado.
Las cuatro palabras me calaron como cuchillos a la mitad de una ventisca infernal, en la que yo estaba congelado y los filos demoniacos amenazaban con partirme al menor flaqueo o provocación. Yo era como el hielo o el cristal en esta situación: rígido, frágil. Y esas palabras, los cuchillos que me penetraban en puntos vitales y amenazaban con moverse para partirme en pedazos con las vibraciones.
Él me ha superado.
¿Y por qué me hacía sentir mal eso?
Ah, claro, porque lo amaba. No me podía engañar. La imprimación estaba de maravilla, pero no podía evadir lo evidente. Seguía enamorado de Seth, después de tanto tiempo y aún con la imprimación.
Eso me llevó a pensar. ¿Qué era lo que estaba mal en mí? ¿Por qué todos estaban tan complacidos con su imprimación, y yo era el único tarado al que le dolía estarlo? ¿Cómo Sam podía seguir viéndole la cara a Leah sin derrumbarse, y yo no podía soportar estar tan lejos del joven Clearwater? ¿Será acaso que la imprimación realmente obedece las orientaciones sexuales verdaderas? ¿Mi bisexualidad es la responsable de causarme el dolor por la ausencia de Seth, pero la felicidad por la presencia de Nessie? No, aún no había nada involucrado de esa manera en cuanto a Nessie. De ninguna manera la veía de esa manera. A Seth sí, y su ausencia me dolía como nunca.
Sin siquiera pensarlo, me abalancé hacia enfrente, y unos brazos me atraparon. De pronto hundí el rostro en el hombro derecho de uno de mis amigos; ignoraba cuál.
Y desahogué todo mi dolor y mi culpa, por lo que yo mismo había causado.
— Jake, estás muy distraído. —me dijo la voz de Esme. Levanté el rostro, sacudí la cabeza y me encontré con el rostro de la madre vampiro a escasos centímetros del mío. Su dulzón aroma me hizo retraerme de manera involuntaria, gesto que corregí al instante.
— Lo siento. Me tomaste desprevenido.
— Está bien —me sonrió y me sacudió; no noté que sus manos estaban en mis hombros—. Ven, estamos por sacar el pastel.
— ¿Pastel? —me sorprendí—. Pero si sólo Nessie, mi manada y yo comemos.
— Claro que sí, pero no queríamos ser tan desconsiderados y dejarles sin alimento alguno. Vamos —quitó las manos de los hombros y me extendió una ante mi rostro con gesto amable—, concéntrate en la fiesta.
Le sonreí tímidamente. Acepté su mano y me apoyé con ella para levantarme del suelo y caminar directo a la cocina, de la cual me llegaban voces risueñas. Seguí a la mujer mientras entrábamos a la misma, y entonces me encontré con las quince personas reunidas, aparte de mí: los nueve Cullen, los cuatro de mi manada —incluyendo Seth, quien tenía cara de no compartir la habitación conmigo y lo demostraba al jugar con su cabello, ahora un poco por debajo del nivel de los hombros—, Charlie y Sue. Yo llegaba para cerrar el círculo.
— ¡Por fin te uniste, Jacob! —me gritó Renesmee, quien ahora tenía apariencia de una niña de ocho o nueve años, a pesar de estar cumpliendo tres. A cada lado de ella estaban sus padres, tan jóvenes y perfectos como siempre. Ella me sonrió ampliamente, y yo no pude resistirme. Me invadió una felicidad repentina, y le devolví la sonrisa, casi igual o más radiante que la que ella me dedicaba. Todos en la sala notaron mi repentino cambio de humor, al que se unieron sin el menor comentario.
— Ya va siendo hora —comentó Emmett—. Últimamente estás demasiado pálido. Como que te falta una buena madera para sostenerte. —me dijo a la vez que hacía un ademán con ambos dedos índices, agitándolos paralelamente enfrente de su rostro, como si midiera algo, y se echó a reír por lo bajo mientras me dedicó una mirada endemoniadamente provocadora. Me limité a articularle una mentada de madre, con lo que finalmente se rió.
— ¿Por qué tanto alboroto? —preguntó Charlie, perplejo. Esto sólo hizo que Emmett se riera más.
—No pasa nada de nada. A Jacob le interesa mucho recuperar un poco de masculinidad en su vida diaria. —se volvió a reír.
— Cierra el pico. —mascullé por lo bajo, mientras Sue se acercaba a su nuevo esposo y le susurraba al oído:
— Déjalos. Los adolescentes y sus bromas.
— Jóvenes adultos. —le corrigió Emmett, quien se había acercado a propósito a la pareja para "escucharlos mejor". Si serás imbécil.
Edward rió por lo bajo. Lo volteé a ver, y vi que tenía sus ojos dorados fijos en mí. ¿Qué?, pensé. Es la verdad, ¿a poco no?
Él me asintió mientras su sonrisa se ensanchaba más por mis comentarios.
Bella salió de la habitación, para volver treinta segundos después con un enorme pastel de la menos tres niveles, cubierto de betún blanco, pero el aroma correspondiente no era otro sino el de chocolate. En eso miré a los ojos de todos los vampiros en la sala, quienes interpretaban muy bien su papel al mirar ansiosamente el pastel. Nunca los había visto tragarse algo. ¿Cómo le harían?
Rosalie fue la que se ofreció para partir el pastel. Bella movió la mano y reveló un cuchillo que antes se me había pasado desapercibido. La rubia lo tomó y se acercó al pastel, que estaba justo enfrente de la niña.
— ¿Lista, Nessie? —le preguntó su tía.
— Claro que sí. —canturreó Nessie con su voz de soprano, angelical y encantadora. Su abuelo, Charlie, la miraba como si nunca la hubiera apreciado por vez primera. ¿Todavía seguía de terco en intentar calcular qué era lo que estaba pasando con ella? Sinceramente nunca conocí a alguien tan más testarudo, y mira que había experimentado lo propio con Bella, o bien, conmigo en los tiempos en los que estaba enamorado de Bella.
Vaya días tan más oscuros había experimentado en ese entonces, cuando toda mi vida parecía ser aún más sencilla que ahora.
En lo que la rubia partía el pastel, desvié mi mirada directamente hacia Seth. El chico estaba con los ojos fijos en el postre. Su semblante mostraba una mezcla de ansiedad y seriedad; en sus ojos pude ver que la vacilación en sus ademanes. Cada poco sus retinas flaqueaban e intentaban dirigirse hacia mí, pero rápidamente las concentraba en el pastel que se partía. ¡Maldita sea, chico! ¡Mírame! ¡Mírame, por el amor de Dios!
— ¡JACOB! —me gritaron varias voces a la vez. Parpadeé y miré hacia mi derecha. Alice me estaba tendiendo un plato con una gigantesca rebanada. El pastel era de chocolate, y el relleno era de fresa, algo muy delicioso. El aroma me embriagó.
— Gracias. —le dije, y tomé mi pastel, que devoré en tres mordidas.
Luego de un rato, la fiesta se fue desarrollando de una simple comida a un baile familiar. Los muebles de la sala se recorrieron a las orillas para poder tener espacio. Jasper preparó la televisión y colocó un disco de música energética, con lo que todos nos movimos.
Los pasos de todos los Cullen eran, como debía esperarse, formidables. Charlie y Sue, en cambio, trastabillaban intentando seguir el ritmo. Quil y Embry se movían como una especie de robots, los muy locos. Leah y Seth compartían una pieza muy animada; era como si se hubieran dedicado a ensayar dicha rutina durante todas las tardes de los últimos años. La coordinación de los dos hermanos Clearwater era tal que no pude evitar sentirme atraído hacia ella, en especial cuando el chico llamó a Bella para que se uniera a ellos dos. Entonces, los tres empezaron un baile complicado en el que se involucraban mucho las manos y el zapateo de los pies.
Por un momento pensé que Bella estaba al tanto de la rutina, pero algo en sus labios me decía lo contrario. Además, sus movimientos se efectuaban apenas medio segundo después de los de los hermanos, pero eso no podía ser perceptible para el ojo humano convencional. Quién diría que yo vería a una Bella coordinada. La que yo conocí era bastante torpe y se fracturaba la pierna hasta con la babosa muerta que se le atravesaba en el camino. Me reí.
— ¡Ven y únete, amargado! —me gritó Leah. ¿En serio, Leah me decía eso? Le sonreí a medias mientras ella se separaba de sus hermanos y me halaba de las manos hasta incluirme en el área de baile. Bella me recibió con una sonrisa, pero Seth me puso una cara algo… insípida. Ya sabía que el chico no quería verme.
Leah empezó a intentar animarme, tal y como en aquél Año Nuevo. Empezó a bailar como si realmente hubiera nacido para ello; sus brazos, piernas y cabeza seguían el ritmo de la música, mientras yo intentaba acompasarme. ¿Quién lo hubiera dicho, Leah Clearwater, más animada que yo? O que cualquiera, vaya.
Al cabo de unos minutos me uní al baile, junto con todos los demás. No había persona que no estuviera bailando. Nos rotamos de vez en cuando, y para cuando me tocó con Bella ella me dijo que yo era el de los pies izquierdos. Ja, ja, qué graciosa.
En algún punto del baile, Seth se excusó para subir al baño. Mientras danzábamos, no pude evitar seguirle con la mirada mientras subía las escaleras. Ahí, su mirada rápidamente bajó hasta encontrarse con la mía, y una serie de torbellinos emocionales me invadieron al nivel del pecho, llenándome de un vacío y una gratitud, todo al mismo tiempo. Entonces, sus ojos destellaron con una misteriosa furia, casi como si me estuviera reclamando por haberle volteado a ver. Eso me desconcertó.
— Disculpa. —le dije a Alice, con quien ahora estaba bailando. Me abrí paso entre todos los invitados y troté hacia la escalera, la cual subí de dos en dos peldaños. Al subir, giré hacia la izquierda y visualicé el pasillo que daba al baño, de donde me llegaba el ruido de la llave del lavamanos. Entonces, con el corazón en un puño, me desplacé de puntillas hasta llegar a la puerta, ante la cual me detuve. Agudicé el oído mientras esperaba. Algo más sonaba aparte de la llave y el agua tirándose. Un sollozo.
Toqué a la puerta un par de veces con el nudillo.
— ¿Seth? —le llamé. Al instante se interrumpió el sollozo, y escuché cómo algo interrumpía el paso de la llave. Posiblemente metió las manos para mojarse la cara y disimular. Intenté quedarme lo más sereno posible; no me iba a poner a llorar con él. Alguien debía tener la cabeza fría.
— ¿Seth? —volví a llamar. Escuché el agua golpear contra la piel. No había la menor duda de que se estaba enjuagando la cara.
— ¿Qué quieres? —contestó ahogadamente; me lo imaginé con las manos húmedas contra el rostro.
— Hablar contigo, por supuesto.
— Ehh… ahora no puedo, Jacob. Lo siento. Estoy usando el excusado.
— Puedo esperar a que salgas. —le dije con un tono juguetón. No pude evitar tener una media sonrisa en mis labios. Esperé un par de segundos, en los que el agua volvió a correr limpiamente sobre el lavamanos. Me quedé mirando fijamente la puerta, hasta que la perilla giró, la puerta se abrió hacia adentro y me topé con el rostro humedecido del chico.
— Entra ya. —me dijo, haciéndome un ademán poco gentil para subrayar sus palabras. Le dediqué una mirada simpática mientras pasaba. A mis espaldas escuché cómo él cerraba la puerta con más fuerza de la necesaria.
— Bueno, hola. —le dije, acercando mi mano a la llave, pero él se aclaró la garganta.
— No la cierres. No quiero que nos escuchen. —me dijo en un tono serio. Dejé la mano congelada en su sitio, y así me di la media vuelta.
— Vaya, chico —le dije lo más sereno posible. ¡Cómo me encantaba volver a verlo directo a los ojos! Realmente agradable—, no pensé que hoy iba a suceder. —me reí.
— No sé en qué piensas, Jacob, pero ni creas que cederé en eso —me dijo con un tono cortante—. ¿Qué quieres?
Empecé a abrir la boca, pero lo que salió de ella fue un balbuceo estúpido. Sacudí la cabeza mientras movía mis manos a ambos lados de la misma para sacudirme el embotamiento.
— Ya, en serio, Jacob. ¿Qué es lo que buscas? —me soltó de nuevo. Se cruzó los brazos sobre el pecho y me dirigió una mirada envenenada.
— Seth… —empecé, aturdido por su conducta. Le imité con lo de los brazos. Le dediqué una mirada pícara, a la que él no respondió.
— ¿A eso vienes? ¿A lanzarme miradas? No puedo creerlo, Jacob.
— Oh, vamos, Seth. Sé más gentil. Diecisiete años ya, ¿eh? —le sonreí, a pesar de que su rostro denotaba un profundo desprecio hacia mí. Intenté permanecer sereno; que esta actitud hosca no me hiciera daño.
— Y tú diecinueve —contestó secamente—. Si intentas algo, bien podrías ser llevado ante las autoridades.
— ¡Por el amor de Dios! —espeté—. ¿De verdad crees que yo…? —me solté los brazos y los alcé en el aire, mostrando mi enojo. Entrecerré mis ojos e intenté mantenerme con la cabeza fría—. Sólo te he extrañado, amigo.
— Amigo… —susurró él, sin despegar sus ácidos ojos de mí—, amigo —repitió tajantemente—. Interesante concepto, Jacob. Muy interesante.
— Tranquilo, no pienso intentar nada contigo, sólo quería hablar contigo a solas.
— ¿En serio? Yo no tengo nada de qué hablar.
¡Maldita sea, muchacho! ¡Tienes un verdadero problema!, pensé.
— Seth, pareces una chica con ese nivel de dramático. —le espeté.
— ¿Dramático, dices? —se mofó—. Tú eres el que me está escribiendo cartas de amor trágico eclipsado por una imprimación que quizá no te está haciendo sentir de maravilla, ¿y yo —se apuntó al pecho con un dedo índice— soy el maldito dramático? Joder, Jacob —se volvió a mofar—, no sé ni a qué vienes a rogarme, en verdad. Sabes perfectamente con quién estoy saliendo.
— Un joven al que no conocías, y que seguramente no te conoce. —le murmuré.
— No sabrá de mi naturaleza metamórfica, pero sabe que puede contar conmigo. Me ama, Jake. Me ama, y estoy perfectamente seguro de que lo amo también.
Una punzada al nivel de mi corazón. Lo ama…
¿Qué mierda estaba pasando conmigo?
— Ah, la punzada de los celos —sonrió Seth—. Ya la sientes, ¿no?
— Cállate. —le dije como pude. Se me había formado un nudo en la garganta y mis ojos, por segunda vez en menos de un mes, se humedecieron gracias al tonto chico.
— Oh, ya. Ahora lo sientes, ¿no? Lo que yo sentí cuando te imprimaste de Renesmee. Duele, ¿no?
— ¡Qué te calles, maldita sea! —grazné, y las lágrimas me resbalaban por las mejillas. Nunca me hubiera imaginado que Seth fuese capaz de ser tan rencoroso, tan maligno. Y peor, capaz de devolverme el dolor que yo le ocasionaba.
Y lo que lo volvía más doloroso era el hecho de que aun así me afectaba, a pesar de todo lo que me rodeaba.
— Jake, Jake, Jake… —canturreó. Su sonrisa se ensanchó más—. Acéptalo. De no ser por Nessie, esta conversación no hubiera tenido lugar jamás. Podríamos haber estado bailando juntos allá abajo, podríamos haber tenido un hermoso futuro, pero me dejaste ir. Cometiste un error, Jacob, reconócelo. Ahora puedes olvidarte de lo que pudo haber pasado. No tenemos futuro juntos —dictaminó con una voz tensa, pero su sonrisa no flaqueó ni un instante—. Este sendero es un recorrido sin futuro alguno. Que se te vaya metiendo en la cabeza. —me dedicó una sonrisa más diferente, se descruzó los brazos del pecho, y de dos zancadas se acercó a mí y me plasmo un beso fugaz en los labios. Me quedé pasmado ante su ademán. Al despegarse de mí, me sonrío con cinismo mientras se daba la media vuelta y salía descaradamente del baño, dejándome encerrado con la maldita llave del agua corriendo a mis espaldas.
