Beteado por Aleja Rodríguez, Beta Fanfiction Twilight Hispanoamérica.
DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. La historia solamente mía.
"In the shadows"
LOYALTY
(Lealtad)
Estoy convencida de que nadie pierde a nadie, porque nadie posee a nadie.
Ésa es la verdadera experiencia de la libertad: tener lo más importante del mundo sin poseerlo.
...
Se suponía que debía estar a las cuatro en casa de Alice. Miré mi reloj; eran justo las seis con quince. Internamente me felicité por eso y pensé en la excusa que le daría.
Odiaba ir a su casa y ver lo perfecta que era su vida. Extraño, si se me pregunta. Llegaba a ser espeluznante, como en los comerciales. Su perfecta casa con piscina y terraza, un perfecto y estúpido perro —que me odiaba, igual que yo a él— un auto último modelo y una perfecta e impactante cuenta bancaria.
¿Yo? ¿Qué tenía yo? Un asqueroso departamento que se caía a pedazos. No piscinas, no terrazas y, por supuesto no estúpido auto de ensueño. Mucho menos perro ni una alarmante cuenta bancaria y cada vez que iba a su casa todo eso me golpeaba de frente: directo.
Así, que aquí estaba de nuevo sin gana alguna, entrando por el gran jardín de Alice. Toqué la puerta un par de veces, hasta que sonó el ruido con el que se abrían las puertas eléctricas y entré a la gran casa.
Recorrí el largo pasillo buscando a Alice sin éxito, hasta que escuché su risa proveniente desde la cocina. En ella se encontraba Alice junto con una pequeña niñita.
—¡Bella! —Chilló Alice abrazándome con la niña en brazos.
La niña me miraba con sus grandes ojos verdes, era sin duda muy linda. Su rojiza melena rubia ondulada brillaba sublimemente. Me parecía nunca antes haberla visto.
—¿A qué no es una preciosura esta princesa? —Dijo Alice moviéndola en sus brazos—. Se llama Leila.
La pequeña niña me miraba con sus ojos serios de un lado al otro— ¡Saluda Leila! —Decía Alice mientras movía la manito pequeña de Leila.
De pronto el teléfono de la casa sonó, Alice dejo a la niña en mis brazos sin aviso previo; y salió corriendo a contestar.
La pequeña me miraba seria, sus ojos verdes eran penetrantes e intimidantes. Toqué su manito: era suave, muy suave.
—Amor, ¿sabes dónde está mi máquina de afeitar? —Preguntó Edward desprevenido, caminado en mi dirección sin darse cuenta que yo estaba escuchándolo. Indeliberadamente levantó su mirada. Sorpresa la que se llevó cuando me vio en la cocina, con la niña en brazos—. ¿Bella? —Lo calciné con la mirada sin decirle una sola palabra.
De pronto la pequeña empezó a hacer pucheros y eso, dio paso a un llanto bajito. No me gustaban los niños, de hecho los odiaba. Pero con ella fue diferente. Al ver sus hermosos ojos aguarse con lagrimas y su labio temblar, sentí como si un "clic" dentro de mí encajara y mi pecho se oprimió.
La acerqué a mi pecho acurrucándola, para que se calmara. Leila no paraba de llorar y eso me ponía nerviosa. Edward se encontraba todavía perplejo por mi presencia en algún lugar de la cocina.
Sin querer seguir viéndole el rostro a él, me llevé conmigo a la niña a la parte trasera de la casa. El estúpido de Toto ladró cuando me vio aparecer en su área de juego, a la cual rara vez me acercaba. Él y yo éramos viejos enemigos que se habían declarado la guerra. Leila al ver al perro se sorprendió, y al escuchar el ladrido del perro rió. Su risita era como una dulce melodía. Se movió rápidamente de entre mis brazos lográndose bajar y corrió en dirección al perro.
Después de corretear con el estúpido de Toto, Leila tomó mi mano y me llevó de nuevo a la cocina. Era tan pequeña y grande a la vez. ¡Como me encantaba esta niñita!
—¿Por qué no me lo preguntaste antes? —Vociferó bajito Edward a Alice, quien despreocupada no le tomaba atención.
—Ya te dije: no es la gran cosa, simplemente tenemos que estar allí un par de días. ¿Qué esperabas? ¿Qué le dijera que no a mi papi? —Dispuso Alice mientras buscaba dentro de su tablet algo, muy concentrada.
Esta escena la había visto miles de veces, y también escuchado de los labios de él. Edward siempre me decía aquello. Que odiaba como Alice monopolizaba su matrimonio, dejándolo sin voz ni voto. Él simplemente aparentaba y aceptaba como el esposo perfecto en la vida perfecta de ella. Alice siempre controlándolo todo y queriendo dar una vista "feliz" de su vida. Quizás para ella lo era, pero para él no. O al menos eso era lo que me decía Edward.
Edward me vio entrar de la mano de Leila a la cocina y se tensó. Sabiendo que lo había pillado en su mentira, me miró reflejando la culpa. Tal vez Alice no podía verlo, sin embargo, yo sí.
La niña corrió a los brazos de Alice, quien la recibió gustosa— ¡Oh, Leila! ¡Cierto! ¿Dónde andabas pequeña?
Alice levanto su vista y me miró —. ¡Bella! ¡Santo cielo, la comida! —Alice abrió sus ojos y salió a revisar el horno.
Rezando para que, al menos se le hubiese quemado la comida, y así no tener que soportar la cena con ellos. Pero como mi suerte es condenadamente mala, la jodida comida estaba impecable.
Alice levantó la bandeja del horno con una inmensa sonrisa
—¡Perfecto! ¿Cielo, por qué no vas a poner la mesa con Bella, y yo sirvo? Ya sabes que la chica del servicio tenía su día libre hoy.
Edward me observó nervioso y luego asintió. El ambiente era tenso entre los dos, juntos llevamos los servicios y el resto de cosas para poder servirnos la comida. Al llegar al gran comedor, Edward comenzó a hablar.
—Déjame explicarte, bebé…
—¿Explicarme? ¿Qué me vas a explicar? ¿Otra mentira más? —Le espeté con los dientes apretados, arrastrando cada palabra.
Edward se acerco más a mí y yo di un paso atrás. ¡Odiaba que me mintiera!
—Muy bien aquí esta nuestra carne asada ¿no se les hace agua la boca? —Dijo Alice poniendo la bandeja en el centro de la mesa—. Pero vaya, ¡que lentos! Ni siquiera han puesto las copas. ¿Qué estaban cuchichiando, eh?
—Nada —respondimos Edward y yo al mismo tiempo.
Una vez que todo estuvo en su lugar nos sentamos en la mesa, la pequeña Leila permanecía inmóvil en su lugar al lado de Edward, era sorprendente ver a una niña tan pequeña así de quieta ¡cada vez me encantaba más!
Tener a Edward sentado al frente de mí, lo ponía nervioso. Lo notaba. Sus ojos vigilaban cada gesto, movimiento y palabra que maniobraba. Sus ojos iban de Alice a mí. Claro está, Alice estaba ensimismada en su propio discurso de cómo preparó la jodida comida, que a decir verdad tenía un sabor delicioso.
El ambiente entre él y yo se sentía tenso, quería con todas mis ganas tirarle todos los cuchillos que habían en su preciosa cara. Quería enterrárselos uno por uno en ese cuerpo que me excitaba con cada movimiento. Quería sacarle uno por uno esos magníficos ojos que me invitaban a pecar. Quería dejarle una marca desde su definida mandíbula, que me moría por pasar mi lengua en ella, pasando por su esculpido cuerpo que amaba tocar, bajando hasta su camino feliz y ¡saz! Hasta esa increíble polla que me hacia gritar de placer cada vez que entraba en mi.
Le di la sonrisa más cínica y perversa que tenia; lo escudriñe de arriba abajo, calentándolo. Quería hacerlo sufrir. Amaba verlo rogando por mí, por tenerme. La maldad recorría mi cuerpo a través de mi sangre¡me encantaba! Y a la misma vez me excitaba.
Desinhibida, saqué lentamente mi zapato, subiendo mi pie por su pierna. Edward sorprendido, no sabía qué hacer. A cada instante se ponía más y más nervioso. Seguí subiendo mi pie hasta su entrepierna. Subía y bajaba lenta y tortuosamente. Sentía como se estremecía ante mi tacto; por encima de la mesa percibía sus manos en dos puños apretándolas demasiado fuerte, dejando sus nudillos blancos.
Pretendiendo llevar todo esto a un nivel mayor, saqué mi lengua, desliándola por mi boca, humedeciendo mis labios y la vez mordiendo mi labio inferior, sabía que lo volvía loco cuando lo hacía. Mi pie giraba en torno a su ya duro pene, di una risita cruel al ver los gestos que él intentaba controlar, continúe masajeando su pene hasta que Alice me sacó de mi burbuja de placer.
—Así que, ¿traerás al afortunado al cumpleaños de Vicky? —preguntó Alice, haciéndome reaccionar.
—¿Qué? —Dijimos Edward y yo.
—Vamos Bells, sabes de lo que te hablo. La palabra ¿Amor? ¿No te suena? —Indagó con ese estúpido tono que odiaba.
Por un momento lo pensé. Podría haberme hecho la tonta, aunque sé que eso no hubiese calmado la curiosidad de ella, y luego estaba el juego de querer torturarlo a él—. Bueno Alice, no lo sé. Quizás él no pueda esta semana.
La intensa miraba de Edward se poso en mí.
—¿Él? —Preguntó con los dientes apretados.
—¡Así es cariño! —Respondió Alice con una inmensa sonrisa aplaudiendo— . Belly bells ¡tiene novio!
Reí al ver el rostro de Edward—. Bueno no es exactamente mi novio —agregue riendo— más bien sólo estamos saliendo.
—Está bien, pero por algo se empieza y creo que sería perfecto si conociera a toda tu familia. Nosotros —señaló mirando a Edward— estaríamos encantados de conocerlo ¿cierto, cariño?
Edward asintió. Pienso, más para saber de quién se trataba, que por disimular.
Alice acerco su silla a la mía y comenzó con su diarrea verbal —¿Cómo es? ¿En qué trabaja? ¿Cómo se conocieron? ¡Cuéntanos Bells!
—Sí, Bella. Cuéntanos —dijo Edward con ironía.
Me tomó un momento pensar en ello, pero al instante se me vino alguien a la cabeza.
—Bueno, es alto, con unos brazos, Mmmh, sexies y moja bragas —Edward frunció el ceño, escuchando atento a mis palabras— se llama… Emmett y…
—¿Emmett? Que nombre más raro —exclamó Edward enojado.
—Cariño, no la interrumpas —dijo Alice riendo— sigue, sigue.
—¡Ay, Alice! No sé qué más quieres que te diga.
—Está bien, esperaré hasta el sábado ¡pero los quiero a los dos aquí ese día! ¿Entendido?
Cuando el infierno se congele linda, pensé.
—Haré lo que pueda —conteste con una sonrisa.
Después de recoger todo Alice se llevó a la niña a su cuarto ya que se había quedado dormida.
Abrumada entré al baño de invitados, mojé mi cara y me miré al espejo ¿Qué mierda estaba pensando? ¿Emmett? Sí claro, probablemente si se lo pido él vendría y me acompañaría. Pero no quiero darle a entender que quiero algo "serio" con él.
Es guapo, sí. Bueno en la cama, también, sin embargo, podría apostar que ese bar no le proporciona grandes entradas de dinero. Y eso para mí era lo esencial ¡vamos! ¿De qué servía volver a lo que por tanto tiempo he estado luchando por salir? ¿Una casa básica, no joyas, no lujos? ¡Por Dios!
Volví a mirar mi reflejo en el espejo ¡Yo merezco más! ¡Mucho más!
Al quitarle el seguro a la puerta y abrirla, vi a Edward enojado atrás de ésta, serio me ordenó:
—Entra.
Mantuve mi mirada con la de él por lo que para mí me pareció ser una eternidad, acercándose más y más hasta quedar atrapada entre la pared y Edward. Fue él quien rompió el silencio que nos envolvía.
—¿Emmett?
Le di una sonrisa coqueta pasando mi dedo haciendo círculos en su pecho—. ¿Qué nombre esperabas que dijera? ¿Edward? Ah no, ya sé ¿Edward Cullen? —Repliqué.
Eliminó el mini espacio entre nosotros, rozando su erección en mí. ¡Cielos! Sí que estaba enojado. Apegando su frente a la mía, sintiendo su errática respiración. Cerré mis ojos.
—¿No se supone que deberías estar en New York? —Le cuestioné en un tono burlón.
No respondió. Rozó su nariz con la mía, tomándome desde mi cintura y recorriendo mi cuerpo con sus manos. Sus labios estaban a pulgadas de los míos. Quería besarlos, morderlos, marcarlos. A pesar de todo era con él con quien quería estar, en el fondo sabía que —incluyendo su dinero— era con él con quien anhelaba estar. Una extraña sensación se apodero de mí. Cuando estaba con Edward todas mis prioridades se bloqueaban y dejaban de pesar en mí. Lo único que deseaba cuando estaba a su lado era tenerlo, que fuese mío, mío, sólo mío.
Aborrecía cada instante que pasaba con ella, que reía con ella, que le daba su tiempo a ella. Moría sabiendo que él tenía sentimientos hacia ella. Porque aunque me lo negara, muy en el fondo sabía que tenía una mínima cantidad de sentimientos hacia Alice y odiaba cada cosa que compartían, que los unía.
Metí mi mano por debajo de su camisa, soltándola. Adoraba la sensación de su piel con mi piel. Era cálida y suave. Bajé mi mano más al sur llegando al borde de su bóxer. Dio una suave risa al entender el camino por donde quería llegar.
Pasé mi lengua por sus labios, torturándolo. Quería que se diera cuenta del efecto que tenía en mí. Desesperado unió su boca con la mía, besándonos apasionadamente. Amaba su boca. Se sentía como en casa.
Pero como siempre una entrometida persona tenía que romper el momento.
—Bells, cariño, tu teléfono no deja de sonar ¿quieres que te lo pase? —Hablo de pronto Alice detrás de la puerta.
—Shhh —le susurré a Edward, alejándonos lentamente. Le di un fugaz beso metiéndolo en la ducha—. Quédate ahí, yo la distraigo.
Le guiñé un ojo mientras cerraba la puerta de la gran ducha. ¡Diablos!
Abrí de a poco la puerta dándole a Alice una media sonrisa sin dejarla entrar al baño, y al salir la cerré detrás de mí.
—No hace falta Ali, ya salí —dije levantando mis hombros.
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Buuueh ¿Qué les pareció? Espero que les guste, me encanta escribir sobre esta BitchBella jjijiji
Muchas gracias a esas personas que se dieron el tiempo de dejar un review ;) ¡son genialosas! aah y por cierto hay un grupo en facebook del fic donde dejare fotos de los personajes y adelantos para que si gustan entren ñ.ñ en mi perfil deje el link :D
En resumen eso es todo bye bye :D
Con cariño Nala
