Sin gravedad

Me encontraba ya aplicando la tesis sobre las ventajas de los automóviles híbridos cuando uno de los examinadores me interrumpió para preguntarme sobre mi experiencia profesional en el área de trabajo. Yo, orgulloso, le comenté mi pasado como mecánico no oficial, con lo que quedó más que satisfecho.

Hoy, veinte de mayo de 2012, estaba a pocos pasos de graduarme. No podía creer que estos cuatro años se me hubieran pasado tan rápido, y no podía creer que había sido yo el que terminaba una carrera universitaria.

Pero, aceptémoslo, se trataba de mí. ¿Cómo no iba a graduarme como Ingeniero automotriz? Por el amor de Dios.

Los tres examinadores quedaron muy satisfechos con mi trabajo; se les notaba en los rostros. No obstante, me aplicaron el mismo tono misterioso que aplicaron a los ya examinados, diciendo que nuestros resultados se revelarían el mes entrante. Les hice una leve reverencia mientras pasaban a con Anthony Maxwell. Sonreí. Hoy sí que era un dichoso día.

Me imaginé la cara de Billy cuando me viera llegando con mi diploma hecho en placa metálica y madera como base. El segundo de la familia Black en terminar una licenciatura. Interesante. A ver cuándo es que Rebecca, la ahora también surfista como su marido, nos alcanzaba con los estudios universitarios.

Meh. ¿Para qué me hago ilusiones? Ella no volvería a estudiar ni cagando. Ya era feliz con su esposo Micah y sus dos hijos, Schalom y Gabriel. No necesitaba un papelito más. O algo así diría ella, la pseudo hawaiana de mi hermana.

Y hablando de papeles, la inteligente de Rachel siempre sí terminó casándose con Paul, el muy imbécil. Lamentablemente, la boda había sido programada en marzo del año pasado, fecha en que se me saturó de exámenes. Para cuando mi hermana la prometida se enteró y quiso modificar la fecha de la boda, ya era demasiado tarde. Era eso o esperar diez meses más, así que ahí me ven, saludando a los recién casados desde vía Skype.

De quien sí no había tenido noticia alguna era de Seth, lógicamente. Por más que le preguntaba a Leah sobre el chico, ella no sabía contestarme. Ese fue el motivo por el que me decidí a tomarme un año sabático más tras la graduación, para poder estar en La Push y ocuparme de ciertos asuntos antes de empezar a trabajar en mi propio negocio; naturalmente trabajaría en alguna carrocería o taller mecánico que encontrara en la reservación. La agencia de la Ford y la agencia de la Toyota estaban detrás de mí gracias a mi excelente habilidad, pero yo no les había dado una respuesta segura. Eso era porque yo estaba mirando únicamente hacia la Volkswagen, misma que se hacía del rogar. Por mí, diseñaría un Rabbitt con un poco más de aceleración y trataría de que fuese un híbrido; el automóvil perfecto. A veces me sorprendía a mí mismo babeando sobre tristes bocetos del mismo.

Dada mi situación económica, los Cullen generosamente se ofrecieron para pagarle el vuelo a mi padre. ¿Billy, en Pittsburg? Esto lo no me lo pierdo ni cagando.

Tanto los Cullen como mi padre llegaron el primero de julio. Todos y cada uno de ellos me abrazaron y felicitaron, hasta Emmett, quien no desaprovechó su oportunidad de darme la joda.

— ¿Así que Ingeniero Automotriz, eh? Rudo. Trabajando hombro a hombro con hombres rudos. ¿Tendrás muchas oportunidad de ver varios tipos de carrocería, eh? Y no me refiero precisamente a los automóviles.

— Cállate. —le dije entre risas al darle un zape, que seguramente ni habrá sentido con la intensidad que yo deseaba. El imbécil se rió, y junto a él se unió Edward. Lo miré con cara de pocos amigos, pero conservando la tranquilidad dentro de lo posible.

La última en abrazarme fue Nessie. Me susurró al oído que estaba orgullosa de mí. Al deshacer el abrazo, la miré. Era impresionante el desarrollo que había tenido en estos dos semestres. Casi seis años de nacida, y ya parecía una muchacha de dieciséis o diecisiete años. ¿Entonces el último año lo iba a desarrollar a paso normal de los humanos? Interesante.

Rentamos dos taxis para llegar al campus; compartí el mío con Bella, Nessie, Edward, y Billy. El resto de la familia venía justo detrás de nosotros. Le pregunté a papá por los Clearwater, pero me dijo que ellos y Charlie se iban a ir de pesca y excursión, idea implantada por Sue. No obstante, cada uno de ellos tuvo el buen detalle de escribirme cartas a mano, que Billly me entregó oportunamente. Decidí dejarlas como lectura nocturna, cuando estuviera "solo" en mi recámara. A Anthony no le molestará que me ponga a leer cuatro míseras cartas; se iba a fugar con sus amigos para cometer alguna que otra pendejada como celebración de graduación.

Al llegar a la universidad, les di un recorrido guiado a mis invitados. Les mostré mi facultad, el gimnasio donde me entrenaba para el equipo de lucha, la biblioteca, las diversas canchas y todo lo demás. Todos me hablaban como si yo hubiese sido el héroe norteamericano, inclusive los Cullen.

— Ninguno de mis hijos ha terminado la universidad —me explicó Esme mientas los demás miraban a las otras familias que se paseaban por el campus—. Ya sabes, con eso de que no envejecemos no podemos quedarnos mucho tiempo en algún lugar.

— No imagino cómo ha de ser eso. —murmuré distraídamente. El recorrido siguió hasta la mera cafetería, donde sólo Billy, Nessie y yo nos digamos a comer; los otros se limitaron a platicar emocionados entre ellos.

Esa noche, asegurándome de que mis invitados hubiesen encontrado un buen hotel para hospedarse, me encerré en mi habitación y saqué las cuatro cartas de mi bolsillo. Dejé la de Seth para el final. Fui directamente a la carta de Charlie.

Estimado Jacob:

Permíteme felicitarte por tu enorme hazaña. Sé que serás un hombre muy exitoso en tu vida. No sabes cómo me sorprendió tu determinación.

¡Mucha suerte!

Charlie.

Sonreí. Siempre tenía en mente que la elocuencia no era el fuerte de Charlie.

Tomé la carta de Sue, igual o un poco más corta.

Jacob:

Felicidades por tu grandioso paso. Un paso a la vez asegura el éxito del hombre sabio. Te extrañamos mucho, muchacho.

Sue.

La siguiente carta que leí fue la de Leah.

Cielos, Jacob. No lo puedo creer. Realmente lo lograste. Siempre te consideré como esos irresponsables que abandonaban la escuela por el dinero fácil, ya sabes, con eso de que reparas automóviles.

Déjame decirte que, como tu Beta, estoy realmente orgullosa. Sé que Seth y mi madre también, pero cada uno parece expresártelo a su manera. Ya verás cuando leas sus cartas, si no es que ya las leíste.

Leah.

Me reí. Vaya confianza me tienes, mujer, pensé. Hice a un lado esa carta y fui directo a por la de Seth. Este sobre lo abrí con el corazón en un puño.

Querido Jacob:

¡No sabes cuánto me emociona mucho el hecho de que tú hayas terminado la universidad! ¡Estoy tan, pero tan orgulloso! Ahora falto yo.

Intenté por todos los medios convencer a mi familia para que me dejara ir contigo, pero pues mamá hizo sus planes con Charlie, y tenemos que acompañarlos. Es algo triste, ¿no?

Bueno, como sea. Disfruta mucho tu evento, amigo mío. Alfa mío.

Siempre voy a estar jodidamente orgulloso de ti y de todo lo que nos representa.

Todo tuyo,

Seth.

Ni para qué mentir. Abracé la carta contra mi pecho al acabar de leerla.

El mero evento de la graduación fue el 3 de julio. El baile, esa misma noche. Durante la mañana, en el gimnasio, se realizó el evento académico. El director de la facultad nos nombró a cada uno mientras pasábamos. Cuando anunció "Black, Jacob", no pude evitar sentirme ridículo, sobre todo cuando la estola y el birrete iban de un espantoso color azul cielo. Varios aplausos resonaron en la estancia mientras me dirigía hacia la mesa de los invitados de honor: el director, unos maestros y gente del sindicato escolar. O algo así, no me interesaba.

Mis allegados, sentados dos filas detrás de mí, empezaron a aplaudir como nunca. No pude evitar sentirme menos patético gracias a este gesto.

A la salida, lo que hice que recomendar a mis invitados un restaurante de comida picante, El Infierno de Dante, de donde salí mal parado en el primer semestre. Ahora, cada una de las meseras sabía lo que yo pedía, y los supervisores usualmente me sacaban plática, además de sugerir que yo podría haber sido el cliente del mes.

Durante la comida, apenas me concentré en lo que mis acompañantes me estaban diciendo. Estaba más preocupado por el hecho de qué iba a seguir a continuación, y qué haría en este año sabático.

Lógicamente, pasar el tiempo con Nessie era una posibilidad enorme. No me perdería su último año de crecimiento.

Al terminar la comida, volvimos al campus. Fui directamente a la regadera de mi edificio. Me despojé de mi ropa conforme entraba al área sin importarme quién me viera; todos en el edificio nos habíamos acostumbrado a ver que alguien hiciera algo así, por lo que muchos ya nos conocíamos de cabo a rabo. Aún así, ningún hombre se me antojó en estos cuatro años, por más guapos, musculosos o bien dotados que los viera.

Me envolví la toalla al nivel de la cintura, recogí mis cosas y caminé hasta mi habitación. Por el camino me encontré a varios de mis compañeros, también egresados, que me sonreían. Les devolví la sonrisa hasta que llegué a mi habitación.

Pasé casi una hora arreglándome. A pesar de que sólo tenía que colocarme el esmoquin para salir a la pista de baile con Nessie, vacilé bastante tiempo, aún desnudo, ante la cama. Me quedé abstraído pensando en muchas cosas: el baile, la larga noche, la ausencia de Seth en mi noche tan especial, unas ganas enormes de entrar en fase y correr hasta alcanzar el Océano Pacífico, justo desde aquí mismo.

No sabía ni qué me pasaba en realidad.

— ¡Jacob! —me llamó Nessie, chasqueando sus dedos enfrente de mi cara.

— ¿Mande? —la miré desconcertado.

— Vamos, Jake. ¡A bailar! —me dijo, parándose de la mesa y halándome del brazo. Me llevó justo a la mitad de la pista de baile, y empezamos a movernos al ritmo de la música, ahora algo funk. Debía reconocer que ella sabía moverse perfectamente. Mientras nos movíamos, no pude evitar mirar en derredor. Varias miradas por parte de nuestros compañeros me miraban como si yo fuese una especie de monstruo o algo por el estilo. No entendí a qué venía este comportamiento hasta que Nessie me lo dijo.

— Jake —me dijo al oído—, recuerda que desde hace tiempo que pareces como de veinticinco años, y yo me veo como de diecisiete.

— Ah —me concentré en ella, y me miraba más como una amiga que como otra cosa.

Al cabo de unos minutos, no supe cómo, percibí una especie de aura mientras bailaba. El rostro de Nessie, que antes estaba concentrado en mí, ahora se había asomado por encima de mi hombro y se mostró estupefacta. La canción se acabó al instante.

— ¿Me permite esta pieza, señor Black? —me pidió una voz masculina a mis espaldas. De pronto, el corazón me dio un vuelco y me giré rápidamente. Al verlo, con un elegante esmoquin y su larga cabellera sujeta en una cola de caballo, y sus dos piercings en la oreja izquierda y uno en la derecha, me sentí aliviado. Él me sonrió al ver mi expresión.

— Cielos, Jake —me dijo con una voz muy profunda. ¿Tanto había crecido mi niño? No lo creo—, parece como su jamás me hubieras visto.

— ¡Seth! —sonreí, y me abalancé a él para abrazarlo con fuerza. Él me devolvió el abrazo—. ¡Qué bueno que estás aquí!

— Ya, ya, Jake —pude escuchar que se reía mientras me palmeaba la espalda—. Sí estoy aquí.

Deshice al abrazo y me hice un poco para atrás paras apreciarlo mejor.

Entonces fue cuando noté los ojos que se posaban en el con cierto aire maligno. El muchacho rubio que había visto hacía años. Seth siguió la dirección de mi mirada.

— ¿Jake, qué…? ¡Ah! —se giró hacia el chico rubio—. ¡Claro, claro! Espero que no te moleste que haya venido con mi novio. Chris, ven. —le hizo un ademán al chico para que se acercara. Él le dirigió una mirada amable hacia Seth y se volteó a verme con unos ojos mucho menos cálidos.

— Hola. —lo saludé secamente. Él se veía como que quería hacer lo mismo.

— Tenía que presentarlos de manera oficial. Jacob, él es Christopher Windflower, mi novio. Chris, él es Jacob Black.

— Mucho gusto. —me dijo Christopher, extendiendo la mano para que yo la estrechara con él. Para cuando lo hice, él apretó un poco más, como si quisiera triturarme los huesos de la mano. Evité esbozar una sonrisa burlesca.

— Vamos, Jake. —me haló Nessie, devolviéndome a la pista de baile. A la derecha de nosotros se acomodaron Seth y su novio, y empezaron a bailar de una manera un poco íntima. No pude evitar mirarlos en todo momento.

A mitad del baile, empezó cierta pieza particular de tango. Miré a la joven pareja de muchachos, quienes se ajustaban perfectamente a la pieza. En ciertos momentos, el novio de Seth me volteó a ver y me dedicó una sonrisa malévola.

Nessie me estuvo llamando a cada rato, pero apenas pude reaccionar. La pareja de novios estaba muy concentrada en su mundo, derrochando amor y pasión a paso que compartían. Por más que Nessie me llamaba en voz baja, no pude despegar los ojos de los dos hombres. El rostro se Seth estaba enterrado en el hombro derecho de su novio, demasiado sonriente. El novio, en cambio, acariciaba a mi ex chico en una manera provocativa.

Entonces, de la nada, vi que una de sus manos fue directa al trasero del chico, y se lo apretó de manera provocativa.

Y salí de la pista, hecho totalmente una furia. Oí la voz de mi compañera detrás de mí, pero la ignoré completamente. Lo único que quería era conseguir un sitio a solas.

Así, sin pensarlo, llegué a uno de los sanitarios abiertos. Para mi suerte, estaba completamente vacío. Me apoyé con ambas manos ante un lavamanos, abrí la llave, coloqué ambas manos debajo de la corriente para hacerme una especie de recipiente y me mojé el rostro. Agité ms manos contra mi rostro varias veces para aumentar la sensación de frescura. Al instante, un fuego se abrió paso por mi pecho, y sin darme cuenta, ambos puños se estrellaron contra el espejo enfrente de mí.

— ¡Maldita sea! —grité, más enfurecido por todo lo que tenía que por el hecho de haber roto el espejo. O haberme enterrado fragmentos del mismo, vaya—. ¡Lo lograste, maldito chamaco! ¡La carta, el beso tras el hospital, tu actitud maligna contra mí, tus cuchicheos con Renesmee! —grité hacia el espejo roto como si se tratase de Seth. Bajé la mirada y proseguí a con el lavamanos—. ¡No puedes seguir haciéndome esto! ¡Ya lo sé! ¡Mi imprimación está defectuosa! ¡Es por mi bisexualidad, de la cual ya dudo! Empiezo a creer que soy más homosexual que nada, porque eres el único que me importa, Seth Clearwater. ¡Mierda! —mis ojos se humedecieron. Me apoyé nuevamente en el lavamanos, sin importar mis puños sangrantes—. ¡Te amo, Seth Clearwater! ¡Te amo, maldita sea!

— Interesante. —dijo una voz masculina, demasiado real como para tratarse de una alucinación. Alcé la visa, y por entre las grietas del espejo, detecté la cabellera rubia. Entonces, otro fuego amenazó con consumirme el pecho.

— ¿Qué quieres? —le espeté, mientras una lágrima se me escapaba. El rostro de Christopher derrochó satisfacción.

— Yo lo sabía —vaticinó con voz baja, cargando cada palabra de ponzoña—. Tú todavía mostrabas interés por Seth. Eso —se rió despectivamente y se cruzó los brazos sobre el pecho— es un gran, gran problema. ¿Lo sabes, no?

— Mira —le dije, pero él me chistó.

— No, tú mira. No sé qué carajos tienes en la cabeza, Jacob Black, pero si fueses inteligente, te alejarías de Seth.

— ¿Por qué habría de hacerlo?

— Porque es mío. —me espetó, cargando cada sílaba con el más profundo desprecio hacia mi persona. Bajé la mirada, intentando contener una risa despectiva.

Entonces, escuché dos pasos, sentí que una mano me jalaba el cabello (yo con él, la cabeza misma), y sentí una delgada película de metal contra mi cuello. Al ver por el espejo destruido, noté que el rostro de Christopher, desfigurado por la furia, se asomaba por detrás de mi hombro derecho. Su mano izquierda estaba al nivel de mi cuello, y sujetaba el mango del pequeño puñal que rozaba contra mi garganta.

— ¡Quítame esta mierda de encima! —le grazné, pero una sonrisa diabólica se asomo por sus labios; algo muy, lamentablemente, natural en su rostro.

— Veo que finalmente te entra en la puta cabeza con quién estás hablando, ¿verdad? Ahora, escúchame atentamente, Black. Demasiado tiempo ya has pervertido la mentalidad de mi novio. Lo noto más apagado y distraído conmigo. No me había hablado de ti sino hasta muy avanzada nuestra relación, y eso sólo me hace creer que ustedes han estado viéndose a escondidas.

— ¿De qué estás hablando? —inquirí haciendo una mueca con mi boca para demostrar lo desconcertado que estaba. Él emitió un siseo, y el filo de la navaja me caló más en la piel.

— No me vengas con esas jodas, Black. Sé perfectamente lo que ustedes eran. Él me lo contó todo. Pero lo que no me dice me revela más. Siempre que le pregunto directamente por ti, no me sabe contestar, ¿y sabes qué me hace pensar? Que te estás tirando a mi novio, eso es.

— Estás loco.

Como para subrayar mis palabras, lanzó una especie de carcajada macabra.

— No por nada estoy aquí, pendejo. No vas a volver a ver a mi novio.

— No me lo vas a impedir. Nuestras familias están muy unidas.

— Creo que no me has comprendido, Black. No entiendes que estoy a punto de tomar tu asquerosa vida de indeciso. Vuelves a ver a mi novio, y no pararé ante nada para alejarte de él.

— ¿Y si él me quiere ver?

— No se lo permitiré. —dijo con un tono sombrío, mientras su sonrisa maléfica se ensanchaba más. Su respiración se tornó más veloz, mientras el filo de su navaja comenzaba a molestarme. Sus ojos vidriosos se encontraron con los míos a través del espejo, y entonces me vi cara a cara con lo que dichas cuencas en realidad mostraban.

Me vi caer lentamente en un precipicio, en un pozo donde los demonios aguardaban ansiosos por carne fresca. Las culpas humanas, voraces, lamían con sus ásperas lenguas en busca de una inocencia que pudiesen consumir.

En sus ojos vi lo que pretendía. Y algo, en el interior de mi alma, me dijo que no era la primera vez que lo hacía.

— ¿Qué haces aquí en Estados Unidos, británico? —pregunté con un hilo de voz. Me pregunté si me curaría a tiempo en caso de que él me hiciera lo que pensaba hacer.

— Buscaba un cambio de ambiente, hasta que conocí a Seth.

— ¿Y qué haces con él? —le pregunté, calando el terreno.

— Pues salgo con él. Lo básico: vamos a citas, tenemos sexo, vive conmigo…

— ¿Cómo que vive contigo? —estallé, y de pronto empecé a temblar. Por un instante intenté relajarme, pero al instante vi que eso no hacía falta.

Porque mi temblor no era por el calor de la metamorfosis. Era por miedo.

— Pues sí. Es lo que pasa cuando las parejas se juntan y van en serio.

— Tú no vas a llegar más lejos con Seth. —le espeté.

— ¿Ah, sí? —me retó, apretando más el filo contra mi cuello. Me ardió un poco, y sentí que algo empezaba a resbalar por él—. ¿Y qué es lo que me vas a hacer para impedirlo? Él es un chico hermoso, realmente hermoso. Alguien así es alguien que se debe conservar para siempre…

No supe ni como, pero le tomé la mano con la que sujetaba la navaja y se la apreté. El chico gritó y dejó caer la navaja en el lavamanos.

Entonces, le hundí mi codo derecho en las costillas y me giré para enfrentarlo directamente. Sin siquiera haber pensado en mis puños malheridos, le dirigí el izquierdo directo a su nariz, que sonó limpiamente a trituración. El psicópata me maldijo mientras, aún sangrante, se aferró a mi cuello y me estampó contra el lavamanos, con lo que me lastimé la espalda baja. No obstante, a él no le bastó esto. Pasó sus manos directo a mis sienes, apretándome, y me estampó contra el espejo, ya roto. Lo repitió dos veces más antes de que yo le diera una patada en la entrepierna. El tipo me soltó para sobarse la entrepierna, con lo que aproveché para estampar mi frente contra la suya, con lo que trastabilló y cayó en el interior de un cubículo, golpeándose la espalda contra la orilla de la taza.

— ¡Aléjate de Seth! —le dije, encolerizado. Él, a pesar de su dolor, se rió descaradamente de mí. Le hubiera ido a golpear, pero, si no era un vampiro, jamás atacaba a nadie que no estuviera en pie.

— ¿Por qué querría yo alejarme de mi novio, precisamente porque es su ex quien me lo está pidiendo? Realmente pierdes tu jodido tiempo, Jacob Black.

— Si le pones un dedo encima, con la intención que sea, yo mismo te mataré. —le espeté. Nunca había matado humanos, pero supuse que, una vez que entrara en fase, ería algo más sencillo que matar a un vampiro.

Además, consideraba que esto era lo mejor, con tal de salvar a mi chico. No iba a dejar que pasara una noche más en la casa de este delincuente.

— No me obligues… —empecé, conteniendo la rabia.

— ¿A qué? —se burló de mí, sin dejarme terminar—. ¿A hacerme daño, más de lo que me has hecho hoy? Seth jamás te perdonaría por ello. Jamás. Por cierto, ¿sabes que en ciertos estados tú no puedes estar persiguiendo a Seth, por ser mayor de edad?

— Yo tengo veintidós, y él tiene veinte —murmuré—. Ninguno de los dos aplica como menor de edad.

— No, no entiendes. —me dijo, y se paró rápidamente. Levanté ambos puños, en posición de guardia. El chico, hiperventilando furiosamente, me dedicó una mirada de furia.

— Vamos, Windflower. —lo reté.

— ¡Cállate, Black! ¡Cállate, mierda! —me espetó, y sin que yo me lo esperara, se empezó a golpear las sienes a puño cerrado. Levanté ambas palmas para indicar el típico escudo.

— Cálmate, Christopher…

— ¡No, no, NO! ¡Tú cálmate! — dejó de golpearse, pero ahora sacudió su cabeza de manera convulsiva, como si tuviese un bicho en la cabeza y calambres en el cuello, todo al mismo tiempo—. Seth Clearwater es mío —detuvo sus movimientos raros y me miró fijamente—, completamente mío. Es MÍ novio, y YO decido lo que quiero hacer con él.

— No lo harás. —bramé. Lentamente, deslicé mi mano derecha hacia detrás, buscando la navaja. Tenía que quitarla del alcance del delincuente.

— No me lo vas a quitar —me murmuró, con la voz quebrada por tanto uso—. No voy a pasar por eso. No de nuevo. No me volverán a engañar, y yo no tendré que volver a encargarme de nadie. Pero —sus ojos se abrieron como platos, dignos de un discapacitado mental como podía ser un loco—, si no tengo más alternativa… tú tienes que morir. Y Seth… me encargaré de que no tenga ojos para nadie más.

— Estás loco. —le espeté. En eso, escuché que alguien venía al baño. Intercambié una mirada de pánico con el tipo, y en eso tomé rápidamente la navaja y me oculté en otro cubículo. A continuación escuchamos la puerta, seguida de una maldición por lo bajo. Reconocí la voz. Era Anthony Maxwell, mi ahora ex compañero de habitación. Escuché su corazón desbocado mientras sus pasos iban aquí y allá por el baño por más o menos un minuto, hasta que se salió. Contuve la respiración un poco, hasta que el cubículo vecino se abrió.

— Ni creas que esto acaba aquí, Black —me amenazó la voz de Christopher—. Te lo juro, maldito hijo de puta, que tú no vuelves a ver a mi Seth en tu puñetera vida.

Y escuché cómo salía del baño. Contuve mi respiración durante todo un minuto entero, en el que sopesé todo lo que había acontecido. Temblé nuevamente, con la navaja en mi mano, sobre lo que le esperaba al joven Clearwater. Y el filo de la impotencia me caló más que el filo físico del arma que ahora sostenía en mis manos.