Sin sentido
Christopher Windflower se marchó a la mañana siguiente. Se puso como una bestia al querer escapar del círculo, pero reculaba cuando, generalmente, Sam, Paul, Leah o yo lo arrinconábamos. En sus ojos se leía todo el desprecio que nos tenía, no sin haberse combinado con algo de miedo. Mejor así. Nadie se mete con mi chico.
Seth y yo le seguimos a unos cinco metros de distancia, porque sabíamos lo que vendría a continuación. Los tres entramos en el apartamento, y él empezó a gritar maldiciones y lamentos, nada grave en comparación de su intento de asesinato; pensé que se controlaba por temor a nosotros. Y eso no me hubiera caído mal.
Esperamos poco menos de treinta segundos antes de ver que las cosas del joven Clearwater empezaban a salir volando de la recámara. Miré al chico, esperando encontrar un desconcierto considerable en sus ojos, pero él me devolvió la mirada más radiante que jamás hubiera pensado ver en él. Se cruzó los brazos sobre el pecho y me miró fijamente con sus hermosos ojos.
— Lo importante es que tú estás bien, Jacob. —me dijo.
Sí, Jacob, lo importante es que estás bien. La herida fue considerablemente profunda, y tardé dos meses en estar como nuevo, sin ni una fea cicatriz delgadita. Para esas fechas atravesábamos la Semana Santa, con lo que mi manada, por fin completa, se había reunido en el acantilado. Actualmente, Leah y Embry estaban en el agua. Quil se preparaba para arrojarse. El chico y yo estábamos parados el uno al lado del otro. No pude evitar dejar de contemplarlo. Me reí un poco por su cabello, que ahora llegaba más allá de las clavículas. De no ser por su musculatura, yo diría, desde lejos, que era una mujer.
Pero no me puedo quejar. Antes de entrar a la manada yo tenía el cabello un poco más largo que eso, y sin musculatura, yo también podría haber parecido mujer, no sé. Ahora me había dejado el cabello sólo hasta el nivel de la barbilla, y aún así eso repercutía en mi pelaje; no quisiera recordar cómo se ve el tierno de Seth. Parece más una especie de bola de pelos, como de esos perros Terrier. Pero con más pelo inclusive.
— Nunca lo hubiera creído —comentó distraídamente, mirando las olas del mar. Yo no pude dejar de verle a él; me alegraba volver a estar más unido al joven Clearwater, que cumpliría veintiún años en un mes. ¿Qué le regalaría? Aún no tenía idea—. Chris, un asesino… o un potencial asesino.
— Nunca sabes qué se esconde detrás de una cara —murmuré—. Una cara bonita no implica un alma pura.
— Así como puede suceder a la inversa —me respondió mientras Quil se echaba su clavado. Seth se colocó frente al acantilado para prepararse él mismo—. Ya ves a mi hermana. Está mejorando su humor. Creo que por fin está empezando a superar sus problemas.
— Eso debe ser un alivio para Sam y Emily. —dije, asomándome al acantilado. Allá abajo, los tres metamorfos jugueteaban a la orilla del mar, y se hundían cuando venia una ola peligrosa. Menos mal que el día de hoy sólo estaba ligeramente nublado.
— Y para mi hermana misma. Ha empezado a perdonarse por lo de papá.
— ¿Apenas? Pero si ella no lo ha hecho. —observé.
— Es cierto, pero seguía terca en decir que fue gracias a su primera metamorfosis. No me gusto mucho que hiciera eso.
— ¿Entonces significa que se ha terminado la amargada Leah? —pregunté inocentemente. Seth se rió y se colocó en posición.
— Quiero pensar eso. —me dijo. Y se aventó plácidamente al agua. Fui justo detrás de él en cuanto vi que iba a la mitad de camino.
El contacto con el agua me resultó verdaderamente gratificante, excelso. Las corrientes heladas eran como medicina o placebos en mi piel. Debajo del agua me encontré con el resto de mi manada, quienes estaban jugueteando un poco antes de salir a la superficie. Los seguí.
Nada más al salir, Embry se me abalanzó para jugar luchitas. Le seguí la corriente mucho mejor que él, pues aún se le complicaba hacerlo en el agua.
— ¿Qué te pasa, Call? ¿No sabes luchar, muchacho? —le dije juguetonamente. Él también reaccionó en esa manera.
— No sabes ni con quien te metes, Black. —me sonrió, y volvimos a jugar.
— ¡Ahí les voooooooooooooy! —gritó, Quil, sentí que él me halaba al agua, hundiéndome lo suficiente para salvar a Embry. Menudo suertudo. Salí rápidamente, escupiendo agua.
— ¡Tramposos! —gritaron Seth y Leah a la vez, uniéndose al juego. Los cinco estábamos forcejando de manera tan estúpida e inmadura, pero nos importó un carajo. No había vampiros que corretear (para ser sincero, han evitado esta área desde que confrontamos a los mentados Vulturi), así que podíamos usar nuestras habilidades metamórficas a nuestro antojo.
Seth volvió a la universidad en abril. A veces me carteaba o me escribía por correo, diciendo lo raro que se sentía tener esa habitación del campus para él solo, pero también decía que no se arrepentía de ello.
Entre él y yo no había una mejoría. Seguíamos tratándonos como amigos, y yo no me molestaba mucho por ello. En parte era porque Nessie ya estaba cerca de la edad adulta, y ella tendría que decirme qué iba a pasar entre nosotros dos. Seguramente me elegiría, porque nadie se rehúsa al potencial novio perfecto. Y pues tenía que ser paciente, esperar a su respuesta, la cual ya me la sabía. Era una posibilidad tan fuerte que ya me empezaba a hacer a la idea de ser el esposo de Renesmee Carlie Cullen. Estaba buena la idea, pero algo en mi interior me decía que eso no podría ser lo correcto.
La otra parte por la que él y yo no avanzábamos en nada era porque él no se veía listo para empezar ya una relación. Y no lo culpaba. Seth fue muy claro en eso y me contó detalle a detalle su relación con Chris. Más de seis años invertidos para que todo se fuese al caño con mi reaparición en su vida, aunque fuese sólo como amigos. Debo admitir que por un tiempo me sentí verdaderamente mal. Luego Seth o Leah aparecían y me consolaban al decirme que en realidad había salvado al chico, porque tarde o temprano esas conductas terminan apareciendo con el paso de los años en una relación estable. Una vez, reunidos los tres, le preguntamos a Seth si es que ellos dos habían considerado el matrimonio. Reaccionó agradecidamente y dijo que nunca habían mencionado ese tema. Eso me dio esperanzas.
Para cuando llegó su cumpleaños veintiuno, él estaba en la universidad. Tristemente, su familia y yo, además de Collin y Brady, nos reunimos con el pobre chico, pero celebramos en su nombre. Me sorprendió mucho que el primero no dejara de ver a Leah con cierto interés desmedido, a pesar de que ella estaba muy por encima de su edad.
Pero bueno. El chico tiene casi veinte años, y parece de veintisiete. Leah no aparenta una edad muy diferente a esa; todos andamos aparentando una edad similar. Eso no me pareció muy gracioso. Veintitrés años y me veo más grande de lo que soy. Al menos a Sam y Leah sí les quedaba ese papel.
Mayo nos recibió con una fuerte tormenta de lluvias que me dejó cuidando a mi padre en una medida casi extrema. Ni siquiera podía ir al garaje, pero no me importaba, pero yo era lo único que él tenía. Rachel se había mudado más al centro de La Push, junto con Paul, y quién sabe si ya tendría más sobrinos por su parte. Los hijos de Rebecca han crecido mucho, y son realmente bonitos. Algún día nos tendrán que visitar y entonces podremos hablar y jugar un poco. No sé, últimamente siento más curiosidad por los niños. Creo que podría ser un buen hermano mayor. O padre, quien sabe.
No. Dejémoslo en hermano mayor.
Quil no iba por la misma suerte. Con diez años, Claire Young, su impronta, empezaba a manifestar ciertas conductas no apropiadas para su corta edad, con lo que traía loco a Quil. En parte porque no le gustaba que se comportara así, en parte porque le castraba mucho el tener que hacerse el valiente, tragarse ese deber genético de la imprimación y hacerle frente a Claire para que se calmara un poco. Menos mal que Nessie no me daba ese problema.
Y hablando de ella, a lo largo del año había insistido mucho en querer ir a visitar al clan del Amazonas, de manera que, a finales de mayo, partimos inmediatamente hacia allá. La ventaja de haberme tomado un año sabático antes de entrar en el campo laboral, es que no tenía que preocuparme de obligaciones mayores sino hasta septiembre. La tormenta se había disipado, así que Billy estará bien en mi ausencia. Incluso podría disfrutar alguno que otro partido con Charlie y Sue, así que no me preocupaba.
Estábamos ya en el avión cuando Bella me sacó de mis pensamientos.
— Te noto algo distraído, Jacob. —me dijo. Parpadeé unas veces y vi que estaba mirando hacia el exterior del avión por la ventanilla. Sacudí la cabeza y me dirigí hacia ella.
— Lo siento. No fue intencional. —le sonreí. Ella había sido tan amable de sentarse en mi hilera. En la de al lado, fingiendo dormir, estaba Edward con Nessie, quien sí dormía en verdad. Me pregunté si podría pensar un poco en privado con Bella, pero sabía que eso sería inútil.
Me concentré en Bella, y sólo en Bella.
— Aún no puedo creer lo que hiciste a principios de año —me dijo. Entonces chasqueó un poco los labios, perdió su mirada en un punto por varios segundos y luego se volvió a concentrar en mí—. Cuando dijiste que tenías que ir a La Push por una emergencia familiar, no pensé que fuese a ese nivel.
— Pues así ha sido.
— ¿Cómo lo sabías?
— Lo sabía desde hacía meses, Bella. El problema era que había recibido una advertencia y no quería arriesgar la vida del pobre Seth. No lo hubiera soportado.
— ¿El que el chico hubiera muerto o el que hubieras perdido a muchacho para siempre? —preguntó con cierto tono extraño, como inquisidor. La miré fijamente, intentando encontrarle el sentido a sus palabras.
— Explícate. —concedí al final.
— Jacob, las paredes de la casa, aunque firmes, no bloquean todo el audio. Te seguí el día que Seth habló con Nessie, y yo estaba cerca de la casa cuando le confesaste todo a mi hija. No había cazado mucho por falta de apetito.
Mis ojos se abrieron como platos.
— ¿Me estás diciendo…?
Ella asintió.
— Así es, Jacob. Y —torció los labios expresando su incomodidad—, me apena reconocer que no estás muy contento con tu vida actual. Tú quieres a Seth.
— Pero tengo a Nessie…
— Pero lo quieres de todas formas. Y él te quiere a ti. No es justo que no puedas estar con él.
— La última palabra en esto la tiene Nessie —murmuré—. Yo sólo haré lo que a ella le cause felicidad. Si me quiere como novio y esposo, no rechistaré jamás.
— Pero en tu interior sabrás que eso no es lo correcto para ti, ni para Seth. Creerás que esto será muy egoísta de parte de mi hija y terminarás sintiendo cierto rencor por ella, por más feliz que intentes hacerla en su presencia. Sé cómo eres Jake; no por nada eres mi mejor amigo.
La respiración se me cortó por un segundo, pero la reanudé al instante.
— No pensé que me analizaras tanto…
— Bueno, ahora puedo apreciarte de una manera más objetiva y amistosa. Y eso es lo que eres, Jacob. No puedo decirte nada porque no me corresponde hacerlo, pero tú tienes que ver por ti mismo. No puedes ir complaciendo a mi hija y ser infeliz por ello.
— Pero la imprimación…
— Edward te vigila cuando duermes. Tus pensamientos no son exactamente susurros en esa etapa. Siempre te quejas de que tu imprimación está dañada, errónea. Dices que ha sido mal procesada, y también dices que nunca debió pasar, porque extrañas al chico. Toda esa serie de pensamientos te cruzan por la cabeza cuando duermes. Te callas mucho últimamente, Jake. No eras así.
No supe qué decir al respecto. Una parte de mí quería saltar del avión y otra quería simplemente ser tragado por el asiento, de manera que me limité a bajar la mirada y encogerme de hombros.
Así que ese era yo. El maldito metamorfo resentido por no poder estar con mi muchacho, el único que recula y se siente mal por su imprimación. Tan predecible me he vuelto, en verdad.
— Supongo que ahora no querrán verme, ¿verdad? —pregunté con un hilo de voz.
— No seas payaso, Jacob —me dijo con un tono burlesco. Mi mente se fue a una serie de recuerdos muy, pero que muy lejanos. Me había dicho lo mismo en su fiesta de graduación, cuando le regalé la pulsera que le hice. Intenté sonreír ante el recuerdo, pero no pude—. Siempre serás parte de la familia, pase lo que pase, diga lo que diga mi hija. No sé, ten un poco más de optimismo, que todo podría salir bien.
¿Cómo podría salir bien si no podré estar con mi precioso Seth?, inquirí en mis adentros.
Encontrar el área determinada para el clan del Amazonas no fue tan difícil como en nuestra primera visita. Los cuatro avanzamos a alta velocidad; Edward y Bella a pie, yo como lobo y Nessie sentada en mi lomo, aferrándose a mi pelaje. Debía admitir que se sentía estupendo volver a correr en esta fase, en especial lejos de la reservación, que ya me sabía de memoria.
Las tres vampiresas nos recibieron al quedarse quietas en un pequeño claro, en postura salvaje aunque controlada. Siempre me impresionaba su altura y sus extremidades alargadas, su piel olivácea y sus ropas salvajes hechas a base de pieles de animales. O eso parecía. Sus ojos escarlatas nos recibieron con cierto aire benévolo.
Zafrina fue la más entusiasta del grupo. Ella y Nessie se abrazaron en cuanto esta última se bajó de mi lomo. Los padres hicieron lo propio con Senna y Kachiri. Y yo me fui a detrás de un árbol para salir de fase y ponerme el short.
— ¡Haz el de las montañas de fuego! —pidió Nessie entusiastamente. Sonreí y me di la vuelta para reunirme con los vampiros.
Normalmente nunca hacíamos nada más que adentrarnos en las visiones de Zafrina y cazar juntos, como familia. O algo parecido, pues las amazónicas seguían en la dieta rigurosa de humanos. Esta ocasión, bue Bella la que se ofreció ir de cacería sólo conmigo. Edward se quedaría con las amazónicas a petición de su hija.
— ¡Vamos, Jake, a por un par de jaguares! —me retó Bella, quien se echó a correr a toda velocidad. Sonreí mientras me ocultaba entre los árboles, me deshacía de mi ropa, la ataba al cordón de cuero y salía disparado detrás de ella. La alcancé en menos de quince segundos. Al verme aparecer a su lado, se quedó desconcertada, con lo que yo me reí.
Encontrar a los jaguares no fue algo ni por mucho complejo. Había media docena cerca de un río, y nos los repartimos en partes iguales. ¿Me quedaba de otra, en el interior de la selva brasileña? No. Además, esto era divertido y la carne de jaguar tenía un sabor exótico.
Cuando terminamos, noté que ella ya había dominado bien la técnica de alimentación, pues no se había ensuciado ni una gota, mucho menos despeinado un solo cabello. Le sonreí con mi hocico claramente ensangrentado, con lo que ella rió.
— Comes como un animal, Jacob. —me dijo mientras se paraba y empezaba a saltar hacia los árboles.
De vuelta a Washington, Nessie venía muy pensante. Los tres intentamos hacerle plática de alguna forma, pero no funcionó. Miré a Edward por si tenía algo importante que decirme, pero sólo articulaba con los labios que su hija estaba un poco preocupada. Eso sí que era raro, pues las últimas doce semanas las había pasado de maravilla allá en el Amazonas. Ahora, entrado agosto, llegábamos a tiempo para el séptimo aniversario de bodas de Edward y Bella, cosa que nadie en la familia se perdería ni de chiste. Yo estaba más que dispuesto para unirme a la celebración del aniversario, hasta que me llega la noticia.
En sus últimos cuatro años de escolaridad, Seth aceptó tomar un intercambio a Estocolmo, Suecia, a la universidad más prestigiosa de por allá. La rama filosófica de la misma estaba más que interesada en mi amigo, pero él, indeciso, aún no sabía en qué pensar, de manera que, en cuanto bajé del avión, hice que Edward me llevara ante la casa de Seth.
Era donde me encontraba justo ahora. Justo en su habitación, sentado en la orilla de su cama mientras él se paseaba en círculos por el espacio libre que tenía en la habitación.
— ¿En serio crees que yo podría dar el ancho en esta universidad, Jake? Digo, es Filosofía.
— Si los suecos están interesados en ti es porque has hecho algo verdaderamente grande, chico. —le digo, intentando animarlo.
— No lo sé, Jake…
— ¡Vamos, Seth! ¡Es tu oportunidad de vida! —le digo, totalmente convencido de que no sería un error por su parte. Si era bueno en ello, y si le ofrecían la oportunidad de su vida, que lo hiciera. Era libre de hacer lo que quisiera, ¿no?
Él me miró con ojos suplicantes. Los rechacé con un ademán.
— Está bien, chico —le dije con intenciones de tranquilizarlo. Me paré y le tomé ambas manos con las mías—, no tienes que preocuparte por mí. Tú haz lo que debas hacer para poder triunfar.
— ¿Y tú?
— Meh. Yo ya tengo mi título de licenciado. Estoy bien.
— Licenciado Jacob Black —dijo Seth con cierto tono tanto de regocijo como de sorpresa—. Ingeniero Automotriz. Suena lindo.
— No hay cosa más linda que tú, muchacho.
Él me sonrió un poco, y pude ver que se ruborizaba poco a poco.
Entrando el mes de septiembre, todo mundo estaba patas arriba. Seth tomaría su vuelo dentro de unas horas, y yo ya me había despedido de él en la casa. Habíamos acordado que no podría ir a la terminar a despedirlo en el último momento, por el simple hecho de que ese evento podría no sentarnos bien a ninguno de los dos. Considerando todas las tensiones que cargábamos en nuestro pasado, una despedida, aunque fuese entre dos amigos, no sería para nada cómoda.
Así que ahora estaba en la casa de los Cullen, preparando todo para el séptimo cumpleaños de Nessie. El último que celebraríamos. Después, dejaría de crecer. Ella iba de arriba abajo por la casa, siguiendo graciosamente a su tía Alice, con quien estaba decorando la casa para la ocasión.
— Ah. Nessie —dijo Alice, dándose la media vuelta para hablar con la muchacha, quien se detuvo a dos pasos de ella, esbozándole una sonrisa—, no será magnífico ni sorprendente si tú estás organizando tu propia fiesta conmigo. —le reprendió juguetonamente a su sobrina.
— Ay, tía Alice, no seas ridícula y déjame hacerlo. Todo tiene que ser perfecto, porque se acercan fechas especiales. Muy especiales para todos. —repitió, y aún sonriente se volteó a verme, que estaba en el sofá. Nuestras miradas se cruzaron, y en ellas encontré una mirada de absoluta felicidad. No pude evitar sentirme embriagado por ella y le devolví la sonrisa, casi tan radiante y amplia como la suya.
O bien, al menos en lo amplio de la sonrisa sí podía competir.
Carlisle y Esme estaban en Forks; él por trabajo y ella por acompañarlo. Sabía que Emmett y Rosalie debían estar en alguno de los pisos superiores, haciendo sepa Dios qué cosas. Edward y Bella hacían lo propio en su cabañita de piedra. Vaya vidas. Sexo vampírico sin necesidad de descanso. Supe ni por qué, pero de pronto se me vio a la mente una imagen mental de sexo eterno…
… con Seth.
Sacudí la cabeza. Tenía que ser paciente. Además, el chico se iría cuatro años a Suecia —terminé de convencerle y confirmó esa misma tarde—, lo que me dejaba en una posición no muy buena como para intentar algo con él otra vez.
Eso suponiendo que Nessie no me eligiera.
Claro que me elegiría. Bueno, ahí voy yo a cumplir sus caprichos sin rechistar.
Podría morir por ellos.
Hacia cierta altura del día, Nessie me llamó desde lo alto de las escaleras.
— ¿Puedes venir, Jake? Sólo un momento, necesito aclarar algo muy importante.
— Seguro. —le dije sonriente, subiendo torpemente las escaleras, como el torpe chico que siempre me creía en su presencia. Incuso creo que subí algo encorvado; no lo comentó en ningún momento.
— Vamos al viejo cuarto de papá. Tienes que ver algo. —se acercó a mí lo suficiente para poder tomarme la mano y halarme consigo. No opuse resistencia. Ella me sonreía pícaramente, por lo que yo le devolvía las sonrisas más estúpidas que sentía. Bueno, yo sentía que eran estúpidas; así me sentía ante ella.
Entramos al cuarto de Edward, totalmente moderno pero con toques antiguos. Debía de admitir que jamás había entrado en su habitación, pero presentía que estaba justo como la había dejado cuando todavía era soltero: repisas con discos de todas las eras habidas y por haber, un toca discos, libros y más libros al lado de una especie de sofá algo pequeño para mi gusto, y una pared completa de vidrio, que daba justo a la cara sur del bosque. En cuanto entré, Nessie pasó como una flecha al lado mío y cerró la puerta. Intenté controlar mi pulso mientras ella se preparaba para hacer lo que fuera que tuviera pensado hacer.
— Bueno —empezó, cruzándose los brazos sobre el pecho—. Sé bien que nos escucharán, pero al menos así tengo la sensación de que tenemos privacidad. Como sabes, estoy a unos días de cumplir los siete años de nacida.
— Correcto. —le dije.
— Con lo que habré alcanzado la madurez física y, así como me verás en cinco días, así me verás para toda la eternidad. ¿Lo sabes, no?
— Lo he sabido desde hace seis años y medio, chiquilla. —le dije. Y me reí ligeramente. Ella trató de contener una sonrisa que se apareció en sus labios, pero no pudo hacerlo.
— Sí, sí. Se me olvidó por un instante —aún sin desaparecer su sonrisa, intentó ponerse un poco más seria—, pero es hora de que hablemos del futuro, Jacob. Tengo… tengo que saber y comprobar algo, si no te molesta.
— Adelante. —le dije. Los se me secaron un poco, por lo que me pasé la lengua por ellos, especialmente por el inferior.
En eso, ella se mordió su labio inferior y caminó hacia mí, levantando las manos hasta la altura de mis mejillas, que apresó suavemente en sus palmas. Ella se acercó poco a poco a mí.
— Relájate. —me pidió, y sus labios se acercaron a los míos.
Sin duda, el sabor era increíble. Labios suaves, carnosos. Pero… había algo mal.
Muy mal.
No obstante, seguí besándola. Pasé mis manos por sus brazos, acariciándola con dulzura, pero a pesar de ello había algo en mi pecho que me decía que esto estaba mal.
No era lo que esperaba.
Sin temor a ser grosero, me aparté de ella. Sus labios eran buenos, sí, pero no se amoldaban a los míos. No como los de Seth, esos dulces labios de mi precioso Seth.
Ella me miró con los ojos abiertos. Desconcertada. Entonces supe que la había cagado.
— No puedo seguir con esta farsa. —le dije, pero me quedé pasmado al ver que tanto sus labios como su voz también habían dicho exactamente lo mismo que yo. Me le quedé mirando como si ella hubiese dicho una especie de tontería.
— Sí —prosiguió ella—. No… no puedo hacerlo. Quería intentarlo y verificarlo, pero no… esto es estúpido.
— ¿A qué te refieres? —le pregunté. Le solté los brazos inmediatamente.
— Pues… —balbuceó, nerviosa. Al instante se dio la media vuelta, y pude ver que se llevaba ambas manos al rostro, como si se avergonzara.
— ¿Nessie?
— No… mira, Jacob —se giró hacia mí. Se veía que estaba al borde del llanto. Me quedé paralizado sin saber qué hacer—, esto es una tontería de mi parte. No sé ni en qué estaba pensando.
— ¿Por lo del beso? No pasa nada. Tienes todo el derecho del mucho.
— No. Bueno, sí, con es de tu imprimación hacia mí, ¡pero es precisamente eso lo que complica tanto las cosas!
— ¿De qué me estás hablando? —inquirí, cruzándome los brazos sobre el pecho. La miré con los ojos entrecerrados.
— Mira. Hace tres años me declaraste lo que sentías por Seth y cómo te sentías al estar lejos de él. En ese entonces me dejaste pensando en muchas cosas, cosas que incuso he permanecido ocultas de todos, hasta de mi padre.
— No entiendo, Nessie.
— No somos tan diferentes, Jacob —me confesó. Bajó la mirada unos instantes y la volvió a subir, en estos nuevos ojos encontré una seria determinación. No me perdí detalle de absolutamente nada—. Sé cómo te sientes al estar lejos de Seth. Hago la que no lo noto, pero te veo sufriendo. No estás feliz conmigo…
— Mira, Nessie, no quiero que te sientas mal por ello. No es tu culpa y no quiero que agarres rencor… —ella levantó una mano para callarme, cosa que logró.
— No, Jacob. Déjame terminar. Sé que no estás feliz conmigo, y debo admitir que yo tampoco.
De acuerdo. Si estaba confundido, ahora estaba jodidamente revuelto del cerebro, como si me hubiesen metido un tenedor al cerebro y hubiesen revuelto mis sesos sin cuidado alguno. La miré como si fuese la primera vez que lo hiciera.
— ¿Por qué no? —pregunté nervioso. Siempre trataba de que mi incomodidad con la imprimación no se extendiera a ella, y ese comentario me dejaba dentro de una categoría horrenda. ¿Qué se dirá de mí en la manada al revelarse esta información? Jacob Black, el Alfa legítimo, es el primer imbécil que deja insatisfecho a su objeto de impronta. ¿Y por qué? Por otro hombre, que posiblemente también podría imprimarse en un futuro.
Aunque, si mi teoría de las orientaciones sexuales es correcta, y también mi teoría sobre la verdadera función de la imprimación también es correcta, entonces Seth no será capaz de imprimarse jamás.
— No es por ti —me dijo; eso me quitó un peso de encima—. Es por mí, en realidad. Verás, consideré mucho la información que me diste, sobre lo de que un hombre puede enamorarse de otro hombre.
— Ajá.
— Entonces me hiciste pensar e indagar mucho más sobre ese tema, y descubrí que no sólo los hombres pueden hacer eso.
— Continúa.
— Entonces me dije "¿cómo funciona esto, en realidad, para ambos sexos?" Entonces indagué más y más, y encontré una particular coincidencia.
— ¿Cuál es? —inquirí nervioso.
Ella tomó una buena bocanada de aire y prosiguió.
— No voy a negar que esa gama de emociones son las mismas que he sentido estos años al estar al lado de Zafrina. —dijo, y yo me quedé pasmado.
¿Qué? ¿Zafrina? ¿Amiga? ¿Gama de emociones? ¿Zafrina?
— Explícate. —le pedí en un murmullo.
— Es que eso es lo que pasa —se ruborizó e intentó cubrirse el rostro de nuevo, pero se lo impedí a tiempo. Quería que me viera a los ojos—. Ay, Jake. Bueno, bueno, lo diré. Me gusta Zafrina. Y, por la forma en que me trató por tanto tiempo, me aventuro a pensar que ella siente lo mismo por mí.
— ¿Aventurar? ¿Te arriesgas al destino, a ver si sucumbe ante ti?
— Tú lo hiciste ante Seth, así que creo que tengo oportunidades de hacer algo con Zafrina. —se rió quedamente, mientras yo me le quedaba viendo estupefacto.
Nessie estaba interesada en Zafrina. No le gustó que yo la besara. Se tomó muy natural el hecho de que yo todavía extrañara a mi Seth, y se fue a investigar sobre el tema tan rápido como acabamos mi confesión asquerosamente patética.
Eso quería decir que ella y yo no necesariamente seríamos pareja. Y al no ser pareja, y al ella no tener se interés en mí, yo tenía otras oportunidades. Pero…
— ¿Entonces me dices que no te gusto como pareja?
— Estoy diciendo que ni siquiera me gustan los hombres, Jacob. La quiero a ella, a Zafrina.
— ¿Y mi imprimación…?
— Hasta donde sé, tú puedes ser lo que a mí me convenga más, ¿verdad? Bueno, me convienes más como amigo y hermano mayor.
— ¿D-de verdad?
— De verdad, mi querido Jacob. Tú no te preocupes por intentar seducirme, ya que no pasará. Estoy enamorada de ella. Ella es —suspiró— perfecta. No sé cómo explicarte lo mucho que se te sorprende reconocer que el amor de tu vida está ubicado en una persona de tu mismo sexo, cuando tú no te esperabas eso.
— Descuida. Sé perfectamente cómo se siente. —le dije, pensando en mi chico. El chico que se iba a tomar un avión en pocas horas.
Sólo en pocas horas.
— ¿Entones —le pregunté atropelladamente—, yo puedo hacer lo que quiera?
— Lo que quieras. Puedes volver con Seth. De hecho —me dijo, acercándose más a mí. Levantó su mano derecha y clavó el dedo índice justo en el centro de mi pecho, pero con cierto control—, quiero que vuelvas con él. Los he visto. Separados están muy mal, es como si les faltara algo a ambos. En serio, Jake, es como estuviesen sin una cosa o sin otra todo el tiempo. Y no me gusta verlos así, porque son mis amigos. Quiero que sean felices. Eso me volvería muy feliz a mí.
— ¿Me estás diciendo…?
— Sí, ¡sí! —me dijo con entusiasmo. Sonrió y me agarró por los hombros mientras lo hacía—. ¡Tienes que moverte, Jacob! Ya la jodiste una vez al imprimarte de mí, y no dejaré que lo hagas de nuevo. Le pediría a tío Emmett que te partiera el cuello sólo por hacerlo de nuevo.
— ¿Moverme?
— ¡Claro, claro! —me respondió con más entusiasmo—. ¡Lárgate! ¡Alcánzalo! Sé que lo dejaste ir y que no te despediste para no intervenir más en su vida y arruinar este enredo amoroso, ¡pero no hay posibilidad de ello entre tú y yo! ¡Seth Clearwater es tuyo! ¡Ve y rescátalo, Jacob! ¡No lo dejes ir! —me repitió, y entonces sentí una adrenalina que jamás había sentido. Estaba perfectamente claro lo que tenía que hacer, y lo haría. Claro que lo haría.
Tuve suerte de que Bella fuera tan amable de prestarme su Ferrari. El condenado aceleró a cien kilómetros por hora en sólo tres segundos y medio, así que ahí me ven corriendo como alma que lleva el diablo, recorriendo las carreteras hasta alcanzar el aeropuerto de Seattle. Y tuve más suerte de que hoy no se me apareciera ningún policía.
Consideré que el destino me estaba echando la mano.
No tardé en llegar al mismo. Estacioné de mala forma en cuanto entré al estacionamiento, pero ningún humano promedio lo notaría. Cerré y agradecí por haber estado usando uno de los trajes a dos piezas de Emmett, bastante pasado de moda, pero al menos justificarían el hecho de haber llegado en un F430.
Entré al aeropuerto y corrí directamente al tablón de vuelos. Ubiqué rápidamente el vuelo de Seth. A Estocolmo en veinte minutos. Bueno, en menos de diez, si se consideraba el hecho de que primero cerraban las compuertas, las aeromozas explicaban sus cosas, se verificaba todo e iniciaba el vuelo.
Era la terminal diez. Miré en derredor me encontré contemplando las terminales uno a cuatro.
¡Uno a cuatro!
De nuevo le encomendé mi alma a los cielos mientras corría por el aeropuerto. Mientras lo hacía, atraía las miradas varias de los pasajeros y sus familias, y ni se diga de uno que otro guardia. Cuando atravesaba la terminal cinco, unos guardias empezaron a perseguirme con gritos y silbatos.
— ¡No puedo dejar que el amor de mi vida se me escape! —fue lo que pude gritar por encima del hombro. No renunciaron, pero no los escuchaba tan apresurados por atraparme.
Contaba los segundos. Tenía el tiempo más que medido antes de que mi chico se fuera a Suiza, y no lo volviera a ver. Bien podría pedir dinero a los Cullen para alcanzarlo allá, pero no era lo mismo. Algo me decía que tenía que hacer que se quedara aquí, donde vivía, donde pertenecía. Podía ser algo sumamente egoísta de mi parte dado que le estaba arruinando el futuro, pero él me lo agradecería.
Estaba ya en la terminal ocho cuando empecé a gritar su nombre como un loco.
— ¡Seth! ¡Seth! ¡SETH! —llamé como loco, apartando gente con la simple voz, o cuando mucho, con los brazos. Mis pulmones ardían cual calderas del agua. Mi corazón latía cual maquinaria pesada. Seguí llamando a mi chico hasta que, entrando a la terminal diez, lo detecté más allá de mi alcance, terminando su revisión contra metales y tomando sus mochilas.
— ¡SEEEEEEEETH! —lo llamé a todo pulmón, con lo que medio aeropuerto se me quedó viendo, incluyendo él, que se giró para verme. Al instante, él dejó caer sus mochilas mientras abría los ojos y la boca por la sorpresa—. ¡No te vayas, Seth, por favor! ¡Por favor no me dejes! —grité, sin importarme nadie más. En eso, vi que él empezaba a caminar hacia acá. Uno de los guardias le dijo algo, pero él lo apartó de un ademán y pasó bajo el detector de metales a la vez que empezaba a trotar hacia mí. Hice lo propio.
Corrí este último tramo con la desesperación más grande del mundo. Era como si estos escasos metros se estuviesen extendiendo a propósito para molestarme. En el rostro de Seth identifiqué algo similar, pero todo este pesimismo desapareció en el momento en el que nuestros pectorales chocaron con un estruendo similar al de rocas.
Y lo abracé con fuerza, apretándolo contra mi persona, como si quisiera que se fusionara conmigo. Él enredó sus brazos en mi cabello, mientras yo me aferraba a sus brazos, ahora más musculosos que nunca. Me separé un poco, sólo lo suficiente para poder contemplarle el rostro.
Entonces le tome ambas mejillas con mis manos y le plasmé un sonoro beso.
Todo, y digo todo en el mundo, empezó a tomar su lugar en el momento en el que mis labios tuvieron contacto con los suyos. La consistencia embriagante de ellos empezaba a hacer efecto en mí, tomándome como su prisionero y enredándome en un torbellino de pasiones desenfrenadas que consumían hasta el último vestigio de mi cordura, si es que todavía conversaba algo de ella. Sus manos me halaban el cabello, no supe si por pasión o por ira, pero lo hicieron de igual forma. Intenté varios tipos de besos, entre los cuales iban incluidos los de lengua. Apenas y podía encontrarme aire para regularme, pero no me importó ni eso ni el hecho de que muchas personas extrañas nos estuvieran viendo ahora mismo.
Apenas separé mis labios de los suyos y él empezó a hablar:
— Jake. Oh, Jake…
— Tenía que estar completamente loco para creer que realmente te dejaría al margen de mi vida una vez más —empecé, acariciándole las mejillas con dulzura—. No podía permitirlo de nuevo, Seth. Me comporté como un imbécil y no tengo justificación alguna para ello. Realmente no la tengo —hice una ligera pausa para tomar aire, que él quería aprovechar para hablar, pero moví mi mano derecha y le atrapé los labios con el dedo pulgar y el índice—. No, no me interrumpas. He pensado en esto durante todo el traslado en auto. Quiero que sepas que en ningún momento te quise alejar voluntariamente de mi vida, ni un solo momento lo consideré. Quiero que estés al corriente de todo el conflicto emocional que sufrí, de todo el dolor que pasé, de todo lo que te he pensado aún dentro de mis pensamientos más efímeros. Te he pensado demasiado, mi amor —canturreé—. Has invadido cada uno de mis días con cierta potencia extraordinaria. Has tocado ciertos lugares que yo jamás hubiera creído posible, me hiciste sentirme cómodo con un hombre, vaya. Pero no cualquier hombre, Seth. Eres tú. El único hombre que alguna vez me ha interesado en la vida. El único al que siempre amaré de por vida, y el único con el que pienso tener algo más duradero que el simple hecho de uno que otro acostón y hamburguesas —dije, lo que le sacó una sonrisa al chico. Quité mis dedos y dirigí la mano entera a su nuca—. Eres mi propia luz. Eres mi propia fogata cálida y maravillosa, dadivosa y poderosa. Eres la razón de mi existencia, porque ahora no me puedo imaginar sin ti. Eres tú, y sólo tú, Seth Clearwater, el único hombre que me puede domar. Sabes lo imbécil que soy, no lo niego, pero contigo siento que esa parte de mí desaparece aunque sea un poco. Y siento que todo tiene sentido. Sin ti… no lo niego, me he sentido perdido. Sólo sé que te amo y quiero pasar toda mi vida contigo. Te amo, Seth Clearwater. ¡Te amo! —grité, más por pasión que por otra cosa. El chico se me quedó mirando, estupefacto y la vez conmovido; se le escaparon unas lágrimas, cosa que aproveché para seguir—. Lamento tanto haber sido un imbécil, pero tú sabes que no tuve muchas opciones. Nunca tuve más que una en verdad. Pero el día de hoy ha pasado algo extraordinario. Ha pasado un milagro, y déjame decirte que soy enteramente tuyo. No existen más obstáculos.
Los dos nos quedamos en silencio tras mis últimas palabras. Después, siento que su respiración se acelera conforme veo que abre los labios.
— Es curioso que me digas estas cosas ahora mismo, Jacob. Justo cuando estaba por irme…
— Por eso me apuré. No quería perderte de nuevo. Quiero que me des una oportunidad más, Seth.
— ¿Una oportunidad más? —me preguntó mientras su voz se empezaba a quebrar gradualmente. Yo asentí—. ¿Y seguramente estás esperando que te diga que sí, que regresemos a casa y anunciemos nuestra reanudada relación, nos mudemos juntos a algún apartamento por ahí, me quede a estudiar en la misma universidad con tal de que pueda estar a tu lado mientras nuestras familias se alegran por vernos juntos de nuevo porque sabían que esto pasaría —hizo una pausa para respirar. Su voz ya estaba quebrada, y sus ojos derramaban muchas lágrimas que yo trataba de limpiar con mis pulgares—, y entonces terminaré la universidad, volveré a casa, seguramente buscaremos la forma de poder vivir legalmente juntos, mejoraremos nuestro hogar y lo personalizaremos hasta que sea perfecto, y luego nos casaremos y seguiremos juntos hasta estar en el pórtico de la casa, ya viejos, entrelazando nuestras manos hasta que ambos corazones dejen de latir? —finalizó su perorata con un sollozo. Sus manos se aferraron más a mi cabello. No pude evitar sonreírle con ganas, desde el fondo de mi corazón, mientras observaba lo hermoso que era este muchacho, que tan loco y apendejado me tenía. Sus ojos se concentraron en los míos, y no pude evitar sentirme tele transportado a una dimensión alternativa, donde todo lo que tuviese pensado hacer sería catalogado como lo correcto. Una dimensión donde los homosexuales pueden ser parejas estables sin sufrir ningún prejuicio. Una dimensión donde Seth y yo éramos la pareja perfecta.
Entonces pensé que eso no podía ser, porque ya éramos la pareja perfecta. En esta dimensión o en la siguiente, todas las piezas encajaban, y era más que obvio que Seth y yo estábamos destinados. Sus manos estaban destinadas a encajar con las mías, sus labios estaban destinados a embonar armoniosamente con los míos en una explosión de derretimiento hormonal, sus pensamientos iban por caminos muy similares a los míos.
No. Si pensaba en todo lo que teníamos para complementar el uno al otro, nunca acabaría de pensarlo. Lo único que podía resumir perfectamente este momento, justo ahora, y el resto de nuestras existencias, era el hecho de que simplemente que Seth estaba diseñado exclusivamente para mí, y viceversa.
El chico acerco sus labios a los míos, y los dejo ahí unidos por un buen rato, mientras mis manos se posaban en su espalda para empujarlo contra mí, reduciendo aún más el espacio entre los dos. Lo besé con tal fuerza que el aeropuerto podría haber desaparecido en nuestro torbellino de los mágicos cuatro fuegos.
Y sinceramente me importaría un carajo lo que el resto del mundo pudiera pensar de nosotros dos mientras nunca tuviera que volver a dejar ir a Seth.
