DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. La historia solamente mía.

"In the shadows"

AWFULNESS
(Horror)

Las cosas que más tememos
ya nos han ocurrido en la vida.

...

El fin del verano dejaba ver sus estragos a cada paso que daba. Las hojas caídas sonaban a mí pasar, era inevitable pisar una a una creando un sonido que me ponía más y más nerviosa. El tacón de mi bota crujía al chocar con el concreto, raspándolo. Me detuve, cerré mis ojos y solté el aire que tenía preso en mis pulmones desde que me baje del auto. De golpe abrí mis ojos empuñando mis manos.

Había venido aquí al menos unas tres veces en el último mes. Siempre me quedaba ahí, afuera. Contemplaba la granja, veía las hojas que caían, sentía el ruido de los niños corriendo, pero no podía tener el suficiente valor para dar cinco pasos hacia adentro.

Me iba.

Con mano temblorosa tome la enclenque reja de metal y tire de ella. Un fugaz recuerdo pasó por mi memoria; en el fondo del cuarto de Marie, una asustada niña abría la puerta del pesado armario buscando algún signo de que su abuela ya no la estuviera persiguiendo.

Sacudí mi cabeza alejando esos recuerdos. Seguí con mi camino segura de que al menos podría terminar con algunas de las dudas que me carcomían.

El lugar no era para nada acogedor, de hecho parecía la típica granja de las películas de terror. A diferencia del día en el que vine con Alice ahora todo parecía demasiado silencioso posiblemente se debía a que era la hora de la comida y todos los niños debían de estar almorzando. Bien por mí. Odiaba ver a los pequeños, mocoso y sudorosos niños corriendo por los pasillos.

De nuevo me cuestione del por qué estaba aquí. ¿Para conocerla? Ya lo había hecho. ¿Para asegurarme de que no era sólo un mal sueño? Para mi condena, era más real que todas mis pesadillas.

¿Entonces? ¿Por qué insistía en revolver mi pasado con un fierro caliente, quemándome cada vez que lo hacía? Y lo peor no era quemarse, no. Lo peor eran las marcas que quedan. Eran un recordatorio.

Llegue hasta la oficina de la directora del orfanato. Me encontraba frente a la puerta decidiendo entre tocar o no. Esa era la decisión final, después de eso ya no había vuelta atrás. Di tres golpes hasta que escuche un "adelante" en una voz femenina pero fuerte.

—Supongo que tú eres la hija de Renée ¿no es así? —Inquirió la mujer que estaba detrás de un paupérrimo escritorio repleto de hojas. Llevaba un traje gris junto con un moño haciéndola parecer mayor de lo que era.

—Sí —respondí quedándome estática en mi lugar—. ¿Renée le hablo de mí?

—Me dejo saber que vendrías. La verdad es que esa no es la política de este orfanato como comprenderás —sus ojos eran fríos y por la mirada que me dio supe que me estaba juzgando—. Pero tu madre insistió demasiado con este asunto. Quiero que sepas que sólo lo hago como un favor hacia ella y te pido toda la discreción que amerita.

Asentí en su dirección.

—Sígueme. —Dijo saliendo de su oficina.

Nuevamente mis tacos repicaban con el suelo de madera. Podía sentir que el ruido molestaba a la directora que caminaba enfrente de mí, pero no dijo nada al respecto. Me llevo hasta un gran comedor, una larga mesa de madera estaba en el centro junto con un sólo banco largo. Todos los niños estaban demasiado juntos unos con otros y qué decir de la comida, si es que se podía llamar así. Era algún tipo de masa verde y mal oliente.

Y la reconocí. La vi como una estrella en el cielo oscuro. Se veía más pequeña de lo que era entre medio de dos niños grandes. Estaba quieta mirando el plato de comida enfrente de ella. No se movía, no hablaba. Sólo estaba sentada allí con la mirada perdida.

—¿Quiere hablar con ella? —Me preguntó la Directora sacándome de esa burbuja en la que estaba.

—Claro. —Le respondí, aunque creo que fue algo más como un susurro.

—Bien. Pero tenga en claro que no puede decirle nada en absoluto a la pequeña sobre a lo que su relación respecta. ¿Entendido?

La mire enojada. Odiaba que me hablaran en ese tono. —Entendido. —Dije con los dientes apretados.

Dio un paso atrás y camino en la misma dirección en la que vinimos. Supuse que tenía que seguirla así que eso fue lo que hice. Se detuvo en una de las salas que tenía la granja. —Espere un momento.

Entro a la sala y tuve que esperar, nerviosa comencé a jugar con el taco de mi bota haciéndolo sonar.

Sorprendiéndome la directora aprecio enfrente de mí. —Por favor —pidió enojada mirando hacia mis botas. Yo detuve el movimiento de mi pie—. Adelante.

Y ahí estaba de nuevo. Leila, arrodillada jugando con una vieja muñeca, tan vieja como la ropa holgada que traía.

Se veía tan pequeña y frágil. No sé cómo, pero me dieron unas ganas enormes de abrazarla, de sostenerla junto a mí. De llevarla lejos. Me acerque más para verla de cerca. Se dio cuenta de mi presencia en la habitación mirándome a través de sus profundos ojos verdes.

Renée tenía razón. Se parecía a mí, pero tenía los gestos de Carlisle. La manera en la que te observaba, en como movía sus labios pensando. Como movía la nariz en duda pero también por nervios. Era una extraña pero bella combinación. Era hermosa, mi hija era hermosa.

Sus ojos no se perdían ninguno de mis movimientos. Me incliné quedando a su misma altura.

—Hola —dije mordiendo mi labio, nerviosa.

Su pequeña mano viajo hasta mi cara, pasando sus dedos por mis labios. —Hermana Eunice dice que es malo morderse los labios, que no se debe hacer. —Su voz era tan suave.

—¿Tú lo haces? —Pregunte sin querer.

—Lo hacía. Pero a Hermana Eunice no le gusta. —Continuo peinando a la muñeca mientras me hablaba—. ¿Vienes a conocerme? —Preguntó despreocupada.

—¿Perdón? —Le dije sin entender.

—La señorita Parker no lo dijo pero sé que estas aquí porque quieres adoptar ¿no? No es la primera vez que viene alguien como tú a verme. Hermana Eunice dice que no debemos ilusionarnos, que cuando tenga que pasar, pasará.

Su respuesta me sorprendió más que su pregunta, sin embargo, más me sorprendió el hecho de que una niña de su edad pudiera llegar a esa conclusión. Volvió a fijar su mirada en mí pero esta vez colocó su mano sobre la mía.

—No estés nerviosa —dijo sonriéndome—. Clarissa dice que aquí vienen mamás que no pueden ser mamás pero que Dios las envía aquí. ¿Tú no puedes ser mamá?

Eso me perturbo más de lo que debía. —No. —Admití.

Puso su carita de lado y poso su mano en mi mejilla. Se sentía raro, diferente. —Lo siento. —Se giró en busca de algo y me lo mostró—. Mira, ella es Sarah —dijo levantando a la muñeca—. Ella tampoco puede ser mamá pero tiene a Ricky y él es como su hijo no hijo —se levantó y busco a un oso de peluche sucio—. Este es Ricky.

Se paró en puntitas hasta llegar a mi oído y me susurro: —No le digas a Ricky que Sarah es su mamá no mamá.

Me miró con sus ojos serios y yo asentí con una sonrisa que no sabía de dónde diablos había salido. Ella de igual manera sonrió volviendo a la posición en la que estaba—. Muy bien. Ricky dice que siente que lo veas así como esta.

Puso su manito de lado en su boca susurrando: sucio.—Hermana Eunice dice que no se debe gastar el agua que Dios nos da en osos de juguetes. ¡Pero ella no entiende que Ricky no es un oso de juguete! —Le dio un beso al oso y lo acostó en el suelo—. Lo siento Ricky, Hermana Eunice no lo sabe.

—¿Quién es la Hermana Eunice? —Pregunté cambiando mi peso de un pie a otro.

—Hermana Eunice es quien nos cuida. Dios no le dio el don de ser amable pero nos quiere, eso creo. ¿Tú no la conoces?

—Nop. —Me levante y me senté en uno de los sillones degastados que había en el sala. Leila se sentó a mi lado junto a su muñeca que me di cuenta le faltaba un ojo de botón.

—Tus botas son lindas —comentó nerviosa arrugando el vestido gris que llevaba.

—Gracias. —La miré buscando algo que decirle. Mis ojos se toparon con el medallón—. Tu medallón también es lindo.

Su mirada viajo hasta el medallón que colgaba de su cuello y lo tomó entre sus manos—. Gracias —dijo tímida de pronto.

No contuve las ganas de preguntar y le dije: —¿Sabes quién te lo regalo?

Jugó con el medallón entre sus manos. —Es un regalo. Hermana Eunice dice que debemos aceptar los regalos sin preguntar. Yo sé que… —sus ojos se quedaron viendo al suelo—. Yo sé que me lo dio alguien especial. Alguien que me quería. Hermana Eunice no quiere decirme quién fue.

Y de pronto la realidad me golpeo de frente. Estaba en una sala con una niña que no sabía nada de mí ni yo de ella. El pánico se apodero de mí, ahogándome.

—¿Te sientes mal? —Pregunto la niña.

Me levante rápidamente y comencé a salir.

—Espera. —Dijo Leila caminado hasta donde me hallaba. Su mirada me quito el aliento. Era la misma mirada que había visto cuando la deje. Sus ojos verdes brillaban y desarmándome por completo me rodeo con sus cálidos brazos. Una solitaria lágrima bajo por mi mejilla. Un peso se posó sobre mis brazos no pudiéndolos mover, estaba estática. Nos quedamos así por un momento, ella pasando sus pequeños dedos por mi espalda baja y yo recta sin saber qué hacer.

—Hueles a flores, hueles como una mamá —se separó de mí dándome una tierna sonrisa—. Que Dios te bendiga.

Y desapareció por los pasillos.

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Estaba acostada a los pies de mi cama con mi cabeza casi afuera. Unos dedos serpenteaban por mi plano abdomen. Sus dedos hacían círculos dándome cosquillas, una risita tonta salió de mis labios. Luego sentí sus labios vagar por donde sus dedos habían estado siendo remplazados por pausados y calientes besos bajando por mis muslos. La risita se convirtió en gemidos a medida que su boca se acercaba al borde de mi monte de venus.

—Dios, esta semana fue un verdadero infierno —dijo Edward mirando directo a mis ojos. Se acercó como un felino hacia mí, atrapando mis labios con los suyos, devorándome—. Te extrañe tanto. Con todos eso estúpidos detrás de mí en la oficina no tuve tiempo ni de llamarte. Lo siento, nena.

Como siempre, quise decirle. Pero no lo hice.

—Yo también —susurré entre sus labios.

Edward volvió a donde estaba y emitió una suave risa.

—Un pajarito me conto que conociste a Geraldine.

Agg. No me lo recuerdes.

—Ella no dejará que pongas tus garras en su "bebé".Es algo así como protectora mí querida tía.

Me levante quedando frente a frente de él, luego elimine toda distancia entre nosotros mordiendo su labio inferior. Un resplandor se encendía en sus ojos verdes, le sonreí y tire de él quedando yo arriba jugando con su cuello.

—Tengo mis tácticas.

—Mmmh… —Gimió entre mis labios—. Me gustaría saber cuáles son.

—Ya sabes. Un poco de esto —baje quedando donde su camino feliz comenzaba pasando mi lengua por ahí—. En especial con cierta persona.

Y de pronto su rostro cambio. Su ceño se frunció volviendo a tirar de mí para crear una cárcel con sus brazos—. ¿No estarás olvidando el punto de todo esto cierto?

Sus manos subieron hasta llegar a mi cuello donde poco a poco fueron apretando. Mis manos se agarraron férreamente de las sábanas blancas que cubrían mi cuerpo, nerviosa intente mirarlo para que supiera que no lo había hecho. ¿No lo había hecho, verdad?

Cuando el aire se hacía cada vez más falta intente quitar sus manos de mi cuello, cosa que fue imposible—. Suéltame.

Y así como de rápido apresaban sus manos mi garganta fueron remplazados por besos calientes.

—Has estado muy rara, Bella Swan. Demasiado para mi gusto. —Tomó mi cara entre sus manos, apretándola—. Siento que me escondes algo. Qué será, qué será, dulce niña.

En ningún momento quité mi mirada de la suya. Si había algo de lo que en verdad sabía hacer bien, era mentir.

—No te escondo nada, Cullen. Son imaginaciones tuyas. El mentiroso, mentiras crea y cree que todos lo hacen —lo apunté con mi dedo y lo enterré en su pecho—. No creas que se me ha olvidado lo de Alice.

Rió levantándose de la cama. Diablos, estaba total y absolutamente desnudo. Su redondo trasero se movía al caminar, perdiendo mi mirada en él. Mis ojos siguieron subiendo por su pelvis, viendo su camino feliz demasiado marcado para mi perdición, por su duro y fornido abdomen, y llegando hasta sus labios carnosos que estaban en una sonrisa dejando ver sus perfectos dientes.

—Algo de privacidad tenemos que tener mi esposa y yo, ¿no crees?

Lo fulmine con mi mirada. Enojada le tire la almohada que estaba a mi lado.

—Imbécil.

Dio otra carcajada mientras se vestía, eso hizo crecer más mi enojo—. Un completo imbécil.

Le tiré su pantalón y su chaqueta sabiendo que esto lo enojaba. No le gustaba que "arruinara su ropa costosa"

Me dio una sólo mirada arqueando una ceja. No estaba jugando y le deja saber que tampoco yo lo hacía. Nos quedamos mirándonos por lo que a mí me pareció una eternidad y luego, en un instante estaba sentada en mi cama y al otro, Edward me levanto entre sus brazos. Demasiado enfurecida di golpes en su pecho queriéndolo matar.

"Intimidad con mi esposa" bastardo. Vil y sucio bastardo.

—Detente. —Ordenó cuando ya empezaba a molestarle que lo golpeara. Pero no lo hice, como desenfrenada di golpe tras golpe.

Con un certero movimiento atrapó mi mano que lo golpeaba y la sostuvo en el aire poniéndola contra la pared como lo hacía con el resto de mi cuerpo—. He dicho detente, Isabella.

—Suéltame. No quiero que me toques. —Comencé a moverme para salir de sus brazos pero como siempre fue inútil. Él era mucho más grande que yo y además el tenerlo así de cerca anulaba todo pensamiento racional.

Una vanidosa sonrisa se quedó en su rostro mientras que con sus ojos me recorría por completo. Su boca bajo por mi clavícula llegando hasta mi pecho. Soltó un aliento cálido haciendo que mi piel se erizara y mis pezones erectarse. Con su lengua los siguió endureciendo llevándome a la locura. En un momento quería arrancar su cabeza y al siguiente quería tener su lengua por todo mi cuerpo. Así era el efecto Edward.

Estaba tan ensimismada en mi nube de placer que no sentí los golpes en la puerta y mucho menos los pasos que se acercaban en nuestra dirección.

—¿Bella? —Sentí que dijeron y esas cinco letras bastaron para acabar con mi respiración.

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¡Chan chan chan! ¿Cómo les quedo el ojo? Jijiji siento que eso salió muy chilenesco pero no importa xD ¿Quién será el que entro al departamento? A la que adivine le dejaré un adelanto del siguiente capítulo ;)

Lamento haber demorado tanto en actualizar pero la flojera no quiere abandonar este cuerpo trabajador xD Pero ya tengo algo avanzados los siguientes caps ñ.ñ

Para las que se preguntan por cierto personajiriilo ejemcarlisleejem aparecerá entre el cap 17 o 18 ya que no lo tengo decidido aún. Pero de que viene, viene ;)

¿Qué les pareció Leila? No sé si lo dije antes pero me inspire en mi pequeña sobrina para hacer a Leila así que casi todo lo que ella hace esta sacado de mi bebé jijiji

Como siempre no se olviden que hay un grupo en facebook por si se quieren unir, ahí dejo adelantos y otras cositas ñ.ñ ¡ah! Y también decirles que si tienen alguna duda, consulta, etc, ect dejen un rr y yo se los responderé C:

Sin más que decir me despido

¡Besos!