DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. La historia solamente mía.

"In the shadows"

WEAKNESS
(Debilidad)

Te diría una mentira, mía,
si dijese que no he tenido compañías,
ni rocé otra piel.

Busqué en cada boca encontrar tu nombre,
esperé demasiado y al fin ya te borré de mí,
ya me alejé de ti,
lo sabes.

Escucha atento el mensaje que mando aquí,
dime si estás ahí…
que yo te conozco y mi puesto no es junto a ti.
Sé depender de mí,
añorarás cosas de mí
que ya nunca más tendrás…

(Escucha atento – Laura Pausini)

Sentí como de las piedrillas del suelo pasamos al frío césped. Garrett había tapado mis ojos con sus manos para, según él, conservar la sorpresa hasta el último minuto.

— Muy bien. Creo que hasta aquí está bien. —Poco a poco fue sacando sus manos de mi rostro.

El lugar me anonadó. La casa era tres veces el porte de la de Alice y Edward. Había miles de personas, de las cuales estaba más que segura que no conocía ni a la mitad. Garrett pasó su brazo por mi hombro acercándome a él. En todo momento sentía una fuerte mirada sobre mí. Era él, a pesar de que todos los invitados llevaban mascaras que les cubrían gran parte de sus rostros lo pude reconocer. Estaba al final del pasillo junto a otras personas. Un antifaz negro con dorado cubría su cara pero no así sus brillantes ojos verdes. Y vaya ironía, vestía un traje verdaceo que combinaba a la par con mi vestido. Ni mueca de sonrisa había en su rostro. A cada paso que daba, el calor de su mirada me acompañaba.

Garrett tomó de mi mano y me fue llevando por toda la mansión presentándome a personas y más personas. Yo sólo sonreía, saludaba y cogía otra copa. Se suponía que debía estar feliz, esto era lo quería. Pero en el fondo, algo dentro de mí no me dejaba. Quiera salir gritando a cada segundo.

Y esa maldita mirada que me daba Edward me tenía los pelos de punta. Con sus labios jugaba con el borde de una copa, con su lengua saboreaba el licor que tenía y con sus dientes formaba una sonrisa para nada inocente.

— Por favor, no le hagas caso a nada que te diga ¿sí? —Dijo Garrett distrayéndome. Dio un suave beso en mis labios y luego supe el por qué de sus palabras.

— ¡Qué bueno que los encuentro! —El demonio en persona habló—. No sabes cuánto me alegra que Garrett haya hecho todo esto. Sé que por tu condición social, una fiesta de este calibre no estaba en tus planes pero vaya, mi hijo sí que se paso. —Dijo Geraldine tirando veneno con cada palabra—. Aunque todo el crédito se lo llevaba tu amiga. ¡Qué chica más simpática!

— Mamá… —dijo enojado Garrett.

— Tranquilo, si lo sé. Pero encuentro razonable que Isabella sepa la gran amiga que tiene a su lado. No todas las personas son así, aceptar a una muchacha como tú en su cirulo social, pero creo que…

Y me perdí. De nuevo fui atrapada por la intensa mirada de Edward. Sus labios estaban en una curva mortal y sus dedos jugaban alrededor de la copa. Necesitaba salir de allí.

— Si me disculpan, tengo que ir al baño. —Dije y salí lo más rápido que mi vestido me permitió.

Tuve que preguntar a lo menos tres camareros para que me dijeran dónde quedaba la salida. La casa era enorme, pasillo tras pasillo era un verdadero laberinto. Hasta que al final seguí a una chica que llevaba un cigarro en su mano. El jardín trasero era una verdadera belleza, levante mi vestido para no arrastrarlo por el césped húmedo llegando por fin a una terraza lo suficiente alejada como para relajarme.

Una fría brisa envolvía al lugar haciendo que mi piel se erizara, pase mis dos manos por mis brazos abrazándome a mí misma hasta que mis manos fueron cubiertas por otras mucho más grandes que las mías.

Su aliento rozó mi oreja, posando sus labios en el lóbulo de ésta, al cual le dio un mordisco para luego volver a poner sus labios y bajarlos por mi cuello hasta el último trozo de piel.

— Detente —le dije con la voz entre cortada.

Rió

— A mí no me dejas tocarte pero a ese imbécil si lo dejas que presuma de ti como si fueras un trofeo al que lleva a todas partes, como un accesorio más. Ese no era nuestro plan, lo sabes.

— Por favor, para. —Pedí con los dientes apretados.

— Pensé que eras mejor que eso, Swan. —Negó riendo sin una pisca de gracia—. Pero como siempre me pasa contigo me equivoque. Qué gran error.

— ¡Dije que basta! —Grité demasiado enojada—. No puedo creer lo egoísta que eres. ¡Tú! ¡Y qué! ¡Y qué si quiero ser su trofeo! ¡Qué mierda te importa a ti! No te has detenido a pensar en mí en ni un solo segundo, ni siquiera me has felicitado —dije esto último apagando mi voz y quitando una vergonzosa lagrima que brotaba de mi ojo—. No necesito tu mierda, al menos no hoy.

Edward sólo me miró. Intentó acercarse a mí dando un paso pero yo retrocedí tres.

— Hoy no. Ya estoy lo suficiente mal con lo que tengo aquí —dije apuntando mi cabeza.

Boté una silla al salir hecha furia hacia la planta central. Mis pies me traicionaban a cada paso que daba, mis rodillas temblaban y ni siquiera había alcanzado a sacar ni la decima parte de toda la rabia que tenía.

Como iba mirando hacia el piso para no tropezarme, al pasar por la puerta de la sala principal no pude evitar chocar contra alguien.

— Lo siento —dije mirando hacia arriba.

Era un hombre que llevaba una máscara dorada que le cubría casi todo el rostro. Sin querer puse mi mano en su pecho para sostenerme de pie. Su perfume llamo mi atención, al igual que sus ojos. Había algo en su mirada que me era familiar.

Él sólo sonrió y negó con su cabeza.

Me separé de él y cuando iba saliendo susurró:

— No te preocupes.

Su voz. Su voz era como si ya la hubiese escuchado antes y me dejaba de una pieza.

— Aquí estás —dijo Garrett abrazándome por mi cintura—. Dónde te metes eh, pequeña.

— Yo…

— No te preocupes —me besó juntando nuestras narices—. Lo siento, ya sabes como es mi mamá. —Volvió a besarme pero no podía pensar en nada más que la voz que había escuchado—. ¿Está todo bien verdad?

— Sí, claro. —Le devolví el beso está vez concentrándome en mover mis labios.

— Ven. Ya van a servir la comida.

Tomó de mi mano y juntos llegamos hasta el comedor, donde ya todos los invitados estaban sentados. La mesa era lo suficiente larga y ancha como para que todos cupiéramos perfectamente. Estaba adornada con mis colores favoritos, junto con arreglos florales. Todo parecía perfecto en su lugar.

— ¡Isabella! —No sabía por qué, pero la manera en la que esa mujer decía mi nombre me hacia recordar a mi abuela—. Vengan. Quiero presentarte a alguien, querida.

¿Alguien más? Dije para mí misma.

— Rosalie —dijo tocándole el hombro a una mujer que estaba sentada al lado de ella. La rubia se levanto de la silla y camino hacia nosotros. Llevaba un vestido rojo que se le apegaba al cuerpo dejando muy poco la imaginación. En su manos llevaba el antifaz que se había quitado.

— Isabella, ella es Rosalie Hale una muy preciada amiga de la familia —dijo señalándola— Y ella es Isabella Swan, Rose. La novia de mi bebé —dijo esto último haciendo una mueca.

— Un gusto —dijo la rubia mirándome igual de pedante que Geraldine. Otra puta más, pensé. — Y que bien te ves tú. Hacía siglos que no te veía —le dijo a Garrett dándole un beso en la mejilla marcándolo con su lápiz labial marca mujerzuela barata.

— Lo mismo digo —dije forzándome a darle una sonrisa.

— Hola, Rose. No sabía que vendrías —dijo Garrett, esto último mientras miraba a su madre.

— No seas así, querido. Rose está pasando sus vacaciones aquí y la invite para que conociera a tu nueva novia ¿no es maravilloso? No sé si sabrás, Isabella, pero Rose fue novia de Garrett por mucho años ¿cierto, Bebé?

— Así es. Pero eso ya acabo. Si nos disculpan la comida se enfría. Fue un gusto verte Rosalie. —Me miró dándome una sonrisa cómplice—. Ven, amor. Sentemos por aquí.

— Nos vemos —dije con la misma sonrisa en mis labios.

Suspiré y me senté en el lugar que Garrett me indicó. Por debajo de la mesa él entrelazo nuestras manos jugando con mis dedos.

— No tenía previsto esto.

— Está bien —giré mi silla para quedar frente a él—, me ha encantado lo que hiciste, todo. Muchas gracias. —Me acerque a él para besarlo.

— Me alegro que te haya gusto.

El resto de la comida la pasamos conversando y riendo. Tuvo toda la paciencia del mundo para explicar cómo y cuándo se usaban cada uno de los cubiertos que habían en la mesa. Me explicó el menú y lo sabores que traía. Parecía como si lo demás hubiera desaparecido. Hacia el final de la comida, cuando ya habían traído el postre me acorde de Edward. Comencé a buscarlo con la mirada pero no lo encontré. Quise preguntarle a Alice por él pero tampoco la encontré.

No quise preguntar por ellos.

Después de eso pasamos nuevamente a la sala, donde Garrett comenzó a conversar con algunas personas. De nuevo me sentía incomoda, quería irme.

Le pedí un cigarro al camarero y comencé nuevamente mi búsqueda de la salida. Esta vez no me fue tan difícil, aunque a decir verdad igual me perdí. Llegué a las mesas que había en la parte trasera. Había algunas personas platicando, otras riendo. Me aleje un poco de ellos y encendí el cigarro. No sabía porqué pero me sentía observada, comencé a fumar el cigarro mientras que el viento se llevaba el humo en una danza hipnotizante.

Volví a entrar a la fiesta y de pronto una música comenzó a sonar. Algunas parejas empezaron a bailar al centro de la sala, pude ver como Geraldine tomaba de la mano a su hijo guiándolo para que bailara con Rosalie. Él no pudo hacer nada.

Se veía lo incomodo que estaba Garrett y no pude más que darle una sonrisa.

— ¿Quisiera bailar conmigo? —Dijo una voz algo ronca. Miré al hombre que estaba enfrente de mí, era el mismo con el que había chocado en la entrada. Lo miré por un momento y luego, sin saber por qué, asentí.

Él tomó mi mano y me llevo hasta el centro de la sala, la música era suave y cadenciosa. Colocó sus manos en mi cintura acercándome a él y yo por instinto puse mi mano en su hombro. Lentamente comenzamos a movernos al ritmo de la música y de nuevo su olor me impacto. Lo miré siendo hipnotizada por sus labios que sin darme cuenta estaban demasiado cerca de mí.

— ¿Quién eres? —Le pregunté con una voz que ni yo misma reconocía. ¿Qué me sucedía?

— Dímelo tú —dijo con una sonrisa, acercó sus labios a mi oído y habló: — Fuego. Nuestro amor. Como el fuego. Porque lo nuestro nunca se extinguirá, nena. Y de así serlo renacerá de las cenizas, ¿recuerdas?

Y esas palabras me dejaron de piedra. Bruscamente deje de bailar. Lo miré y mi mundo dio vueltas.

— No… —dije levemente mientras le arrancaba la máscara—. No, no, no. —Ahí estaba Carlisle mirandome con una sonrisa en sus labios, parecia burlarse de mí. ¿Cómo se atrevía a hacerme esto?

Negué miles de veces y no sé cómo pero corrí lejos.

— ¡Bella! —Gritó.

Empujé bruscamente a las personas, necesitaba salir de ahí. Un fuego quemaba mi garganta y mis ojos ardían. Me quite mis zapatos y seguí corriendo hasta que llegue a un punto en el que tuve que detenerme. No iba llorar, no. Pero mis ojos seguían ardiendo, haciéndome apretar muy fuerte mis labios para no gritar. ¿Qué hacia aquí? ¿Por qué justo hoy? ¡Diablos!

— ¡Bella! Por favor, detente. Tenemos que hablar.

— Tú y yo no tenemos nada que hablar —le dijo aún sin darme vuelta, Carlisle estaba detrás de mí y podía sentir como se acercaba.

— No seas así. Déjame explicarte. Nunca esperé que reaccionaras así. —Me di vuelta para enfrentarlo, esa era la gota que rebalsó el vaso.

— ¿Y qué esperabas? ¿Qué te espera con los brazos abiertos? Aterriza. Porque las cosas aquí han cambiado y mucho.

Le dije mientras tomaba un extremo de mi vestido para salir corriendo aunque no lo hice. Me detuve. Tenía que enfrentar a mis demonios.

— Me arruinaste a mí, a mi vida, a mi futuro pero escúchame bien porque no lo voy a volver a repetir, ya no soy esa niñita ingenua que caía por cada suspiro que dabas —poco a poco mi voz se fue elevando y sonaba tiritona pero me importaba una mierda—no voy permitir que lo vuelvas hacer. ¡Tú! —Dije apuntándolo— y yo… hemos acabado.

Mi vista se nublo y mi garganta ardía, pero ya nada importaba. Lo había arruinado de nuevo. Vi la puerta y corrí pero no pude llegar muy lejos.

— Espera… Isabella. —Dijo nervioso—. Yo… lo siento. Nunca quise que las cosas terminaran así.

— Vete a la mierda Carlisle.

Vi estacionarse un auto no muy lejos de donde yo estaba y corrí hasta él todavía con los zapatos en mi mano. Abrí la puerta lo más rápido que pude entrando en el auto.

— Por favor sácame de aquí —Le pedía tan angustiada.

El auto aceleró y vi como poco a poco la figura de Carlisle iba desapareciendo de mi vista, esperando que de la misma manera lo hiciera de mi vida.

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¡Buenas noches! (acá en mi país ya son casi las doce)

¿Qué les pareció el capítulo? ¿Mucho drama? Jijii.

Espero que les haya gustado.

¿Quién creen ustedes que recogió a Bella? ¿Y por qué volvió Carlisle? Preguntas, preguntas.

Como siempre invitarlos a que pasen por el grupo de facebook, ahí dejaré las fotos de los trajes de los invitados de la fiesta, etc, etc. Muchas gracias a todas esas personitas que se dan el tiempo de comentar la historia ¡me encanta leer sus opiniones! Y bueno sí, Edward no es un caramelo pero no lo juzguen todavía ;) Las cosas cambian.

Siendo ya medianoche me retiró a dormir, nos vemos en otra actualización.

¡Saludos!

WEAKNESS