DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. La historia es solamente mía.

"In the shadows"

TIREDNESS
(Cansancio)

La ilusión nunca cambió a algo real.
Estoy completamente despierta y puedo ver
que el cielo perfecto está estropeado,
has llegado un poco tarde.
Ya estoy destrozada,
destrozada…

[Torn Natalie Imbruglia]

...

—¡Dios! ¿Qué fue eso? —Miró hacia ambos lados para asegurarse de que no había nadie cerca. Afirmaba fuertemente el manubrio con sus dos manos—. ¿Ese de allá era Carlisle?

—Sí —admití arreglando mi cabello.

—Vaya —suspiró. Ya algo más calmada y varios kilómetros lejos de la fiesta pude darme cuenta de donde estaba.

—¿Qué haces aquí? —Pregunté algo ida.

—Más bien qué haces tú aquí —replicó Jane extrañada—. Se supone que es tu fiesta o algo así ¿no?

—Sí, se supone —dije mientras me acomodaba y me sacaba mis zapatos que me estaban matando—. Gracias.

Un silencio incomodo se quedo entre nosotras. No podía mirarla a la cara así que me quede viendo por la ventana mientras las casa iban quedando atrás.

—Yo… te debo una disculpa.

—No creo que…

—¡Espera! —Giró bruscamente el manubrio haciendo que yo cayera hacia su lado, luego volvió a gira y esta vez estacionó el auto subiéndose un poco a la acera.

Ella se quedo viéndome y yo a ella. Había algo en su mirada que hizo que algo dentro de mí me carcomiera por dentro. Sus manos jugaron nerviosas con el pequeño cinturón de su vestido, Jane se veía guapísima. Me sentí más que culpable por haberla sacado de allí, se merecía haberse quedo en la fiesta y disfrutar de ella. En un impulso solo me acerque a y la abracé. Sus manos tocaron mi espalda y me correspondió el abrazo, se sentía bien el volver a estar junto a mi amiga —al menos para mí seguía siendo mi mejor amiga—, me aleje un poco de ella y sonreí, por un lapso de tiempo volvimos a ese silencio incómodo hasta que una risa rompió el momento, no sé por cuánto tiempo estuvimos riendo pero se sentía bien.

—Extrañaba eso —dije de pronto.

—Yo también —bromeó Jane volviendo a encender el auto.

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Llegamos hasta mi departamento. Yo sin zapatos y Jane con una multa por estar mal estacionada. ¿Ya mencioné que hicimos un pequeño desvió hacia la licorería? Un pequeño detalle por agregar. Luego de bebernos hasta el agua de los floreros, parecía que nos había bajado el momento de sinceridad.

—Sé que no debo preguntar por esto pero lo voy hacer de todas maneras porque creo que el alcohol está comenzando a hacer efecto… ¿Qué sentiste al verlo de nuevo?

Busqué atientas la radio en el desgastado mueble que había en la sala. La encendí y puse una canción aleatoria.

—No lo sé. —Hablé luego de un largo rato—. Yo sólo no lo sé.

Comencé a mover mis caderas lentamente al ritmo de la canción, tratando de ignorar mis pensamientos. No quería ir allí.

—Me gustaría decir que él sólo forma parte de mi pasado, ¿sabes? E incluso lo hago, pero hay una cosa que no puedo hacer; y eso es mentirme a mí misma —suspiré rompiendo el silencio que se había formado entre nosotras.

Jane no habló. Siguió bebiendo de su cerveza. Sentí como abría otra más.

—¿Crees que él sepa de… la niña?

Y eso no lo había pensado. De pronto deje de moverme y todo el licor que había ingerido comenzaba a subir por mi garganta intentado buscar su camino hacia afuera.

—¿Tú crees que Carlisle volvió por Leila? —Pregunté nerviosa tirándome al piso junto a Jane. La alfombra como siempre apestaba pero no dejaba de ser lo suficientemente suave como para deshacerme de ella—. No tendría como saberlo, ¿cierto?

—Entonces por qué volvió. No creo que esté arrepentido, y de una cosa estoy muy segura; él te está persiguiendo. Sino cómo se explica el porqué estaba en la fiesta. Debes andar con cuidado, Bells.

Me acosté en el suelo alfombrado poniendo mis manos en mi estómago. Las nauseas seguían allí mareándome hasta decir basta.

—No quiero perderla de nuevo —solté de pronto.

—¿A quién? —Jane lo pensó por un momento— Oh, entiendo.

Jane se quedo viéndome con pena. Gateó hasta donde yo estaba, acostándose a mi lado. Su mano jugaba con mi cabello tirando suavemente de él.

—Sé que se merece a alguien mejor que yo. Por eso la deje una vez y… y sabía que no debía acercarme a ella porque ya no podría ser capaz de mantenerme alejada y… —se quebró mi voz.

—Tranquila —dijo Jane acariciando mi frente.

—No quiero ser como Renée. Pero tampoco puedo evitar sentirme como si de alguna manera al alejarme de ella estaría convirtiéndome en lo que más he odiado; mi madre. —Reí—. Soy una tonta, lo sé.

—Creo que no deberías ser tan injusta contigo, Bella. Lo he pensado bastante ¿sabes? Quizá deberías darte una oportunidad a ti misma. Cometí un error la primera vez al juzgarte de esa manera, pero ahora lo veo todo de una manera diferente. Quizás eso es lo que necesitas y quizás eso es lo que la niña también necesita. Pueden sanar juntas.

Me quede viendo a Jane a los ojos. Me acerque más a ella, abrazándola fuertemente.

—Por favor no te vuelvas a ir —le pedí.

Ella rió.

—Sólo ten uno de estos cerca —dijo levantando la botella de cerveza—, y me tendrás de por vida, nena.

Negué riéndome. Era bueno tener a mi amiga de vuelta.

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La alarma sonó dejándome prácticamente sorda. Tenía un pesado cuerpo encima del mío quitándome el poco oxigeno que me llegaba.

—Quítate —dije a duras penas tirando de Jane al piso.

— ¡Ey! —Gimoteó ella—. Esto está helado.

Cuando me puse de pie, todo pareció girar dejándome a tientas sobre aquel suelo que daba vueltas.

—Mierda —exclamé cuando vi la hora en el reloj—. No puedo llegar tarde, no, no, no.

Después de unos largos minutos al lado del escusado, una ducha con el agua más fría que había soportado en años y unas pastillas que encontré en el fondo de mi bolso, salí hacia donde menos quería ir, pero donde mi corazón me decía que debía estar.

Septiembre no era uno de mis meses preferidos, ni porque era mi cumpleaños. El otoño se estaba haciendo notar y el abrigo que llevaba puesto al parecer no era lo suficiente grueso. Comencé a apresurar mi paso hasta llegar por fin a mi destino.

Ahí, sentada en una de las sillas del restaurante estaba ella. A pesar de llevar un viejo vestido blanco se veía hermosa. No había nada más que decir. El solo verla me hizo recordar a mí. Estaba nerviosa, lo podía notar, al igual que yo también.

—Hola —saludé al acercarme a ellas. Al lado de Leila estaba una mujer lo suficientemente joven como para ser mi hermana, tenía la cara de una niña, tan blanca como la leche. Llevaba el pelo tapado y con una sonrisa me saludo.

—Un gusto —dijo extendiendo su mano—. Soy la hermana Eunice. La señorita Parker me dijo que usted vendría a encontrarse con nosotras.

—Hola —habló Leila a mi lado. No sabía tratar con niños, así que no supe si abrazarla o no. Si darle la mano o solo hablarle. Opté por lo último. Era mejor respetar su espacio personal.

—Te ves muy linda. —Comenté con una sonrisa.

—Gracias —dijo Leila quitando las arrugas de su vestido y arreglando a cada momento su cintillo.

—Bueno, como usted ya llego creo que tengo que volver al orfanato.

—¿Se va? —Pregunté con un tono algo elevado. Una cosa era ver a la niña dentro de la granja y otra muy distinta era quedarme con ella sola en un lugar público, cuidándola.

—Así es. La señorita Parker me necesita en el orfanato. No damos muchas salidas, pero ella dijo que podíamos confiar en usted.

La hermana Eunice hablaba en un tono tan amable y suave que me irritaba. Me daba jaqueca. Tomó su viejo y desgastado bolso negro, se despidió de Leila y se fue. Genial.

—Entonces… ¿nos sentamos? —Le dije a Leila mostrándole la silla, se sabía sentar ¿cierto? ¿Qué cosas debía saber de una niña de cinco años?

Leila corrió la silla y se sentó, de nuevo arreglando su vestido, su cintillo y su cabello. Al parecer no era la única nerviosa aquí.

—¿Quieres algo para beber… o comer? —Pregunté mirando a cualquier lado. No podía soportar su intensa mirada sobre mí.

—No lo sé —respondió sin pestañar. Me abrumaba la forma en que miraba, parecía irreal pero era como si no se perdiera de ningún de detalle y a la vez su mente estuviera a miles de kilómetros. Un escalofrío recorrió mi cuerpo al recordar que esa era mi mirada. Ella era igual a mí.

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Caminamos por interminables segundos por las estrechas calles, no conocía lugares a donde llevar niños. De hecho nunca me había relacionado con ellos de tan cerca. Mi hermana Sam solo la veía de distancia y eran muy escasos los momentos en los que compartíamos a solas, Sue casi nunca lo permitía.

Luego de tomarnos un chocolate con pastel —lo más sano que había comido en años— decidí que era hora de volver.

Al ver a Leila no sabía muy bien cómo sentirme, sin duda no como una madre, pero no podía negar que había algo que nos unía. Quizás era aquel recuerdo de haberlas llevado dentro de mí por tanto tiempo. Ver como todo eso se convirtió en una niña, en una niña que al ver me dolía. Todo dentro de mi dolía cuando la veía. Al verla también lo veía a él, a nosotros. Pero también me veía a mi como esa niña frágil e indefensa que algún día fue. Y por irónico que sonara también veía todo lo que había perdido, todo lo que pudo ser, pero no fue.

De pronto el suave roce en mi mano se convirtió en fuerte apretón que me lleno por dentro. Leila había tomado mi mano y me miraba con sus ojos buscando respuestas. Quizás se sentía tan atraída a mí como yo de ella.

—Me gusta salir… —dijo en voz baja—. Nunca…

Me miró y se quedó callada.

—¿Nunca qué? —Le pregunte un poco acelerada. Sin duda esto no se me daba nada de bien.

—Yo… Nunca había probado el pastel de chocolate —habló mirando al piso.

—¿En serio? —dije sorprendida. La niña asintió y luego dejó de hablar. Me sentí un poco culpable por eso—. Podemos volver a salir, digo, si tú quieres.

Leila me miró, buscando algo que no supe descifrar.

—¿Vas a volver? —Pregunto apretando más mi mano.

—Siempre —Le respondí, más para mí que para ella.

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Me despedí de ella viéndola partir desde la entrada sin poder dar un paso más. Mientras la veía correr me pregunte cuántas veces más la dejaría ir.

Las hojas secas crujieron al ser pisadas por alguien. Habría pasado desapercibido por mí sino hubiera sido por ese alguien que posó su mano en mi hombro.

—Así que éste era tu secreto, Isabella —dijo una voz detrás de mí—. Dime… ¿cuándo me ibas a decir que teníamos una hija?

Con todas mis fuerzas deseé que todo fuera una pesadilla, pero no lo era. Me negué a darme vuelta, pensando ingenuamente que si lo ignoraba se iría.

—¿Cuándo dejarás de huir de mí? —Susurró en la oscuridad—. Pensé que ya te habías cansado de jugar al gato y el ratón.

Mis manos sudaban y mi corazón latía desbordado. Inhale y exhale intentando que mi voz no sonara nerviosa.

—Yo no juego juegos. Pensé que me conocías mejor. —Le respondí todavía de espaldas a él.

Él tomó mi brazo impidiéndome moverme y a la vez obligándome a verle.

—Entonces, ¿qué estás haciendo conmigo, Isabella?

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¡Hola!

Después de varias lunas he subido uno nuevo capítulo. Espero que les haya gustado, siento que todo está tomando su cause ahora, ji.
Como dije en mi grupo de facebook espero volver con todo a fanfiction, tengo mucho proyectos que quiero empezar (y finalizar).
Poquito a poquito se verá como Bella y Leila se irán acercando, ¿quedarán juntas? Para saberlo sintonice este mismo canal, ji.

Sin más que decir me despido,

Con cariño Nala.