DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. La historia es solamente mía.

"In the shadows"

GREEDINESS
(Codicia)

Cuando todos tus sueños fallan,
y aquellos que aclamamos
son los peores de todos,
y por nuestras venas corre sangre rancia…

Quiero esconder la verdad,
quiero protegerte
pero con la bestia adentro,
no hay ningún lugar en el que podamos escondernos.

No importa lo que cultivemos
todavía estamos hechos de codicia,
esta es la llegada de mi reino,
esta es la llegada de mi reino.

No te acerques demasiado
Está oscuro aquí adentro
Aquí es donde mis demonios se esconden
Aquí es donde mis demonios se esconden.

[Demons – Imagine Dragons]

Las mantas de mi cama parecían mucho más confortables que el frío de las calles que me esperaban impacientes. Repasé una y otra vez todas mis opciones pero ninguna parecía convencerme. Había tanto que hacer, tanto que resolver, sin embargo, nada era lo suficiente como para hacerme salir de mi casa. Mi teléfono había estado sonando por días, probablemente era Edward. Un Edward furioso y fuera de control. Y tampoco a trabajar. También podría ser Garrett preocupado por mí. Pero en el fondo mi cabeza sabía quién era aquel que marcaba incesantemente mi número; Carlisle.

Había estado probando su capacidad, esperando para ver en cuánto tiempo más lo tendría tocando mi puerta. Él sabía mi número, sabía dónde vivía y sobre todo sabía de Leila. Me preguntaba de qué más estaba enterado Carlisle. ¿En su panorama estaba mi relación con Garrett? O peor, ¿mi relación con Edward?

Así que como una cobarde me había encerrado en mi casa sin contestarle a nadie. Y mucho menos abriendo la puerta.

Me levante de mi cama con sólo una blusa delgada cubriendo mi cuerpo. Bajé lentamente las escaleras pensando en todas las personas que había estado ignorando esta semana y la primera que apareció en mi mente fue Leila. Le había prometido que volvería a verla. Pero no lo hice. Le había vuelto a fallar.

El piso de cerámica parecía más frío que nunca bajo mis pies descalzos. Por raro que pareciera el calor del verano no había llegado a mi departamento. Todo parecía tan frío y desolado. Me senté en el último peldaño de la escalera abrazando mis rodillas. Tenía un enjambre en mi cabeza y ni siquiera sabía por dónde empezar.

Miré el reloj que colgaba de mi pared. Eran las cinco de la mañana, lo cual me ayudo en algo. Debía desenredar esta madeja de lana y decidí empezar por el hilo más grueso; Edward.

.

.

.

.

.

.

.

Luego de interminables viajes en metro al fin llegué a la empresa en la que trabajaba. Esperaba por lo menos todavía tener mi empleo. El guardia me dio el saludo que siempre me hacía al entrar, la secretaria me miró con desprecio como siempre y mis cosas seguían en el mismo pequeño escritorio de la esquina. Nada parecía haber cambiado, lo que encontré que estaba bien. Luego de pasar por la oficina de mi jefe, el señor Jones, un par de coqueteos y unas largas lágrimas de mi parte explicándole que mi amaba abuela nos había dejado yendo al reino del señor y por eso no había podido presentarme al trabajo. Sinceramente esto se me daba muy bien, el mentir.

Wanda, la secretaria a cargo de mí me explicó lo que debía hacer para ponerme al corriente con todo. Aunque decir todo era mucho. Sólo tenía que archivar unos papeles y estar pendiente del citofono. Vaya vida.

En eso estaba, intentando perforar cientos de hojas cuando vi una sombra enfrente de mí.

—Entiendo que quieras mantener tu espacio. Pero te agradecería que al menos contestaras mis llamadas. —Estiró su brazo hasta posar su mano sobre la mía—. Hay gente que se preocupa por ti, Bella.

Levante mi vista y ahí estaba. El único hombre que podía decirme esas palabras y yo sabría que son verdaderas.

—Lo siento. —Fue todo lo que pude decir. Se dio la vuelta y en un instante estuvo sosteniéndome entre sus brazos. Se sentía bien. Todo con Garrett lo hacía.

—Creo que me estoy volviendo adicto a esta sensación. Y tú eres la única que puede hacerme sentir de esta manera. —Levantó con sus dedos mi rostro apresando mis labios con los suyos. Intenté fundirme entre sus brazos. Perderme en ellos.

Pero todo era tan frágil.

—Este no es lugar para ese tipo de demostraciones. —Interrumpió burlón Edward.

Y de nuevo ahí estaba, quemándome con su mirada, pero sin dejar caer esa mascara que sabía llevar tan bien.

Garrett rió en mis labios despegándose de mi lado—. Tan inoportuno como siempre, primito.

—Lo mismo digo. —Edward se movió de un lado a otro mirándome con cinismo—. Nunca se te había visto por esta empresa. Pero desde que cierta… —Chasqueó la lengua buscando una palabra con la que llamarme—. Muchacha trabaja aquí pareces nunca abandonarla.

—Edward. —Dijo Garrett con una sonrisa. Él parecía no entender el sentido en el que hablaba Edward.

—No me mal intérpretes. Me parece bien que la andes cuidando. Es una chica muy guapa. Nunca se sabe cuándo los lobos desciendan. —Lo último lo dijo con una sonrisa sin dejarme de mirar.

Garrett sonrió y pasó su mano por mi cintura acercándome a él y dándome un beso en la frente—. Confío en ella. Es más bien que me cuesta estar lejos de mi chica —. Fue su respuesta. Intenté con todas mis fuerzas no mirar a Edward pues sabía que debía estar matándome con su mirada. Incomoda no tuve más que sonreír.

Edward metió sus manos a los bolsillos intentando tomar una pose más relajada. Sabía que esta situación no le iba nada de bien. Quería dejar de jugar este juego de intimidación. Quería gritarle en la cara que hiciera algo, que me rescatara. Que acabara con todo este show. Pero en el fondo sabía que jamás lo haría. Edward nunca arriesgaría tanto por mí. Así que como siempre tome al toro por las astas.

Me di la vuelta dándole la espalda a Edward, era fuerte pero nunca lo suficiente como para hacerlo frente a su cara. Luego me acerque más a Garrett y pasando mi mano por su rostro le susurré:

—Qué te parece si mejor nos vemos a la noche. Te estaré esperando en mi departamento —de puntas me incline para dejarle un beso en la comisura de sus labios, pero Garrett no lo entendió de esa manera y poniendo su mano en mi espalda baja me apegó a él lo suficiente como para que sus labios se fundieran con los míos.

Luego de unos inmensurables segundos se separó de mí.

—Te dejaré libre por ahora para luego no soltarte en toda la noche —Dijo a modo de despedida—. Nos vemos, primito. —Pasó por el lado de Edward despeinando su cabello—. Y deja de ser tan estirado.

Quise reír pero con la mirada que Edward me dio fue lo último que pensé que debía hacer. Haciéndome la tonta pensé pasar desapercibida. Con mis dedos acerque las hojas que hacia algunos momentos tenía en mis manos pero fue inútil.

—Ya sabes lo que tienes que hacer. —Fueron sus últimas palabras.

Y vaya que lo sabía. Inhalé y exhalé nerviosa antes de pasar por las pesadas puertas, nada bueno me esperaba detrás de ellas.

Me mordí la lengua y me armé de valor. Después de todo no podía matarme, ¿cierto? Era difícil sacar un cadáver sin que nadie se diera cuenta. O al menos eso pensaba yo. Entré con nada más que con su voz en mi cabeza y con mis piernas temblando, era fuerte pero no lo suficiente como para no caer a sus pies.

Ciertamente no podría decir si estaba enojado o colérico, su máscara no me dejaba verlo como en verdad era. Y ahí estaba él sentado en su trono viéndome caer. Porque él lo sabía. Sabía que podía quemarme una y otra vez en el fuego por él sin siquiera pensarlo. Y mi corazón se quebraba más y más por ello.

—Por dónde empezamos, Isabella. ¿Por tu desaparición? ¿O por ese "no te soltaré en toda la noche? —Dijo frío. En ningún momento me miro. Mantenía firme su mirada en lo que fuera que estuviera detrás de mí. Pero por el contrario de él, yo no podía dejar de hacerlo. Me detuve a verlo por más de unos segundos. Sus ojos parecían cansados. Se había dejado la barba, algo raro en él. Y su mueca revelaba una especie de desagrado. Quizás por toda esta situación. Quise acércame a él, tocarlo, pero sabía que no era una buena idea. Mis dedos picaban por ello, y por un momento pensé que los de él también lo hacían. Escondió sus manos debajo del escritorio.

—¿Y bien? Tienes al menos algo qué decir.

—No tengo nada que decir —dije en voz baja. Se sentía como un interrogatorio.

Rió sin ganas—. No puedes sólo desaparecerte y no decir nada al respecto.

—No desaparecí. Solo necesitaba mi tiempo. Antes no parecía importarte esto.

Edward dio un golpe seco al escritorio de madera haciéndome retroceder dos pasos.

—Sabes que eso no es a lo que me refería. Lo sabes más que bien.

Negué con mi cabeza lentamente, apretando mis labios.

—¿Por qué no acabas con esto de una buena vez? ¿Qué estás esperando?

Edward se tomó su tiempo antes de contestarme. Se puso de pie caminando en mi dirección. Llámenlo instinto o lo que quieran pero algo me hizo retroceder ante él.

—Siempre tienes que complicar todo, ¿no? —En un movimiento que no esperaba tomo de mi muñeca apretándola—. Te pedí una, una sola e insignificante cosa, Isabella. Pero no. Tú tenías que venir aquí y arruinarlo todo —apresó mi otra muñeca y arrastras me atrajo ante él—. ¿Es que acaso no te has dado cuenta? —Intenté desprenderme de su agarré pero Edward lo impidió—. Lo embrujaste al pobre chico.

Una carcajada irónica exploto en su rostro.

—Ahora solo queda preguntar: ¿Has caído tú bajo su hechizo? —No espero a mi respuesta. Sus ojos me quemaron arrasando conmigo para luego tirar de mí a la pared encarcelándome entre sus brazos. Su aliento rozaba peligrosamente con el mío. Su boca se acercó a mi cuello pasando descaradamente su lengua por él. Llego hasta mi mentó mordiéndolo y enterrándose en mí.

—Detente —pedí.

—Garrett no fue el único que te extrañó. —Dijo esto para luego arremeter contra mis labios. Quise con todas mis fuerzas no corresponderle el beso, quedarme ahí estática para que él entendiera que esto para mí ya había dejado de ser un juego. Que esto que estaba pasando superaba mis límites y terminaba con mi cordura.

Pero de nuevo fui débil.

Lo fui y me sumergí en este tortuoso amor. Este amor que me ahogaba y me mataba lentamente. Y lamentablemente este era el único amor que Edward sabía dar.

Peca ahora, pide perdón después.

Lo rodeé con mis brazos tocándolo por completo. Acercándolo a mí. Mis manos llegaron hasta su cabeza y haciendo presos sus cabellos de mis dedos tiré de ellos para que al menos sintiera una parte de todo lo que yo lo hacía. Edward gimió en mi boca para luego poner sus manos en mi cadera para levantarme en el aire. Mis piernas se enredaron en su cintura, como mala hierba. Aprensándolo en mi calor. Lo quería, no. Lo amaba, lo amaba de una manera que ni siquiera yo sabía hasta donde podía llegar.

—¿Por qué todo tiene que ser tan difícil? Por qué no simplemente me tomas y me alejas de todo esto. —Le dije jadeando.

—Bella.

Con mis manos tome su rostro obligándolo a verme.

—Sé la respuesta —mi voz tembló—. Pero al menos esperaba que me mintieras.

Y con lo último de cordura que me queda le di un beso de despedida para luego bajarme de sus brazos. No espere a verlo porque eso me detendría, así que sólo corrí de su oficina cerrando la puerta detrás mí.

.

.

.

.

.

.

.

Salí del baño no del todo bien, pero por lo menos más calmada. Volví a mi escritorio pero sin ganas de nada. Miré la regadera de papeles que había sobre mi escritorio y decidí que al menos podrían quedarse un tiempo más ahí. No era la mejor secretaria del mundo, lo sabía.

—Que alguien vigile a mi hermana, Wanda —escuche decir a Joseph, el padre de Garrett. Tome algunas carpetas para pasar desapercibida y así escuchar mejor—. No la quiero metiendo su nariz en mis asuntos.

Wanda asintió en dirección del señor Hedlund. El padre de Garrett entró a su oficina encolerizado. Me preguntaba qué era lo que lo había dejado de esa manera. ¿Era Helena Cullen la responsable? ¿O Alguien más? Decidí investigar más sobre el asunto.

Como que no quiere la cosa me acerque poco a poco hasta Wanda.

—Ya termine con estos archivos. ¿Quieres que los deje en bodega? —Pregunté inocente.

Wanda me miró y pareció hallar la solución a su problema.

—No. Dámelos, necesito que hagas otra cosa, Bella. —Wanda tomos los archivadores de mis manos y luego señalo hacia el ascensor—. Presta atención, Bella. Tienes que ir a la sala de juntas y hacer lo que sea necesario para que la señora Cullen no salga de allí, ¿entendido?

—Claro —dije tímida.

—Presta atención a todo lo que ella haga y no la dejes sola por ningún motivo. Luego me lo informas todo a mí —asentí para luego subirme al ascensor.

Algo me decía que esta era una muy buena oportunidad.

Camine pensando en cada movimiento que debía hacer. Lo más cauta posible y atenta a todas las señales que encontrara. Llegué hasta la puerta que daba con la sala de juntas. Me acerque poco a poco a ella, lo cual fue muy buena idea ya que adentro estaban dos mujeres. La primera la reconocí, era Helena Cullen, la madre de Edward. Era una mujer de edad avanzada, mucho mayor que Geraldine, la madre de Garrett. Vestía un abrigo blanco que resaltaba sus ojos azules con una mirada peculiar. Ella y Edward eran tan diferentes. Más de una vez me había topado con ella en alguna fiesta de Alice pero nunca habíamos entablado una conversación. Ciertamente nunca se le pasaría por la cabeza que su hijo y yo teníamos una tórrida relación. A su lado estaba otra mujer la cual no reconocí pero que su rostro se me hacía familiar.

—¿Conseguiste encontrar su dirección? —Preguntó nerviosa Helena.

—Sí —le respondió la mujer a su lado—. Aquí la tengo —le mostro un papel—. No fue nada fácil. Ha estado cambiando constantemente su residencia. Al parecer debe intuir que tú sabes de su llegada a la ciudad.

Helena se movió incómoda mirando hacia todos lados—. No quiero que Edward se enteré de esto. Estoy más que segura que si él se entera de esta situación correría otra vez detrás de ella. —Le apretó el abrazo a la mujer mirándola con cierta desesperación—. Mucho menos mi hijo.

—Cálmate, Helena. Estoy segura de que ninguno de los dos sospecha nada de esto. Te estás dejando llevar por el pánico.

—¿Qué me calme? —Dijo entre dientes levantándose de su asiento—. Si tan solo hubieras visto la cara de esa mujer, Kate. —Helena se paseó por la sala alterada—. Lo vi en sus ojos, sé que ira detrás de ellos. Pero no lo se lo permitiré. No me deje vencer hace treinta años, no lo hare ahora.

Quería seguir escuchando pero un grupo de personas se venían acercando así que tuve que entrar a la sala de juntas.

—Buenos días —dije luego de golpear la puerta, las mujeres se quedaron viéndome con cautela—. ¿Se les ofrece alguna cosa? —Les pregunte con una sonrisa.

—No, gracias. Puede retirarse. —Respondió Helena.

—Está bien. Cualquier cosa que se le ofrezca estaré en la sala contigua. —Maldita vieja, dije entre mí. Estaba a punto de salir, cuando ella me llamo.

—Señorita —dijo acercándose a mí.

—¿Sí? —Le pregunté.

—¿Sabe cuándo mi hermano vendrá? Necesito hablar con él lo antes posible.

—El señor Hedlund está en una reunión —mentí—. Pero me asigno aquí para que la atendiera en todo lo que necesite.

No pareció contenta con mi respuesta. Hizo un gesto de desagrado y luego me dio la espalda. ¿Es que acaso no podía ser más amable? Esta familia no parecía conocer la palabra amabilidad. Típico de gente rica.

—En ese caso podrías traernos un café a mí y a mi asistente —dijo cuando ya estaba nuevamente en la puerta.

—Claro. —Tuve que decirle.

Consideré en agregarle algo desagradable a la taza, pero en el último minuto lo deseche. Camine atenta para que no se me derramaran las dos tazas de café. Entrar se me hizo difícil, sólo estaba la madre de Edward en la sala y sin siquiera ofrecer su ayuda Helena se quedó viéndome. Observo cada uno de mis movimientos, lo cual me ponía nerviosa.

—Te me haces familiar. ¿Te conozco? —Habló mientras tomaba el café que le había dejado.

—Sí —dije sin agregar nada más. No quería seguir hablando con esta mujer.

—¿Y de dónde? ¿Trabajas hace mucho aquí? —Preguntó en un tono que no me gustó nada.

—Soy la novia de su sobrino —Le respondí con una sonrisa.

—¿De Garrett? —Rió—. Vaya que es pequeña esta ciudad. De seguro él te habrá colocado en esta empresa.

Quise darle un golpe en la cara pero su teléfono comenzó a sonar lo cual le hizo salir de la habitación.

—Bastarda —dije rodando mis ojos.

Miré a mí alrededor y ahí sin que nadie la cuidara estaba la agenda que traía la asistente de Helena. Estuve atenta a que nadie me estuviera viendo y saque el papel que minutos antes le había mostrado a la señora Cullen. Sin leerlo lo doble y lo guarde dentro de mi falda.

—Lo entiendo. Sí. Adiós. —Pronunció mientras cortó la llamada Helena.

En ese mismo momento llego su asistente.

—Nos tenemos que ir —le dijo a ella a lo cual Kate asintió—. Dígale a mi hermano que luego me llame, señorita.

Sin despedirse salió como viento por la puerta.

.

.

.

.

.

.

.

Esperé hasta que anocheciera para ir a la dirección que estaba escrita en el papel. Nunca había venido por estas calles. No era un buen barrio que digamos, me arrepentí de haber ido tan tarde.

Me costó encontrar la casa, ciertamente porque estaba algo escondido el número de la entrada. Quien fuera que viviese allí no quería ser encontrado. Camine por el escueto piso escuchando el ruido de la ciudad y el repicar de mis tacos, lo cuales no eran nada adecuados para este tipo de pseudo espionaje.

Luego de incontables vueltas, y de miles de números encontré el 1386 grabado escuetamente en la puerta que ya parecía caerse. Miré hacia dentro y vi unas luces encendidas; había alguien allí. Sentí un ruido y me aleje de la puerta escondiéndome en un muro enfrente de la vivienda. Quizás era una casa en derrumbe.

Escondida allí vi salir a una mujer de la puerta, algo que ya intuía. Pero me lleve una gran sorpresa al ver su rostro.

No la conocía, pero había algo en ella que me inquietaba. La observe por un largo rato, al parecer estaba esperando algo o mejor dicho a alguien. Jugaba nerviosa con sus dedos mientras movía hacia atrás su cabello. Algo en su postura, en la manera de poner sus labios y la forma en que miraba, todo, me hacían recordar a una persona.

El ruido de un auto me alerto. Las luces al llegar me cegaron un poco, pero no lo suficiente para impedirme ver quién descendía de él.

Y ahí estaba. Aquella persona que tanto me hacía recordar esta mujer. Se bajó cauto, para luego ir en dirección de la mujer y tímidamente abrazarla. Un frío me recorrió el cuerpo y sabía muy bien que no era el viento.

Al parecer Edward me escondía más secretos de los que pensaba.

Y estaba segura como el infierno que los descubriría todos.

.

.

.

.

.

.

.


¡Hola!

Con esta nueva actualización comienza una nueva ronda de actualizaciones de mis fics, espero les haya gustado el capítulo :)

¿Qué opinan de estos nuevos personajes que han aparecido? ¿Quién creen ustedes que es esta mujer que abrazo Edward? Espero leer sus opiniones ;)

Recordarles que en mi grupo de facebook encontraran las imágenes de este capítulo y la música.

Sin más que agregar me despido

Con cariño Nala