DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. La historia es solamente mía.
"In the shadows"
WICKEDNESS
(Maldad)
El mundo estaba en llamas y nadie podía salvarme más que tú.
Es extraño lo que el deseo a la gente tonta hace hacer.
Nunca soñé que conocería a alguien como tú.
Y nunca soñé que perdería a alguien como tú.
No, no quiero enamorarme…
(Este mundo solamente va a romper tu corazón)
No, no quiero enamorarme….
(Este mundo solamente va a romper tu corazón)
De ti, de ti.
Que juego perverso para jugar, para hacerme sentir de esta forma.
Que cosa perversa para hacer, que me permita soñar contigo.
[Wicked Game – Chris Isaak]
…
Luego de esa noche no tuve nada más que hacer que quedarme callada. Al llegar a casa Garrett me estaba esperando como había dicho, pero yo sólo tenía ganas de llamar a alguien y compartir mis dudas. Claramente ese alguien no podía ser él.
Intenté por todos los medios deshacerme de Garrett pero fue inútil. Me resigne a esperar al otro día. Después de despedirme de él, llame a la persona que sabía podría ayudarme con todo esto.
—¿Aló? —Respondieron de la otra línea.
—¿Alice? —Repliqué ya sabiendo la respuesta.
—¡Bella! —Dijo entusiasta—. Qué bueno que llamas. No había sabido de ti en días. Dónde te metes, mujer.
Tuve que morderme la lengua—. Ya sabes, el trabajo me tiene ocupada todo día. Pero llamaba para saber de ti, ¿cómo has estado? ¿Cómo va el tema de la adopción? —Intenté entre sacarle. La información nunca estaba de más.
Alice se tardó en contestar esta vez.
—¿Alice?
—Lo siento, Bella. No ha sido fácil estos días. Edward al principio estaba de acuerdo con la idea de adoptar a la niña. Dios, si hasta a la casa la había traído. Pero ahora…
—¿Ahora qué? —Pregunté perspicaz.
—No sé. Siento que ya no esta tan de acuerdo con aquello. No quiso ir a las citas con la asistente social. Ni tampoco a las entrevista. Siento que está retrasando este asusto y no sé por qué.
Algo no andaba bien, pensé.
¿Y si Edward sabía del origen de Leila? Un escalofrió recorrió mi cuerpo. Él no podía saberlo… O sino estaba pérdida.
—Quería que vinieras a mi casa. Tengo tanto que hablar contigo, amiga —Alice continúo pero yo la interrumpí.
—Está bien. Yo te llamaré cuando tenga un tiempo libre, Al.
—Gracias, Bells. Siempre es bueno contar contigo. —Me dijo en un tono suave. Al parecer ya iba a comenzar a llorar, como siempre.
—Alice, ¿te acuerdas de la muchacha que me peinó para mi cumpleaños? —Le pregunte cambiando el tema, por lo cual la había llamado.
—Claro. Lizzy es una gran estilista. ¿Quieres su número?
—Sí. Necesito pedirle una cita. ¿De casualidad no tendrás su dirección también? —Mentí.
—Bueno su dirección no. Yo siempre la llamo y ella viene a mi casa. Pero puedes llamarla. Te envío su número.
—Gracias, Ali. —un momento de silencio se instaló—. Me tengo que ir. Estamos hablando, Adiós.
Apreté el botón de inmediato. Había sido suficiente de Alice por el día de hoy.
Minutos después Alice ya me había enviado el número. Pensé en que podía hacer con él. La primera vez que vi a esa chica, Edward me había dicho que era su hermana pero nada más. Nunca me dejo hablar de este tema con él. Y estaba tan segura de como que me llamo Bella Swan que ella y la mujer que vi ayer estaban conectadas.
Eso ya lo sabría.
No era mi día libre así que tuve que darle una llamada a Wanda diciéndole que un terrible resfriado me tenía presa en mi cama. Ella colgó no sin antes darme un millón de recomendaciones para que se me pasara. Tuve que aguantar por horas su gangosa voz.
Una vez que me vi libre de mis ataduras laborales comencé a pensar en lo que debía hacer. Volver de día a esa casa era peligroso, no podía dejarme ver. Pensé en un plan B.
Todavía tenía el número de Lizzy, si es que ese en verdad era su nombre. Decidí marcar el número para ver quién me contestaba.
—Aló —habló una mujer.
—¿Con Lizzy? —Pregunté inocente.
—Sí, con ella. —Respondió apática. Al parecer no la había agarrado en buen momento.
—Hablo de parte de Alice Brando, soy una de sus amigas del club de té. Quería pedir una cita con usted. —Mentí con la mejor voz que pude articular. Tan dulce como la miel.
Ella pareció pensarlo por un momento.
—Está bien. ¿Cuál es su dirección? —Preguntó luego de unos segundos. Su voz se me hacía hasta más molesta que la de Alice. Esta mujer no me agradaba en lo absoluto.
—Mi departamento lo están fumigando. Por el momento me estoy hospedando en el hotel Brish. Sólo diga que viene de parte Mary Winston. —Ocupé el nombre de soltera de mi abuela.
—Muy bien. Alrededor de las siete estaré en su hotel, ¿le parece?
—Está bien para mí. Nos vemos, Lizzy. —Colgué dándome cuenta que no sabía su apellido. Un detalle que había pasado por alto.
Todavía ni siquiera era medio día. Debía hacer algo antes de mi cita con aquella Lizzy. Al bajar a la cocina me doy cuenta que hay algo raro en mi departamento. Pero no es algo sino alguien.
—¿Qué haces aquí? —Pregunte lo más alejada que pude. Mis pies descalzos no me daban la estabilidad suficiente como para correr.
—Yo soy el que paga este departamento. Creo que al menos tengo el derecho de entrar en él. —Respondió sentado en el sofá. Su mirada nunca me abandono. Me estaba probando.
—Pusiste la cerradura, ¿verdad?
Edward asintió con una sonrisilla burlesca.
—No soy como el idiota de mi primo, Bella.
Se levantó y caminó hacia mí. Quería salir corriendo pero mis piernas no me hacían caso. Estaba inmóvil allí. Como un condenado a muerte que sabe perderá su cabeza. En mi caso, el corazón.
—¿Es qué acaso tu esposa te dejo libre que me vienes a ver? —Le dije liberando mi ponzoñosa—. ¿Ya se cansó de su juguetito? —Reí—. Eso fue lo que siempre hizo Alice. Darme la mierda que deshecha.
Edward rozó con sus manos mis brazos hasta que su agarre fue cada vez más firme—. Conozco bien tu juego. Pero no caeré en él está vez. Al menos no por ahora.
Con su mano libre tomó mi mentón obligándome a verle.
—¿Por qué te encanta pelear conmigo? ¿Es que ya no te basta con sólo quebrarme? ¿Quieres acabar conmigo también? —Su voz era tan hipnotizaste. Como un leve canto en armonía enredándome en sus letras.
—Creo que esa pregunta debería hacérmela yo. ¿Es qué no te das cuenta? —Me solté veloz de su agarre—. ¿Hasta cuándo tendré que sacrificar cosas? ¿Cuándo serás tú el que de todo o nada por mí? —Negué dolida—. Sé que crees que no lo merezco, y tal vez tienes razón. Pero por una vez sería bueno sentir que lo haces.
—No quiero pelear contigo, Bella —fue toda la respuesta que me dio. Esa era la que siempre me daba.
Mis manos me picaban. Quería destruir su hermoso rostro.
—Estoy cansada de tus mierdas, Edward. ¡Estoy harta! —Grité algo histérica—. He llegado hasta este punto ¡sólo por ti!
—Bella, cálmate.
—¡No, no quiero! No quiero calmarme. No quiero que sólo llegues y me folles para luego dejarme aquí botada como un trapo sucio. No quiero tener que sacrificar mi futuro por ti sabiendo que hay alguien que está dispuesto a dejarlo todo por mí. —Y ahí supe que la había cagado.
—¿De qué estás hablando? —Preguntó desorbitado. Sus ojos fueron cambiando de tranquilos a furiosos en un segundo—. ¿Todo esto es por el imbécil de Garrett?
—Edward —dije en un lamento.
Rió—. ¿Es que piensas que él te ama? ¡Por Dios, Bella! —Gritó—. ¿Qué crees que hará cuando sepa todo sobre ti? Cuando conozca a la verdadera Bella Swan. —Él vio el pánico en mí—. Así es. Te dejara porque verá lo que en verdad hay en ti, cariño.
—No vayas ahí —pedí alejándome de él.
Edward volvió a aferrarse a mí.
—Te dejará porque sabrá de qué estas hecha. —Tiró de mí al sillón. Caí sin saber cómo—. Pero yo no. Porque yo sé quién eres en verdad y a pesar de todo me quedé contigo. Esto —dijo apuntándonos—. Esto que hay entre nosotros va más allá de lo que puedes ver. —Edward se acercó peligrosamente a mí—. Esto es lo que somos. Tú y yo. Somos la misma mierda, cariño.
Me besó.
Me besó desesperadamente. Necesitando de mí de una manera casi animal, casi de la misma manera en que yo lo hacía. No lo quería pero lo necesitaba. A pesar de querer mantenerme alejada de Edward, no podía.
Sus manos rasgaron el suave vestido que traía. En un instante quedé más vulnerable que sólo desnuda. Porque había algo en Edward que hacía que yo quedara expuesta de esa manera. Expuesta para que él hiciera lo que quisiera.
No quiero decir que sólo follamos en mi viejo sillón, pero eso fue lo que sucedió. No quiero decir que sabía que en el fondo ya lo había perdido, pero eso era la verdad. Y aunque no lo quisiera admitir la verdad siempre había sido una mentira.
Con la misma pasión abrasadora que me embargaba tiré de su camisa haciendo volar sus botones. Mis manos buscaron ávidas su espalda marcándola con mis uñas. Edward gimió apretando sus dientes. No puedo más, quise decirle. Esperaba que al menos de esta manera sintiera en una parte la tortura que era el amarle. Porque ya me estaba quedando sin armas.
Intentó besarme de nuevo, pero no se lo permití. Sabía que todo esto no era nada más que una gota, una gota que estaba a punto de llenar un vaso entero que de un momento a otro se quebraría.
Me gustaría decir que la próxima vez no cederé, me mantendré firme. Que al mirarlo a los ojos podré, al fin, luego de años decirle todo lo que mi corazón siempre quiso decirle pero lo que sus labios siempre me hicieron callar.
Pero al fin y al cabo sé que no es más que una ilusión.
—Tómala —le digo cuando está dentro de mí—. Toma mi alma, es todo lo que me queda —mi respiración jadeante, mi cuerpo expuesto y mis ojos cerrados—. No la quiero si no te tengo conmigo.
Una lágrima asfixiante termina por sentenciar algo que siempre él supo, y algo que yo nunca tuve.
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La sensación de sus piernas envueltas con las mías, en una especie de abrazo era la mejor parte. Tenerle desnudo, así, de esta manera, sintiéndolo tan desprotegido era algo inexplicable. Su cabeza descansaba en mi pecho, y mientras mis dedos jugaban nerviosos con su cabello. Pensar que un hombre, un hombre como Edward podía desarmarme de esta manera, me hacía enloquecer.
Un tímido beso deje sobre su frente mientras sentía su olor. Era algo que nunca podría describir. La forma en que olía Edward me envolvía en una ola de sensaciones lujuriosas. Al sentir mis labios sobre su piel sus brazos rodearon más mi cuerpo apegándome aún más a él. Una sonrisa se formó sin querer.
—Estaba pensando en lo bueno que sería estar en el infierno contigo —Dijo con sus labios sobre mi piel. Ellos rodearon la piel de mi pecho, dando pequeños chupones hasta que sus dientes entraron en contacto. Me erguí intentando alejarme, pero Edward no lo permitió.
—No sé porque contigo siempre tengo ganas de marcarte. De dejarles saber que eres mía, Bella.
Di un suspiro mirando hacia el techo—. Soy tuya —soltaron mis labios automáticamente—. Aunque no quiera admitirlo.
Edward rió.
—Eso es porque amas llevarme la contraria —dijo Edward alejándose de mis brazos para acercarse a mi rostro—. Ámame dos veces, nena. Una por mañana, y una por hoy(1).
Edward comenzó a tararear la canción con esa voz que sabía me enloquecía. Me tomo entre sus brazos, y así subimos hasta llegar a mi cama para amarlo otra vez. Y quién sabe cuántas más.
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Cuando salí de casa pensé que iba perfectamente vestida para la ocasión. Pero ahora que me veía en el gran espejo que estaba a la entrada del Hall del hotel no parecía tan segura.
Traía puestas unas gran gafas de sol que cubrían una buena parte de mi rostro, mi cabello lo tape con un sombrero de las mismas proporciones para evitar ser reconocida por Lizzy. Me senté en un sillón lo más alejada de la recepción pero lo suficiente como para oír lo que fuese importante. Comencé a ojear una revista de moda para pasar desapercibida cuando la vi.
Entró con pasos seguros llegando hasta la recepción. Era una mujer alta, algo colorina como lo recordaba desde la última vez que la había visto. Al parecer siempre traía esa mirada de enojada que la caracterizaba. Habló algo con la chica de recepción, algo que pareció no agradarle ya que el tono de su voz comenzaba a subir. Si no estaba equivocada la chica que le había dicho que no existía ninguna Mary Winston en este hotel. Tan solo de verle la cara que puso mi día ya estaba pagado.
Salió furiosa del hotel y esa fue mi señal para hacer lo mío. Deje que caminara unas cuadras delante de mí para comenzar a seguirla. No sabía muy bien a donde me llevaría, pero lo que si sabía es que donde ella estuviera, estaría la verdad.
Caminó unas cuantas calles más hasta que llego a unas casillas. De allí sacó unos sobres y mirando hacia ambos lados los guardo en su bolso. Volvió a seguir caminando por unas calles eternas. Me preguntaba si esta mujer sabía lo que era un taxi. Al parecer no.
Mis pies ya me parecían reventar cuando me di cuenta que conocía las calles por donde andaba. Ya había estado aquí antes.
Llegue hasta la misma pared en donde me había escondido días atrás. Lizzy a medida que se acercaba a la casa parecía ponerse más nerviosa. Llego hasta la puerta, de nuevo miró hacia ambos lados intentado buscar algo, por un momento llegue a pensar que me había descubierto pero al parecer ella estaba preocupada por alguien más. Dio dos golpes a la puerta, luego uno y de nuevo dos. Pensé que era algún tipo de clave.
Y cuando abrieron la puerta supe que tenía razón; todos los puntos estaban conectados.
La mujer que había recibido a Edward ahora extendía sus brazos a Lizzy con ojos llorosos. Ella le susurró algo al oído lo cual hizo palidecer a la mujer.
—Nos ha encontrado, Beth. —Fue lo que oí decirle.
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Nota:
(1) La canción que Edward canta se llama Love me two times de The doors.
¡Hola!
Chan chan chan (insertar aquí música de suspenso)
¿Qué les pareció el capítulo? :O
Déjenme contarles que poco a poquito nos vamos acercando al final. Ya nos quedan sólo seis capítulos para que esta historia llegue a su fin.
¿Qué opinan de Lizzy y Beth? ¿Qué creen que llegarán a hacer a esta historia? Me gustaría leer sus hipótesis ;)
Un beso enorme a todas las chicas que comentan, son un sol.
Como siempre recordarles que en mi grupo les dejo las imágenes de este capítulo y las canciones. También invitarlas a que pasen a leer mis otras historias y que me cuenten: ¿Qué creen que sucederá con Bella y Edward? Se nos viene el final, chicas.
Con un beso me despido
Nala
