DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. La historia es solamente mía.

"In the shadows"

BLINDNESS
(Ceguera)

Lo único que sé
es que no todo es como me lo han vendido...
Pero mientras más crezco, menos sé,
y he vivido tantas vidas,
aunque no soy vieja.
Y mientras más veo, menos crezco,
mientras menos semillas, más siembro.

Desearía no haber visto la realidad
Y toda la gente real, no es real.
Entre más aprendo, más lloro,
mientras le digo adiós al estilo de vida
que pensé tener diseñado para mí.

[Try – Nelly Furtado]

—¿Qué te sucede? Estás temblando. —Preguntó Garrett tomando mis manos. No me había dado cuenta de mi reacción. Sólo me quede allí, congelada. Por supuesto fuera de la casa. No podia seguir viendole la cara a Edward—. ¿Bella?

—No me siento bien —respondí en voz baja. Garrett se acercó más a mí para revisarme.

—Tienes razón. Estás pálida. Será mejor que nos vayamos. —Él se quitó su saco para luego ponerlo sobre mis hombros. Sin embargo, sabía muy bien que eso no bastaría para acabar con el frío que se había instalado en mi interior—. Déjame me despido de los chicos y nos vamos.

—No —dije más alto de lo que quise—. Después les llamamos. —Pedí suplicante. No era capaz de entrar en esa casa.

No sé como me habrá visto Garrett pero debió haber sido muy mal ya que aceptó sin decir nada más. El camino hasta mi departamento lo hicimos en silencio. No podía pensar en nada, era como si mi mente se hubiese bloqueado ante todo, respirar siendo lo único capaz de hacer. No sabía que me dolía más: saber que ellos tendrían un hijo, o que ella fuese capaz de darle algo que yo jamás podría. Garrett intentó tomar mi mano pero yo la quité abrazándome a mí misma. Me abrazaba para no perder ningún pedacito de mí, porque después de está noche me habían destrozado.

—Podemos ir a ver un medico si quieres —ofreció Garrett una vez que ya estábamos en el departamento—. Me preocupas, amor.

—No —me negué. Quité el saco y mis zapatos para luego subir las escaleras mientras le respondía—. Estaré bien, sólo necesito descansar.

Aunque eso ni yo misma me lo creía.

Garrett se quedo viéndome para luego subir conmigo hasta mi habitación. Sus ojos me escanearon por completo. Un punzada me atravesó. Si tan sólo supiera el por qué me sentía de esta manera…

—No lo creo —dijo detrás de mí, me había volteado para no verle la cara. Sentí su respiración cada vez más cerca, posó sus manos en mis hombros para darles unas suaves caricias—. Pero puedo quedarme si quieres. No quiero dejarte sola.

Y esas palabras hicieron a mis labios temblar. No quería llorar, al menos no enfrente de él. Tuve que hacerme el estómago y tragarme mis emociones. Inhalé profundamente para relajarme.

—Debió ser algo que me cayó mal, tengo un pequeño malestar —mentí cuando me di la vuelta. Con una mueca inocente le señale mi estómago mientras levantaba mis hombros—. Claro que puedes quedarte. Tenerte aquí me hará sentirme mucho mejor —me levante de puntillas para besarle, después de todo eso era en parte verdad. Garrett no vio venir este gesto. Le había pillado desprevenido, sus labios se acoplaron a la perfección con los míos. Necesitaba dejar de pensar, y había sólo una manera de hacerlo.

—Puedes ayudarme con el cierre —le pedí con voz sensual y seductora.

Lo demás fue historia. Inconscientemente pensaba que estando con Garrett, él se sentiría peor. Lo cual era una completa estupidez, pero en estos momentos no podía pensar en nada cuerdo.

Me acosté con Garrett sintiendo a Edward a mi lado.

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No pude dormir en toda la noche.

Le tenía presente a cada momento. Era como si el departamento por completo me recordara a él. Edward me lo había dado hace tanto tiempo atrás, ya ni recordaba cómo es que Edward llegó a la conclusión de que necesitábamos un lugar para ello. Sin duda nunca lo vio como algo pasajero, o al menos en ese tiempo lo había sentido de esa manera. Un día vino a la casa del primo de Jane, donde solía vivir, y me dijo que desde ese momento nuestra vida juntos seria completamente diferente. Cuando llegue a esta ciudad me había costado mucho establecerme por mis propios medios. Después de que me dejara Carlisle y diera en adopción a Leila no sabía qué hacer con mi vida, pero de lo que sí estaba segura era de que no podía permanecer en la casa de mi madre. Allí habían demasiados recuerdos, recuerdos dolorosos. Me propuse abrirme camino en la gran ciudad, pero no sabía lo difícil que iba a ser. Edward me sacó de la pocilga que era el departamento de Dimitri. Me mostró todos los lujos que jamás en mi vida había visto, me enseño lo bueno que es estar del otro lado. Pero se le olvido decirme que todo eso era prestado, que nada de aquello me pertenecía y que más temprano que tarde todo se iría de la misma forma que llegó.

Todavía recordaba sus palabras al decirme que un departamento modesto no levantaría sospecha alguna. Me advirtió que nadie podía enterarse de lo nuestro, también pidió un tiempo para terminar sus asuntos con Alice, me convenció de que acabar con su matrimonio de la noche a la mañana no le haría bien a ninguno de los tres. Nunca había mencionado nada del dinero de su esposa, sino de sus sentimientos. Aseguró que ya nada era lo mismo con ella, que lo suyo no eran más que apariencias. La vieja Bella le había creído porque ella lo había visto con sus propios ojos, también porque dentro de ella crecía una ambición que no podía controlar. Pero ahora que los años habían pasado, empezaba a creer que lo que había visto no era nada más que sólo lo que mi corazón quería ver. Nunca pensé que aquel tiempo que alguna vez me pidió Edward iba a durar tanto.

Todo parecía tan borroso. Sentía como si todo ese tiempo hubiese estado con una venda en mis ojos, una venda que él mismo Edward había colocado allí con sus mentiras, con sus regalos, con su forma de comprar mi amor. Sin embargo, había algo que Edward no entendía, que ni con los años que llevábamos juntos había podido aprender; para mí me bastaba con tenerle a él.

Ahora lo sabía, porque lo que en un principio había comenzado como un juego, ahora se volvía realidad. Lo que una vez fue medio para llegar a un objetivo termino por apresarme. Pero también era cierto que en este juego, yo había apostado a perdedor. Y si no movía luego mis piezas lo perdería todo. Como siempre.

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—¿Cuándo la podré conocer? —Preguntó por milésima vez Renée. Cada vez que venía a su casa me hacia la misma pregunta.

—No sé —le respondí como siempre—. Esto es muy complicado, Renée. Ni siquiera yo sé cómo acercarme a ella.

—Pensé que ya llevabas tiempo visitándola —mi madre tejía sentada en una vieja mecedora. Allí, viéndola de esa manera me di cuenta que los años le estaban pasando la cuenta. Parecía mucho mayor que la edad que tenía. Estaba pálida, su antiguo rostro redondo y turgente ahora estaba enmarcado por los huesos de la cara. Más delgada que de costumbre su figura se notaba y había dejado que las canas tomaran presencia en su cabello. Nunca había visto a mi madre de esa manera.

—La he ido a ver un par de veces —le conté desde el otro lado de la habitación. Llevaba un tiempo sin ver a mi madre, por lo que me tome el fin de semana para visitarla y ordenar mi cabeza—. Pero no sé cómo tratarla. A veces…

—¿A veces qué? —Preguntó dejando su tejido y posando sus ojos en mí.

Negué con mi cabeza. No quería hablar de ese tema con ella, al menos no ahora.

—Bella —su voz era suave pero sonaba cansada. Mamá se levantó de la silla para acercarse a mí—. Sé lo que sientes, hija —tomó su mano entre las mías—. Pero tú no eres yo. No vas a cometer los mismos errores que yo tuve.

—No quiero herirla —admití con mi voz rasposa. Mi garganta parecía que se había cerrado—. A veces pienso que ella estaría mejor sin mí a su lado… no la merezco.

Mamá me dio un abrazo fuerte que hizo que mis ojos se desbordaran en lágrimas. De todas las personas en el mundo, ella era la única que me podía entender. Cuando yo nací era lo último que mi madre esperaba. De niña había crecido escuchando esa historia. El último verano antes de que ella entrara a la universidad había ido a pasar sus vacaciones al pueblo donde vivía mi padre. Cuando volvió a casa con su madre se dio cuenta que se había llevado algo más que un simple recuerdo; me llevaba a mí. Mi abuelo al enterarse la obligó a que se casara con mi padre; porque en su familia no habían hijos bastardos. Todos sus sueños se habían acabado el día en que se dio cuenta que me esperaba. Le quitaron la beca que le dieron para estudiar en París, mamá quería ser diseñadora de modas. Nunca fue feliz en el matrimonio que tuvo con Charlie, porque cada vez que le veía, que me veía a mí se acordaba de todo lo que había perdido.

—No sabes cuánto me arrepiento, Bella —susurró estando entre sus brazos—. Nunca te enseñé a amar. Es por eso que tienes miedo —quitó el cabello de mi frente levantando mi rostro—. Tienes miedo de que el amor por esa niña termine por quitarte lo que más ansias, lo que más deseas.

Mis ojos se cruzaron con los de ella. Éramos tan parecidas y a la vez tan diferentes.

—Cuando tú naciste yo creí erróneamente que al aferrarme a ti terminaría por acabar con todo lo que había soñado para mí, con todo lo que había soñado que sería mi vida —confesó desviando su mirada, avergonzada—. Eso es de lo que más me arrepiento, hija. De no haberme dado cuenta que contigo a mi lado una nueva vida había comenzado, que tenerte a mi lado era lo mejor que me había tocado en la vida —mamá me dio una caricia en mi rostro. Su labio temblaba y sus ojos tenían una película de lágrimas amenazando con derrumbarse—, me costó mucho darme cuenta que sólo me bastaba contigo para ser feliz. Porque es sólo eso con lo que una madre puede contar, con el amor que siente por sus hijos. Y cuando tuviste a tu hija… —mamá negó ahora con las lágrimas en su rostro—. Cuando te vi dejar ir a la única persona en el mundo que en verdad te enseñaría a saber lo que es el amor, no tuve las fuerzas para detenerte. Para no dejar que cometieras el mismo error que yo había hecho. Pero ahora la vida me ha dado una nueva oportunidad y a ti también. Y no voy a permitir que la dejes ir, no está vez. Tú eres mucho mejor que yo, y ella mucho más que nosotras. No dejes que ella se convierta en lo que nosotras nos hemos convertido.

Mamá me volvió a abrazar estaba vez más fuerte. Con ella a mi lado podía sentir que la idea de tener a Leila a mi lado no era tan imposible después de todo.

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—La señorita Parker dio la orden. No puedo hacer nada al respecto —Eunice, la monja del orfanato me atendió en la sala de la granja. Al parecer Parker no había querido darme la cara—. Entienda que esta situación confunde a la niña. Necesita de un compromiso, de algo estable.

—Pero le prometí que vendría a verla, ella sabe que soy su amiga.

—¿Su amiga? ¡Por Dios, señorita Swan! Lo que Leila necesita es a una madre, no a una amiga. Sólo tiene seis años. Estos niños —dijo señalando el lugar—, no son juguetes con los que usted puede jugar para luego dejarlos aquí.

—Yo hable con Parker. Le expliqué mi situación —le respondí molesta. Esta mujer estaba acabando con mi paciencia.

—¡Bella! —Gritó una vocecita del otro lado del vidrio, al verme vino corriendo hacia donde yo estaba. Se abrazó de mis piernas al llegar dándome una gran sonrisa—. Viniste.

—Así es —le respondí hincándome para quedar a su altura. Sus ojos verdes brillaban de emoción. La última vez que nos habíamos visto estaba decidida a dejarla ir y al parecer ella se había dado cuenta y me hizo prometerle que volvería a la granja para visitarla.

Sus pequeños brazos se aferraron a mi cuello dándome un cálido abrazo. Era tan pequeña y grande a la vez. Jamás pensé que una personita como ella podría cambiar mi mundo por completo.

—Leila… —comenzó a decir Eunice pero yo la interrumpí.

—Es sólo por un momento —le pedí.

—Yo… —miró dudativa hacia nosotras.

—Por favor, prometo que será corto.

Eunice vio el rostro de Leila y no pudo negarse—. Está bien, pero sólo un momento. —Le agradecí y luego la monja se marchó.

—Te traje un regalo —le conté contagiada por su entusiasmo. Leila abrió sus ojos de emoción y pude notar que un pequeño diente se le había caído. Me había perdido tantos momentos importantes en su vida.

—¿Por qué te pusiste triste, Bella? —Preguntó poniendo su mano en mi rostro.

—No es nada, cariño. Ten —le extendí—. Espero que te guste.

Leila lo abrió deprisa. Ver la cara que puso no tenía precio.

—¿Y bien? —Pregunté sonriéndole.

—Es hermoso —sacó por completo el vestido que le había regalado. Apenas lo vi en la tienda supe que sería para ella.

—Sé que tu cumpleaños ya pasó, pero pensé que podríamos celebrarlo juntas.

—¿En serio? —Parecía no creerlo, después de un momento dijo tímida: —Gracias. Me gusta mucho que me vengas a ver.

No sé de donde salió, pero me acerqué hasta ella para abrazarla. Tenía tantas ganas de decirle que nunca más la dejaría. Pero mis labios nunca dijeron las palabras.

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Como siempre que iba, algo que no podía describir se instalaba en mi interior. Estar con Leila traía tantas emociones nuevas pero dejarla allí en ese lugar me provocaba unas peores.

—Es linda, ¿no es así? —Dijo una voz, la que menos quería escuchar en estos momentos—. Todavía no puedo decir si tiene más de ti o de mí.

Avancé sin responderle lo más rápido que mis pies me permitieron.

—Hey —me tomó del brazo para detenerme—. Sabía que te iba a encontrar aquí. ¿Por qué estás huyendo de mí?

—No quiero hablar contigo. De hecho no tengo nada que hablar contigo. Suéltame —pedí removiéndome de su agarré.

—Sabes que eso no es cierto. ¿Hasta cuándo piensas huir de esta situación? Nos debemos una plática.

—Yo a ti no te debo nada —respondí con los dientes apretados. Estaba harta de todo esto—. No sé por qué volviste y tampoco me interesa. Sólo quiere que te alejes de ella. —Le amenacé soltándome de sus manos.

—¿Quieres que me aleje de mi hija?

—No es tu hija —le corté al instante.

—Claro que lo es. —Respondió molesto—. Es mi viva imagen, Isabella. No puedes negarlo.

Me aleje lo más que pude de él pero me siguió. Siempre lo hacía.

—No puedo creer que hasta ahora vengas a preocuparte por ella.

—Tú nunca me dijiste —se defendió.

—¿Y que más daba? ¿Habría eso cambiado en algo lo que paso? Me abandonaste —le encaré enojada. Nunca tuve la oportunidad de sacárselo en cara—. Nunca tuviste el menor remordimiento al dejarme atrás, después de todo lo que me prometiste.

—No fue así como crees, Bella. Tuve que hacerlo —él camino acercándose a mí pero yo retrocedí en busca de espacio.

—Nunca me di cuenta de lo buen mentiroso que eres. Creo que aprendí del mejor —dije con ironía.

—Dejemos de pelear —pidió mirándome directamente a los ojos—. Sólo quiero que te des cuenta que todo lo que hice, lo hice por nosotros. Por nuestro futuro.

—Te volviste loco.

—Bella —exclamó tomándome por mis brazos, obligándome a verle—. Si me quedaba allí no tendríamos ningún futuro. No tenía nada que ofrecerte. Tuve que alejarme de ti por el bien de nosotros.

—Pudiste haberme llevado contigo —le exigí.

—No podía. Tuve que hacer muchos sacrificios —sus dedos rozaron mi piel—. Pero ya no. Ahora podemos retomar aquello que dejamos en esos días.

Reí irónica—. Perdiste la cabeza. Lo nuestro ya fue. No podemos retomar algo que ya no existe.

—Claro que podemos, Bella. ¿Es que no te das cuenta? Nuestra hija nos unirá de nuevo.

—No voy a dejar que te acerques a ella —le advertí.

Carlisle se quedó viéndome, buscando alguna respuesta. Obviamente no esperaba ver lo vio. Yo ya no era aquella niñita que manipulaba a su antojo. Los años me habían endurecido haciéndome caer la venda que tenía en los ojos. Esta ceguera que tuve por el amor de estos hombres estaba llegando a su fin. Después de todo los porrazos que había tenido me estaban dejando una lección.

—Te ofrezco una oportunidad, Bella. Podemos ser la familia que siempre debimos ser. Pero si no estás dispuesta a tomarla, yo y mi hija no formaremos parte de tu futuro.

Sin decir ni una palabra más Carlisle se fue dejando aquella amenaza en el aire.

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¡Hola!

¿Qué les pareció el cap? Al parecer nuestra Bella se está dando cuenta de la situación en la que está, veremos como le irá *O* ¿Qué opinan de la actitud que tomo Carlisle? Me gustaría leer sus opiniones :D

Muchas gracias a las chicas que comentaron el cap anterior: Melychile y Mariana, no tienen una cuenta así que les agradezco por aquí besos para ustedes. También a NinaCordova, Jade HSos, Tecupi que casi siempre comentan la historias les mando un gran abrazo enorme ;)

En el grupo de facebook les deje el PlayList del fic, las invito a que pasen por allí se llama: Entre las sombras.

Nada más que agregar me despido, no olviden que estamos cerca del final

Con cariño Nala