DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. La historia es solamente mía.
"In the shadows"
SADNESS
(Tristeza)
¿A dónde fue el pasado que no volverá?
¿A dónde fue tu risa que me hizo volar?
¿Dónde quedo la llave de nuestra ilusión?
¿A dónde la alegría de tu corazón?
Y se va como todo se va,
como el agua del río hacia el mar.
Y se va como todo se va...
El tiempo que paso y no supe ver,
las horas que ya no quieren volver,
¿dónde están, dónde están corazón?
[Donde están corazón – Enrique Iglesias]
…
Podía sentir mi trasero congelado pegado al asfalto de la calle. No sabía a donde dirigirme. No sabía nada.
¿A dónde podría ir? Ya no me quedaba nada. Ni nadie.
Buscar a Garrett probablemente sería una pésima idea, e irme a mi departamento una peor. Ni siquiera podría abrir la puerta sin que la realidad me diera de golpe. La horrible e inevitable verdad; Edward me había abandonado.
Estuve toda la noche dando vueltas por ahí. Nunca me había sentida más rota en toda mi vida. Ni siquiera cuando Carlisle me dejo en ese motel, ni cuando mi padre me entregó a las manos de mi horrible abuela. Este dolor en mi pecho era mil veces peor.
El frío traspasaba mi escasa ropa. Deje hasta mis zapatos en aquella habitación. Sólo íbamos yo y atormentada alma.
¿Cuánto tiempo se tomaría Alice para contarle toda la verdad a Garrett? Lo más probable era que a estas alturas él ya lo sabría todo, pero no era lo que me hacía sentir así de mal. Sin duda podría vivir sin Garrett… pero sin Edward, todo cambiaba. Y eso era algo que tenía más que claro, él la había escogido a ella. Y por más que me destrozara, tenía que aceptar que siempre lo había hecho.
El frío invierno fue imponiendo su presencia y parecía calar mis huesos. Resignada y con el corazón en mil pedazos caminé hasta el departamento. Me fui con la cabeza tan llena de recuerdos y pensamientos que ni cuenta me di cuando llegué. Mis piernas me temblaron de sólo imaginar lo que sería pasar a través de aquella puerta. Mis manos sudaban y mis ojos ardían. Estaba tan cansada.
Estuve allí un largo tiempo, de pie, enfrente de la puerta. Hasta que me di cuenta de que no traía la llave conmigo, se me había quedado en mi bolso también. Hablé con el conserje y le expliqué un centenar de veces que me había dejado el bolso en una fiesta, probablemente el tipo ya me había visto con esta pinta miles de veces y sólo lo relacionó con que estaba muerta de borracha. Murmuró un par de quejas más y luego, al fin, me entrego una solitaria llave. Infeliz.
Con el mundo sobre mis hombros subí exhausta los malditos escalones. Nunca, en todos estos años me había costado tanto llegar hasta el final de ellos. Estaba tan agotada física como mentalmente. Metí la llave, abrí la puerta y me desmoroné debajo de mi vieja y antigua compañera; mi alfombra.
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Probablemente habría estado allí, tirada en el sucio y frío suelo de mi departamento hasta que los ácaros de mi casa me devoraran por completo. Pero una llamada hizo que me levantara de mi purgatorio y recordará que aún seguía viva.
Era del hospital.
Nunca, en todo el tiempo que llevaba viva me habían llamado de ese lugar. Jamás pensé que alguien me tendría como uno de sus contactos de emergencia. Y de hecho pensé que era un error hasta que escuché ese nombre.
Y me congelé allí. No sé por qué pero un viejo recuerdo llegó a mi cabeza en ese momento. Una pequeña con un rostro parecido al mío estaba sentada con los ojos cerrados mientras mi madre, con una bellísima voz le susurraba unas palabras en un tono melodioso, le cantaba. Mientras lo hacia la peinaba con un gran cepillo su largo cabello. Y con ese recuerdo llegue hasta el hospital a reconocer su cuerpo.
Pero en mi mente no podía juntar aquel recuerdo de mi madre con el cuerpo frío y casi morado que tenía enfrente de mí. Quisiera decir que lloré mares cuando vi el cuerpo muerto de Renée, que grite y me aferre a ella hasta que el personal médico me saco de la sala. Pero no lo hice. No pude. Quise tocar sus dedos, acercarme a ella para sentir por última vez su olor a fresas que tanto la caracterizaba, pero mis piernas parecían no querer hacerme caso. Todo lo que mis ojos podían ver era una muerta que se parecía mucho a mi madre, pero en el fondo sabía muy bien que mi madre se había ido hace mucho tiempo.
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Después de llegar del hospital y terminar todos los papeles para que Renée fuera trasladada a la funeraria comencé a empacar toda mi ropa. Al parecer ella lo había tenido todo planeado desde que supo que se moriría. El doctor habló de unos nombres raros, enfermedades quizá y de lo mal que lo había llevado hasta el final de sus días. Me dijo que ella pidió expresamente que no se me notificara hasta que ella estuviera muerta, muy muerta. Al parecer no me quería cerca de ella para cuando eso sucediera.
Mi ropa cupo en menos de dos maletas. Eso sería todo lo que me llevaría de ese lugar. Una vez terminado de empacar, tomé un taxi hasta el cementerio.
En ese frío parque sólo estábamos ella y yo. Luego de que el sacerdote hablara unas cuentas palabras de protocolo, se fue. Ninguna de las dos tenía más familiares y no quise llamar a Charlie. Lo último que había sabido de él era que junto a su familia se mudaron a Canadá. Al fin y al cabo Renée y yo habíamos salido de su vida hace muchos años atrás.
Antes de que bajaran el ataúd me acerque a verle por última vez.
—Sé que nunca estuviste preparada para mí ni para la vida que el destino quiso imponerte —dije en voz baja—. Y ese fue un error que acabo con nuestras vidas. —Mi labio temblaba pero mis ojos estaban secos. Yo estaba seca—. Sólo espero que donde sea que estés ahora, puedas ser feliz.
Y en todo el camino mi mente reproducía como si fuera una película aquel recuerdo de la niña sentada en la cocina mientras su madre le cepilla el cabello y le cantaba dulcemente.
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Ni siquiera recogí las cortinas o abrí las ventas. Al llegar a la casa lo primero que hice fue correr hasta llegar a su cama y enterrarme en ella hasta que el fin del mundo llegara. Sentía un gran dolor en mi pecho pero en ningún momento las lágrimas quisieron llegar. Sólo quería quedarme allí, en la oscuridad de la casa de Renée. Nunca supimos llevarnos bien, pero cuando sentía que ya no podía más, venía a su casa y estar en su compañía solía consolarme.
Y ahora que ella no estaba aquí me sentía más sola que nunca.
Mis pensamientos me atormentaban. Mis viejos fantasmas parecían no darme tregua. Deseaba tanto olvidarle, quería quitarme con mis propias manos todo lo que sentía por él. Pero sabía que sería inútil. Odiarle iba en contra de mi voluntad. Sabía que si seguía así me volvería loca. Todo en lo que podía pensar era en lo estúpida que había sido todo este tiempo. ¿Cómo era posible que estuviese tan ciega? Y lo peor de todo era que en el fondo conocía cuan necia era. Yo misma me negaba a verle en la verdadera forma en la que era Edward. Creo que al final de cuentas siempre fui yo la que dio más en esta relación, y como simple ecuación yo sería la más lastimada. Pero también era cierto que lo amaba, y bajo ese amor me deje llenar por la falsa esperanza de que él cambiara; no, era más que eso. Yo no quería que cambiara, porque yo era la única persona que lo amaba así tal cual era. Lo que yo quería era que se diera cuenta de aquello, que yo sería la única persona capaz de amarle tan incondicionalmente. Y quería que él sintiera el mismo amor avasallador e inmensurable que le profesaba. Tristemente eso nunca sucedió. Y todo terminó de una manera horrible.
Estaba rodando en las llamas de mi resaca de realidad. A lo menos creo que estuve allí casi tres semanas tirada en esa cama alimentándome sólo de leche y galletas que ya parecían vencer. Pero cuando esto se acabó me vi obligada a levantarme. Mi rostro era del terror, las ojeras se apoderaron de mi rostro sin darme tregua y mi cabello fácilmente pasaría como un nido de pájaros.
Nadie había llegado hasta aquí para buscarme porque nadie conocía esta dirección. Y nadie había llamado porque mi celular se me perdió en aquella noche infernal.
Fácilmente podría perderme sin que nadie me encontrara o quedarme allí en la cama hasta morir de inanición. Todo eso era mucho mejor que enfrentarme a lo que me esperaba. Y ciertamente no quería nada de eso, ni siquiera sabía si quería algo. Pero en el fondo de mí, en lo más profundo de mi ser sentía que cualquiera fuera la decisión que escogiera no podía dejar de incluir a Leila.
Esos días en los que estuve en lo más profundo de mi oscuridad, en donde nada parecía tener sentido, el recuerdo de Leila me traía a la superficie. No dejaría que se volviera a repetir la misma historia. No. No la abandonaría.
Recuperaría a mi hija, y junto a ella intentaría recomponer mi vida.
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Llegué a la granja con mis nervios a flor de piel. Todavía no sabía muy bien que le diría a la señora Parker, pero de que me llevaba a mi hija me la llevaba sí o sí.
Me costó bastante tener un momento en el que hablar con ella. Al parecer no me quería recibir. Pero yo fui más insistente y al final accedió a atenderme.
—Señorita Swan —fue su saludo.
—Señora Parker, Buenos días. —Le respondí sólo por cordialidad, pero necesitaba llegar al grano—. Vengo hablarle de Leila. Yo…
—Lo sé —dijo ella cortándome—. Sé muy bien cuál es su situación con ella. Pero ahora todo ha cambiado. —La mujer se quedó viéndome fijamente y sus palabras fueron como un cuchillo para mí—. En su momento accedí a que usted pudiera verla, como un favor hacia su madre. Sin embargo, hace un tiempo atrás recibimos la notificación de la adopción definitiva de Leila por una familia.
—¿Está hablando de Alice Cullen? —Casi le grité. Esto no podía estar pasándome.
—Eso no se lo puedo decir. Como ya le dije la adopción ya fue tramitada. No hay nada que usted pueda hacer.
Todo parecía darme vueltas, el aire ya no parecía el mismo. Sentía que si la perdía a ella todo terminaría por desmoronarse en mi vida.
—Se lo ruego, por favor —le suplique—. Por mi madre, por lo que más quiera, dígame quién fue el que tramitó la adopción. Es todo lo que le pido. —Mi voz salía rasposa y me costaba hablar—. Le juró que nunca más me vera por aquí. Sólo necesito saber quién fue.
Ella se quedó viéndome. No sabía que había hecho mi madre para que esta mujer accediera a que pudiera ver a Leila en primera instancia, quizás fue eso o tal vez el desgarro que vio en mis ojos. En verdad no lo sé pero al menos sirvió para que me diera aquella información que tanto anhelaba. Sabía muy que si Alice estaba detrás de todo esto, volver a ver a Leila sería algo casi imposible. Pero si era otra familia, podría tal vez… hacer algo. Pero lo que ella me dijo jamás me lo vi venir.
—Espero que después de decírselo no la vuelva a ver por estos lados.
—Se lo prometo —le dije casi al instante.
Hizo una mueca y luego me miró.
—La familia de Esme y Carlisle Masen. Ellos tramitaron la solicitud de adopción.
Y eso fue como un balde de agua fría para mí.
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Pérdida.
Así me encontraba. ¿Es que acaso la vida ya no me había dado los suficiente porrazos? Al parecer no. No le bastaba con sólo lo arrojarme al suelo, sino que también quería verme allí arrastrándome.
En mi mente no podía juntar las piezas. ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿En qué momento Carlisle había hecho todo esto? Como le odiaba en estos momentos. Deseaba verlo muerto y despedazado. Deseaba matarlo con mis propias manos y tirar sus restos para darle de comer a los perros. Sin duda no le bastaba con todo el daño que me había hecho en el pasado. Y lo peor de todo era que ni siquiera tenía una dirección donde buscarle. Estaba atada de manos.
La desesperación me fue carcomiendo de a poco y con el pasar de las horas el infierno se fue apoderando de mí. Daba vueltas como loca y me las craneaba para poder idear algún plan que me permitiera recuperar a mi hija. Sabía muy bien que sola no podría competir contra Carlisle. Con los años se había hecho poderos. Y ya no estaba mi madre para que me ayudara con esto. Edward… él había salido de mi vida. Y ya no me quedaba nadie más. ¡Dios! Todas las puertas se me cerraban y el tiempo se me acababa.
Robarme a Leila. Eso fue lo primero que pensé cuando salí de la granja. Pero sin dinero no llegaríamos muy lejos. Y ahí sí que la perdería para siempre. Necesitaba dinero y poder para quitarle a mi hija de las garras de ese maldito bastardo.
No sé muy bien en que momento lo pensé. Sólo me vi moviéndome en dirección a él. Tomé un taxi, lo cual me costó mucho pagar, el poco dinero que había encontrado en la casa de Renée se estaba acabando. Ni siquiera lo pensé, sólo toqué el timbre y contuve mi respiración.
Cuando abrió la puerta vi el dolor en sus ojos.
Ninguno de los dos dijo palabra alguna, pero pude sentir como todo se tensaba.
—Bella —fue lo único que sus labios pronunciaron. Su voz era dura y sus ojos demasiado expresivos. Respiré profundo y me arme de valor.
—Necesito hablar contigo.
Él no respondió. Sólo se quedó viéndome, analizándome. Sentía su necesidad de entender mis expresiones.
—¿Puedo pasar? —Pregunté luego de un largo rato de estar de pie enfrente de él. No volvió a contestar pero dejó abierta la puerta dándome la espalda. Es ahora o nunca, me dije.
—No sé qué te habrá dicho Alice, y tampoco sé que es lo que debes estar pensando ahora de mí. —Él no hablo y me dije a mí misma que este era el momento; debía dejar ir todo—. No voy a mentirte, todo este tiempo lo hice pero ya no lo haré más. Toda mi vida he tenido que hacerlo. Todo empezó con una mentira, y la verdad es que nunca me detuve a pensar en el daño que te estaba haciendo. Mi egoísmo nunca me dejo tener límites —estaba atento escuchándome, sus ojos estaban intimidándome pero no me acobarde—. No sé si quieras escuchar esto pero necesito decírtelo, necesito que sepas toda mi verdad.
Me detuve un momento para tomar aire y evitar que las lágrimas comenzaran a bajar.
—Nunca tuve nada. Toda la vida el destino se encargó de quitármelo todo; mi familia, mis padres, el amor… mi hija. —Garrett se sorprendió por esto último pero no lo deje hablar—. La vida me ha dado muchos golpes, y siempre quise que alguien me salvara. En el pasado conocí a alguien que prometió hacerlo. Siempre fui muy ingenua y bajo la promesa de un falso amor me deje convencer de hacer las peores cosas. Pero luego todo acabo y me vi abandonada en la peor de las decepciones. Y embarazada. Siempre supe que estaba rota, mi corazón estaba demasiado despedazado para poder amar a una criatura tan inocente. No quería contaminarla con la mierda de vida que llevaba. Inconscientemente siempre quise lo mejor para ella, así que la deje ir. Cuando conocí a Edward, sentí que él podía ser el único capaz de juntar todos esos pedacitos que quedaban de mí, por primera vez sentí que con él podría tenerlo todo. Como te dije, mi egoísmo nunca me dejo tener límites, todo lo que él me ofrecía era algo con lo que nunca había ni siquiera soñado. Nunca supe darme cuenta que eso sólo fue un espejismo. No quiero hacerme la victima enfrente de ti, pero esa es la verdad. Caí en su juego como una polilla que es atrapada por la luz. Con Edward lo quería todo, su amor, su dinero, su vida. Pero muy tarde me di cuenta de que él jamás estuvo dispuesto a darme aquello. Y luego te conocí a ti. La primera vez que te vi ni siquiera sabía quién eras. Después lo supe y quise salvarme contigo. En un principio salí contigo sólo para que Edward se diera cuenta que podía perderme, quería que sintiera lo mismo que yo cuando lo veía con su esposa; pero nunca lo hizo. Y eso me destrozaba.
Tú sólo estaba ahí y yo como una estúpida no lo supe ver. Todo este tiempo, lo juró, quise entregarme a ti. Contigo desintoxicarme de aquel amor enfermo que le profesaba a él. —Mi vista comenzó a nublarse de sólo recordar su rostro al dejarme—. Sólo bastó con que viniera una tormenta para que me dejara. Eso me hizo darme cuenta de lo equivocada que había estado todo este tiempo. —Cerré mis ojos y sentí como las cálidas lágrimas se desbordaban por mi rostro—. Pero aquí estoy, abriéndote mi corazón. Sé que lo último que quieres hacer es perdonarme, pero también sé que aún sientes algo por mí. Y apelo a ese sentimiento para que me puedas entender —doy dos pasos para estar más cerca de él. Abro mis ojos, necesito que él vea lo sincera que estoy siendo—. Vengo aquí a pedirte, a preguntarte si estás dispuesto a que dejemos esto atrás y recomencemos aquello que nunca empezamos. Yo te prometo, con todo mi corazón, que estoy dispuesta a abrirte mi corazón y dejarte entrar. O al menos lo que queda de él.
—Me mentiste —dijo con los labios apretados, su mandíbula estaba tensa y su mirada era intensa—. Todo este tiempo fingiste. Como un estúpido creí en todo lo que me dijiste. No sabes todo el daño que me has hecho, Bella.
Garrett negó con su cabeza y se alejó de mí. Quise acercarme a él pero no lo permitió.
—No te acerques. No sabes lo duro que fue darme cuenta de todo esto. Jamás pensé que tú, la persona que juraba amarme pudiera ser capaz de hacer todo esto. Si tú caíste en el juego de Edward, pues bien, yo caí en el tuyo. Y por todo lo que me dijiste debes saber muy bien por el infierno por el que estoy pasando.
—Garrett…
—Espera. Yo deje que pudieras explicarte, ahora quiero que tú me escuches a mí. —Asentí y le deje continuar—. Siempre te sentí un poco distante, pero me dije a mí mismo que con el tiempo haría que eso cambiara. Ahora veo que eso nunca iba a suceder. Y es cierto, no sólo "siento" algo por ti como dices, yo te amo. —Su voz se fue apagando y luego se quedó en silencio. Se tomó un tiempo en buscar las palabras y después volvió hablar: —Muchas veces quise que te abrieras para mí, que me dejaras entrar en tu vida, y ahora vienes aquí a decirme todo eso. No, Bella. Esto ya es demasiado para mí.
—Eres lo único que me queda —dije de pronto, afligida.
Mis ojos intentaron buscarle para que en verdad entendiera lo desesperada que estaba.
—No puedo, Bella.
Y en ese momento entendí que lo había perdido todo.
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¡Hola!
No saben lo triste que se me hizo escribir este capítulo. Y es que cuesta cerrar ciclos pero era importante que Bella pudiera darse cuenta de que al final, los errores, por pequeños que sean siempre nos pasan la cuenta.
En fin, espero les haya gustado no, si no mas bien entendido el cap y me gustaría leer sus opiniones al respecto. ¿Qué creen que sucederá ahora con Bella? Como ya he dicho varias veces esto está llegando a su fin, sólo nos quedan 2 capítulos más. Espero poder terminar el fic antes de que se termine el año, o sea, antes de enero :) También contarles que una vez que eso pase estaré editando la historia para pasarla a personajes que no son de la saga, ¿se entiende? ajaaja, eso lo había dicho en el grupo de facebook. Planeo arreglarle un par de cositas y subirla al blog como una historia "original" por decirlo de una manera.
Antes de que se me olvide también las invito a que me pongan en "alerta" ya que una vez terminada In the shadows, subiré mi nueva historia. El tráiler y el summary están en mi grupo de facebook :D
Ahora sí me despido
Con cariño Nala
