DISCLAIMER: Los personajes pertenecen a Stephanie Meyer. La historia es solamente mía.
"In the shadows"
BITTERNESS
(Amargura)
No somos los únicos.
No me arrepiento de nada,
cada palabra que dije,
sabes que las dije de corazón.
El mundo es testigo
de que eres parte de mi vida,
Pero quiero vivir,
y no simplemente sobrevivir.
Es por eso que no puedo amarte en la oscuridad.
Es como si los océanos nos separaran,
hay tanto espacio entre nosotros,
quizá ya fuimos vencidos.
Todo me cambió.
No creas que puedas salvarme.
[Love in the Dark – Adele]
…
Quisiera decir que tomar la decisión correcta se me fue tan fácil como sumar dos más dos, pero eso era algo que ni yo misma podía creérmelo. Cuando la oportunidad estuvo enfrente de mí tuve la torpeza de dudar. Estaba avergonzada de admitir que en el fondo de mi corazón todavía guardaba la vieja esperanza de que él viera el error en el que estaba. Pero la verdad era que la que siempre estuvo en un error fui yo.
Esa noche, cuando creía que todo estaba acabado, cuando mis fuerzas de seguir luchando se habían acabado, el destino decidió darle una sacudida más a mi vida.
Sabía claramente lo que estaba sintiendo en ese momento, porque yo lo había vivido muchas veces. Le entendía muy bien el esfuerzo y el sacrificio que estaba haciendo para mantenerme a su lado. Y también sabía que no podía fallarle otra vez. Allí, en esa sala comprendí que tal vez en ese momento no lo amaba, pero que con el tiempo podría llegar a sentir algo más fuerte, algo que iba más allá de lo pasional. Quizá formar un lazo que fuese lo suficientemente fuerte como para mantener todo esos pedacitos que quedaban de mí.
En ese momento me abrí para él, por primera vez en mi vida había sido lo suficientemente honesta para dejarle saber que ya no me quedaba nada más, y él lo supo entender. Le conté todo y no me guarde nada, más ya que importaba. Para sanar una herida primero había que hacerla sangrar, y eso fue lo que hicimos. Fue doloroso, más de lo que pensé. Pero sirvió para comenzar a curarnos, el uno al otro. Sin embargo, llego un momento en el que Garrett comprendió, quizá por mi manera de hablarle de él, que no sería fácil dejarle atrás. O al menos eso es lo que yo creo, porque es la única razón lógica que encuentro para la petición que me hizo.
Garrett estuvo de acuerdo en que nuestra relación volviera a ser lo que era para él pero con la condición de que nos fuéramos de la ciudad siendo más que novios; él me pidió que me casara con él.
Nunca, de todas las respuestas que espere que me diera me imagine que me pediría eso. En sus palabras me dejo entrever que, si aceptaba, él me ayudaría a recuperar a mi hija. Sus palabras nunca habían sido más claras, me quería alejar de todo lo relacionado con Edward. Por un momento imagine todo lo que perdería si me negaba, más en ese instante debo admitir una vez más me vi en un futuro tórrido al lado de Edward. Era increíble la manera en que ese hombre me hacía perder la cabeza. Pero al otro lado estaba Leila, y ella fue, junto con su mi deseo de volverla a tener, lo que hizo el peso suficiente para decirle que sí a Garrett. Cualquier sacrificio valía la pena si era por mi hija.
Así fue como las semanas fueron pasando y mi desesperación fue creciendo, porque esas semanas en las que Garrett y yo comenzábamos a avanzar por primera vez en nuestra relación, se convirtieron en meses en los cuales el proceso de adopción de Leila fue tomando forma. Fue a principios de agosto cuando Garrett contrato una abogada para que nos ayudara con el proceso. Varios meses más tuvieron que pasar para que al fin Ellen, la abogada, lograra detener la adopción de Leila. Pero a pesar de eso la abogada siempre fue clara; tenía muy pocas probabilidades.
—Esto va a ser difícil —nos advirtió a Garrett y a mí cuando la visitamos en su despacho. Su semblante era duro y perspicaz. Era tan alta como nunca había visto antes a una mujer y su cabello corto y rubio parecía darle más altura. Solía usar mucho sus manos para expresarse—. Los expedientes no son muy buenos y llevar esto a un juicio será extenuante. Ya me puse en contacto con la otra parte y me dejaron muy en claro que no están dispuestos a renunciar a la niña.
—Yo tampoco —respondí al instante con mi voz dura. Garrett tomó mi mano y le dio un apretón. Nos quedaba todavía un largo camino.
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Me tomó más de lo que pensé que me costaría el poder tener el valor suficiente para dar el primer paso. Sabía, más bien debía hacer esto para darme a mí la oportunidad de cerrar aquel capítulo de una vez por todas. Pero era débil. Cuántas veces no estuve en esta misma situación, dudando en cómo hacerlo.
Aún, a pesar de todo, mis piernas temblaban de sólo pensar en verle a solas. No podía. Mi cuerpo entero se rehusaba, un dolor incesante en mi estómago se quedó para no irse y mis manos no dejaban de sudar.
Pero aquí estaba; había llegado el día.
Camine por un largo rato pensando en las palabras que le diría. ¿Cómo estaría? ¿Habría sentido una décima parte de lo que a mí todavía me dolía? ¿Pensaría en mí? Lo dudaba. Nunca más me busco. Y el tiempo paso como si nada en nuestras vidas se hubiera derrumbado para no volver a funcionar. A pesar de ser verano el día me parecía más oscuro que nunca, las nubes cubrían al cielo como si intentaran asfixiarlo.
Sentía como las palabras comenzaban a formarse, pero se quedaba atoradas en mi garganta. Sabía que tan sólo al intentar hablar, me derrumbaría en un mar de lágrimas. Y lo que más me aterraba era que él intentara convencerme. Que manipulara una vez más la situación a su favor y me vería envuelta una vez más en ese huracán.
No podía permitírselo.
Con la cabeza llena de pensamientos entre a un café y le pedía a la joven que atendía lápiz y papel.
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Entrar no me costó nada. Me escabullí por los pasillos, los conocía bien gracias a que trabajé por un tiempo allí. La nostalgia me tomo por sorpresa, miles de recuerdos llegaron hasta mi atolondrada cabeza poniéndome aún más nerviosa. La mano me temblaba cuando abrí la puerta de su oficina. Por suerte él no estaba allí.
Me quedo viendo todo a mi alrededor. Todo me recordaba a Edward. Este espacio es tan suyo, pero me sorprendió al ver unas cajas al lado de su escritorio. Me acerque un poco para ver qué es lo que tenían.
Unos cuadros, de la boda de ellos. Lo tomo entre mis manos pasando mis dedos por su rostro. Quise romperlo en mil pedazos, pero eso haría mucho ruido. En cambio, quité la foto y antes de dejarla en su lugar, la partí en pequeñas partes. Había varias cosas más como una taza de café, unos timbres y unos archivadores. Pase mis dedos por el escritorio en el cual me había sentado tantas veces. Cuanto nos divertimos entre estas paredes, aun antes de trabajar aquí. Giré su silla y saque su saco que había dejado colgado. Lo acerque hasta tenerlo lo suficientemente cerca para sentir su olor. Oh Dios, cuanto le extrañaba. Los meses no habían podido mermar ni un poquito esa insana locura que sentía por él. Me quede por un momento más allí sentada en su escritorio abrazada a su saco. Debía verme como una lunática allí, pero no me importaba. Esta sería la última vez.
Algunas lágrimas mojaron la tela mientras sentía que no tendría otra vez la oportunidad de estar cerca de él. Esto era lo más cercano a abrazarlo. Con mi labio temblando le dejé un beso marcado en el cuello y la volví a poner en su lugar no sin antes deslizar por su bolsillo una pequeña carta.
Miré por última vez el lugar, cuando ya estaba lista para marcharme sentí unos pasos. No podía dejar que nadie me viera así que me escabullí hasta entrar al pequeño baño que tenía la oficina de Edward. Parecía que a mi corazón le iba a dar un ataque en cualquier momento. Me quede allí en silencio esperando para poder irme.
Pero me quede congelada al verlo entrar por la puerta. No estaba en mis planes el encontrármelo.
Entró rápido, se veía furioso. Tiró un par de cosas del escritorio haciendo un gran estruendo. Se sentó y su mirada quedo perdida. Tome ese momento para mirarlo por última vez y me pareció un extraño. No quedaba nada del Edward que había conocido. Su rostro se había adelgazado acentuando más sus rasgos de forma dura. La barba había tomado una parte importante de su rostro y sus ojos tenían una manera distinta, no sabía lo que era, pero se veían cansados y tristes. Tuve que apretar mis piernas para no salir corriendo a abrazarlo. Lucia tan acabado. Verlo así me recordó a una persona; a mí.
Estábamos tan cerca, pero a la vez tan lejos. Podía sentir su respiración acelerada en la habitación, sin embargo, su cabeza estaba a millas de aquí. No sé cuánto tiempo me quede allí viéndole desconcertada.
Edward se levantó para irse y tomó su saco no sin antes sacudirlo. Sabía que haría eso, era algo que siempre hacia. Con esto, algo voló hasta caer al suelo. Lo miró extrañado mientras lo recogía. Su rostro pareció contraerse cuando se dio cuenta de que era. Desdobló el papel con cuidado y leyó lo que nunca tuve el valor de decirle.
Nunca pensé que estaría en esta situación, ni que tendría que buscar las palabras para decir adiós. Por muchos años me negué a ver lo que en verdad sucedería e inevitablemente sucedió lo que tenía que suceder.
Mi corazón tiembla al escribirte estas palabras porque no me atreví a enfrentarte. Nunca pude y nunca podré. Siempre supe que, si alguna vez tomábamos caminos separados, serías tú quien daría el primer paso.
Una parte de mí sentía que ya nos habíamos dicho todo lo que teníamos que decirnos, pero la otra no dejaba de recordarme que me debía a mí misma y a nadie más, decir estas palabras. No lo tomes como un reproche o intento de persuadirte, simplemente es algo que siempre quise decir, pero que mi corazón nunca me permitió.
Fuiste el mundo para mí, todo comenzaba y terminaba contigo. Nunca me importo tanto alguien y nunca me dolió más que cuando vi en tus ojos esa noche que todo había acabado. Mi vida nunca fue tan feliz como cuando la viví a tu lado y a pesar de todo eso siento que ya no puedo más.
No puedo seguir, no te puedo amar en la oscuridad. A tu lado me sentía entre las sombras, como si nunca hubiese podido salir de esa oscuridad en la que me envolvías. No quiero ser cruel, ni herirte porque ya nada de eso serviría. Nunca dudes del infinito amor que sentía por ti y que nunca lograré apaciguar.
Pero estas sombras han llegado a su fin y tú mismo me has librado de ellas. Sangré y sigo sangrando, pero sé que algún día estas heridas sanaran y espero que las tuyas también.
Eres mi vida, pero debo darme la oportunidad de cambiar.
Y es por eso que no te puedo amar en la oscuridad, estar entre estas sombras me ha dejado sin nada.
Ya hemos sido vencidos y no me queda más que desearte que seas feliz. Eso es algo que al menos habrá valido la pena. Yo, por mi parte lo intentaré.
Hasta nunca mi amor.
De pronto, vi a Edward caer sobre sus rodillas. Arrugó el papel y se lo llevo a su pecho. Nunca, en todo el tiempo que estuvimos juntos le vi llorando.
Y Ahí estaba, era un llanto desesperado y ahogado. Su rostro se convirtió en una mueca de dolor y me dije a mí misma que así era como las cosas tenían que ser.
Edward y yo no podríamos estar juntos nunca más.
Y en ese momento me pregunté si alguna vez esta tormenta tendría fin.
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¡Hola!
Siento que ha pasado tanto desde la última actualización y lo extrañaba. Me costo subir este cap por fallas en mi viejo net pero ¡al fin tengo uno nuevo! Fue lo mejor poder tener un nuevo computador, ahora si que si podré escribir más seguido, y editar y ser feliz, ji.
Tenía planeado terminar el fic antes de que terminara el año pero lamentablemente no pudo ser. En fin, ya sólo nos queda un capítulo más y un pseudo epilogo :D Y no adelanto más porque sino se me chispotea.
Espero que les haya gustado el cap, está algo corto porque quería que se centrara en esta última parte. ¿Cómo creen que acabará todo esto? ¿Alguien se sintió mal por Edward? Yo más o menos :O Me encantaría leer sus opiniones ;)
Un beso, con cariño Nala
